Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mí si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.
Capitulo dedicado a minako y angelalisha, amigas las quiero un montón y alisha, ya que eres medico y siempre me reanimaste, espero me ayudes con el coma diabético (por lo azucarado) que me acaba de dar!
Capitulo final: Hasta siempre caballero piratas.
— ¡Todo fue inútil, nos tardamos demasiado!—gritaba desesperado Seiya mientras miraba una y otra vez, el rostro de su amada.
Dohko se miro desconsolado y se sentó en una silla mientras que Milo se aproximo poco a poco al tomarle el hombro a Pegaso. Marín fue quien decidió salir.
De pronto la marejada comenzó a ceder, calmando su ira y estabilizando al barco.
— ¿Qué sucedió Marín?—corrió a preguntarle Leo a la pelirroja que emergía a cubierta. La fría dama se quitó la mascara y con la decepción en su rostro, todos los santos expectantes esperaban una respuesta.
—Aioria, caballeros—pauso la pelirroja, escondiendo su mirada llorosa— Athena murió.
—Llegamos tarde caballeros, se acabo—susurro imperceptible el felino mientras su mirada incrédula afilaba a sus compañeros.
El cálido cosmo de la diosa se había apagado y de su presencia no quedaba más que restos de energía.
— ¡Fue tu culpa Poseidón, tú y tu egoísmo!—lloro la diosa de la juventud mientras veía como el furico hombre reaccionaba extraño, como si sintiera remordimiento ante aquel acto.
Sorrento e Isaac detuvieron sus ataques mientras Saga y Aioros se miraban entre si al borde del llanto. Seiya sentía como si su interior fuera atravesado por una fría daga, rompiendo su interior centímetro a centímetro mientras miraba a su amada sobre sus piernas, muerta.
Sin más que hacer, Seiya alcanzo los suaves labios de la diosa y comenzó a besarla con desmedida ternura, como si aquel fuera el último de ellos. Y tras soltar la piel de la diosa, con la cara empapada, Seiya le miro una última vez acariciando sus cabellos, sollozante.
—Saory,mi Saory.
De pronto, la garganta cansada de la mujer comenzó a toser con dificultad mientras que el color de su piel, retornaba a su naturalidad. Al percibirlo, Seiya la agito con un poco de fuerza y la dama abrió los ojos lentamente tanto su pecho se inflaba al compás de su respiración.
— ¡Saory, Saory, estas viva!—grito ansioso el pegaso ante la mirada sorprendida de Dohko y el Escorpio.
—Seiya...—pronuncio la diosa, buscando la mano del castaño para levantarse.
— ¡Por los dioses, un milagro, un milagro!—grito Milo y salió andando de la habitación esperando contárselo a sus compañeros.
— ¡Muchachos, Athena esta viva! ,Pegaso la ha reanimado—festejo el alacrán ante la cara de alivio de sus demás compañeros de orden y de otros absortos en incertidumbre.
Sin creerlo, Saory decidió salir de aquel camarote detrás de Milo , tomada de Seiya y acompañada de Dohko. Las caras de alegría entre camaradas no se hicieron esperar mientras que Aldebarán sonrió y clamó:
—¡Mi señora que bueno es verla bien!
Entre aplausos y rechiflas, aquel jolgorio estaba lleno de felicidad.
—Gracias Aldebarán. Gracias mis caballeros, sabia que podía confiar en ustedes, estoy tan orgullosa de cada uno.
La diosa siguió andando entre el barco haciéndose paso entre su orden para llegar hasta una presencia divina.
—Hermes, gracias.—la diosa hablo a la presencia escondida tras algunos caballeros—A pesar de lo que sucedió, te perdono y agradezco que hayas ayudado a mis santos.
— ¡Athena! es un gusto verte aliviada—sonrió el dios reverenciando a la de cabellos lilas.
—Gracias a todos, les debo la vida. Pero ahora debo ir a un lugar—sonrió la confiada diosa ante la expectativa de los demás presentes.— Iré con Poseidón.
Seiya se opuso—pero Athena él...
—Acompáñame Seiya, por favor.
La diosa avanzo hacia el otro barco esperando ser sujeta por una liana y llegar hasta Poseidón. No tardo mucho en hacerlo cuando el caballero de bronce la sujeto de su cintura y la atravesó a la otra embarcación.
Julián, como sacado de un sueño, al mirarla se sintió aliviado pero con una extraña pesadez sobre sus hombros. Serena, ella avanzo hasta el dios y con esa mirada compasiva de Saory,se dirigió hacia él.
—Poseidón...
Inesperadamente el rey de los mares se arrodillo—Perdóname Athena, no debí haberme interpuesto en el camino, me cegué por mi vanidad. Ruego me disculpes.
—No hay rencores Poseidón, lo que sucedió ya es pasado, ahora tenemos que continuar con nuestra misión dentro de la Tierra, yo me encargo de ella y tu de las aguas y se que en conjunto, lograremos la unificación de paz como en ninguna era se ha visto.
—Athena—musito sosegado el dios y de inmediato ordeno:
—Sorrento, Isaac, Thetis, nos retiramos.
