Sin duda ha sido un día muy impactante para todos en el Santuario, sobre todo para Mu, quien presiente una inminente jaqueca. No obstante no será el único impactado, pues en Italia, Juliana recibe una interesante noticia… y no, Máscara no tiene tacto para darlas.
HOLA A TODOS. Este capítulo tuvo de todo un poco y temo que esté un poco soso. No obstante, la gente se sigue reuniendo y sorprendiendo. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs… ¡SEIKA ACTUALIZÓ MADNESS! *O*
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa.
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 8: Reencuentros
Enfermería del Santuario.
28 de febrero. 17:34 horas.
Caminar hasta la enfermería había probado ser más complicado de lo que anticiparon en primera instancia. Pasada la emoción inicial y la adrenalina que significó aquél reencuentro, tanto Axl como Lümi recordaron que no estaban en las mejores condiciones de salud. Mientras que a Axl le volvieron a sangrar las heridas y el dolor apenas le permitía estar en pie, a Lümi le subió la fiebre de pronto, por lo que sin esperar a que llegara la ayuda de la enfermería, decidieron escoltarlos.
Cierto, se suponía que Aioros había ido por ayuda momentos antes, pero se emocionó tanto con el reencuentro que olvidó ir por ayuda. Shion convocó a Astrea por la cosmonet, anunciándole la emergencia.
No fue una caminata fácil, y emocionalmente fue muy intensa. Kanon terminó alzando en brazos a Lümi, que a momentos perdía la consciencia y entre Mu y Aioros llevaron a Axl, tratando de no alterar mucho sus heridas. A medio camino se encontraron con Astrea y Nathan, quienes tuvieron que intervenir y tomar las riendas de la situación. Ambos lemurianos estaban estables, pero eso podía cambiar…
… Fue cuando aparecieron Antoine y Mireille, quienes andaban buscando al Patriarca. Lo cual fue acertadísimo, pues si bien casi se murieron de la impresión ahí mismo al ver a los Lüntz con vida, reaccionaron acorde y Antoine pudo ayudar a bajarle la fiebre a Lümi, a quien le había subido a 40,7°C.
Ciertamente las preguntas no se hicieron de rogar y la tarde aquella fue de lo más interesante.
A esas alturas del día simplemente había sido imposible mantener la presencia de los padres de Mu oculta al Santuario. No se debió a que todos son unos chismosos incapaces de guardar un secreto, sino porque varios dorados vieron en vivo y en directo como Kanon y Mu, seguidos de Matilda y Kiki, llevaban escaleras arriba a un malherido lemuriano. ¿Quién era? Axl Lüntz. ¡¿No que estaba muerto?! Pues lo revivieron. ¡¿Pero qué demonios pasaba?! Mu y Axl se preguntaban lo mismo. Bastó con que le respondieran a un solo dorado, Aldebarán, para que todos se enteraran que al menos uno de los padres estaba vivo otra vez. Al final habían llegado al Templo Principal con un pequeño séquito. Y allí se enteraron que Lümi también estaba viva.
Parecía que habían pasado años de eso.
Athena colgó el teléfono con fuerza y dio una patada al suelo. Acaba de hablar con Zeus y éste le explicó lo ocurrido en el inframundo con el ritual, intervención de Quetzalcóatl incluida, y lo que todos ya sabemos. No era una diosa feliz.
"¡Voy A Despellejarlo Donde Lo Vea Y Me Haré Una Cartera Nueva Con Su Piel!" Reclamó la diosa de muy mal humor. "¡¿Qué no puede avisar que está dando vueltas?! Como si le fuera a decir que no." Frunció el ceño y se cruzó de brazos, momento que Saga aprovechó para pellizcarle cariñosamente la mejilla, como para bajarle el mal humor. "¡Saga! Si Quetzalcóatl me hubiera explicado qué necesitaba, ¡Hasta lo ayudo! ¿Pero qué es eso de meterse en Santuarios y rituales ajenos?"
"Se va arrugar antes de tiempo, señorita." Le dijo con gentileza, antes de endurecer el rostro. "Ya no vale la pena. Reforzaremos los pasadizos y las trampas, no volverá a ocurrir. Al menos algo bueno resultó de todo esto…"
"Sí… los papás de Mu están vivos. ¿Te das cuenta que si Quetzalcóatl hubiera hecho algo mal, los perjudicados hubieran sido Axl y Lümi Lüntz? ¡Argh! Qué rabia." La diosa suspiró aliviada, sin dejar de pensar en el mensaje de Ananké. Su actitud se dulcificó bastante. "¿Crees que estén muy enojados con nosotros? ¿Me refiero a los tres? Yo lo estaría…"
"Sin duda están desconcertados, pero se les va a pasar." Le explicó Saga con calma. En ese momento vieron a Axl escabullirse por el pasillo. Seguramente salía a tomar aire. "Vaya… el tío se siente seguro."
"¿Cómo dices?"
"Si dejó a la tía Lümi sola, es porque se siente seguro que no le va a pasar nada." Saga apretó los labios, preocupado.
