Hola, hola
Aquí de nueva cuenta con el sig. capi. que ya lo tenía preparado y que según yo, ya estaba en línea, ya iba a subir el capi 10 cuando me di cuenta jajajajajajjaj que manchada me vi XD
Bueno, pues aquí está, disfruten y pues pronto tendrán el capi 10 para leer :D
Llegamos a la casa y me fui a cambiar, ella se encerró en su cuarto y Edward siguió practicando. Decidí que debía hablar con Margaret lo más pronto posible. Terminé de cambiarme y fui a hablar con Edward. Él ya se encontraba frente al piano.
-Estás seguro que es buen momento para hablar con esa? - Presionó una de las teclas del piano.
-No pierdas la compostura Edward. Creo que no quedó finalizada nuestra conversación en ese momento. Debo terminarla ahora. Te encargo a Esme, si pregunta por mí, dile que fui a dar un paseo. - Abrí la puerta para salir.
-Está tejiendo.
Me detuve un segundo.
-Me gustaría verla haciendo eso, se debe de ver hermosa y dulce.
Su hijo iba a ser muy feliz a su lado, de eso no cabía duda.
- Te veré después. Salí de la habitación y me dirigí a la puerta.
Salí a la calle y me percaté que no había gente, la casa de Margaret no estaba lejos, me demoré un segundo en llegar a ella. Llamé a la puerta y una sirvienta apareció, se extrañó por un segundo pero inmediatamente cambió la cara.
-Buenas noches, busco a la señora Stevens. - Hice una pequeña reverencia.
-Quién la busca? - Parecía ansiosa de saber mi nombre.
-Carlisle Cullen. - Escuchó mi nombre y me dejó pasar.
Nos dirigimos a la sala.
-Espere un momento aquí, siéntese por favor. Gustaría algo de tomar?
-No gracias.
Ella se entristeció un poco y se retiró. Esta era la segunda ocasión que entraba a esa casa, todo permanecía igual.
-No quiero que nadie se aparezca por la sala, entendiste?
Escuché que Margaret le pedía sutilmente a la sirvienta privacidad para nosotros.
Demoró un poco pero finalmente apareció. Traía una bata abierta permitiendo ver su camisón escotado, estaba maquillada y su cabello lo había cepillado. Parecía toda una actriz. Lo único que arruinaba todo el conjunto, era el moretón en la cara.
-Carlisle! Qué alegría verte. - Con paso apresurado se acercó a mí, tanto, que pude sentir su cuerpo pegado al mío.
Me separé y me senté en uno de los sillones.
-Buenas noches Margaret. Disculpa que te haya sacado de la cama, pero he venido a hablar contigo sobre algo delicado.
Ella se puso un poco rígida por un instante, pero logró componerse y se sentó a mi lado. Su perfume era demasiado fuerte, me lastimaba un poco la nariz.
-Y, de qué quieres hablar? - Apoyó la barbilla en mi hombro.
-Sobre un rumor acerca de Esme y yo.
Ella permaneció en la misma posición.
-Ah, ese rumor. Me sentí muy mal de saber que eran amantes. - Fingió una cara de tristeza.
-Margaret, sé que has sido tú la que inició esto. Estás afectando a Esme y a mí también. - La miré serio.
Se dibujó una gran sonrisa en su rostro. Me extrañé por la reacción.
-Así que también crees que he sido yo la que empezó todo eso. - Se puso de pie y me dio la espalda. - Cómo puedes acusarme de tal cosa?
-Margaret quiero que detengas esto, los patrocinadores han comenzado a llamar a la universidad para cancelar sus donaciones. - Me iba a poner de pie pero escuché una risa por lo bajo que comenzó a sonar cada vez más fuerte.
Ella giró y me miró, estaba justo frente a mí.
-Vaya, quién lo diría...
No entendía nada. Ella se sentó encima de mí, me abrazó y me susurró al oído.
- …tú rogándome. Carlisle, tendrás que hacer algo más para que te pueda ayudar. - Me besó el cuello.
No soporté y la tiré a un lado del sillón, no utilicé mucha fuerza ya que no quería lastimarla. Ella seguía sonriendo a pesar de mi reacción.
-Margaret, qué sucede contigo? - A pesar de todo, tenía la esperanza de que ella no se comportara como lo estaba haciendo en ese momento.
