IX
"Fue por lana y salió trasquilado."
Washington D.C, EUA.
Sin duda, aquel era un lugar lleno de personas ruidosas. Alfred nunca lo había notado, de hecho, le gustaba ese ruido jovial de fondo, pero en estos momentos que quería concentrar su cabeza en como contarle a su ex mentor sobre lo increíble que había pasado en Latinoamérica, le empezó a fastidiar. Tuvo que de manera rápida ingresar a uno de los baños del aeropuerto para poder discar el número y hablar de forma clara. Canadá, quien lo esperaba en el aeropuerto porque su hermano lo había llamado, lo vio caminar por ahí y se acercó al baño a escuchar la conversación. Sorprendido por la información tomó el celular de su bolsillo y marcó aquel número.
Mendoza, Argentina.
"¿Estás segura?" Preguntó nuevamente Sebastián, en el asiento del copiloto.
"Claro, fue una reacción en cadena. Era natural que en algún momento él se fuera a enterar." Contestó María, la venezolana que miraba el paisaje que se abría en la cordillera hacia el país de Manuel, embelesada. El uruguayo miraba por el espejo retrovisor las piernas descubiertas de su vecina, Martín quien conducía, se rió divertido al notar aquello.
Santiago, Chile.
A quien Manuel había visto sentado en el sillón favorito de Martín y que lo miraba con una cara escrutadora, era nadie más que Lovino. La única explicación lógica a que él estuviese allí era…
"¡Manuel! ¡Mi chileno! ¡Estás tan guapa!" Vociferó una alegre voz tras él. Antonio se acercaba peligrosamente con los brazos abiertos para darle un abrazo caluroso a su ex colonia, para equilibrar el frio que había en aquella casa.
"¿Qué estás haciendo aquí? Es decir ¿Qué están haciendo aquí?" Dijo asustado, pensando cómo se habían enterado como entrar a su casa. La llave de la cañería estaba donde siempre ¿No? No alcanzo a esquivar el abrazo del ahora alto Antonio. Le dieron ganas de sacarlo a patadas como hace unos años atrás. "¿Vienes por más concesiones en las carreteras?"
"Vinimos a visitarte ¿Verdad Lovi?" Este en respuesta solo gruño, estaba impactado por el cambio de sexo del chileno… ¿Y si al español se le ocurría? No, nadie debía darle esa idea a ese tarado, maldición.
El dueño de casa trató de juntar la poca y casi inexistente paciencia de la que gozaba y se sentó en el sillón para hablar y hacer razonar a ese weon de salir de su casa y volver a su país.
"Mira Antonio, tengo suficientes problemas con ese argentino de pacotilla para que tu vengas y crees más. ¿Más encima no cachai que hace frío? Quería llegar a mi casa, hacer un buen fuego, tomarme un tecito y regodearme un día en mi cama para mañana volver a trabajar, y llego y me encuentro con tu absurda cara aquí en mi casa, más encima me estreso pensando que debo ponerle mejores sistemas de seguridad, porque no tengo ni chucha idea como entraron aquí. ¿Quieres una mina de litio? Te la doy. ¿Alguna concesión poca? También. ¿Algún weon periodista o opinologo en la televisión abierta con tu acento de película porno? Ni lo pidas. Pero, lo único que quiero a cambio es que te largues y me dejes tranquilo hoy día. Tuve que caminar no se cuantos putos kilómetros para llegar a mi casa como un fugitivo y te encuentro aquí. Estoy cansado, chato y con ganas de golpearte. ¿Entiendes lo que quiero decir?"
"Las llaves son las mismas de cuando construí esta casa ¿Pensabas que no las guardaba?" Antonio sonrió aún más, mostrándole una copia de la llave con un adorno de una banderita chilena.
Diablos, el ser tan tacaño por fin le pasaba a cuenta, tenía razón, no había cambiado la cerradura desde hace siglos.
"Bueno ¿Pero no escuchaste lo importante? Quiero que te vayas."
"Vamos hombre, si con esos bracitos es imposible que cortes la leña."
