El Brillo de los Recuerdos
El agua de la fuente caía produciendo
un sonido suave y musical. Una glorieta, llena de jazmines, hacia
sombra sobre el banco que la señora Callajan ocupaba cerca del
rosal.
-Es un día precioso...no lo crees Kate?- me interrogó
risueña.
-Por supuesto señora- contesté mientras regaba las
rosas a su lado.
-Ya que estas en eso, por favor corta algunas
flores para la mesa de esta noche. ¿Has invitado a Jasper,
cierto?
-Si..
Sonreí sonrojándome un poco, como cada vez que
alguien mencionaba mi reciente romance con él. Corté varios tipos
de flores, reuniendo una importante cantidad de rosas, camelias y
crisantemos en una canasta. Luego se las daría a Lucy para que las
distribuyera en el recibidor y el comedor.
-Sabes querida, me
agrada mucho ese hombre. Es educado, culto, rico y más que apuesto.
Pero me entristecería mucho perderte. No eh gozado de tu compañía
mas que dos años- dijo entonces en tono melancólico la señora.
Me
incliné a su lado y tomando sus manos las besé.
-¿Quién dice
que me perderá? Incluso en el supuesto caso de que termine casándome
con Jasper,
nunca dejaré de visitarla, usted es lo mas parecido a una madre que
tengo.
-Mas bien una abuela, querida- replicó riéndose- si
fueras mi hija tendrías treinta y no diecisiete.
Me besó en la
frente y yo continué con mi labor. De repente me herí un dedo con
la espina de una rosa. Una gota de sangre, rojo carmesí, resbaló
por el anular. Me apresuré a chuparla para que no manchara mi
vestido blanco. Oxido y agua.
-Cómo pude Jasper
comer esto?- pensé.
De pronto un pinchazo mas fuerte y doloroso
se hizo presente en mi brazo derecho. Pegué un salto, asustada. Abrí
los ojos y mire a mi alrededor. Jasper
no estaba a mi lado. La ventana estaba cerrada, como la anoche
anterior. ¿Acaso había sido solo un sueño?. No, mi imaginación no
daba para tanto. Recogí las piernas y me abracé las rodillas, medio
dormida aun. Entonces volví a sentir una punzada, esta vez en el
muslo. Tantee la cama para ver que me estaba lastimando y encontré
una nota adherida con un alfiler a mi almohadón. Escrita con tinta
roja y una letra un tanto cuadrada.
"Se que es un fastidio
dormirte acompañada y despertar sola. Pero debía salir, tengo que
hablar con nuestro visitante de anoche. Prometo que regresaré
pronto. Te amo. Jasper"
Sonreí
y guardé el papel en la caja destinada a recuerdos, cartas y esas
cosas. Me entretuve revolviendo su contenido. Tenia fotos de mis
amigas y familia, cartas de mi abuela y algunos de mis primeros
dibujos y cuentos. En una hoja perfumada un diálogo me llamó la
atención. No era muy original y estaba escrita con muchos errores
ortográficos. Dos niños se declaraban amor eterno. Era el nombre de
los personajes lo que me parecía extraño. De miedo. Catherine y
Jasper.
Era vieja, de cuando tenia unos 8 años. Probablemente Sthepenie
Meyer ni siquiera soñaba con escribir Crepúsculo. ¿De donde había
sacado ese nombre?. Ese hallazgo significaba que Jasper
tenia razón. Él en realidad nunca estuvo en Crepúsculo. Había
sido una proyección de mis recuerdos. De mi pasado. Y por lo visto
la proyección no solo afectaba mi percepción de la historia. Sino
también la de mis amigas. ¿Acaso les había metido en la cabeza la
misma ilusión?
Lo consideré valido. A fin de cuentas, si yo
salía con un vampiro, ¿por qué no podía tener algo especial
también? Lo había tenido, de hecho. Kate podía ver el futuro. Tal
vez al volverme Karina se había vuelto al revez.
Ella veía lo
que iba a ocurrir, y yo... veía lo que había pasado.
Entonces
recordé mi sueño. No estaba viéndolo difusamente, o desde fuera de
mi cuerpo, como solía pasar. Podía oler las flores y la hierba
mojada. Sentí el beso de la anciana y el pinchazo de la espina. Pero
no era el hecho de recordarlo lo que me sorprendía, ya había
recordado muchas cosas, lo distinto era que ya no eran simples
retazos. Tenia la extraña sensación de cuando lees un libro muchas
veces y puedes recitarlo al dedillo. Sabia, y podía ver en mi mente
sin ningún esfuerzo, que después de eso acompañe a la señora a la
modista y mas tarde me arregle para la cena. Recordaba incluso que en
esa cena Jasper
salió al jardín a hablar con la señora. Y cuando entraron
nuevamente él tenia un brillo de pura satisfacción en los ojos.
Sin
embargo el resto seguía en las sombras. No tenia nada antes del
jardín y después de la cena.
