Para Ubonish, de su Kyuubi. Lo siento, no pude con el lemmon, me ganó el drama. Pero queda para la próxima,

Ninguno de los personajes de DN me pertenece. Yo sólo hago un fic para el reto de Delicias Nocturnas. Esta historia como las anteriores no tiene relación con las otras. Cada una es independiente y le corresponde a un tema específico que es precisamente el título.

Novena noche.


Despertador

No necesitaba un despertador ni nada similar para abrir los ojos a la misma hora de siempre. Ni un minuto más como si los tuviera contados. Su cuerpo ya estaba programado a su ritmo diurno, lanzándose de la cama para acabar de despertar al mundo. No usaba la mañana, era un accesorio innecesario del día, útil quizá para el resto de mortales viviendo bajo el sol.

De todos modos la mejor parte del día es cuando se hace de noche.

Se decía a sí mismo que no necesitaba una alarma, pero hacia trampa sin duda. Las campanadas de una iglesia lo sacaban de sus ensueños, mientras la noche entraba por la ventana sin cortinas.

No se molesto en ver cuan oscuro estaba afuera, se dirigió al baño antes de comer nada. Masticaría alguno de sus vicios de cacao en camino al grifo de agua. Agua caliente. ¿Hasta cuándo le iba a durar el privilegio? Terminó quitándose la ropa sin más trámite y se metió a la ducha. Tomaba una dos veces al día.

De pie bajo el chorro de agua sintió deseos de apoyar su cuerpo contra la pared, dejar que el agua se lleve sus pensamientos, mientras que el calor le ponía roja la piel. Casi no lavaba su cuerpo, era más reconfortante dejar que se le arrugue la piel a perder ese estado de tranquilidad.

El sonido del agua, el ritmo con el que las gotas reventaban sobre él… Podía quedarse a vivir bajo el chorro de agua.

Las campanadas de nuevo, despertándolo de sus sueños más húmedos. Cerró el grifo luego de contar el número de veces que la Iglesia contó a la noche. Sacudió su cabello rubio y se envolvió en una toalla. Se terminó secando a la volada y salió desnudo del baño.

Tomó del suelo lo que se iba a poner y un chocolate para el camino. Acomodó su cabello con los dedos, no necesitaba mirarse al espejo. Buscó con la mirada una chaqueta sobre el suelo alfombrado de su ropa regada. No se la puso, la noche estaba en su punto.

Cerró la puerta de su espacio y la probó de golpe. El sabor nocturno de la ciudad, el olor especial que despide el espectáculo de luces de noche. Sobretodo cuando hay truenos.

No había ascensor, así que tuvo que usar la escalera para bajar. Luego tendría que caminar calle arriba.

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Los charquitos de agua sucia que habían cuando salio de casase convirtieron en piscinas mientras avanzaba. Se estaba mojando todito pero no le importaba un poco de humedad en el cuerpo.

Tras caminar y caminar encontró lo que buscaba.

"¿Eres tú o un fantasma?"

Y una carcajada acompañó la pregunta.

"Soy ambos. Sal de ahí y déjame entrar Matt."

Era lo de siempre, el pan de cada noche, Matt tumbado a un lado de la puerta, esperando que la buena voluntad del destino le trajera a Mello con un paraguas. Pero no había paraguas ni tampoco paciencia para escuchar sus desvaríos narcóticos.

"Levántate de ahí o te pateo."

Insistió el rubio sacando paciencia de donde no había.

"Hazlo, igual no me puedo mover."

No le quedo de otra que levantarlo del suelo inmundo. Matt tenía la apariencia de un perro callejero, sucio y abandonado.

"No tengo toda la noche Matt."

Y se internaron en le mundo oscuro que escondía una puerta tan oscura como las fauces de un monstruo. Matt avanzaba tras él, tan despacio que en cualquier momento se iba a detener.

Al verlo tras el sintió hasta lastima, había dejado de sentirla, sin embargo recordaba como era.

"Te das un baño y te largas."

Le dijo cuando lo dejo entrar a su otra habitación, la que usaba siempre y le pertenecía sólo de noche.

"Sí, ya me voy."

Matt iba a aparecer muerto cualquier noche de esas. Iba a ser él quien lo encuentre seguro. Era el único que se preocupaba por él. A su peculiar modo, pero lo hacía.