-Carlisle, sólo te pido una noche. - Comenzó a quitarse la bata, se podía ver el camisón blanco de tirantes, con su mano izquierda subió el camisón lentamente para descubrir sus piernas.
-Basta! - Me acerqué y la sostuve por lo brazos. - No puedo permitir que te rebajes de esta manera. - Sentí pena por ella.
-Sabes que te deseo desde hace mucho, te dije lo que sentía y me rechazaste. Me has orillado a esto. - Me acusó.
-Margaret lo lamento tanto. Perdona que no pueda corresponderte ni hacer lo que me pides. - Mi mirada era de súplica. - Por favor, tienes que desmentir todo esto. Puedes pedirme cualquier cosa excepto una relación amorosa contigo.
Ella pareció enojarse.
-Suéltame!
No dudé en hacerlo. Se puso de pie.
- No puedo hacer nada por ti. - Ella se acercó y me miró, sus ojos estaban vidriosos. - Carlisle, yo soy mejor en la cama que ella. Te lo puedo demostrar, sólo dame una noche.
No podía seguir escuchando todo eso. Me alejé de ella y me dirigí a la puerta.
-Lamento haber escuchado todo esto. - La miré de reojo.
-Tú lamentarás esto. Ya todos saben que está embarazada.
No me pude mover, sentí que una fuerza invisible me tenía atrapado.
- Todos creen que eres el padre.
Hice un gran esfuerzo para voltear a verla, ella tenía una sonrisa pícara. Recordé cuando ella llegó al consultorio y tenía a la vista los papeles de Esme. Cerré los ojos y lamenté no haberlos guardado a tiempo.
-Pero qué es lo que has hecho Margaret? - Me llevé una mano a la cabeza.
Todo eso era un total desastre. Margaret se acercó y tomó mis manos, no le importó que estuvieran frías.
-Tranquilo.
La miré esperando que viera toda la pena que me embargaba en ese momento, ella me acariciaba el pelo y el rostro.
- Todo estará bien, la solución la tienes en tus manos. - Tomó mi rostro con ambas manos e hizo que la mirara directamente a los ojos. - Debes hacerlo si quieres limpiar su reputación y la tuya. – Nos miramos por unos segundos. Por fin tomé mi decisión.
-Este lado tuyo no lo conocía y me apena conocerlo. Podrías ser una mejor persona si lo desearas. – Quité sus manos de mi cara. – Si no deseas solucionar esto, lo haré a mi manera.
Ella comenzó a hiperventilar.
-Adiós Margaret. – Abrí la puerta, ya había estado en ese lugar por mucho tiempo.
-Ya sabes lo que puedo hacer y puedo hacer más. Piénsalo antes de poner un pie fuera.
Sentí lástima por ella. Salí y cerré la puerta.
– Carlisle! – Gritó tan fuerte que cualquier persona que hubiera pasado por la acera de enfrente, la hubiera escuchado.
Caminé sin ninguna prisa, la calle estaba solitaria. La universidad había quedado en segundo plano, ahora me preocupaba demasiado el hecho de que todos supieran que Esme estaba embarazada y lo irónico es que pensaban que era mío. Qué daría yo porque así hubiera sido. Llegué directamente al consultorio.
-Edward, las cosas han empeorado.
Me dejé caer sobre mi silla frente al escritorio y Edward apareció. No pude evitar recordar todo lo que acababa de ocurrir, cuando levanté la mirada, Edward tenía los ojos como platos y estaba muy tenso.
-No puedo callarme esto Carlisle, pero me gustaría acabar con ella aunque no tomaría su sangre, me daría demasiado asco. – Asentó las manos en el escritorio, éste rechinó con fuerza.
-Debemos concentrarnos en encontrar una solución a esto. – Trataba de convencerme a mí mismo de que existía una solución. – Debemos reunir a todos para explicar este malentendido. Quizás no tengamos que esperar a que todos los patrocinadores hablen, nosotros les hablaremos.
-Entonces hay que decirle a la secretaria del decano, que se ponga en contacto con todos ellos. – Él estaba muy pensativo, quería encontrar soluciones, al igual que yo. – Carlisle, qué sucederá si esto no funciona? – Me miró serio.
-No tenemos opción, nos iremos y Esme vendrá con nosotros. La llevaremos al otro lado del país o del mundo si es necesario. – No podíamos dejarla, ella era la más afectada con todo eso.
