Hola gente! Acá les dejo el próximo cap de Instintos Peligrosos, sé que tardé mucho y que es super corto, pero era lo que necesitaba hacer para destrabarme y decidirme sobre la trama de la historia, espero que les guste el rumbo que está tomando… Les mando muchos besos!

8. Golpe

Cuando la luz de la mañana golpeó sus ojos, Edward no estaba seguro de dónde se encontraba, ni siquiera estaba seguro de recordar su propio nombre. Todo lo que podía recordar era la hermosa noche que había pasado, y todo lo que había soñado en consecuencia.

Estiró los músculos de los brazos y por un momento, absolutamente todo fue perfecto. Aún sentía su perfume impregnado en las sábanas, embriagándolo hasta lo más profundo. Pero al enfocar la vista, ella ya no estaba. Como cada mañana, despertaba para descubrir que estaba solo una vez más. Era inquietante la forma en que le dolía no sentirla cerca, a pesar de hacerla suya cada noche. Bella se había vuelto más que un pasatiempo para él, ya no podía pasar un minuto entero sin pensar en ella… ya no podía pasar un día entero sin verla.

Cada anochecer traía consigo la perfección, cada mañana iluminaba la cruda realidad. Se frotó los ojos con las manos y se incorporó para darse una ducha rápida. Era sábado, así que solo debería esperar unas cuantas horas para verla de nuevo. Caminó con pereza hasta el baño y abrió el agua fría para desperezarse con mas rapidez. Cuando las gotas tocaron su rostro, solo pensó en el beso que habían compartido bajo la lluvia hacía un par de semanas. Suspiró profundamente y cerró los ojos al tiempo que dejaba caer la cabeza para apoyar su frente contra la pared.

- Una droga… -murmuró por lo bajo pensando en la forma en que lo volvía loco no tenerla consigo. Y era cierto, con el tiempo se había vuelto adicto a la forma en que lo miraba, en que le hablaba, en que lo tocaba… se estremeció al pensar en sus manos, pero luego apretó los dientes y decidió intentar pensar en otra cosa… en cualquier cosa.

Así que en lugar de lamentarse por no tenerla, pensó en formas de que ella se quedara con él para siempre. En formas de decirle lo mucho que la necesitaba, lo mucho que la amaba. Jamás había dicho eso antes, y no era fácil imaginarse a sí mismo diciéndoselo a alguien más… pero con Bella le era difícil evitar que las palabras se escaparan de sus labios. Solo bastaba verla sonreír para que su corazón palpitara con más fuerza, disparando las palabras hacia su garganta. Últimamente era casi imposible evitarlo, pero sabía que no era el momento. Sabía que ella pensaría que estaba loco. Y lo estaba. Ella había robado cada parte de su cordura. Cada pizca de razonamiento.

Al salir se vistió a lo deportivo y tomó su reproductor de música para distenderse con un poco de ejercicio. Pensó en comenzar con correr unos cuantos kilómetros, así que se puso sus auriculares y salió por la puerta, respirando profundamente y estirando sus músculos para luego adoptar un paso ameno para correr.

A penas unos cuatro kilómetros después, sintió su teléfono vibrando en su bolsillo. Al sacarlo, la palabra "Casa" relucía en la pantalla, pero cuando lo abrió para responder, la voz de Bella lo sorprendió.

- ¿Edward? –preguntó de inmediato. Su tono era agudo, sonaba nerviosa.

- ¿Bella? ¿Estás en mi casa? –replicó.

- Edward, ¿estás bien? –por la forma en que lo preguntaba, no parecía ser una frase para iniciar conversación.

- Sí, solo estoy corriendo, ¿qué sucede? –un suspiro resonó del otro lado de la línea, pero luego la desesperación volvió.

- Necesito que te quedes donde estas, ¿de acuerdo? No puedo explicarlo, pero iré a buscarte en unos minutos.

- ¿Algo sucede?

- No puedo explicarlo, solo quédate donde estás.

- Sí, bien… estoy en Lake Road –aclaró, a pesar de que ella jamás se lo había preguntado-. No te preocupes, te esperaré aqu-

- Hola –Edward levantó la vista ante la voz extraña que llamó su atención, mientras que Bella dejaba de respirar para escuchar con más atención.

- Buenos días –lo escuchó replicar formalmente y sintió una sensación de vértigo que la embargaba completamente. Jamás confundiría esa voz. La imagen de una sonrisa malévola inundó su mente mientras un nombre la acompañaba haciendo que no lograra escuchar nada más que esa palabra resonando en cada rincón de su cabeza… "Jane". Para cuando el auricular tocó el suelo, Bella ya no estaba en la casa.

Edward se mantuvo erguido, pero las tres figuras que habían salido del borde del bosque no dejaban que su corazón latiera a un ritmo normal. Había algo en ellos que lo incomodaba. Todos vestían capas de aspecto pesado que los cubrían de pies a cabeza. Aquella que le había hablado estaba al frente. Una muchacha no muy adulta ni muy alta, cuyo rostro, a pesar de permanecer en las sombras, dejaba entrever una tenue sonrisa.

- ¿Puedo ayudarlos en algo? –preguntó él aparentando un tono despreocupado y alejando el teléfono de su oído.

- Eso espero –murmuró la misma voz aniñada.

