Holaa n.n

Awww. lamento la tardanza: he estado muy ocupada ultimamente :S

Espero les guste este capitulo n.n

Recuerden, cuando un dialogo comienza con UN guion (-) significa que hablan en ingles; cuando comienza con DOS guiones (- -) es porque hablan en francés.

Capitulo 9: Hans Lamarck

Odiad a vuestros enemigos, como si un día debierais amarlos.

X.X.X.X.

La luz mañanera se filtraba por los doseles de la cama, incomodándole el sueño a Harry. Se removió incomodo pero en la habitación se escuchaban pasos de sus compañeros ¿Por qué se habrían despertado tan temprano? Abrió los ojos viendo solo una mancha roja y borrosa, estiró la mano para tomar sus anteojos de la mesita de noche, se los colocó viendo sus cortinas escarlata que lo ocultaban del resto de la habitación, las abrió bostezando.

- ¿Qué pasa? ¿Por qué están despiertos tan temprano? – Cuestionó. Al parecer Dean estaba en el baño, Neville bostezando medio adormilado recostado a la puerta esperando turno. Ron y Seamus gruñían malhumorados y ante la pregunta del ojiesmeralda, señalaron hacía el único que parecía totalmente despierto: Hans, que de pie frente al espejo de cuerpo entero se aseguraba que su túnica negra estuviese impecable, tarareando el himno de Francia.

- Alguien se ha despertado muy cantarín – Bramó Ron desagradablemente.

- Son las seis trgeinta, ya es hora que todos se leganten – Exclamó Hans sonriente; Harry lo miró extrañado por su renovado humor, aunque a la luz del sol se veía más pálido - ¡Marchons, marchons!

El rubio se marchó dejando a los ingleses solos, Dean abrió la puerta del baño causando que Neville se callera entre las risas de los demás.

- No lo soporto – Rugió Ron refiriéndose a Lamarck – Se la da de muy muy.

- Es un tonto gefinado – Se burló Seamus, los demás rieron.

- Por cierto Harry – Susurró Ron acercándosele - ¿Qué pasó anoche?

- ¿A qué te refieres?

- Pues que yo salí con Hermione a dar una vuelta y volví tarde pero tu cama estaba vacía... ¿Con quién estabas? – Preguntó con tono insinuante dándole un golpecito juguetón.

- Con nadie – Mintió - Cuando salí del despacho de Mclaggen me fui a las cocinas, estuve un largo rato allí, se me fue el tiempo. – Estaba seguro que su amigo no le había creído nada pero no preguntó más y Harry se lo agradeció.

Como ya estaban todos despiertos, no les quedó más remedio que vestirse y bajar al Gran Comedor, los cinco insultando a Hans por haberlos despertado tan de madrugada.

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Se encaminó con calma a la habitación de los muchachos de 6to curso, tocó a la puerta pero nadie le respondió, así que la abrió. Suspiró al ver a todos durmiendo, pero se dirigió directamente a la cama de Patrick quien tenía la mitad del cuerpo por encima de la cobija.

- Despierta – Lo zarandeó, el pelinegro se removió – Patrick aggiba.

- ¿Qué quieres?

- Tienes que ponegte al día por las clases que pegdiste ayer antes de tu clase a las diez, despiegta – El pelinegro se limitó a darse la vuelta, por lo que el rubio se acomodó a un lado de la cama tomando el colchón y volteándolo con demasiada facilidad para ser creíble.

- ¿Qué demonios? – Rugió Patrick en un enredo de sabanas y colcha, despertando a un par de sus compañeros.

- Alístate para las clases – Exclamó Hans simplemente marchándose.

- ¿Qué pasó? - Preguntó medio dormido un chico de cabello arena.

- Me caí – Contestó de mal humor metiéndose a la ducha; le tomó veinte minutos formarse su look descuidado. Mientras bajaba a la Sala Común, se iba atando el nudo de la corbata.

- ¡Ginny! – Llamó a la pelirroja al verla a punto de salir, esta se dio media vuelta y sonrió al verla.

- ¿Vas a desayunar? - Le preguntó

- Si – Afirmó él – ¿Podrías llevarme? No estoy muy seguro de recordar el camino.

