Es ilógico.


.

.

.

—Si aceptas mi trato, no tenemos por qué pelear. Él me ayudó a encontrarte, pero no sabe de tu existencia. Así que no tienes que...

—A ver si entiendo—el pelirrojo la interrumpe, ignorando los pormenores—. ¿No deseas pelear?

—No, no es mi objetivo— asevera Sakura, tomando un poco de distancia para dejar al inconsciente can, que la guió hasta allí, apoyado en las raíces de un árbol.

Incluso le da la espalda a Sasori por un instante. El Akasuna sólo la observa taciturno aún sin ejecutar ningún movimiento.

—Tengo algunas cosas que quiero preguntarte. Si no respondes, entonces pelearé, pero si cooperas, no tendremos que gastar energía innecesariamente…

Intenta persuadir de forma calmada y política, antes de volver a contemplarlo cara a cara.

Estas últimas palabras no afectan tanto al Akasuna, como sí lo hace el lenguaje corporal de la rosada. En realidad, ella no desea combatir. No se malentienda, está lejos de estar relajada y, quizá, más lejos aún de estar indefensa, pero no parece buscar el combate.

"Aunque puede estar actuando. De hecho, todo esto puede ser una trampa, puede incluso haber un pequeño ejército tras ella." Piensa desconfiado de la situación y de ella.

Aun así, la idea logra despertar cierto interés en el marionetista.

—No quiero arriesgarme a matarte, así que por ahora no haré nada... —pronuncia él con una inmutable indiferencia, tanto en la voz como en su expresión. Sin embargo, la advertencia sobre algún intento de engaño no se hace esperar—. No confío en ti, así que no esperes que lo que sea que estés planeado funcione... Si tienes más gente aquí, espero que te preocupen menos que tu perro.

—Estoy sola, puedes comprobarlo tú mismo, si así lo deseas—intenta alivianar un poco el ambiente de hostilidad y tensión en el encuentro—. Ah. Y por cierto…

Sakura deja de prestarle atención al criminal por un segundo, para buscar algo dentro de su equipaje.

—Esto es tuyo—Se vuelve hacia él nuevamente, sujetando una familiar prenda oscura en mano que el marionetista reconoce al instante.

Sin esperar reacción alguna de su parte, arroja la gabardina hacia él.

La marioneta toma la prenda en silencio y, sosteniéndola con sus hilos de chakra, la observa con detenimiento... Preguntándose a sí mismo qué era lo que estaba pensando para dejarle a ella una pista tan obvia para que lo encuentre… Funcionó, pero ¿Por qué? Es ilógico.

"No debería dejarme llevar así por mi musa."

Aún así, Sasori no tarda en regresar a la realidad.

—Lindo detalle de tu parte el devolvérmelo... —'agradece' entre jocoso y sarcástico—. Yendo al grano ¿Que te atrae a mí?

—Supongo que es un intercambio de roles. Pregunto y tú respondes. Si no respondes, peleamos. Lo mismo de siempre—informa con voz seca y desafiante.

Pese a sus dudas, Sakura aún no saca de su mente que la persona que tiene en frente es un criminal, y no cualquiera.

La marioneta ríe por un instante.

— ¿Y yo que gano? Si peleamos, las cosas no van a salir bien para ti, y lo sabes. Así que permíteme preguntar a mí también, y te seguiré el juego.

La rosada nota que las cosas con este sujeto no serán fáciles.

—Primero, di que no intentarás nada—reclama con el ceño fruncido, y precavida ante el personaje frente a ella—. Yo no te atacaré, pero me defenderme si intentas algo contra mí.

— ¿Intentar qué? —replica con cierta molestia en su semblante—. No quiero matarte, y a ti no te conviene que sepan que sigo vivo, así que no me preocupo por tu perro. Si en verdad no intentas pelear, tendrás tus respuestas siempre y cuando yo tenga las mías.

—Trato, entonces—asiente la kunoichi, acercándose al tronco del árbol más cercano al de Akino.

Un poco cansada por el frenético viaje, Sakura se acomoda allí dejando su equipaje a sus pies, recargando posteriormente su espalda contra el tronco, y por último bebiendo agua de la cantimplora que trajo consigo desde Konoha.

Sasori, por su parte, se sienta sobre otro tronco, muerto y caído, a una distancia prudente de su compañera de charla. Para él, lo más interesante de esta reunión está justo por comenzar.

— ¿Quiénes saben que vivo? —es lo primero que desea saber el marionetista.