Escuchó el grifo de agua y a Matt avanzar hacia este. No evitó la curiosidad de ir a darle una mirada, a ver que todo estuviera bien.

Ahí estaba él, sacándose la mugre del cuerpo, sentado en el fondo de la tina, dejando que el agua le caiga encima .No había cortina, ni nada que se le pareciera, sólo su rostro pálido y escuálido mirándolo mojado, con sus cabellos pegados a los ojos.

Lo vio salir desnudo, aun chorreando agua unos minutos después. Los brazos llenos de manchas negras a modo de lunares hondos pegados a sus huesos. Había perdido mucho peso y las ojeras de su rostro habían ganado espacio en su cara.

"Deja de hacerte eso."

Dijo cubriéndolo con una toalla. Echo la mirada a un lado, para evitar su cuerpo desnudo. Lo que estaba sintiendo antes, lástima, estaba empezando a hacerse más profunda y más honda.

"Eso intento."

Respondió la sombra de Matt, lo único que había quedado de él. No era que no lo hubiera visto venir, no era que no lo hubiera notado, era que de pronto algo más sentía, más que tristeza…

"Tienes los brazos hechos una porquería."

Llenos de marcas de aguja. Matt alguna vez le tuvo miedo a las agujas.

"Lo sé, lo siento, ya me voy Mello."

¿A dónde? Quiso preguntar, pero sintió…Miedo… La respuesta era obvia de todos modos, al infierno.

"Ya me tengo que ir de todos modos. Fue bueno verte… aunque sea un rato… al menos."

Y se puso los estúpidos lentes que usaba siempre. Le tapaban los ojos opacos cubiertos de hinchazón púrpura.

Rabia, ahora sentía rabia.

"Lo que sea."

Le respondió el rubio deseando destrabar su lengua y pedirle que se quedara.

"Voy a tratar de visitarte de nuevo… si me dejan hacerlo… te agradezco… por lo bueno que eres conmigo."

"Ya vete Matt."

"Es en serio." Su voz se estaba apagando. Seguro que era por culpa de la lluvia, de los truenos. "Ya me voy, no quiero traerte más problemas. Yo ya tengo bastantes… no traigo un centavo en el bolsillo."

"¿Y así vas a regresar… ahí?"

Mello iba a reventar de ira ahora, lastima, ira, miedo… ya no estaba seguro que era lo que estaba sintiendo.

"Va a ser peor si no lo hago. ¿No?"

"Debes dejar de meterte eso que… fumas…"

Sacó de su bolsillo algo de dinero y se lo lanzó a la cara.

"Eso te está volviendo estúpido, más de lo que ya eres."

Matt quiso reír, pero no intentó recoger el fajo de billetes que volaron al suelo.

"Tú necesitas ese dinero para tu futuro Mello." Intentó reír de nuevo, sin éxito. "Yo no tengo futuro."

Dijo casi en un suspiro y salió por la puerta hacia la noche sin luna.

Xxx

Ver a Matt en ese estado siempre lo ponía mal. Estaba muy demacrado, cada vez peor. No pudo dormir pensando en él. Al despertar sin dormir, como era su costumbre, volvió a la calle y a su caminata nocturna para dejar de pensar en que tenía que conseguir más dinero para pagar la renta. Si no lo hacía pronto iba a terminar en la calle, de nuevo.

Esperaba que la noche le trajera lo que buscaba y que por todos los cielos no se encontrara con Matt pudriéndose en una esquina.

No apareció en ninguna de las calles por las que pasó hasta llegar a su destino, tampoco había ido a buscarlo. No hizo más averiguaciones ni trámites, no iba a estar tranquilo quedándose ahí haciendo dinero que necesitaba. Más preciosa era su tranquilidad. Regresó a la calle, a la noche fresca y caminó hacia donde la ciudad empezaba a convertirse en viejos recuerdos.

Una vez se internó en ellos empezó a sentirse mal. Quizá por el olor a cigarro y podredumbre, a alcohol y a muerto que le daba la bienvenida.

"¿Qué haces aquí?"

No tenía ganas de responder, pero no iba a poder entrar de todos modos.

"¿Dónde está Matt?"

