(Breath me/ SIA)

Cuando pequeña era muy valiente, quizás porque a los cinco años no tenía realmente internalizado el temor, es muy probable que la inocencia y la ignorancia era tal que mi frágil mente no podía dimensionar las consecuencias de mis actos. Pero conforme uno crece, el mundo te enseña a temer, el mundo te muestra que hay cosas que traen sucesos horrorosos y que si no piensas bien lo que haces, puede que las consecuencias sean fatales.

También aprendí en mi adolescencia que las cosas cambian, y gracias a la naturaleza humana nosotros casi siempre nos adaptamos, si cambiamos de entorno hacemos nuevos amigos, si trabajamos bajo presión generalmente rendimos más, si nos hace falta alguien buscamos el modo de reemplazarlo.

La cosa es que en ese momento de mi vida, era cuando más patente estaban todas esas lecciones. Tanto así que me adapté a la situación con toda la rapidez que fue posible, al punto de olvidar los temores que me habían inculcado para convertirme nuevamente en la Isabella valiente de cinco años, ignorando la idea de que la muerte me seguía el paso tan de cerca que al despertar podía sentir su tenebrosa aura, su gélido perfume... Tenía que lograrlo, tenía que hacer lo que fuese necesario.

No me arriesgaría a un golpe, no estaba siendo inteligente, no estaba jugando bien mis cartas con ese chico, debía aprovecharme de su paciencia al máximo y sacarlo de casillas era por lejos la peor jugada, por ello dejé que pasaran unos minutos sin perturbarlo.

El silencio más grande llenaba la sala, no dije nada, ni siquiera me moví aún con la sensación de que me venía una bofetada, sonreí mirando al frente algo complacida, ese capullo se lo merecía.

No estoy segura de cuanto tiempo pasó, pudieron ser segundos o minutos en los que mi cuerpo se sumió en la amargura más grande, pero el oscuro hastío por la vida se vio interrumpido por pasos en el pasillo que daba a la habitación, mi cuerpo se tensó inmediatamente mientras todo atisbo de petulancia se iba para ser reemplazado por terror, volteé a ver a Edward para saber cual era su estado actual, pero era más rápido que yo, sus manos ya estaban subiendo la venda para cubrir mis ojos. Fue hasta la puerta justo a tiempo para abrirla y recibir a quien fuese que estaba entrando, me quedé en silencio para prestar atención al recién llegado.

-¿Qué pasa? –preguntó Edward y por su voz supe que aquel individuo no representaba ninguna amenaza, mi espalda se relajó al instante.

De alguna forma creía su discurso y su extraño interés por mantenerme "a salvo", me hacía sentir protegida y si él confiaba en alguien ¿por qué yo no?

-Nada, James me mandó a cuidarla –reconocí la voz del chico que antes había estado conmigo.

-No es necesario –respondió Edward, se oía el roce de las prendas como si se moviera.

-Dijo que lo necesitabas –insistió el otro –además yo solo sigo órdenes –agregó luego de unos segundos, las manos me empezaron a sudar de los nervios mientras intentaba captar cada sonido para imaginar el movimiento de sus cuerpos al hablar. Habrán pasado diez o veinte segundos antes de que alguno soltara prenda -¿Qué te está pasando? –no se si sonaba molesto o solo curioso, quizás una mezcla de ambos.

-Nada ¿Por qué me pasaría algo? –Edward sonaba tranquilo, como si realmente no entendiese por qué le preguntaba eso. Sentí que caminaban hasta estar en el pasillo, lo noté porque las voces se oían lejanas y con un leve eco. La puerta chirrió y asumí que estaban semi cerrándola para que yo no oyera, así que haciendo acopio de toda mi capacidad auditiva intenté tomar la conversación que estaban desarrollando.

-Sabes a qué me refiero capullo, somos amigos ¿no? –el acompañante de Edward se oía enojado, o eso me hizo pensar.

-Jasper –dijo Edward deteniéndose unos segundos para aumentar la tensión –no se de que hablas –comprendí que aquel chico era el mismo que debió llevar mi ropa de cambio.

-¿Por qué te comportas así con ella? –Jasper se oía extrañado, preocupado, desentendido y ese deje de rabia no abandonaba sus palabras.

-No me comporto de ninguna manera –Su voz se iba tornando defensiva, lo imagine irguiéndose para demostrar su molestia.

-Sabes que se irá pronto, esa zorra desaparecerá y tu te quedarás con el problema aquí. Para con las pendejadas ¿Vale? Porque cuando tu metes el culo donde no debes yo también termino de la hostia –no lo soportaba, quise partirle la cara de un puñetazo, odiaba esa forma despectiva que usaba para hablar de mí, odiaba que intentase convencer de no protegerme al único individuo que me trataba como a una persona.

-No dejaré que se vaya –habló con una seriedad que me revolvió el estómago, el pulso se me acelero de un modo insano. ¿Que no me dejaría ir? ¿No se suponía que Edward me quería ayudar mientras estuviera ahí? Un susto de muerte se apoderó de mí, estaba de joda si quería retenerme ahí más tiempo.

