Completamente de acuerdo contigo, London. Nunca he visto tanta química entre dos actores. Lástima que la desperdiciaran.
CAPÍTULO 9
Aquella mañana James se dirigía a lomos de su caballo hacia palacio con una bolsa repleta de monedas de oro.
Sabía que lo inteligente hubiera sido entregarle el dinero a ella y que se lo hiciera llegar al rey mediante un sirviente, pero no podía resistirse a darse el gusto de dárselo él mismo en persona.
Aparecer allí, y pagar la deuda de la marquesa frustrando las intenciones del rey era ganárselo directamente de enemigo, pero eso poco importaba. Era consciente de que quería incluso asesinarlo, así que si iba a hacerlo le daría otro motivo más.
Entró con paso firme en la sala de despacho real cuando el sirviente le anunció. Su majestad permaneció sentado tras su mesa sin apenas prestarle atención.
Majestad- dijo James sin inclinarse y depositando el saco de monedas sobre su mesa
Barón- dijo el rey con desprecio- Oí que nos acompañasteis anoche pero no logré veros
Me sentí indispuesto- dijo él mirándolo fijamente- Algo revolvió mi estómago y decidí marcharme.
Qué es esto?- dijo el rey mirando la bolsa
La cantidad que os adeuda la marquesa Austen. Con intereses. Está en paz con vos- dijo con firmeza
Vaya- dijo el rey con un gesto de disgusto que no pudo evitar- Esto sin duda, entorpece mis planes, pero apuesto a que sois consciente de ello, verdad?
En adelante si tenéis algo que tratar con la marquesa podéis hacerlo directamente conmigo. Yo me encargo de sus asuntos ahora- dijo James ignorando la provocación
De qué asuntos os encargáis?- dijo el rey sonriendo con malicia- Tengo entendido que pretendéis que sea vuestra esposa pero se empeña en rechazaros…
Eso es algo entre la marquesa y yo- dijo James
Sabía que estaba siendo descortés pero le importaba un bledo. De no haber sido porque hubiera acabado en la horca le hubiera matado allí mismo.
Barón- dijo el rey riendo ampliamente- Debéis saber que en la corte no existen los asuntos privados. Es de dominio público que esa mujer os considera poca cosa para ella y pagando su deuda no conseguiréis más que ser el hazmerreír de toda Inglaterra.
Tengo entendido que a vos también os rechazó- dijo James con sorna- Eso también es de dominio público, majestad?
El gesto del rey se volvió frío y la ira se dejaba ver en sus ojos.
Creéis que sois un caballero haciendo esto, pero en realidad, James, cuál es la diferencia entre vos y yo? Ambos pretendemos meterla en nuestro lecho- dijo el rey
La diferencia es que yo la amo- dijo James apretando los puños
Se sorprendió así mismo al escucharse decir aquello. Hasta ese momento no había querido reconocérselo y ahora lo estaba haciendo nada más y nada menos que ante el rey.
El monarca volvió a reír divertido ante la respuesta de James.
El amor- dijo suspirando con ironía- Por culpa del amor he visto morir a algunos de mis mejores súbditos. Vuestro padre sin ir más lejos, y todo porque vuestra madre…
No mencionéis a mis padres o os juro que os mataré con mis propias manos- interrumpió James en voz baja para que los celadores no pudieran escucharlo
Estáis cometiendo el mayor error de vuestra vida, Barón- dijo el rey amenazante
Soy consciente de ello- dijo James mirándolo con dureza
Cuando James salió por la puerta con paso firme y sin mirar atrás el rey se dirigió al caballero que había a su derecha y que había contemplado la escena con interés.
Seguidlo y matadlo- dijo con furia
Richard Alpert marchó veloz tras James. Le daría cierta ventaja y le alcanzaría en el bosque, donde nadie pudiera verles.
James cabalgaba hacia el castillo de la marquesa ensimismado en sus pensamientos. Debía darle las últimas noticias, y el recibo que la declaraba libre de deudas ante el tesoro real, pero no podía quitarse de la cabeza lo que había dicho en aquella sala. La amaba. Pero era verdad o lo había dicho presionado por el rey? No podía negar la atracción desenfrenada que ella ejercía sobre él. Nunca había sentido nada parecido. Cada vez que la veía sentía que su cuerpo se revolvía sin poder apenas controlar el deseo de besarla, de recorrerla con su boca, de hacerla suya. Pero eso era amor o sólo un capricho pasajero alimentado por el rechazo de ella?
En cualquier caso debía quitarse aquellas cosas de la cabeza. Tenía otros problemas quizás mucho más graves. Había declarado la guerra abierta al rey de Inglaterra y eso traería consecuencias. Eso no lo dudaba.