"Así que para eso vienes. Si tienes dinero contigo entra, si no saca tu trasero huesudo de mi puerta o te saco yo."

Mello no se movió. Traía un chocolate en el bolsillo y con sólo pensar en ello le daban nauseas.

"He venido a ver como está. Nada más me trae a este chiquero."

"Ya te he dicho que primero dinero. Te hago un descuento de ex empleado. ¿Qué dices? Anda no seas tacaño… Mira que no es mucho… Además tú haces mucho más en una noche… ¿No Mihael?"

"No me llames así…"

"Como sea, si no quieres pagar fuera de aquí. No me hagas perder el tiempo."

Mello apretó los dientes, el olor le estaba revolviendo las entrañas. Tendió una mano hacia la ventanita por donde el rostro y la voz le exigían un pago. Lo que fuera con tal de acabar con todo pronto.

"Ahora sí nos entendemos, Mihael…"

Y una risa burlona abrió la puerta para dejarlo pasar. Olía peor dentro que fuera y el aire estaba tan denso que por poco tendría que abrirse camino con las manos.

"Si alguna vez quieres volver a trabajar para mi Mihael… las puertas están abiertas."

Mello lo ignoró completamente sabiendo que camino tomar, conocía el lugar como la palma de su mano, aunque ahora no podía alcanzar a ver lo que tenía enfrente. El pasillo tapizado por cuerpos humanos, retorciéndose, revolcándose. Dentro de ese lugar las paredes tenían vida.

La música a todo volumen, casi no podía escuchar sus pensamientos. Una mano pasó por su lado, rodeando su cintura, atrapando sus caderas. Casi no le dio tiempo a reaccionar, de pronto estaba pegado al pecho de algún desconocido. Al segundo siguiente se soltó de un empujón dándole la oportunidad al desconocido de verlo bien.

"No sabía que en este basurero había algo como esto." Le escuchó decir y escapó hacia el corredor principal.

Dio un vistazo rápido a los alrededores del salón, unas mesas volteadas, botellas en el suelo mojado. Volvió al pasillo deseando poder largarse a toda velocidad y olvidar que alguna vez fue a parar a ese lugar.

No iba a poder dormir de nuevo…

Matt no estaba en el salón principal, así que debía estar en alguno de esos huecos a los que llamaban habitaciones. No pensaba acercarse si quiera a ellos. Quedaban hasta el fondo del pasillo, como si no los conociera, como si no hubieran escrito sus nombres en las paredes cuando eran más jóvenes.

Se pasó la mano por el cabello sintiéndose mal de nuevo. Apoyado en un punto libre de la pared del corredor, tratando de ocultarse de los ojos que lo miraban como si es que trajera luz a esa oscuridad. Pero los ojos que buscaba no estaban por ningún lado y no iba a preguntar por él. No quería escuchar la respuesta.

El chocolate en su bolsillo se estaba derritiendo sin duda. El ambiente estaba caliente, hediondo. Un muchacho más joven que él pasó a su lado tambaleándose, al verlo trató de volver sobre sus pasos para ofrecer sus servicios.

Lo tomó de los hombros para no dejarlo caer en su intento por retroceder.

"¿Y Matt¿Dónde está Matt?"

El chiquillo lo miró con los ojos vacíos. Giró la cabeza como buscándolo.

"Estaba por aquí, pero yo puedo darte un buen rato…"

Y sonrió o trató de hacerlo. Estuvo a punto de dejarlo caer al suelo, pero de nuevo la misma lastima que sintió la noche anterior lo detuvo. No se negó y dejó que el chiquillo lo guiara a una de las habitaciones disponibles. Como si no las conociera todas.

Se sentaron sobre un colchón escuálido que sonaba a orquesta de resortes. Todo estaba igual a como cuando lo dejó tiempo atrás. Nada, absolutamente nada había cambiado. ¿O era que sus recuerdos le jugaban una mala pasada?

El chiquillo se subió a sus piernas tratando de besarlo, pero Mello lo bajó de inmediato. Frente al rostro de desconcierto del muchacho pudo darse cuenta que aún algo de expresividad le quedaba a su rostro demacrado.

"Vine por Matt."

Dijo simplemente cruzando las piernas para evitar otro intento por parte del muchacho.