-Estoy de acuerdo contigo. Ahora, debo irme. Te veré mañana.
Asentí y se fue.
No tenía muchos ánimos de estar en el consultorio, pero decidí no dejarme vencer por ese problema. Aún me sentía culpable de que Margaret se haya enterado del embarazo de Esme. No quería que fuera señalada.
Luché contra las horas para que el tiempo pasara, al amanecer volví a ver a Edward, cazamos antes de ir a la universidad, no cacé mucho, la sed no era tan intensa, de hecho, era casi nula. Llegamos a la universidad y me dirigí a mi cubículo. Al entrar vi un cuaderno que era de Louis, eso me recordó que ella estaba suspendida; ella también me preocupaba. La iría a ver para saber cómo estaba.
A mitad del día fui a ver a Jane. Ella estaba atendiendo una llamada cuando llegué, terminó rápido y colgó.
-Buenos días Jane. – Sonreí lo más casual posible.
-Profesor Cullen, buenos días. Lamento decirle que han hablado seis patrocinadores más. Me temo que seguirán aumentando las llamadas. – Puso cara de pena.
-Lo imaginaba, por eso, necesito que cite a todos los patrocinadores para el mismo día y hora. – Nuevamente usé la persuasión. – Podría hacerme este otro favor?
Jane sólo alcanzó a asentir.
– No sé qué haría sin usted Jane.
Se sonrojó ante el halago.
Salí de la oficina y me dirigí a mi siguiente clase.
Las clases continuaron de manera normal, los maestros no me dirigían la palabra, sólo me miraban con aire reprobatorio, no importaba, ahora la gente importante eran los patrocinadores. Más tarde nos dirigimos a casa, preferí ver a Louis después de ver a Esme, sabía que iría al bufete de abogados, esperaba que no tuviera problemas ahí aunque su amiga Katherine no le había afectado el rumor, estaba seguro que ella debió explicarle cómo estaba la situación.
Llegamos y ella no se encontraba, ambos sabíamos lo que estaría haciendo así que no nos impacientamos, Edward fue a tocar el piano, yo traté de prestar atención a la melodía que tocaba, llegó a una parte donde se escuchaba triste, me preguntaba qué estaría pensando cuando la escribió. El ruido de un coche interrumpió la música. Edward estuvo junto a mí en un instante.
-Es ella... pero está acompañada. - Frunció el ceño.
-Es muy amable Katherine al traerla. - Me puse de pie.
-No es Katherine, es un hombre.
No me esperaba que un hombre acompañara a Esme. Mi curiosidad fue tan grande que se asomé por la ventana.
Estaban frente a la casa, no pude evitar pensar en una pareja que se despedía. Conversaban sobre Edward y yo, sobre lo preocupados que estaríamos.
-Sí, espero que no estén preocupados, especialmente Edward, es sobre protector conmigo. Carlisle... Carlisle es un poco más sereno.
Ese comentario me dolió, si tan sólo supiera… pero no había otra opción.
-Yo también estaría preocupado. Eres muy especial y delicada, no soportaría saber que te ha ocurrido algo. - Tomó su mano, sentí que algo dentro de mí crecía, era la misma sensación cuando había sentido celos de Edward, pero ahora era mucho más intenso.
-Carlisle, creo que es mejor no seguir escuchando y mucho menos viendo. – Edward se acercó y tocó mi hombro, yo lo miré de reojo. Eso ayudó a tranquilizarme un poco, probablemente rompería algo sin querer.
-Cierto, esto es de mala educación.
-Buenas noches Esme.
Miré por última vez, vi besarle la mano. Los celos invadían todo mi cuerpo. Un gruñido escapó por mi boca, Edward me sostuvo fuertemente para no salir a enfrentarlo.
-Carlisle, estás perdiendo el control. - Me jaló más fuerte he hizo que lo mirara. - Ella... ella tiene toda la libertad de estar con quien quiera. No debemos olvidarlo.
Respiré varias veces. Los celos persistían, aunque otro sentimiento estaba saliendo a flote.
-Iré al consultorio. Estaré bien.
Edward me miró dubitativo, pero después de varios segundos me soltó.
-Estaré cerca por si se ofrece algo. - Se dirigió al cuarto de música pero me dirigió una mirada antes de entrar.
