Educando a una Weasley
Criis.M.
Capítulo 8
Árbol Torcido
Muy bien… No había razones de alarmarse.
Ginebra Weasley se encontraba en su casa. Era la "Invitada de honor" de su madre. Y ni siquiera entendía qué estaba sucediendo.
¿Cómo acabó su madre invitando a tal… cosa a quedarse en su casa por un tiempo?
¿Había perdido el juicio?
Caminaba dando zancadas desde un extremo de su habitación a otro. Serafina, su perra Husky lo observaba con sus increíbles ojos celestes desde la comodidad de su cama, donde estaba tranquilamente acostada. Draco la fulminó con la mirada, la perra bajó la cabeza hasta apoyarla en un almohadón donde él usualmente se posaba para dormir.
-¿No vas a hacer de ayuda cierto?- el animal ni caso le hizo. El tiempo le había enseñado que cuando su amo se ponía de ese humor, era mejor ignorarlo. – No creas que soy tonto.- continuó Draco- No te has acercado a mi en los últimos días…- la señaló molesto. - ¿Se puede saber porqué? – inquirió colocando sus manos en sus caderas. La perra prácticamente rodó los ojos.- ¡No te atrevas a hacerme ese gesto señorita!- la regañó el rubio. Serafina, haciendo un gran suspiro ladró. - ¡No he estado insoportable! – como respuesta, el animal volteó su bonito hocico hacia otro lado para evitar verlo. –Serafina… Más te vale que me digas en donde has estado yendo últimamente. – La perra le gruñó abiertamente y fue que él recordó. Serafina estaba en su etapa de celo. Casi odiando su estupidez y descuido, se golpeó en la frente, y sintiéndose un idiota se acercó a su cama, donde su doncellita estaba echada.- Serafina lo siento… No te busqué un bonito novio esta vez…- cuando extendió su mano para acariciarla, la perra la evitó como a la peste, Draco casi hizo un puchero.- Perdóname mi chiquita. He sido un tonto descuidado, me he olvidado de ti por completo. Es que he estado muy ocupado, créeme. Millicent me trae loco, y no es solo ella. Es toda su prole. Y mi madre me acaba de dar una estocada por la espalda. No soportaría que tú también me odiaras. – Poco a poco la loba se giró para verlo con sus cariñosos ojos azules- ¡Ven aquí preciosa!- la instó el rubio, y eso fue suficiente intensivo para que la perra se lanzara a sus brazos abiertos lamiendo y moviendo su excitada cola.
Cuando Ginny había entrado en su habitación pensó que todos sus sueños se harían realidad. Se iba a convertir en una bonita princesa, y todos los hombres se pelearían por su honor. Hubiese gritado, si su anfitriona no estuviese a su lado.
-Ésta será tu alcoba. Espero que llene todas tus expectativas…- Ginny la miró con una ancha sonrisa en sus labios.
-Es preciosa. Es del tamaño de la sala, mi cocina y mi patio junto…- los labios de Narcissa dibujaron una sonrisa.
-Me alegra que sea de tu agrado. Te sugiero que vayas acomodando tus cosas. Susy te vendrá a buscar para tomar el té dentro de dos horas. – Ginny asintió emocionada. – Me retiro, descansa. – y con pasos lentos y elegantes, la mujer se retiró de la habitación y Ginny se giró a observar su pequeño palacio.
Y era sencillamente hermoso.
Decorada con tonos azules claros, y adornos plateados, su habitación era el vivo modelo de las cámaras de la reina Maria Antonieta de Francia.
La cama no era de postes, como cualquiera habría imaginado, sino que derrochando el estilo elegante antiguo, se alzaba la cabecera hacia el techo con hermosas cortinas. Los almohadones, blancos, rosa y azul, se veían tan apetitosos que incluso bostezó. Pero antes de ceder al sueño, deseaba ver más…
Se acercó a la pequeña salita y sonrió. Era tan acogedor que ya se sentía como en casa. Había preciosas flores de un tono rosa claro en cada mesita de la habitación, dándole un aroma dulce y exótico. Se acomodó en el mueble de dos plazas y sonrió.