El chico no podía entender la negativa, pero cedió ante el requerimiento. Se puso de pie y se dirigió a la puerta algo molesto por haberle hecho perder el tiempo.

"No creo que Matt te pueda atender… Yo puedo hacer un mejor trabajo que él." Dijo tímidamente avanzando despacio a la puerta.

"¿Por qué?" Reclamó el rubio impaciente ante el chiquillo que seguía amenazando con irse.

"Voy a buscarlo para ti si quieres…"

"No he dicho que no quiero que te quedes."

El rostro del chiquillo se iluminó bajo la pobre luz. Regresó a su lado entonces, contento como un animal moviendo el rabo. Se quedó de pie frente a Mello esperando que lo dejara continuar.

"Siéntate y duerme si quieres. No vine a eso."

Entonces si que no entendía nada el muchachito. Hizo lo que le mandaron, pero no entendía nada. Se recostó a espaldas de su rubio cliente que más parecía sumido en sus pensamientos que presente en aquella habitación. El chiquillo lo miraba extasiado, como si tuviera un ángel a su lado, vestido con ropas oscuras, con la piel tan nívea y tan bonita.

Se quedó dormido sin duda, contemplando su espalda. Lo despertó un golpe en la puerta. Ese era el despertador de siempre cuando se quedaban dormidos. Mello sacó dinero del bolsillo y lo puso a un lado. Se levantó de la cama, despertando también de sus recuerdos.

El muchachito se levantó y tomó el dinero. Abandonaron la habitación y todo seguía como cuando entraron. El ruido y el humo, las paredes con su tapiz en movimiento. El chiquillo señaló hacia un lado y se separó de su lado. No tardó en volver trayéndole lo que fue a buscar.

Xxx

"No debiste venir."

"Cállate tonto, eso ya lo sé."

Sentados los dos, sobre la misma cama raquítica, sobre la que alguna vez durmieron juntos. Miraban al suelo y los pies de Mello temblaban.

Se iban a quedar en ese estado, Mello ya no tenía más paciencia en su haber. Matt estaba peor que la noche anterior, tosía.

"No sé para que vine aquí. Eres un idiota por regresar a este lugar."

Sus propias palabras sonaron tan amargas.

"No tienes que quedarte aquí Matt, vine por ti. Debí hacerlo antes."

No sabía lo que estaba diciendo, ambos estaban seguros de ello. Matt tomó una de sus manos y apoyó su cabeza sobre su hombro. Estaba cansado, eso debía ser.

"Yo me iría contigo Mello, a donde quieras yo te sigo. Si me puedo parar de nuevo, te sigo, te lo juro. Hasta donde tú quieras."

Ninguno de los dos creía en sus propias palabras. Mello perdía la paciencia que no llevaba consigo.

"Entonces nos vamos."

Era la de siempre, Matt lo seguía ciegamente, hasta a tirarse por un precipicio si de eso se trataba. Se levantaron ambos de la cama y Mello tiró la cabeza hacia el techo. Nada había cambiado, sus nombres seguían en su sitio, donde los dejaron escritos cuando eran niños y saltaban sobre la cama.

Cruzaron la puerta y hacia la salida de ese lugar. No iba a ser fácil, nada había sido fácil hasta ese momento. Algunos cuerpos de las paredes los dejaron pasar, algunos otros simplemente los ignoraron. No encontraron barrera hasta llegar a la puerta del principio de esa pesadilla.

"¿A dónde crees que vas Mihael?"

"No te interesa."

Respondió acariciándole la sien con el cañón de su revolver. Tuvo que hacer un esfuerzo muy grande para no apretar el gatillo en ese momento. No esperó una respuesta, porque al instante siguiente metal frío se posó en su nuca y el sonido del tambor de otra arma sonó cerca de sus oídos. .

Matt abandonó su lado, no por voluntad propia, pero Mello no se inmutó.

"Baja el arma." Ordenó la voz a sus espaldas, la que sostenía el arma en su nuca.

Mello hizo girar el tambor de su revólver en respuesta y ajustó el gatillo hasta la mitad.

"Basta ya. Podemos llegar a un acuerdo Mihael. Si tanto quieres a ese pedazo de basura de acuerdo, pero no será sin nada a cambio."

