No sé, como que me merezco la muerte y ya, por tardar tanto u-u

Estoy escribiendo el 10, lo estoy escribiendo.

Katydg: Bienvenida o bienvenido!

VirgiFedeli: Hinata está poniéndole energía a la cosa. Naruto... es un desastre. Pero es algo que debe construirse, como bien dices. Gracias por leer.

monica735: Gaara y Shikamaru definitivamente serán buenos amigos. Gracias por leer.

Sebas602: ¿Llamarle por su nombre? Eso será algo difícil para ella ajaja

BuffAngel Mm: Lo entiendo ajaja, lamento la intriga. Tengo demasiadas cosas (estoy trabajando y haciendo mi tesis al mismo tiempo), y aunque siempre he sido responsable, llegar por la noche a casa y sentarme a escribir en la laptop me resulta demasiado. Hinata siempre intenta ser educada, pero también puede ser egoísta de quererlo, como cualquier persona. Para el NH falta mucho, pero lo que es mucho.


IX
Sorpresa

.

Hoy estoy a punto de cometer una locura.

Digo locura, porque es algo que en circunstancias normales no haría.

Y porque, para empezar, ni siquiera estoy segura de que podré hacerlo. Es en serio, incluso mi cuerpo pareciera oponerse a ello, porque el cosquilleo nervioso que se ha instalado en mi estómago no parece tener intenciones de marcharse.

Supongo de que alguna manera es normal. Después de todo se trata de él.

Del extraño y silencioso ahijado de mis padres, que vive en casa con nosotros desde hace un mes. El chico que camina conmigo cada mañana a la escuela, con el cual no suelo hablar más de que un par de veces al día y quién, en realidad, me recuerda más a un fantasma atrapado en el desván de alguna casa.

Él. Namikaze-san, sentado justo ahora en una de las bancas de mi escuela.

Desde mi lugar alcanzo a distinguir el gesto concentrado con el que se encuentra leyendo su libro. De vez en cuanto, tiende a sacudir su cabeza, atrapado por el ritmo de cualquiera que sea la canción que se encuentra escuchando.

Siento curiosidad de manera inevitable, por saber el tipo de música que escucha.

Podrías ir y preguntarle.

Sí. Eso realmente es algo que yo sería capaz de hacer.

Suspiro. Frente a mí Namikaze-san continúa leyendo tranquilo, sin tener idea de mi debate interno. Pero sucede que, incluso si estoy llena de dudas, no hay forma de retroceder. Para empezar, estoy aquí porque prometí esforzarme por él.

Hasta el momento, me he mantenido al margen, pero la realidad es que ya no me siento conforme con eso. Yo quiero ayudar a mis padres.

Quiero ayudarlo a él… bueno, eso es lo que creo.

Puede que se trate de alguien agradable, ¿no?

¡Se valiente, Hinata!

Abandono el pasillo repleto y camino en su dirección. La sensación de que me están observando no hace más que aumentar con cada paso que doy, y necesito respirar profundo para convencerme de que solo son ideas mías.

Namikaze-san sigue leyendo. Mientras más me acerco, más detalles distingo. El brillo de su cabello bajo el sol, sus largas pestañas, las ojeras en su rostro… Y solo cuando estoy lo suficientemente cerca, él alza su cabeza de pronto y me mira fijamente como si algo le hubiese alertado sobre mi llegada. Se ve sorprendido, sin embargo, espera a que yo me acerque lo suficiente antes de quitar uno de sus audífonos.

Esto está resultando tan vergonzoso que soy incapaz de saludarlo como imaginé. En lugar de eso, me quedo de pie mirándole, como una tonta y con mis manos sudando.

- Todo… ¿todo está en orden? -él rompe el silencio, pero tiene que aclarar su voz para ello. Me mira en alerta y, de alguna manera, yo también termino preguntándome si todo está bien.

- Yo… yo… -incluso si lo ensayé cientos de veces en mi cabeza, la lengua se me atora y mi rostro completo arde-, yo… pasaba a saludar.

Respiro profundo, miro hacia el piso. Intento concentrarme en algo que me ayude a lucir menos nerviosa de lo que en verdad me siento.

Distingo como Namikaze-san asiente, sin quitar sus ojos de mí. Que no deje de mirarme resulta algo intimidante. Supongo que solo debe sentirse sorprendido de que le esté hablando.

Bueno, yo también lo estoy.

¿Acaso habré cometido un error?