-Esto es fantástico. – luego hizo lo que tanto había deseado. Corriendo se abalanzó sobre la cama y comenzó a saltar en ella riendo cual cría.
Draco irrumpió en la sala del té furioso. Fulminó con la mirada a su madre y cerró la puerta de un tirón. Narcissa no se inmutó.
-Madre. Quería saber si podías explicarme que diantres piensas hacer. – la rubia depositó delicadamente la taza de porcelana italiana en el platillo, tomándose su tiempo, se limpió las esquinas de los labios con la servilleta, y fue entonces que lo miró.
-Me siento altruista últimamente. – fue su simple respuesta. Draco juró que la vena de la frente le estaba saltando salvajemente. – De todos modos no veo cual es tu problema en que Ginebra se quede.
-¿Cuál es mi problema? Pues te lo diré. Todo el mundo mágico piensa que ella es un desastre, piensa que tenemos algo o que yo la violé cuando evidentemente jamás podría pensar en tener si quiera un pensamiento lujurioso hacia ella…- mentira – Además de eso, en los próximos meses estaremos invadidos de fiestas en la cual tú serás la anfitriona. ¿Pretendes que todos tus distinguidos invitados salgan corriendo cuando la vean?- hizo una pausa- O quizás no corran, pensarán que fuiste demasiado generosa en traer un bufón para entretenerlos.
-Para cuando termine con ella lo menos que verán es un bufón cariño mío.
-Madre. Árbol que crece torcido nunca logra enderezarse.
Al oír esas palabras Ginny sintió como su corazón se rompió en pequeños pedacitos incontables. ¿Y si el retrógrada de Malfoy tenía razón? ¿Y si ella no lograba convertirse en una verdadera señorita?
Esto es ridículo Ginebra, jamás debiste aceptar esa propuesta. – le dijo la parte razonable de su cerebro. Quiso moverse, quiso retirarse dramáticamente a su habitación, pero sus pies no querían obedecerla, y auto castigándose se quedó escuchando las venenosas palabras de Malfoy.
Fue entonces cuando la puerta se abrió. El rubio la miró pestañeando repetidas veces. Ginny lo miró con indeferencia.
-¿Qué te pasa Malfoy? ¿Nunca había visto un árbol torcido pelirrojo? – le preguntó irónica y hasta burlándose de si misma.
-No en mi corredor…- contestó él fríamente.
-Más te vale que te acostumbres, porque este árbol pretende extender sus raíces…- y empujándolo de la entrada, ingresó y le cerró la puerta en la cara con un duro golpe.
-Maldita sea….
Narcissa observó a la joven pelirroja sentarse en la silla cerca de la ventana. Juntó las manos en su regazo y se quedó un largo rato en silencio. Cuando abrió la boca para decir algo, volvió a cerrarla. La Malfoy sonrió con ternura.
-Dime Ginebra… ¿En qué trabajas?- la pelirroja tragó saliva.
-Soy cocinera.- la rubia se mostró sorprendida.
-Quizás algún día nos deleites con tus especialidades. – Ginny sonrió y la observó con sus ojos mar animados.
-Sería un tremendo honor.
-Espero que las palabras que haya dicho mi hijo en vez de desanimarte te ayuden a superarte.
-Créame, por cinco años soporté las estupideces de su hijo. Soy inmune a sus encantos. – indicó con reticencia.
-Estoy consciente que eres inmune a sus encantos, pero hay personas allá afuera cuyos encantos son más fuertes que los de mi hijo… Si entiendes a qué me refiero. – Ginny asintió. Ella sabía cuán dura la gente podía ser. – Mi pregunta es si podrás ser inmune a ellos también. – Ginny observó las cortinas verdes manzana por largo rato.
-Eso espero.
-Aparte de tu nueva instructora, quiero que veas en mí a una amiga. También quiero que seas consciente de que no todo el tiempo podré defenderte, y en esos momentos no deseo que utilices tu ingenio infantil. Quiero que pongas a la gente en su lugar siendo toda una dama.