Una mirada furiosa, que Antonio no percibió, nació en los ojos del chileno. Antonio camino hasta el patio de atrás para cortar leña para el fuego. No vio que tras él estaba Lovino sujetando de los brazos a Manuel que le iba a lanzar un candelabro de hierro del siglo XVII en la cabeza.
Horas más tarde, Lovino sacaba una pizza del horno de la cocina a leña del chileno. Este miraba aburrido desde uno de los asientos de la mesa como el chico se devoraba la mitad. Le dio otro sorbo a su té.
"Manu ¿Estás casado de nuevo con Martín?" Pregunto el español sacando una porción de pizza frente al chileno, interesado en su respuesta.
"No. Y no me recuerdes a ese imbécil, aweonao. Espero que jamás volvamos a juntar los patrimonios, el divorcio fue un caos." Chile se sobo la sien mientras trataba de disfrutar el calor del momento. Esa cocina a leña era milagrosa. "¿Y cuando piensan volver a sus países, mediterráneos?
"Esperábamos acompañarte un par de días Manu. ¿Para qué vas a derrochar tu hermosura en la soledad? A penas nos enteramos vinimos a visitarte. Es que es demasiado extraño y genial lo que te pasó ¿No crees?"
Manuel atinó a levantarse de su asiento realmente cabreado e ir a su cama a dormir. De cualquier forma no podría sacar a esos estúpidos de su casa hasta el otro día. Estos miraron confusos la extraña reacción del chileno, no obstante ni una palabra salió de sus bocas. Antes de irse a dormir, cerró todas las puertas con llave, más aun la de su habitación. No quería ninguna sorpresa desagradable en la madrugada.
Despertó a medianoche por la constante respiración de alguien cerca de su rostro. Se encontró cara a cara con Patagonia que lo miraba de cerca, casi sobre él. Enrojeció de forma instantánea.
"¿Qué..e.. estás haciendo aquí?"
"Vine a verte. Estas tan linda." Dijo Patagonia, siempre habia soñado con tener una hermana menor, se la había pasado rodeada de hombres.
Que vergüenza, el intentando protegerla siempre y ahora con esa fachada, era más protegible que protector ¿Cómo iba a convencerla de volver a ser parte de Chile?
"No me veas. Mejor que conserves los recuerdos de cuando era normal." Dijo Chile dándose media vuelta en la cama para no ver a los ojos a su Ex integrante. Toda la parafernalia y el orgullo de ser un país tricontinental se fue a la cañería de la taza del baño junto con su dignidad en esos instantes.
"Si no está mal, Manuel, no te sientas mal. Me quedaré aquí contigo el tiempo que sea necesario." Le dijo suavemente acariciándole el pelo como una buena hermana mayor.
Manuel tras las cobijas, lloraba en silencio.
Al despertar en la mañana se dio cuenta que Patagonia no se había ido, estaba al lado de él mirando televisión y con una bandeja de desayuno para dos. Era un programa de farándula en que daban la noticia de un argentino famoso cambio a su chilena por una brasileña totalmente despampanante. Apareció el argentino dando declaraciones con ese insufrible acento, y Manuel agarro el control remoto y apagó el televisor.
"¿Cómo dormiste? ¿Estas mejor? Tienes los ojos terriblemente hinchados." Patagonia le tendió una tostada con miel de ulmo al chileno.
"Será normal." Dijo medio cabizbajo.
"Manu, Martín a estado toda la mañana llamándote. Hasta vino aquí y tiró piedras a tu ventana para que le abrieras la puerta. Quien le abrió fue Antonio, así que se fue. Pero…" Sonó otra vez la melodía pegajosa del celular de Manuel. Ahí llamaba otra vez, Manuel con rabia cortó la llamada.
"¿Es verdad lo que dijiste ayer? ¿Te quedarás el tiempo que sea necesario?" Pregunto el chileno haciéndose el desinteresado, aunque moría por dentro de ganas que le dijera que si.
"Claro Manuel" Respondió la mujer con una sonrisa.
"¿Y me acompañarías a Estados unidos la próxima semana?"
"No veo inconveniente."
