Declarativa: SMeyer es dueña de los personajes, MrsK81 escribió esta historia y yo sólo traduzco.

Capítulo 9


"Así que vamos a almorzar…," Edward decía aun sin saber dónde podíamos ir, mientras caminábamos por la acera. "¿Aquel deli está abierto los sábados?"

Asentí. "Sí, pero ya no tendrán esos sándwiches que tanto te gustan."

"Entonces supongo que tendré que probar algo nuevo." Se encogió de hombros.

Cuando nos acercamos al mostrador, la chica evidentemente me reconoció e inmediatamente señaló el reloj. "Ya es muy tarde. Ni siquiera intentes convencerme hoy, no me importa que tu jefe te vaya regañar."

"No te iba a pedir eso." Sonreí tímidamente. "Al parecer mi jefe quiere probar algo diferente. Sólo danos un minuto."

Edward sonrió y susurró, "Así que, ¿este es el chico que te dio una soda gratis y te quería invitar a salir?"

Me sonrojé, naturalmente, y me encogí de hombros. "Sólo estaba siguiendo tu ejemplo."

"¿Qué se supone que significa eso?"

"¿Bree Tanner? Vamos, tú casi admitiste que le pediste que llamara a la oficina para que pensara que ustedes dos estaban liados." Le di un codazo y luego le guiñé. "Y funcionó."

"Lo sé," dijo con aire de suficiencia. "Por mucho que intentaste ocultarlo, sé que te molestó y eso me gustó."

"Oigan, ¿van a ordenar o qué?" un hombre detrás nuestro tocó el hombro de Edward y señaló la fila de gente esperando.

"Lo siento," Edward dijo cortésmente y le dio su más encantadora sonrisa.

Ordené y esperé unos cuantos minutos mientras el Sr. Indeciso elegía su almuerzo. El hombre que estaba tras nosotros en la fila se puso más y más impaciente y me empezaba a preguntar si Edward lo estaba haciendo a propósito. Cuando finalmente se decidió, pagó por ambos y tomamos asiento en uno de los lugares disponibles.

"¿Puedo confesarte algo?" Dijo con la boca llena.

"Tal vez cuando termines de masticar." Hice una mueca. "Ver pan y queso masticado no es algo que desee ver durante mi almuerzo."

Esperó hasta que tragó el bocado y luego hizo una mueca. "Estos sándwiches son horribles."

"¿Qué?" Pregunté incrédula y él asintió. "¿Todos los sándwiches o nada más este?"

"Todos. Apenas logro comer más de un bocado de cualquiera de ellos." Envolvió su casi intacta baguette en el papel y la hizo a un lado. "Originalmente olvidé mi almuerzo una vez y la Sra. Goff se ofreció a comprarme un sándwich. Le dije que había estado delicioso para ser educado y luego ella insistió un traerme uno todos los días. Ella era la única persona que parecía tolerarme, así que no quería molestarla."

Me eché a reír. "¿Y cuando comencé a trabajar aquí?"

"Quería que te equivocaras," admitió suavemente y se inclinó hacia delante. "Trabajar contigo era imposible, Bella. No tienes ni puta idea cuán difícil fue para mí verte todos los días y no desear besarte."

"Pero en tu oficina, mi primer día-" comencé, pero él me detuvo.

"Lo dije en serio, tengo una particular aversión por las personas que son criadas en una situación similar a la tuya y asumí que tú eras como ellas en todas esas actitudes exasperantes. Por supuesto, aquello no detuvo mi atracción física hacia ti, pero rápidamente comencé a darme cuenta que había estado equivocado al medirte con la misma vara." Suspiró. "Luego se volvió más difícil trabajar contigo porque ya no tenía excusas, excepto una. Una muy importante e influyente razón."

"Phil," dije y él asintió. "Eso no ha cambiado, entonces ¿por qué cambiaste de parecer?"

"Hay tres cosas que hiciste que me hicieron imposible mantenerme alejado de ti por más tiempo," dijo con un brillo de descaro en su mirada. "Cuando me diste un puto susto en mi oficina ayer, me dio una perspectiva diferente y luego te vi mojada y desnuda en tu apartamento. Eso fue lo que me llevó al límite."

"Dijiste que yo había hecho tres cosas," le recordé.

