¡Hola! Siento no haber podido actualizar antes pero es que no he tenido internet cuando he estado de vacaciones :( pero bueno he escrito bastante ya tengo hasta el trece casi para terminar el catorce asi que intentare subir más seguido. Este capitulo es un poco transitivo, es decir no aporta mucho a la trama principal pero sirve de enlace con el siguiente y a la trama secundaria si que le sirve (sobre todo a Harry y a Ginny) Bueno no adelanto más y a leer ;)
Espero que os guste :)
CAPITULO 8
Tarde tranquila
La comida en el Gran Comedor pasó tranquila y sin inconvenientes, a no ser que tuvieras en cuenta que Ron y Lavender seguían besándose como en el desayuno.
Al salir del Gran Comedor, Ginny y Harry se fueron a jugar al Quidditch ya que la pelirroja no había quedado ese día con Pansy. Ron había subido a la sala común con Lavender y nadie quiso acompañarlos pues Hermione se fue a la biblioteca y Parvati a hablar con Ernie Macmillan y Hannah Abbott, los prefectos de Hufflepuff, para convencerlos para hacer estas navidades un baile de disfraces.
Hermione iba hacia la biblioteca cuando McGonagall la encontró. Estaban en un pasillo del segundo piso. La profesora iba transformada en gato para poder seguir el rastro de la chica con el olfato. Cuando estuvo a dos metros de la Gryffindor volvió a su forma humana.
—Hermione, toma la llave de la clase que me pediste. Está en la tercera planta enfrente de la estatua de la bruja tuerta .
—Gracias profesora — sonrió.
—De nada — dijo asintiendo con la cabeza.
La castaña cogió las llaves y siguió rumbo a la biblioteca, donde había quedado con el Hufflepuff. Cuando llegó el chico no lo había hecho pero solo tuvo que esperar cinco minutos a que llegara.
—Hola. ¿Que vamos a hacer hoy, profesora?
—Hoy vamos a practicar los hechizos de desarme. Vamos a la clase que McGonagall nos a dejado.
Cuando entraron a la clase no se sorprendieron, era una clase normal a la que le habían quitado todas las mesas y sillas. Hermione preferiría la sala de los Menesteres pero no podía ir enseñando la sala a desconocidos, no le parecía seguro. La castaña caminó hasta el centro de la habitación y sacó la varita poniéndose en posición de pelear.
—Vamos, intenta desarmarme.
—Vale — dijo —. Expeliarmus.
De su varita no salió ningún hechizo. Hermione contuvo las ganas d abandonar, era desesperante para alguien como ella que siempre daba lo menor de si misma que una persona sin saber hacer un simple expeliarmus pasara de curso.
—Has hecho mal el movimiento. Es así — dijo haciéndolo despacio.
—¿Así? — hizo un movimiento antinatural.
—No — se colocó detrás del chico y le movió el brazo —. Es así.
—Vale, a ver... Expeliarmus — y de su varita salió el hechizo.
—Muy bien David.
El chico sonrío y abrazo a la Gryffindor levantándola unos centímetros del suelo y girándola. La castaña se sonrojo un poco pero acabo riendo con el chico aunque se encontraba algo incomoda siendo abrazada por él.
—Gracias Hermione, nos vemos el martes.
—Si, nos vemos.
Ambos se despidieron y tomaron rumbos diferentes. La castaña hacia la biblioteca y el chico a su sala común, tenía que hablar con su mejor amigo de los progresos.
Harry y Ginny se encontraban en el campo de Quidditch pasándose la Quaffle y hablando sobre temas triviales. Ya habían hablado de Quidditch, de clase, de la salida a Hogsmeade de ese fin de semana...
—¿Con quien vas a ir a la cena de Slughorn? — preguntó Harry.
—No lo se todavía. ¿Y tú?
—Ni idea.
—Haber si te va a pasar como en el baile de cuarto año.
—No, yo con Parvati no vuelvo a ir. Esta mañana me ha estado contando que color se llevaba esta temporada. No soportaría otra tortura igual.
—Bueno, todavía te queda una semana.
—Si hasta el viernes de la semana que viene. ¿Y cómo que "me" queda una semana? Sera: que "nos" queda una semana.
—Cierto — rió Ginny.
—Estoy cansado, bajemos.
—¿Tú? Pero capitán como va a estar usted cansado — bromeó.
—Que sea el capitán no quiere decir que sea de hierro Ginny.
—Lo sé.
Ambos descendieron al césped del campo. Harry iba a irse ya pero, cuando vio a Ginny tumbada en la hierba sobre un costado con la cabeza apoyada sobre la palma de la mano mirándole con diversión, notó mariposas en el estómago haciéndole cosquillas con sus alas. Cuando se quiso dar cuenta estaba a dos pasos de la pelirroja.
