LAS GUERRERAS MAGICAS

CAPITULO 9 – EL DESPERTAR

La situación parecía empeorar, no solo para las chicas, también en el castillo. Zagato había huido después de haber sido manipulado por Alanis y atacado a Latiz. La condición de la princesa Esmeralda seguía decayendo, y la guardia del castillo era muy poca. A pesar de esto, Lucy, Marina y Anaís comenzaron a sospechar que su encuentro entre ellas no era mera coincidencia, y la presencia de Nikona confirmaba sus sospechas. El plan del emperador Megas de apoderarse de la energía de Céfiro aún sigue en marcha y falta poco para que la espada Leethus despierte… pero aún no se materializan las guerreras mágicas.

A la mañana siguiente, el ambiente en el castillo era muy tranquilo, en todos los pasillos y habitaciones reinaba el silencio. Todos los guardias y soldados habían sido colocados fuera del castillo para protegerlo en caso de un ataque, pues la ausencia de Zagato significaba una gran baja en las defensas. Ráfaga tomó el mando de la guardia ese mismo día.

-¡Señor, alguien se aproxima!- le dijo un guardia a Ráfaga.

-¿Quién podrá ser?- murmuró.

Un muchacho alto y de cabello blanco se acercaba al castillo. Llevaba puesto un gran manto color verde oscuro, que cubría todo su cuerpo, y una capucha del mismo color. No mostraba intenciones de atacarlos, simplemente se acercó a Ráfaga con paso lento.

-¿Qué deseas?- preguntó Ráfaga cuando el muchacho estuvo frente a él.

-Vengo a buscar a Latiz. Necesito hablar con él.- respondió en tono amable.

-Lo siento, pero en estos momentos Latiz está ocupado.

-Solamente dígale que Aguila quiere hablar con él.

Ráfaga sospechó un momento de él, pero luego se dio media vuelta y entró al castillo mientras Aguila esperaba en la entrada.


Humillada y furiosa, Alanis se dirigió a la habitación del emperador Megas para disculparse por su falla, pero antes de entrar se encontró con Nova.

-¿Por qué no me sorprende el que hayas fallado, Alanis?- dijo Nova en burla.

-No tengo que darte explicaciones.- contestó Alanis sin siquiera mirar a Nova.

-Pues será mejor que comiences a pensar en una buena explicación. El emperador Megas no está de muy buen humor, y no creo que las noticias sobre tu misión le levanten el ánimo.

-El emperador Megas sabrá perdonarme.

-¿Estas segura?- Nova comenzó a caminar alrededor de ella- ¿Y que te hace pensar eso?

-De no ser por mí, él nunca hubiera encontrado el lugar donde yace Leethus.

Nova se acercó a ella y la sujetó por el cuello, levantándola un par de centímetros del suelo. Alanis intentó liberarse, pero la mano de Nova no abría ni un poco.

-Al emperador no se le pueden cobrar favores. Primero agradece que te haya mantenido a su lado todo este tiempo. No sé por que al emperador le gusta tener de aliados a inútiles como tú y Paris.- Nova arrojó a Alanis al suelo y rió.- Será mejor que te vayas, el emperador está ocupado hablando con Ascot y no quiere que lo interrumpan.

En ese momento, las puertas de la habitación se abrieron y Ascot salió. Estaba muy callado y pasó de largo entre ellos. Alanis, que estaba en el suelo, alcanzó a notar que en el dorso de las manos de Ascot estaba pintado un pentagrama.

-Supongo que ahora el emperador Megas podrá recibirme.- dijo Alanis al ponerse de pie y entrar en la habitación.

Nova no dijo nada y tampoco le impidió que entrara, solamente se quedó en su lugar y rió entre dientes con una gran expresión se satisfacción. El emperador Megas estaba sentado en su trono cuando Alanis entró.

-Amado señor, he regresado del castillo de Céfiro.- dijo Alanis inclinándose. Megas no dijo nada, ni siquiera se movió- Lamento informarle que no pude completar mi misión debido a la intromisión de la princesa Esmeralda y de tres niñas tontas.

Megas se levantó del trono y bajó la escalinata hacia el río que dividía la habitación. El agua que fluía por el río se levantó un poco formando una serie de escalones por los que cruzó Megas para poder estar frente a Alanis.

