Capítulo 8

El Sol brillaba en lo alto del cielo, los pájaros cantaban y soplaba una suave brisa, era un día encantador…excepto por el malhumor de cierta persona.

Habían logrado, gracias a los engaños del monje, pasar la noche en aquella aldea que habían visto el día anterior, y ahora, ya pasado el mediodía, estaban comiendo en una posada que habían encontrado de camino luego de abandonar el pueblo.

Él simplemente estaba insoportable, cualquier tema que hablasen terminaba inevitablemente comparándolo con lo que había acontecido la noche anterior, y no importaba cuantas veces se lo preguntasen, se negaba a decir una sola palabra.

Eso les molestaba, ya que Kagome era su amiga y tenían derecho a saber de que había hablado con ella, aunque por otro lado, el que se lo tomara tan personal significaba que probablemente habían conversado sobre algo que seguramente los involucraba a ambos, y ahí ya no podían meterse.

—Anda Inuyasha ¿Por qué no nos cuentas de qué hablaste con la Sta. Kagome anoche?

—Ya se los dije Miroku, sólo le dije que regresara y se negó, eso es todo.

—Si eso fuera todo realmente, no habría problema con que nos dijeras el contenido de la conversación, ya que sólo hablaron de eso ¿verdad? —Dijo el monje mirándolo acusadoramente con los ojos entrecerrados— Además antes de irse la Sta. Kagome dejó en claro que ya no quería que la tratases como una niña…esa actitud es muy sospechosa…lo único que se me ocurre es que hay algo de su "charla" que no nos has dicho Inuyasha…

— ¡Keh! ¡Por supuesto que no! —desvió la mirada al pensar que quizás había sido descubierto, aunque en realidad sabía que su comportamiento era demasiado obvio, y que sus amigos seguramente ya habían adivinado de que había tratado el tema de la noche anterior.

—Inuyasha, sé que debes estar molesto porque Kagome te rechazó pero ese no es motivo para desquitarte con nosotros ¿sabes? —comentó un niño haciendo un gesto con los brazos mientras negaba con la cabeza.

— ¿¡Y quién te dijo que estaba enfadado por eso Shippou!?

No obstante el pequeño no lo escuchó, terminó inconciente de tantos golpes que recibió de su parte.

— ¿Lo ves? Sólo estás desquitando tu ira y frustración con nosotros…

— ¿Qué pasa Miroku? ¿Acaso tú también quieres que te golpee?

—Solo estoy diciendo la verdad… —se defendió el monje con algunas gotas de sudor en la frente, luego de que su amigo lo levantase del traje, dispuesto a pegarle.

—Oigan ustedes, ¿podrían callarse de una vez?

La mirada asesina de la exterminadora, que prácticamente desprendía fuego de su cuerpo, bastó para que ambos hombres volviesen a sus respectivos lugares y se quedasen callados, más por miedo que por otra cosa.

El resto de su caminata fue bastante tranquila, no tenían rumbo fijo, solo se dirigían hacia la misma dirección que la muchacha había tomado, con suerte quizás volverían a cruzársela.

Atardecía, y como de costumbre se habían detenido a descansar antes de buscar un lugar definitivo para acampar y pasar la noche.

Nuevamente habían terminado dentro de un bosque, había muchos en esa región, nunca dejaban de ver árboles adonde quiera que fuesen.

Las quejas del medio demonio, que se habían reanudado antes de que llegaran a ese lugar, se detuvieron bruscamente.

— ¿Sucede algo Inuyasha? —preguntó Miroku al verlo olfatear el aire varias veces como queriendo comprobar algo.

—Es ella —sentenció, y ese fue el detonante para que sus amigos montaran a Kirara y siguieran sus pasos.

Al llegar, en un sitio no muy alejado de donde estaban, la encontraron tal como la primera vez que la habían visto, luchando con varios monstruos de considerable tamaño.

Mas esta vez, aún sabiendo que podría acabarlos sola, le ayudaron, y no hubo objeción de su parte.

Para cuando acabaron, que no fue en mucho tiempo, el Sol ya estaba ocultándose en el horizonte y el viento soplaba, meciendo los cabellos de la azabache, que les estaba dando la espalda.

—Kagome…

—Vaya ha sido demasiado rápido… —Sango la miró confusa— ¿Han estado siguiéndome no es así?

—No es así Kagome…nosotros solo estábamos siguiendo el mismo camino que te vimos tomar…

Ella rió levemente, colocando una mano en su mentón y cerrando los ojos.

—Es casi lo mismo Sango.

Ellos la observaron dar media vuelta y caminar hacia el bosque.