- En… en realidad salí… salí por un poco de aire, y entonces te… te vi -miento. No sé porque, pero lo hago. Supongo que porque no quiero que sepa que vine a verlo a propósito. Sería muy raro, ¿no? -. Entonces, ¿cómo va todo? La… la escuela, quiero decir…

Mi tartamudeo hace que me tome una eternidad completar esa simple frase. Sin embargo, Namikaze-san no se ríe, tan solo me mira con atención. Finalmente, retira el segundo audífono y hace su sonrisa extraña de siempre.

- Todo es tan raro -confiesa, aunque no explica la razón y yo tampoco me atrevo a preguntársela.

- ¿Cómo… cómo van tus clases? -oh, vamos, mi pregunta no podría ser más absurda. Incluso yo me siento totalmente absurda en este segundo-, es que… he oído que tercer año es muy difícil.

- Tal vez, pero la maestra de inglés está genuinamente sorprendida con mi innato talento para hablar un idioma tan difícil -hace una mueca con sus labios, como si fuese a reír, pero se estuviera conteniendo-. No deja de alabarme en la clase.

Su respuesta me saca una sonrisa.

Vaya. Eso ha sido gracioso. ¿Siempre es así?

Ahm. ¿Qué más debería preguntarle? Yo… no quiero que la conversación sea tan corta.

Vamos, Hinata, piensa en un tema, ¡rápido!

- Es raro verte sola -para mi alivio, Namikaze-san es quién sigue nuestra conversación. Mientras aparta el mechón de cabello que cae sobre su frente, parece estar mirando a mi alrededor-. ¿No estás con tus amigos hoy?

- Ahh… no -recuerdo entonces la excusa que he inventado para salir del salón y dejarlos. No es que me avergüence que lo conozcan, pero venir con ellos habría significado demasiadas preguntas que no sabría cómo responder.

De hecho, mamá y papá creen que es mejor si en la escuela no saben sobre Namikaze-san aún, al menos hasta que él consiga adaptarse. No se trata de una mentira, o bueno, eso es lo que ellos han dicho, porque los profesores saben y la directora también. Lo único que quieren es que no se convierta en un tema de conversación entre mis compañeros.

Aunque, ahora que lo pienso… me pregunto cómo es que Namikaze-san conoce a mis amigos.

- ¿Por qué? -la sensación de nerviosismo vuelve más fuerte que nunca, porque él no quita sus ojos de mí-. ¿Han peleado?

Cielos, ¿por qué tiene que mirarme tan fijamente?

- Ah, no. Es solo que… ellos están en el salón, es todo -lo respondo apresurada, y me pregunto si debería disculparme.

Él murmura algo que no consigo entender. De pronto, su mirada va más allá de mí. Alza su mano con cuidado, y apunta en dirección al pasillo detrás.

- Pues… creo que tus amigos te han seguido.

Ni tan pronto consigue terminar su frase, yo ya he volteado.

Sasuke-san, Ino-chan y Kiba-kun no pierden tiempo en ocultarse entre otros estudiantes, pero no importa lo mucho que lo intenten… ¡el cabello de Sakura-chan es visible incluso desde esta distancia!

¡Ellos en serio…!

- ¿Todo va bien? -por el rabillo del ojo distingo a Namikaze-san colocándose de pie.

- Ah, sí, sí -no estoy segura de si en realidad eso es lo que he respondido. La verdad es que la voz en mi cabeza ha comenzado a gritarme que corra, pero muy pronto me doy cuenta de que solucionará nada.

Porque mis amigos abandonan su escondite… ¡y vienen directo hacia nosotros!

¡Ah! ¡¿Qué voy a hacer?!

- No parece que todo esté bien -aunque es un comentario serio, él parece estar divirtiéndose con mi futuro colapso.

- Yo aún no les he contado -siento su mirada curiosa sobre mí, probablemente preguntándose de lo que estoy hablando-, quiero decir, que alguien está viviendo en…

- Ya veo -me interrumpe, y es todo lo que comenta.

- No… No es que sea por… porque me moleste o algo, es… es solo que…

- Podrías tener problemas, lo sé. Tus padres también me pidieron que tuviese cuidado con esa información. Al parecer aquí esas cosas pueden malentenderse.

La forma en que menciona la palabra "aquí" me hace sentir que está hablando de un mundo extraño que solamente él consigue ver.

Un segundo, ¡no tengo tiempo de pensar en eso!

Vuelvo a girar. Ellos casi están aquí.

Veo a Ino-chan y Sakura-chan hacerse una señal la una a la otra. Ah, incluso sin que digan palabra alguna ya sé lo que deben estar pensando.

¡Seguramente imaginan que Namikaze-san es mi novio secreto o algo así!

- Podrías mentirles -incluso si mi atención no está en él, consigo escucharlo claramente.