—Sólo yo. Nadie más—contesta con calma en su voz, tomándose una pequeña pausa para elegir bien qué palabras usará para su primera pregunta—. Mi turno. No termino de entender por qué me salvaste la última vez ¿Qué fue lo que viste en mí?

—Belleza—Sakura suspira, mientras él prosigue totalmente metódico con otra pregunta—, ¿Por qué estás aquí?

— ¿No te lo dije ya? —repone ella de mala gana—. Sólo quiero hablar.

—Sí, me lo dijiste. Mi turno de preguntar de nuevo.

— ¡Esa pregunta no cuenta! —espeta la kunoichi con indignación.

—Como sea... Pregunta otra vez—emite Sasori con indiferencia, con la mirada fija en algún 'interesante' punto del paisaje frente a él.

Sakura recobra la compostura y vuelve el foco de su atención a sus propias dudas.

—Pudiste volver a Akatsuki una vez que te salvé ¿Por qué no lo hiciste?

—No puedo. Akatsuki no tolera la derrota. No tengo nada más que sacar de ellos—explica de forma monótona.

El ánimo del titiritero se presenta tan indiferente como siempre cuando habla sobre su antigua estadía dentro de la organización criminal de la Nube Roja.

—Nadie de allí te vio perder—rebate Sakura poco convencida de aquellas palabras—. No podrían haberlo sabido.

Ella reconoce, aunque apenas, sentir un poco de curiosidad por este particular detalle.

—Sí, pueden saberlo. Tarde o temprano lo sabrán ¿A quién le darás la información que te de hoy?

La nueva pregunta la toma un poco por sorpresa, pero no tarda en recuperar la compostura de nuevo.

—No saben que existes, sería estúpido hacer algo así sin que me descubran—niega con la cabeza, acomodándose un poco más en su posición inclinada contra el árbol.

—No sabes usar la información, jovencita... —ríe un poco por lo bajo y de modo burlón—. Tu turno.

—Según tú, soy bella ¿Qué es la belleza para ti? —vocifera una de sus principales dudas, siempre manteniendo la seriedad en su porte.

—Primero: dije que tenías belleza, no que eras bella. Son cosas separadas—espeta con orgullo, y sutil aire de arrogancia—. Segundo: es algo de artistas, no lo comprenderías. Se trata de tu voluntad. Primero tendría que saber algo ¿Qué entiendes tú por belleza?

—No lo sé… Supongo que, a comparación de los artistas, mi definición es más superflua ¿Por qué te interesa? —repregunta ella, confundida acerca de la primera interrogante del pelirrojo.

—Porque quiero saber si puedo responderte tu pregunta y que la entiendas. Para eso necesito tu definición. El caso es que pocos tienen una. ¿Qué es la belleza?

El tema comienza a agobiar un poco a la ninja, pero esto es lo que tanto la intriga, y lo que últimamente tanto quiere comprender. Por esto, decide ahuyentar cualquier mal presentimiento o incomodidad del ambiente, concentrándose en la improvisada "lección". Después de todo, ya no tiene nada que perder, y éste sería el último encuentro.

—Armonía y perfección que inspira apreciación y deleite—pronuncia con la fluidez del agua.

El marionetista no tarda en reaccionar negativamente y en mostrar su descontento por dicha "definición":

—Respuesta sacada de un diccionario... Nunca encontraste belleza, ni tienes definición de ella... Tendré que encontrar otra forma de explicarlo. Tu turno de preguntar.

Sakura ya dio por sentado que iba a corregirla, o demostrar su ignorancia en el tema en el momento en que abriese la boca, mas lo que le molestó no fue el propio hecho, sino…

—Bah, si para ti crear marionetas a partir de personas es arte, me imagino que por ahí ronda el asunto…

—Como era de esperarse, no comprendes...—asevera el Akasuna, mas prosigue a refutar las palabras de la kunoichi—. Si ese fuera el caso ¿No te parece que ya serías una marioneta?, si vas a buscar la definición de belleza, no empieces desde el trabajo de otros.

El pelirrojo sigue la conversación, ya no por obtener información, sino por un simple modo de perder el tiempo. Ya no le interesa el saber por qué fue rescatado… Eso no tiene sentido, y han ocurrido cosas más interesantes desde entonces.

—Dices que el arte es eterno. Entonces, ¿Por qué no esquivaste el último ataque de la abuela Chiyo? ¿No te consideras arte? ¿No es por ser eterno que has hecho... eso a tu cuerpo?

