LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE LA GRAN RUMIKO TAKAHASHI, SOLO LOS TOMO PRESTADOS PARA LA REALIZACIÓN DE ESTA HISTORIA, LA CUAL SÍ ES COMPLETAMENTE MÍA…
-9-
Extrañas sensaciones
La mañana había transcurrido con tranquilidad, continuaban con su recorrido sin saber exactamente a dónde se dirigían… o eso creía la azabache desde que amaneció…
—Podríamos esperar un poco…— suplicó la colegiala colocándose bajo un pequeño árbol; pues hacían varios minutos caminaban bajo las frías gotas de agua que una inesperada tormenta dejaba caer.
—No… estamos por llegar…— respondió secamente el mercenario volteando a ver a la azabache pero sin detener su marcha.
—Pero… seguiremos mojándonos…— mencionó titubeante permaneciendo en el mismo sitio.
El moreno resopló molesto —la lluvia pronto cesará… además, ya te dije que estamos por llegar…
—¿Llegar?... ¿a dónde?— cuestionó cuando se obligó a alcanzarlo.
—A una pequeña aldea… necesitamos descansar…— informó simplemente.
—¿Necesitamos?— mencionó extrañada para ella misma… sonrió ligeramente al darse cuenta que habló por ambos… ya hacía varios días que no discutían tanto, incluso el mercenario había dejado de tratarla como una prisionera… a pesar de los corajes que la hacía pasar, reconocía que le resultaba agradable su compañía... se sonrojó cuando el moreno volteó a verla de reojo; apartó inmediatamente su vista, ya que ella lo miraba insistentemente analizando la nueva situación… la puso nerviosa. Se sintió tonta.
El guerrero lo notó, pero dejó de darle importancia al ver a lo lejos su destino… —apresúrate…
—Si…— mencionó para alcanzarlo.
Kagome observaba todo con detalle ¿pequeña aldea?... ¡por favor! … no era para nada pequeña, era mucho más grande que la aldea donde vivía la anciana Kaede… la mayoría de las casas eran de madera vieja y otras de madera fresca, lo que le decía que el lugar seguía creciendo… pudo ver varios puestos que ofrecían a la venta diversos productos, comida, ropa, incluso armamento… y demasiados de donde entraban y salían hombres alcoholizados, el lugar era sumamente concurrido, pero las personas no eran simples aldeanos… había soldados que deberían estar de descanso, gente importante o eso creía, pues algunos vestían elegantemente según esa época… mujeres, demasiadas mujeres… risueñas y alguna lanzó una mirada sugerente al ojiazul… Kagome lo notó y le extrañó, ese no era el comportamiento de las mujeres de ese tiempo, o no de las que ella había conocido… ese lugar le parecía ser como el comienzo de "la ciudad de los pecados"…
—¿Qué es aquí?...— cuestionó la azabache al entrar con él a uno de los muchos establecimientos del lugar…
—Pasaremos aquí la noche… mañana temprano continuaremos…— informó deteniéndose en lo que parecía ser un recibidor.
Ella observó curiosa el lugar, era algo así como una posada bastante lujosa, estaba iluminada por velas en las paredes y en un par de mesas que tenían en el amplio salón donde permanecían de pie, pues aunque era de día, las renegridas nubes de la lluvia obscurecían en ambiente…
—Joven Bankotsu… es un gusto tenerlo por aquí nuevamente…— saludó una regordeta señora de mayor edad…
Éste solo la miró de medio lado sin mayor emoción.
La curiosa mujer veía con mucha insistencia el delgado y poco cubierto cuerpo de la azabache — ¿piensan pasar aquí la noche?— interrogó llevando sus cansados ojos al moreno.
—Así es…— mencionó sencillamente mientras le entregaba un par de monedas de oro. A la mujer se le iluminaron los ojos.