- Claro, vamos – Esperó a que la alcanzara en el hueco del retrato para ambos encaminarse al Gran Comedor - ¿Qué clases tomas?

- Hoy, Pociones y… Defensa – Masticó la última palabra.

- Ambas las compartimos – Patrick le sonrió abiertamente. – Por cierto, el profesor de Defensa se apellida igual que tú, ¿no será…?

- ¿Familia mía? – Completó – No, toda mi familia está muerta.

- Oh… lo siento – Se disculpó, él le restó importancia y sonrió.

- Te propongo algo Ginny – Dijo – ¿Por qué no me enseñas el castillo?

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A las nueve en punto los jóvenes de séptimo estaban ya en sus asientos en el aula de Transformaciones; Harry se había sentado con Hermione y Ron con Seamus ambas parejas hacía el medio del aula. Malfoy se sentó al final junto a Zabini mientras que Lamarck fue hasta el primer asiento junto a una Hufflepuff que no dejaba de suspirar mirándolo. La profesora Mcgonagall los miró a todos de pie junto a su escritorio antes de comenzar.

- Este año, jóvenes, tendremos que trabajar aun más duro de lo que hemos venido haciéndolo, ya que en Junio deberán enfrentarse a los EXámenes Terribles de Alta Sabiduría e Invocaciones Secretas ó EXTASIS como comúnmente son llamados entre los estudiantes; y está de más decirles que espero más de un Extraordinario en esta clase. – Hermione asintió frenéticamente pero fue la única – Este año nos dedicaremos a transformaciones de alto nivel, por lo que se requerirá que todos y cada uno de ustedes presten toda la atención de la que sean capaz. ¿Alguna pregunta antes de comenzar?

Hubo una negación general, la profesora asintió y se dispuso a darse la vuelta para escribir en la pizarra, pero antes de lograrlo, una mano se alzó entre las demás.

- ¿Hay algo que no entendió señor Lamarck? – Preguntó la profesora evidentemente preocupada porque el chico no hubiese entendido alguna palabra, pero Hans negó con la cabeza.

- No pgofesora – Negó – La pregunta es sobge el toque de queda en el colegio… ¿Podría decigme hasta que hora está pegmitido salir de la Sala Común? – Mcgonagall se mostró algo descolocada, pero Harry supuso que el ser la Jefa de Gryffindor la impulsó a responder inmediatamente, para evitar que la casa perdiese puntos a causa del desconocimiento.

- Hasta las nueve de la noche - Contestó.

- Ahh – Hans asintió, la profesora se dispuso a darse media vuelta para escribir las instrucciones en la pizarra, pero nuevamente la mano de Hans se alzó; esta vez Minerva frunció los labios para nada contenta.

- ¿Si?

- ¿Y si necesito salig más tarde?

- Está totalmente prohibido hacerlo a menos que cuente con permiso de un profesor… ahora, comencemos con la clase – Dijo cortante, esta vez sí se volvió a la pizarra y con un movimiento de varita las instrucciones aparecieron. Las plumas comenzaron a rasgar el pergamino cuando sus dueños anotaban las indicaciones, cuando la profesora se disponía a anotar la segunda parte, el rubio francés volvió a hablar esta vez sin levantar la mano.

- Supongo entonces que Potteg tenía permiso paga llegar después de las once – La clase entera se quedó en silencio, las miradas se dirigían de Hans a Harry quien había abierto los ojos como platos.

- ¿Qué ha dicho Sr. Lamarck? – Mcgonagall estaba totalmente seria, su mirada severa combinaba con sus labios tan fruncidos que parecían una débil línea. - ¿Potter?

- No te atrevas – Masculló Ron desde su asiento dirigiéndose al rubio con enojo.

- Yo… - Harry miró a Hermione como esperando que esta le diera una buena mentira pero la castaña solo lo miraba desconcertada, y él tenía la mente en blanco. – Y…no…

- Hablaremos de esto después de clase Sr. Potter – Dijo Mcgonagall cortante moviendo su varita y las indicaciones cambiaron.