Sakura vuelve a abordar el tema con desagrado y reprobación hacia los actos de aquel criminal. Quizá aún no capte, o directamente no vea, por qué deba existir ningún mensaje o definición artística detrás.

—No soy arte, y tienes razón. Me gustaría serlo, pero, en la agonía, mi espíritu se quebró como el de cualquiera. Fui débil. Soy débil. No soy arte—admite Sasori con cierto pesar en su voz.

Sin embargo, ella no percibe el significado, ni la importancia real que tienen esas palabras.

—Eso significa que ni tú comprendes del todo tu definición.

—Escucha mejor—la reprende por su escasa comprensión—. Sí comprendo mi definición, sólo dije que yo no cumplo con esa definición… ¿Qué harás luego de obtener tus respuestas?

Pregunta de improvisto.

—Entregarme a Konoha para que juzgue mis crímenes—responde la joven incapaz de ocultar su pesar.

Sasori permanece unos instantes en silencio, mas decide no desviar el tema principal de esta reunión:

—Pregunta tú.

— ¿Irás a esconderte?

—Ya estoy escondido—corrige—. Prefieres morir a manos de tus compatriotas, antes que intentar matarme. ¿Por qué?

La rosada suspira por lo complicado de la pregunta en sí. Se encoge de hombros, desviando la mirada al suelo con desánimo. Uno de sus pies patea una piedrita y la manda rodando lejos de ella por el césped.

—Hay algo mal conmigo… Debería haber dejado que murieras la primera vez, y ya en la segunda no pude matarte. Es absurdo pensar que sí podré ahora. Me siento culpable por varias razones, así que prefiero pagar por lo que hice… Antes de irme…—voltea a verlo de nuevo, con su mirada reflejando cierta tristeza debido a lo que le ocurrirá una vez que regrese a su aldea—. ¿Me explicarías tu definición de belleza?

—Sí, intentaré explicarte—asevera totalmente serio el marionetista—. Pero, primero… No quiero matarte, ni que me descubran, pero podrías tomarte tu tiempo y prepararte, y tarde o temprano me ganarías ¿Por qué la decisión extrema?

Quizá es él ahora el que intenta comprender las estúpidas acciones destructivas de la joven que tiene al lado.

—Es mi conciencia la que no me deja tranquila. Tener que mentirles a la gente que amo, tener que recurrir a actos tan patéticos como...como...ser salvada por un…— agacha la cabeza, demasiado avergonzada de sí misma como para completar la oración.

—Artista —la interrumpe sin recato alguno.

Un par de lágrimas de frustración brotan de los ojos de la joven, quien de inmediato las recoge con un gesto de su brazo, para así no mostrar más patetismo del que ya posee.

— ¿Ahora te arrepientes de haberme salvado? —cuestiona de nueva cuenta la kunoichi, luego de unos momentos de silencio.

—No, no me arrepiento—vuelve a asegurar con calma en su voz— ¿Por qué lo dudas?

—Dijiste que mi voluntad era la belleza, pero ya no tengo voluntad alguna. Ya no quiero pelear contigo. No me importaría si me matases ahora mismo.

El marionetista permanece indiferente, tanto al estado anímico de Sakura, como a lo que acaba de oír.

—Tampoco sabes la definición de voluntad, al parecer.

— ¿Por qué dejas que te persiga? —pregunta ella en tono derrotista, también ignorando lo que acaba de oír.

Casi como si las fuerzas la hubiesen abandonado, Sakura se deja resbalar por el tronco, hasta caer sentada sobre el césped silvestre.

El marionetista, por otra parte, se muestra un poco confundido por tal cuestión.

— ¿Porque así puedo ver algo bello más a menudo? No lo sé... Ahora que lo pienso, es una buena pregunta. Creo que no puedo responderla aún.

—Supongo que no podré sacarte nada más profundo sobre eso—agrega con ironía la muchacha.

— ¿Sobre por qué dejo que me sigas? Sobre eso no, te dije que no lo sé—sentencia en pocas palabras el pelirrojo.

— ¿No tienes más preguntas?

Ella comienza a sentirse internamente desesperada, y aterrada, ante la idea de regresar a su aldea, sabiendo lo que allí la espera. La conversación está por acabar pronto, y ya no tendría ninguna otra excusa para seguir demorando lo inevitable...

—Pues, me cuesta encontrarlas. Pregunta de nuevo—espeta él con el ceño ligeramente fruncido, sintiéndose molesto por la ausencia momentánea de nuevas ideas claras en su mente.

— ¿Qué harás cuando me vaya de aquí? ¿Te irás por fin del país?