—Esto cubre varios días…— mencionó haciendo una leve reverencia al invitarlos a entrar —… y la señorita ¿es su mujer?— cuestionó pícaramente la anciana haciendo sonrojar a Kagome quien silenciosamente los seguía, iba a negarlo pero fue bruscamente interrumpida.
—Ese no es asunto tuyo… pero no… serán dos habitaciones…— mencionó otorgándole una fría mirada a la, para él, entrometida mujer…
—Como digas Bankotsu…— mencionó con la confianza que le brindaban sus años y sonrió ante el siempre explosivo carácter del joven…—… bien, aquí puedes dormir…— dijo señalando una de las habitaciones de ese corredor —…y tú jovencita, puedes dormir en esta contigua…— le señaló a la azabache incitándola a entrar…
Kagome miró a Bankotsu algo extrañada y obedeció a la anciana, entró sin decir palabra, era una habitación sencilla, limpia y acogedora, tenía ya colocado un suave futón en el suelo de madera, una lámpara que la alumbraría durante la noche y un par de mantas extras… suspiró, hacía mucho que no pasaría una noche tranquila, sonrió, Bankotsu tenía razón, necesitaban un descanso.
Estaba por salir de la habitación a observar el lindo jardín del enfrente, que era bañado ya por una muy ligera lluvia y de pronto una joven y delgada mujer apareció silenciosamente atravesando el umbral de la puerta corrediza.
—¿Esto es para mí…?— preguntó la azabache, al verla arrodillarse y dejar un elegante kimono blanco a un costado del futón.
La joven solo asintió con la cabeza y se disponía a marcharse.
—Espera… ¿es parte del servicio?— preguntó extrañada, pues ella no tenía dinero consigo.
La joven sonrió delicadamente —el joven que viene con usted se lo ha enviado…— informó con suave voz.
—¿Bankotsu?... qué raro…— mencionó para ella mientras la chica salía del mismo modo como entró, se encaminó a buscarlo y a agradecerle…
—Bankotsu…— llamaron dos voces femeninas al joven quien salía de su habitación haciéndolo voltear inmediatamente.
Kagome también se extrañó al escuchar la segunda voz a su espalda… volteó a ver, pero al instante sintió un pequeño empujón de una delgada chica que iba al encuentro del mercenario, al parecer, con mucha prisa.
—No sabes el gusto que me da el saber que te vas a quedar aquí…— dijo confianzudamente al llegar a su lado y abrazarlo por la cintura, se mordió el labio inferior y lo veía con una mirada altamente sugerente…
El mercenario la observó para abajo por la diferencia de estaturas —así que sigues aquí después de todo…— comentó naturalmente…
—Claro, te dije que seguiría esperando por tí… y… esta noche pienso pasarla contigo…— dijo seductoramente sin importarle nadie más que él.
Kagome carraspeó molesta. El moreno llevó su mirada azulina a ella, y la joven, hasta ahora se percataba de su molestia presencia en el lugar.
—No quiero interrumpir… solo quería agradecerte por la ropa…— mencionó molesta observándolo solo a él, después bajó la mirada a la castaña chica que lo abrazaba como si fuese de su propiedad. La joven tenía unos lindos ojos claros, pero una mirada fría, unos labios delgados que ahora presentaban una clara muestra de molestia, y un cuerpo curvilíneo que estaba, para su gusto, demasiado cerca del de el mercenario. Bankotsu tenía buen gusto, no lo podía negar… — …compermiso.— dijo luego de unos segundos en que ambas chicas se observaron analizándose a detalle. Se giró y se adentró a su propia habitación. Se dejó caer pesadamente al suave futón…
El mercenario miró con extrañez a Kagome marcharse notoriamente molesta… bajó sus ojos a la castaña joven que seguía aferrada a su cintura ¿sería por ella?... sonrió divertido al suponerlo.