-Una vez le pegué un mordisco a una chica por insultarme…- informó Ginny inocentemente. Narcissa la miró con las cejas en alto.
-Nada de mordidas. Por lo menos no por ahora. ¿Recuerdas la primera lección? – la chica asintió.
-Hablaba de la seguridad.
-Exactamente. – la Malfoy se puso de pies y comenzó a pasear por la sala bajo la atenta mirada de su alumna. – una mujer sin seguridad es como un mago sin varita. Sus poderes están limitados. Muchas mujeres no saben que en el modo en que ellas se vean, los demás las verán. Dime Ginebra. ¿Qué piensas de ti misma?
La pregunta le hizo arrugar la nariz, entonces, las agridulces palabras del rubio se colaron en su cabeza como un veneno fuerte y latente.
"Árbol que crece torcido nunca logra enderezarse"
-Pienso que soy un completo desastre…- se sorprendió ante las sinceras palabras que su boca pronunció inconsciente. Observó a Narcissa con anhelo y tristeza. – Supongo que eso es lo que la gente ve de mí.
- ¿Qué crees que la gente verá en ti si cambias ese pensamiento?
-Verán a una nueva mujer… Más fuerte, quizás.
-¿Y de verdad quieres convertirte en esa nueva mujer? – Ginny pensó en su familia, en sus amigos, en sus hermanos con sus constantes burlas que aunque aparentaban ser inocentes, le dolían. Y por último, pensó en su sueño, en su amor platónico que se avergonzaba de ella. Harry.
Sí, quería ser esa nueva mujer, quería convertirse en alguien educada, alguien con modales, alguien sofisticada y alguien a quien los hombres no consideraran un árbol torcido o simplemente una vergüenza para andar con ellos. Quería ser digna de alguien. Quería ser digna de Harry.
-Sí – dijo con convicción- Quiero cambiar.
-Muy bien. Ponte de pies. – impulsada por un resorte, la pelirroja obedeció de un tirón. Narcissa se acercó a ella y la observó detalladamente.
La chica iba vestida con unos jeans desgastados, una sencilla polera blanca y unos zapatos deportivos. Su cabello fuego iba amarrado a la altura de la cabeza, y en su rostro lleno de pecas no había ni una pizca de maquillaje. Observó sus pequeñas orejas vacías también. Ni siquiera se molestaba en ponerse unos zarcillos.
-Dime Ginebra. ¿Sueles vestirte así todo el tiempo?
-La verdad sí. Es mucho más cómodo. Como trabajo en una cocina la mayor parte de mi tiempo, no puedo darme el lujo de usar tacones. Además que me caería a cada paso. Y pues con el uso del uniforme, digamos que no es necesario una gran pinta…
-¿Ningún accesorio?- la chica negó con la cabeza.
-La última vez que usé zarcillos, olvidé ponerle el segurito. Y se me cayó en la pasta. Desde ese día declaré que era inútil usarlos.
-Mhpm… Vamos a comenzar por tu vestuario.
-¿Qué tiene de malo?
-No combina con la nueva mujer que pretendemos que seas.
Cuando Eleonora se bajó junto con su hija de su elegante carruaje negro, iba decidida. No soportaría más el descuido ni de parte de Draco, ni de parte de Narcissa hacia la boda.
-Recuerda Millicent. Necesitamos ese matrimonio…
-Lo sé.- contestó la chica subiendo la escalinata de mármol de Malfoy Mannor.
CONTINUARÁ.
Una vez más, les suplico su perdón por mi falta. Sé que les dije que para año nuevo publicaría más frecuentemente. Pero no saben el terrible mes que he pasado. Y he estado sumamente seca últimamente. Llevo pensando el capítulo desde hace tiempo pero sencillamente no podía escribirlo. Lo lamento. He tenido también muchos problemas familiares y he andado full con la universidad. Pero bueno. Les traje un capitulo hoy.
Gracias a todas por sus agradables comentarios. Espero que el capítulo les haya gustado.
Besos
Cris.