Já. Ahora todos verían que Patagonia andaba con él (Bueno, ella), parecía que de otras formas iba a conquistar su objetivo. La sonrisa volvió a invadir los labios de Manuel, dándole nuevas esperanzas.
Mientras todo esto ocurría, Martín dormía en una de las habitaciones del hotel. Soñaba que llegaba a la casa del chileno, como hace unas horas y salía Antonio a recibirlo.
"Mi Martín ¿a que no sabes?" Decía entusiasta el español, Martin veía una sospechosa marca de lápiz de labios rojo en su cuello.
Entro a la casa asustado, pensando que Manu había caído en las garras del español… Por uno de los pasillos, caminaba Alfred con Arthur. Miraron con desprecio al argentino.
"¡Te lo dije! Hace unos movimientos impresionantes, incluso me soltó unas minas de oro cuando hacia un masaje tailandés después de..." Le decía Alfred a Arthur, quien tenía un gran rubor en las mejillas, el ingles decía "A mi me soltó unos yacimientos de cobre.". Con paso más enérgico caminó hasta la habitación del chileno, empujando a los anglosajones.
Ahí estaba con su fachada femenina recostada en la cama con un traje de cuero negro apretado a sus partes, fumaba un tabaco. A sus lados, estaba Mexico y Uruguay besándole las manos. Brasil por su parte le hacía un libidinoso masaje en los pies.
Martín preocupado se acercó al chileno.
"¿No sabés que todos esos te están usando para sus objetivos, pibe?"
"Vamos si no es tan grave, solo lo he pasado bien con Antonio, Alfred, Arthur, Sebastian, Jose, Luciano, Daniel, Francis, Feliciano y Lovino, nada de qué preocuparse. Acostarse con uno o con otro da lo mismo, y al final es tu culpa, tú me transformaste en esto… ¿Es lo que querías no? Y el weon ahora se queja" Todos los presentes soltaron cínicas carcajadas señalando al argentino.
"¿Qué te acostaste con quién?" Preguntó incrédulo Martín, casi sin aire.
Jaque mate. Manuel sonrió satisfecho, esta vez le había ganado. Martín de desmayó en el sueño, despertándose.
"¡No, no! No puede ser posible." Dijo Martín. Sebastián entro preocupado al cuarto, temiendo que su hermano haya enloquecido por ver dos veces en tan poco tiempo a Antonio.
"¿Qué pasa?"
"Tengo que revertir esto, me voy a Chiloé. A vos no se te ocurra seguirme" Exclamó asustándose… ¿y si la noche anterior el chileno ya se había entregado en cuerpo… y alma... al español? Ya una vez lo había reconquistado. No, no podía permitirlo. El cuerpo de ese chileno era de él y solo de él, nada de propiedad comunitaria aquí.
Chiloé, Chile.
Tocó insistentemente la puerta de la casa del Trauco, pero nadie contestó. En su desesperación divisó a una hermosa mujer rubia estaba a orillas del mar, Martín se acercó a ella y le tomó el brazo traspasándolo, era como un fantasma, tropezó asustado hacia atrás.
"Sé que es una locura hablar con un holograma, pero ¿Vos sabés donde está el Trauco?"
Ella miró al argentino con una sonrisa coqueta, y contesto con una voz de otro mundo. "Él se fue de aquí hace unos días."
"Se fue… se fue ¿A dónde mujer?"
"Dijo que tenía que protegerse porque Manuel volvía a Chile y lo iba a castrar. Se lo dijo el bosque."
"Pero te pregunto ¿A dónde?"
"No lo sé, si lo sabría lo habría acompañado, ya casi nadie cree en nosotros ni nos busca, así que nos hacemos compañía mutua." La mujer pareció triste. Martín se agarró sus rubios cabellos con desesperación.
¿Cómo solucionaría este embrollo?
Próximo capítulo
"¿De verdad no lo quieres probar?" Dijo Francis divertido moviendo la copa de vino de un lado a otro, el chileno seguía la copa, como un gato sigue un láser, su paladar no había probado gota de alcohol hace unas semanas.