- ¿Mentir? -me mira, y después se encoge de hombros, como si en realidad no fuese una decisión importante.

- Como decir que intentabas preguntarme una dirección o algo -él frunce su ceño entonces, pensando mejor lo que acaba de decir-. Bueno, no creo que eso funcione en la escuela.

Su broma me alivia. ¿Lo habrá hecho a propósito para tranquilizarme?

Él… sí parece ser alguien muy agradable.

- No, está bien. Ellos, tarde o temprano lo descubrirán.

- ¿Descubrir qué cosa? -Kiba-kun es el primero en llegar. Hay una enorme sonrisa en su rostro-. ¿Qué nos estás ocultando ahora, Hina?

Mira entonces a Namikaze-san. Tiene que levantar su cabeza para ello, después de todo él es mucho más alto. Sasuke-san llega después. A diferencia de Kiba-kun él no necesita levantar su cabeza para enfrentarlo.

- Ah, yo… bueno… -la forma en que le miran me pone nerviosa, como si lo estuviesen evaluando. Pero Namikaze-san no se inquieta, contrariamente ni siquiera les presta atención.

- Tú eres el alumno nuevo -Sasuke-san es quién habla. Su voz es grave, seria. Incluso si no se muestra interesado, que ya le esté hablando me parece una situación fuera de lo normal. Tras él, Sakura-chan e Ino-chan esperan su respuesta con curiosidad.

- Oh, y yo que pensaba que conseguía pasar desapercibido.

Entonces, los chicos me miran, sin contestar su comentario. Lo ignoran.

- Hey, Hinata, ¿cómo es que conoces al nuevo estudiante? -apenas Kiba-kun hace la pregunta, las palabras de Namikaze-san vuelven a mi mente.

"Podrías mentirles". Y lo pienso, de verdad, pero ¿debería mentirles a mis amigos sobre algo tan importante?

Mamá y papá me pidieron que no lo contara, pero estando ellos aquí realmente es imposible ocultarlo. Además, seguir escondiéndolo podría causarme aún más problemas.

- Ahm. Todos, él… él es Namikaze-san -ante mi improvisada presentación, él simplemente alza su mano, y la agita con desinterés y un gesto de indiferencia. Tal y como yo, no parece tener idea de que hacer a continuación-. Ahm. Namikaze-san, ellos son mis… mis amigos.

- Un placer conocerte -ellos contestan, pero no Namikaze-san. Él más bien se queda en silencio, sin saber qué hacer.

- Ah, Hinata, pero ¿cómo es que lo conoces? -Ino-chan hace la pregunta, interesada. Yo no sé cómo contestar.

- He comenzado a vivir en su casa.

Sus palabras me hacen dar un salto. Más bien, es su sinceridad.

Bueno, esa es una forma fácil de resumirlo todo.

Los chicos gritan, lucen verdaderamente sorprendidos.

- ¿Viven juntos?

- ¿Cómo? ¿Por qué?

Namikaze-san se ofrece a explicar la situación, y yo acepto su ayuda antes de que mis amigos comiencen a hacerse ideas raras. Él aclara su garganta, y entretanto yo me pregunto qué clase de explicación ofrecerá. Tal vez invente algo, para no tener que hablar de sus padres.

Siento curiosidad de manera inevitable.

- ¿Eres un familiar de Hinata? -de todos, Sakura-chan es la única que le mira con sospecha.

- No realmente -su voz calmada me ayuda a sentirme más tranquila-. Estoy viviendo en su casa porque hemos sido comprometidos al nacer. Cuando cumpla dieciocho años, nos casaremos, pero hasta entonces sus padres quieren que durmamos juntos.

Un segundo. ¿Qué acaba de decir?

Siento mi rostro formando una sonrisa, ni siquiera puedo evitarlo.

Todos me miran entonces, pero no puedo reaccionar. Y es que… ¿qué?

¡¿Qué es lo que acaba de decir?!

- ¡¿Queeeeé?!

Mis amigos nos miran asombrados. No, asombrados es poco. Sus ojos parecen a punto de salírseles de la impresión. Incluso Sasuke-san me está mirando de esa manera. ¡Y él no se sorprende por nada!

- Es un poco difícil acostumbrarse a dormir con ella -Namikaze-san sigue hablando, tan tranquilo que nadie nota que se trata de una broma-, pero cada vez tomamos mayor práctica. A veces nos cuesta acomodarnos, pero…

¡¿Por qué sigue hablando?!

¡Reacciona Hinata! ¡O no te alcanzará tu vida para explicar todo esto!