Estuve en el consultorio en un santiamén. Abrí la llave del baño y me lavé la cara varias veces. Los celos se habían ido, pero ahora un gran dolor en el pecho y en el cuerpo me devoraba. No sabía cómo interpretar lo que había dicho Edward, me daba miedo pensar que ese hombre estuviera interesado en Esme y viceversa. Si era así, definitivamente la había perdido.
Escuché que entró a la casa. Me lavé la cara por última vez y me senté frente al escritorio. No quería que ella me tomara desprevenido si es que llegaba al consultorio.
Sus pasos se alejaron y noté que fue hacia el cuarto de música, ella le preguntó por mí. Edward le dijo que me encontraba en el consultorio. Sus pasos se acercaron hacia la puerta y abrió. Puse la mejor cara que pude para que no sospechara.
-Buenas noches Carlisle. Siento la demora, nuevamente. - Estaba apenada.
-No te preocupes. Me alegra saber que no estás en casa aburriéndote. Qué tal estuvo tu día? - Pregunté de manera casual. Quería saber todo lo que había hecho con lujo de detalle.
-Será un trabajo de varios meses, será interesante.
Esperaba que no estuviera refiriendo al hombre que la había acompañado. Me controlé lo mejor que pude.
-Sólo te recomiendo que no hagas ningún esfuerzo. Podría ser perjudicial para el bebé.
Ella tocó su vientre.
-Yo sólo dirigiré, habrá gente que se encargará de mover y cargar todo. Gracias por el consejo. - Se acercó y se sentó frente a mí.
Ver de cerca su rostro y sus ojos, me calmaban ya que toda mi atención recaía en ella.
- Algo interesante en la universidad?
Me resigné, no quería hablar del tema y no iba a forzarla.
-Es etapa de exámenes, tengo que prepararlos todos. Fuera de eso, todo está tranquilo por ahí. - Mentí para no hablar sobre el rumor, yo resolvería eso sin que ella supiera.
Ella bostezó.
- Creo que deberías descansar, debió haber sido un día bastante arduo.
Un mechón de su pelo apareció frente a su nariz, era el mismo mechón de esa vez cuando dormía en su cama. Nuevamente me tomé la libertad y lo acomodé detrás de su oreja.
-S... sí, tienes razón. La verdad es que estoy un poco cansada. - Se levantó y caminó hacia la puerta, me miró antes de salir. - Sabes... hay alguien que los quiere conocer, es del bufete. Quisiera saber si puede venir... aquí?
Me serené al 1000%.
-No creo que haya ningún problema, puede venir mañana si desea.
Quería conocerlo lo más pronto posible y saber sus intenciones hacia ella.
-Veré si está disponible mañana.
Ella ya estaba por salir, pero no pude evitar preguntar.
-Es la persona que te ha acompañado el día de hoy?
Se detuvo abruptamente.
-Eh... sí, se llama Anthony Goldsmith.
Reconocí el nombre en seguida, era uno de los socios del bufete. No era un patrocinador porque nunca se encontraba en la ciudad.
-Debiste hacerlo pasar. Me gustaría conocer a todos tus amigos, es decir, estaré más confiado al saber tu círculo de amistades. - Traté de no ponerme en evidencia.
-Lo haré la próxima vez. - Salió del consultorio.
Esperé a que subiera a su cuarto para salir de la casa. Otra vez corrí sin rumbo, el aire en el rostro se sentía muy bien, decidí cazar lo primero que encontrara, se atravesó un gran oso pardo y lo devoré. Estando satisfecho, recordé que visitaría a Louis, necesitaba distraer la mente en algo y ella me ayudaría.
Llegué a su casa y toqué el timbre. Mimí comenzó a ladrar, Louis se asomó por la ventana y abrió. Tenía a la perrita en los brazos.
-Louis siento molestarte a esta hora.
No era muy tarde, pero quizás ella ya se preparaba para dormir.
-Pasa, estaba aburrida, me has caído del cielo.
Entré y me condujo hasta la sala. Recordé el día del baile, esperaba que ella no se acordara del tema pendiente de ese día.
– Dejaré a Mimí en mi cuarto, realmente no entiendo por qué te ladra tanto. – Se dirigió al cuarto y la dejó ahí. Regresó y se sentó a mi lado.
-Quería visitarte, supe lo de tu suspensión. Realmente lo lamento.
