Agradecimientos a :

Todos por leer, comentar y agregar a favoritos.

"Sherlock Holmes" no me pertenece y tampoco el cuento del "Soldadito de plomo".

Y ahora el Fan fic.

30 días en nuestras vidas

IX Cuento Navideño

Sherlock se desplazaba a toda velocidad de un lado a otro dejando una estela de catástrofe tras de sí. A pocos metros, el buen doctor parecía ignorar completamente el desastre que su compañero estaba haciendo en la habitación.

-¿Donde están?- Preguntó en voz alta el detective mientras lanzaba libros, hojas y un sin fin de objetos desde la repisa de la chimenea.

John permaneció inmune a la pregunta, el medico tan solo respiro profundo mientras subía un poco el volumen al televisor.

-¿En que parte los has escondido?, deberías decírmelo ahora y nos ahorramos el que yo deduzca donde los ocultaste.

-Pues, que tengas suerte…- respondió el ex militar haciendo caso omiso a las amenazas de su amigo.

Sherlock por su parte solo le miró ofuscado, revolvió sus cabellos dispersos antes de elevar la voz bordeando la histeria:

-¡John necesito algo!- hizo una pausa- ¡dame algo!

-No-

-Dame algo.

-No. Hemos discutido esto antes y dijimos que no volverías a ellos, ¿recuerdas?, nadie te venderá nada en dos millas a la redonda.-

-¡Eso es ridículo, a quien se le ocurrió la idea!- exclamo, callándose de inmediato al ver la mirada de hastío que le dedico su blogger

-¡John dime donde están!

-Sherlock lo has estado haciendo muy bien, ¿por que no puedes seguir haciéndolo?

-¡Es que no entiendes! ¡Si no tengo algo moriré de aburrimiento!-

John le miró de reojo y decidió ignorar los arranques nerviosos de su compañero, ya que, si había algo que había aprendido con el tiempo, era a lidiar con el carácter impulsivo de Sherlock Holmes.

El menor de los Holmes se quedo mirándolo, dándose cuenta de que sus intentos serían en vano, ya que cuando a John quería algo, podía ser tan o incluso más obstinado que él mismo, sobre todo cuando se trataba de asuntos referentes a sus "adicciones" e incluso tratándose de una droga legal como el cigarrillo.

Conciente de esto, el detective decidió rendirse, al menos por el momento. Se volvió hacia el lugar donde estaba su compañero y arremolinando su bata en un gesto dramático se dejó caer, sin cuidado al costado de donde John se encontraba.

El medico no se inmuto con el movimiento, si no que siguió observando la televisión, absorto casi totalmente en la película que pasaba tras de sí.

Sherlock suspiró más aburrido que antes, centrando su atención en la pantalla que tenía en frente.

La historia era un poco extraña, había comenzado con un niño al que le regalaban unos soldaditos de metal, al parecer uno de ellos no estaba completo, le faltaba una pierna, sin embargo el niño le quiso igual o un poco más que a los otros, entonces lo situó en una repisa al costado de una figura de bailarina.

El asunto poco a poco empeoro, cuando la aparición de un arlequín le hizo perder todo tipo de coherencia en los pensamientos que Sherlock tenía sobre la historia.

La idea de un soldado mutilado y tirado a la calle por un arlequín envidioso de su supuesta relación con una "muñeca bailarina" le parecía ridícula. Y ciertamente se puso un poco peor, cuando el soldadito fue recogido y lanzado al mar en una barcaza de papel para ser comido por un pez que, después fue capturado y vendido como alimento a su dueño original. Para ese entonces Sherlock se hallaba un poco irritado por el desarrollo de la historia. Lamentablemente, este no mejoro en lo absoluto en el instante en el que el soldadito logró reunirse con su bailarina para ser violentamente empujado a la brasas por el envidioso arlequín. Y ahí sucedió lo que más lleno de desconcierto al genio. La bailarina se lanzo a las llamas con su amado soldadito siendo ambos fundidos por el fuego y dejando tan solo un corazón de plomo.

Sherlock frunció el ceño, las historias de navidad eran algo completamente extraño para él y estaba a punto de comenzar nuevamente su discurso acerca de lo aburrido que estaba, cuando se fijo en su compañero de piso.

John, permanecía mirando fijamente la película, su respiración estaba un poco irregular, su barbilla temblaba débilmente y sus ojos se veían rojizos…

Estaba llorando.

Holmes, sabía lo sentimental que podía llegar a ser su blogger con en algunas ocasiones, sin embargo, el emocionarse con un cuento navideño, no era algo que él podía entender en el comportamiento de John.

¿Entonces, que era lo que había afectado tanto a su blogger?

-¿John..?- le llamo un poco inseguro

Watson le miró un poco avergonzado mientras iba limpiándose las lágrimas de sus ojos y mejillas.

-Esta bien Sherlock, no es nada.-

-¿Nada? Es evidente que estabas llorando

-Si, creo que sí, esa película me hizo emocionarme un poco.

-¿Por qué?

-¿Por que?- repitió sorprendido- la gente normal nos emocionamos con cosas que nos recuerdan algunos hechos en nuestras vidas.- trato de explicar

Sherlock le miró desorientado, en su cabeza mucha información comenzó a fluir de un lado a otro mientras intentaba ordenar y organizar los datos para descifrar lo que le había sucedido a John.

-¿Eso que recordaste, tiene que ver conmigo?- preguntó un poco preocupado

John solo asintió sin querer ahondar mucho en detalles.

-Moriarty, el dijo que te quemaría…- susurró John con dolor mientras cerraba los ojos.

-Y lo hizo-

Con eso, todas las palabras adquirieron sentido, el soldadito herido, era john después de la guerra, la bailarina deslumbrante, era el con su increíble mente y el arlequín malvado solo podía ser Moriarty. Una comparación sencilla y clara con la que el cerebro de su querido doctor había asociado las piezas.

¿Pero entonces? ¿Por que John lloraba? Tal vez se debía al final trágico que habían tenido los protagonistas...

-John- le llamo tomándolo por los hombros y enfrentándole- No importa cuantas veces intenten quemarnos, por que nosotros también estamos hechos de plomo como ellos y resistiremos a eso.- le dijo con mucha seguridad

John se mostró sorprendido, sus ojos hasta entonces tristes poco a poco recobraron vida, esas sencillas palabras, le bañaron como un bálsamo refrescante. Pero no podía sorprenderse, siempre había sido así con Sherlock, cada vez que lo necesitaba. Su detective sociopata sabía de alguna manera, hacerlo feliz.

Por que ellos al igual que el soldado y la bailarina compartían el mismo corazón.

Notas:

Que tal? les gustó el cuento?

Me costó escoger el cuento, tenía muchos candidatos pero finalmente termine con el de Hans Christian Andersen "El soldadito de plomo" . No sé por que pero tenía algo que hizo creer que debía ser para este capitulo. En fin, gracias por leer un abrazo a todos!