- Oh, ¿esto va en serio? -Kiba-kun ha llevado las manos a su cabello. Mis amigas me miran asustadas.

- N... ¡No! ¡No es cierto! -aseguro deprisa. Mi corazón se acelera y las orejas me arden-. ¡Es mentira! Y… ¡Yo nunca…!

Namikaze-san ríe entonces. Una carcajada, que intenta camuflar como una tos, pero es suficiente para que el resto note que se trata de una broma.

A mí me invade la vergüenza. Mi rostro está por completo rojo.

Ah, voy a ponerme a llorar en cualquier segundo.

¿Cómo he podido pensar por un momento que se trataba de un chico agradable? ¡Él…! ¡Él es en realidad tan infantil!

- ¿Nos podrían explicar que sucede? -Sasuke-san luce impaciente. Namikaze-san vuelve a abrir la boca-. De preferencia que sea Hinata, gracias.

Él hace su sonrisa de siempre, y se encoge de hombros. Todo el mundo me mira ahora.

Tengo que esforzarme para no romper en llanto aquí mismo. Sería tan humillante.

- Na… Namikaze-san es… es el ahijado de mis padres, y… y está…

- De intercambio -él me interrumpe, recuperando la palabra.

Al comienzo me sorprende que mienta, pero en realidad tiene mucho más sentido. Él no va a hablarle a mis amigos sobre la muerte de sus padres. Él, de hecho, parece más cómodo con esa historia.

Y no voy a contradecirlo.

- ¿Cuánto tiempo será?

- Un año, al menos.

- ¿Y de dónde vienes?

- Estados Unidos.

Mis amigos le miran con asombro y admiración, aunque intentan pasar desapercibidos. Su curiosidad es tan grande, que incluso se permiten olvidar la broma que él les ha hecho.

Namikaze-san le cuenta otras cosas. Entre ellas que está en tercer año, que no tiene problemas para hablar nuestro idioma, y que su cabello es natural -aunque eso lo dice solo cuando Kiba-kun se lo pregunta-, justo antes de que otra pregunta rompa con el ambiente.

- ¿Ustedes por casualidad no son novios?

- ¡Ino! -Sakura la golpea, avergonzada por su pregunta.

- ¡I… Ino-chan! ¡No…! ¡No malinterpretes las cosas!

- Supongo que eso es un rechazo -Namikaze-san finge un aspecto pensativo, mientras mira hacia otro lugar-. Las cosas serán algo incomodas ahora.

Mis orejas vuelven a arder entonces. ¡Ah, que muchacho más frustrante es!

¡No es nada maduro ni interesante!

La campana suena por fin. Entre todo el jaleo provocado el descanso se ha terminado. Mis amigos se preparan para volver a clases, pero antes de hacerlo se despiden de Namikaze-san y le invitan a pasar el rato con nosotros, solo si él quiere.

- Nos vemos en el salón, Hinata.

Y de pronto vuelvo a quedarme sola, con el extraño y bromista ahijado de mis padres.

- Fue mejor de lo que pensaba -él comenta, y gira a verme. Pero entonces su gesto cambia, de inmediato. Sus ojos se abren, me mira asustado. Pero no entiendo porque-. Oh, lo siento mucho. No quise…

Solo entonces noto mis propias lágrimas.

Ah, esto es…

- Lo siento -me disculpo, pero no estoy segura de porque lo hago.

Porque me he puesto a llorar, supongo, sin ningún motivo. Él no deja de mirarme, de pronto muy preocupado.

Que horrible. Esto es tan incomodo y vergonzoso.

Siento mi rostro ardiendo de la pura vergüenza.

¿Por qué todo debe ser tan raro con él cerca?

- No debí hacerlo.

- No. Yo solo… solo me asuste, es todo. Estoy bien -lo repito, porque es verdad, y aunque él no parece muy convencido de mi respuesta, de todas formas, asiente-. En realidad, quedé muy desconcertada. La broma fue algo… lejana, ¿no?

- Tal vez. Pero no puedes negar que sus expresiones fueron… muy graciosas.

Y, entonces, él hace algo nuevo.

Se ríe.

Incluso si intenta hacerlo pasar como una repentina tos otra vez, me doy cuenta de que en realidad está riéndose. Puedo verlo.

De seguro debe parecer algo tonto que sea en eso en lo que piense justo ahora, pero sucede porque precisamente me he terminado por acostumbrar a aquel gesto serio que siempre lleva o a la sonrisa extraña que suele hacer.

Esta risa, en cambio… es agradable, y cálida. Creo que le da un aspecto muy… tierno.

Y solo dura un instante.

De inmediato recupera su compostura. Aclara su voz y me queda viendo, como si esperara que dijese algo.

