Gabriel se empleó a fondo para curar las heridas de Dean, pero no sabía qué hacer con Sam, nunca lo había visto así.
Ambos hermanos despertaron a la vez, Sam no se movió, Dean se levanto al instante respirando con nerviosismo aun se creía encerrado en esa habitación, el collar aun rodeaba su cuello, intento arrancárselo.
-¡Para!- Grito Castiel haciendo que Sam reaccionara y comenzase a levantarse de la cama.
-¡Quitarme esto por dios!- Dean se sentía asfixiado, y tenía motivos, el collar rodeaba su cuello como una segunda piel.
-Dean- La voz de Gabriel sonaba tranquila, era el único que parecía mantener la calma en esa habitación.- No podemos quitártelo, es un hechizo, no es un "collar" Crowley te ha…
-"Domesticado"- Dijo Sam, haciendo que se diesen cuenta de que ya estaba despierto.
-Sí, algo así.- Continuó Castiel.- Ahora puede poseerte siempre que quiera, además de comunicarse telepáticamente contigo y…
-¿¡Y!? ¡No me jodáis! ¿Soy su perra? ¡Cas tú eres su hijo tienes que saber cómo quitármelo y…!
-Lo cierto es que no… Es la primera vez que veo a mi padre usar un hechizo como este y…
-¡Y no puedo salir así a la calle! ¡Es un puto collar de perro voy a parecer un sadomasoquista!
-¡Dean tranquilízate!- Le gritó Gabriel.- ¡Por si no te acuerdas ahora tu hermanito es algo así como un demonio!
-En realidad es un demonio con todas las letras.-Aclaro Castiel.
-¿Qué soy qué?- Se extrañó Sam que aun no estaba recuperado del todo, la habitación parecía dar vueltas alrededor suyo.
-¡Un demonio! ¿Estáis sordos o?- No quedaba ni rastro de la fingida tranquilidad de Gabriel.- Ahora todos me vais a hacer caso porque estamos jodidos, muy jodidos, jodidísimos, asquerosamente jodidos, jodidos has…
-Lo hemos pillado Gab.- Le cortó Dean.
-No, creo que no, porque vosotros nunca pilláis nada, no sabéis donde está el límite.
-¡Tú dejaste a Sam beber la sangre de demonio!
-¡¿Crees que hay una mínima posibilidad de que yo pueda "dejar" o "no dejar" hacer algo a Sam?! ¡Cuando no estás con él solo piensa en cómo recuperarte y le da igual porque medio!
-¡Eres un arcángel se lo podías impedir!
-¡Hizo un trato para sacarte del infierno! ¡¿Crees que había una mínima posibilidad de habérselo impedido?! ¡Ni mi Padre podría haberlo hecho!
El silencio se hizo en la habitación, todos querían decir algo pero ninguno lo diría, tenían que asimilar su nueva y difícil situación y, con un poco de suerte, encontrar la manera de salir de ella, sin que ninguno de ellos tuviese que morir, a ser posible.
Gabriel abrió la boca en un intento de romper el silencio, pero Dean se le adelanto.
-¿Puedo quedarme solo con mi hermano un segundo?
-No.- Respondieron Gabriel y Castiel al unísono.
-Sí.- Les contradijo Dean dejando en evidencia que nunca había buscado el permiso, solo les informaba de lo que iba a hacer.
-Estaremos aquí mismo, si algo se pone mal llámame.- Le dio su consentimiento Castiel, Dean asintió, Cas desapareció y con una mueca de disgusto Gabriel le siguió.
-Sam.- Comenzó a hablar.
-Dean.- Le respondió, Dean suspiro.
-Eres gilipollas.- Dijo con calma, Sam abrió la boca para responderle pero Dean no le dejo. -¿Un trato? ¿Un trato Sam? ¡En qué coño pensabas!
-No soy el primero de la familia en hacerlo.- Hizo rebotar la pelota.- Pero sí el que más tiempo ha conseguido, tres años.
-¿Ahora esto es un torneo familiar de regateadores? ¡Hay otras maneras! ¡Tenías que haberme dejado allí!- Dean fijó sus ojos sobre los de su hermano.- ¿Es qué no te enseñé nada?- Dijo bajando el volumen de su voz.