Ella hizo una mueca, pero compuso la cara rápidamente.
-Sí, la verdad es que no sé cómo sucedió. Creo que nunca me había embriagado, es la primera vez. Quizás… quizás me regrese a Nueva York con mis padres. – Bajó la mirada hacia sus manos, me sentí mal de saber que se iría.
-No tienes que irte, todo esto pronto pasará y quedará olvidado.
Esas palabras resonaron en mi cabeza, parecía estar dirigiéndolas a mí más que a ella.
– Este fue un incidente sin tanta importancia. Pronto estarás en la universidad y todo seguirá igual. – La miré y sonreí ligeramente.
-Gracias Carlisle. Lo pensaré. – Sonrió forzadamente. – Sabes… me he enterado del rumor sobre Esme y tú. Es horrible. – Su expresión era de indignación.
Me sorprendió.
-Acaso tú no lo crees? – Quería saber lo que pensaba al respecto.
-Acaso debería? – Acercó su rostro al mío. – Te conozco Carlisle, es imposible que sea verdad ese rumor. Eres todo un caballero, si tuvieras una relación con Esme o alguien más, lo harías de la manera correcta. – Se cruzó de brazos y se dejó caer sobre el respaldo del sillón.
-Parece que la única que piensa así, eres tú. Eres una gran amiga, por eso te aprecio. – Sentí un gran alivio de que ella confiara en mí, aunque yo no fuera sincero con ella, por motivos obvios.
-Aún así, qué vas a hacer? Ese rumor ya lo deben saber todos en la universidad, de hecho, fue Anne quien me dijo acerca de ese rumor, estaba extrañada al igual que yo. No pude hablar contigo porque iba camino a hablar con el decano y después de eso, vine a casa.
-Bueno, estoy reuniendo a todos los patrocinadores para hablar con ellos. Desafortunadamente será hasta el jueves cuando podré verlos.
Ella puso cara de asombro.
-Los patrocinadores! No había pensado en ellos. Hay que convencerlos de que todo esto es mentira. – Se puso de pie. – Trabajaste mucho en conseguir todas esas donaciones. – Paseaba de un lado a otro frente a mí. – No puede ser posible que ahora todo ese esfuerzo se vaya a la basura por un estúpido rumor.
-Tengo la esperanza de que recapaciten. En fin, vine para saber cómo estabas, no vine a hablar de mí. – No quería seguir hablando del tema, me recordaba a Esme y no quería pensar en ella. – Te pido consideres no irte, nos harás falta por aquí.
Ella me miró, creo que debí haber elegido mis palabras, no quería que las malinterpretara.
-En serio crees que alguien me extrañaría? – Volvió a sentarse.
– Hay gente que te aprecia mucho. Además, eres una excelente maestra.
Era verdad, era muy querida en la universidad y enseñaba bastante bien.
-Tú… me extrañarías? – Se apenó por haber hecho la pregunta.
Yo sólo sonreí.
-Claro que sí.
Sus ojos brillaron.
-Entonces creo que estaré más tiempo por aquí. – Sonrió ampliamente. – Regresaré el jueves, puedo estar presente en la junta con los patrocinadores, así…
-Louis, me gustaría hablar con ellos a solas. – La interrumpí antes de que continuara. – Espero que no te moleste. – Ese era un asunto que tenía que resolver solamente yo.
Ella pareció entender lo que pretendía.
-Pero si cambias de parecer, avísame y con gusto estaré contigo. – Me guiñó el ojo.
-Lo haré. – Me puse de pie, era hora de irme. – Debo retirarme, ya es tarde. – Señalé con la mirada el pequeño reloj que había sobre la mesa de la sala.
Ella hizo un puchero, pero no le quedaba otra opción.
-Está bien. No queremos que surjan más rumores.
Caminamos hacia la puerta y ella la abrió.
– Gracias por venir a visitarme, la próxima vez espero hablar de cosas agradables y no de problemas. – Recargó su cabeza sobre la orilla de la puerta.
-Yo también espero lo mismo. Te veré el jueves en la universidad. – Salí de su casa y me despedí con un ademán. Cerró la puerta y esperé a que no se asomara por la ventana, para poder correr hacia la casa con velocidad.