¿Estaba molesta? Sí… ¿por qué? No supo… gruñó por lo bajo ¿por qué molesta?¿por él? no… ni siquiera le gustaba ¿verdad?... claro que no… era atractivo, lo reconocía… pero era molesto, insoportablemente molesto, de mal genio, un cínico, un arrogante… ¡un asesino!… aunque hasta ahora no lo había visto matar a nadie… resopló molesta cuando a través de la madera que dividía ambas habitaciones escuchó la varonil voz del guerrero y la poca discreta risa de la "amable" joven. Se levantó con su arco y sus flechas y decidida salió de ahí… la lluvia había cesado… iría a dar una vuelta por los alrededores… cualquier cosa sería mejor que escuchar a ese par de amantes, pues le quedaba claro que eso eran.
Pasó de largo la habitación del mercenario y atravesó la estancia del lugar…
—¿Vas a salir pequeña?— cuestionó la anciana que los había recibido.
—¿Eh?... sí… no, no tardaré…— mencionó apenada, pues no se había percatado de su presencia…
—No te adentres mucho al pueblo… hay gente peligrosa, una señorita sola y vestida así, la ven como una potencial presa…— mencionó al recorrer nuevamente con su vista el delgado cuerpo de la azabache, y regalándole una amable sonrisa.
Kagome volteó… sí, su uniforme escolar no era visto en esa época como algo decente que las señoritas debieran portar… se mordió el labio inferior, se debatía en regresar a su habitación y colocarse el kimono, pero… no… saldría así, después tomaría un baño y lo usaría… ahora no le entusiasmaba mucho la idea de volver… —descuide, seré precavida— mencionó y sonrió nerviosa a la mujer que con una pequeña reverencia la despedía.
Salió del lugar y entrecerró los ojos, pues el sol ahora brillaba en todo su esplendor, después de todo el ojiazul tenía razón en decir que la lluvia pasaría rápido; la molestó pensar que no era precisamente por la lluvia por lo que pretendía detenerse a "descansar" en ese lugar… caminó lentamente por donde habían llegado, se sintió intimidada al cabo de unos momentos, pues había gran cantidad de hombres de variada edad que volteaban a verla insistentemente… recordó lo que le mencionó la anciana anteriormente… apresuró su paso. Cuando por fin se sintió libre de miradas, observó el lugar… ya no tenía a donde ir… caminó alejándose del concurrido sitio y se sentó a la sombra de uno de los árboles del bosque que rodeaban el gran poblado… jugó con su arco entre sus manos, pasándolo de una a otra… ¿qué haría?... ella no era de sentarse a hacer nada… se aburriría… volteó atrás, no quería volver… bajó su mirada y observó sus flechas…
—¿Por qué no?— se preguntó y se puso de pie, buscó un árbol con un tronco grueso y lo marcó… afinaría su puntería… bueno, lo intentaría…era verdad que no era una estupenda arquera, pero tampoco era tan mala; solo era cuestión de práctica… pensó.
Se retiró veinte pasos, se colocó seriamente en posición y disparó… falló —¡maldición!— mencionó, y de nueva cuenta lo intentó, esta vez un poco más a la izquierda… la flecha se encajó en el tronco, pero bastante lejos de la marca… —bueno... al menos ya es algo…— se dijo y sonrió avergonzada…
—Lo estás haciendo mal…— escuchó la fría voz del mercenario.
Kagome se sobresaltó, y giró su rostro bruscamente encontrándose con la figura despreocupada del moreno recargado en uno de los tantos arboles cercanos… ¿qué hacía ahí?... ella lo había dejado muy bien acompañado… volvió a molestarse aunque muy en el fondo le alegró saberlo lejos de esa tipa…
—Lo sé… por eso estoy practicando…— respondió irónicamente al retirar su vista de él.