La clase no fue agradable en absoluto, Mcgonagall andaba de muy mal humor por lo que fue muy dura a la hora de juzgar sus transformaciones. Ni siquiera Hermione logró cambiar por completo su escritorio en un cerdo (le había quedado la cola ensortijada cuando intentó devolverlo a su forma original) por la indignación que sentía: Si bien Harry había faltado al reglamento, nunca ningún Gryfffindor había echado de cabeza a otro de una forma tan descarada; y no era la única que lo pensaba, al menos la mitad de la clase estaba indignada, pero Hans parecía no notarlo y si lo hacía fingía muy bien que no.

El francés leía, releía y practicaba el movimiento de varita una y otra vez; sin embargo, al pasar al frente para convertir el escritorio de la profesora, este tomó la forma de un cerdo de madera, muchos se rieron, pero aun más cuando al deshacer el hechizo, el escritorio echó a correr con sus patitas de cerdo. Harry no tuvo ningún reparo en reírse de él, como una especie de venganza.

Sin embargo al salir el resto de la clase a las diez y veinte, tanto el rubio como el peliazabache debieron quedarse. La profesora se sentó tras su escritorio.

- Explíquenme – Ordenó.

- Vi a Potteg volver después de dadas las once pgofesora – Dijo Hans con simpleza – Solo supongo que ha debido de teneg un pegmiso.

- Potter – Él dejó de matar a Hans con la mirada para ver a la profesora.

- Yo… salí del despacho de Mclaggen…

- Profesor Maclaggen, Potter – Lo cortó. El asintió, buscando una excusa creíble.

- Y fui a las cocinas a tomar un aperitivo… se me fue el tiempo – Mintió.

- Bien, estarás castigado Potter, limpiaras el cuarto piso esta noche, y diez puntos menos para Gryffindor.

- Pero…

- Pero nada, pueden retirarse. – Ambos salieron, la sonrisa en los labios de Hans era visible, obviamente no le importaba que Harry lo viera.

- ¿Qué demonios te pasa? – Saltó el ojiverde apenas pusieron un pie fuera. Ron y Hermione que se habían quedado a esperarlo se apresuraron a ellos.

- Tengo prisa Potteg – Dijo Hans con despreocupación intentando marcharse.

- ¿A dónde vas? – Saltó Ron tomándolo fuertemente del brazo.

- Suéltame – La sonrisa de Hans desapareció al instante.

- No tenías ningún derecho de acusar a Harry – Dijo Hermione indignada.

- Suéltame gosse - Rugió, su rostro se había vuelto rudo, su cabello se movió como si una brisa inexistente le pegara de frente.

- No sé cuál es tu problema Lamarck, pero déjame en paz – Exigió Harry – Yo no te he hecho nada.

Un temblor brusco recorrió a Hans, hizo un ademan de querer abalanzarse sobre Harry pero Ron lo sujetó por ambos brazos en la espalda, el pelirrojo tuvo la ligera sensación que de haber querido el francés se hubiera soltado. Hermione y Harry al ver el brusco movimiento empuñaron sus varitas justo en el momento en que la puerta del aula se abrió.

Harry vio como el enojo de Hans se convirtió fugazmente en satisfacción y luego en una expresión de miedo.

- ¿Qué pasa aquí? - Rugió la profesora

- N…no me hagan daño…lo si…siento Potteg – Dijo tembloroso al mismo tiempo que ella. Los tres ingleses lo vieron perplejos olvidando bajar las varitas o soltar al chico.

- ¡Suéltenlo! – Gritó - Estarán castigados ¡Los tres!

- Pero él…- Comenzó Ron soltándolo al fin

- Profesora…- Intentó Hermione incrédula.

- Y...yo no quiero pgo…pgoblemas – La voz de Hans temblaba de falso miedo.

- Jamás lo pensé de ustedes tres. ¡Veinte puntos menos a cada uno! – La mujer no dejaba de gritar – ¡Es indignante…!

Hans se marchó poco a poco escuchando con una sonrisa la reprimenda de Mcgonagall y los intentos de excusa de los tres jóvenes. Dobló a la esquina del pasillo observando su reloj, tenía Cuidado de las Criaturas Mágicas en cinco minutos, debía darse prisa.