La chica al sentirse observada tan fijamente por Harry se sonrojó pero le sostuvo la mirada. Los ojos verdes del chico brillaban como dos piedras preciosas, eso era una de las cosas que más le gustaban del chico, sus ojos verde esperanza.
Harry se dejó caer sobre la mullida hierba del campo de Quidditch. Estiró los brazos hacia atrás para apoyar en ellos la cabeza. Ginny observó el perfil del moreno, sonrió, para ella era el chico más guapo del mundo. La pelirroja imitó al chico y se tumbó de espaldas. Ambos miraban el cielo naranja del atardecer que se oscurecía con cada minuto.
Había veces que hablaban de cualquier cosa, otras que simplemente se quedaban callados observando el cielo. Era extraño que no hubiera ninguna nube surcándolo, era como si hubieran limpiado la porción de cielo que estaba sobre sus cabezas.
Una brisa de aire frío movió el pelo y la ropa de los Gryffindor, ambos instintivamente se acercaron más al otro. Sus cuerpos estaban juntos lo que hacía que los dos no se miraran y que estuvieran sonrojados. Pasó el tiempo en silencio, ninguno hablaba pero estaban bien, no era incómodo para nada.
Las estrellas ya habían salido así que Harry se puso de pie. Cuando se giró para ver si Ginny se levantaba, la chica estaba dormida. Harry la llamó un par de veces pero la chica no despertaba así que la tomó en brazos y la llevó hasta la sala común de su casa aprovechando que los demás estarían en la cena.
La pelirroja pesaba poco así que no le fue difícil cargarla hasta la sala común. Cuando llegó subió a los dormitorios de las chicas que ahora eran accesibles para los chicos. Las chicas siempre se estaban quejando de no poder subir chicos a su habitación y los chicos se quejaban ya que ellas si podían subir a la de ellos, así que habían conseguido que Hermione se dedicara a investigar sobre el hechizo. Tras una semana de búsqueda la castaña encontró una forma de revertir el hechizo lo que hizo muy feliz a la mayoría de los alumnos de los cursos superiores.
Cuando encontró la habitación de Ginny, Harry la dejó sobre su cama. La reconoció porque encima de la mesilla de noche había una fotografía de Ron, Hermione, Ginny y él antes de montar al Expreso de Hogwarts en su tercer año.
La chica nada más tocar con su cuerpo el colchón se había girado sobre el costado derecho. En esa posición Harry podía observar la cara redondeada e infantil de la pelirroja. Las pecas le daban un aspecto travieso que le encantaba, sobre todo cuando le miraba con sus ojos marrones pícaros y vivaces. Y otra vez las mariposas estaban revoloteando en su estómago.
Se acercó más al rostro de la chica sintiendo su respiración acompasada acariciándole la nariz. Se acercó un poco más y la dio un beso en la comisura de los labios. Fue solo un segundo. Se apartó con lentitud alargando el momento.
—Dulces sueños, Ginny — susurró el chico antes de irse de la habitación de la pelirroja.
Draco Malfoy sabía que hacer con el libro, estaba en la biblioteca en la mesa que siempre se sentaba Granger. El chico observaba el libro que tenía en frente suya esperando que algo pasara. No sabía de lo que trataba el libro pero parecía único ya que estaba escrito a mano. Debía de ser importante por dos razones: la primera era que su madre se lo había dado con el máximo secreto y le había dicho que no hablara con nadie de la existencia del libro; la segunda, que si no fuera importante nadie se habría molestado en encriptarlo con un hechizo. Miró con odio al libro recordando la estúpida frase que parecía burlarse de él con cada letra. Harto de la visión del libro burlándose silenciosamente de él lo guardo en su mochila, al fondo, como si eso le sirviera de castigo.
Dejó su mente en blanco tratando de olvidarse del traicionero enemigo que ahora descansaba en el fondo de su mochila. Leyó varios libros de historia y otros tantos de pociones. Cuando se quiso dar cuenta las horas habían pasado y la biblioteca estaría vacía, lo raro era que Granger no hubiera aparecido por allí a reclamar su mesa. Sonrió divertido al recordar lo sucedido esa mañana, y encima seguía teniendo su corbata. Todavía podría seguir divirtiéndose con ella. La verdad es que pelearse con ella era como una vía de escape a toda la presión que tenía dentro.
Se fue de la biblioteca hasta su sala común, una vez allí caminó hasta su habitación, donde dejo la mochila. Al volver de ella vio que en los sillones de la sala común estaban sentados Pansy, Crabbe y Goyle. Se acercó hasta ellos.
—Hola, ¿vamos al Gran Comedor a cenar? — preguntó.
—Es que... estamos esperando a Blaise. — titubeó Goyle.
—¿Es qué no sabe ir solo? — ironizó.
—Yo me voy contigo — dijo Pansy levantándose.