"Bueno… esa patada que Lümi le dio a Astrea dejó en claro que ni está indefensa ni le va aguantar pelotudeces a nadie. ¡Flos todavía se ríe! Jejejeje."
"Usted también se rió de buena gana, no lo niegue."
"Jajajajajaja… Pues sí." Reconoció Saori algo avergonzada.
Unas horas atrás, y a petición del médico de turno quien tras atenderla pidió un especialista para la lemuriana, habían hecho venir al cuñado de Alisa para que revisara a la amazona, considerando que lo suyo eran complicaciones ginecológicas. Algo se anduvo enterando Axl de cómo Lümi había muerto y no digamos que le cayó en gracia que un desconocido se acercara a su esposa, por médico que fuera. Fue una situación bastante tensa, en la que Cristián apenas se mosqueó: conocía lo territoriales que se ponían los lemurianos en situaciones así, más aun considerando los antecedentes, y estaba bastante curado de espanto como quien dice. Tenía experiencia manejando a las parejas de sus pacientes lemurianas: resolvió la situación permitiéndole a Axl no solo quedarse en la consulta mientras revisaba a su esposa y que le hiciera todas las preguntas que gustase, sino que además le entregó un bisturí, diciéndole que le daba permiso de cortarle el cuello si algo no le parecía.
El gentil Axl quedó tan perplejo con el ofrecimiento, que ni habló ni molestó en toda la consulta, contentándose con quedarse cerca de su amazona y en vigilar a este médico extraño. Fue entonces cuando Lümi pateó a Astrea: la vieja y mañosa enfermera llevaba ya un rato siendo un dolor de cabeza y no precisamente la encarnación de la dulzura. No solo le puso problemas a Artume para que revisara a Lümi antes que llegara el médico (no se llevaba bien con la matrona), sino que además hizo un mal comentario acerca de amazonas doradas que no pueden estar sin el marido, pensando que no la escucharían, mientras Cristián hacía su trabajo y ella asistía.
Pero la oyeron, y si la reacción se hizo esperar, fue solo lo justo y necesario.
La patada fue soberbia, hay que decirlo. Lümi esperó la oportunidad precisa y sin dar indicio alguno, atacó con rapidez y fuerza, sin decir ni pío. Con este gesto dejó bien en claro que no necesitaba palabras para hacerse respetar. Demostró además que ni era debilucha y que, aunque seguía con fiebre y muy dolorida, podía defenderse bastante bien. No, ya no era una parturienta vulnerable, viuda y muerta de miedo. ¿Algún problema con ello?
Como que habían olvidado que la ovejita de Aries, era cualquier cosa, menos mansa. ¡Menos mal que Astrea logró soportar bien el golpe! Aunque el cómo sonó esa clavícula… ¡Pain!
"Saga… " Athena lo atajó con suavidad, cuando este se disponía en ir tras Axl. "Creo… creo que al señor Lüntz le haría bien toparse con Erich de Escorpión. ¿Puedes asegurarte que eso pase? La enfermería está llena…"
La única respuesta de Saga fue una paternal sonrisa, antes de asentir con calma y alejarse a paso seguro. Saori suspiró aliviada y miró a su alrededor. En efecto la enfermería bullía de actividad. Shion había puesto a Milo a controlar el acceso y a mantener a los curiosos a raya. El Patriarca se paseaba nervioso, mientras Idril lo seguía llena de curiosidad. Ambos iban y volvían, habiendo estado coordinando un montón de cosas, entre ellas alojamiento para la pareja (aunque algo había adelantado Saga), que ya había dejado en claro que no se iban a quedar ni en Aries ni en la enfermería. ¿Qué esperaban para irse? El alta: todo el personal médico, externo o no, había coincidido en que querían tenerlos en observación al menos hasta la mañana siguiente.
Saori suspiró aliviada. Sabía que Mu estaba con Lümi en aquellos momentos: había estado todo este rato con sus padres. Shion había tenido una charla con él mientras Cristián revisaba a su mamá. Al menos ese flanco estaba cubierto.
"¿Qué es esto que escucho?" La voz de Máscara de la Muerte resonó por encima de varias. El dorado estaba en la puerta, atajado por Milo, y gesticulaba con las manos como buen italiano que era. "¡Ma! Mi prima va y me dice que la señora Lümi y el señor Axl están vivos, pero no me dice más. ¿Qué pasa?"
¡Cierto! Máscara estuvo fuera del Santuario durante la tarde. Una misión por lo visto. Seguramente acababa de enterarse. Saori prestó atención.
"Sí, sí, los revivieron a ambos, pero no sabemos por qué. Ahora, sino tienes nada más que aportar ¡circulando fuera de la enfermería!" Pidió Milo muy severo. El escorpión ya estaba algo frustrado: había estado allí casi todo el día y comenzaba a preocuparse por Kyrus, quien nuevamente había pasado la tarde al cuidado de Camus. Además Alisa debía estar por llegar. Saori asintió… era hora de relevar al dorado.