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Se acercaron a las mazmorras donde estaba el resto de los chicos con quienes compartían clase. Habían pasado una mañana muy entretenida caminando por los pasillos del colegio. Ginny intentaba enseñarle lugares interesantes pero él parecía más interesado en hacerle cumplidos, y para su desilusión la campana había sonado indicando inicio de clases, después de todo "la vida no siempre es divertida"

- Hola – Saludó Ginny a Luna al verla esperando a que llegara el profesor Slughort, un poco más apartada que los demás, leía un ejemplar del quisquilloso con el cabello recogido en una extraña coleta de muérdago que dejaba sueltos mechones a ambos lados; llevaba la varita entre el cabello y su habitual collar de corchos. Patrick la observó con una risita y una mirada curiosa. – Lu, él es Patrick.

- Lo sé, lo vi ayer en la cena – Comentó la rubia con su sonrisa soñadora moviendo inconscientemente los mechones de cabello que hasta ese momento semiocultaban sus pendientes de rábano. Patrick no pudo aguantar más, se llevó la mano a la boca para ocultar su risa. – Soy Luna Lovegood- Dijo tendiéndole la mano.

- Encantado preciosa – El chico se descubrió la boca aunque seguía riendo, y aprovechó el estrechón de mano para volverlo un abrazo con beso en la mejilla incluido; la rubia se sonrosó.

Un tonó similar ocupó el rostro de Ginny aunque por motivos diferente, la pelirroja fulminaba el punto en que tenían contacto la Ravenclaw y el Gryffindor.

- ¿Por qué hiciste eso? – Cuestionó Ginny aun enojada.

- Porque es muy linda y me provocó – Contestó con descaro.

- Yo no soy linda – Lo contradijo Luna como si tal cosa.

- Si lo eres, pero lo ocultas debajo de esa ridícula facha de lunática chiflada.

Posiblemente fuese por la burlona naturalidad con que lo dijo un chico que apenas la veía por primera vez, tal vez fuese el sepulcral silencio al que siguió la risa de todos los que escucharon en el pasillo o quizás por ver que Ginny también se reía; pero el caso era que por primera vez Luna Lovegood se sintió avergonzada.

Nunca le había importado lo que los demás pudieran pensar de ella, y sin embargo no pudo evitar marcharse con lagrimas en los ojos; y aunque las risas no pasaron, la de Ginny se cortó de inmediato.

- ¿Qué pasa? – Cuestionó Patrick.

- ¿Y todavía lo preguntas? – Exclamó la pelirroja enojada consigo misma, disponiéndose a correr tras su amiga, pero antes de llegar a mitad del pasillo el profesor Slughort llegó bloqueándole el paso y obligándola a entrar al aula junto al resto de sus compañeros.

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No sabía porque lloraba, si los demás la llamaban loca era problemas de ellos, ella estaba bien como era ¿Pero entonces porque lloraba? No quería hacerlo, pero le dolió que su amiga se burlara de ella como lo hicieron los demás, es decir, se suponía que ella era su amiga… una de las pocas, pero quizás estaba equivocada.

Subió por las escaleras hasta el vestíbulo del castillo, dobló una esquina estrujándose los ojos, chocando contra alguien. Se sintió revotar e irse a de trasero contra el suelo, pero un par de mano la sujetaron con firmeza por la cintura, evitando el golpe.

- ¿Estás bien? – Luna levantó la mirada para ver al chico que la sujetaba: Debía admitir que era realmente atractivo, perfecto; y sus ojos grises demostraban genuina preocupación.

- No – Respondió ella; el chico la soltó mirándola a los ojos durante unos segundos en los que Luna sintió como si estuviese viendo a través de ella, pero entonces él sonrió y con delicadeza secó sus lágrimas, desviando un poco su mano para tomar entre sus dedos uno de los zarcillos.

- ¡Qué bonitos! ¿Tú los higiste? – Preguntó.

- No te burles – Le acusó herida.

- No lo hago – Aseguró – En segio me gustan, son muy ogiginales - Luna le sonrió tímidamente, gesto que él contestó - ¿Pero que tenías?