-Mi señor, le ruego que me dé otra oportunidad, le aseguro que no fallaré.- Alanis comenzó a sentir miedo cuando Megas estuvo delante de ella- Zagato y Latiz están separados, y el castillo es vulnerable ahora. Tengo un plan…

-¿Qué has dicho?- la interrumpió.

-Digo que tengo un plan que acabará con el castillo y…

-Así que Zagato y Latiz no están juntos.- Megas se inclinó al nivel de Alanis mientras reía.

-Entonces ¿me dará otra oportunidad?- al decir esto, Megas dejó de reírse y cerró los ojos manteniendo una sonrisa en el rostro.

-Ya no te necesito.- murmuró.

-¿Qué?- reprochó Alanis aterrada.

-Tu misión era la de separar a los hermanos Zagato y Latiz, no importaba si los matabas o los mandabas a diversos lugares de Céfiro. Pero ahora que ya has cumplido, creo que ya no requiero de tus servicios.

-¿Cómo puede decir eso señor? Yo siempre le he sido fiel y he hecho todo lo que me ha pedido…- Alanis se agitaba cada vez más.

-Desaparece de mi vista.

Alanis corrió hacia la puerta, pero Megas la detuvo con su magia, luego hizo un movimiento con su mano hacia atrás y Alanis fue lanzada con gran fuerza al interior del río. El agua solo se agitó cuando Alanis cayó dentro, pero recuperó su estado quieto inmediatamente.

-Solo dos días más.- Megas apretó su puño y varios rayos de luz rodearon su brazo- Solo debo esperar dos días más para que Leethus despierte, y cuando eso suceda, el poder de Céfiro será todo mío.


Marina caminaba de un lado a otro por los pasillos del castillo, tratando de familiarizarse con ellos. Visitó cada una de las habitaciones y revisó cada rincón. Sin darse cuenta llegó a la habitación sagrada, en donde se encontraba la espada Valis. Se sintió culpable y preocupada al ver la pared destruida por la cual había entrado a la fuerza para robar la espada. Marina volteó rápidamente al escuchar pasos detrás de ella.

-Parece como si un huracán hubiera pasado por aquí.- dijo GuruClef al ver los escombros de la pared.

Marina no dijo nada y bajo la vista al suelo avergonzada por lo que había hecho. Intentó disculparse pero no encontraba las palabras adecuadas para hacerlo. Entonces, GuruClef levantó el báculo que siempre llevaba y, con ayuda de su magia, el muro comenzó a reconstruirse rápidamente. Ella observó que GuruClef hizo asombrada.

-Tú debes ser GuruClef, el hechicero real ¿no es cierto?- preguntó Marina en voz baja.

-Si, y tú debes ser la chica que provocó este desorden.- le sonrió. Las mejillas de Marina se sonrojaron y se sintió más apenada- No me malinterpretes, no te culpo por querer robar la espada Valis.

-Es que yo…- Marina quiso explicar lo que sucedía, pero luego se arrepintió.

-¿Cuál es tu nombre?- preguntó GuruClef amablemente.

-Ma…rina.- respondió tímidamente cuando GuruClef tomó sus manos.

-¿Te gustaría acompañarme a tomar una taza de té mientras me cuentas que sucedió aquí?- le volvió a sonreír.

Marina solo movió un poco la cabeza aceptando la amable invitación de GuruClef. Una vez que la pared estuvo totalmente restaurada, ambos caminaron hacia la cocina.


En su habitación, Anaís hacía una plegaría por sus padres y su hermana, quienes habían fallecido poco tiempo antes. Sus brazos descansaban sobre su cama mientras ella estaba de rodillas en el suelo. Cuando terminó se puso de pie y salió, pero al cruzar la puerta se encontró con Paris. El muchacho parecía haberse recuperado del veneno de Ygrámul, y caminaba con naturalidad. Al verlo, Anaís quiso golpearlo y desquitar todo su dolor por que había sido él quien le arrebató a su familia, pero no lo hizo.

Paris se paró frente a ella y después de mirarla un momento a los ojos se inclinó y se soltó a llorar. Anaís no comprendía la actitud de Paris, aún así se agachó y limpió una de sus lágrimas, pero ella no pudo contenerse y también comenzó a llorar.

-Perdóname Anaís… perdóname.- repetía una y otra vez Paris.

-¿De que hablas?- quiso saber Anaís.

-GuruClef te dijo quien era el responsable de la muerte de tu familia ¿no es cierto?- dijo sollozando.

