Capitulo 9
Rose, lo siento. Perdóname—pidió.
Lo mire preocupada. Nada bueno podía salir de esto, mi suerte era "tan buena" que estaba segura que este pequeño error traería grandes consecuencias.
Pequeña damphir, de verdad las probabilidades son pocas. Además si algo sucediera yo me haría cargo. Dios, me casaría contigo—dijo dándome un beso en la frente.
No… Adrian, no lo entiendes. Yo no quiero tener hijos, no quiero casarme contigo—dije exasperada… Y luego me di cuenta de lo que había dicho, vi el dolor cruzar el rostro de Adrian.
Auch, eso dolió—dijo seriamente.
Bese sus labios—no me refería a no casarnos nunca, me refería a que soy muy joven. Quiero disfrutar mi vida, mi profesión, nuestro amor—me corregí.
Lo sé, tú eres una aventurera—dijo con una pequeña sonrisa.
No quería arruinar el momento que teníamos, ya que es unos minutos más se terminaría, así que lo bese nuevamente y luego me acosté otra vez en su pecho.
Nada malo puede pasar cierto ¿cierto?—pregunte dándole un pequeño beso en su pecho.
Siempre y cuando estemos juntos, nada malo pasara—me aseguro.
Te amo—susurré.
También te amo—dijo.
Nos quedamos en silencio durante unos minutos, simplemente abrazados, tomando el calor corporal el uno del otro.
Tengo que irme—dije de mala gana.
Lo sé… me gustaría que te quedaras—dijo con un suspiro.
Me levante de la cama, y comencé a vestirme aunque con cierta dificultad ya que Adrian no dejaba de robarme besos. El simplemente se puso sus bóxers.
Te veo después—dije aferrándome a él.
El apretó su agarre mientras asentía—te amo.
Lo bese apasionadamente, y por unos momentos tuve ganas de volver a desvestirme para quedarme con él.
Vete ahora antes de que me arrepienta y te obligue a quedarte conmigo—dijo con una sonrisa picara cuando rompimos el beso.
Asentí sonriendo pícaramente también.
Cuando abrí la puerta el guardián estaba parado ahí esperando impaciente.
Listo—dije alegremente—podemos irnos.
¿Ya?—pregunto con una media sonrisa.
Rápido ¿No crees?—dijo Adrian claramente frustrado por tener que dejarme ir.
Rodé los ojos—Adiós—dije dirigiéndome a Adrian.
Hasta luego pequeña damphir—dijo de brazos cruzados.
Y por favor, vístete. No quiero que una loca chica te secuestre y me culpen por eso también—dije riéndome aunque a la vez me frustre.
Comencé a caminar al lado del guardián y pude escuchar la sonora risa de Adrian quedándose atrás—Nada me haría más feliz que ser secuestrado por ti—lo escuche decir.
El de verdad te ama—me hablo el guardián.
Yo también—respondí—gracias, por permitirme estar con él—agregue.
Rose, entiendo cómo te has de sentir al estar encerrada… Considéralo un favor—sonrió amablemente.
Sonreí sin saber que decir.
¿Tú también crees que yo la mate?—pregunte después.
No Rose, yo creo que eres inocente. Ellos también lo creen—dijo refiriéndose a los moroi—simplemente necesitan a alguien a quien culpar mientras descubren la verdad.
Suspire más relajada… Por lo menos confiaban en mí…
Además, viendo como amas a Adrian, serias incapaz de asesinar a alguien de su familia—agrego.
Me gustaría que todos lo vieran así—dije.
Ya veras, que tarde o temprano la verdad saldrá a la luz—respondió.
Ya estábamos llegando al edificio administrativo de los Damphirs, ósea a mi celda.
Espero que más temprano que tarde, no quiero ir a dar a Tarasov—dije estremeciéndome de pánico con solo pensarlo.
Veras que no será así—nos detuvimos enfrente de mi celda.
Bueno, hogar dulce hogar—dije sarcásticamente entrando en la celda.
El guardián rió—Buenas noches Rose—dijo mientras cerraba la puerta y se marchaba.
Me acosté en mi incomoda cama, cayendo rendida ya que todavía tenía dolor de cuerpo y cabeza y con la preocupación del embarazo.