"¡¿Es Cierto?! Necesito Saberlo. ¡Esos Dos Eran Buenos Amigos de mi Maestra! Quisiera Saber…"
"¡Ni se te ocurra, Máscara! ¡Ya parezco guardia de bar de mala muerte! He echado más gente de la que creí posible. Si le dices a tu maestra, estará aquí antes que podamos estornudar y la enfermería no necesita toda esa energía: también hay gente enferma." Reclamó Milo, sin ceder terreno. "¡Vete!"
"¡Es Cierto!" Exclamó impresionado.
"¡Largo y no estorbes!"
Si bien se miraban feo, Saori tuvo la impresión que entre Milo y Máscara se cruzaba una mirada de complicidad. El santo de Cáncer lanzó las manos al aire y retrocedió amurrado: seguro iría a llamar a su maestra. Athena sonrió de gusto y entusiasmo: ya no tendría que pensar en una excusa para mandar a buscar a Juliana de Cáncer a Italia.
"¿Qué la entusiasma tanto?" Preguntó de pronto Flos. A Saori le brillaban los ojitos.
"Que todo resulta de algún modo, aunque no lo haya planeado así, Flos."
Motta Sant'Anastasia. Provincia de Catania. Sicilia, Italia.
En esos momentos.
La Trattoria de la Muerte bullía de actividad. Habían llegado dos buses llenos de turistas que lo único que querían era comer y si en la cocina seguían el ritmo de los pedidos, era nada más porque conocían su arte. Era un caos controlado de alaridos y excelencia, pero que requería de toda la concentración de quienes estaban entre las ollas y hornos preparando la comida. La Trattoría era un negocio familiar, en el cual todos los parientes ayudaban con lo que podían, pero eran Juliana y su hermana Fabiola quienes administraban el local. Lo hacían bastante bien hay que decirlo, pero no digamos que llenaba a Juliana de felicidad… la verdad nunca había dejado de ser amazona, y extrañaba ese modo de vida. Por el contrario su hermana no podía ser más feliz. Los más jóvenes de la familia se estaban encargando de atender las mesas, mientras que algunos primos más grandes les ayudaban en la cocina. Ese día tenían el caos bajo control. Parecía una poesía.
"¡PRIMO GIACOMO! ¡LA PIZZA DE LA MESA TRES!"
"¡UNA ORDEN DE PAN DE AJO JUNTO CON EL SPAGHETTI A LA CARBONARA DE LA MESA SEIS!"
"¡YA VA! ¿QUÉ NO NOS VEN? SI ESTO SE APURA VA A QUEDAR DE ESPANTO."
"Mejor ni pienso que todo está saliendo bien. ¡Todo va pésimo!" Gruñó Juliana para sus adentros, mientras le prestaba atención al risotto que estaba preparando, como intentando espantar a Murphy en el proceso.
Juliana suspiró y siguió revolviendo el risotto, en silencio. Estaba más callada de lo normal, generalmente ya hubiera pegado un par de gritos, pero… era febrero. Este mes la deprimía mucho, pero no siempre se detenía a pensar en el motivo. Este año había sido diferente: había ahondado en sus sentimientos y eso la tenía, además de triste, de mal humor.
"¿Tía Juli? ¿Te sientes bien?" Le preguntó Giacomo, intrigado, cuando pasó junto a ella. "Hace días que te noto triste. ¿El primo Máscara te hace rabiar otra vez?"
"No, Giacomo, no es tu primo. Son tonteras mías, una ya está vieja y le sobran recuerdos… y rabias."
"Tía, usted no está para pasar rabias. Ni está vieja. ¿Qué dice? ¡Usted es la mujer más linda de Motta Sant'Anastasia y toda Sicilia! ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarla?"
Ay, el primo Giacomo. Tan típico de él de andar subiendo el ánimo de las personas. ¡Era un dulce!
"¡GIACOMO, BASTARDI! MUOVI IL CULO. ¡MI PIZZA DE LA MESA TRES!"
"¡YA VA!" Vociferó de mal humor. Juliana le dio un zape al muchacho.
"¡Lleva esa pizza con Angelina antes que venga a buscarla, ragazzo!" Le dijo mientras le daba algunos empujones. La amazona se llevó las manos a las caderas mientras el muchacho trastabillaba hasta el mesón de entrega de la comida, con la mencionada orden.
¡Jóvenes! Qué linda era la vida cuando te podías llevar el mundo por delante. Inconscientemente sonrió y su mano buscó otra… que obviamente no encontró. Suspiró entristecida y quizás molesta. ¿Es que febrero no se acababa nunca?
RIIIIIIIING, RIIIIIIIIIIIIING.
Juliana sacó su celular del bolsillo de su delantal al tiempo que regresaba junto a su risotto. Sacó los audífonos y los instaló en el aparato, antes de ponérselos ella misma. Necesitaba las manos libres para poder hablar y cocinar al mismo tiempo, pues no era una llamada que quisiera rechazar. ¡Como era de curiosa la vida que siempre que pensaba en esa persona, Máscara la llamaba por teléfono!