Escuchó un caballo tras de si que se acercaba al galope, y al ver que era un hombre del rey se puso en guardia.
Richard se paró ante él inclinando la cabeza a modo de saludo.
Quién sois y qué deseáis?- dijo James en tensión
Mi nombre es Richard Alpert, y soy general del ejército de su majestad. Actualmente estoy al cargo de su guardia personal, barón- dijo Richard con tranquilidad
Me habéis seguido, no es cierto?- dijo James con recelo
Efectivamente, el rey me envía a mataros- dijo Richard con calma
James desenfundó su espada y se puso frente a él con el ceño fruncido. No entendía nada Aquel hombre no parecía tener intención de acabar con su vida, pero le había dicho que había venido a eso.
Guardad vuestra espada para vuestros verdaderos enemigos, yo no lo soy- dijo Alpert sonriendo
Pero habéis dicho…- dijo James confundido
He dicho que el rey me ha ordenado que acabe con vos, pero no que yo esté dispuesto a hacerlo. Vengo a advertiros. Debéis llevar cuidado. Hoy me ha enviado a mi, pero mañana puede que envíe a otros dispuestos a obedecer sus órdenes- dijo Alpert con firmeza
James envainó su espada con el gesto serio. Sabía que algo así pasaría, pero no quizás tan pronto.
Veo que no sois leal a su majestad a pesar de estar a su lado- dijo James
Ese hombre no es digno del trono de Inglaterra, pero muy pronto los legítimos herederos le derrocarán. Es ahí donde necesitaremos vuestra ayuda, barón. Cuantos más miembros de la nobleza tengamos a nuestro favor más posibilidades de éxito tendremos, señor- dijo Alpert
Contad pues con mi apoyo- dijo James con firmeza
Os lo agradezco, señor. Pero quiero advertiros que deberéis tener cuidado. Vuestra vida y la de la marquesa están en peligro, y no se hasta qué punto podré protegeros- dijo Alpert con cierto nerviosismo en su rostro
Tendré cuidado, señor- dijo James con seriedad
Ahora sacad vuestra espada y rasgad mi brazo- dijo Alpert tendiéndolo hacia él
Pero qué decís?- preguntó James sorprendido
Si vuelvo sin vuestra cabeza y de una pieza será la mía la que peligre- dijo Alpert con firmeza
No pienso herir al hombre que acaba de salvarme la vida- dijo James confundido
Está bien, señor- dijo Alpert sacando su cuchillo y cortándose el hombro sin titubear
James lo contempló asombrado. Aquel hombre sin duda estaba dispuesto a todo por echar al rey del trono. Lo vio marcharse rápidamente. Le debía una al tal Richard.
Cambió de rumbo y se dirigió veloz hacia sus tierras. Debía pasar por su castillo antes de visitar a la marquesa. Había algo que debía hacer después de lo que acababa de saber.
Cuando llegó a las tierras de Kate se acercó directamente a los cultivos. Esperaba verla allí cuidando una cosecha, más que nunca, fundamental para ella, pero la marquesa no estaba ahí. Observó cómo el trigo crecía con fuerza bajo el sol. El color verde de las plantas comenzaba ya a transformarse en el color tostado que indicaba que estaba listo para ser cosechado. En un mes, más o menos, podría hacerse. Y la marquesa sería libre de su promesa.
James debería haber lamentado eso, pero en cambio sintió una mezcla de sentimientos contradictorios. A estas alturas no le interesaba forzarla a ser su esposa. Prefería que las cosas fueran de otro modo. Quizás si no hubiera actuado como lo hizo al principio ahora tendría una oportunidad con ella, quizás no le odiase profundamente, pero eso ya no tenía arreglo. La única oportunidad que tenía de tenerla cerca era que aquella cosecha se malograse. De otro modo ya no tendrían nada que hablar. Ya no habrían excusas para acercase a ella. Su última ocasión dependía de que el cielo se llenase de nubarrones, pero el sol lucía con fuerza.
Barón!- dijo Locke saludándolo con una sonrisa- Venís a comprobar el estado de vuestra cosecha?
Veo que la marquesa os ha puesto al corriente- dijo James
Desde luego. Perded cuidado, este año el trigo promete. Recuperaréis vuestra inversión- dijo Locke sin dejar de sonreír
James hizo una ligera mueca. La inversión le importaba un carajo.
Quería agradeceos lo que hicisteis…- dijo Locke
Ya, ya- interrumpió James molesto. No le gustaban los cumplidos, y mucho menos que le dieran las gracias por nada- Dónde está la marquesa? He de hablar con ella.