"Me he ido de la lengua, ya he dicho bastante." Sonrió tímidamente. "La tercera razón prefiero guardármela para mí, al menos por el momento."

"Eso es cruel." Le di una mala mirada pero él tan sólo negó con la cabeza. "¿Y ahora qué hacemos?"

"Ahora tiraremos estos horribles sándwiches y tú me dejarás llevarte a cenar a un restaurante donde venden comida que vale la pena comer."

"Esto podría complicarse," dije insegura.

"Sólo si nosotros lo permitimos." Se veía imperturbable. "Ambos estuvimos ahí la primera noche Bella. Esa atracción, no pude controlarla y no ha disminuido, al menos para mí."

"O para mí," admití y me incliné para susurrar, "pero de eso pudiste darte cuenta tú mismo, cuando estuve sentada en tu escritorio."

Sonreí cuando cerró los ojos y frotó su nuca. "Mierda Bella," murmuró.

"Estás pensando en eso, en mí sobre tu escritorio. Creo que ambos estamos ahora en una situación similar." Le di una palmadita a la mesa, hablando en susurros, pero definitivamente audible. "Parece ser bastante resistente, ¿no lo crees?"

"Bella," me advirtió, pero lo ignoré.

"Podríamos esperar hasta que cierren y ver qué pasa. De hecho, tengo una prenda de ropa menos para quitarme… mis pantis aún están en tu oficina, ¿lo recuerdas?" Le guiñé el ojo y me recargué en la silla. "¿Estás bien?"

"Es un juego peligroso al que estás jugando, Srta. Swan," gruñó. "Un juego realmente peligroso."

"Pero aun así estás jugando, Sr. Cullen." Me levanté y caminé hacia la puerta. "Supongo que te veré para la cena."

"¿Qué?" balbuceó, prácticamente corriendo tras de mí al salir del deli. "¿Acaso no vamos a pasar el día juntos?"

"Nop." Me puse de puntillas para besar su mejilla. "Me iré a casa. Puedes pasar por mí a las siete y media."

"Bella," lloriqueó, pero negué con la cabeza.

"Puedes pasar todo el día pensando en mí y en lo que pasó hace un rato, y en lo que pueda pasar después de la cena si juegas bien tus cartas." Me alejé hacia la calle. "Te veo luego, Sr. Cullen."

Se quedó ahí plantado, viendo como me iba y en cuanto le perdí de vista me eché a reír. Fue malditamente difícil dejarlo ahí parado, porque gran parte de mí deseaba pasar todo el día con él. Una pequeña parte de mí, sin embargo, sabía que le había dejado conseguir lo que él deseaba en la oficina de manera muy fácil y quería jugar (y hacerle sufrir) sólo un poquito.

Mientras caminaba a casa, me sentí eufórica, tan contenta que casi daba brincos por la calle. Parecía haber olvidado que no traía pantis, y estaba sonrojada y sonriendo como una idiota. Pasé frente a una boutique y admiré un bonito vestido que estaba en el escaparate. Habría sido perfecto para usarlo esta noche, si él en verdad seguía con el plan de llevarme a cenar.

Como si supiera que estaba comenzando a dudar de él, mi celular vibró.

7:15 pm. Te llevaré a Vasqualia x

Traté de no enfocarme demasiado en el beso final de texto, mientras veía asombrada mi celular. Conocía Vasqualia, era extremadamente difícil hacer reservas ahí y no había forma de que consiguieras una mesa en un sábado por la noche a menos que reservaras con meses de antelación. Parecía que el Sr. Cullen tenía más conexiones que Phil.

Todavía parada en la entrada de la boutique, contemplé entrar. Iba a ir a un restaurante bastante bueno, así que un nuevo vestido sería la cereza del pastel. Me acababan de pagar, por lo que tenía dinero suficiente en el banco. Podía incluso pedirle dinero prestado a Amber si es que me hacía falta para llegar a final del mes, algo que de seguro estaría muy contenta de hacer. Llegué a la puerta pero me detuve, ya que no quise fallar a mi padre, incumpliendo lo que me rogó que hiciera. Él quería que viviera independientemente, que administrara mi dinero y lo hiciera sin las tarjetas de crédito de Phil o la generosidad de mis amigos.

Entonces, di un paso atrás y continué caminando por la calle. En lugar de gastar 500 dólares en un vestido, pensé en los cientos de atuendos colgados en mi closet en este mismo instante y traté de escoger uno en su lugar.