"Aprendiz. ¿Qué pasa?"
"¡Maestra! ¿Estás sentada?"
"¿Sentada yo? ¡Cómo crees! La Trattoria está llena de gente, todos con hambre y yo cocinando. Es un caos. ¿De veras crees que tengo tiempo para sentarme? ¡Habla rápido!"
"Prefiero que estés sentada."
"Nada de eso. ¿Qué pasa?" Juliana entrecerró los ojos y prestó más atención a la llamaba.
"¡Que te sientes!" Por el tono de voz que le puso su aprendiz, parecía ser importante.
"Máscara, ¿ocurre algo? ¿Shiori y Thanos están bien?"
"Sí."
"Argh. Aprendiz: tienes treinta segundos para decirme qué pasa antes que te cuelgue, porque en serio estoy muy…"
"Axl y a Lümi Lüntz están vivos. No sabemos bien porqué, pero sabemos que no fue Hades quien los revivió. Supuse que querrías saber."
– LE GASP –
Juliana se quedó de piedra, con la boca abierta y la mirada fija en la pared. Por inercia dejó caer el brazo y soltó la cuchara de palo en el proceso. Había sentido un proverbial baldazo de hielos en la espalda. Los ojos se le cristalizaron de emoción, pero fuera del pasmo, no logró siquiera emitir sonido alguno. De momento al menos.
"Porca puttana…" Apenas logró balbucear.
Al otro lado de la línea Máscara de la Muerte chasqueó la lengua. Nunca había sido bueno dando noticias de impacto. Decían que no tenía tacto. Seguro era genético.
"Aprendiz… ¿dijiste…?" Juliana se masajeó una sien y recuperó su voz. "¡¿DE QUÉ ESTÁS HABLANDO?! CON LOS MUERTOS NO SE JUEGA."
"Maestra… con eso no juego. Usted sabe. Están vivos y en el Santuario: acabo de verlos."
Juliana palideció varios colores y le flaquearon las piernas. Quiso apoyarse de la cocina, pero sus rodillas se doblaron antes y ella se dejó caer como en un trance al suelo, sin atinar a sujetarse de nada. El risotto fue olvidado y el que amazona desapareciera de la vista asustó a toda la familia presente en aquella cocina. Máscara pronto escuchó los gritos de auxilio, las urgentes preguntas de que si su maestra sentía bien, de que trajeran agua y de cómo la prima Angelina despellejaría al infeliz que estaba al otro lado de la línea por haberla dejado catatónica. Tragó saliva, debió suavizar mejor el impacto. ¡Pero le habían dado menos de un minuto para dar la noticia! ¿Qué querían que hiciera? ¿Un milagro?
"¡¿Quién es?!"
"¡Tía Fabi! ¿Cómo está mi maestra? ¡No me diga que se desmayó!"
"¡CAZZO! ¿QUÉ LE DIJISTE A TU POBRE TÍA? ¡CASI LA MATAS DEL SUSTO! Es hipertensa, por todos los dioses." Bramó Fabiola por el teléfono. "Casi le provocaste un síncope a la pobre y… ¡JULIANA!"
"¡DAME ESO!"
"¡SUELTA, SUELTA!"
"¡QUE ME LO DES!"
Hubo un forcejeo, se oyeron algunos aletazos, alguien intervino en la trifulca y Juliana por fin recuperó su celular.
"¡Máscara de la Muerte! ¡LLEGO EN CINCO MINUTOS!"
Juliana colgó el teléfono sin darle a Máscara tiempo de responder. La amazona se quitó el delantal a tirones y lo soltó sin siquiera colgarlo. A pasos firmes, ignorando a su numerosa familia que insistía en que se quedara quieta (algunos intentaban sujetarla) y a la horda de curiosos que quería ver a qué se debía el escándalo, se dirigió a la salida de la Trattoria con una urgencia que llevaba décadas sin sentir. Se detuvo unos instantes al sentir el frío aire de la tarde, e inspiró varias bocanadas para aplacar el dejo de angustia que sentía en el pecho.
No sabía si creerle a su aprendiz. Pero tenía que verlo por sí misma, tenía que asegurarse. Lümi era su hermana de armas, su mejor amiga y confidente, aunque no conocía todos sus secretos. ¡Tenía que verlo por ella misma o no lo creería nunca!
Quizás… quizás si era verdad… hasta podía aliviar la horrible pena de su corazón y le cambiaba por fin el horrible color que febrero solía tener en su vida.
Juliana inspiró una buena bocanada de aire y encendió su cosmo, momentos antes de hacer el salto hacia Grecia.
Santuario de Athena. Enfermería.
18:24 horas.
El que tuviera la peor jaqueca de la década era un hecho empírico, y sentía que necesitaba algo tibio, aparte de alguna medicina que le ayudara a disipar el dolor. Mu había salido con esa excusa, y además para intentar encontrar a su padre, que ya llevaba un buen rato desaparecido en acción. Con ocho puñaladas y dos balazos era como para preocuparse. Cierto, no se iba a morir de momento, las heridas se habían sellado solas mientras era atendido, pero… así se había muerto la primera vez. No estaba demás ser cuidadosos.
