A la mañana siguiente, Clary fue dada de alta en el hospital, preguntó a los doctores varias veces si estaban seguros que la niña estaba bien y siempre recibió la misma respuesta.
"Tranquila, tu bebé está perfectamente." Le dijo con una enorme sonrisa el médico. "Ahora vete a casa y descansa."
Si aquel médico supiera por lo que estaban pasando, jamás hubiera dicho eso. ¿Cómo iba a descansar sabiendo que sus amigos y el hombre al que quería estaban en peligro? Miró a su madre y luego a Simon que no se había separado de su lado en ningún momento. Ninguno de los dos le iba a permitir cometer una tontería, marcharse e ir en busca de Jace, no era una opción, no porque no quisiera, si no porque le iban a dejar.
"¿Nos vamos?" Simon rodeó los hombros de su amiga con sus manos y esperó a que le mirara a la cara. "Los dos sabemos de lo que es capaz de Jace, ha sobrevivido a mucho."
"No siempre."
"¿A que te refieres?"
Clary nunca había hablado del tema, ya que el solo hecho de recordarlo, ya le quitaba la respiración. Había visto morir a Jace, lo había visto delante de ella, muerto a manos del que hasta entonces creía que era su padre. En todo ese tiempo no había podido quitarse de la cabeza la imagen del amor de su vida muerto en el suelo.
Había tenido pesadillas sobre eso, se había despertado gritando su nombre en mitad de la noche y tan sólo había conseguido calmarse, al notar sus brazos rodeándole en la oscuridad de su dormitorio, diciéndole que todo estaba bien.
"¿Clary?"
"¿podemos hablar sobre eso más tarde? Me gustaría ir a casa y tumbarme un rato?"
"¿Te encuentras bien?"
"Si, es solo que…"
Es solo que no puedo hacerme a la idea de que le ocurra algo malo a Jace, no podría perdonarme que algo así volviera a suceder otra vez. Lo que pasa es que no creo ser capaz de soportar perderle, que su hija crezca sin conocerlo. No creo que pueda hacerlo, Simon.
Sin embargo no dijo nada, sonrió y se abrazó a Simon, como si todo lo que ocurriera es que estaba cansada.
- o -
"¿Qué vamos a hacer?" Preguntó Luke, más como un pensamiento en voz alta que como si fuera una auténtica pregunta.
Nunca había estado en ese mundo, una mezcla entre sueño y realidad, una horrible fantasía creada por Sebastian, para destruirles. Dio las gracias por que Magnus no estuviera allí y no viera el estado en el que se encontraba Alec, no se imaginaba lo que el brujo sería capaz de hacer.
"Jace."
"No lo se ¿de acuerdo? No se lo que vamos a hacer, por que ni siquiera se como vamos a salir de aquí con Alec. No es el verdadero Alec." Miró al muchacho que parecía dormir en su regazo, pensar que estaba en una especie de coma le hacía mucho más daño. "No lo se y no se si podremos jugar sus dos partes, su alma y su cuerpo. Y tampoco se y no puedo soportar pensar en ello, que es lo que ese desgraciado le está haciendo a Alec. Es mi hermano mayor y no se que hacer para dar con él y ayudarle."
Por fin lo había dicho. Desde que toda aquella pesadilla había comenzado no se había atrevido a decirlo en voz alta, no delante de Clary y mucho menos de Isabelle, por no hablar de Magnus. Había tenido que guardar todo eso para si mismo y permitir que el dolor en su corazón se hiciera insoportable.
Pero ya no podía más y al final se habí visto obligado a decirlo en voz alta.
"Vamos a salir de esta."
"Siempre decimos eso y hasta ahora siempre lo creía." Jace acarició el cabello de Alec, preguntándose si sentiría su contacto. "Pero ahora no estoy tan seguro. Sebastian es muy fuerte y tiene algo a su favor, la sed de venganza, está decidido a acabar con nosotros sin importar las consecuencias, pero lo que realmente quiere es vernos sufrir y sinceramente lo está consiguiendo."