Para cuando llegué a casa ya sabía qué iba a vestir, así que lo saqué y lo colgué en la parte posterior de la puerta de mi habitación. Era otro de mis vestidos favoritos y las chicas me hubieran dado su aprobación. Era un vestido de un color burdeos profundo, de una sola manga y con encaje que llegaba a la mitad de mis muslos. El encaje era de tejido abierto, así que tenía un fondo de seda que iba de mis tetas hasta el dobladillo, lo cual lo hacía ver más elegante que de mal gusto y más que apropiado para usarlo en Vasqualia. Abrí una botella de vino y tomé un largo y burbujeante baño en la tina, tratando de relajarme y permitirme disfrutar las próximas horas.

Adoraba el proceso de preparación para una cita, la emoción, los nervios y las horas acicalando y puliendo cada centímetro de mi cuerpo para asegurarme de lucir lo mejor que podía. Por supuesto, el hecho de que esta cita fuese con Edward, lo hacía todo mucho más emocionante.

Traté de administrar bien mi tiempo, pero sin Amber y Carmen aquí para ayudarme a controlar mi condenado cabello, se me había hecho tarde, realmente tarde. Ni siquiera estaba vestida cuando el portero llamó para anunciar la llegada de Edward.

"Mierda," murmuré. "Déjelo pasar."

Dejé la puerta abierta y corrí de vuelta a mi habitación para tratar de terminar antes de que él subiera. Lo escuché llamarme en la entrada y mi estómago dio vueltas.

"Lo siento tanto," dije apenada, asomando la cabeza por la puerta. "Tuve un mini problema con mi cabello. Dame, como dos minutos y prometo estar lista."

"Dos minutos Bella. Y luego iré por ti y nos iremos a cenar."

Cerré la puerta y gemí, "Ay joder." De repente vestirme parecía la segunda mejor idea.

No. Hazlo esperar. Sé fuerte, ¿recuerdas?

Él mantuvo su promesa y dos minutos después llamó una vez a la puerta de mi habitación y luego la abrió. "Bella, en verdad tenemos que irnos."

"Ya estoy lista." Salí del baño toda lista y sonreí con aire de suficiencia. "Vámonos."

"Tal vez me precipité mucho," murmuró, acercándose más a mí. "En verdad no creo que quiera llevarte a cenar luciendo así."

"¿Por qué?" Pregunté nerviosamente. "¿Acaso no luzco bien?"

Se inclinó y me besó, sus manos plantándose sobre mi trasero. "Luces más que bien, estás deslumbrante Bella. Es sólo que no me apetece compartirte con los demás."

"Edward," exhalé extremadamente distraída por su boca, la cual se arrastraba suavemente por mi cuello.

"¿Mmmh?" Murmuró sobre mi piel.

"En verdad tengo hambre," le dije.

"También yo."

"Me refiero a comida y um…tienes que dejar de hacer eso o…"

"¿Ó?" Se alejó para mirarme y mi vestido casi fue arrancado de mi cuerpo.

¿Cómo puede un hombre ser tan ardiente tan fácilmente?

"Enserio quiero cenar contigo, Edward. Si nos comportamos ahora y simplemente vamos a cenar, te prometo que tendrás toda la noche para hacer lo que te dé la gana conmigo."

"De verdad no debiste haber dicho eso." Una sonrisa diabólica se formó en su rostro.

"Lo sé," admití, preguntándome cómo demonios él siempre se las arreglaba para manipularme en mi plan de juego.

"Vámonos entonces, Srta. Swan." Me dio un último beso en los labios y luego me tendió la mano. "Espera, me olvidé de algo."

Miré mientras buscaba en el bolsillo de su saco y sacaba una caja alargada de terciopelo. "Te traje algo."

"No debiste molestarte." La tomé de su mano y abrí la caja. Dentro había un brazalete hecho de pequeñas piedras de cristal, todas de diferentes tonos de bronce. "Es muy hermoso. Gracias."

"Había una muchacha vendiendo estos para la caridad. No es mucho per-"

Posé mis dedos sobre su boca. "Es perfecto Edward. Gracias."

"Puedes ponértelo otro día," dijo con fuerza y tiró de mi mano. "Necesitamos irnos."