—Vale, vamos
Ambos salieron hacia el gran comedor. Aunque para algunos Draco y Pansy tenían una relación amorosa en realidad solo los unía una amistad, una amistad de serpiente eso sí, pero al fin y al cabo una amistad. No era mentira que se hubieran acostado juntos pero nunca habían pasado a ser algo más. Por eso estaban charlando amistosamente en el gran comedor. Pero la chica sabía que Draco había cambiado y eso no era buen augurio, pero al fin y al cabo ella iba a apoyarlo.
Hermione estaba sentada en la mesa de Gryffindor en el Gran Comedor. Se sentía, a pesar de estar en su casa, fuera de lugar. Parvati estaba a su lado hablándole de los artículos que salían en Corazón de Bruja, en frente Ron y Lavender se besuqueaban y se daban la comida el uno al otro, pero si hasta una vez se habían pasado la comida de boca en boca. Era asqueroso.
Sintió como se hundía en su asiento de vergüenza, Lavander había metido la mano por dentro de la camisa del chico que tenía su mano dentro de la falda de la rubia. Parecía que a Parvati no le importaba ya que en ningún momento dio muestras de asco o de vergüenza como la castaña que tenía la vista fija en su plato.
Estaba comiendo espaguetis, le gustaban pero ese día se le estaban haciendo más difíciles de comer que cualquier otro día. Intentó pensar en otra cosa, en Historia de la Magia, por ejemplo. Para esa clase tenía que hacer un resumen de lo que pasó entre los años 1600 y 1789. Entonces empezó a pensar en lo que pasó después de esa clase en el tiempo libre y automáticamente se sonrojó, no podía creer lo que había hecho, se había abrazado a Malfoy. Había sido un reflejo por la sensación de girar colina abajo pero aún así había hundido su cara entre el pecho del chico aspirando su aroma, normalmente sabía de que olores se trataban nada más olerlo pero el chico olía a una mezcla que no había podido identificar pero que le había gustado. Espera un momento, ¿acababa de utilizar el verbo gustar para algo relacionado con Malfoy?
Por Merlín, ¿qué la pasaba?
Blaise bajaba a su sala común con el pelo húmedo y algo desordenado. Había ido a ducharse mientras Pansy, Goyle y Crabbe lo esperaban en la sala común para ir a cenar. Una vez abajo, en la sala común, no tardó mucho en ver a Crabbe y a Goyle sentados en un sillón. Caminó con altanería hacia ellos.
—Bueno, pues ya podemos ir a cenar — dijo haciendo que los dos chicos se pusieran automáticamente de pie. — ¿Y Pansy?
—Pues... — titubeó Goyle.
—Vino Draco y se fue al Gran Comedor con él — terminó Crabbe.
—¿Qué Draco y Pansy qué?
—Se fueron juntos.
—¡Mierda!
Blaise empezó a volcar los sillones de la sala común y a darles patadas. Luego siguió haciendo lo mismo con las sillas y mesas hasta que se calmó. Todavía respiraba irregularmente, estaba harto de Draco. A él le gustaba Pansy y seguramente sería de los pocos que no habían pasado por su cama. Draco siempre la había tenido, por lo que no le era fácil acercarse con esas intenciones. Odiaba que Draco siempre fuera mejor que él y los Zabbini no estaban acostumbrados a perder, así que iba a jugar duro.
—Reparo — dijo arreglando el destrozo ocasionado —. ¿Vamos?
—Sí — contestaron los otros dos chicos temerosos.
Los tres caminaron hasta el Gran Comedor en silencio. Cuando llegaron se sentaron junto a Draco y Pansy que les saludaron. Blaise hablaba lo normal, disimulando. Pronto idearía un plan.
Draco se había divertido hablando con Pansy que le había puesto al corriente de muchas nuevas noticias que él no sabía. Ahora que Blaise, Crabbe y Goyle habían llegado ambos habían callado para mantener una conversación banal sobre algo a lo que no estaba prestando ni la mínima atención. Sabía que Blaise estaba enfadado y que iba a tomar venganza pero en ese momento no le preocupaba.
Sus pensamientos estaban en unas mesas más lejos de él. Observaba a los Gryffindors. En ese momento la comadreja menor y el cara-rajada no estaban, a saber que estaban haciendo. El pobretón seguía besándose con Brown pero además se estaban metiendo mano, ¿es que no podían irse a otro sitio a hacer eso? Enfrente de ellos estaban Patil y Granger. Draco podía ver el rostro asqueado de la castaña, sus mejillas sonrojadas y como miraba a su plato con indignación.
Fijarse en ella le había hecho recordar el suceso de aquella mañana. No, otra vez pensando en ella. Volvió a centrarse en la conversación que se mantenía en su mesa. Estaban hablando de la fiesta de Slughorn Él pese a ser uno de los mejores en clase de pociones no estaba en su club, ya que el profesor no quería meter a hijos de mortífagos.