Tras una brisa fresca que agitaba las ropas del dios, el hombre dio la espalda y avanzo hacia el muelle— Hasta entonces Atenea.
Seiya se aproximo hacia la diosa y mientras miraba como se alejaba el dios,le colco una mano en la cara para mirarla.
—Ya todo estará bien Seiya, solo espero que el sacrificio haya servido para que no te alejes de mi, esta vez.
—Saory, cómo te hare entender que mi vida es tuya y que nada, absolutamente nada, me alejara de ti, jamás.
Sin pensarlo dos veces, el castaño se aproximo a la boca de la diosa y tras juguetear lentamente con su respiración sobre el rostro de la mujer, por fin alcanzo sus labios con los suyos envueltos en un silencio mágico para ambos.
Los pocos presentes sobre el Kraken solo observaron nostálgicos aquella muestra de amor y sin decir mas, cada uno de ellos fue desapareciendo.
Una vez ya sobre el Parthenos, los santos de Athena y los dioses se dispusieron a partir de los dominios de Poseidón.
—Llego el tiempo de volver, para todos—sugirió Hermes con melancolía.
— ¿Supongo que hasta aquí acabo todo, no?—replico Saroy hacia sus hermanos divinos.
—Fue divertida la aventura...mientras duro—susurro Hebe a los santos que acompañaban a Athena al borde de la quilla mientras veían el atardecer sobre el mar.
—Nos retiramos Athena, por ahora—replico Hermes haciéndose espacio entre el silencio. —No se que suceda cuando volvamos al Olimpo, quizá seremos castigados ante mi padre, mas creo que ha valido la pena...por los mortales.
—Vámonos Hermes, no hay mas que hacer aquí. —sugirió la deidad mientras el otro asentía—Hasta siempre caballeros.
—Y mortal...—se dirigió el dios a un bien acompañado Aioria de su amazona pelirroja—recuerda tu promesa—miro a Marín—cuídala.
Ambos sonrieron.
—Hermes ahora que lo pienso, debimos reencarnar en esta era y no tendríamos que volver, aun me arrepiento de dejar al bello mortal—bromeo la diosa de la juventud refiriéndose a un apenado Aioros mientras el otro dios sonrió empático ante la broma y junto a la otra, desaparecieron en un faz de luz.
— ¡Todos a posiciones!—grito Shion a los caballeros, que se preparaban para retornar al Santuario.
— ¿Asi que coqueteando con un dios mientras yo no me entero?—bromeo desafiante el dueño de Leo mientras apresaba con sus brazos a la amazona del Águila apoyado en la orilla de la cubierta.
—Seguro, además eso lo aprendí de tu hermano—contraatacó ella, sacando de su bolsillo aquel reloj de oro que le había regalado el santo.
—Es lindo, prometo guardarlo para siempre caballero, aunque sin duda el mejor regalo que me pudo dar fue su compañía.
—Cierto. Solo espero que esa oferta sea para lo que resta de existencia—termino el santo mirando a los ojos a la joven amazona mientras acercaba sus labios a los de ella, apresándolos en un instante relajado.
Por su parte Neith, tomó una chaqueta y antes de bajar al muelle, busco al ex marino.
— ¿Lo volveré a ver, en alguna ocasión Kanon?—sugirió apenada la capitana.
—Supongo que podríamos divertirnos, no tengo porque negarme señorita—sonrió malicioso el geminiano—así que cuando vaya a Grecia pregunte por mi, pero solo si trae una botella de ron a lado.
Fue entonces que una figura perfectamente disfrazada, con una bella espada, chaleco y botas de cuero y extravagante sombrero se apareció sobre el timón.
— ¡De las ordenes capitán Escorpio!—clamó animado Dohko ante la cara de decepción de Shion.
Milo ilusionado, acaricio el timón con ojos añorantes y dio la orden.
— ¡Compañeros vayamos al Santuario, osease al norte!
Detrás de él, una fina silueta avanzó con sigilo y se detuvo a escaso metros del moreno, quién al sentirla, giro hacia ella.
— ¿Viste Shaina?, si yo no hubiera atrapado esa botella todo esto hubiera acabado en tragedia.
—Si de eso estoy segura—río tímida la amazona y tras soltar un lánguido suspiro y sin que el santo lo esperara, la chica lentamente quitó su máscara— aunque también lamento informarle que también atrapo otra cosa en este viaje.
— ¿Y puedo saber qué fue?—pregunto curioso el santo de la octava casa, acercándose con esa forma seductora que tenia, mientras le rodeaba con sus manos la cintura.
—Mi corazón.
Fin...
Ah que cursi me puse en el final!muajaja,no me resta mas que decirle adiós snif...snif... a mis lindas lectoras que siempre estuvieron apoyándome hasta ahora con este fic del cual estoy muy satisfecha pues termino tal y cual imagine, mis mas sinceras bendiciones para ustedes, espero no haberlas decepcionado y divertido tanto como yo lo hice al escribir este fic. Un beso y nos vemos pronto, en otra ocasión!