"¿Por qué tanta prisa?" Me quejé.

"Mientras más pronto nos vayamos, más pronto podré traerte de vuelta y quitarte ese vestido."

"Esa es una buena razón para apresurarse," acordé con una risilla y lo dejé llevarme detrás de él bastante contenta.

TBMOA

"¿Puedo ofrecerle algo más?"

Miré al mesero y me toqué el mentón. "Mmh, sí. Creo que me gustaría otro de estos fabulosos cócteles. ¿Podría decirme cuáles hay de nuevo?"

"Bella," Edward me miró irritado. "Yo mismo podría decirte cuáles hay, ya que nos los han repetido varias veces."

"Pero estoy sedienta," objeté inocentemente, dejando correr mi pie durante todo el tiempo, de arriba abajo en la parte interna de su pierna.

Ignoró mi petición y le dijo al mesero, "Sólo tráiganos la cuenta por favor. Necesitamos irnos pronto."

"Por supuesto, Sr. Cullen," dijo y nos dejó tranquilos.

"Toda la puta noche," gimió cuando bajé mi pie de nuevo al suelo. "Me has estado matando durante toda la puta noche."

"No tengo idea de lo que me estás hablando," dije, fingiendo un bostezo. "Sabes, me estoy sintiendo realmente cansada. Qué bueno que pediste la cuenta."

Negó con la cabeza. "Ni de broma, Bella. Eres mía durante toda la noche, ¿recuerdas? Pudo hacer lo que me dé la gana contigo."

"¿Y qué tienes planeado exactamente?" Traté de no sonar afectada pero fallé miserablemente.

"Un montón de cosas," murmuró, y justo cuando estaba a punto de elaborar más a detalle, naturalmente el mesero regresó.

"Aquí tiene, señor."

Edward ni siquiera le dio oportunidad de terminar antes de extenderle la tarjeta de crédito y decirle bastante bruscamente que teníamos un poco de prisa. El mesero lo miró, y luego a mí, y luego sonrió. "Regreso enseguida."

"Eso fue muy discreto," me quejé. "Bien pudiste empinarme sobre la mesa justo aquí."

Edward se encogió de hombros. "Eso es algo que tal vez pueda considerar si nos deja esperando más tiempo."

Afortunadamente, el mesero regresó rápido y Edward me ayudó a ponerme de pie y me guio hacia la salida. El restaurante estaba al otro lado de la ciudad, así que Edward nos tuvo que llevar ahí en su bastante sexy y elegante Aston Martin. Incluso el valet se admiró cuando lo trajo de vuelta a la entrada del restaurante.

"Menudo automóvil tienes….," dijo admirado. "¿Un Vanquish?"

"Edición especial, sólo existen cinco de éstos," Edward replicó como un padre orgulloso. "Decidí darme un gusto."

"Menudo gusto el que se dio." El valet dejó salir un largo silbido y luego se dirigió a abrir la puerta para mí, pero Edward intercedió.

"Yo le ayudo, gracias." Le dio una generosa propina y luego me ayudó a subirme al auto.

"Él sólo quería abrirme la puerta," dije divertida.

"¿te dije o no que no quería compartirte con nadie esta noche?"

Cuando se subió al auto arrancó rápidamente. "Tienes bastante prisa en llevarme a casa," dije mirando por la ventana.

"Eso ya lo sabes," dijo bruscamente.

"Bueno," me removí en el asiento, "bien podríamos divertirnos un poquito mientras llegamos a casa."

"Eso nunca va a pasar." Se rio. "Uno, un poquito de diversión nunca será suficiente y dos, no pasará en este auto."

"¿Estás bromeando?" Me quejé.

"Nunca he hablado más en serio." Dijo, sin avergonzarse.

"Apuesto a que puedo cambiar tu parecer."

"Eso no va a pasar."

"¿Estás seguro de eso Edward?" murmuré y lo vi mirarme de reojo nerviosamente.

Con una mano me incliné al centro de la consola y dejé correr un dedo dentro de su muslo, mi toque volviéndose gradualmente más suave cuanto más arriba iba.

Su quijada se tensó y su agarre en el volante se apretó cuando empecé a acariciar la tela sobre su polla, lo que parecía ser una idea más agradable.