— ¿Te vas otra vez? —Quiso saber al pensar que su amiga volvería a huir de ellos— Lo prometiste…dijiste que la próxima vez que nos viéramos hablaríamos…

—No te vayas Kagome…quédate con nosotros…

—Yo no he dicho que me voy —aclaró volteando a verlos, sus rostros denotaban confusión por sus palabras— Hay un lugar en donde podemos acampar en esta dirección…aunque solo será por esta noche ¿entendido? —su semblante serio desapareció para dar paso a una sonrisa— Después de todo lo prometí…

—Kagome… —Sango suspiró aliviada.

— ¡Kagome! —Exclamó un demonio zorro saltando a sus brazos mientras derramaba varias lágrimas— ¡Te extrañé mucho!

—Yo también Shippou…—murmuró ella abrazándolo de igual manera, en un intento de consolarlo— Seguiremos luego ¿sí?

— ¿Acaso tiene algo que hacer Sta. Kagome?

—Así es monje Miroku así que ustedes adelántese, yo los alcanzo enseguida —dejó al niño en el suelo, sin perder el contacto visual.

— ¿Pero vendrás verdad?

—Por supuesto Shippo —sonrió y se encaminó en dirección contraria de donde había sugerido establecerse— No tardaré— aclaró para luego internarse rápidamente entre los árboles.


—Me pregunto qué habrá tenido que hacer Kagome…

—Si tanto quieres saberlo Shippo ¿por qué no se lo preguntas?

— ¿¡Y como quieres que haga eso si ella no esta aquí Inuyasha!? —Exclamó algo enojado el pequeño ante su mirada indiferente— Además ¿cómo sabes que realmente vendrá?

Sabía que nunca rompería una promesa, mas el corto tiempo que había pasado desde que se habían separado le parecía una eternidad, sin mencionar que el tonto perro estaba tranquilo a pesar de que se había ido.

—Porque sigue en esta área —le respondió para luego girar la cabeza hacia el bosque— Y ya esta aquí…

Todos dirigieron la mirada hacia donde el hanyou estaba mirando, y de unos matorrales vieron surgir a la muchacha, la cual apenas salió de aquellos, se sacudió un poco el polvo que tenía en la ropa y el pelo.

—Lo siento, ¿les hice esperar mucho?

—Por supuesto que no, tampoco es que haya pasado tanto tiempo desde que llegamos aquí —Sango se le acercó— Más importante aún… ¿qué fue lo que te pasó Kagome? Estás toda sucia…

—Ah…es que terminé siendo revolcada por el suelo cuando quería atraparlo…

— ¿Atrapar qué Sta. Kagome? —preguntó curioso el monje.

—Bueno, pensé que como hace tiempo que no comíamos juntos debía cocinarles algo, y como lo había visto antes de encontrarme con ustedes, no me pareció mala idea usarlo para la cena…aunque creo que exageré… —susurró mientras movía sus dedos de un lado a otro algo avergonzada.

— ¿Y se puede saber qué es eso de lo que hablas Kagome?

—Claro Inuyasha mira —volteó para introducir las manos entre los mismos arbustos de los que había salido y sacó algo de allí, que cayó pesadamente al suelo— Quizás es demasiado después de todo… —dijo al ver las miradas atónitas de sus amigos ante el gran jabalí que había traído.

—Kagome… ¿de dónde sacaste este monstruo? —apuntó la exterminadora observando al colosal animal que le superaba bastante en altura.

—Pues lo cacé, hubiera sido más fácil matarlo directamente con mi espada pero quería traerlo entero y no en pedazos…

— ¡Es increíble Kagome! —Shippou brincó a su hombro— Inuyasha nunca ha capturado uno así de grande… —Un golpe en la cabeza del pequeño lo mandó directamente al suelo— ¡Kagome! ¡Inuyasha me pegó! —lloriqueó, sobándose el chichón que había quedado como resultado.

—Inuyasha… —todos, exceptuando el medio demonio que solo fingió no escucharla, la miraron expectantes— Abajo.

Su cara dio de lleno en el suelo e incluso tragó algo de tierra, no le importó, ya que, por más masoquista que sonase, había extrañado escuchar esa palabra, aunque obviamente no lo admitiría.

Por su parte, sus amigos sonrieron al ver la escena, también habían extrañado las peleas entre ellos, por más insignificantes que fueran.

Al final, luego de que Kagome lo cortara en trozos de un tamaño más accesible y los cocinara, pudieron cenar.

—Esto está muy bueno Kagome —comentó Inuyasha sin parar de comer, a lo que los demás lo miraron con la boca abierta— ¿Qué?

—Es que es la primera vez que dices eso…siempre andabas quejándote de lo que cocinaba…sin contar la comida ninja…

— ¡Keh! —fue lo único que pudo responder ante aquello y volteó el rostro avergonzado, para que no vieran su leve sonrojo.

—Dejando de lado eso Kagome… —la aludida miró a su amiga con un trozo de comida a medio meter en su boca— ¿Desde cuándo comes tanto? —cuestionó al ver que había engullido fácil más de diez porciones de carne.

