Disclamer: personajes de JK Rowling
Hola a todos, disculpen la tardanza, este capitulo es difícil, porque aquí se desprenderán muchas dudas, sobre todo respecto al DRAMIONe (que yo avise que no iba por donde la gente pensaba) y sobre todo con Draco.
En cuanto al mundial, obvio que le voy a Argentina (mejor dicho, la primera selección en mi corazón, es la de mi país, la Vinotinto, pero como nunca clasifican, si tengo que apoyar a otra será la albiceleste).
Felicidades Tom Felton, por el premio MTV movie awards como Mejor Villano, creo que de todos los premios que se entregaron esa noche, esté fue el mas merecido y el mas logico, Tom hizo una caracterización impecable, fue el Draco que leimos en el sexto libro y él que todos quisimos ver personificado en la gran pantalla.
Capitulo 9 Todo cambia.
-Morir por un beso- dijo Rose sonriéndole – no sabia que fueses poeta.
-No lo soy- dijo Scorpius- de ninguna manera. Aquí la de las dotes literarias eres tú.
Estaban acostados sobre la hierba, él encima de ella, apoyándose sobre sus rodillas y sus manos, sus rostros estaban cercanos, Rose clavaba sus ojos en los de él, dedicándoles una mirada curiosa, coqueta, intensa, era increíble como su opinión acerca del chico que estaba con ella había cambiado, cuando antes le parecía una molestia ahora estaba absolutamente fascinada con él, incluso sentía que era capaz de cualquier cosa con él. Scorpius acercó su cara dispuesto de nuevo a besarla y ella desvió su rostro, los labios de Scorpius tocaron su mejilla, él aprovechó y le habló en el oído.
-Eres tan esquiva que lo único que haces es fomentar mi interés- dijo él en tono bajo justo a su oído. Rose sintió como los vellos de su cuello se erizaban. Su cuerpo respondía incluso al tono de su voz. No era incomodo, mas bien era una sensación placentera, le hormigueaba el cuerpo si lo tenia cerca.
-Seria una tonta sino lo hiciese así- contestó ella- comentan por ahí, que tú estás acostumbrados de las chicas fáciles. Un poco de variedad a tu rutina no te va a matar Malfoy- Scorpius se apartó y le sonrió de vuelta. Su cabello caía frente a sus ojos, y la luz del sol le arrancaban reflejos, a Rose le parecía que lucia como un dios dorado, alto, hermoso, brillante, inmaculado y esa sonrisa que dibujaban sus labios, seductora, arrebatadora era sobre todas las cosas, candida y sincera. Scorpius Malfoy era demasiado atractivo a su parecer, pero también demasiado honesto para su propio bien, Rose interpretaba cada gesto, cada expresión facial, era muy fácil para ella leerlo, en menos de dos meses, había descifrado mucho de él, pero sentía que todavía le faltaba algo, importante, sin embargo ella presentía que no era nada turbio ni malvado, era simplemente su secreto y ella algún día llegaría a saber que guardaba con tanto celo, mientras tanto disfrutaba el momento junto a él.
La complicidad que ahora compartían era curiosa, tomando en cuenta que al principio se habían llevado como el perro y el gato. Pero luego de que ella se relajase y cediera en su posición, dándose la oportunidad para conocerlo, Rose tenia que conceder que le gustaba mucho estar con él y al parecer, el sentimiento era mutuo. Debido a la fiesta que tenían que organizar, pasaban bastante tiempo juntos, sin despertar sospechas entre sus primos o entre los slytherin´s, lo cual era una ventaja, de alguna forma los dos querían mantener en secreto el hecho de que se llevaban mejor de lo que los demás suponían. No era que estuviesen haciendo algo malo, Rose se lo repetía una y mil veces en su cabeza, consideraba una necedad todo el asunto entre sus familias y el odio reciproco, habían pasado casi veinte años, no le veía sentido, sin embargo, ella siempre había sido reservada con su vida personal y a ciencia cierta no tenia muy bien definido que estaba sucediendo con ella y Scorpius Malfoy. Si es que verdaderamente iban a algo.
Scorpius estaba disfrutando la velada. A orillas del lago, bien entrada la tarde, con ella entre sus brazos, casi estaba en el paraíso terrenal. Tenía toda su atención enfocada en Rose, en su rostro hermoso, en esos labios que lo invitaban a besarlos, en su apariencia descuidada, descalza y despeinada que se le antojaba irresistible, Scorpius la imaginaba tendida en una cama con esa expresión juguetona en el rostro y mucho mas escasa de ropa y simplemente sentía como se le encendía el cuerpo. ¿Dónde había quedado la actitud erizo de mar de Rose? Pues él no lo sabia ni le importaba, Rose desde hacia unos días le estaba mostrando la faceta oculta de su personalidad, despojándose de su timidez con él, siendo osada, coqueta, femenina y Scorpius estaba mas que contento con ello. ¿Quién le diría que organizar una fiesta lo acercaría a ella? ¿Quién se imaginaria que Scorpius Malfoy estaría tan pendiente de una sola mujer? Y es que realmente, desde hacia unas semanas no tenia cabeza para ninguna chica que no fuese ella.
La miró y siguió sonriéndole. Diablos….que ganas tenia de besarla.
-Si yo fuese otro, hace tiempo que te hubiese pedido una cita- dijo él- pero soy terrible con esto de las palabras. Lo has comprobado por ti misma.
-No necesito que me digas tonterías, me resulta mas cómodo hablar contigo sin que me lances esas frases tan trilladas- dijo Rose- me gustas mas cuando eres sincero, sarcástico y lógico.
-Sal conmigo un día de estos- respondió él- no a Hogsmade….vente conmigo un fin de semana a Hamburgo, invéntale una excusa a McGonagall y a tus padres.
-¿Me estas pidiendo una cita?- preguntó ella.
-De hecho …mas que una cita es una escapada- dijo él- Quiero pasear en Hamburgo contigo, quiero que conozcas a mis amigos y que ellos te conozcan a ti.
-¿Y que tengo de especial para que desees presentarme a tus amigos?- preguntó Rose con fingida inocencia.
-Me imagino que ellos querrán conocer a la culpable de que literalmente me haya olvidado del resto del género femenino- dijo Scorpius.
-Eso fue profundo- dijo Rose observándolo con atención- hasta para ti.
-Hola, soy Scorpius Malfoy- respondió él bromeando- el tipo mas profundo que alguna vez conocerás.
-Eres imposible- dijo ella rodando los ojos, soltando una carcajada al mismo tiempo, giró la cara y Scorpius observo su perfil, prestando gran atención a su cuello, blanco y delgado- fue un chiste todo lo que me has dicho ¿No es así? A veces no logro interpretar lo que es verdadero o lo que es broma de lo que dices.
-Lo de que no miro a otra chica que no seas tú es triste ….pero cierto- dijo Scorpius arrugando la cara. No era que no fuese la realidad, pero hacerle esa confesión era extraño. De hecho, todo aquello relativo a Rose y él….era bastante fuera de lo normal. Demasiada atracción, demasiada piel entre ellos y de paso congeniaban a nivel intelectual. Si él creyese en las almas gemelas, sin duda podría plantearse que había conocido a la suya. Pero Scorpius desde hacia un buen tiempo se había convertido en un escéptico. Por otro lado, si era cierto que existía entendimiento pero a veces, al mismo tiempo fricciones y desacuerdos, los dos eran también volátiles uno con el otro, pero eso simplemente era tensión sexual acumulada.
-Creo que te entiendo perfectamente- respondió Rose- me está sucediendo exactamente lo mismo.
-No miras a otras chicas desde que me conoces- bromeo él- vaya, no sabia que tenias esas preferencias.