-¡Claro que me enseñaste Dean! ¡Me enseñaste todo!- Las emociones de Sam peleaban por poder salir de su boca en primer puesto.- Me enseñaste a arreglar un coche, a atarme los cordones, me enseñaste a caminar Dean, caminé hacía ti y nunca volví- Se llevó una mano a la cabeza y revolvió su pelo, no aguantaba la mirada de su hermano, no aguantaba que le mirase así.- tú escuchaste mis primeras palabras, me enseñaste a jugar al futbol, a ligar con las chicas, a saber cuando alguien se ha pasado de la raya y a partirle la puta cara, me enseñaste a vivir Dean.- Los ojos de Sam húmedos desde que había comenzado a hablar dejaron caer un par de lagrimas.- Y entonces me enseñaste a morir por quien más quieres.
Dean no pudo responder, no sabía que responder. ¿Tenía él algún derecho a echarle en cara a su hermano lo que había hecho?
-No tenías que haberlo hecho Sam, ¿cuánto te queda?
-Seis meses.
-¡Seis- Dean paró, se mordió el labio inferior, suspiro y termino su frase.- meses.
-Sí.- Respondió Sam, Dean se llevó una mano a la boca y pellizcó su labio inferior entre el pulgar y el índice.
-¡Vale chicos!- Gabriel apareció en la habitación.- ¡Siento interrumpir pero alguien viene hacía aquí!
-¿Qué?
A Dean no le dio tiempo a decir nada más, Gabriel los teletransportó en un abrir y cerrar de ojos.
-¿Dónde estamos ahora? ¿Quién venía? ¿Por qué no hemos luchado?-Las preguntas salían despotricadas de la boca de Dean.
-En Phoenix, no tengo ni idea, no estamos preparados y no sabemos qué puede pasar si Sam se pone a luchar ahora. –Le respondió Castiel que ya estaba esperándoles en su nuevo escondite.
Era una casa, no parecía antigua, pero si vieja, nadie había vivido allí en un tiempo, pero aun conservaba algún mueble.
-He protegido,-Comenzó a hablar Gabriel.- hemos protegido.- Le guiñó a Castiel.- La casa, por el momento los demonios no podrán encontrarnos aquí, y el poder del hechizo de Crowley debería estar bastante disminuido así que le costara por lo menos un par o tres días localizarte de nuevo.
-Oh, dos o tres días pues todo solucionado entonces.- Ni siquiera a Castiel le pasó desapercibido el sarcasmo de Dean.
-¿Tienes algo mejor Dean?- Le preguntó Gabriel, nadie respondió.- Bien, pues empecemos a hacer algo útil.- Miro a los Winchester.- Se que no estáis acostumbrados, no os preocupéis solo tenéis que hacerme caso.- Movió la cabeza.- ¡Vaya! Otra cosa que no sabéis hacer.
-Creo que así no vamos a conseguir nada Gabriel.- Intervino Cas.- Tenemos que estar unidos, tenemos dos grandes problemas, varios pequeños, uno gigante y al Hambre a punto de aparecer, si no lo ha hecho ya.
Todos fueron a hablar pero Castiel no les dejo.
-Los grandes problemas son que Sam es, o ha sido, un demonio, y que Dean tiene un hechizo por el cual mi padre puede poseerle y matarnos a todos cuando le dé la gana, los pequeños son los demonios y los ángeles, he de decir que estoy muy sorprendido por que no hayan bajado a rescatarte cuando padre te secuestro, al fin y al cabo eres el recipiente de Miguel, aunque no te guste, y como todos sabéis el gigante es Lucifer, a lo cual he de decir que es extraño que no haya vuelto a hacernos una visita, por lo que debe estar bastante ocupado con otras cosas, y eso es bastante malo.
-Val…- Dean comenzó a hablar Castiel volvió a cortarle.
-Lo primero va a ser dividirnos, Gabriel puede buscar un contra-hechizo para deshacer el del collar que llevas Dean, y yo comprobare si Sam sigue siendo un demonio y si es así -Puso sus ojos en el chico.- como "devolverte" a tu estado de humano inicial.
Sam recordó la primera vez que lo habían intentado desintoxicar, Dean también lo recordó, más les valía que esta vez fuese bien.
-Dean tu ayuda a Gabriel a buscar una solución para lo tuyo, creo que lo mejor es que no estés mientras hago las pruebas a Sam, además ya habéis discutido bastante por hoy.
Nadie se atrevió a contradecir a Castiel, había decidido ponerse al mando y no iba a tolerar ninguna reprimenda, contradicción o mueca cerca de él, tenían que moverse rápido, él lo sabía mejor que nadie, había visto actuar a su padre y si había puesto ese collar a Dean tenía una buenísima razón, tenerlos vigilados, también había visto almas convertirse en demonios y si eso le había pasado a la de Sam sabía que no había forma humana de anularlo, claro que él no era humano.