-Paris…

El corazón de Anaís estaba totalmente desconcertado, no sabía si debía sentir lástima u odio, cariño o desprecio.

-Sé que no merezco que me perdones. Por mi culpa tus seres queridos ya no están con vida. Además, cuando nos conocimos en la aldea de Talim yo tenía la intención de asesinarte a ti y a tu amiga.- Anaís se sorprendió aún más al escuchar esto- Si quieres, toma mi vida para vengarte.

Paris sacó entonces una daga que llevaba oculta bajo su pantalón y se la entregó a Anaís, luego inclinó la cabeza y cerró los ojos. Anaís se quedó petrificada al sentir la daga en sus manos e inmediatamente la levantó guiada por el odio. Al no sentir nada, Paris abrió los ojos y, sin levantar la cabeza, vio que la daga caía al suelo, y luego Anaís se tiró para llorar.

-¿Por qué?- le preguntó Paris en voz baja.

-No puedo quitarte la vida. Por mucho odio que sienta hacia ti, no puedo hacerte daño. Mi familia nunca me lo perdonaría.

En ese momento, Paris apartó la daga de ellos y abrazó a Anaís para que llorara en su hombro. Ambos permanecieron así durante mucho tiempo, desahogando todos los malos sentimientos que había en sus corazones.


-Latiz.- le habló Ráfaga- Hay alguien que desea verte.

En el salón principal, Latiz meditaba tranquilamente mientras sostenía frente a él la hoja de su espada.

-¿De quien se trata?- preguntó seriamente.

-Dice llamarse Aguila.

Latiz se paró de inmediato y siguió a Ráfaga hasta la puerta. Afuera del castillo, Aguila aún esperaba pacientemente a que Latiz apareciera.

-¿Qué deseas Aguila?- preguntó Latiz al verlo.

-Siempre directo al punto¿verdad Latiz? Esperaba una bienvenida más calurosa.- contestó Aguila sonriendo.

-No tengo tiempo para bromas. Dime a que has venido.- dijo Latiz más severo.

-Tú mejor que nadie sabes a que he venido.

-Así que aún no cambias de idea.

-La situación en Céfiro empeora cada vez más. Muchas de las aldeas al norte de aquí han sido destruidas por una sola guerrera.

-¿Qué? Eso es imposible, GuruClef me lo hubiera dicho.

-Estoy seguro de eso. Pero el poder de esa chica impide que alguien se de cuenta de lo que hace.

-¿Y como es que tu lo sabes?

-Por que yo he luchado contra ella en dos ocasiones, pero…- Aguila abrió el manto que cubría su cuerpo y le mostró a Latiz su espada quebrada- Todos los que le han hecho frente han fallecido. Si aún sigo con vida es por que he escapado en el último minuto.

-Gracias por la información Aguila, pero nosotros nos ocuparemos de esto.- Latiz se dio la vuelta y regresó al castillo.

-¡No puedes hacer esto!- intentó detenerlo Aguila- ¿Cómo piensas derrotar al enemigo sin tu hermano?

Latiz se detuvo por un instante y murmuró algo, pero Aguila no pudo escucharlo, luego continuó su camino, y Aguila no tuvo más opción que retirarse, al menos por ese día.


Mientras tanto, Lucy descansaba un rato junto a la princesa Esmeralda, quien seguía dormida. Debido a que la noche anterior no había dormido muy bien, los ojos de Lucy se cerraban constantemente, hasta que se quedó dormida. En su sueño, Lucy se encontraba sobre una roca flotante desde la cual se podía apreciar casi toda la superficie de Céfiro. Junto a ella, la princesa Esmeralda admiraba el paisaje. A pesar del hermoso paisaje, el rostro de Lucy se mostraba serio y preocupado.

-¿Qué sucede Lucy?- le preguntó la princesa.

-Princesa…

-¿Si?

-Lo que dijiste ayer sobre nosotras… cuando nos llamaste guerreras mágicas ¿qué quisiste decir?

-¿Recuerdas lo que te dije cuando nos conocimos?

-Creo que si.

-Cuando supe de la amenaza que acechaba a Céfiro, sentí la necesidad de llamar a mis tres guerreros sagrados para que protegieran este maravilloso lugar. Pero debido a la intervención de la espada Leethus, no pude utilizar mis poderes para saber en dónde se encontraban esos guerreros. Afortunadamente, lejos de este mundo, encontré a una jovencita con la fuerza del corazón necesaria para enfrentarse al él.