-No seas tonto, sabes perfectamente a lo que me refiero- contesto Rose dándole un golpecito en el pecho. Lo tenía prácticamente encima de ella y lejos de sentirse incomoda, lo estaba disfrutando. Existía una energía circulando entre ellos, placidez, confianza, reconocimiento, atracción. Ayudaba también saber que nadie los veía y que nadie llegaría a interrumpirlos. Scorpius no podía apartar los ojos de su cuello blanco y fino y le dio un beso leve, allí donde terminaba el cuello y empezaba la clavícula, Rose hizo un amago de intento para apartarlo pero como siempre no pudo resistirse.
-Me basta y sobra que ya no mires mas al idiota de tu ex – contestó Scorpius hablando con sus labios pegados a la piel de ella. Era un hecho, destetaba al individuo con todas sus fuerzas, el otro hecho innegable era que Rose le gustaba como nunca le había gustado nadie en su vida, porque no era solo que la chica le pareciese atractiva, sino que la encontraba inteligente e interesante como persona.
-No sabia que habíamos llegado al punto de los celos- dijo ella- me sorprendes cada día mas Scorpius Malfoy.
Scorpius sonrió automáticamente, sin duda lo que mas le encantaba de ella, era que era bien clara con él al expresar sus opiniones. Si…estaba celoso ¿Y que? no daría explicaciones al respecto, era obvio las razones por las cuales estaba celoso, la prueba mas fidedigna y contundente de todos los motivos que tendría para estar celoso, era el hecho de que estaba acostado sobre ella en el piso, atrapándola, subyugándola, sometiéndola y acariciándola. La había decretado como suya y estaba empeñado en demostrárselo. Lo mejor, era que ella al parecer lo disfrutaba. La Rose que poco a poco iba descubriendo hacia gala de una lógica y de una capacidad de comprensión abismales, y al mismo tiempo que se deshacía de su mascara de empollona y mojigata, él se daba cuenta que ella era una chica que desplegaba sensualidad….a su manera, al mismo tiempo, también era dulce, de una forma que no le molestaba ni lo empalagaba, sino que mas bien lo atraía. Su timidez tan cacareada, por lo menos con él, había sido lanzada al olvido. Si notaba que ella evitaba hablar de su familia, de sus padres, pero como él hacia lo mismo, por los momentos, no representaba ninguna dificultad. Igual, estaban conociéndose.
- Rose yo te gusto, tú me gustas. ¿Qué esperamos para pasar a la segunda fase de esto que tenemos?
-¿Es que lo tienes dividido en etapas?- dijo ella, él llevó la mano hasta la cabeza de ella para acariciarle el cabello, la expresión de su cara era seria y concentrada, jugaba con sus cabellos desperdigándolos sobre la yerba, sin embargo parecía estar pensando en algo importante, Rose intuía que estaba preparando una respuesta ingeniosa.
-Lo de la cebolla me lo he tomado en serio- dijo Scorpius- ir por etapas, descubrir poco a poco las capas…tus capas. Me has dado a entender que quieres todo con calma, aunque yo muera de impaciencia. Lo cual no es extraño, soy un hombre, ser impaciente está dentro de la naturaleza del genero masculino, sobre todo si se trata de una mujer.
-A todas estas….¿Qué es lo que quieres de mi?- preguntó ella, Scorpius sonrió y desvió la mirada un poco azorado, quizás se ganase un bofetón por descarado, pero habían quedado en ser lo mas sincero posible uno con el otro, luego de un segundo mirando a su alrededor pensando la respuesta mas apropiada, le clavó los ojos, decidido a decir de una buena vez por todas en voz alta lo que daba vueltas en su cabeza. .
-Quiero…..bueno….deseo es mejor palabra- contestó él- deseo estar contigo.
-Estar conmigo- repitió ella en voz baja las palabras, un poco sorprendida, valorando las posibles interpretaciones de esa frase. No es que Rose no hubiese pensado antes que todo ese coqueteo derivaría en ello, de hecho, sin ver exactamente el final del camino, en el punto donde estaban, sabiendo que se gustaban, era lógico pensar que terminarían juntos. Por otro lado, ella de alguna forma, intuía que las palabras de Scorpius iban más allá de ser novios o cualquier cosa. - ¿De que manera quieres estar conmigo?
-¿Tú que crees?- dijo él- estar contigo se refiere a eso y a lo otro también..pero básicamente significa….yo quiero compartir tiempo contigo. No es que te esté pidiendo que seas mi novia formal ni nada de eso, solo te estoy diciendo que me siento bien contigo y que desearía que nos conociéramos mejor.
Rose asintió. Lejos de sentirse ofendida, lo tomó como algo natural, de cualquier forma, él lo decía sin intensiones ocultas, Scorpius a veces era demasiado transparente.
-¿Y después? ¿Que se supone que haremos si sentimos que no es suficiente con estar juntos y conocernos? ¿Establecemos algún nivel de compromiso? Si es que llega a suceder algo entre tú y yo- preguntó ella- sabes Scorpius yo no soy del tipo de chica con la que estas acostumbrado a tratar, no soy Marina Merrey, no me enredo con chicos solo por diversión o para pasar el rato. Tampoco voy a hacer un drama de todo esto, pero me gustaría escucharlo de tus labios.
-Estamos claros que tú no eres Marina- dijo él- ni tampoco eres igual a la gran mayoría de las chicas con las que me he enredado alguna vez. Ni tampoco lo hago para pasar el rato ¿Por qué demonios crees que también me lo estoy tomando con calma? Eres diferente, una experiencia única y distinta. Me he peleado contigo, discutido, la gran mayoría de las veces yo te saco de tus casillas y viceversa, nuestras familias se detestan y estamos en casas diferentes, las cuales al parecer se odian a morir. Parece que existe todo un mundo de distancia entre tú y yo. Y aun así, desde que te conocí no puedo dejar de mirarte y no puedo pensar en otra cosa que no sea las ganas que tengo de besarte. Si quieres que le de un nombre, pues busca para otro lado, porque Scorpius Malfoy no es de los que busca su comodidad, escudándose en darle un nombre a una situación o relación. Pero tampoco dejó de lado a alguien si me ha costado tanto llegar hasta ella, a menos que a la otra persona no le interese. No puedo asegurarte nada, pero de que siento algo distinto por ti….lo siento. No se si llegaré a convertirme en tu novio, o tu amante o lo que sea, solo puedo ofrecerte mi discreción en el asunto y mi amistad.
Rose no pudo evitar sonreír ante tal perorata. Una declaración tan vehemente no podía pasar por alto, de hecho, era la primera vez que alguien se le declaraba de esa forma, llena de honestidad. Poco romántico, sin duda lo era, pero inexplicablemente a ella le encantó escucharlo. Él afirmaba que no era bueno con las palabras y era todo lo contrario. Scorpius arrugó la cara desconcertado.
-¿Te resulta gracioso?- preguntó él airado, ella levantó una mano y le acarició la mejilla con la firme intensión de apaciguarlo. Fue automático, no pudo evitar acariciarle la cara, así como aquella vez no pudo contenerse para tomarle de la mano. Era guapo, seguro que lo era, sus facciones eran perfectas, sus ojos hermosos, pero además era que su personalidad era magnética, irresistible para ella. Y de alguna forma él había dicho exactamente lo que ella quería escuchar.
Sin pensarlo, Rose se incorporó del suelo, tomó la cara de Scorpius entre sus dos manos y unió sus labios a los de él ofreciéndole su tajante respuesta. El chico tardó un segundo en reaccionar, jamás se imaginó que ella era la que lo iba a sorprender besándolo, pero se recuperó rápido, con sus brazos rodeo el delgado cuerpo de Rose y la atrajo hacia él, pronto quedaron de nuevo en posición horizontal, uno sobre el otro, acostados sobre la hierba.