Antes de que Luke pudiera decir algo, Alec protestó desde su sueño. Arqueó el cuerpo y se dejó caer otra vez sobre Jace.
"¿Alec? ¿Alec que te ocurre?" Jace apretó el cuerpo de su amigo asegurándose no lastimarle al hacerlo. Apartó un mechón de su rostro y lo acarició como si de un madre leona se tratara. "Alec, vamos dime algo."
Su amigo se retorció todavía más, su cuerpo se agitó y protestó hasta gritar con fuerza. Casi no podía mantenerlo en el suelo, atrapado entre sus brazos. Miró a Luke buscando algo de ayuda, pero su amigo estaba tan perdido como él.
- o -
El dolor se apoderó de su cuerpo. Tenía la mirada clavada en Sebastian, pero no podía moverse por más que lo intentaba. Le había aprisionado contra pared, sin necesidad de usar cuerdas y tenía su cuerpo bloqueado, ni siquiera podía hablar o protestar, porque no sentía nada, sabía que le estaba haciendo daño, pero no lo sentía. No había miedo, tan sólo la mayor sensación de vacío que hubiera sentido nunca.
"Estoy seguro que Jace está culpándose ahora mismo por lo que te está pasando." Sebastian dio un paso adelante acercándose tanto a Alec, que el muchacho pudo sentir su respiración sobre su cuello. "Siento que tengas que ser tu mi cebo." Se echó a reír. "Ni yo mismo me creo lo que estoy diciendo. Claro que me gusta que seas tu. Desde que te conozco, has creído que podías ser un gran cazador, un líder." Sujeto su barbilla con la mano, como si Alec tuviera alguna opción de no mirarle a los ojos. "Pero ¿Sabes que? No eres más que un niño, un estúpido niño soldado que se acaba de dar cuenta de la realidad."
Alec intentó protestar, contraatacar a todo aquello, pero su cuerpo no era suyo, no lo sentía, ni siquiera notaba la mano de Sebastian sobre su cuello, apretando poco a poco cada vez más, ni el calor que le estaba infligiendo mágicamente contra el estómago. Estaba viendo todo aquello desde sus ojos, como si se tratara de una película de cine.
"No me mires así, sabes perfectamente lo que te he hecho." Sebastian acercó todavía un poco más la mano al vientre de Alec, podía hacerle cualquier cosa porque el muchacho no se iba a quejar, por mucho que quisiera hacerlo, no se lo iba a permitir. "Es uno de los trucos más fáciles que me enseñó mi padre, ni siquiera lo llamaba magia, porque era demasiado simple, hasta los humanos lo consiguen hacer a veces, mira si es sencillo. Seguro que te suena, se trata de separar el alma del cuerpo sin matar a tu víctima."
Si hubiera podido, Alec se hubiera puesto tenso en ese mismo momento. Había oído hablar muchas veces de eso, pero jamás había visto a nadie llevarlo a cabo, pues todo el mundo sabía que se trataba de una poderosa magia negra.
Sus padres le habían contado que apenas se necesitaba gastar energía para hacerlo, pues la que verdaderamente se consumía era la energía de la otra persona. Había escuchado las historias sobre el fino hilo de plata que unía el alma con el cuerpo y que algunos brujos lograban separar.
Entonces lo entendió todo, ahora todo tenía por fin sentido en su mente, por eso no podía moverse, porque de alguna forma, que todavía no lograba llegar a comprender del todo, su espíritu no estaba dentro de él. Podía ver, oír, saborear, pero no podía sentir nada, pues eso el trabajo del espíritu que había sido alejado de él.
Tampco sintió miedo al imaginarse alguien tan poderoso como Sebastian podía estar provocando en su cuerpo. Era un cazador, pero al mismo tiempo tenía los estudios de poderosos brujos, como su padre también había hecho; eso significaba que podía jugar con el cuerpo humano sin que este opusiera resistencia.