-¿Qué? –su amigo sonó incrédulo, más o menos así me sentía yo también.

-No dejaré que se la lleven –repitió y un sudor frío me llenó la espalda haciéndome temblar como una hoja de papel. Estaba enfermo, era un loco de verdad, estaba completamente mal de la cabeza.

-Debes estar de broma cabrón ¿Te oyes? –no conocía el rostro de ese chico, pero debía tener una cara de impacto a más no poder –Ya no se qué pretendes, eres un gilipollas -espetó con tanta dureza que casi me río de su tono, pero me mordí la lengua e intente concentrarme en lo importante.

-Ya te dije claramente qué pretendo –la puerta chirrió a penas y supe que Edward pretendía entrar nuevamente, pero antes de que la puerta se abriera por completo oí el roce de ropa y el golpe de palmas, como si Jasper le hubiese dado un empujón, se repitió una vez más.

-¿Por qué? No es nadie, no es nada, soy tu mejor amigo y te digo que estás dejando la cagada –su voz subió de tono llegando fuerte hasta mí, la puerta se cerró con fuerza y por un momento pensé que Edward había entrado, pero el silencio se mantuvo, ni siquiera oía su respiración -¡contéstame! -grito una vez más.

Nada, no pronunció palabra, pero si se oyó perfectamente un golpe contra la pared que daba al lugar en el que yo estaba, tenía los nervios de punta, un barullo que no me quedó claro se desarrolló rápidamente, Jasper seguía exigiéndole que hablara, se oían golpes, no se contra qué o contra quien, más todo se vio opacado frente a lo que Edward soltó luego.

-¡Me recuerda a Rosalie Vale! ¡Y no quiero que la separen de mí otra vez! –el corazón se me detuvo por unos segundos del impacto, como si yo tuviera puta idea de quien era esa ¿Quién carajos era Rosalie? De algún modo todo tuvo más sentido, su paciencia, su protección, ok, vale, puede que no supiera quien coño era pero fuese quien fuese debía ser alguien importante para hablar con aquel tono tan afligido y la curiosidad enorme como mi dolor me hizo cosquillear la lengua, deseosa de saber más detalles –necesito que me ayudes a mantenerla aquí -la súplica absurda para complacer su ridículo deseo de usarme como reemplazo.

-Ya enloqueciste, olvídalo, cágate, yo no me pondré en peligro por ella –mi cabeza se sentía como si fuese a rebentar. Tenía demasiados sentimientos encontrados y no entendía muy bien que pasaba con todo, con mi mente, con mi entorno –Entiendo que la extrañes, pero no por eso te arriesgaras cada vez que aparezca una chica que te la recuerde. –Jasper sonaba mucho más amable al decir lo último, sensible ante el sufrimiento de su amigo –Además sabes que es imposible hacer que se quede.

Un alivio me recorrió el cuerpo, imaginé que tenían reglas con el procedimiento de sus secuestros y que esas les impedían tener demasiado tiempo a alguna persona.

-Solo te pido que la cuides mientras estés de guardia, solo promete no tocarle ni un pelo y no dejar que nadie más se le acerque mientras estés tu –Edward sonaba desesperado, como si estuviese dispuesto a arrodillarse para que su amigo accediera a la petición. Pasó un largo rato antes de que alguno de los dos pudiera decir algo.

-Puto crío, está bien –contestó Jasper y por algún motivo me lo imaginé entornando los ojos al aceptar –lo haré –Eso significaba dos aliados para mí, quizás Jasper no era la persona que más me agradara pero era mejor que nada –puedes salir ahora, prometo cuidarla –¿Y si era una trampa? –así haces que James se olvide de tu estado.

-Con tu vida –le recordó Edward y una pequeña sonrisa se me formó en los labios, de algún modo sonaba muy dulce.

-Con mi vida –eran un par de pendejos jurando ser amigos por siempre, mi terror momentáneo de hace algún rato se esfumó mientras los oía siendo inocentes.

-Está bien, entraré a avisarle que saldré un momento –me removí un poco apoyando el lado derecho de mi frente sobre la barra y a los pocos segundos de decir eso la puerta se abrió.

Sus pasos se dirigieron hasta mí con rapidez donde se inclinó para bajarme la venda que cubría mi vista, quería hablarme a la cara, por ello estaba en cuclillas para quedar a mi altura. De inmediato mi mirada se fijo en un hilo de sangre que le corría por la ceja izquierda.

-¿Qué te sucedió? -esas palabras, mis palabras salieron antes de que mi mente las procesara, ¿Jasper lo había golpeado? -¿Te encuentras bien? -pregunté más para lucir amable que por real preocupación.