El grupo se dividió Gabriel se teletransporto junto a Dean, que por primera vez no se quejó lo más mínimo por ello y Castiel desapareció unos instantes antes de volver a aparecer en la sala.
-Esto va a dolerte Sam, va a dolerte mucho.
-No pasa nada, lo soportare.
-No, sí que pasa, no podrás soportarlo, no tienes que soportarlo, tienes que rendirte.
-¿Qué?
-Voy a entrar en tu cabeza, voy a buscar lo que más te duele y lo voy a usar contra ti.
Castiel no dejó responder a Sam, le miró a los ojos y una luz comenzó a salir de ellos, Sam contuvo el aliento, pronto dejo de notar el aire en sus pulmones, su corazón parecía no latir, cuando Castiel salió de su cabeza Sam tuvo que usar toda su fuerza para no desmayarse.
-Vaya.- Murmuró el ángel.- Parece que hay material de sobra.- Sonrió mirando a Sam.- Tu vida es una gran mierda ¿eh?- Se rió.
-¿Eso es todo?- Le contestó Sam.
-No, claro que no, eso era una opinión personal, solo lo comentaba, ni siquiera he tenido que entrar en tu mente para saberlo, me ha servido con el tiempo que he estado con vosotros.-Castiel se encogió de hombros.- Nadie confía en ti, ni tu hermano, ni Gabriel, ni siquiera tú, y por su puesto nunca llegaron a hacerlo, ¿sabes qué? Me he hecho un buen amigo de Dean estas semanas atrás, antes de que descubrierais quien soy y todo eso.
-Lo sé.- Castiel movió la mano y la boca de Sam se cerró.
-No puedes hablar , que desconsiderado, siéntate por favor.- Atrajo una silla que le dio un golpe a Sam obligándole a sentarse.
Este abrió la boca, una sola mirada del ángel del infierno hizo que reprimiese sus palabras.
-Dean me contó muchas cosas sobre ti, ahora resulta que yo soy quien puede contarle cosas sobre ti.- Se encogió de hombros.- Nunca te has sentido querido ¿Verdad? Bueno, estabas en lo cierto.- Sonrió.- Nunca ha sido querido, tu madre murió por tu culpa ¿Cómo iba ella a quererte? Papá te odiaba, nunca le hacías caso, el amor de su vida había muerto por tu culpa y tenía que cargar con dos niños por, tu, culpa.- Canturreo las últimas tres palabras.
Sam reprimió volver a hablar.
-No dio su alma por Dean, dio su alma por no tener que volver a verte más. Hablando de Dean ¿sabes quien más te odia? Él, todas las noches, todas y cada una de ellas se arrepiente de haberte ido a buscar a Stanfor.- Sonrió de nuevo.
Sam tragó saliva intentó levantarse, pero Castiel no le dejo, lo ató "mágicamente" a la silla y se acuclilló frente a él mirando directamente a los ojos.
-Él te odia, te odia mucho más que cualquier otra persona, te odia más que Miguel, más de lo que yo te odio, más de lo que mi padre te odia.- Sam intentó apartarle la mirada, Castiel le agarró la cara y le obligó a mirarle.- Te odia por no dejarle libre, por tener que ser tu niñera, por tener que soportarte.
Su voz cesó por un instante, Sam creyó que iba a tener un descanso, pero no fue así, el ángel de la oscuridad volvió a la carga.
-Todos los días me repite "Ojala Sam hubiese muerto en el incendio, mi vida sería mejor" ¿y sabes qué más? Así el mundo no estría a punto de acabar.
Castiel soltó a Sam y se levantó.
-¡Oh! ¿Pero sabes que es lo mejor?- Por un momento pareció que Castiel estaba esperando una respuesta a esa pregunta, por un momento Sam pensó en responder y lo más triste es que si lo hubiese hecho habría acertado.- Lo mejor es cómo quieres tú a todas las personas que te odian ¿No es hermoso? Adorabas a tus papas, no hablemos de Jessica, el amor de tu vida, hasta que murió por tu culpa.-Movía la cabeza de un lado a otro mientras hablaba, Sam no podía ver otra cosa más que diversión en sus ojos.
-Eres un hijo de puta.-Masculló Sam, Castiel fingió no haberlo oído.