Le había dado cosa dejar a su madre sola. No habían hablado mucho (bastante poco en realidad), pero los abrazos habían sido intensos. Lümi insistía en revisarle los ojos y que estuviera respirando, mientras que Axl insistía en revisarle las manos.
¡Qué situación tan bizarra la suya de recibir abrazos de sus padres! Las emociones lo abrumaban tan vertiginosamente que ni siquiera podía analizarlas. Seguro era el estrés lo que lo tenía con jaqueca.
"¿Mu?"
"¿Mati?"
Cuando el lemuriano se giró para verla, Matilda aprovechó el impulso y le dio un abrazo. Fue breve, sospechaba que el pobre estaba algo saturado. Le acarició la cabeza y no se opuso cuando el dorado le puso las manos en las caderas, atrayéndola hacia sí.
"Ni me imagino como estás. ¿Seguro no quieres ir y volver por las escaleras para quitarte tensión de encima?"
"No, no tengo ganas." Mu sacudió la cabeza. "¿Y Kiki?"
"Anda tan desconcertado como tú, pero está cuidado. Reginleif y Thanos recibieron la orden de la Familia Siciliana de distraerlo."
"Me alegra saber eso. Apenas he podido hablar con él… ¡Este día está de locos!" Mu suspiró como mareado. "Me duele la cabeza."
"¡¿Y te extraña?! Yo estaría hecha pedazos en tu lugar. Nada te puede preparar para esto." Le dijo Mati con cariño, mientras le masajeaba una sien. "Supe que su Excelencia habló contigo… ¿sabes por qué los revivieron?"
"Sí. Es temporal. ¿Recuerdas el incidente del otro día en la universidad? La chica que se desmayó es Anfitrite…"
"Lo sabía…"
"Está delicada. En esta encarnación no ha tenido buena salud, y se pescó una enfermedad divina… resulta que mis padres eran los únicos que saben dónde está oculta la medicina que puede salvarla… mi madre la escondió, y mi padre la encerró dentro de una caja fuerte de su diseño… por eso los revivieron. Será temporal."
"Eso abruma a cualquiera." Comentó Matilda sorprendida, pero le miraba con cariño. Ella no tenía gran experiencia en la vida, pero sí entendía algunas cosas. "Entiendo que quieras despejarte, pero tienes una rarísima oportunidad de conocer a tus papás. ¡Vamos con ellos!" Mati le señaló una buena cantidad de bolsas que traía con ella. "Con Shaina les conseguimos algunas cosas que van a necesitar, así que no perdamos tiempo."
Tras un beso en la mejilla, Mati se soltó del agarre de Mu solo para poner en sus manos las cosas que traía con ella. Junto con Shaina habían conseguido algunas prendas en el Santuario, y hecho algunas compras de productos de primera necesidad. Incluso habían reclutado la ayuda de Afro, quien les ayudó gustoso. La amazona de Ophiucus había dejado a Matilda encargada de entregar las compras, pues le había llegado un whatsapp de una de sus primas menores, Angelina, diciendo que Máscara casi había matado a la tía Juliana de un síncope, por lo que había ido a preguntarle qué había pasado.
Léase, a gritarle las cuarenta por su falta de tacto.
Mu se dejó llevar de regreso a la habitación en donde estaba su mamá.
Lümi había apreciado quedarse unos momentos a solas, y secretamente agradecía el ansiolítico que le habían dado. Ya casi no tenía fiebre, pero no le importaba de mucho; se abrazaba a sí misma, sin ganas de pensar en lo que estaba viviendo. Tenía jaqueca… y necesitaba estar con su hijo…
¡Qué sensación tan bizarra sentir que acababas de dar a luz, pero tu niño ya era un adulto! Y si bien eso era injusto por donde se lo mirara, sentía que explotaba de orgullo cada vez que lo veía. ¡Era su hijo! Tan lindo y fuerte que había crecido, y se notaba querido. ¡Ojalá que no hubiera heredado su mal genio!
Err… bueno, era aries. En algún lado tenía que tener guardado su temperamento.
Le había fallado a su hijo…
"No le fallaste. Y apostaría que él piensa lo mismo."
Saori se sentó frente a Lümi con cauta jovialidad, dejando notar su cosmo de forma clara, pero no invasiva. La diosa le sonrió tranquila aunque se sorprendió del abanico de emociones que se reflejó en el rostro de Lümi en cuanto ésta la reconoció. De un salto se dejó caer al suelo e hizo una reverencia, a lo que la diosa también dejó caer los pies y la ayudó a levantarse.
"Mi lealtad está con usted, señora…"
"Nunca he tenido duda de ello, Lümi. Antes me serviste bien y no dudo sobre la calidad de tu corazón." Le dijo con calma, estando de pie una frente a la otra. "Mejor nos sentamos, me dejas de decir señora, y conversamos. Intuyo que estás confundida…" Lümi frunció un poco el ceño y la miró con intensidad, pero no con insolencia.