Está en las cocinas, señor- dijo Locke
En las cocinas?- preguntó extrañado
Solía cuidar del campo, pero desde que enfermó decidimos que sería mejor que se quedase en el castillo. Nosotros trabajamos aquí y la marquesa hace el pan- dijo Locke sonriendo
La marquesa hace el pan?- preguntó James sorprendido
Como veis somos pocos. Hemos de colaborar todos- dijo Locke señalando a las personas que quitaban con cuidado las malas hierbas que crecían.
Realmente eran pocos. Apenas cinco personas para esa gran extensión. Parecía un milagro que esa cosecha tuviera tan buen aspecto habiendo crecido en esas condiciones.
Sonrió haciendo un gesto a John y se dirigió rápidamente hacia el castillo. Había visto a Kate rebozada en barro, y verla ahora en harina, le parecía muy interesante. No podía perdérselo, pensó sonriendo
Cuando llegó a la cocina la puerta estaba abierta, y Kate, de espaldas, no le vio llegar.
James se quedó apoyado en el marco de la puerta contemplando fascinado aquella escena. Ella llevaba un vestido que sin duda utilizaba para trabajar. Una falda de algodón color marrón, una blusa blanca con un generoso escote y un delantal blanco que intentaba sin éxito que la harina no cubriese sus ropas.
Llevaba el pelo recogido de manera informal, y uno de sus rizos caía sobre su rostro molestándola. Ella soplaba hacia arriba para apartarlo ante la imposibilidad de quitarlo con las manos llenas de harina.
Amasaba despacio una gran pieza, y acompañaba con sus caderas el lento vaivén que desplazaba la masa a lo largo de la mesa.
James jamás pudo imaginar que hacer pan era tan tremendamente excitante.
Finalmente el rizo que molestaba a Kate acabó con su paciencia, y exclamando un "mierda" impropio de una dama se olvidó de lo llenas de harina que tenía las manos y se volvió a recoger el pelo llenándolo de polvo blanquecino. Fue entonces cuando vio a James que sonreía divertido.
Marquesa, veo que os encanta rebozaros, ya sea en barro o en harina- dijo con una amplia sonrisa
Ella se sonrojó. Aquel hombre tenía el don de la oportunidad. Ahora tendría ocasión de burlarse de ella de nuevo, pensó fastidiada.
Kate no le contestó y siguió trabajando ignorando el comentario. Si le seguía el juego acabarían de nuevo enfrentados.
Hacéis pan- dijo James contemplando el que ya había salido del horno
Estaba claro que no iba a dejar pasar la oportunidad de molestarla.
Ahora es cuando diréis que eso no es propio de una dama, que si me casase con vos no tendría que hacerlo, y que soy una orgullosa, terca y engreída- dijo ella intentando ahorrarle el discurso
En realidad iba a pediros permiso para probarlo- dijo él mirando el pan
Adelante- dijo ella sorprendida
James cogió un trozo del pan que aún estaba caliente y se lo metió en la boca.
Delicioso- dijo sorprendido- No dejáis de sorprenderme, marquesa.
Qué se os ofrece?- dijo ella con curiosidad- No habréis venido hasta aquí sólo a probar el pan…
He venido a daros esto- dijo sacando un documento enrollado en una cinta- Dice que estáis libre de deudas con la corona. Las he liquidado personalmente con el rey esta mañana.
Ella ladeó la cabeza con un gesto de inquietud
No deberíais haber hecho eso- dijo con sinceridad- Locke podría haber llevado el dinero. Os habéis metido en un problema y no había necesidad.
Me gusta el riesgo- dijo él sonriendo- Quizás por eso os pedí matrimonio.
Cómo ha reaccionado su majestad?- preguntó Kate con preocupación
Bueno- mintió él- No se lo ha tomado mal. Evidentemente no le interesaríais demasiado. Así que no creo que haya que preocuparse.
Me alegro- dijo ella aliviada- Ya es bastante con que vos estéis interesado como para encima tener que esquivar también al rey- dijo ella con una sonrisa maliciosa
Lo hacéis bien- dijo James ignorando el comentario y señalando la masa que Kate tenía entre manos.
James se acercó hasta ella, por detrás. Y observaba cómo amasaba el pan.
Parece sencillo- dijo con su boca a escasos centímetros de la oreja de Kate
Ella sintió la cercanía de su cuerpo pegado al suyo, y su voz profunda susurrándole al oído
Dejadme probar- dijo él pasando sus brazos alrededor de ella y poniendo sus manos sobre las suyas en la masa
Se acercó más a ella y Kate sentía flaquear las piernas al entrar en contacto con él. Su aroma era fuerte, sensual, y experimentó un extraño deseo de cerrar los ojos y dejarse caer sobre él.