Entré directamente al consultorio, me puse mi bata y esperé a que llegara algún paciente. Sólo se apareció una pareja, la mujer se había intoxicado con comida en mal estado. Le hice un lavado de estómago y le receté un par de medicamentos para que terminara de desintoxicarse. El resto de la madrugada preparé los exámenes que aplicaría en unas horas.
Más tarde Edward y yo fuimos a la universidad. Preferí visitar a Jane al terminar las clases, no quería pensar en ese asunto, quería concentrarme en los exámenes. Algunos fueron escritos y otros fueron prácticas. Saliendo de mi última clase, Edward se reunió conmigo y ambos fuimos a la oficina del decano. Jane miró a Edward y después a mí, no me gustó la expresión que puso.
-Profesor Cullen, tenemos un problema. – Fruncí el ceño y me acerqué a ella.
-Qué sucede Jane?
-Algunos patrocinadores no desean asistir a la reunión. No logré convencerlos, dieron miles de excusas para no venir.
No había considerado que no aceptarían.
– Cuántos se rehusaron?
-Siete.
Siete de ochenta, podía hacerles una visita personal a cada uno de ellos.
-Necesitaré sus nombres y domicilios para hablar con ellos personalmente.
-Le tendré la lista mañana antes de la reunión. Necesito averiguar algunas direcciones.
Me sentí bien de que ella voluntariamente se ofreciera a ayudarme.
-Vendré por ella antes de las doce. Estoy en deuda con usted Jane, espero algún día compensarle. – Quizás le enviaría un presente a su casa.
-Lo hago con mucho gusto. – Sonrió coquetamente.
Le devolví la sonrisa.
-La veré mañana. Gracias nuevamente.
Edward ya se encontraba del otro lado de la puerta. Salí y lo seguí.
-Realmente fueron diez los que no aceptaron venir, pero ella quiere volver a intentarlo mañana temprano.
Ahora más que nunca estaba decidido a compensarla.
-Espero que todo esto termine mañana, ya ansío verlos a todos. Limpiaré el nombre de Esme a como de lugar.
Esta vez quería conducir, así que subí del lado del conductor.
Llegamos a la casa después de una cacería rápida. Las luces estaban apagadas, creo que tenía que acostumbrarme a que ella ya no nos recibiera. Entramos a la casa y sentí su aroma. No comprendí el por qué de las luces apagadas hasta que la encontramos, yacía dormida en el sillón, sentí mucha ternura por ella. Edward encendió las luces. Estaba en una posición incómoda aunque su rostro reflejaba una sonrisa, debía tener un buen sueño. Miré el estambre y las prendas que había hecho, había un pequeño zapato amarillo y uno a medias.
Me incliné para despertarla. Más tarde sufriría las consecuencias de la posición en la que estaba si seguía así.
-Esme… - Le susurré al oído y me alejé ligeramente para ver si reaccionaba.
Giró su cabeza hacia mí, alcance a retroceder unos centímetros para que no rozara su rostro con el mío.
– Esme, Esme. – Toqué su brazo y sacudí muy ligeramente, no quería despertarla abruptamente. – Esme, despierta. – Por fin abrió los ojos.
-Carlisle… - Inspeccionó todo el lugar, al final me miró. – Me quedé dormida. – Su voz reflejó tristeza, al parecer si había interrumpido su sueño agradable.
-Deberías ir a tu habitación, te ves cansada. – Tomé la pequeña canasta con unos cuantos estambres y deposité los que estaban en el sillón. Tomé el pequeño zapato terminado y lo admiré. Comprendí que no me iba a ser posible verla crecer a su hijo. – Serás una excelente madre Esme. – Puse el zapato en la canasta. La miré y estaba llorando. – Qué sucede? Te sientes bien? – Esperaba que no tuviera algún dolor o molestia.
-Lo lamento, es la emoción por mi bebé. – Se limpió la lágrima y agarró la canasta que yo sostenía. – Yo llevaré esto. – Sonrió.
-Claro. – Solté la canasta para que la llevara.
-Iré a mi habitación. Quizás te vea más tarde. – Se quedó inmóvil un momento y sorpresivamente se acercó a mí y me besó la mejilla.
No sé cuánto tiempo pasó, estaba congelado en mi lugar, ella subió las escaleras, la seguí con la mirada hasta que entró a su cuarto.