"A él parece gustarle," dije con aire de suficiencia, tratando de abrir el cierre de su pantalón. "¿Tal vez deberíamos de darle un poco de aire?"

Antes de que siquiera bajara un centímetro del cierre, una de las manos de Edward agarró fuertemente la mía. "Por favor, Bella."

Le fruncí el ceño, "Eres muy extraño con tu auto."

Se rio y negó con la cabeza. "Bella, mi fuerza de voluntad se esfumó en el instante que tocaste mi pierna y definitivamente te tendré en este auto en algún momento. Pero eso no sucederá esta noche."

"¿No esta noche?" Repetí y el negó con la cabeza.

"No esta noche." Entrelazó sus dedos con los míos y posó nuestras manos sobre su regazo. "Esta noche haremos las cosas a mi manera."

En verdad no presté atención a lo que estaba diciendo, estaba un poquito ocupada con nuestras manos y la adolescente dentro de mí chillando de la emoción porque él me había agarrado la mano. El Sr. Cabrón Cabeza de Pito, quien no había hecho nada más que enfurecerme durante las pasadas seis semanas, me estaba agarrando la mano como si…

Detente.

Cierto, sí. Necesitaba recuperar el control. Él sólo me estaña sosteniendo la mano para impedir que le sacara su miembro en el auto. Eso era todo.

"Así que, ¿cuándo compraste el auto?" Le pregunté.

"El último contrato que gané para Félix Green vino con una bonificación bastante generosa y siempre había querido un Aston, así que dije 'qué demonios'." Palmeó afectivamente el volante. "No puedo conducirlo tanto como me gustaría. Cuando me vine de Chicago, tomé unos días extras simplemente para poder conducirlo hasta aquí."

"¿Lo condujiste hasta aquí?" Me reí. "Vaya, le tienes afecto. ¿A dónde vamos?"

"¿A tu apartamento?" Sugirió.

"¿Debería preocuparme por ello?" Sonreí burlonamente.

"¿Sobre qué?"

"Tu extraña obsesión con mi apartamento."

"No estoy obsesionado con tu apartamento, sencillamente se trata de una lista mental que debo completar." Me miró con un movimiento descarado de sus cejas.

"¿Qué tipo de lista?" Cuestioné, preguntándome si lo que esperaba que él estuviera dando a entender era lo que realmente estaba dando a entender.

"Una lista de todos los lugares en lo que te veré desnuda." Ay, esa es una lista que me agrada mucho. Nos detuvimos en una luz roja y él se inclinó a través de la consola para besarme. "Debería advertirte, Bella. Es una puta lista bastante larga."

"Oh." Me sentí aún más excitada de lo normal. "¿Cuán larga?"

"Jodidamente larga." Me besó de nuevo y el auto detrás de nosotros nos tocó el claxon cuando la luz se volvió verde y no nos movimos.

"Aunque técnicamente," dije tan seductoramente como pude. "Tú ya me has visto desnuda; anoche cuando entraste a mi habitación. Estaba desnuda… mojada…"

"Eso no cuenta," gruñó. "A menos que hubiera estado ahí cuando te desnudaste y te mojaste, no cuenta."

Me reí. "Pareces un poco nervioso, Sr. Cullen. ¿Estás seguro que te encuentras bien?"

Me ignoró y el auto pareció acelerar mientras conducíamos los últimos metros. Tan pronto mi edificio quedó a la vista, le dije, "Toma la siguiente vuelta y usa el estacionamiento subterráneo. Tenemos cuatro espacios designados."

"Gracias," dijo cuándo paramos frente a la barrera y lo vi suspirar aliviado. "Dudo que duerma sabiendo que mi auto está en la calle."

Me incliné sobre él para mostrar el pase pero me detuve para mirarlo –nuestros rostros apenas unos centímetros aparte. "Creí que habías dicho que no dormiríamos de cualquier modo."

"Muestra el maldito pase, Bella."

"¿Tienes prisa?" Lo provoqué y la mirada que me dio mandó escalofríos por mi espalda.

¡Muestra el maldito pase, Bella!

Edward…

¿Acaso acabo de acceder a cogérmela en mi auto? ¿Qué diablos me ha hecho? Joder.


N/T Gracias Marina!

Nos leemos pronto chicas. Lean la nueva historia que estoy traduciendo. Está muy cool. La pueden encontrar en mi perfil.

Xoxo Cin