Mientras profundizaban el beso, ella enredó los dedos de sus manos en los cabellos de él y Scorpius clavó sus dedos en la cintura de Rose. La distancia entre sus cuerpos se hizo minima, indecentemente inexistente. Para ser su primer beso, estaba resultando bastante escandaloso, luego de unos minutos, ya se tocaban con desenfreno sin ningún tipo de pudor por encima de la ropa y apenas se separaban sus bocas una milésima de segundo para respirar. Él era de talante apasionado, ella al parecer no le perdía pisada. Con los ojos cerrados y el corazón desbocado, Scorpius se deleitaba con el sabor de sus labios, con la humedad de la boca de ella, con la suavidad de las curvas de su cuerpo, Rose tenia todo lo que le gustaba de una mujer y mas aun, disfrutaba cada segundo de ese beso como si fuese el ultimo, estaba excitado…mucho y por los estremecimientos del cuerpo de ella y la forma como le correspondía el beso, podía deducir que Rose estaba en la misma situación que él, sus gestos la delataban, sus gemidos también, la expresión de su cara era el reflejo de la satisfacción y el ansia que tenia, de lo que estaba generando ese beso en ella.
Rose sentía como las manos de él vagaban por su cuerpo, explorándolo, acariciándolo, estrujándolo. Nunca la habían tocado de esa manera, con cuidado y a la vez con firmeza, jamás la habían besado de esa forma, dominante y tierno al mismo tiempo, él intentaba explorar con su lengua su interior y poco a poco la obligaba a aceptarlo dentro de su boca. Era un beso muy diferente a los otros que ella había experimentado en su vida, Scorpius era exigente, era apasionado, intenso y ella no podía hacer nada para evitar caer en un torbellino de emociones debido a su insistencia. Arqueaba su espalda de puro placer, pegaba sus pechos al de él intentando estrechar mas el contacto hasta hacerlo ínfimo, empujaba con sus manos su cabeza para evitar que se separasen y seguir perdiéndose en sus labios. Totalmente fuera de control, ella solo quería besarlo hasta morir. Una oleada de lujuria desconocida para ella hasta los momentos recorría todo su cuerpo, era visceral, poderoso y Rose no podía evitar sentirlo. Todos sus sentidos reconocían a Scorpius, se apaciguaban y se encendían al mismo tiempo, era como si su mente y su cuerpo hubiesen esperado toda la vida por él.
Su olor…ese aroma que lo volvía loco, se había intensificado, el cuerpo de Rose estaba hablando por ella, pidiéndole a gritos que la tomase en ese preciso momento. Cuando él declaró que quería estar con ella, llevaba implícito el hecho de que deseaba estar con ella de la manera que un hombre deseaba estar con una mujer. Nunca había estado tan claro para él, su cuerpo lo sabia…se lo estaba demostrando en ese momento, unirse a ella era lo mas lógico, la única salida posible, la única manera de tener paz y sosiego. Era tan diferente lo que sentía por ella, tan distinto…tan inexplicable, tan devastador. .Scorpius metió las manos por debajo de la blusa de Rose, ella sintió un estremecimiento cuando las pieles se tocaron, gimió contra los labios de Scorpius, pero él la acalló sellando sus labios, cuando la mano del chico empezó a llevar una trayectoria ascendente directo a sus pechos, ella lo detuvo e interrumpió el beso, separándose en el acto. Ambos se miraron estupefactos, jadeantes, conmovidos y emocionados, nunca lo dirían en voz alta ni se lo confesarían, pero había sido sin duda uno de los mejores besos de sus vidas, sino el mejor.
-Rose- la llamó él al ver la mirada desorientada de ella, Scorpius sentía como si estuviese despertando de un sueño. Dejó de besarla pero todavía tenia su cuerpo pegado al de ella.
- Ah- dijo ella en voz baja, incapaz de formular palabra, todavía estaba metida de lleno en la sensación de besarlo. Su corazón palpitaba con violencia y se sentía un poco mareada.
-Creo que no tengo que preguntar mas si quieres estar conmigo- dijo él.
-No se que esperabas que dijese, pero desde hace unos días he sido bastante obvia contigo- respondió ella.
-Bueno que lo aclares- dijo él- me estaba empezando a preocupar Rose, preguntándome si dejabas que cualquier chico te tocase como yo lo he hecho.
-No….en general no dejo que se me acerquen…tanto…alegrate…eres el primero- dijo ella mirándolo, Scorpius acercó su cara y le ofreció un beso leve en los labios, ella acariciaba su cara con una mano, los dos se miraban atentos a las reacciones del otro.
-Besarte cambia todo- dijo él- me lleva a un punto sin retorno. Voy de frente contigo en esto, espero no estrellarme.
-Nos vamos a meter en un buen rollo- contestó ella. Sus expectativas con ese beso, había sido claramente superadas- pero sabes…Scorpius Malfoy…no me importa..yo también voy de frente contigo.
-Creo que oficialmente tenemos una relación- dijo Scorpius- llámese como se llame. ¿Por qué te detuviste?
-Todavía no estoy lista para algunas cosas- dijo Rose todavia con la mirada perdida, aun no sabia ni el como ni el porque, pero ella había permitido que él se tomase algunas libertades, si bien no dejó que le quitase la ropa ni que le tocase los pechos por debajo del sujetador, él había acariciado todo su cuerpo, absolutamente todo por encima de la ropa. Ella lo había disfrutado, pero un resquicio de consciencia e inseguridad le impidió ir más allá. Lo deseaba, pero al mismo tiempo…temía dar ese paso. Rose en su consciencia, sabia que con Scorpius Malfoy todo seria diferente, no entendía como lo sabia, pero así era, mucho tenia que ver con las reacciones de su propio cuerpo, desconocidas hasta el momento para ella pero con un claro significado, con el apremio que sentía cuando él la tocaba, por los pensamientos atrevidos que él le provocaba, ella se sentía lista como mujer, con la madurez necesaria, para acostarse con alguien y de alguna forma quería que sucediese… con él. Más allá de otras consideraciones, más allá del hecho de que él era el peor candidato posible. Un chico que su familia jamás aceptaría y que no era del tipo de joven que creyese en las relaciones formales, el peor chico para presentar a unos padres, uno que no quería compromisos. Sin embargo Rose, cansada de los convencionalismos, veía en él, libertad…de sentir y de hacer, Scorpius Malfoy no presionaba, no juzgaba y sobre todo no esperaba de ella mas nada que reconocimiento mutuo y aceptación de emociones y sentimientos.
-Tienes razón, me apresuré, lo siento, iremos con calma….si es que podemos- dijo Scorpius todavía descolocado por la intensidad del beso, se saltó todos los preliminares con Rose y había ido directo a intentar acariciarla de manera mas intima. Por no decir que estuvo a punto literalmente de arrancarle la ropa. Para que mentirse, ese beso y todo lo que había generado había sido genial.
-No, no lo sientas, estuvo bien, pero es que…- ella dudó un poco- en fin, no es la clase de cosas que yo le permita un chico la primera vez que nos besamos.
-De acuerdo- dijo Scorpius- entiendo el punto. Para que quede claro te diré algo importante, es obvio que deseo tocarte, mucho, mas de lo que he hecho, mucho mas de lo que imaginas, pero ni te voy a presionar ni es una condición para estar contigo, así como estamos, me siento bien, iremos a tu ritmo.
-Gracias- dijo ella.
-Rose ¿Te das cuenta lo gracioso que resulta que tú y yo estemos enredados?
-Tomando en cuenta que no empezamos muy bien que digamos- dijo ella- si…es medio irónico
-Rose- dijo Scorpius serio, si había un momento para decirlo o preguntarlo era ese. - ¿Quieres estar conmigo? ¿Deseas una relación conmigo?