"¿Qué pasa Alec, el gran cazador de sombras tiene miedo? ¿Lo ves? No eres más que un niño al que enseñaron a pelear y a luchar demasiado pronto, cuando no estaba preparado. ¿Lo estabas para proteger a tu hermano? No, lo dejaste morir, no me viste venir y cuando te diste cuenta ya era demasiado tarde."
Si hubiera un dolor físico para el dolor del alma, Alec sabía que lo estaría teniendo en ese momento. Sebastian era una gran torturador; los cazadores de sombras eran preparados para aguantarlo cualquier tipo de dolor, siempre y cuando fuera físico claro, pero cuando se trataba del alma, nadie les contaba lo que eso podía doler.
"LO mejor de todo esto, es que puedo sentir desde aquí el dolor de tu alma." Bajó la mano por el pecho de Alec y la colocó sobre su corazón. "Por mucho que te lo parezca ahora, tu corazón no está vacío, todos tus miedos, el sufrimiento y la pena, están ahí. ¿A que no sabes quien te está viendo padecer todo esto?" Una desagradable y terrible sonrisa se dibujó en el rostro de Sebastian y por un momento le recordó a su padre, sin duda le había enseñado bien. "Si, lo has adivinado. Jace ha venido a por ti y te ha encontrado, a tu espíritu… es largo de explicar, pero lo puedo resumir en que te está viendo retorcerte de dolor, el mismo que sientes ahora, por no poder ayudarle, por sentirte un completo inútil y por no saber que está todo perdido."
Cuando menos se lo esperó, le besó en los labios, aprisionó con dureza su boca y le dejó sin respiración. Deseaba forcejear apartarlo y hacer que le dejara en paz, pero no podía, tan solo podía notar sus labio contra él, su boca contra la suya y sus dientes mordiendo sus labios.
"No creas que esto terminará pronto, porque no se trata más que del comienzo." Le susurró al oído. "Hasta que tus amigos lleguen aquí, nos vamos a divertir mucho tu y yo, sobretodo yo, porque voy a ver todas las reacciones de tu querido Jace, voy a ver como se derrumba y cuando termine contigo y Jace crea que ya no puede sufrir más, será el turno de su querida Clarise y su bebé."
- o -
Jace abrazó el cuerpo de Alec con todas sus fuerzas, ya no le importaba lastimarle, porque no había nada que pudiera hacerle tanto daño. La forma en la que movía su cuerpo, parecía totalmente antinatural y temía que terminara por por dislocarse o incluso romperse algún hueso.
"Vamos Alec, tienes que luchar contra esto y se que puedes con esto."
Jace levantó la mirada hacia Luke, pocas veces había visto al muchacho así, con aquella mirada tan desesperada. No supo que decir, habían decidido lanzarse a aquella misión, más bien suicida sin pararse pararse a pensar que tenían alguna posibilidad y ahora empezaba a pensar que no había sido una gran idea.
De repente, los dos se quedaron paralizados.
"¡Magnus no!" Gritó Alec y abrió los ojos de golpe. Pero no estaba allí, no les estaba viendo a ellos, ni siquiera era consciente de su presencia. "Por favor, no, déjale, no le hagas daño. ¡NO!"
Algo había ocurrido en el otro lado, el cuerpo del muchacho se arqueó todavía más, se puso tensó, y sus manos se agarrotaron con tanta fuerza que sus dedos se volvieron completamente blancos. Los ojos estaban desorbitados y su respiración era demasiado entrecortada para sonar natural.
"Alec." Dijo Jace frotando la mejilla de su amigo. "¡Alec!"
"¿Por qué? ¿Por qué lo has hecho? Eres un maldito asesino."
Un grito estremecedor salió de los labios de Alec y un sgundo más tarde una pequeña mancha roja comenzó a cubrir su camiseta, desde su vientre. Se quejó y volvió a cerrar los ojos, cayendo irremediablemente, sobre los brazos de Jace.
"¡Alec!"