Me senté lentamente en el sillón, la sensación de sus labios y su calor, seguían ahí. No sé si para ella significó algo, pero para mí significó mucho. La ternura que plantó en ese beso quedó impregnado en mi piel, qué decir de lo tibio que se sentía esa área de mi mejilla. Ese contacto nunca lo olvidaría, sería un recuerdo que llevaría hasta la eternidad.
Después de recuperarme de la experiencia tan maravillosa que me había hecho sentir Esme, busqué a Edward, fue muy silenciosa su manera de desaparecer. No lo encontré dentro de la casa. Desistí y subí a tomar un baño y cambiarme de ropa. Pasé junto a la puerta de Esme y no escuché ruido, seguramente estaba dormida.
Bajé al consultorio y me puse la bata, estaba de muy buen humor y pensé en la junta del día siguiente. Estaba muy optimista, arreglaría ese malentendido. Esa noche y madrugada no hubo pacientes. Realmente no me importó mucho, me sentía feliz y Edward lo notó cuando llegó.
-Te ves de buen humor, creo que nunca te había visto tan animado. – Sonrió extrañado.
-Me siento de maravilla. – Me quité la bata y me puse el saco.
-Eso lo podría notar a miles de millas de aquí. Me alegra que estés así. Supongo que estás listo para la reunión del medio día. – Me miró con suspicacia.
-Lo estoy. Todo gracias a ella. – Abrí la puerta y salimos al garaje.
Cazamos junto al acantilado, afortunadamente encontré varios alces de edad madura, la suerte me sonreía, cacé tres en total, sentí que estaba más que satisfecho. Todo estaba yendo bien, demasiado bien.
En la universidad todo estuvo tranquilo, faltaban veinte minutos para las doce. Fui a la oficina del decano para ver a Jane, la cual se sorprendió mucho al verme.
-Profesor, que bueno que ha llegado. No creerá lo que ha ocurrido. – Se puso de pie y se acercó a mí.
-Ocurrió algo malo? – Creo que me había confiado de mi buena suerte.
-Todo lo contrario! Los patrocinadores que no aceptaron venir, les llamé nuevamente esta mañana, me dijeron que no veían la necesidad, seguirían haciendo sus donaciones sin problema. – Ella estaba entusiasmada, yo estaba atónito. – Los demás patrocinadores han hablado para cancelar, todos aseguran que todo se encuentra bien, seguirán haciendo sus aportaciones. – Casi saltaba de la emoción, yo sólo la veía sin poder articular ninguna palabra.
-Estoy… estoy algo confundido. No entiendo cómo sucedió esto, parece un milagro. – Traté de encontrar una explicación, pero simplemente no la tenía. Sonó el teléfono y Jane contestó.
-Oficina del decano Moore.
No presté atención, excepto cuando abrió los ojos como platos.
– Estás seguro que es ella? Hazla pasar al salón dos. Date prisa. – Colgó, tragó saliva lentamente. – Profesor Cullen, ha llegado un patrocinador, es la señora Forrest. – Su rostro vino a mi mente, recordé que la había visto la noche del baile.
-Iré a verla. Si llega algún otro patrocinador, que se dirija al salón de la reunión.
Ella asintió.
El salón estaba al otro lado de la universidad, deseaba poder caminar más aprisa pero iba a ser muy sospechoso. Después de tomarme como diez minutos en llegar, me detuve en la puerta del salón, tomé una gran bocanada de aire y entré. Ahí estaba ella, una señora de edad, traía el cabello, en la mayoría de color blanco suelto, estaba seria, aunque al verme sonrió ligeramente.
-Doctor Cullen, me alegra volver a verlo. – Se puso de pie.
Me acerqué y tomé su mano para darle un beso en el dorso.
-Para mí es un placer verla nuevamente señora Forrest. – Sonreí cálidamente.
-Oh por favor, sólo dígame Rose. – Volvió a sentarse.
Yo hice lo mismo, me senté junto a ella.
– Carlisle, he venido para charlar con usted un momento. Trataré de ser breve.
-No tengo prisa Rose. Soy todo oídos. – Me preparé mentalmente para escucharla.
-Me enteré de esta reunión gracias a mi esposo. Decidí venir yo, ya que quería hablar con usted sobre Esme.
Esme, cómo era posible que ellas se conocieran, fruncí el ceño.
– Le sorprende que hablemos de ella? – Ahora ella frunció el ceño.