-Si y no- dijo ella, Scorpius frunció el ceño confuso- tengo miedo de sacrificar una buena amistad que apenas comienza por algo mas profundo…que no se si vaya a funcionar. Y tampoco estoy dispuesta a sacrificar mi recién adquirida libertad. Tuve una muy mala experiencia con Ethan, eso bastó para darme cuenta de lo hipócrita y superficial que puede ser un noviazgo. No quiero equivocarme esta vez, no deseo que corten mis alas y al mismo tiempo deseo vivir una experiencia diferente. Por eso me tomo mi tiempo.
-No te estoy proponiendo un noviazgo- dijo Scorpius- necesito que entiendas este punto. Yo no soy de los que tiene novia, nunca lo he sido. Al igual que tú no me gusta que me corten las alas, aprecio mi libertad sobre todas las cosas. No te estoy pidiendo que seas mi novia, solo quiero que nos demos una oportunidad…para todo, que tengas conmigo todo lo que desees tener, incluso…ir mas allá…si quieres….acostarte conmigo…si en algún momento lo deseas, yo no tengo ninguna objeción de servirte de experimento.
-Vaya- dijo Rose- que dispuesto.
-No soy ciego- dijo él- se interpretar los gestos y las acciones de una mujer Rose, me detuviste es cierto, pero créeme si yo hubiese insistido…lo hubiésemos hecho, te sentí, te oí gemir, te gustó y mucho.
-Tú también gemiste- contestó ella a la defensiva.
-Si- dijo él- puesto que a mi también me estaba gustando mucho. Me encanta tocarte Rose y me vuelvo loco cuando me besas como tú lo haces.
Rose se ruborizo y sonrió.
-¿No te escandaliza lo que te estoy proponiendo?- preguntó Scorpius-¿no vas a lanzarme un puñetazo por lo inmoral de mi ofrecimiento? Rose…..te estoy diciendo si pelos en la lengua que deseo estar contigo…quizás tener sexo contigo, sin ataduras de ningún tipo.
-No me escandalizan tus palabras, mas bien aprecio que tengas la intensión de dejarme todo claro- dijo Rose, enseguida las manos de Scorpius se cerraron en su cintura y la atrajo hacia su cuerpo, acoplándola con él, cada curva, cada valle, ella encajaba perfectamente con él- pero bien podría golpearte si sigues haciendo eso….- ella jadeo cuando él con la nariz le acarició el cuello seductoramente- eso que me estas haciendo.
-No me has respondido- dijo Scorpius- y entonces yo tengo que convencerte, tocándote, es lo justo, además, me parece que lo estás disfrutando.
Rose cerró los ojos y intentó con todas sus fuerzas, no estremecerse ante la caricia, pero no lo pudo evitar. Scorpius sintió como las piernas de ella temblaban, lo percibió completamente porque tenía las suyas enredadas con las de ella.
-Para ser la primera vez que nos besamos- dijo él buscaba su boca y Rose lo evadía- tengo que decir que esto está resultando bastante caliente.
Rose no dijo palabra alguna. En un momento dado, él consiguió besarla de nuevo, con más intensidad que la vez anterior, ella sentía que se estaba ahogando literalmente en un mar de lujuria. Todo lo que nunca había despertado en ella como mujer, estaba siendo sacado del letargo solo con las caricias de Scorpius.
-Imagínate Rose- dijo Scorpius hundiendo sus dedos en la cintura de ella mientras hablaba contra sus labios- como va a ser, cuando finalmente te decidas.
Fuegos artificiales en mi cabeza, se dijo Rose, eso es justamente lo que va a suceder. Porque me siento tan bien contigo, que no hay otra forma de experimentarlo. La promesa de lujuria desatada y de vivir una experiencia inolvidable implícita en las palabras de Scorpius, valía oro.
-Solo prométeme una cosa- dijo Rose mirándolo de nuevo. Scorpius se separó de su cuerpo y se acostó al lado de ella.
-¿Qué?- dijo él yaciendo de espaldas observando el cielo.
-Independientemente de lo que suceda ente nosotros- dijo ella- no quiero que dejemos de ser amigos.
-De acuerdo- dijo él. También para Scorpius era importante ese punto, en alguna parte de su ser, sabia que si la perdía, le iba a doler, necesitaba a Rose como persona, como un todo, mas allá de alguna implicación romántica, ella era valiosa para él. Descubrir eso fue interesante, Scorpius se dio cuenta que estaba madurando- ¿Eso es un si?
-Si- dijo ella.
-Bien- contestó Scorpius con una amplia sonrisa dibujada en su cara- por cierto, ya me leí tu cuento del lobo.
-¿Y que tal?- preguntó ella visiblemente interesada- Te gustó.
-En realidad….estuvo muy bien- dijo Scorpius- pero tengo que darte mi opinión sincera.
-Dime- respondió ella.
-El pequeño cachorro de lobo- Scorpius empezó a explicarse con calma. Había leído la historia, una especie de cuento para niños, estaba muy bien narrada y escrita, pero existía un detalle que lo hacia sentir incomodo, que caló tanto en él, que lo dejó de alguna forma triste y melancólico. No dudaba de la capacidad literaria de Rose de generar emociones en los lectores, ella era buena escribiendo, tenia talento. Lo que lo tenia sorprendido, era que se sentía muy identificado con el protagonista de la historia, era como si ella, sin saberlo, sin conocerlo aun, puesto que Rose afirmaba haberlo escrito hacia algunos años atrás, estuviese conectada de alguna forma con la psiquis de Scorpius, con sus temores, con sus opiniones. Él no creía en el azar, pero no tuvo mas remedio que preguntarse, después de leído el relato, si algún poder superior había guiado sus respectivas líneas de vida hasta hacer que se encontrasen y se gustasen. Las posibilidades eran mínimas, ellos hasta hacia unos meses no tenían ninguna posibilidad de conocerse, estudiaban en lugares distintos, sus familias no se relacionaban, pero increíblemente, el destino lo había llevado a Hogwarts y a ella. Y nadie….nadie…solo ella….de todas las personas que había conocido en la vida, incluyendo su madre y su padre, nadie parecía entender de una manera tan exacta…al parecer solo Rose, el curso de pensamientos de un pequeño lobo asustado….como él lo fue alguna vez, como lo sentía ante la proximidad de su transformación.
-El pequeño cachorro de lobo no está triste solo por la muerte de su madre- dijo Scorpius- él ha aceptado que forma parte de la ley de la vida, nacer y morir. No, él no teme eso.
-¿Y que es según tu criterio lo que teme el lobo?- preguntó Rose.
-El pequeño lobo teme, le da pánico- dijo Scorpius- enfrentarse con su instinto, sin la guía adecuada de alguien que sepa lo que le está sucediendo, un lobo con experiencia, que lo guíe, que lo instruya, que evite que él meta la pata, que se equivoque y que no dañe a lo que mas quiere, a lo que queda de su familia y su manada. El pequeño lobo no quiere fallar.
-Mi cachorro lobo está solo en el mundo- dijo ella- está buscando a su manada. El objetivo y la moraleja del cuento, es que no estas completo como persona sino permaneces al lado de los tuyos.
-Si- dijo Scorpius- el lobezno busca compañía, aceptación entre los de su clase. Pero como perdió a su madre y no tiene nadie que le enseñe lo que es, tiene temor a ser rechazado. Y por otro lado, está inseguro de su potencial.
-Entonces el lobo lo que teme es que no lo acepten como es- dijo Rose colocándose de medio lado para observar a Scorpius, su mano se desplazó para colocarla sobre el pecho del chico, él tomó su mano con la suya y enredó sus dedos con los de ella- y está inseguro de sus capacidades como lobo.