—Mph… un arco es un arma muy poco fiable a mi parecer…— mencionó de la nada haciendo a Kagome errar su tiro, nuevamente. Volteó a verlo molesta esperando que continuara con su "atinado" comentario —… es útil a la distancia… pero en un enfrentamiento de contacto, es algo completamente inútil… aunque bueno, con tu puntería es igual de inútil en ambos casos…— finalizó con una sonrisa de medio lado al notarla tensarse notoriamente molesta…
Kagome respiró profundamente intentando calmar su creciente coraje… ¿Por qué demonios no se quedó con la tipeja esa?... lo ignoró y de nueva cuenta tomó posición… tiró… sonrió… volvió a acertar, pero no en la marca…
—Que lo estás haciendo mal…— insistió el moreno al acercarse y susurrarle casi al oído, logrando tensarla… posó ambas manos sobre la cadera de la azabache y se pegó completamente a su delgado cuerpo…
Kagome se estremeció al sentirlo así de cerca… podía sentir su tibia respiración rosar su cabello… iba voltear a encararlo pero la presión en su cadera lo impidió… el silencio del lugar le permitía escuchar su nervioso corazón… se ruborizó… intentó decir algo, pero no pudo…
—Debes colocarte parcialmente de lado a tu objetivo…— susurró roncamente, giró su cuerpo y con él, el de Kagome, atrayéndola por su firme agarre en la cadera femenina… ella se desbalanceó, pero el pecho del guerrero en su espalda la estabilizó… él llevó su mirada a su rostro y sonrió ligeramente al sentir lo nerviosa que la puso… volvió su vista a su cuerpo y lentamente envolvió su delgada cintura en un abrazo… permaneció así unos segundos… manteniendo a Kagome a la expectativa… ella cerró los ojos y exhaló el aire que había retenido cuando lo sintió pegarse a su cuerpo… evitó moverse… y reconoció, a pesar del nerviosismo que le provocaba, sentirse sumamente bien entre sus brazos…
—Después…— continuó llevando una de sus fuertes manos al hombro izquierdo de Kagome y recorrerlo con una tortuosa lentitud, hasta llegar a su mano… una vez ahí, la otra hizo lo mismo… él observaba pasivamente el rostro tenuemente sonrojado de la azabache, la sintió temblar ligeramente —…tensa al límite el arco…— continuó hablándole lentamente al oído… Kagome retuvo el aliento e intentó voltear a verlo… —… la vista fija en tu objetivo…— añadió el moreno al encontrarse con la mirada sorprendida de la azabache… volteó su rostro a la marca puesta por la colegiala, siendo tímidamente imitado por ella…poco a poco retiró sus manos de las de ella, dejándole completamente el arco en su poder… —… y dispara segura de acertar…— finalizó volteando de nueva cuenta su rostro a ella, mientras sus manos rodeaban su cintura… la vio soltar la flecha, pero su vista siguió pendiente de sus reacciones… —…simplemente, perfecto.— mencionó roncamente al recorrer el cabello azabache de la colegiala y despacio llevar sus labios a él, besándolo suavemente… y la escuchó gemir quedamente a su contacto… y aun contra su voluntad se obligó a separarse completamente de ella y giró para dejarla sola, no sin antes echar un último vistazo al resultado de su instrucción.
Kagome dio un paso hacia atrás para estabilizarse una vez que él la soltó… mantenía los ojos cerrados, sintiendo en todo su cuerpo un cosquilleó y una extraña sensación surgir por primera vez en esa zona tan íntima del mismo… exhaló tratando de reponerse… abrió lentamente los ojos y se vio sola en el lugar… lo vio partir a lo lejos… giró su vista y se encontró con la flecha en el blanco… ¡maldición! Ni siquiera recordaba como lo había logrado… intentó volver a verlo, pero había desaparecido ya de su vista… se abrazó a si misma obligándose a calmarse… ¿qué diablos había sido eso?...