"¿Cómo quiere le diga si no señora?" Le preguntó. "Y confundida es una forma de expresarlo."
"Dime como gustes, soy menos formal de lo que aparento, aunque Shion se estresa un montón por eso." Le dijo Saori, justo antes de morderse el labio. "Lamento mucho todo esto… yo…"
"¿Por qué Axl y yo fuimos revividos?"
"No era la idea molestar el descanso de nadie, menos el de ustedes que no tuvieron una buena muerte… pero de alguna manera tenía que pasar. Ananké me dice que era justo que ocurriese. Ahora…" Saori suspiró triste. "Las razones que llevaron a esto… se las diré mañana cuando hayas descansado junto con Axl." La diosa le tomó las manos. "¡Me alegra tanto conocerte! A ti y a Axl: espero que no se molesten mucho conmigo…"
TOC, TOC, TOC.
"¿Podemos Pasar?"
Matilda se asomó al interior de la habitación con una sonrisa, seguida de Mu quien sonreía detrás de ella. Saori asintió al tiempo que Lümi bajaba de la cama y caminaba hasta su hijo, quien traía con él varias bolsas. Se detuvo frente a él y le miró a la cara varios segundos hasta que Mu sonrió.
"Err… este…"
"¡No se queden ahí! Pasen, que estorban la entrada." Les invitó Saori. Matilda tomó la iniciativa y tras ubicarse tras el lemuriano, le dio algunos empujoncitos.
"Vamos Mu, ¡entra!, vas a echar raíces."
Lümi tomó la mano de hijo y se dejó empujar junto con él. No sabía cómo hablarle y eso no le gustaba, pero no se dejaría desanimar. Mati cerró la puerta tras de sí y tomó una de las bolsas. Saori se acercó a curiosear.
"Err… ¿mamá?" Mu se pasó su ahora mano libre por el cabello y sonrió nervioso. "Ella es Matilda, mi chica."
Matilda sintió un proverbial corrientazo por el espinazo y miró a Mu perpleja. Nunca creyó que la presentara tan pronto, menos en esa situación. ¿Es que su lemuriano no tenía sentido de la oportunidad? Lümi se volvió hacia ella con los ojos muy abiertos e inquisidores, pensando en millones de cosas al mismo tiempo y sin pensar en nada. Saori rió nerviosa, sintiéndose algo incómoda.
"Es mi chica especial y… bueno: la amo." Añadió Mu con inocencia. "Es importante para mí que lo sepas." Añadió algo sonrojado. Lümi le puso la mano sobre la mejilla y solo al cabo de un rato sonrió.
"¿La tratas con respeto?" Le preguntó a Mu sin rodeos, antes de volverse a Matilda. "¿Te trata bien?"
"¡Claro que sí la trato bien!" Exclamó Mu rojo como un tomate y bastante nervioso. "La adoro. Yo… err… es mi chica especial, significa mucho para mí. Me costó encontrarla."
Algo en la inocente torpeza de las palabras de Mu enterneció a Matilda, quien sintió que sus nervios se calmaban un poco. El hecho que su lemuriano no perdiera más tiempo y de inmediato le dijera a su mamá, a quien veía por primera vez viva, quien era ella y qué significaba en su vida, la hizo enamorarse un poco más del dorado. Inspiró y sonrió.
"Tiene un buen hijo, señora." Le dijo bajando la mirada y ofreciéndole la palma izquierda, gesto que sorprendió a todos, pero que Lümi, pasada la sorpresa inicial, respondió dándole unos topecitos con sus dedos. Al parecer era un gesto cultural que fue bien recibido. "Estoy algo nerviosa, así que si cometo alguna tontería…"
"¿Bromeas? Cuando conocí a mi suegra estaba peor. Cálmate." Se apresuró en decir Lümi, quien volvió la mirada a Mu. "A ver si nos las ingeniamos para conversar… y contarme como se encontraron."
Saori solo carraspeó divertida: la historia detrás de Mati y Mu daba como para escribir un libro. Lo que dejó tranquila a la diosa fue la actitud de Matilda: estaba nerviosa, tanto como Mu, pero no solo no quería estorbar, sino que quería hacer todo lo posible para que su lemuriano se familiarizara con sus padres. Inconscientemente anteponía esa felicidad a la suya, de la manera más altruista posible. A menos allí no habría competencia por la atención de Mu. Eso era una actitud sana. La amazona por su parte no sabía cómo sentirse, pero sí sabía dos cosas: su hijo se veía feliz y parecía que la chica no era tan mala. Ya lo decidiría luego: de momento le daba el beneficio de la duda.
"¿Por qué no mejor vemos lo que hay aquí?" Sugirió Saori buscando entre las bolsas y sacando algunas prendas. "¿De dónde sacaron toda esta ropa?"
"Err… pues con Shaina compramos algunas cosas, y buscamos otras. Creo que la señora Lümi y yo tenemos la misma talla, así que yo me probé lo que podía." Matilda se obligó a tomar aire. "Marín también opinó."