-Si- dijo Scorpius sintiéndose confortablemente satisfecho tomándola otra vez de la mano, sintiendo el ardor de su piel en contacto con la de ella. Era un gesto familiar a la vez que demostraba la confianza que había nacido ente ellos dos. Sin embargo no podía apartar la mente del lobo del cuento, que al parecer sufría de las mismas inquietudes que él- básicamente tiene miedo de que lo rechacen por no llenar las expectativas puestas sobre él.
Scorpius la jaló hasta acercarla a su cuerpo, cuando la tuvo entre sus brazos, la besó, una y otra vez, incansable, inagotable, sentía tal sensación de euforia al tocarla, que de pronto se había convertido en una droga para él. Ella era incapaz de oponer resistencia, estaba absolutamente atontada con Scorpius Malfoy.
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La profesora Mc Gonagall permanecía sentada frente a su escritorio, mientras corregía los exámenes de Transformaciones, su cara se arrugaba a ratos, era increíble la sarta de tonterías sin sentido que los estudiantes menos aventajados colocaban en sus escritos…!Bah! que utilidad tendría convertir un ratón en una copa de cristal, luego recordó que la idea había sido suya, enseguida Minerva borró la nota anterior y estampó un Supera Las Expectativas en la redacción, el chico se lo merecía aunque el resto de la redacción no valiese gran cosa, después de todo, dorarle la píldora al profesor siempre era una buena estrategia. A pesar de ser la directora de Hogwarts, Minerva no había dejado de dictar clases, la cantidad de profesores activos ese año había bajado alarmantemente, existían algunas vacantes, sin contar que la profesora Vector le estaba solicitando constantemente la jubilación, lo cual le causaba gracia a Minerva, puesto que la profesora de Aritmancia era veinte años mas joven que ella.
Como era la costumbre, el anterior profesor de Defensa contra las Artes Oscuras solo permaneció en el colegio un año y luego se había ido apresuradamente del castillo…sin dejar rastro… literalmente. Minerva esperaba que no estuviese desaparecido en el Bosque Prohibido o peor…muerto, los años le habían enseñado que el destino de un profesor de DCAO era impredecible. Lord Voldemort había maldecido el puesto hacia casi setenta años atrás, cuando fracasó en el intento de convencer a Albus Dumblendore para asignarle esa asignatura como maestro en Hogwarts, así que siempre existía desde entonces una vacante en DCAO al final de cada año. Pero en ese curso, también tenía el problema adicional de Cuidado de Criaturas Mágicas, ya que Hagrid, quien estaba padeciendo de una pierna, necesitaba un ayudante urgentemente. Al igual que ella, el semigigante ya estaba bastante anciano y no podía caminar mucho sin la ayuda de su bastón, menos meterse en una excursión al aire libre en el bosque buscando cualquier alimaña peligrosa para asustar a a sus alumnos. Como ella no era de las que criticaba los métodos de enseñanza de sus profesores, mientras nadie resultase herido, Minerva se hacia la desentendida con las maneras poco ortodoxas de Hagrid. Ante la situación de carestia, la profesora McGonagall colocó avisos de empleo en El Profeta y en algunos otros periódicos mágicos europeos y también en las universidades mágicas del continente. Al principio se negó la idea de reclutar a un recién graduado, no le atraía especialmente un profesor joven, uno que le llevase pocos años a sus alumnos, eso generalmente creaba dificultades para imponer autoridad. Sin embargo, no estaba tampoco para ponerse selectiva. El curso ya estaba avanzado y necesitaba a los profesores de inmediato.
Solo dos curriculums llegaron vía lechuza hasta su despacho, uno para cada vacante, más nadie respondió, a McGonagal no le sorprendió, la paga no era muy generosa, quien solicitase el puesto y lo ganase, tendría que permanecer en Hogwarts la mayor parte del año y además del seguro dental, el cargo no tenia muchos beneficios.
Esa semana se había reunido con los dos potenciales profesores, a uno lo conocía de toda la vida, había sido su alumno y luego su compañero en la Orden del Fénix, cumplía con todos los criterios para dar lecciones de DCAO, después de todo, era uno de los rompedores de maldiciones mas famosos del mundo mágico, a Minerva le intrigó un poco que dejase un trabajo tan bien remunerado como el que había tenido hasta la fecha, pero luego de hablar con él, logró sacarle que la idea había sido de Harry Potter . No se disgustó, ella se estaba poniendo vieja y a veces Harry solo le informaba hasta el ultimo momento de sus planes para no preocuparla o quizás, como pensaba Minerva, para impedir que ella se opusiese. Ese hombre vendría a Hogwarts con dos objetivos, para vigilar de cerca de cierto estudiante problemático y para observar la conducta de los Slyhterin en relación a las artes oscuras, por supuesto, Harry en su posición de Jefe de Aurores, tendría la información mucho antes que ella. Minerva McGonagall tomó la decisión más lógica, ayudar a Harry en todo lo posible, sin hacerse la ofendida. Después de todo, era su ex – alumno favorito.
Tanto interés era plausible, el ambiente en la comunidad mágica estaba enrarecido y tenso, Hogwarts no escapaba a ello. Rumores iban y venían, los retratos chismorreaban, Minerva McGonagall sabia que algo se cocinaba en el castillo y no era precisamente en las cacerolas de los elfos domésticos. La nueva generación de Slytherin era voluntariosa, las antiguas ideas de superioridad y racismo habían renacido en esa casa, sobre todo en los del séptimo año, que estaba liderizados por un joven llamado Marcus Nott. Minerva se estremeció de pronto, desde que había conocido a un Lord Voldemort de 11 años (él llegó a Hogwarts cuando ella cursaba quinto año) ningún otro chico le había provocado tal nivel de inquietud. Marcus Nott nunca había actuado conforme a su edad, era demasiado maquiavélico, siniestro, inteligente, desde su primer año había demostrado que poseía conocimientos que no tendría porque saber en su nivel académico, conjuraba maldiciones que estaba fuera del alcance de un niño normal, era como si tuviese un conocimiento innato de absolutamente todo el saber mágico o mas simple, que ya hubiese cursado todo los años de Hogwarts antes de empezar a estudiar en el colegio. Curioso…realmente era curioso.
Ser el hijo de un mortifago podría otorgarle cierto nivel de aprendizaje, pero eso era una explicación insuficiente para ella, después de todo, otros hijos de mortifagos no se desempeñaban tan bien académicamente como Marcus Nott, siempre le intrigó pero puesto que no tenia pruebas, McGonagall solo se dedicó a vigilarlo, estando atenta a cualquier desliz. Y él era cuidadoso, in extremis, nadie jamás lo había atrapado en una fechoría, a pesar de los rumores, Marcus Nott totalmente inocente de culpa, iba a sus clases y se comportaba en apariencia como cualquier chico normal, incluso, era el tipo de joven del que cualquier maestro estaría orgulloso, responsable, dedicado, brillante, pero ella era un hueso duro de roer, no todo lo que reluce es oro y si….ella estaba entrada en años, eso era cierto, pero vieja y todo, su mente funcionaba como cuando tenia veinte años, Minerva McGonagall nunca se equivocaba con sus corazonadas, ese chico…..ocultaba algo.
