VIII
Porque verla sonreír le gustaba.
No de una forma romántica ni mucho menos, era su amiga —sin mencionar que ella era mucho mayor que él para pensar de esa forma— Bones era… una muy querida persona que se había sabido ganar su cariño
Ésa persona que había estado con él y su papá.
Ayudándolos, en cierta forma. Siempre ahí, aún cuando todo aquello emocional presentaba una banalidad para ella… nunca dejando que apagaras la llama de tus sueños.
Por eso, cuando vio a Brennan ahí.
Sentada de manera rígida en el hospital, con un semblante de dolor; sus ojos opacos, sin vida… algo malo cruzó por su mente. Pero siempre quiso seguir con ése ánimo, porque su amiga Bones le había enseñado que no podía dar nada por hecho hasta tener las pruebas necesarias. Porque él quería creer —de verdad que sí— en lo que su amiga Bones le había dicho.
Caminó —de una manera tan lenta que hasta a él mismo le pareció un poco fastidioso—, sin detener su marcha. Sin ver a los doctores, sin ver a aquellas personas que trabajan con su padre recargados en la pared, pero el sollozo que soltó la señorita que estaba sentada a un costado del que parecía ser un Hodings cubierto de vendas lo heló.
No avanzó.
No quería, no podía avanzar.
—¿Q-Qué pasó? —le susurró a Temperance, haciendo que le mirara con melancolía. Los ojos comenzaron a escocerle. ¿Por qué lloraba? Aún no le habían dicho nada.
—Parker… —fue lo que le dijo Bones antes pararse y abrazarlo, aunque eso a ella le pareciera una estupidez él era un niño, el hijo de su mejor amigo—. Booth está en coma…
El niño no miró a nadie.
Lloró, abrazado de ella.
Bones, sólo lo apretujó hacia sí, dándole fuerzas.
Porque verla sonreír era algo que le gustaba a Parker —sintió como ella se arrodillaba, haciendo que él la pudiese abrazar más cómodamente—. Pero verla con los ojos opacos y sin llorar, era algo que detestaba.
Porque sabía que su amiga Bones no se dejaba llevar demasiado por sus sentimientos, era por eso que no lagrimeaba como todos en la habitación; porque Parker y su papá la conocían también que se podían sentir privilegiados —se apretujó más, haciendo que gruesas lágrimas cayeran por su pálido rostro—.
—Todo estará bien, Parker —le dijo ella—. Tu padre es fuerte.
Y la calidez de su voz lo tranquilizó. Parker sabía que ella no lloraría, entonces él lo haría por los dos, se dijo. Porque Parker sabía que su Bones —de él como de su padre— era la fortaleza que los dos necesitaban y no se dejaría vencer, porque él era un niño y ella… su mejor amiga, la adulta que aún con dolor debía mostrar fortaleza.
Porque Parker sabía que ella los quería a los dos. Como los dos la querían a ella…