-¿Te refieres a mi?

-Así es. Como te dije antes, tu misión era la de buscar a tus dos acompañantes, y ahora que las encontraste, una de ustedes debe empuñar a Valis, y entonces nada ni nadie podrá hacerle daño a Céfiro.

-¿Eso quiere decir que nosotras tres somos tus guerreras, las guardianas de Céfiro?


En la cocina del castillo, GuruClef servía un par de tazas de té para él y para Marina.

-Muy bien. Ahora ¿por qué no me cuentas la razón por la que has venido?- dijo GuruClef.

-Bueno… es que yo…- dudó Marina.

-No te preocupes, no tengo intención de castigarte por lo que hiciste.- Marina miró su taza y siguió hablando.

-Un amigo me pidió que robara la espada Valis para que él la usara. Sus intenciones no eran malas, todo lo contrario, él quiere derrotar al emperador Megas.

-¿Megas?

-Megas es el malvado que está detrás de todo lo que esta pasando en Céfiro. ¡Mi amigo quiso que robara la espada por que a ninguno de ustedes parece importarle que Céfiro esté siendo cubierto por las sombras!- Marina elevó un poco su tono al decir esto.

-Lamento el que no hayamos hecho nada, pero no contábamos con que el emperador usaría su magia para impedir que nos diéramos cuenta de lo que hacía.

-¿Qué?

-Si no hemos hecho nada ha sido por eso. Pero no lo pondré como excusa por que sé que debimos estar preparados para algo así. Supongo que no soy tan buen hechicero como creía.- sonrió GuruClef y le dio un sorbo a su taza.

-¿Y que pretenden hacer?

-Solo el elegido por la princesa Esmeralda puede empuñar a Valis contra Leethus. Si cualquier otro la usara, las consecuencias serían desastrosas.

-Pero la princesa Esmeralda esta enferma ¿cómo podría escoger a sus tres guerreros legendarios?

-Eso es lo que más me preocupa.- dijo al terminarse su té- Sin la princesa, dudo que podamos escoger a la persona indicada para que lleve la espada.

Al caer la tarde, Marina y Anaís se reunieron en la habitación de Lucy para platicar, pero las tres estaban angustiadas y muy calladas. Marina descansaba en la cama, Anaís estaba recargada en uno de los muros, y Lucy jugueteaba con una silla.

-Chicas…- dijo Lucy para romper el hielo- Tengo que decirles algo muy importante.

-¿De que se trata?- dijo Anaís.

-Se trata sobre nosotras… y sobre Céfiro.

-Continua.- dijo Marina.

-La princesa Esmeralda quiere que nosotras luchemos contra el enemigo para salvar a Céfiro.

-¿Qué?- gritaron Anaís y Marina.

-¡No es posible!- exclamó Marina.

-Piénsenlo. No es ninguna coincidencia el que nos encontráramos aquí ni tampoco el que cada una de nosotras posea el poder de los antiguos guardianes de Céfiro.

-En eso tiene razón Lucy.- dijo Anaís.

-¿Y que hay de Nikona?- preguntó Lucy- Apuesto a que no soy la única que ha visto a Nikona.

-A decir verdad, yo también vi a Nikona ayer, fue quien me entregó mi magia con la que pudimos vencer a Alanis.- dijo Marina.

-¿Y tú Anaís?

-Pues…- Anaís permaneció callada.

-¿Qué sucede?

-También he visto a Nikona.

Anaís comenzó a platicarle a las chicas la tragedia que había sucedido en su aldea con tanta claridad que ellas mismas pudieron sentir el calor de las llamas a su alrededor.

-Justo antes de regresar a la aldea para buscar a mi familia me encontré con Nikona. Trató de impedirme que regresara, pero no le hice caso. Antes de irme, me golpeó con un pequeño rayo rosado. Después de eso utilice por primera vez mi magia de viento.

Las tres chicas se quedaron pensativas, pues había muchas cosas que confirmaban sus sospechas de que ellas eras las legendarias guerreras mágicas.

-¿Debemos decirle a GuruClef?- dijo Marina.

-Creo que será lo mejor.- secundó Anaís.

