DISCLAIMER: Lo personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es una adaptación.


CHAPTER NINE

-¿Y bien? –Alice dio una vuelta delante de lord Malfrey-. ¿Qué tal estoy?

-Tan bonita como un cuadro –declaró Malfrey-. Más bonita incluso.

Alice dejó de dar vueltas y se pasó nerviosa las manos por la falda de muselina. La declaración de su prometido no estaba nada mal, pero ella necesitaba una opinión menos subjetiva-. ¿Rossie? –preguntó inquieta a su prima.

Pero Rosalie apenas le prestaba atención. Estaba oteando el parque haciéndose sombra en los ojos con una mano (aunque el sol sólo hacia una tímida aparición, escondido casi por completo tras las nueves que parecían perpetuas en el cielo inglés).

-No lo veo –comentó consternada-. ¿Está seguro de que el señor McCarty recibió una invitación, lord Malfrey?

-Por supuesto que sí, señorita Cullen- contestó James con una carcajada-. Yo mismo añadí su nombre a la lista de invitados. Y ahora dígale a su prima lo preciosa que está, para que podamos unirnos al resto de la compañía.

Rosalie dirigió a Alice una mirada que sólo podía calificarse de superficial.

-Ally, no seas pesada. Estás bien.

Pero aquel comentario no fue en absoluto suficiente para satisfacer a Alice, que se había pasado toda la mañana delante del espejo criticando severamente a María por no haberla peinado bien ni haber planchado el vestido a la perfección. Nada le parecía bien, ni el pelo recogido, ni el vestido blanco de cintura alta, ni el cinto de seda azul justo debajo del pecho, ni los pendientes de zafiro que titilaban como las estrellas, ni siquiera el sombrero de paja azul y blanco, engañosamente sencillo pero espantosamente caro.

Y Alice quería que todo estuviera perfecto, porque aquél era el día con el que sueña cualquier jovencita…y al mismo tiempo teme con cada fibra de su ser. Porque aquél era el día en el que Alice iba a conocer a su futura suegra.

-¡Mi madre te adorará! –exclamó James cuando Alice le expresó sus reservas-. ¿Estás loca? Nadie podría evitar sentir por ti otra cosa, Ally.

Pero Alice no compartía la seguridad de su futuro esposo al respecto. Sabía que en una casa sólo podía haber una gobernanta, y estaba decidida a que, en casa de James, iba a ser ella. Pero ¿y si la viuda lady Malfrey no estaba dispuesta a permitirlo?

Bueno, entonces habría que de deshacerse de la viuda lady Malfrey.

No matándola, por supuesto. A Alice le disgustaba enormemente la violencia, y además consideraba que el asesinato era demasiado fácil, poco deportivo, de hecho. Sería un desafío mucho mayor intentar convencer a la madre de James de los beneficios de vivir en otra parte… En Bath, tal vez. O en Portofino. Decían que Portofino era encantador…

Claro que sería mucho más agradable no tener que recurrir a esos extremos. Sería mucho más agradable que la madre de James resultara ser una mujer algo estúpida, dispuesta a permitir de mil amores que Alice se hiciera cargo de la casa. O mejor todavía, si resultara ser una mujer astuta que reconociera de inmediato como superiores las dotes de organización de Alice y tuviera la consideración de mantenerse ella al margen. De cualquier modo, Alice estaba a punto de averiguar lo que le deparaba el futuro: porque James le había puesto la mano en su brazo y la llevaba hacia el abultado grupo reunido bajo uno de los robles más grandes de Hyde Park para celebrar un picnic en honor a la novia.

Cuando James mencionó que su madre deseaba celebrar un picnic en su honor, Alice llegó a pensar que a la mujer le faltaba algún tornillo. Pero ahora que se acercaba a las sábanas blancas extendidas sobre la hierba y vio a los lacayos de uniforme con pelucas y sus libreas, cargados con bandejas de copas, vio que la palabra "picnic" en Inglaterra significaba algo muy distinto que en la India. En la India los picnics no eran muy populares, debido al calor, la amenaza constante de los tigres y los bandidos, y las multitudes de mendigos que se reunían en torno a las mantas con las manos tendidas y con las bocas abiertas. Alice no había asistido nunca a un picnic en el que no acabara dando tres cuartas partes de la comida a aquellos menos afortunados, mientras que sus tíos siempre insistían en embarcarse en tales excursiones con una escolta de no menos de veinte hombres…, lo cual convertía los picnics en su zona de entretenimiento no demasiado popular.

Era evidente que en Inglaterra los picnics eral algo muy distinto, a juzgar por la elegante escena que Alice tenía delante. No había ni un tigre a la vista y mucho menos soldados armados. Sí había mendigos, desde luego no se habían aventurado a acercarse. En cuanto a los bandidos, los más cercanos que Alice pudo detectar eran otro grupo de excursionistas bien vestidos a unos metros de distancia.

James la llevó hacia una mujer de aspecto agradable y rechoncho que tenía arrugas de risa en las comisuras de sus brillantes ojos azules, y abundantes rizos muy negros (seguramente teñidos) que escapaban bajo su sombrero.

James se inclinó hacia ella.

-Mamá, te presento por fin a mi prometida, lady Alice Brandon.

Alice, con el corazón acelerado (porque sólo podía pensar: "¿Y si no le caigo bien?") hizo una reverencia.

-Es un honor conocerla, señora.

Sin embargo lady Malfrey no era una mujer de mucha ceremonia, porque al instante agarró a Alice por los hombros y la atrajo para darle un largo y fuerte abrazo (demasiado fuerte, para el gusto de Alice).

-¡Por fin! ¡Por fin! –exclamó la señora. Tenía una voz aguda que parecía la de una niña-. He oído hablar tanto de usted, lady Alice, que me parece que ya la conozco. Pero es mucho más guapa de lo que cuentan. James, ¿por qué no me habías dicho que era tan hermosa?

James las miró con una chispa en sus ojos azules, unos ojos que evidentemente había heredado de su madre.

-Creo que te lo dije –contestó con una risa-. ¿No te acuerdas que dije que era más hermosa que la estrella vespertina?

La comparación con la estrella vespertina era, desde luego, un cumplido entre los cumplidos. Alice, enrojecida de placer, pensó que se iba a morir de alegría… Pero primero esperaba zafarse del abrazo de su futura suegra, puesto que la buena mujer todavía se aferraba a ella con una fuerza sorprendente.

-Seremos las mejores amigas –declaró la señora, con la mejilla pegada a la de Alice-. Las mejores amigas, sin ninguna duda. Bienvenida hija. Bienvenida a la familia.

Aunque aquel saludo fue de lo más agradable, Alice se puso de inmediato en guardia, porque sabía muy bien que las suegras jamás eran amigas de sus nueras.


¡Hola de nuevo! ¿Qué les pareció? Esto es sólo el principio de unos sucesos muy emocionantes que ocurrirán durante el picnic.

Actualizaré el domingo…o el sábado, no estoy segura. La semana que viene no tengo demasiadas clases, lo que significará que tendré bastante tiempo libre y podré actualizar más seguido la historia ;P

Gracias y besos,

Christina.