-No es nada, me lo conseguí de bruto -respondió con una pequeña sonrisa que pretendía ser alentadora, un brillo tierno apareció en sus ojos mientras hablaba– bini saldré un rato, pero alguien de confianza te cuidará- me avisó volviendo al tema que lo convocaba, no dije nada, me limité a asentir en silencio –tendrás que quedarte con la venda esta vez, lo lamento –se disculpó subiendo el género para bloquear nuevamente la visión, era extraño juzgar al mundo sin tener una idea de cómo lucían las personas, así que para reemplazar el vacío que usaba el lugar de Jasper decidí imaginarlo a mi antojo, delgado con el cabello negro, rostro alargado y poco amistoso, con ojos de absurdo odio hacia mí.

"Volveré pronto"-su frase resonó en el lugar y luego en mi mente por mucho rato.

"Volveré pronto, estaré cada vez que me necesites" las palabras de mamá no me dejaban en paz, recalcándome una y otra vez lo miserable que era la vida, lo mucho que estaba perdiendo "Te necesito ahora mamá, no sabes cuanto".

...

Las horas pasaron absurdamente lentas, de alguna forma me estaba acostumbrando a ese constante estado de incertidumbre en el que me tenían, como si mi cuerpo simplemente superase la expectativa y solo existiese resignado a funcionar por inercia. Se oía un caminar incesante en el lugar, patadas cayendo sobre los trozos de cemento que se habían desprendido de las paredes antiguas, desprendidos tal cual los pedazos de mi esperanza que día a día disminuían. ¿Cuantos días de encierro llevaba?

¿Rosalie? ¿Quién sería? Tenía tanta curiosidad que contaba los minutos que pasaban deseando la llegada de Edward para interrogarlo, esperaba que me contara quien era ella pero por otra parte quería ignorarlo y hacerle el vacío, que sufriera, quería aprovecharme del hecho que le recordara a aquella chica y despreciarlo tanto como me fuera posible.

Entonces una idea apareció en mi mente.

Una brillante.

La mejor técnica no era mostrarme como una perra, por supuesto que no, debía hablarle, aprovecharme de ese "buen sentimiento" al recuerdo de la chica y convencerlo de que una vez fuera de aquí, yo seguiría viéndolo. No terminé de pensar en mi plan cuando las palabras ya estaban saliendo de mis labios.

-¿Puedo preguntarte algo? -mi voz sonó insegura, como si tantease el terreno con aquel chico que no había estado a menos de seis metros de donde yo estaba, podía sentir la desconfianza que su cuerpo emanaba como un gas denso que me afectaba el pulso, desconfiaba de mí, de lo que hacía para que Edward actuase como hacía, pero su desconfianza no era mayor a la que yo sentía.

-¿Qué? –habló tranquilo, no le agradaba a él tampoco pero estaba dispuesto a escucharme.

-¿Qué harán conmigo? –sí, quería preguntarle respecto a la chica, era la intención al principio al menos, pero cuando lo escuché tan calmado y como me respondió de inmediato, no controlé el impulso de cambiar la pregunta. Recordaba demasiado bien que Edward me había dicho que no pedirían dinero y si bien me intentaba convencer de que podían pedir a mi familia algo más a cambio, la parte más lógica de mi cerebro creía que mi secuestro tenía un fin distinto a la entrega de drogas a cambio de mi cuerpo sano y salvo.

-No puedo contestar eso –respondió con un tono neutral, me sentí estúpida por formular la pregunta de un modo tan brusco, así que pensando en que aún me quedaban oportunidades para sacarle información pregunté algo que me pareció más sensato.

-¿Saldré viva de esto? –las palabras fluyeron con tranquilidad, como si la confirmación de algo como aquello no me causara nada. Un par de segundos pasaron antes de que Jasper respondiera.

-Yo no contaría con ello.

No sentí horror, temor o pánico, ya conocía la respuesta antes de que él la dijera. Solo pude sentir seguridad, porque en mi mente se instaló la certeza de que saldría con vida de aquel lugar, porque en mi mente ya existía la forma de cambiar el destino.

Usaría los sentimientos de Edward para salir con vida de aquel lugar.

"Has conmigo lo que quieras, porque para eso existo"


Hola chicas! primero, espero que esta historia les guste tanto como a mí jiji, la cosa se irá poniendo más intensa a cada capítulo así que si les gusta y quieren seguir leyéndola no olviden de dar follow para saber cuando publico, como he dicho antes, si la historia les encanta pueden agregarla a sus favoritos 3

Segundo: Bienvenidas a mis nuevas lectoras, especialmente a Sol.43, ten paciencia que esto se pondra cada vez mejor jiji 3 espero que sigan disfrutando mucho de la historia y me cuenten que les va pareciendo n.n

Tercero: No se, pero cuando uno hace lista de cosas siempre pone tres puntos.

Bueno con eso quedamos por hoy, espero que tengan una linda tarde y no se olviden de sonreír :D

Pd: las invito nuevamente a pasar por mi otra mini historia "4 de septiembre: día de recuerdos" para que vean que les parece.