Nota: Este capt está dividido en dos partes, como el capt "Destino", ésta vendría siendo la primera parte del capt 8. La segunda parte será dedicada nuevamente a Winry, como el final lo indica. (Espero que les guste el capt)
Oportunidad (Capt 8. Parte 1)
Aún llovía en la ciudad de Munich y el panorama parecía nunca cambiar. Edward aún permanecía parado en la calle en medio de su soledad y rodeado de gotas de lluvia.
- Tu padre sólo quería que fueras feliz.- se escuchó entre la lluvia, miró a su izquierda para percatarse que cerca de él se hallaba una chica rubia sosteniendo una sombrilla, mirándolo con una ligera sonrisa.
Contempló un rato a la joven y de nuevo sintió paz en su interior, suspiró y le devolvió la sonrisa, el mismo gesto que le dedicó cuando ambos se mostraron sus heridas. Ella lo miró, también suspiró y le regaló una bella expresión de alegría, y con voz débil y lágrimas en sus ojos pronunció:
- Si te vas…no voy a pedirte que regreses…- la miró un poco extrañado y ante su asombro ella prosiguió.-…voy a suplicarte que te quedes.
Apenas terminó de decir la última palabra, Lily soltó la sombrilla, se adentró en la lluvia y corrió hacia sus brazos.
- Perdóname.- sollozó al abrazarlo. Ed se quedó de pie sin reaccionar, la chica lo rodeaba con fuerza. Por primera vez en su vida sintió un cálido sentimiento, diferente a cualquier otro, temía que ese instante terminara, por eso la aferró, con sus brazos, hacia su pecho. Se abrazaron con fuerza.
- No me iré, sólo si prometes quedarte a mi lado.- le dijo a Lily, ella alzó la vista y lo miró con ternura para luego mirarse mutuamente por un ligero instante.
Ed la miró con deseos de decirle tantas cosas, pero sólo limitó sus palabras.
- Necesito tiempo para pensar….- a pesar de lo que dijo, Lily mantuvo su sonrisa.
- Sabes que siempre te estaré esperando aunque tú no me busques.- y diciendo esto se apartó de él.
Sin cesar la lluvia el chico la vio marcharse. No se arrepintió de lo que dijo, realmente necesitaba pensar las cosas. Todo había pasado demasiado rápido y era un torbellino de sentimientos mezclados, talvez se sentía un poco confundido pero no dudoso de sus sentimientos.
Llegó a casa de Heiderich y vio al pobre de Al sentado en el comedor.
- Supongo que hoy no fue tu día.- le dijo al encontrarlo tan callado y triste, bajó la mirada y con una sonrisa forzada confesó.- tampoco fue el mío.
Alphonse miró a su hermano.
- Estefanía se va de Munich.- contó con voz afligida, pero luego tras captar lo que su hermano le había dicho, preguntó.- ¿Qué quieres decir con que tampoco fue el tuyo?
Ed sonrió.
- Digamos que hoy me enteré de muchas cosas…
Cuando terminó de contarle a su hermano todo le que le había pasado, Alphonse también sonrío, al menos no era el único que había pasado un mal día.
- Muy bien, ahora hay que ir por Estefanía.- dijo Ed poniéndose de pie y estirándose un poco.
- ¿Qué?- preguntó confundido Alphonse.
- ¿Vas a permitir que se quede de monja? ¿O vas a sacarla del convento?- preguntó ante la incógnita de Alphonse.
- Pero hermano sabes que…
- ¡¿Pero es que siempre tienes un pretexto para todo?!- exaltó Ed de mala gana.
- Es que cuando te pones en ese plan las cosas no salen muy bien…
- ¿Ah? ¿Qué quieres decir con qué no salen bien?
- ¿Recuerdas cuando quisimos ayudar a Winry con su castigo? por tratar de ayudarla la castigaron el doble, igual la vez en que dijiste que sería bueno ayudar a mamá calentando el estofado con alquimia, y también cuando dijiste que…
- ¡Bueno ya! ¿Vas a querer que te ayude o no?- Alphonse asintió con la cabeza y los dos partieron de la casa hacia la estación de trenes para luego tomar un tren e ir hacia el convento lo más pronto posible.