Entonces, una gran explosión estremeció los alrededores. Las chicas salieron de inmediato del castillo para ver que era lo que estaba sucedido. Todos los soldados y guardias luchaban contra cientos de criaturas demoníacas que amenazaban el castillo. Ráfaga, Latiz y Aguila también hacían su mayor esfuerzo por detener a las criaturas. De no ser por el gran poder de Latiz y Aguila las criaturas hubieran penetrado el castillo a pesar del escudo que lo rodeaba producido por la magia de GuruClef.

Lucy intentó correr para ayudar a sus amigos, pero una esfera brillante apareció frente a ella. La esfera era pequeña y, cuando Lucy la tomó con su mano, perdió su brillo y se transformó en una pequeña bolsa. Lucy la reconoció de inmediato, era la bolsa en la que había guardado los cristales que compró para sus hermanos en la torre de Tokio.

-Guerreras mágicas.- les habló la princesa Esmeralda en sus mentes- Usen estos cristales mágicos como símbolos de su amistad y fuerza.

-¿Mágicos?- se preguntó Lucy a sí misma.

Dicho esto, los cristales se elevaron y volaron hacia cada una de las chicas, el cristal azul para Marina, el cristal verde para Anaís y el cristal rojo para Lucy. Ya con su dueña, los cristales comenzaron a resplandecer, llamando la atención de todos los presentes. La luz blanca cubrió a cada una de las chicas, cambiando su vestimenta. Cada una recibió un traje de diferente color que consistía en una falda, una blusa, un suéter y un par de botas; también obtuvieron una armadura muy elegante, el peto abarcaba del cuello a la cintura y también cubría la espalda, mientras que los espaldarones eran largos y puntiagudos. El material de las armaduras era muy resistente, pero al mismo tiempo era flexible como cualquier otra prenda de vestir. Al igual que los cristales, su ropa y las armaduras llevaban el mismo color.

Una vez hecho el cambio, los cristales se transformaron en tres armas distintas: una espada de doble filo para Lucy, un espadín para Marina y un arco y flechas para Anaís.

Las criaturas ignoraron la transformación y retomaron el ataque con más fuerza. A pesar de los esfuerzos de los tres caballeros, el número de criaturas parecía no disminuir. GuruClef y Paris también salieron del castillo. Apenas había cruzado la salida, Paris descubrió una silueta en el aire.

-¡Es Ascot!- gritó.

-¿El muchacho que nos atacó la última vez?- quiso confirmar Anaís.

-Si. ¿Qué rayos estas haciendo Ascot?- reprochó Paris.

Ascot solo comenzó a reírse al escuchar a Paris y utilizó su magia para incrementar la fuerza de las criaturas.

-¿Algo anda mal?- murmuró Paris- Esas criaturas no le pertenecen a Ascot.

Preocupadas por sus amigos, Lucy, Marina y Anaís entraron a la batalla con sus nuevas armas. La espada de Lucy era tan filosa que se podía sentir como cortaba el viento y de vez en cuando algunas flamas salían de la hoja; el espadín de Marina era muy ligero y largo, con él, Marina podía atacar con una velocidad y agilidad increíble; las flechas de Anaís tenían magia, pues al despegarse del arco se cubrían con ráfagas de viento formando pequeños torbellinos.

Al darse cuenta de que comenzaba a perder terreno, Ascot desenfundó una espada y voló a toda velocidad contra Lucy, pero antes de alcanzarla, Paris saltó y lo cogió por la cintura. Ambos rodaron por el suelo y quedaron en medio del campo de batalla.

Desde la entrada, GuruClef utilizó su magia para destruir a las criaturas que lograban evadir a los combatientes y penetrar el escudo del castillo.

-¿Por qué?- dijo Ascot al ponerse de pie- ¿Por qué insistes en interferir? Seguramente estas buscando que te de una muerte lenta y dolorosa.

-¿Qué son estas criaturas?- le preguntó a Ascot desde el suelo.

-¿Te gustan?- sonrió- El emperador Megas me las ha obsequiado. Dijo que eran criaturas extremadamente fuertes y poderosas, y veo que es cierto.

-¡Pero son demonios! Tu magia no controla ese tipo de criaturas.

-¿Qué sabes tú de mi magia? No tienes idea de cual es mi verdadero poder. Gracias al emperador, ahora puedo manejar a estas magníficas criaturas, y haré todo lo que me pida para agradecérselo.

Ascot disparó varios rayos contra Paris, pero él rodó velozmente por el suelo para esquivarlos. La batalla se prolongo durante una hora y parecía que nunca terminaría.