-No creí que se conocieran.
Tal vez se habían conocido en el bufete de abogados, tendría sentido.
-La conocí ayer, en nuestra reunión de Las Damas Doradas.
Estaba completamente extrañado, Esme en ese tipo de reuniones, no lo hubiera imaginado.
-No estaba enterado de que ella hubiera asistido a esa reunión.
Rose me examinaba detenidamente con la mirada, parecía buscar algo, pero al parecer no lo encontró. Suspiró y puso ambas manos sobre su regazo.
-Ya veo. Carlisle, ella ayer asistió a nuestra reunión sin ser invitada. Quería hablar sobre el rumor que había sobre ustedes y sobre su embarazo. – Me miró seriamente.
Nuevamente estaba atónito, no podía creer lo que escuchaba.
– Afortunadamente todo salió bien, no había nada que sustentara que ella fuera su amante; en cuanto a su embarazo, es una pena que haya sido víctima de alguien que se dice llamar hombre. – Su rostro reflejó enojo.
Yo seguía sin reaccionar.
– Es por eso que todos cancelaron Carlisle, ella lo resolvió antes que usted. Es una chica muy valiente. – Me tocó el brazo, me hizo reaccionar un poco.
-Sinceramente Rose, no sabía nada de esto. Yo quería resolver el problema sin que ella se enterara. Pero el que se ha llevado la sorpresa, he sido yo. – Bajé la mirada, ahora entendía por qué estaba cansada ayer.
-Le creo. – Se puso de pie y tomó su bolso. – Eso es todo lo que le he venido a decir Carlisle.
-No sabe cuánto le agradezco que me haya dicho todo esto. – Tomé sus manos y deposité un beso en cada una de ellas.
-Ella probablemente no le hubiera dicho nada. Es una mujer maravillosa, cuídela mientras esté con usted. Ella lo aprecia demasiado. – Ella tenía razón, Esme era maravillosa.
-Lo haré.
-Espero volver a platicar con usted Carlisle.
Nos dirigimos hacia la puerta.
-Por supuesto, será todo un placer Rose. Estaré infinitamente agradecido por esta charla. – Le sonreí ampliamente.
-Buenas tardes Carlisle.
-Buenas tardes Rose. – Hice una pequeña reverencia.
Ella se retiró.
Caminé por el pasillo, el día había sido perfecto. Esme, mi amada Esme había sido mi salvadora, quería ir a casa para abrazarla y besarla, le concedería cualquier deseo que tuviera. Todo lo que me había dicho la señora Forrest parecía un cuento, donde ella era la salvadora que cabalgaba en un blanco corcel y yo era el príncipe en apuros. Mi hermosa salvadora de ojos azul turquesa. Mi humor estuvo mejor que nunca, estaba contento y de esa manera me dirigí hacia mi siguiente clase.
Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa muchas cosas sucedieron en este capi.
La verdad es que estuvo muy largo pero interesantísimo, para empezar la $%&/&%$# %%&/ de Margaret! :-S y lo peor es que hay mujeres asíiiiiiiii O.o Digo, quién no va a querer con una cosa tan hermosa como Carlisle, pero no es pa' que andes de ofrecida, porque urgida no estaba, tiene demasiados hombres al servicio de ella, se le llama Capricho! La odio! XD Qué pena que Carlisle no dejo que Edward la hiciera cachitos, como dice él, ni loco le tomaría una sola gota de su sangre XD ahhhh me encanta como se expresa de ella jajajajjajajaajjaajaj
Me da risa esa pobre de Jane y Carlisle que la hace suspirar jajajajajj en verdad que a la pobre casi le da un infarto cada que él se le acerca o le dice algo, digo... a quién nooooooooooo
Y finalmente, Rose que ha ido con el chisme XD que de Esme le resolvió la vida jejejejejejej la verdad que ahora se cambiaron los papeles jejejejej ella al rescate y el otro en apuros (de repente tuve una imagen bizarra de Carlisle vestido de princesita y Esme con armadura en caballo O.O jajajajajajajaja)
Aquí acaba el capi 2, aunque aquí diga que es el 9 jejejejjejeje recuerden que esta historia tuvo que segmentarse en capis pequeños pa' poderlos subir.
Bueno, muchas gracias por los reviews ( espero volver a tener cientos como en la otra historia :P)
Saludossssssssssssss