La idea de quejarme sobre la broma se cuela en mi mente, pero solo me basta recordar las expresiones de sorpresa de todos para que sea mi turno de comenzar a reír.

- Ha… Ha sido divertido en verdad -tengo que confesarlo. Y aunque me siento algo culpable por estar riéndome… ¿cómo es que mis amigos han podido creer una cosa así?

¡Vamos! ¿Un matrimonio arreglado? ¡Se merecerían la broma solo por caer en ella!

- Soy algo malo improvisando, pero creo que salió bien.

- Me aseguraré de recordárselos siempre -él me queda mirando fijamente en cuanto menciono aquello.

Eh, ¿he dicho algo malo?

- Esta es la conversación más larga que hemos tenido -y en cuanto lo dice, no puedo evitar avergonzarme-, es agradable.

- Que… que bien -respiro profundo, me siento algo aliviada de que no se trate de algo malo-. A mí también me agrada.

- ¿En serio? -la incredulidad en su voz me confunde-. Lo siento. Yo solo pensé que… bueno, pensé que te desagradaba mi presencia.

Guarda silencio, sin dejar de mirar al piso. De pronto, no hago más que sentirme culpable.

He sido muy egoísta con él.

Desde su primer instante aquí, siento que todo lo que he hecho ha sido hacerle las cosas más difíciles.

- Lo… lo lamento. Mamá… mamá dijo que necesitabas tranquilidad para adaptarte.

- Es tu casa -él dice, y nada más añade. Es como si, de alguna forma, él entendiese lo raras que son para mí las cosas.

Mientras que yo solo lo he dificultado todo.

- Nami… Namikaze-san… -le llamo. Y él hace aquella mueca, tan rara, como si le desagradara la forma en digo su nombre.

- ¿No podrías… llamarme por mi nombre?

- Eso hice -él sonríe, y luego suspira como si sea lo que sea que he dicho mal fuese realmente tierno y tonto al mismo tiempo.

Como un perrito chocando con un ventanal de vidrio, o algo así.

- Quiero decir, mi nombre de pila -y da un paso adelante, hasta estar frente a mí. Tengo que levantar mi cabeza para poder mirarlo-. Naruto. Soy Naruto.

Retrocedo. No puedo evitarlo. Él me mira con extrañeza, pero no intenta acercarse nuevamente.

- Uhmm. No es correcto -mi explicación solo consigue confundirlo. Puedo verlo en su rostro.

- ¿Correcto?

- Eh… ¿cómo lo explico? No es… no es adecuado.

- ¿Por qué?

¿Cómo qué por qué? No es educado llamar a una persona de esa forma.

¿No es lo mismo allá?

Él es americano.

- Aquí… aquí se considera de mala educación… -intento explicarlo lo mejor que puedo. A pesar de mi tartamudeo, él me escucha atentamente, con verdadero interés-, llamar por el nombre a personas que no conocemos bien o a las que acabamos de conocer.

- ¿Y cuánto tiempo debe pasar para que puedan llamarme por mi nombre?

- No… hay un tiempo estimado… solo depende de la cercanía -asiente, parece estar meditándolo con cuidado. O eso pienso, porque de inmediato me doy cuenta de que no lo ha pensado en lo absoluto.

- Muy bien. Si es así… seamos amigos.

¡¿Ehhhhhhh?!

- ¿Qué? -incluso si en mi cabeza estoy gritando, un murmullo es todo lo que soy capaz de dejar salir. Pero él lo escucha de todas formas.

- Amigos -repite, como si fuese algo tan fácil-. Si somos amigos, podrías… llamarme por mi nombre, ¿no? -lo pregunta, y se encoge de hombros como si fuera algo común. Frunce sus cejas levemente, sin dejar de mirarme-. Después de todo, tenemos casi la misma edad, ¿cierto?, y puede que tengamos cosas en común.

Hago silencio.

En realidad, no sé qué cosa debo responder. Ni sé cómo debo interpretar realmente sus palabras.

¿Lo está diciendo en serio?

Esta es mi primera conversación real con él y, hasta ahora, todo en lo que puedo pensar… es en lo impulsivo que es.

Porque ser amigos no es algo tan fácil como piensa. Para nada.

Y, sin embargo, no puedo dejar de sentirlo. Algo fugaz, demasiado breve, que apenas consigo identificar antes de que desaparezca.

Sorpresa.

Sí. Eso.

Por él… pidiéndome ser amigos.

Y por esta rara situación en la que estoy atrapada.

Namikaze-san me causa una genuina sorpresa.

CONTINUARÁ…