En el tren, Alphonse andaba un poco nervioso estrujando la carta que Estefanía le había dado.
- Ya suelta ese trozo de papel, te hace daño.- le dijo Ed un poco serio y pasando la vista hacia la ventana.
- Cuando menos no llevo un trozo de cinta en mi bolsillo.- recordó Alphonse que su hermano también atravesaba una situación amorosa.
- Hmm, guarda silencio sino quieres que Estefanía te vea con un ojo morado.- dijo sin apartar la vista del paisaje.
- El que llegará con un ojo morado serás tú.- murmuró el castaño.
- ¡¿Qué dijiste!?- preguntó Ed poniéndose de pie al mismo tiempo que su hermano. Parecían dos niños chiquitos apunto de pelearse.
- ¡¿Por qué me tienes que estar molestando con Estefanía?!
- ¿Ah? ¿Yo, molestándote? ¡¿En qué momento?!
- ¡Ni creas que no te he escuchado mientras duermes nombrar a Lily!
- ¡Ya cállate!- gritó al igual Edward, y así estuvieron los dos durante todo el trayecto.
Por suerte ninguno de los dos llegó con un ojo morado. Apenas bajaron del tren recuperaron prudencia para ir al convento.
En la estación les dieron instrucciones de cómo llegar y gracias a ello llegaron con facilidad.
- ¿Estás listo?- le preguntó Ed a su hermano al estar frente al convento.
- Sí.- le respondió.
- Espera… ¿Qué tal si las cosas no salen bien?
- Si el que va a hablar soy yo, no tú.- apuntó el otro un poco sarcástico.
- Hmm, éste es el plan…primero entraremos y sin nos preguntan, somos unos ricos hombres con deseos de donar dinero a las causas del convento, queriendo sólo familiarizarnos con el lugar.- se las ingenió para entrar.
- ¿Por qué no simplemente entramos y preguntamos por ella?
- Ejem, Al…
- ¿Si, hermano?
- Guarda silencio.- terqueó con su plan.
Finalmente Alphonse accedió con el "ingenioso" plan de Edward. Anduvieron por el convento como si fueran verdaderos donantes de dinero, y por cada monja que pasaba le hacían una sonrisa fingida que acababa por ahuyentarlas.
- Te dije que no funcionaría.- le dijo Alphonse a su hermano.
- Pronto la encontraremos, hay que ver en dónde están los dormitorios, ella aún debe estar acoplándose a las instalaciones.- empezó a escudriñar por el lugar.
Llegaron a unas salas y pasaron varias puertas que los condujeron finalmente a los dormitorios, nadie en el convento se dio cuenta de los hermanos Elric; los dos habían tomado de aquellas salas dos batas de sacerdotes y se hicieron pasar como tales.
Los dormitorios estaban vacíos, al final de los corredores había una gran antigua puerta café. Edward se acercó a la puerta e intentó abrirla jalando las aldabas, pero la puerta estaba demasiada dura para abrirla de un tirón. Alphonse intentó ayudar a su hermano, y aún así la puerta no cedió. El rubio acercó el oído a la puerta y oyó voces proviniendo del otro lado.
- Debe estar ahí.- dijo mirando a Alphonse. Se pusieron de acuerdo asintiendo con la cabeza para poder abrir la gran puerta de una sola patada.
Patearon al mismo tiempo la puerta, y ésta instantáneamente abrió sus puertas, pero cual fue su sorpresa al encontrarse en nada más ni nada menos que en las regaderas del convento con la mayoría de las monjas en su interior, así como dios las trajo al mundo. Edward y Alphonse se pusieron colorados y las monjas gritaron para cubrirse. Afortunadamente no vieron mucho, las divisiones entre regadera y regadera no lo permitieron, pero vaya susto que se llevaron los dos.
- …así que venían en busca de la monja Estefanía.- repitió la madre superiora al par de chicos que estaban sentados en la sala de su oficina. Con el revuelo había dado con ellos.
Edward cruzaba los brazos como si no le importara lo que la mujer decía y Alphonse estaba más preocupado que antes.
- Es que necesito decirle que…- justificaba Al antes de ser interrumpido.
- Necesitas decirme qué, Alphonse.- se escuchó con el cerrar de la puerta, en ese momento Alphonse vio a la chica que tanto anhelaba ver.