— ¿Eh? —Pronunció mientras terminaba de masticar— Bueno para serles sincera… —tragó lo que aún tenía en la boca y su semblante se volvió algo serio— Es una forma de evitar pensar en la sed que tengo…

— ¿Y si tienes sed porque no bebes Kagome? —preguntó Shippou como si la respuesta fuera obvia.

—Porque… —movió la cabeza a un lado para evitar mirarlos— No es precisamente agua lo que quiero beber…

— ¿Qué quieres decir con eso Kagome? —Demandó saber Inuyasha luego de lo cual sintió un piquete en el cuello, llevándose instintivamente la mano para quitarse el insecto de encima— ¿Qué es lo que haces aquí Myouga?

—Solo vine a corroborar si habían logrado encontrarse con la persona de la que les había hablado la otra vez —dijo la pulga mientras se incorporaba— Y al parecer pudieron encontrarla…—miró seriamente a la muchacha frente a ellos— Nunca pensé que tú fueras la rumoreada sacerdotisa maldita Kagome…

—Vaya… ¿entonces así es como me conocen ahora? —Cierto aire de melancolía se hizo presente— Aunque debo admitir que encaja bien…

—Y con respecto a lo que estaban hablando recién amo Inuyasha, yo puedo responder a su pregunta.

—Myouga… —murmuró el hanyou con la cara radiante de felicidad la cual, después de aprisionarlo entre ambos dedos, cambió rápidamente a una que demostraba que lo mataría en cualquier momento— ¿Estabas escuchando a escondidas la conversación no es así?

—Bueno, pues es que justo llegué y escuché por casualidad —dijo el anciano con la frente completamente sudada, a lo que su amo lo aplastó fuertemente, dejándolo caer sobre una roca, tras lo cual se hinchó como un globo recuperando su forma normal— Sin embargo lo importante aquí es… —volvió a enfocar su vista en aquella persona— Kagome, entre los rumores que hay sobre ti hay uno que dice que realmente no fuiste maldecida por el demonio que te atacó sino que obtuviste tus poderes de él… —su mirada se ensombreció al oírlo— No hay manera de que un ser sobrenatural le otorgue poderes demoníacos a un humano, a menos que le sea echada una maldición o venda su alma a cambio...—hizo una pausa y luego continuó— No obstante he escuchado que sí existen demonios capaces de brindar ese tipo de poderes a aquellas personas que osen elegir…

— ¿Es eso posible anciano Myouga? Nunca había escuchado algo así…

—Lo es Sango, quizás no suelen ser nombrados, pero es más por temor que por otra cosa…estoy hablando del clan de vampiros que reside al pie de las montañas del norte.

— ¿Cómo los hombres murciélago que Inuyasha derrotó una vez?

—No Shippo, esos sólo eran una familia subordinada a esta, yo estoy hablando de la familia principal, los verdaderos vampiros pura sangre…—todos, a excepción de la azabache que se había quedado callada, le vieron serios— También he oído que ellos incrementan su número matando humanos…bueno mas bien transformándolos…es por eso que después de pensarlo llegué a una conclusión… —fijó su vista en la chica— Kagome, aunque son sólo conjeturas mías, quiero asegurarme… ¿tu estado actual fue causado por uno de esos monstruos verdad?

Exceptuándola, la pregunta los tomó por sorpresa, en ella no hubo reacción, en ellos la incredulidad, y quizás algo de pánico se dejó ver.

—Ya veo…en verdad estás muy bien informado anciano Myouga…

Rió levemente, aún con la mirada oculta bajo su flequillo.

—Entonces es verdad… —el anciano se levantó de su lugar y se le aproximó, situándose sobre un montículo de tierra— No es que realmente hayas sido maldecida, sino que la propia sangre que llevas en tu cuerpo es la que está maldita…y es esa misma sangre la que te maldice a ti, dado que te obliga a cargar con su terrible pasado y a sufrir por cada paso que das en el presente…

Evitando verlo a él y los demás, la chica dirigió sus ojos hacia el cielo estrellado de aquella noche, y sonrió.

—Y respondiendo a su pregunta anterior amo…si piensan de qué se alimentan los vampiros deberían ser capaces de saber la respuesta…—Lo pensaron un poco y al darse cuenta de aquello, la expresión en sus rostros cambió a una de angustia— Matan humanos para alimentarse pero no precisamente de su carne…se dice que viven incluso más años que cualquier monstruo…y eso es debido a que succionan la vida de sus víctimas… —él echó un vistazo a la muchacha para saber si le incomodaba que continuara mas no encontró rechazo de su parte— Lo que quiero decir es que Kagome no siente sed porque quiera beber agua sino porque lo que verdaderamente quiere es…

—Sangre… —añadió ella con la mirada sombría, completando la oración.