- Yo…- La rubia lo miró un segundo y le contó: los comentarios de Patrick y de cómo le dolió que la persona que consideraba su mejor amiga se hubiese reído como si tal cosa; pero sobre todo le contó lo mal que se sentía por su propio llanto, porque consideraba que sus lágrimas ante las burlas eran para ella una forma de avergonzarse de sí misma y eso no le gustaba en lo absoluto.

Él la escuchó sentándose ambos en las escaleras principales que daban al vestíbulo y solo la interrumpía para decir alguna expresión de indignación o comentarios del tipo "Patrick es un idiota", "No les hagas caso" o "Cgeeme, vales oro tal y como eges"

- Es muy fácil para ti decirlo – Ya no estaba tan alterada aunque aun se veía el rastro de sus lagrimas – Por cierto, ¿cómo te llamas?

- Hans Lamarck – Contestó – Y créeme, se lo que es que no sepan vegte con claridad, se lo que es que los demás quiegan cambiar lo que eges solo porque no cuadgas con el patrón de gente normal, y paga mi eres una niña original, única y muy aggadable.

- ¿Tu te has…sentido igual que yo? – Cuestionó ella con algo de incredulidad – Pero solo mírate, ¡Eres perfecto!

- Estoy realmente lejos de seglo – La contradijo sin sentirse incomodo por la cualidad de la rubia en decir las cosas tal cual las piensas. – Pego aun así tuve que apgendeg a decirle a todo el que no me quisiega como soy: "¿Sabes qué? Es tu pgoblema así que ¡jodete!" – Ambos rieron – Debeguias aprendeglo también.

- Quizás lo haga – Su sonrisa se ensanchó aun más mientras se ponía de pie – ¿Pero porque la gente no te querría?

- La clase de Cuidado de Cgiaturas ya está terminando, me la he volado y es mi primeg día – Comentó distraídamente mirando su reloj.

- ¿No eres capaz de decir lo que te hace diferente? – Cuestionó – Te aseguro que puedes confiar en mí, ni los bibblers maravillosos me harán decírselo a nadie.

- ¿Blibblers? – El rió pero no era con burla sino divertido – No me molesta decírtelo, digamos que si confío en ti, Luna, pego por ahoga no quiego que todo el colegio lo sepa, y el polttergeist está en el pasillo. – Luna miró a donde le señalaba, pudo ver una de las antorchar desenroscándose "sola" a mitad del pasillo, ahí debía estar Peeves.

-Ah… entiendo, yo…- La chica se calló al sentir los labios fríos de Hans junto a su oreja susurrándole un par de palabras que la hicieron abrir los ojos y la boca desmesuradamente. Él se separó y le sonrió abiertamente.

- ¿Nos vamos al comedog?

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A la una de la tarde la Sala Común de Gryffindor estaba parcialmente ocupada; a esa hora la mayoría de los chicos de séptimo estaban libres ya que pocos toman aritmancia, de hecho, Ron intuía que contando a Hermione, debían ser dos o tres. Sin embargo en esos momentos tanto el pelirrojo como el ojiverde solo despotricaban contra su nuevo compañero de cuarto, por culpa del cual estarían castigados las próximas dos semanas.

- Te lo juro Harry, apenas aprenda cómo hacer la maldición metamórfica, se la lanzare. – Decía Ron enojado.

- Quisiera poder lanzarlo de la torre de astronomía.

- Que imaginación tan pobge – Dijo la voz de Hans desde atrás, acababa de entrar a la Sala Común acompañado de Patrick, que para variar reía.

- Sin mencionar lo poco útil de sus ideas – Comentó el pelinegro de los ojos castaños.

- ¿Qué quieres? – Saltó Harry. - ¿No te bastó con todos los problemas que ya causaste?

- Cuidado Potteg, o Mcgonagall sabga que me estas aggediendo.

- ¿De qué hablas? – Preguntó Patrick, Hans no respondió o al menos eso pensó Harry, pero al instante el ruso estalló a carcajadas. - ¿En serio lo hiciste?

- No te descuides Lamarck, porque esta nos la pagas – Le amenazó Ron, Hans rió y fue a sentarse más atrás junto a Patrick – Odio a ese tipo.

