Sin prejuicios
Se hace así una moral, una virtud, una santidad de esta defectuosa óptica con la que se observan todas las cosas, se confunde la buena conciencia con la falsa visión.
Friedrich Nietzsche
Se había enamorado. Tenía doce años, no sabía qué era el amor, pero se había enamorado. Sentía mariposas en el estómago; sentía temblar las piernas al mirar a aquel muchacho con aire ingenuo; sentía las mejillas arder cuando pensaba en él.
"Cuando seamos grandes, ¿nos casaremos?"
El amor era un sentimiento tan bello, la hacía sentir tan bien que era imposible querer privarse de él: el amor debía ser glorificado.
"Eh… ¿Qué cosa? No entiendo."
Gokú tenía doce años y no sabía qué era el amor.
"¡Que torpe eres! Lo sabías, ¿cierto?"
Chichi adoraba aquella aura ingenua e inocente de él: le recordaba a un niño. No podía creer que él no estuviera realmente enamorado de ella, y que entonces el amor no fuera algo correspondido: Chichi amaba a Gokú, por tanto Gokú debía necesariamente amar a Chichi.
"No entiendo y me está dando hambre."
Igualmente inmenso fue su enojo cuando Gokú, durante el torneo de las artes marciales, parecía ignorarla por completo cuando admitió frente a todo el mundo el no conocer el significado del concepto casarse.
Y a pesar de no conocer el significado habían contraído matrimonio: dos perfectos extraños se acababan de juntar con una promesa. Ella estaba contenta: acababa de coronar su sueño de amor.
Ingenua. No sabía qué cosas le esperaban.
Él era indiferente, no veía los problemas y no conocía realmente qué cosa era el matrimonio.
Inocente. No sabía qué era el sufrimiento.
Ni siquiera cuando se convirtió en esposo comprendió plenamente el significado del matrimonio. Yamcha le había dicho que casarse quería decir vivir para siempre con una persona, pero Gokú disfrutaba poder viajar por el mundo, tener nuevas experiencias, y el concepto del matrimonio lo hacía sentir aprisionado.
Y frecuentemente abandonaba a Chichi, pero lo importante era que los otros no sospecharan que lo hacía por su necesidad de libertad. Los otros debían pensar que lo había hecho para vencer a los saiyajin, que lo había hecho para aprender una nueva técnica de máxima utilidad para él y los terrícolas, que lo hacía para preservar la inquebrantable paz sobre la tierra.
Gokú era una persona buena. Chichi era una persona que amaba incondicionalmente, pero que permanecía sola. Y la soledad era una cosa horrible, pero era solo por culpa del amor, que de per se tiene un significado santo y bello.
Todos admiraban el coraje y la perseverancia de Chichi, y jamás culpaban a Gokú: demasiado ingenuo e inocente para desear el mal a cualquiera. Sus acciones fueron dictadas únicamente por el altruismo.
Vegeta no había dicho jamás "te amo".
Vegeta nunca había prometido algo a Bulma o a su hijo.
Vegeta protegía a su mujer y a su familia.
Vegeta era astuto y estratégico, y todos lo culpaban: ¿sería capaz alguna vez en su vida de hacer algo por altruismo? Él actuaba por egoísmo y conveniencia.
Vegeta no era inocente e ingenuo.