-¡Flecha de Fuego!- gritó Lucy para atacar a un demonio que amenazaba a Latiz- ¿Te encuentras bien?- le preguntó. Latiz no le respondió, solo la miró a los ojos con la misma expresión seria y profunda de siempre.

-¡Abajo!- le ordenó Latiz y luego blandió su espada contra un demonio.

-Gracias.- murmuró Lucy.

-De nada.- dijo Latiz rápidamente antes de regresar a la batalla.

Lejos de ahí, en la cueva donde yacía la espada Leethus, el emperador Megas y Nova revisaban el estado de la espada.

-¡Ya casi despierta señor!- dijo Nova- Eso quiere decir que la energía vital de la princesa Esmeralda es poca.

Megas no prestó atención a las palabras de Nova y sujetó la empuñadura de la espada, que aún permanecía clavada en el muro. El aire en la cueva se volvió cada vez más denso y Nova se sentía un tanto incómodo. La ansiedad en el corazón de Megas por poseer la espada crecía a cada instante.

-Si lo que dices es cierto, entonces Esmeralda morirá pronto ¿no?- dijo Megas.

-Así es señor.

-Dime, Nova… ¿Estas dispuesto a hacer cualquier cosa para que mis deseos se cumplan?

-Desde luego señor. Haré cualquier cosa que me pida, incluso le daría mi propia vida.

-Me alegra escuchar eso…

Megas usó toda su fuerza y arrancó la espada del muro. Nova se desconcertó al ver lo que hacía.

-Señor¿por qué ha hecho eso? La espada aún requiere de energía vital para recuperar su fuerza.- Megas se dio la vuelta rápidamente y atravesó el abdomen de Nova con la espada. Soltó una ligera risa al hacer esto- Pero… ¿Por qué?...

-¡Ha ha ha! Creí que habías dicho que me entregarías tu vida si te lo pidiera.

-Pero… no… no entiendo.

-Digamos que necesito la espada cuanto antes.

El brillo en los ojos de Nova se desvaneció poco a poco, y Megas podía sentir claramente como la espada cobraba vida. Su fuerza era inmensa y su poder incontenible. El cadáver de Nova cayó al suelo, pero su herida no derramó ni una sola gota sangre.

-Pronto Esmeralda… pronto…- dijo Megas mientras abandonaba la cueva.

El cielo en todo Céfiro se cubrió de densas nubes oscuras que no permitían el paso de los rayos de sol, y cientos de relámpagos iluminaban la tierra. Todos los que se encontraban en el castillo, incluso el enemigo, se atemorizó al ver lo que sucedía, pero solo GuruClef mostró una expresión de terror.

-¿GuruClef?- le habló Marina- ¡Responde!

-Leethus ha… despertado. ¡Oh no, la princesa Esmeralda!- todavía no terminaba de decir esto cuando corrió al interior del castillo.

Los demonios huyeron asustados al sentir la presencia de una energía maligna en el aire, y Ascot intentó detenerlos con su magia, pero no lo logró.

-¡Regresen criaturas estúpidas!- les gritaba.

-¿Qué piensas hacer ahora?- le preguntó Paris al ver que se había quedado solo.

-¡Maldición! Juro que este no será nuestro último encuentro.

Ascot se desvaneció para regresar a la fortaleza de Megas, mientras que los demás entraban al castillo para refugiarse del cambio de clima. Solo Latiz y Lucy permanecieron afuera. Latiz miraba el cielo, y Lucy lo miraba a él.

-¿Qué pasa?- preguntó Lucy en voz baja.

-Céfiro…

-

-La batalla por el destino de Céfiro esta por comenzar.

Latiz clavó su espada en el suelo y la abandonó ahí, luego regresó al castillo, y Lucy hizo lo mismo con su espada, pero se quedó entre ambas derramando un par de lágrimas.

(Fin del Capítulo)

Lamento no poder actualizar tan seguido como quisiera, pero he estado muy ocupado, además de que no se me ocurría nada para continuar la historia. Ojalá estas semanas se me aligere el trabajo.

Quiero mandarle un saludo a Luna y a abcchan y agradecerles por sus reviews. Espero que me esperen (valga la rebusnancia) y que me acompañen hasta el final de la historia.

Por el momento es todo. Nos leemos luego. Un saludo a todos los lectores.