Bankotsu regresó al poblado, pero no así a la posada… entró al primer lugar donde le sirvieran algo de sake… justo ahora le apetecía un trago… revolvió su flequillo un tanto desesperado… el tonto juego que quiso llevar con el intento de sacerdotisa, terminó por envolverlo y ni cuenta se dio cuando ocurrió, estúpidamente se descubrió disfrutándolo… se obligó a retirarse de ella al escucharla gemir, pues eso casi le provocó una erección… ¡maldita chiquilla! casi sale ganadora en un juego que no sabía que jugaba…
Luego de recoger cada una de las flechas lanzadas Kagome optó por regresar… tuvo que armarse de valor y obligarse a entrar, pues ahora se sentía avergonzada de ver al ojiazul… ¿qué debería decir?¿qué pensaría? "no seas tonta Kagome… él fue el que inició todo…" reconoció y se adentró al lugar… pasó de largo la estancia, solo otorgándole una ligera sonrisa a la anciana dueña del lugar… caminó con cierta prisa frente a la habitación del guerrero, que para su suerte estaba vacía… por un instante se preguntó dónde podría estar, pero después se dio cuenta de la suerte que había tenido al no encontrarlo… se recostó sobre el confortable futón y cerró los ojos… mordió su labio inferior y lo apretó entre sus dientes… culposamente reconoció que el mercenario le gustaba… el engreído sujeto disipaba el recuerdo del peliplata y Kagome, no lo había notado todavía.
—¿Y tú qué eres?... — escuchó una molesta voz femenina en el interior de su habitación, distrayéndola de su inesperado descubrimiento…
Kagome la miró sin entender… ni siquiera se percató cuando la chica ingresó —¿Que… qué soy?— cuestionó, pues no creyó entender su pregunta.
—Sí… ¿qué eres?... la amante o un simple capricho de Bankotsu…— volvió a preguntar mientras caminaba hacia Kagome, quien se ponía molesta de pie.
—No sé qué clase de persona crees que soy…— mencionó indignada, mientras le daba un vistazo rápido a la insolente mujer. Usaba un hermoso kimono rosado, algo trasparente… la mujer era bonita, reconocía la azabache, pero algo vulgar para su gusto.
—No lo sé… pero Bankotsu salió detrás de ti cuando te vio partir… no le importó dejarme… así que no creo que seas solo su amiga…— reclamó, mostrando en su mirada la rabia y humillación que sintió.
Kagome sonrió satisfactoriamente al escucharla, pero de inmediato se deshizo de esa expresión —pues no, no soy ni su amiga, ni un capricho y mucho menos su amante…— aclaró molesta —…nosotros viajamos juntos… eso es todo.— finalizó pasando de largo a la chica, e indicándole con la mano que se retirase del lugar…
—Bien, me alegra saberlo…— añadió antes de salir en claro tono de superioridad —… no importa que me haya dejado por buscarte… después de todo… tiene toda la noche para estar conmigo…— finalizó sonriendo triunfal al ver el rostro de la azabache desencajarse momentáneamente. Se fue dejándola sola.
—Debe de estar preocupada por mí para venir a decirme todo eso…— se dijo mientras la veía partir… ignoró la molestia que le provocaron sus palabras… —…disculpa…— le habló a una chica que pasaba por ahí —…¿dónde me puedo bañar?— preguntó dando por muerto el asunto.
—Oh… por aquí, sígame…— respondió amablemente la joven, indicándole el camino.
Kagome se apresuró gustosa por su ropa nueva… se daría un baño como debe de ser… una pequeño detalle que la hizo feliz… se tomaría su tiempo para disfrutarlo, pues dudaba que pudiera tener otro igual en mucho tiempo.