"Deja de llamarme así que ganas no me faltan de hacer pedazos este asqueroso lugar."

"No te creas la gran cosa mocoso, porque te estés acostando con un jefe de la mafia no eres mejor que nadie, Mihael. Ahora bien, cerremos el trato para que saques tu trasero flaco de aquí y no quiero volver a verte."

"Como sea…"

Xxx

"Igual me van a correr del departamento."

Pensaba Mello mientras caminaba de nuevo hacia su cama. No iba a ir a trabajar y no importaba de todos modos. Igual el dinero se hace o también podía reconciliarse con cierta persona que le pagaba la renta y asunto arreglado. Iba a ser lo segundo a ese ritmo, pero lo importante ahora yacía bien dormido sobre la cama. Había conseguido que se duerma, pero no había conseguido que coma.

Matt despertó con el contacto del cuerpo de Mello y las campanadas de la Iglesia.

"¿Eres tú o un fantasma¿Cómo puedes dormir con todo ese ruido?"

El rubio abrió un chocolate y evitó así contestarle a quien se revolvía en la cama sin ganas de abandonarla. Devoró la mitad de la barra y la dejó a un lado. Se rascó la cabeza en clara señal de preocupación.

"Tienes que ver a un médico."

No dijo nada, sólo evitó mirarlo y se revolvió de nuevo entre las cobijas, tratando de desaparecer dentro. Mello lo destapó de un tirón.

"No te lo estoy preguntando Matt… Tienes que ver a un médico."

Y se quedaron en silencio ambos, Mello regresó a la cama y Matt lo rodeó con sus brazos. "No quiero ir al medico" Le susurró acariciándole el cuello con sus labios. "No vale la pena, quiero quedarme contigo Mello."

El rubio intentó protestar, pero la lengua se le trabó de nuevo. Dormir con Matt de nuevo, no era algo que tenía planeado hacer. No era que planeara las cosas, todo se daba porque debía ser así.

No era que no lo hubieran hecho antes, no era que no lo quería hacer esta vez. Devolverle el beso, las caricias, las cosas se le iban de las manos. No era que lo pudiera evitar, sólo dejar que suceda.

Xxx

Despertar, era algo que solía hacer, pero ya no podía dormir. Matt empeoraba cada vez más y no había nada que pudiera remediarlo. No era necesario que un medico se lo dijera, lo podía ver en su rostro. Matt lo sabía y Mello no quería aceptarlo.

Trataba que no dejara la cama, pero no dejaba de seguirlo a donde fuera. Sólo quería estar a su lado y Mello no podía negarse. La noche estaba clara y la luna partida los encontró a ambos mirando por la ventana.

"Esa es la iglesia que no me deja dormir."

Y ahí estaba el reloj y la campana a punto de funcionar de nuevo. Como el tiempo avanza y como no se le puede detener, como si el que tuviera Matt encima, estuviera a punto de terminar de correr.

A Mello le entraba pánico cuando lo veía desvanecerse sobre sus piernas. Trataba de despertarlo a como de lugar.

"No me iría sin decirte adiós."

Le dijo en una oportunidad sólo para hacerlo sentirse peor que nunca. Sin despedirse es lo que hizo cuando lo abandonó en ese lugar. Cuando tuvo la oportunidad de salir y la tomó sin mirar atrás. Atrás se quedó Matt y ahora nuevamente lo iba a dejar.

Había recuperado a su amigo de la infancia, para perderlo de nuevo.

"La ciudad es tan grande, nunca me imaginé que se viera tan bien de noche."

Matt se le iba de las manos, sin que pudiera hacer nada por detenerlo.

Xxx

Aquella noche cuando salió de la ducha Matt estaba aún tendido en la cama. Ya casi no le quedaban fuerzas para abandonarla. Miraba hacia el techo y cuando lo vio acercarse sonrió.

Mello levantó los ojos para encontrar su nombre escrito sobre la superficie blanca.

"Eres un tonto Matt."

Sonrió, aún podía hacerlo. Se limpió el rostro de cabellos húmedos para verlo mejor, quiso decir algo, pero sus labios se quedaron quietos. La ventana estaba abierta, había estado encaramado en la ventana durante su corta ausencia.