- Yo creo que sí puede –agregó otra voz. Una voz profunda y seca. Eso hizo que Edward prestara atención a las otras dos figuras. Una mujer y un hombre, el último que había hablado.

- ¿Quiénes son? –preguntó.

- Silencio –la voz de la niña sonó con tanta autoridad que no pudo hacer más que obedecerla. Sus pálidas y pequeñas manos se levantaron y corrieron la capucha que cubría su rostro, revelando facciones que concordaban a la perfección con la voz, aunque no con su tono.

Como si eso hubiera sido una señal, los otros dos hicieron lo mismo. Se trataba de un hombre alto y una mujer apenas unos cuantos centímetros más baja que él mismo. Ambos con el cabello negro y facciones angulosas. Edward intentó preguntar que era lo que querían, pero las palabras se quedaron atoradas en su garganta al tiempo que una sonrisa de satisfacción se asomaba por las facciones de muchacha mas pequeña.

Fuego puro recorrió sus venas, como si alguien intentara forzar ácido a pasar por su torrente sanguíneo. Cayó de rodillas sin poder evitarlo, todos los músculos de su cuerpo tensándose a la vez por un par de segundos que parecieron los mas largos de su vida. Creyó que moriría, que nadie podría sobrevivir a algo tan doloroso, pensó que debía ser la agonía. Pero entonces el dolor se detuvo. Como si alguien hubiera presionado un interruptor.

El zumbido en sus oídos fue reemplazado por algo, pero debió concentrarse para comprender que se trataba de un grito. Uno tan agudo que casi perforaba sus oídos. Al abrir los ojos notó que la otra mujer, la mas alta y de cabello oscuro se tomaba la cabeza con ambas manos al tiempo que su grito desgarraba el silencio que los rodeaba. De nuevo sintió la necesidad de preguntar qué sucedía, pero una vez más fue interrumpido.

- Sabes que no es sabio hacer eso en mi presencia, Jane –murmuró a través de dientes apretados una voz que jamás confundiría. La única voz que podía hacer desaparecer el dolor de donde fuere. Bella…

La determinación en su voz era la misma que intentaba hacer ver en su rostro. Y por supuesto que hablaba con fundamento. Con el correr de las décadas, su escudo se había vuelto mucho más poderoso de lo que había podido imaginar. Las formas en las que podía controlarlo en caso de ser necesario, escapaban incluso a la comprensión de los ancianos. Ahora tenía la capacidad, no solo de repeler los ataques mentales de otros vampiros, si no que, si se lo proponía, se volvía capaz de reflejarlos, desviándolos a cualquier persona que estuviera cerca.

Era una habilidad que había adquirido en los últimos años, solo algunos antes de haber abandonado a los Volturi, pero a la que se había adaptado con rapidez, justo como le había sucedido con todos los otros aspectos de ser una vampiresa. Todos… hasta que Edward había entrado en su vida.

Él, aún de rodillas en el piso, volteó la cabeza para ver el rostro que correspondía con la voz. Bella aún mantenía la mano alzada en contra de los extraños, en un gesto que sugería que se detuvieran. Pero había algo más… sus ojos, negros como la brea, reflejaban un brillo que él jamás había visto antes. ¿Ansiedad? ¿Miedo?... ¿Ira?

- No hemos tenido el honor de estar en tu presencia en mucho tiempo, Isabella –murmuró el hombre. En respuesta, ella apretó la mandíbula hasta que sus dientes rechinaron, pero no se dirigió a él.

- Edward –esperó a que él la mirara de nuevo para continuar, sus ojos se habían centrado de nuevo en la segunda mujer, que había recuperado la compostura rápidamente y de nuevo lo filtraba con la mirada-. ¿Te encuentras bien? –murmuró finalmente. Él asintió con la cabeza luego de pensarlo unos segundos, pero una pequeña e infantil carcajada llamó su atención de nuevo.

- Por supuesto que está bien. No haría nada para lastimarlo –Bella levantó una ceja con expresión escéptica en dirección a Jane y esta se encogió de hombros con aire despreocupado-. Solo me divertía un poco –agregó-. No le veo el daño.

La expresión de Bella se descompuso, pero fingió no hacerle caso. Jamás le había afectado que Jane torturara a los humanos. Y mucho menos si se trataba de sus presas.

- Edward, ponte detrás de mí ¿sí? –lento, pero seguro, él se puso de pie, pero luego dudó si debía caminar hacia ella o no. Sentía una enorme necesidad de protegerla, pero no sabía como, o siquiera si podría hacerlo. Claramente había demasiadas cosas que no comprendía-. Edward –repitió ella en voz más firme, apartando la mirada de los otros vampiros por apenas un segundo-. Confía en mí –le pidió, imprimiéndole a las palabras el tono de una súplica.

Él muchacho la miró, prestándole atención realmente por un momento. Se veía tensa, a la defensiva, su mano aún no había bajado y se preguntaba a qué se debía esa posición, tan forzada, a su parecer.

- ¿Porqué no vamos a un lugar más cómodo para conversar? –sugirió el hombre en tono complaciente. Bella los inspeccionó por unos cuantos segundos, y luego asintió con la cabeza.

- Tenemos mucho de que hablar –murmuró la otra mujer, aquella cuyo nombre Edward no había escuchado y Bella deseaba no haber escuchado jamás.

********************
Bueno, como dije, espero que les guste el rumbo de la historia. Les mando muchos besos! Y comenten, porfis! :)