Sobre el hombre que aspiraba a ser el ayudante de Hagrid, solo tenia claro que era muy joven antes de conocerlo, no tenia muchas expectativas sobre él y ya tenia un no como respuesta antes de hacerle la entrevista, cuando lo vio en Hogsmade tomándose despreocupadamente una cerveza y tratando descaradamente de seducir a Madame Rosmerta, ella no pudo menos que fruncir el ceño. No estaba muy convencida, pero el hombre tenía un curriculum impecable, así que decidió darle una oportunidad. Inició una charla sin compromisos, el joven se lució con ella, era sensato, educado y muy versado en la materia que pretendía impartir, luego de una hora, apartando cualquier impresión inicial, Minerva se percató que no encontraría a nadie mas adecuado para ese cargo, algo le decía que se la llevaría muy bien con Hagrid. El hombre era de carácter paciente y extremadamente inteligente. Cuando ella le preguntó el motivo por el cual no buscaba un trabajo mejor remunerado, él simplemente le sonrió y procedió a explicarle el como y el porque él no tendría ninguna posibilidad de obtener un empleo aceptable en el mundo mágico. Mc Gonagall se sorprendió. No sabía si era azar, casualidad o buena suerte, pero sin duda, era providencial la aparición de ese joven en Hogwarts. Ella lo necesitaba, un alumno especial por allí también. Había caído como anillo al dedo, llegado en el momento y el lugar preciso. El hombre extremadamente guapo para su propio bien y Minerva le advirtió que tendrá que maniobrar con las alumnas mayores para evitar situaciones incomodas. Él respondió que estaba comprometido…pero no mencionó nada acerca de su futura mujer o de otro asunto mas personal y ella tampoco insistió con el tema. Enseguida le dio el puesto, en general ella no era tan irreflexiva, pero de nuevo se dejó guiar por sus corazonadas.
Minerva aplazó tres redacciones que estaba revisando y miró el reloj, los dos nuevos profesores llegarían en la noche, casi sobre la hora de la cena. Primero los llevaría al salón de profesores para que conocieran a los otros maestros de Hogwarts y luego al Gran comedor para realizar la presentación formal al alumnado. Antes de salir de su despacho, ella tomó su sombrero, se lo colocó en su cabeza y acomodó unas hebras grises dentro de él. No contuvo la necesidad de mirarse en el espejo.
Impecable, las mujeres siempre deben lucir impecables, aunque tengan casi cien años y la reuma las esté matando.
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Scorpius Malfoy estaba haciendo todo el esfuerzo humanamente posible para evitar mirarla durante las clases, asunto infructuoso desde todo punto de vista, porque él no era humano, en el estricto sentido de la palabra. Ese día estaban en la clase de pociones, doble tanda con Slughorn, no le gustaba pociones, el don de la paciencia era necesario para fabricar pociones, él sin duda no lo poseía, digamos que ser un Malfoy además de un warg, no le ayudaba mucho a desarrollar esa características, aunque últimamente se le estaba dando bien eso de esperar…esperar…esperar…
Scorpius dejo salir un resignado suspiro de su boca e intentó concentrarse en escribir la redacción que tenia asignada esa tarde….Diez usos de la sangre de Dragón y su aplicación en las artes curativas. Tema interesante para quien aspirase ser sanador o envenenador, a él por descontado, poco le importaba la sangre de Dragón, en realidad no recordaba exactamente los diez usos que tenia, pero si sabía perfectamente para que no servia….La Sangre de Dragón no era útil para evitar que su lado salvaje e instintivo floreciera de vez en cuando. Para tal fin, usaba una poción especial, no una matalobos puesto que él no era una hombre lobo, era otra cosa lo que le entregaban para beber. Lo cierto es que de alguna forma, él estaba plenamente consciente que tampoco la poción le serviría por mas tiempo, mientras se hacia mayor, mientras entraba en la madurez, eso otro lo hacia también, ya la dosis usual no era suficiente, incluso ahora tenia que doblarla para que surtiese el mismo efecto. Scorpius sentía que estaba cambiando, que su cuerpo y sus reacciones eran diferentes, sus sentidos estaban muy agudizados…sobre todo su olfato..que captaba el olor de ella donde fuese que hubiese estado.
Darle vueltas una y otra vez en su cabeza al maldito asunto no iba a resolverlo, eso estaba claro, pero desde que había descubierto que la cercanía con cierta chica solo lograba ponerlo frenético, se había tomado muy en serio eso de evitar perder los papeles, por eso estaba tomando mas poción tranquilizadora de lo que alguna vez había tomado, ya su padre había empezado a sospechar, la noche anterior le había escrito preguntándole porque necesitaba que le enviaran frascos adicionales además de su provisión habitual. Por supuesto, él se inventaría alguna excusa, pero debía ser cuidadoso. Si alguna vez estuvo conforme con su destino, pues ahora no hacia mas que maldecir su suerte una y otra vez. Después de todo ¿A que chica que tuviese dos dedos de frente le gustaría descubrir que su aspirante a novio era menos que un animal salvaje?
Scorpius frunció el ceño ¿Novio? Palabra completamente extraña a su vocabulario. No…él no se ennoviaba con nadie, ni en broma…no….no…..mas bien la palabra adecuada para lo que tenia con Rose seria….emparejamiento. Scorpius se echó para atrás y apoyó su espalda contra la silla en donde estaba sentado ¿Pareja? , hum, eso sonaba mas comprometedor que novio y él era de los que huía de los compromisos sentimentales, no porque fuese cobarde e inseguro…sino mas bien que honestamente no tenia nada que ofrecerle a nadie en el futuro, uno mas inmediato de lo que le gustaría admitirse. .
¿Entonces? ¿Que era lo que tenia con Rose? ¿Un encuentro casual? ¿Qué era lo que deseaba de ella a largo plazo? ¿Un rollo que durase algo así como una semana y nada más? ¿Una encamada y nada más?
Pues no, él ya había superado la etapa de la incertidumbre y ahora estaba seguro de que fuese lo que fuese lo que quería con ella , no seria ni ocasional ni de una sola vez ni nada por el estilo, él iba en serio con ella…muy en serio…mas en serio que lo que había ido con otra chica alguna vez en su vida, y eso lo había deducido porque a pesar de las miles de emociones que ella originaba en él, Scorpius se lo estaba tomando con calma (lo cual era totalmente inédito para alguien tan impaciente como él), o por lo menos lo intentaba, tomárselo con calma y esperar, paladeando y disfrutando de la batalla de voluntades entre ellos dos, del descarado coqueteo mutuo que habían tenido desde hacia una semana, de las indirectas bien directas y de sus besos.
Era excitante, era prohibido, era diferente….y eso hacia que le gustase mucho y que en algún recóndito lugar de su cerebro desease hacerlo permanente o por lo menos alargarlo hasta donde le fuese posible sin delatarse. La pregunta era ¿Qué tan permanente podría resultar algo entre…ella y él?
Rose lo alteraba, lo ponía maniático, cada vez que la tenia cerca quería echársele encima con toda la intensión de colocar sus manos sobre ella y recorrer su cuerpo por completo hasta que no quedase un centímetro que no conociese. No era la lógica…era el instinto que lo conducía irremediablemente a ese profano deseo, mas que instinto, era lujuria y pura compulsión sexual. En realidad no era ni tan profano ni tan ilógico esa ansiedad, esas ganas, después de todo, él era un hombre, ella era una mujer, ambos ya eran mayores de edad, no mas unos chiquillos, ninguno de los dos era un inocente en esos temas (él tenia experiencia y ella ya había salido con otro chico) , ambos sabían bien que si pasaban la raya de alguna u otra forma, tarde o temprano terminarían en una cama (después de todo, él le tenia unas ganas que ya rayaban en la obsesión) todo eso conducta habitual para dos jóvenes que se gustaban en pleno siglo XXI, nada por lo que escandalizarse. Él lo había vivido anteriormente, todo eso de la seducción, lo distintivo de esta ocasión, es lo fuerte y avasallador que lo sentía. Nublar los sentidos era una frase que describía muy bien lo que le sucedía con ella.
Lo mas intrigante de todo, era que sus sentidos de lobo, ese instinto que a duras penas podía controlar, esa compulsión insoportable de hacerla suya, ese deseo ardiente de tomarla para si, asegurando su dominio y su propiedad , jamás había sido despertado por una chica. Se había acostado con muchas, había deseado a otras tantas, pero nunca de esa manera tan irracional. Hasta que conoció a Rose….mas bien….hasta que percibió su olor.