- En realidad todos mueren gracias a ti.- Miro al techo antes de acuclillarse frente a Sam de nuevo.- Pero sé lo que de verdad te duele, se tu punto débil, ni tus padres ni el fin del mundo, no, eso lo tienes "asumido", lo que de verdad te duele, lo que nunca jamás te perdonaras, lo que nunca jamás será perdonado para ti es haberle fallado a él.
Sam volvió a quitarle la mirada, Castiel se rió, con ambas manos obligó a Sam a mantener la cara a pocos centímetros de la suya.
-No soportas las veces que le has fallado, haberle abandonado tantísimas veces, no soportas ver como él haría todo por ti y a cambio lo único que tú haces es caer una y otra vez, en los brazos de chicas demonios, de la sangre, del lado del pecado, por eso yo no puedo hacerte ni la mitad de daño que él, así que ahora le toca hablar a él contigo.- Una media sonrisa iluminó la cara de Castiel cuando Dean apareció en la habitación a su lado.
-Dean.- La respiración de Sam se aceleró, no podía soportarlo más, seguro que le sacaría de allí.
-Cállate.- Dean pegó un puñetazo a su hermano, Sam escupió sangre.
-Adelante.- Le cedió la palabra Castiel.
-Una parte de mi está deseando que los dos digamos que "Sí" ¿Sabes para qué? Para poder matarte, porque es lo que llevo queriendo hacer desde hace tanto, tanto tiempo que ni me acuerdo, di mi alma por ti maldito hijo de puta, y ¿Qué conseguí a cambio?- Dean sonrió.- Nada.-La boca de Sam seguía llenándose lentamente de sangre.
Dean no paraba de pasear por la habitación, Sam miraba al suelo como si eso le impidiese oír lo que su hermano decía, pero eso era imposible, Castiel se había apartado saliendo del campo de visión de Sam.
-Eres un monstruo, una decepción.- Sam tragó saliva con sabor a hierro.
No controlaba su cuerpo que con cada puñalada de Dean daba un espasmo, todas estaban acertando de pleno en el blanco, todas estaban dejando su marca sin piedad alguna.
-"Almas gemelas"," compartís un cielo" ni si quiera creo que compartamos sangre, no eres mi hermano.- Se acercó a Sam y parado frente a él continuó su discurso.- Estoy cansado de fingir, fingir que vuelvo a creerte, fingir que puedo confiar en ti, fingir que no quiero que estés muerto, fingir que no quiero matarte, fingir que no prefiero ir al infierno antes que compartir el cielo contigo.
Sam escupió sangre y se levantó rompiendo la atadura mágica de Castiel, levantó la mano y tiro a Dean contra la pared, se puso frente a él, Castiel sonrió, al parecer la superficie no le había ablandado tanto como su padre creía, sabía que no había perdido práctica.
-Sabes Dean.- La cara de Sam hacía pequeñas muecas.- Lo daría todo por ti ¡Todo!- Comenzó a estrangularle.- Pero si prefieres volver al infierno.- Sus ojos se volvieron completamente negros.- No tienes de que preocuparte, yo mismo te enviare sin ningún problema.- Castiel se acerco poco a poco a él.
-Basta.- Dijo, Dean se reía mientras era asfixiado.-Basta.-Repitió Castiel.
Sam no hizo caso, la risa de Dean se entrecortaba por una tos profunda que indicaba que su aliento se acababa, eso no paró a Sam, tampoco las carcajadas de Dean cesaron, Sam ya no era más Sam, su boca formó una sonrisa, la risa de Dean cesó y cayó al suelo sin respiración, entonces Sam comenzó a reír.
-Has matado a Dean.- Le informo Castiel después de unos segundos, Sam miro extrañado a Castiel y se arrodillo junto al cadáver de su hermano.
-He matado a Dean.- Sam parecía estar recuperando la conciencia.
-Sí.
-Él prefería morir a estar conmigo.
-No.
-Pero…-Sus ojos volvieron a la normalidad y las lágrimas comenzaron a brotar de ellos.
-El mejor torturador nunca se mancha las manos.-Respondió Castiel, Sam se levantó lentamente y ladeó la cabeza, tiró al ángel contra la pared con tanta facilidad como si de una hoja de papel se tratase.
-¡Has hecho que mate a Dean!- Parpadeó y sus ojos volvieron a verse negros, solo había una pequeña diferencia, ahora Sam era completamente consciente de lo que hacía.
Su respiración era acelerada, su pecho subía y bajaba arrítmicamente, con profundidad, quería matar a Castiel como jamás había querido acabar con nadie, a excepción de sí mismo.
-Sí y esta vez para siempre.-Respondió.- Ya no tienes alma que vender.
