OH POR DIOS DISCÚLPENME! TENGAN CLEMENCIA DE ESTA POBRE NIÑA SIN INTERNET! Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento

Ay! de verdad discúlpenme, en forma de compensación ahora mismo les subo 3 capítulos de verdad discúlpenme por estos días ):

Disfruten c:


Capítulo 8

Me vi deslizando mi bandeja por la barra a la hora del almuerzo, tenía un hambre tremenda — como siempre—, pero no había nada que me apeteciera, nunca hay nada que me apetezca en esta estúpida cafetería, así que terminé eligiendo una chuleta de cerdo con patatas al horno, una extraña ensalada y de postre un rico flan de chocolate. Bueno, quizá tomé dos.

Mis pies automáticamente caminaron hacia nuestra mesa habitual, en todo el medio del lugar, en «la zona de los populares».

—¡Hermanis! —Me saludó Emmett mientras me sentaba en la mesa, junto a Edward— ¿Cómo te ha ido en tu primer día?

Inconscientemente dirigí mi mirada hacia Jasper, quien parecía tener sus lindos ojos azules clavados en mí.

¿Acaso no debería estar tirando con alguna otra chica?

—Sobreviviré —Me encogí de hombros, comenzando a comer mi almuerzo—. Aunque quisiera irme a casa.

—Eh, hablando de irse a casa... —Emmett se revolvió el cabello algo nervioso—. Tengo que hacer algo después de clases, así que no podré llevarte a casa.

Oh, genial.

—¿Hablas jodidamente en serio? —Dejé de comer para mirarlo asesinamente.

—Sí, pero no te preocupes, Edward se ha ofrecido a llevarte.

Oh, súper genial.

—La dejaré sana y salva en su casa, hermano. —Edward pasó su brazo por mis hombros y me apretó contra él.

Por alguna razón, esta vez no lo alejé, como habitualmente hago.

Eso comenzó a preocuparme.

—Quiero tus manos fuera de sus pantalones, ¿quedó claro? —Mi hermano lo señaló con el dedo acusadoramente.

Él solo soltó una divertida carcajada.

—Entendido, jefe —Edward le hizo un saludo militar y luego sentí sus labios rozando mi oído.

Me tensé instantáneamente.

—Todavía sigue en pie, ¿sabes? —Mis vellos se erizaron y tuve el instinto de escapar, pero luego pensé que se vería muy obvio y me quedé quieta, sin siquiera volverme hacía él, ya que sabía que sería lo suficientemente peligroso y no quería arriesgarme.

¿Qué seguía aún en pie? ¿Lo que me había dicho días atrás? ¿Esas palabras que aún estaban en mi mente rondando buscándole lógica? Rayos, esto me comenzaba a afectar más de lo que pensaba.

Cuando él estuvo a una distancia razonable para poder voltearme y reclamarle, lo primero en que me fijé fue en su sonrisa de satisfacción, como si estuviera feliz de que estaba causando ese efecto en mí.

¿Por qué todos los hombres eran tan asquerosamente iguales?

—¿Puedo sentarme? —Todos miraron sobre mi hombro mientras enarcaban una ceja, pero yo me tomé mi tiempo, sabiendo de quien se trataba. Ese acento era inconfundible. Jake.

—Y… ¿tú quién eres? —le preguntó Edward examinándolo con la mirada.

—Es mi amigo, Jake —contesté enarcando una ceja—. ¿Hay un problema con eso?

La expresión amenazadora de Edward se desvaneció por completo cuando le contesté. Una sonrisa se curvó en un rostro e hizo un espacio entre él y Lauren —una chica del equipo de porristas—. Esta se vio ofendida, lo cual me hizo sonreír.

Ninguna de las porristas me caía bien, a decir verdad.

—¿Por qué no lo dijiste antes? —expresó él incitándolo a sentarse—. ¿Eres el chico nuevo, no?

—Sí —Jacob sonrió radiante mientras tomaba asiento.

—Bienvenido al cielo —Edward pasó un brazo sobre sus hombros—. Presiento que nos llevaremos bien.

Jasper tenía una épica cara de póker. Sabía que no le agradaba para nada Jacob.

Celos, ¿quizás?

El almuerzo transcurrió más normal de lo que creía, Edward le sacaba conversación a Jake mientras que Jasper trataba de evitarlo e ignorarlo a toda costa. Era un poco descortés de su parte, apenas lo conocía y ya lo parecía odiar.

Pero era algo típico en él.

Debía de actuar así y no arruinar su «reputación».

—Al fin el día escolar terminó. —resoplé en voz baja mientras caminaba hacia la salida, en un intento de escapar del aventón de Edward.

Pero no tuve éxito, ya que cuando iba a cruzar el aparcamiento, su volvo me obstruyó el paso.

Maldición.

—¿Creías que escaparías de mí, bebé? —me dijo con su típica sonrisa traviesa.

—Cállate, tonto —le gruñí adentrándome en la camioneta resignada—, solo llévame a casa, tengo cosas que hacer.

—¿Qué tipo de cosas? —preguntó irónico, poniéndose en marcha—. Tú odias estar en tu casa, deberías aprender a mentir, ¿sabes?

Puse los ojos en blanco mientras me cruzaba de brazos, mirando hacia el camino.

Tiene razón, odio estar en casa sola.

—¿Por qué no vamos a otro lado mejor? —Él hizo que lo mirara mientras una pizca de picardía cruzaba por sus ojos.

—¿Como a dónde?... ¿Qué no tienes práctica hoy? —le pregunté frunciendo el ceño.

—Nop, no tengo, hoy serán las pruebas para los nuevos —explicó viéndose divertido—. De esta no te salvas, bebé.

Sostuve su mirada por un segundo, como cuando una niña está tratando de descifrar lo que alguien está pensando... Aún no estaba segura si era buena idea irme con él.

Una parte de mí estaba gritando «Claro que sí», pero esa era la misma parte que me está causando estos problemas y por eso quiero evitarla a como dé lugar.

—Has respondido muy tarde, yo tomo el silencio como un sí.

¿En qué mierda me estoy metiendo?