- Y yo – Exclamó Harry – No tiene ni veinticuatro horas y solo ha causado proble… - Se calló cuando una niña de primero se acercó algo temerosa a él.

- ¿Disculpa, eres Harry Potter? – Él asintió – El profesor Dumbledore quiere verte de inmediato. – Harry y Ron intercambiaron miradas preocupadas. El pelinegro se puso de pie ignorando la mirada atenta de Lamarck, y salió de la sala común pero fue abordado de inmediato por Cormac que al parecer lo esperaba.

- Quería verte – Le dijo. Harry lo miró dudoso un segundo e intento que su cerebro recordara a Dumbledore.

- Dumbledore…- El castaño le guiñó un ojo dándole un rápido beso, halándolo de la mano hacía la séptima planta. El ojiverde no opuso resistencia, lo de Dumbledore había sido solo una excusa, como si no fuese a salir si le decían que era él. - ¿Qué pasa?

- Nada – Se encogió de hombros pasando tres veces por el muro en el que se materializó la puerta de la Sala de los Menesteres. Al entrar está se había convertido en un fresco y hermoso prado por el que pasaba un río – Escuche que te castigaron.

- Lamarck me acusó por llegar tarde anoche – Masculló Harry de mal humor tirándose sobre el césped; Cormac se sentó a su lado mientras escuchaba con indignación la actitud de Hans, enredando sus dedos entre el ya de por sí, rebelde cabello azabache del chico que sin proponérselo cerró los ojos disfrutando la caricia, olvidando que estaba enojado con el francesito.

- Si se sigue metiendo contigo… – Aunque le sonreía Harry sintió el tono rudo se sus palabras; Cormac acercó su rostro al de él, acariciando su mejilla con su nariz - Se las va a ver conmigo – Su aliento rozó los labios del moreno, quien elevó un poco la cabeza para unir sus labios aferrando sus dedos en el cabello castaño para acercarlo más a sí.

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- -…No puedo creer que le dijeras eso a la rubia. – Exclamó Patrick sorprendido.

- - ¿Por qué no? Ni que fuese un secreto – Alegó Hans acariciando un gato atigrado que se había posado en su regazo, no tenía ni idea de quién era el minino, pero no le molestaba.

- - Cierto… ¿sabes? Luna se me parece un poco a Marriette – Comentó el pelinegro distraído.

- - Tampoco es que son gemelas, pero si – Afirmó el rubio – Aunque realmente no se lo dije por eso… me recordó a Nikki cuando tenía su edad.

- - ¿Quién? ¿LUNA? – El pelinegro casi se atraganta al sorprenderse - ¿Yo no le veo nada en lo que pueda parecerse a Lunática Lovegood? – El apodo lo había escuchado en clases, y pensó que le quedaba perfectamente

- - Pero yo la conozco más que tu, y si se lo veo – Lo cortó Hans – Y por lo mismo, te prohíbo que te metas con ella; la niña necesita una inyección de autoestima, y diciéndole chiflada no vas a conseguirlo. – Su tono se volvió realmente rudo, aunque no apartaba la vista del gato.

- - Si tú lo dices – Dijo con escepticismo - ¿Qué te pasa? ¿Ahora te dio por molestar a Potter y apadrinar a Lovegood?

- - Lo de Potter fue sencillamente una chiquillada para entretenerme – Se calló cuando Ron le pasó por un lado rumbo a su habitación, a pesar de que el pelirrojo no entendía nada ya que hablaban en francés – Este pelirrojo parece más apegado a Potter de lo que pensé, debemos vigilarlo, posiblemente tengamos que apartar del camino a él y a Granger.

- - No será difícil – La sonrisa de Patrick se volvió algo malvada; y agregó – Y quizás Ginny, Lovegood e incluso un tal Longbottom puedan causarnos problemas, según sé son sus amigos.

- - En cualquier caso también nos desharemos de ellos, pero como dije Lovegood está indultada.