La cerró para que no entrara más viento helado.

"Estaba mirando la calle, desde aquí se ve mi casa."

"Tú no tienes casa, nunca tuvimos. ¿Recuerdas?"

"Es cierto…"

Estaba afiebrado, el brillo de sus ojos alumbraba la habitación entera. Al colocar la palma sobre la frente estaba ardiendo. Medicina para la fiebre de nuevo, no quería oírlo delirar una noche más.

"Gracias por cuidar de mi. Me hubiera gustado hacer algo más por ti, a cambio."

"No es necesario. No tienes nada que agradecerme. Y deja de hablar como si te fueras a… morir."

Hasta la sola mención le daba escalofríos. Se sacudió la cabeza mojada para evitar pensar más en eso. No había nada más que hacer, la enfermedad había avanzado demasiado. Iba a ir a matar a todos lo de ese lugar muy lentamente.

Aunque eso no iba a remediar nada.

Cuando se haya ido. No, no iba a dejar que se vaya, Matt no podía abandonarlo ahora.

Tosía más hasta ahogarse. Por momentos pedía un cigarro, gritaba por uno y se sacudía frustrado. Mello lo tomaba en sus brazos y trataba de que no se hiciera más daño. Se iba a deshacer en sus manos, se iba a evaporar en cualquier momento.

Se quedaba muy quieto luego, mirándolo con los ojos entreabiertos, sujetándose a su cuerpo con las fuerzas que aún le quedaban. No sabía si al final de la noche aún Matt lo iba a acompañar, aunque verlo sufrir de ese modo le hacía desear nunca haberlo encontrado.

Dolía, algo en el fondo del pecho.

Desgarraba.

"No me quiero quedar solo Mello, no te vayas por favor."

Y volvía a ahogarse con su propia tos.

No iba a abandonarlo, si no podía retroceder el tiempo, por lo menos compondría lo que estaba roto. A pesar de que ya era muy tarde.

Xxx

Salió de la ducha con los ojos hinchados. Escuchaba la tos sonora de Matt desde el baño y se daba fuerzas a si mismo para salir a recostarse a su lado.

No lo halló sobre la cama, estaba de nuevo mirando por la ventana, la luna.

"¿Qué tanto miras?"

Corrió a recogerlo, esa mañana no hubo sosiego, la fiebre no bajaba, el dolor en su cuerpo se volvió insoportable. Ya no podía respirar y por momentos se ahogaba sentado sobre la cama.

"Quería ver la noche. ¿Te acuerdas?"

Su respiración entrecortada, había hablado muy rápido y de nuevo se estaba ahogando.

"La noche, sí, cuando nos poníamos a mirar la calle."

Apenas podían ver la punta de la torre de la Iglesia. Desde la ventana de la habitación que solían compartir, la estrecha perspectiva del cielo. Y contaban las veces que un avión pasaba cerca, en el pedacito de cielo que abarcaba la ventanita que daba al inmundo callejón de donde vivían. Hasta que la puerta se abría y alguien entraba a separarlos a la fuerza.

Sacaban a uno ó al otro. A veces a ambos a la vez. En una de esas Mello conoció a alguien, que le dio el boleto de salida del infierno. Uno solamente, no alcanzaba para dos.

Fue una noche, no muy lejana ya, cuando tomó el "tren de medianoche". Nombres idiotas que le ponía Matt a las cosas. Pero fue a esa hora, contaron las campanadas lejanas aquella vez. Mello estaba con alguien en ese momento, que no conocía pero que había frotado su cuerpo contra el suyo. Apenas se vistió con las ropas anchas del desconocido, Matt abrió la puerta. Ambos corrieron por el callejón, pero no pudieron salir juntos.

Lo dejó atrás, sin despedirse, sin prometerle nada. Sólo se fue. Sin decir gracias.

A esconderse como un animal en el basurero enorme de las calles aledañas. Sin zapatos, sin noción del tiempo.

Buscándolo, a quien le prometió darle amparo fuera de donde quedó Matt. Una noche cuando fue y se lo prometió, diciéndole que se lo iba a llevar de ese lugar, que no era un sitio para él. Le creyó, Mello le creyó y dejó todo atrás.

Dejó a lo único que tenía.