La tarde del día anterior, esa que habían pasado juntos en el lago estuvo genial, inesperadamente habían llegado a tocarse, estaban solos en ese lugar, nadie los veía, fue perfecto, él estaba acostado sobre ella, yaciendo sobre su cuerpo, atrapándola, cortándole cualquier oportunidad de escape. Se tocaron…mucho, por encima de la ropa, sus rostros, entrelazaron manos, se acariciaron, como no lo habían hecho antes y cuando él puso sus manos en el cuerpo de ella sintió como algo ardía en su interior, poderoso, flamígero, incandescente, a duras penas logró contenerse para no ir mas allá…se besaron, casi todo el tiempo, bebió de su boca como un loco enajenado y no logro saciarse, mientras mas la besaba, era menos que suficiente, él quería mas. Rose quería tomárselo con calma y él estaba respetando su decisión. Pero tenía tantas ganas de acostarse con ella que esperar el momento adecuado se estaba convirtiendo en una tortura.
Ya los dos habían dejado un punto álgido en claro, se gustaban…se atraían físicamente, muchísimo….mas de lo que imaginaron alguna vez. Era tan evidente, que ninguno de los dos tuvo algún problema para confesarlo. De hecho, ese día en el lago no solo se acariciaron y besaron, sino que hablaron, sinceramente. Inesperadamente Rose no se lo negaba, eso le habría sorprendido gratamente. Ella debajo de toda esa coraza de rectitud que mostraba, era una chica apasionada que aceptaba sin temor sus deseos, por lo menos con él. Scorpius ardía de furia solo de pensar que el tal Ethan hubiese llegado a algo mas intimo con ella, que la hubiese tocado de la manera que él lo hizo o mas allá y que Rose lo hubiese permitido. Así como Scorpius no daba grandes detalles sobre sus relaciones pasadas, Rose tampoco lo hacia, así que él estaba deshaciéndose de curiosidad e incertidumbre. De todas formas, ahora solo tocaba esperar…él esperaría que ella diese el primer paso…puesto que ella así lo quería.
Scorpius miró de reojo a su lado, ella estaba hablando animadamente con un chico de Ravenclaw, él frunció el ceño y apretó tanto el lápiz que tenia en la mano que lo partió en dos. ¡Diablos! ¿Por qué ella se ríe como tonta de lo que dice ese imbécil? Scorpius estuvo tentado de golpear su cara contra el pupitre de pura frustración.
Loco….loco…ella lo estaba volviendo loco. Ya ni reconocía sus propias reacciones. Scorpius Malfoy había dejado de ser Scorpius Malfoy y se había convertido en un imbécil encandilado por una mujer.
¡NOOOOOOOO! Su cerebro entro en ebullición ante tal perspectiva. ¡JAMAS! Genio y figura hasta la sepultura. Él era Scorpius Malfoy, tomaba y disfrutaba sin que le importase nada ni nadie…si…él era así.
¿A quien engañas Malfoy? El erizo de mar te tiene volando de un ala. Triste pero cierto.
El jamás había sido territorial con una chica, para él las mujeres iban y venían, no se detenía mucho en pensar lo que le pasaba con alguna porque no se quedaba con ellas lo suficiente como para que el interés o atracción mutasen a algo mas, nunca había tenido una novia, tenia muy pocas amigas (que eran sus amigas porque no le gustaban para nada como otra cosa) y muchos enredos de una noche, eso si, pero una chica estable, jamás. Hasta que no se planteo seriamente enredarse con ella, Scorpius Malfoy no había experimentado aquello que llaman celos, eso lo tenia perplejo, pero mas aun era el hecho de que aparte de esa intensa atracción física que él lograba controlar con mucho esfuerzo para no apabullarla, era que ella lo intrigaba de sobremanera, su personalidad, lo que le decía y sobre todo, lo que le ocultaba, aquellas palabras que nunca salían de su boca, pero que se adivinaban por sus miradas. Ella lo analizaba…cuidadosamente, lo estudiaba, sopesaba los pro y los contra de enrollarse con él. Scorpius lo sabía porque él también estaba pensando lo mismo. Sus respectivas familias se odiaban, eran enemigas, quizás que fuesen amigos seria soportable para sus padres, pero que se enredaran sentimentalmente era inconcebible, no los dejarían en paz, los atosigarían y les harían la vida imposible, pero la tentación de lo prohibido era demasiado fuerte para ser dejada de lado. Y para colmo, no solo era eso, sino la intensa atracción física que se había generado entre ellos. Él vio como sus ojos se oscurecían y su cuerpo temblaba con solo tocar su cara, delinear sus labios con un dedo, colocar firmemente su mano sobre su cadera, pegar su cuerpo al de ella, acostados sobre la hierba. Besarla fue simplemente intenso, estremecedor, candente, de no estar en la rivera del lago, sino en otro lugar mas privado….Scorpius sintió su corazón y su entrepierna dando un salto de expectación, si hubiese sucedido en una habitación…sobre una cama…Wow….Scorpius se obligó a si mismo a no seguir fantaseando.
Scorpius la siguió observando y de pronto sus ojos se encontraron con los de ella. Rose le sostuvo la mirada y le sonrió muy disimuladamente antes de nuevo volver a prestar atención a la clase de pociones. Esa sonrisa intrigo a Scorpius, pero más lo hizo su mirada. .
Él había descubierto, que después de varias charlas y encuentros del tercer tipo, incluyendo el excitante episodio del lago, donde se tuvieron que aplacar (por lo menos de su parte) debido a que estaban en un sitio publico, ahora ella le devolvía las miradas todo el tiempo, quizás Rose no se diese cuenta de lo intensas que eran, como brillaban sus ojos cuando lo miraba, pero él si lo hacia, por supuesto que lo hacia, sentía sus ojos abrazándolo y su cuerpo encenderse en llamas cuando su mirada conectaba la de ella, y le intrigaba como aquella chica educada, formal y algunas veces hasta distante, podía literalmente devorarlo con la mirada y besarlo como si la vida se le fuera en ello.
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-No puedo hacerlo- dijo Hermione, Draco Malfoy la miraba con atención. Estaban metidos en una habitación en un hotel en Oxford. Se habían citado, ella había acudido a la hora indicada, como siempre haciendo gala de su puntualidad inglesa. Se suponía que esa noche él le lanzaría el imperius. Cuando la vio llegar, toda pálida y con una expresión culpable en el rostro, supo que algo andaba mal con su plan….muy mal.
-Si has venido hasta acá es obvio que has tomado una decisión- dijo él, se sentó en una silla y se sirvió una copa una botella de brandy, no le ofreció licor a ella, rara vez tomaba. Hermione se sentó en la cama, vestía pantalones de seda y una blusa del mismo material de un color claro, su cabello estaba suelto, estaba pálida pero a la vez tenia algo en ella diferente, una luz provenía de su piel. A Draco se le antojó que estaba muy hermosa. Debía seducirla, esa era la misión ese día, envolverla y luego lanzarle el imperius, obtener el papel y llevársela con él, a salvo. Luego gestionar como sacar al resto de su familia en Inglaterra.
-Tengo algo que decirte- dijo Hermione tomando aire. Ella había prometido seguir el plan, hasta donde le fuese posible. Pero un acontecimiento inusual había trastocado todo. Tenía la maldita lista en su cartera. No podía seguir lo planeado con Harry, no ahora…quizás nunca.
-¿No vas a abandonar a Weasley?- preguntó Draco.
-No- dijo ella- no voy a hacerlo.
-¿Entonces para que viniste?- preguntó Draco, estaba molesto, tendría que empezar todo desde el principio. O irse por el camino mas corto, embrujarla de una buena vez por todas, pero si lo hacia de esa manera, contra su voluntad, ella jamás seria de él, nunca. Decidió escucharla.