Esa tarde las horas estuvieron relativamente tranquilas, tras Aritmancia Hermione tuvo Runas Antiguas, por lo que no fue hasta la cena que pudo encontrarse con Harry y Ron; sin embargo a pesar de todas esas horas libres para los dos Gryffindor, ambos no se juntaron sino media hora antes de dirigirse al Gran Comedor. Harry había pasado todo ese tiempo en la sala de los menesteres junto a Cormac, habían estado hablando de cosas sin importancia sentados en una enorme roca en medio del río, desde donde se mojaban los pies mientras se demostraban con besos que se querían.

Hans se había quedado en la Sala Común leyendo un libro con símbolos extraños que ninguna de las chicas que revoloteaban a su alrededor sopesando si hablarle o no, lograron descifrar.

Patrick por su parte se voló completamente la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, a pesar de asegurarle a su amigo que asistiría, el pelinegro desvió su camino al aula y en cambio se marchó al lago donde estuvo hasta las seis contemplando las suaves ondas que se hacían en la superficie.

Y así acabó el día para todos menos para Harry, Ron y Hermione quienes a las ocho debieron ir a restregar los pisos como primera parte de su castigo.

- Esto es para que siga gustándote tu francesito – Le masculló Ron a Hermione mientras seguían a Mcgonagall.

- Ron ya hablamos de eso – Masculló la castaña acalorada.

- Sr. Weasley, quédese aquí, usted se encargara de los pasillos de este piso – Dijo la profesora deteniéndose en el sexto piso.

- ¿Vamos a estar por separado? – Preguntó Harry.

- Es un castigo Potter – La profesora frunció aun más los labios – Usted irá al cuarto piso, Granger en el quinto; volveré pronto para asegurarme de que hagan su trabajo sin magia; y recuerden que deben darse prisa porque a las once tienen astronomía – Harry y Hermione se lamentaron por lo bajo - Ahora los tres denme sus varitas – Entre replicas tuvieron que darle los artefactos mágicos.

La profesora siguió con Hermione y Harry dejando a cada uno en el piso indicado. El peliazabache la miró marcharse en dirección a su despacho. El chico suspiró y buscó en el armario un cubo, unos trapeadores y esponjas; mejor era comenzar cuanto antes para terminar rápido.

Pero pronto se dio cuenta que si terminaba antes de medía noche sería solo los dos primeros metros; jamás había visto tan largo ese pasillo; pareciera que lo habían alargado mediante magia, y encima Peeves llegó media hora después con moco de troll que no tuvo reparo en lanzar a lo poco de piso que había limpiado.

- Limpia Potter para que aprendas a pelear sin que te cachen – Chilló.

- ¡Largo Peeves! – El intentó lanzarle una esponja pero fue un grave error, Peeves tomó eso como una incitación a una guerra de cosas, por lo que le lanzó el balde empapándolo por completo. – ¡Llamare al Barón Sanguinario! – Amenazó el chico tosiendo al sentir el agua con jabón en su garganta.

El poltergeist se marchó profiriendo maldiciones, y por los ruidos en el piso superior, Harry supuso que estaría fregando a Hermione. Maldiciendo se arrodilló con una esponja en las manos: ahora debía restregar para despegar el moco de troll, maldijo a Peeves, al Jabón, al moco de troll, a las esponjas y a Hans, sobre todo a ese imbécil por el que debía cumplir ese castigo.

- Creo que necesitas ayuda – Cuando giró el rostro, Cormac estaba arrodillado junto a él, había tomado una esponja del suelo y le sonreía. El mal humor se convirtió en perplejidad

- ¿Qué haces?

- Restriego moco de troll – Contestó él haciéndolo. Harry parpadeó un par de veces – Vine a ayudarte Harry, fue mi culpa que te castigaran – Le explicó.

- Tu no me acusaste – Dijo el chico sin poder evitar sonreír un poco – Te meterás en un lío si te ven – Dijo dándose a la tarea de restregar también.

- Los profesores pueden ayudar a sus alumnos – Dijo él con una sonrisa picara. – Especialmente si es un alumno tan sexy.

- Eso no lo pongo en discusión – Dijo dándose aires, ganándose que le salpicaran de agua en represalia - ¡EY! – El ojiverde le salpicó también y al poco rato la limpieza quedó en segundo plano cuando empezaron a jugar con agua por todo el pasillo, después de todo, cuando se acercase la hora de que Mcgonagall se apersonara, Cormac podía utilizar su varita y arreglar todo en pocos segundos.