Lümi se acercó a la ropa con la intención de ver qué les habían traído y quizás de ver a Mati más de cerca. ¿Cómo se supone que debía tratarla? Estaba por dar las gracias cuando se abrió la puerta de golpe, tras oírse varias risas.
"¡Miren A Quién Me Encontré En El Baño!" Exclamó Erich con una enorme sonrisa en el rostro.
"¡Miren A Quién Encontré Intentando Fugarse Por La Ventana Del Baño!" Añadió Axl con otra igual de inmensa.
Axl y Erich entraron apoyados el uno con el otro, bastante adoloridos, pero felices. Habían sido muy buenos amigos, compadres prácticamente, y más que llevarse un susto por verse de nuevo, pasado el pasmo inicial no había habido quien los detuviera con la conversa. Se dieron un abrazo tan fuerte con palmadas incluidas que casi se descalabraron los pulmones. Cierto, Erich casi se murió del impacto cuando Axl le preguntó qué hacía: justo había estado tratando de fugarse por la ventana cuando oyó al lemuriano, pero se recuperó pronto. A esas alturas de su vida no iba a rechazar un regalo del destino, por ilógico que fuera. Axl Lüntz era la única persona que podía decir que era su amigo, casi un hermano, quién había logrado hacer que bajara el consumo de alcohol y su confidente, el único que le había arrancado la promesa por ir a Alcohólicos Anónimos, promesa algo errática que solo comenzó a honrar de verdad hacía tan solo seis años.
Axl conocía lo peor de Erich y aun así era su amigo.
"¿Erich? ¡Pero Estás Viejísimo!" Lümi se acercó a Erich y lo abrazó con gusto. Había llegado a apreciar mucho al guardián de la octava casa una vez que le dio la oportunidad de conocerlo mejor. "¡Hasta tienes canas y todo!" La amazona se erizó en el acto. "¡ESTÁS ENFERMO!" Lümi se puso las manos en las caderas. "Axl, suelta a Erich, ¿Qué no te das cuenta que el peso le duele?"
"No puedo." Se lamentó Axl. "También me está sujetando a mí. Si lo suelto me caigo, me duele todo…" Si bien las heridas de Axl se habían sellado solas, si hacía movimientos extraños estas se abrían de nuevo (cada vez menos) y dolían bastante.
"Nos estamos sujetando mutuamente, Lü." Reconoció Erich. "Tuve que romper la restricción de Milo a la fuerza y me duele todo…"
"¿Quién es Milo?" Preguntaron Axl y Lümi al mismo tiempo.
"Mi aprendiz." Reconoció Erich avergonzado, mientras Lümi lo sujetaba.
"Yo me encargo." Intervino Mu, acercándose a los dos, y sujetando a su padre, lo ayudó a sentarse sobre la otra camilla (era una habitación doble). "Maestro Escorpión, por algo Milo lo tenía paralizado. ¿Al final qué le ocurrió?" Mu enarcó los ojos. "¿Sucede algo?"
"No sé a quién te pareces más, Mu. Si a tu padre o a tu mamá." Le dijo Erich con los ojos muy abiertos, mientras Lümi lo ayudaba a sentarse en un sofá cercano. Entonces se volvió hacia Axl, quien se acomodaba en la otra camilla ayudado por Mu. "El muchacho sacó tu carácter, quédate tranquilo en ese aspecto, pero de repente saca a pasear el mal genio de Lümi."
"Erich, ¿Por qué saliste de la cama?" Reclamó la diosa, compungida. "Sabes que no puedes estar en estos trotes."
"¿Qué le pasa, exactamente, Maestro Escorpión?" Le preguntó Mu. "Desde que llegó que todos hemos notado que no está bien de salud."
"Nada muchacho, solo tengo cáncer de hígado. Ya me muero, eso es todo." Explicó Erich sin el menor de los tactos, logrando impactar a su audiencia.
No había otra manera de decirlo. Axl solo bajó la mirada, triste, al parecer ya sabía, pero Lümi se tuvo que sujetar de lo primero que pilló (Matilda), al tiempo que se le cristalizaban los ojos. Athena suspiró entristecida y tanto Mu como su chica miraban perplejos.
"¡Cáncer!" Exclamó Mu. "Pero si eso es tratable y…"
"Ya no, tuve un diagnóstico muy tardío." Erich se encogió de hombros. "Merecido lo tengo por maltratarme tanto. De algo tenía que morirme."
"¡¿Cáncer?! ¿Qué está pasando aquí?" La voz de Juliana les sorprendió a todos. Parecía que acababa de llegar y había escuchado la última parte. Milo estaba con ella y si bien su actitud era sombría, estaba muy atento.
"¡Juliana!"
"¡Juli!"