Es una lástima que las cosas sean así, señora- dijo él suavemente a su oído
James, no hagáis eso- dijo ella suspirando
Él notó como temblaba, y entendió perfectamente que en realidad deseaba que lo hiciera, de modo que acentuó la presión sobre ella y puso su mano en su vientre acercándola a su cuerpo.
Quizás si empezáramos de cero- dijo él acercando su boca peligrosamente a su cuello
James, por favor- suplicó ella
Él comenzó a besarla muy despacio. Sus labios recorrían su cuello provocando que todo su cuerpo respondiera a sus caricias.
Ella se volvió, lo miraba suplicando que dejara de hacer aquello o que no se detuviera, James no lo sabía muy bien. Pero decidió arriesgarse y la besó lentamente.
Poco a poco ella abrió sus labios y se entregó a un beso eterno que hizo que no sintiera el suelo bajo sus pies. Sólo existían sus manos recorriendo su cabello y su cintura y aquella boca tan dulce como peligrosamente tentadora.
Disculpad- dijo Sayid en la puerta avergonzado por irrumpir sin darse cuenta de lo que estaba pasando
Kate se soltó rápidamente echándose hacia atrás ruborizada. James se giró y lanzó una mirada asesina a su amigo.
Me dijeron que estabais aquí, señor- dijo él nervioso
Y no sabéis llamar- gruñó James
La puerta estaba abierta, señor- dijo Sayid a modo de disculpa
James suspiró profundamente. Tenía ganas de matar a ese musulmán hijo de perra, pero al fin y al cabo era su amigo.
Y vuestra esposa?- preguntó sin dejar de fruncir el ceño
John Locke la está instalando- contestó él
Instalando?- dijo Kate extrañada- Me he perdido algo?
Es la otra cosa que vine a deciros- dijo James con gesto de fastidio- Sayid y su esposa se quedarán con vos en vuestro castillo.
Y se puede saber con qué fin?- dijo ella molesta
Necesitáis ayuda- dijo él sin saber muy bien qué explicación dar. Había hablado con Sayid después del incidente con Alpert. Debía protegerla a toda costa. El rey podía intentar cualquier cosa, secuestrarla o incluso matarla por despecho. Alpert le había advertido y no estaba dispuesto a dejar que eso pasara. Él mismo se hubiera instalado allí gustoso, pero sabía que eso era imposible. De modo que confió en su amigo. Era un hábil luchador y cualquiera que se enfrentase a él llevaba las de perder.
Pero no quería asustarla. No quería que supiera el peligro que corría. No había necesidad de ello. Además, si ella sabía que intentaba protegerla rechazaría su ayuda. Eso lo sabía a ciencia cierta.
No necesito ayuda- dijo ella enfadada- Nos bastamos con los que somos.
Ya veo, hacéis pan incluso- dijo él molesto por su terquedad- Pero hay apenas cinco personas trabajando en mi cosecha, de modo que sólo estoy cuidando mis intereses.
Vuestros intereses son los míos, barón- dijo ella orgullosa- Soy la primera que quiere que esa cosecha sea un éxito. Por nada del mundo dejaría que se malograse.
Muy bien- dijo él furioso- Cuidad vos de la cosecha. Yo cuidaré de que mi garantía no salga huyendo de aquí si comienza a llover
De manera que habéis traído a este hombre para que me vigile- dijo ella con una mirada fulminante
Exacto- mintió James
Os di mi palabra- dijo ella altiva y ofendida
Supongo que no os creo. No tengo por costumbre fiarme de una mujer- dijo él mirándola fijamente a los ojos- De modo que vendré diariamente a comprobar que todo está en orden.
De acuerdo- dijo ella orgullosa- Que se queden. Y venid las veces que gustéis. Eso si, os haréis cargo de sus salarios. No pienso pagar por algo que no necesito.
Tampoco podríais si quisieseis- dijo él sonriendo ante lo estúpido de su comentario
Insolente- dijo ella con desprecio mientras salía de la sala
Terca- gruñó él
Sayid contemplaba divertido la escena con los brazos cruzados.
De qué va todo esto?- dijo sonriendo
Mejor callaos- dijo James enfadado
Creo que mi estancia aquí va a ser francamente estimulante- dijo Sayid sin dejar de sonreír
La próxima vez que interrumpáis mandaré azotaros- gruñó James
No creo que haya próxima vez, señor. Tal y como se ha marchado la marquesa si os atrevéis a acercaros a ella os pateará el trasero- dijo Sayid riendo
Guardaos vuestras opiniones y dedicaros a hacer lo que habéis venido a hacer- dijo James con seriedad
La protegeré con mi vida- dijo Sayid con firmeza
Lo se- dijo James
Y se marchó de allí sintiendo un extraño desazón en el cuerpo.