- ¿Estefanía, conoces a estos dos chicos?- le preguntó la monja superiora cuando ella se acercó al escritorio.
- Claro, son los hermanos Elric.- respondió tras dar un leve suspiro y ver fríamente a los hermanos.
- Éstos dos jóvenes son unos farsantes, además de pervertidos.- la superior miró despectivamente a Edward y Alphonse.
- ¡Nosotros no somos pervertidos!- gritó el mayor al ponerse de pie.- Estefanía…- miró a la monja.- hemos venido hasta aquí porque Alphonse tiene algo que decirte...- esperó a que su hermano continuara.
- No es nada.- dijo Alphonse con voz opaca ante el desconcierto de Ed.
- Yo me haré responsable de todo lo que han hecho.- respetó Estefanía sin darle importancia a lo que Ed trataba de decir, aquel miraba sorprendido a su acompañante por no haber dicho absolutamente nada referente a su visita. La monja superiora miró Estefanía como si todavía esperara algo de su parte.- Edward, Alphonse, les suplico que se aparten de mi vista…y de mi vida.- dijo de una forma tan seca que hasta Edward se impresionó de la mismísima pelirroja.
Aporreó la puerta al salir de la oficina.
- ¡Me hiciste quedar como un idiota! ¡Yo trato de ayudarte y tu te quedas callado!- le reclamó enojado a su hermano.
Alphonse estaba con la cabeza gacha y la mirada perdida.
- Acaso… ¿No viste su mirada?
- ¿Q-qué tiene su mirada?- preguntó Ed sin comprender y cambiando su actitud.
- Ya no es la misma.- recordó unos ojos verdes y cristalinos a diferencia de los opacos y sin vida que había visto en la oficina.
Posteriormente contagió a su hermano mayor con la misma cara desanimada.
- Vamos Al, si tomamos ahora el tren llegaremos antes del oscurecer.- dijo Edward adelantándose. Alphonse se negó a seguirle.
- No…- se escuchó provenir a espaldas de Ed, volvió la vista hacia atrás y siguió escuchando a su hermano menor.
- …es tiempo de que yo también luche por lo que quiero.- pronunció con voz determinante y apretando los puños. Ed se sintió orgulloso de él.
- Escuché que por aquí cerca rentan cuartos.- sonrió.
Alphonse lo observó y también le sonrío, luego Ed agregó, cerrando los ojos y frunciendo el ceño:
- No sé, pero siento que esto será más difícil…aún más que los viejos tiempos.- ambos, se sonrieron nuevamente.
Siendo tal vez algo más difícil por tratarse de algo diferente, pero al igual que los viejos tiempos, Alphonse sentía el apoyo de su hermano, lo que le producía una enorme alegría. El saber que su hermano estaba a su lado lo incitaba a creer y no rendirse.
xXx
Pasaron los días y Alphonse, acompañado de su hermano, siempre visitó a Estefanía al convento a pesar de que ella le era indiferente. Edward aprovechó ese tiempo, no sólo para apoyar a su hermano, sino también para aclarar su mente y todo lo que le preocupaba. Ahora, las palabras que resonaban en su mente eran de las últimas que escuchó provenir de Lily "Si te vas, no voy a pedirte que regreses...voy a suplicarte que te quedes" pensaba mucho en ella y aún más antes de acostarse, pero había otra persona que también le robaba el pensamiento y cuyo reflejo veía en Lily, Winry por supuesto.
Edward veía en Lily mucho de Winry, sobre todo al recordar las palabras de Lily, pues él, en cierta forma, tal vez no con las mismas palabras, recordaba que Winry le pedía lo mismo. No sabía si Winry lo decía con las mismas intenciones con las que Lily las decía, pero al igual anhelaba tenerla a su lado; con ellas compartió grandes momentos que siempre permanecerían en sus recuerdos, además de que de alguna manera formaron parte de su vida. Pero…por Lily sentía algo que iba más allá de la amistad que tenía con Winry. Talvez si en su momento y no dadas las circunstancias, habría tenido un futuro con Winry, pero las cosas habían tomado otro rumbo.
Sin embargo, se sentía mal por fallarle, tan sólo tenía el deseo de saber si ella estaba bien…y ella, deseaba lo mismo de él.