-Harry me lo contó todo- dijo Hermione sacando un grueso sobre de su cartera.
-No comprendo a que punto quieres llegar- dijo Draco haciéndose el desentendido.
-Harry me contó tu plan. Yo acepté dejarme engañar y seducir por ti. Acepté vigilarte- dijo Hermione, Draco la miró con furia, descubrir que Hermione había estado jugando el mismo juego con él no era agradable. Subestimó a Nott y al parecer cometió el mismo error con Potter, el muy canalla le había contado todo a ella- No….no malinterpretes, creo que no hubiese fingido…..tú sabes lo que siento yo por ti…yo se lo que sientes por mi. Te iba a vigilar porque me importas…porque me preocupo por ti. Pero no puedo…Draco…no puedo. Por eso te daré la lista…y por esta lista debes prometerme que me dejaras en paz- exclamó ella.
-Todo lo que he hecho es para protegerte- dijo Draco tratando de explicarse- no me importa quien gane, solo quiero que no te dañen. Iba a hacerte mi amante, iba a protegerte, a ti y a los tuyos, incluido a Weasley. No se que te contó pero ese era el plan.
-Toma esto y olvídate de mi- dijo Hermione de nuevo clavándole una desgarradora mirada- es lo mas que puedo hacer. Cuídate Draco, necesito que estés bien. Admiró lo que estás haciendo, me siento orgullosa de ti, te lo estás jugando todo de nuevo, pero no quiero que te maten.
Draco recogió el sobre de la mano de ella. Hermione estaba temblando
-¿Qué sucede?-pregunto él-¿Por qué cambiaste de opinión? Espiarme era sin duda una buena idea. Ni a mi se me hubiese ocurrido una mejor.
Hermione colocó las manos en la cintura, bajó la cabeza y suspiró profundamente. Luego se abrazó a si misma, se levantó de la cama, tomó su cartera y de nuevo miró a Draco.
-No puedo seguir en este plan- confesó ella- porque estoy embarazada. Me enteré hoy, Ron y yo vamos a tener un nuevo bebe dentro de siete meses.
Draco sintió como su corazón era apuñaleado una y otra vez. No era tan ingenuo como para suponer que ella no hacia vida marital con su esposo, pero inexplicablemente…le dolió muchísimo. Ese hijo…..ese hijo tendría que haber sido de él.
-De todas formas- dijo ella apretándose las manos convulsivamente, huyendo de su mirada- independientemente de mis sentimientos hacia ti, nunca habría tenido la fuerza de voluntad para engañar a Ron, ni siquiera con el pensamiento-hacer esa confesión a Hermione le estaba costando sudor y lagrimas, pero tenia que ser sincera, por el bien de todos los involucrados.
-¿Eres feliz?ó Draco, estaba intentando conservar la calma, a medias- ¿eres feliz con él?
-Si- dijo Hermione – y aun si no fuese así, no voy a hacer nada al respecto para cambiarlo. Me casé con él por una buena razón, la misma por la cual me casé contigo alguna vez, amor. Quiero al niño, me hace ilusión tenerlo, es como una especie de respuesta a una duda que tenia desde hacia unos años, cuando apareciste de nuevo en mi vida para ponerlo todo de cabeza. Te quiero Draco, pero también quiero a mi familia y si tengo que escoger, tengo muy claro lo que voy a hacer.
-Felicitaciones- se obligó a decir Draco, Hermione asintió con la cabeza dispuesta a irse, lo quería, lo amaba, pero también amaba a Ron, ese hijo de él que gestaba, era la demostración viva de ese amor, pesaba sobre su conciencia, ella había tomado su decisión, la única que era lógica. Draco Malfoy y ella…nunca estarían juntos de nuevo. Su tiempo había pasado hace mucho.
-Se que no es fácil para ti- dijo ella dolida-tampoco para mi lo es, agradezco tus buenas intensiones, también las malas y sobre todo, aprecio tus palabras.
-Hermione- dijo Draco.
-Si- respondió ella.
-Necesito que te cuides- dijo él – necesito que te vayas del país, tú y tu familia. Habrá guerra y no puedo evitarlo.
-¿Jamás volveré a verte?- preguntó ella. Se sentía egoísta, mezquina por preguntarlo, pero la posibilidad la atormentaba. Necesitaba lejanía para poner sus sentimientos en orden, para la perspectiva de que quizás esa fuera la última vez que hablaría con él la tenia desolada.
-Probablemente- dijo él bruscamente- Y no veo que importancia tenga ahora a la vista de los acontecimientos. Esta preñada de otro hombre, creo que es comprensible que yo no esté muy contento con el asunto, pero por otro lado, esto le da el punto final a cualquier esperanza entre tú y yo.
Ella se devolvió sobre sus pasos, caminó hacia Draco y lo abrazó con fuerza, él se mantuvo inmóvil por un momento, se sentía como un completo imbecil, luego le respondió el abrazo, a pesar de todo y de él mismo…ella….ella siempre seria la mujer de su vida. Pero saber que estaba embarazada de otro, otra vez, recubrió de hielo su corazón. Sentía su amor congelado y exiliado de su cuerpo con una rapidez que lo dejó atónito, en un segundo ahora solo sentía cariño por ella, la pasión se había esfumado como por arte de magia, en ese momento él era solo puro orgullo herido. Hacer el papel de cabrón nunca había sido su estilo, estaba molesto con Hermione, porque lo había reducido a eso, a ser un perfecto cabrón que tenia que aceptar con las manos atadas que ella se fuese con otro. Estuvieron por un rato abrazados, Draco le besó la coronilla condescendientemente y la miró.
-Te cae bien el embarazo- dijo él - te ves muy bonita- ella se ruborizó, Draco puso las manos sobre sus hombros- ten cuidado, no tomes riesgos y no te metas en problemas, estaré pendiente de cualquier cosa y avisaré a Potter.
-De acuerdo- dijo ella.
-Vete tranquila- dijo Draco- obviamente me provoca matar a Weasley con mis propias manos.
-Draco- dijo ella alarmada- Por favor.
-No haré nada- dijo él – como siempre, tú estás en medio. Váyanse de Inglaterra mientras puedan, es lo único que puedo darte, información.
Cuando Hermione se marchó, Draco se sentó de nuevo en la silla y miró la botella de licor.
-Al parecer, estoy jodido- dijo Draco resignado y molesto. Esta vez…ella se le había escapado de las manos para siempre. Era difícil aceptarlo…pero así era. La competencia por el amor de Hermione Granger, había terminado y él era el perdedor, una vez mas. Observó el papel que todavía tenia entre las manos, lo colocó sobre mesilla de noche ubicada a su lado con dejadez, contenía la lista de criaturas mágicas, pero lo dejaría para después, ahora solo quería ahogar sus penas en alcohol- seremos solo una maldita botella y yo esta noche- dijo finalmente con amargura.
Draco tomó de pronto su teléfono celular, revisó la agenda y encontró el número que estaba buscando. Marcó y esperó que contestase con paciencia, no repico más de dos veces de todas formas. Una voz conocida atendió el teléfono, parecía sinceramente sorprendida con su llamada. Draco enseguida supo que no tendría que insistir demasiado.
-Sara, querida, tanto tiempo- dijo él fingiendo galantería-bella, te he extrañado bastante, pero he estado ocupado, ya sabes, los negocios, ¿podríamos vernos en tu casa en dos horas?
Ninguna de sus amantes ocasionales decía nunca que no, él era lo suficientemente bueno en la cama y lo suficientemente esplendido con sus mujeres, para que ellas ansiaran su regreso. Sara no fue la excepción. Volver a las andadas no le iba a costar absolutamente nada, después de todo, olvidar las penas amorosas en la cama de otra mujer era casi tan bueno como hacerlo en el fondo de una copa de vino.
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DEJEN REVIEWS