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Los días y hora acabaron esa semana entre clases para unos y castigos para otros; ese sábado fueron las pruebas para el equipo de Quidditch de Hufflepuff y Ravenclaw, lo que supuso la primera ocupación de Cormac; a Gryffindor y Slytherin le tocaba la semana próxima. Hans solo faltó, además de la clase de C.C.M. el miércoles, a la de Defensa el viernes, y sin embargo, cuando se lo toparon en el vestíbulo a las tres de la tarde, no pudieron evitar sorprenderse al ver que llevaba un par de libros titulados "Un estudio del reciente desarrollo de la hechicería" y "'Guía de la brujería medieval"

- ¿Ves Historia de la Magia? – Preguntó Hermione sin poder contenerse, Hans volteó a verla con ligera sorpresa, luego del asunto de los castigos no le habían dirigido ni una mirada.

- ¿Si, y qué?

- Nada, solo me parece extraño – Dijo la castaña.

- Vamos Hermione – La llamó Harry; la castaña siguió el camino con sus amigos.

- Debe ser el único – Se burló Ron. Y Harry hubiese deseado que de verdad lo fuera pero una terrible noticia causó revuelo ante todo el Gran Comedor el desayuno del lunes.

- Yo ahora tengo adivinación, pero luego de Cuidado de las Criaturas Mágicas nos ponemos con ese ensayo – Le dijo Luna a Ginny acerca del ensayo en pareja que Flitwick les dejó para el día siguiente.

La pelirroja le había pedido perdón a Ginny por el incidente de antes de pociones a lo que la rubia le había sonreído sin darle importancia, aunque había dejado de acercarse a la pelirroja cuando Patrick estaba con ella; a quienes por cierto se les veía acompañados muy seguidos a pesar de las quejas de Ron.

Pero volviendo al desayuno del lunes, cuando la mayoría estuvo en el gran comedor, el profesor Dumbledore se puso de pie ganándose la atención de todos sus estudiantes.

- Mis queridos amigos – Comenzó con tono afable – Hay una noticia que debo comunicarles: el día de ayer se me comunicó un nuevo decreto Ministerial – Murmullos de intriga llenaron el ambiente – Todos los estudiantes de Hogwarts deberán recibir clases extra de Historia de la Magia, una vez por semana luego de la cena.

- ¡¿HISTORIA? – Gritaron más de uno horrorizados. Ron no dejaba de insultar al ministerio, algunos jóvenes veían a Dumbledore como si fuese una broma de mal gusto lo que acababan de oír. Aquellos que veían historia aun, no podían creer que debieran soportar horas extra con Binns; los que ya se habían librado del fantasma se negaban a volver al tedio de esas clases.

- Así es, historia – Dijo Dumbledore sin dejar de sonreír – En la proximidad se publicaran los horarios por año y el nombre del profesor o profesora encargado, pero he de recalcar que serán obligatorias estas clases para aprobar el año, ni que decir la opción de presentar T.I.M.O.S. o E.X.T.A.S.I.S.

- Es absurdo que nos obliguen a ver historia – Exclamó Harry quince minutos después cuando solo hablaban del tema en todo el comedor.

- Absugdo es que deban obligarlos para que se integesen por su propia histogia – Harry respiró profundo al escuchar a Hans hablarle, el rubio estaba sentado frete a ellos, junto a Patrick y Ginny.

- Claro, casi olvido que estamos frente al historiador del colegio – Se mofó el ojiverde.

- Me dormiré como un tronco – Lamentaba Patrick ignorando tanto a su amigo como a Harry

- Las pegsonas para sabeg a donde van, deben sabeg primego de donde vienen – Hans se puso de pie – Obligaglos a apgendeg algo tan esencial es lo mejog que ha podido hacer el Ministerio- Y se marchó

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¿Que les pareció?

¿Que le habrá dicho Hans a Luna?

Harry y Cormac cada vez me gusta más *w*

Espero les haya gustado n.n

El proximo capi se llama Las pruebas de Quidditch

Nos leemos pronto

Besos =D