Sakura comienza a jugar con el césped, arrancándolo en un claro tic de nerviosismo.

—Iré a recuperar mi arsenal cuando lo crea conveniente. Saldré de este país, sí.

—Entonces, supongo que los advertiré sobre eso—musita en voz más baja que antes.

—No podrán hacer nada, pero, si quieres, diles. Si aprecias sus vidas, no los pongas en mi camino—sugiere aún con molestia en la voz.

Pasan unos momentos más, con el ambiente envuelto en un silencio de muerte. Y Haruno es quien finalmente lo rompe:

—Bueno, supongo que no necesito saber nada más.

Ella va a ponerse de pie, pero es interrumpida por la voz de Sasori a último momento.

—Entonces, debo explicarte lo que creo bello... o intentar, al menos.

Sakura se sorprende un poco al oír esto. Entre tanto pensamiento negativo y desalentador, había casi olvidado aquel pequeño detalle. Suspira en respuesta, acomodándose nuevamente en el suelo y abrazando sus rodillas.

—De acuerdo… escucho—acata contemplando al renegado nuevamente con intriga.

—Para hacerlo sencillo… Lo eterno. En cada nivel de la existencia, a lo eterno. El cuerpo humano es temporal, pero una marioneta puede mantener sus propiedades en eterna belleza. Por eso me gustan.

Sakura bufa frunciendo un poco el ceño, y ladeando un poco la cabeza con desdén.

—Lo que dije. Para ti belleza es convertir gente en muñecos—opina sintiendo que no ha descubierto nada nuevo con aquella explicación.

—No escuchas: dije la eternidad en cada nivel de la existencia. Si crees que lo físico es el único nivel de existencia, eres sencillamente ignorante—vuelve a reprenderla con fastidio.

Sakura pone la expresión de sus ojos en blanco, quedándose en silencio. Por su parte, Sasori usa la ausencia de respuesta para seguir con su explicación:

—Los pensamientos, voluntades, técnicas y conocimientos también son temporales. Yo busco crear belleza en esos niveles también, y puedo inmortalizar conocimientos o técnicas, pero la voluntad… A la voluntad no creía posible encontrarla.

— ¿No creías? —pregunta haciendo hincapié en la última palabra.

Sasori entrecierra los ojos, pensativo y concentrado, observando nuevamente hacia algún punto del paisaje.

—En el momento de la agonía, la gente cambia, su voluntad se desvanece, sus pensamientos se nublan... A mí también me ocurrió... Eso es vano, temporal... No encuentro belleza allí, jamás la encontré. Pretendo vivir por siempre, para poder crear en mi mente, en mi voluntad, ese tipo de belleza que no encontraba en este mundo—hace una breve pausa antes de la revelación final—, Pero la encontré... Estaba por matarte, te dejé en agonía, y tu voluntad no murió... Eso es arte...

Sakura baja la mirada, con los orbes verdes bien abiertos. Se queda conmocionada, pasmada, sin saber cómo reaccionar a esa frase. Es bizarra. Es demasiado bizarra.

—Pues... ¿Gracias? Nunca me habían dicho nada así, es...raro—contesta alzando una ceja, sin saber muy bien cómo reaccionar, ni responder, ante aquello.

No parece algo malo, pero a la vez es demasiado retorcido como para ser algo bueno.

—Soy un artista, no puedo evitar apreciar la belleza, no hay razones para agradecer—repone él sin inmutarse, como si el valor de sus palabras no variase según qué dijese.

.


.

Incógnitas... Al finalizar la "velada", el marionetista se ha quedado sólo con incógnitas.

Una vez que el encuentro terminó, quedó solo con sus incógnitas... Primero que nada, sus propias acciones: ¿Por qué? ¿Por qué le dio las herramientas para que vuelva a encontrarlo?

Vio en ella la belleza de una voluntad que no perece... y quería verla de nuevo... ¿Quería verla?

Pero... arriesgar su escondite sólo por eso... Eso es ilógico. Demasiado riesgo.

"¿La estaba subestimando? ¿En realidad estimé que ella no sería una amenaza?"

La respuesta sigue siendo la misma: es ilógico.

De todas formas, ella habría de buscarlo sin que él le hubiese dejado la pista...

Él simplemente no quiso esperar... Por eso decidió apresurar el encuentro, pues, si algo tenía que ocurrir, era mejor que ocurriese rápido. Sí, eso tiene más sentido… pero no demasiado.
Se convence a sí mismo de que fue un impulso creativo. Eso sí suena mejor. Suena como una explicación más plausible.