Unos golpes suaves en la puerta me
sacaron del embrollo. Sonreí a mi hermana mayor, que estaba de
visita ese día. Tenia unos 10 años mas que yo, y varias veces había
actuado de madre sustituta, en las ocasiones en que tenia algún
problema que no le pudiera contar a mi verdadera madre. Al pensar en
eso sentí una rara melancolía por Kate, que había quedado huérfana
al nacer.
-Karina, esta tarde voy a ir a la playa con Clara, te
gustaría acompañarnos?
-Si! Que divertido. A que hora
Andy?
-Salimos a las 4. Son las doce y media así que veni a comer
y después juntamos las cosas.
Esa tarde, antes de salir, deje
bien a la vista sobre mi escritorio una frase en mi diario. "Me voy
a la playa! Andrea se merece una estatua. No se hasta que hora, pero
espero que no muy tarde...tengo que contarle algo a un zorrito".
Esperando que si Jasper
regresaba la leyera y no se preocupara sin motivo por mi paradero y
supiera que había descubierto algo.
Mientras íbamos a buscar a
su amiga. Le comente a mi hermana que estaba enamorada de alguien.
Festejamos con algunas risas y bromas y me interrogó acerca de ese
hombre. Por suerte ya había establecido un nombre falso para
Jasper.
Una
cuadra antes de llegar a la casa de Clara, Andy me pidió que
comprara jugo en una estación de servicio de la esquina. Me dejo ahí
y continuó un poco mas para buscar a Clara. Me entretuve mas de la
cuenta decidiendo el sabor del jugo y ojeando una revista. Cuando
estaba pagando sentí como la puerta del local se abría. Pero cuando
mire de reojo no vi a nadie entrar. La cajera me entregó el vuelto y
mientras ponía las cosas en una bolsita de papel sentí que alguien
me tiraba de la falda.
-Karina....dice mi tía Andrea que
vamos...
Cuando miré hacia abajo mi corazón se detuvo por unos
segundos. Parada junto a mi estaba una niña, de alrededor de cuatro
años, de cabellos rubios y grandes ojos castaños. Me miraba
atentamente, esperando una respuesta.
-Que..?- balbucee
confundida.
-Dice mi tía Andrea que vamos....-repitió un poco
ofuscada.
-Sofía, Karina, vamos ya...
Levanté los ojos de la
niña y vi a mi hermana apurándome con las manos. Sofía tomo la mía
y me arrastró al auto.
-Karina, ella es mi hija Sofía- me dijo
Clara .
Una vez adentro la contemplé de arriba abajo con
extrañeza. Tenia la certeza de haberla conocido antes. Tenia la
sensación de que no se llamaba Sofía. Tenia unas enormes ganas de
abrazarla. ¿Por qué?. De repente ella se volvió a mi y me sonrió.
Entonces perdí la noción del tiempo y el espacio.
Mis ojos se
nublaron y el interior del auto fue remplazado con un campo verde.
Algunas florcillas blancas se mecían al viento. Mi mano se movía
con dulzura sobre mi vientre. Entonces este comenzaba a crecer, se
estiraba, se hacia redondo.. Cuando volví a mirar tenia a una niña
en mis brazos. De hermosos rizos dorados y grandes ojos color caoba.
Nariz pequeña, como la mía, y de mente brillante, como su
padre...Jasper.
Esa imagen desapareció tan súbitamente como había llegado, y en
cambió vi mi reflejo en un antiguo espejo, mi cabello era negro y
rizado, y el medallón que Jasper
me regalara pendía sobre mi vestido de flores. Kate, mi reflejo,
sonreía feliz y murmuraba el nombre de Liz Whitlock para si misma.
Parpadeé un par de veces y enseguida regresé a la realidad. Nadie
se había dado cuenta de mi desconexión. Andrea y Clara charlaban
adelante y Sofía jugaba a mi lado en el asiento trasero. Había
tenido una visión de una visión. El recuerdo mas complejo que había
experimentado. Kate, en algún momento después de cumplir
diecisiete, estaba sentada arreglándose y había visto un futuro tan
dulce que había quedado grabado en mi inconsciente también. Kate y
Jasper
iban a tener una hija, Elizabeth Whitlock. Sofía se parecía a la
niña de la visión de Kate. Por eso había desencadenado sin querer
ese recuerdo en mi.
-¿Por qué me miras tanto tía Karina?-
inquirió la pequeña.
-Es un secreto- dije susurrando contra mi
índice- te pareces a alguien que conocí hace mucho, mucho
tiempo.
Pasé toda la tarde jugando con Sofía. Llamándola varias
veces Liz. Abrazándola. Riéndome con picardía pensando en cómo se
lo diría a Jasper.
Porque Kate jamás se lo había dicho. Elizabeth era un secreto que
mi encarnación pasada se guardaba muy bien de rebelar. Un secreto
que lamentablemente se había llevado a la tumba. Antes de concebirla
aun, antes de que ese tierno futuro se transformara en
realidad.
comenteeen!! las quiero!