Al sentir el llamado, Juliana desvió la mirada. La cabeza comenzó a darle vueltas y sintió como su corazón se desbocaba del impacto de ver esta escena. Se tuvo que sujetar del marco de la puerta con ambas manos. Máscara de la Muerte no le había dicho que Erich estaba allí, tampoco que tenía cáncer, menos que se estaba muriendo, a sabiendas de lo mucho que el sujeto la afectaba y encima…
Lümi estaba allí, en ese pijama de hospital, que si mal no recordaba era el que estaba usando cuando falleció y Axl… apuñalado y todo con una camisa distinta, pero sin duda él… y sus presencias se sentían tan reales y verdaderas…
"Me lleva el averno…" Balbuceó al tiempo que sentía que toda la sangre se le iba a la cabeza, y se le filtraban lágrimas ilegales por los ojos. Miró a Lümi, a Axl… a Erich…
Se llevó una mano al corazón e intentó dar un paso hacia delante, como queriendo confirmar o desmentir lo que veía.
Pero la impresión fue mucha. Se desmayó.
Milo alcanzó a sujetarla con las justas.
Continuará.
Por
Misao-CG
Próximo Capítulo: La Caja Fuerte
… luchar de igual a igual. Como aquella agente que cumplía sus misiones al pie de la letra y que no se dejaba derrotar por enemigo alguno… no como una mujer delicada y cariñosa con un niño, como su Benito.
Además pensarla como mujer le producía efectos secundarios en su organismo que prefería no relacionar con ella…
Nota Mental: Podría decirse que con este capítulo se termina un ciclo de este fic, para comenzar otro, en que tienen que asentarse las sorpresas y que las calmas ayuden a todos a reconectarse. Mu necesita conocer a sus padres, Erich… bueno, ya se imaginarán. ¡Conste! Consigan chocolate, que en algunos capítulos será necesario: lloré mientras escribía, con eso digo todo. Por cierto, no sé italiano ni alemán (pecado capital en mi caso, pero bueno). Tuve que depender de Google Traductor. Si alguien sabe y me ayuda, yo feliz. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR LEER!
Te sugiero, Laura, que consigas chocolate, porque vienen capítulos que me dejaron llorando como magdalena. Lümi y Axl van a tener que aprovechar muy bien el tiempo, pues en primera instancia, no tienen mucho para poder compartir con Mu y con toda la gente que les rodea. Se vienen días intensos para todos. Y no, el capítulo fue igual de largo, once páginas. Respondiendo a tus preguntas, Hades sigue con un pitido en los oídos bastante molesto, y Quetzalcóatl… bueno, él es una deidad que se repite en varias culturas mesoamericanas, como la maya (bajo el nombre de Kukulcán) y la mexica (o aztecas). En virtud de eso, el tipo al detectar la actividad de Xibalbá contra el Inframundo, se preocupó y fue a ver qué pasaba. Ya explicará más adelante sus motivos. n.n ¡GRACIAS POR LEER!
¿Quién te dijo que solo eran dos las amazonas doradas, Ozzy? Porque ahorita acaba de llegar otra, a quien le acaba de dar un yeyo con la noticia. Sobre Idril y Lümi, puede que se tasen, que se den el beneficio de la duda, puede que se líen a patadas… y sí, puede que se les cruce un gil o dos por delante. Cosa de tener paciencia. ¡GRACIAS POR LEER!
Claro que es un troll, Yamid, pasa que Quetzalcóatl ha aprendido a ser más relajado en la vida. Los que sufren son los demás, que no logran entender su extraño sentido del humor, o de la oportunidad. No digamos que Mu y sus papás tienen mucho tiempo para conocerse, así que mejor aprovechan el tiempo que tienen. Lo que sí, Idril sí recuperó algo de su rudeza: compréndela, las hormonas la tienen muy sensible y susceptible. ¡GRACIAS POR LEER!
Pues digamos que a Mu le dio una buena jaqueca de la impresión, Larc, pero al menos no tuvo un infarto. Al menos ahora puede darse abrazos con mami y papi. Eso siempre es lindo. ¡GRACIAS POR LEER!
Adoro a Saga, DiosaGéminis, y sí, sé que él y su hermano tienen capacidades telequinética igual que Mu. Y si te pones a hilar fino, Máscara también: recuerda que durante la batalla de las Doce Casas, levantó a Shunrei en el aire y la arrojó a la cascada estando a miles de kilómetros de distancia. ¿Por qué no exploto esos rasgos en mi saga? Pues para que no sean tan perfectos… XB Y licencia artística de mi parte Jejejejeje… Lo mismo pasa con los ojos de Hades: siempre que leo sobre él en los mitos me lo imagino con los ese color de ojos. Lleguemos a un acuerdo y digamos que los ojos de Hadesito son celestes – grisáceos. =D ¡GRACIAS POR LEER!
¡NICE! Pues no se me ocurre donde podrías ir de vacaciones. ._. No sé ni donde iré yo y eso que tengo las vacaciones encima. Creo que de momento Lümi le va a dar a Mati el beneficio de la duda, igual como lo hará con Idril. Primero deja que se le pase la impresión de ver a su hijito crecido y ya todo un hombre. ¡GRACIAS POR LEER!