Abrió sus ojos con sorpresa… ¡vaya que había disfrutado el baño!... ya era de noche cuando salió, sonrió y caminó suavemente hasta su habitación, las luces en el interior le indicaban que las habitaciones eran ocupadas, aunque no se veían personas recorrer los pasillos, salvo claro, las personas que ahí laboraban… se detuvo antes de entrar a su habitación y discretamente se asomó a la del mercenario…
—Qué extraño… está vacía…— se dijo al percatarse del hecho… pensaba en retirarse, pero la enorme y brillante arma del mercenario atrajo su atención… entró en la habitación y se acercó a ella, se encontraba recargada sobre una de las paredes… rosó con su dedo el mortífero filo de la misma… estaba en todo su esplendor, muy diferente a aquella vez en que retiró los fragmentos de ella en el Monte de las Animas…
—¿Qué se supone que haces aquí…?— escuchó de pronto la profunda voz del mercenario quien recién llegaba.
—¡Auch…!— se quejó dolorosamente, pues al asustarse con la repentina llegada del moreno, jaló bruscamente su mano, provocándose una larga herida en la misma, sangrando considerablemente de ella sobre la causante del daño.
—¿Pero qué demonios…?— preguntó el moreno al percatarse del líquido carmesí que caía de la blanca mano de la azabache. Giró sus ojos con molestia. —Definitivamente eres estúpida…— comentó con fastidio mientras levantaba una de las mantas colocadas sobre su futón.
—¡Oye!... tú fuiste el que me asustó…— lo culpó molesta.
—Pues no tienes nada que estar haciendo aquí…— replicó jalándola de la mano y observando la herida —… y menos tocando a mi Banryuu— finalizó, mientras limpiaba con poca delicadeza la mano de la joven…
—Me duele…
—Ya cállate… tú tienes la culpa…— discutían culpándose uno al otro, y no se percataron que la sangre que la azabache derramó sobre la alabarda fue completamente absorbida por ésta.
—Déjalo… que yo lo hago…— dijo molesta retirando su mano de entre las manos del moreno.
—Por supuesto, no pensaba curarte… solo que no me gusta que el lugar en el que duermo esté lleno de sangre…— mencionó con simpleza entregando el pedazo de tela que había arrancado y que ahora estaba teñido de rojo.
Kagome achicó los ojos indignada —agh… eres… insoportable, Bankotsu…
—Sí, eso supongo…— la ignoró girándose y dejándose caer pesadamente sobre la comodidad del ya mencionado futón.
La azabache pretendía marcharse pero la delgada figura de una mujer le impidió atravesar la puerta.
La castaña chica observó molesta a ese par —y… ¿qué haces aquí?— cuestionó ya asqueada de la presencia de la azabache cerca de Bankotsu.
—Nada… ya me iba…— respondió de igual forma… ¿quién demonios se creía? ya la tenía harta, pero evitó una discusión, pues claramente la chica reclamaba al moreno como de su propiedad, y lo que menos quería era que él creyera que se lo disputaban…
—¿Qué quieres Izuna?— escuchó la varonil voz del mercenario justo antes que la chica se encerrase en la habitación con él…
"Izuna… así que ese es su nombre…" pensó la azabache al retirarse —¿qué quieres?... mph… ¿qué va a querer?, idiota.— habló sumamente molesta mientras entraba a su habitación. Se retiró el kimono y quedó únicamente con su ropa interior, se acostó deseando dormir pronto y profundamente, esperaba que hicieran lo que tuviesen que hacer en silencio y no tener que escucharlos… pues ese lugar parecía más un burdel, que una posada. Ese pensamiento la irritó más de lo que le hubiese gustado aceptar… pues desde lo ocurrido hace apenas unas horas con el ojiazul, se había descubierto constantemente pensando en él.
CONTINUARA…
Hola pues aquí les dejo el capítulo de esta semana… un saludo para las chicas que se toman el tiempo de dejarme sus comentarios, opiniones y sugerencia: Sasunaka doki, ichigo kotonoha, horus 100 (pensé mucho esta semana como acomodar lo que me pediste… y sí, se me ocurrió algo, por aquí lo verás más adelantito), lady of the west y Kagome Taisho 77, respecto a Naraku, sí va a aparecer para ponerle sabor a esto … gracias y nos seguimos leyendo.