"Y éste fue el último encuentro..." Piensa estático, solo, en medio de la noche de luna menguante. Solo, en medio del bosque.

Solo en el mismo lugar en el que, hasta hace un rato antes, no se encontraba solo.

La joven va a entregarse por propia voluntad. La misma voluntad que él admira se dirige, ahora mismo, hacia un camino de autodestrucción. Detenerla, sería ir en contra de esa voluntad. ¿No?

Algo extraño se alberga en su cabeza, sin dejarlo completar ningún razonamiento...

Algo pequeño... Sin forma... No llega a llamarse pensamiento, siquiera. No sabe qué es, pero ahí está, diciéndole que algo está mal. Como una gotera que, intermitentemente y a intervalos regulares, golpea su sien, advirtiéndole que hay algo que no debe olvidar. O más bien, algo que debe descubrir.

Intenta descartarlo. No hay tiempo para más sinsentidos, pero sigue ahí...

"Esa niña..."

Esa cosa sigue ahí, como un engranaje roto, en su mecánica mente, interrumpiendo su funcionamiento... Problemático, impredecible, molesto... insistente...

Igual que la ninja.

Y esa molestia sigue en su cabeza con el pasar de los momentos, de las horas. Él intentando comprenderla, y esa cosa escapando, hasta que se decide por encajar... No. Aún no encaja.

Un pensamiento logra completarse en su mente.

"No quiero que muera..."

¿Por qué?

Patético, ilógico, no tenía sentido. Ella ya probó que la voluntad eterna existe... De hecho, moriría por ella. Intentar detenerla, implicaba problemas, muchos problemas innecesarios.

Detenerla, enfrentarse a ella, convencerla... y eso si él llega antes de que la mujer alcance a su aldea...

Si no, las cosas serían peores, debería evadir defensas, infiltrarse, rescatarla y todo sin cooperación de su parte.

Es complejo, arriesgado, suicida, pero las ideas estaban ahí, presentándose como opciones a tomar.

¡¿POR QUÉ?!

Es ilógico.

"¿Por qué las considero opciones? Sé que no tiene sentido... ¿Por qué quiero que viva?"

Y esa molestia sigue en su cabeza, intentando forzar su mente a un nuevo funcionamiento, a una nueva lógica. Una molestia persistente, una sensación de que algo en sus viejos pensamientos es anticuado, obsoleto...

El marionetista ya no lucha contra esta molestia. Está ahí, interrumpe sus pensamientos, pero el único pensamiento del que está seguro ahora, que se siente bien, se siente sólido, se siente real, es…

"La quiero viva."

Pero se precia de ser un ser razonable. Las cosas se hacen por un motivo, por un propósito. Sí, la quiere viva, eso por sí mismo es sólo un capricho. La propia supervivencia no se arriesga por sólo un capricho.

La molestia en su cerebro intenta responder la pregunta que hará a ese deseo trascender.

¿Por qué?

La respuesta la encuentra en la despedida. En el final de su encuentro.

"—No habrá una próxima vez, me voy a entregar ¿Lo sabes, verdad?

Vuelvo a repetirte que es una mala idea. Como sea, no seré yo quien te mate."

"No seré yo quien te mate..."

Ella, esa joven, poseía una belleza rara, algo que no encontró antes. Una voluntad duradera, una que no quería que desapareciese. Pero más aún... no quería ser él quien la destruya.

Ella estaba por entregarse, no sólo por su propia voluntad… el problema en su historia, la razón de su sacrificio...

Es él.

Es su culpa, su responsabilidad. Él está por destruir la belleza.

Él la va a dejar morir.

Dijo que no sería él quien le dé muerte, y sería lo mismo ser el causante de su suicidio.

El marionetista se vuelve a la realidad, sube a un árbol y observa el horizonte en dirección a Konoha...

No falta mucho para el amanecer.

Ya no suena tan ilógico…

Comienza a moverse a través del bosque, a toda velocidad, para interceptar a la shinobi. Debe detenerla antes de que sea tarde.

Por momentos, mientras pone cada gramo de su energía, casi ilimitada, en buscar a su objetivo, no puede evitar dudar ¿No es esto sólo un capricho más complejo? ¿Es sólo un impulso artístico?

Sacude su cabeza y aleja esos pensamientos, inútiles e irrelevantes ahora mismo. No encajan en el nuevo orden que en su mente se está creando.

La quiere viva. Ese pensamiento se siente más real.

No le permitirá llegar hasta Konoha…

.

.

.