Tuvo suerte, de que no lo encontraran. Suerte de quien lo recogió de la calle le dio un techo y comida a cambio de nada, de nada que no estuviera dispuesto a darle. Y así fue como consiguió el lugarcito donde vivía, tan lejos del cielo y tan cerca del infierno.

Pero si el tiempo no vuelve, trae pedazos consigo. Uno de ellos se consumía en sus brazos, con los ojos en la ventana, perdidos en la noche.

Quemaban, sus labios quemaban.

"Es mejor que regreses a la cama."

No protestó, dejó que Mello lo acueste y pidió que se acueste a su lado.

"Vamos a dormir, como antes, como cuando éramos niños."

Mello se estiró para llenarse la boca con chocolote. Encontró su barra mordida.

"Siempre te gustó ese sabor, chocolate de leche. Sin nada, sin relleno, ni nada."

Intentó llevar sus dedos a los labios de Mello, pero en el camino cayeron sobre su pecho. Los ojos se le cerraban.

"Ya tengo sueño."

Mello hizo a un lado el chocolate y subió los pies a la cama. Matt cerró los ojos y aspiró profundo. Era extraño, no tosía más, se veía un poco más aliviado.

Al verlo en ese estado de paz no pudo evitar abrazarlo, besarle las mejillas opacas, delgadas como telarañas y tibias. La fiebre, sin duda, sus manos estaban heladas.

"No te preocupes Mello, yo estoy bien."

Y el rubio se mordió los labios porque sabía que no era cierto.

"Quiero que me perdones Matt, por haberte dejado, nunca debí irme, nunca debí dejarte."

"Shh.. que no hay nada que perdonar. Estas aquí conmigo, no me voy a morir en la calle, como pensé, sino con quien más quiero a mi lado."

"No te vas a morir."

La voz se le quebró y desapareció de su garganta. Escondió su boca sobre el cabello liso de Matt, besándolo, apretándolo para peleárselo hasta el final al destino.

"No me puedes dejar Matt."

"No me voy muy lejos. Me voy a cielo… Estamos bien cerca. ¿No?"

La voz se le iba entonces, como se iba la noche.

"Voy a estar… bien cerca…de aquí…"

"No…"

"Tengo sueño Mello. ¿Te vas a quedar conmigo para que pueda dormir? Como cuando éramos niños."

Su rostro cobraba un brillo infantil, sus ojos entreabiertos brillaban de nuevo. El rubio asintió despacito tragándose el nudo de su garganta que amarraba su voz.

"No se puede volver el tiempo atrás Matt."

El reloj de la Iglesia no sonaba.

"Quisiera poder regresar atrás y nunca…"

El sonido nocturno se evaporaba tras ventanas cerradas.

"Haberme ido."

Algunos pasos se dejaban escuchar a lo lejos.

"Haber ido contigo, buscarte antes, no dejar que me encuentres."

No había habido campanadas durante la noche.

"Soy un estúpido egoísta."

No lo había notado hasta ese momento. Lo egoísta que estaba siendo, queriendo retener a quien no pertenece más al mundo.

"Lo siento de verdad Matt, eres la única persona a la que tengo…"

La quietud que reinaba en el espacio, como si el mundo se estuviera deteniendo.

"A la única persona, por la que siento algo. Perdóname, de verdad, lo siento mucho."

La noche seguía avanzando.

Las campanadas seguían silentes. La luna se estaba escondiendo tras nubes negras.

Besó la frente de quien tenía a su lado, con una sonrisa chiquita en los labios, aún sujetando su mano, aún su piel tibia.

La noche había acabado. Y se fue sin escuchar las campanas por última vez. No necesitaban tañir, no había a quien despertar más. Sus ojos no se iban a abrir.

Dejó escapar las lágrimas, no había nadie que lo viera llorar. Levantó la vista sobre el techo, encontró sus nombres ahí, como cuando eran niños. En el cielo, el techo era el cielo, una extensión del pedacito que se asomaba por la ventanita de su habitación de antaño.

Algún día, se iba a encontrar, de nuevo, como dijo alguna vez cuando escribió sus verdaderos nombres hacía varios años, una vez más, en el cielo.

Y entonces no iba a haber necesidad que lo fuera a buscar, Matt lo iba a estar esperando.