Hola, subo hoy el capi porque es mi cumpleaños y estoy de buen humor jeje. Felicitaciones a las siguientes personas porque también hoy es su día: Maureen, Jair, Rupert Grint, Yesung de Super Junior y Jiro Wang...En realidad sólo Maureen verá esto así que le mando un abrazo extra por ello jaja.
Muchas gracias a todos los que han agregado esta historia a favoritos y alerts, así como a quienes han dejado un coquetísimo review que ya me he encargado de responder, de nuevo gracias por su apoyo y espero que este capítulo les guste...no desesperéis pronto se pondrá mejor y para aquellas que demandaban estrés emocional en Scorpius: créanme, lo estoy haciendo sufrir ujujuju BESOS!
Rose:
Espero que estés pasando unas bonitas vacaciones. Hugo me envió una carta invitándome a la Madriguera, me hubiera gustado que tú la enviaras…En fin, ya le he respondido y estaré ahí a las dos de la tarde de mañana. Te mando un abrazo, nos vemos pronto.
Con amor,
Scorpius
P.D. Yo te extiendo una invitación para que vengas a pasar unos días en nuestra casa, claro, si te apetece responder, por fin, a mi correspondencia..
Si Rose no se sentía lo suficientemente mal, ahora sí. Hugo podría haberle dicho algo, pero la pequeña comadreja se las había arreglado para que ella no se enterara de la visita de su amigo, una tarea bastante difícil si tomaba en cuenta que la Madriguera estaba casi llena, sólo faltaba que llegaran Fred, Rox, Victoire, Teddy, los Potter, los Longbottom y los Scamander.
Miró de nuevo la carta que sostenía en las manos, gruñó y se sentó a escribir la respuesta. La triste realidad es que no sabía siquiera como contestarle porque la caligrafía y la formalidad con la que había redactado la pequeña nota, le dejaba ver que Scorpius no estaba molesto sino resentido por el claro abandono en que Rose, muy a propósito, le tenía. Sin embargo, y como Rose siempre justificaba hasta para con sí misma, lo único que ella intentaba al no escribir o responder la mayoría de su correspondencia era construir un muro que la mantuviera razonablemente a salvo.
—Ju ju, carta de Scorpy,— se burló Faith mientras veía sobre el hombro de la pelirroja.
—Pensé que estabas jugando ajedrez con Albus,— replicó Rose ignorando el comentario anterior.
—Sí, pero soy tan mala que la partida ha terminado en cinco segundos, después de eso Hugo pensó que sería bueno intentar que yo, de hecho, aprendiera a jugar al ajedrez,— Faith bostezó dramáticamente para darle énfasis al resto de su oración, —incluso cuando es de conocimiento público que el juego me aburre.
Rose rodó los ojos y volvió a su tarea anterior. Suspiró antes de comenzar una larga carta de disculpa llena de justificaciones sin sentido que firmó con mucho cariño.
Harry se había sometido a tres años de arduo entrenamiento en la academia de aurores, incluso cuando la gente se dedicaba a decirle que para él esos años de preparación le venían de sobra. El pelinegro por su parte, no escuchaba dichos comentarios y se dedicó a trabajar por lo que quería aunque el mundo estuviese dispuesto a ponerle todo en una bandeja de plata, después de todo era El-niño-que-vivió-para-derrotar-a-Voldemort-y-convertirse-en-una-leyenda-viviente-gracias-a-la-propaganda-del-ministerio-de-magia, como Ron amablemente lo decía. Era algo admirable, de hecho pues, como mucho biógrafos se habían encargado de divulgar a lo largo de casi tres décadas, Harry había crecido en un ambiente donde todo se le negaba y era lógico que cuando la fama aterrizara sobre él, el chico intentara aprovecharse de ella al máximo; sin embargo, había ocurrido todo lo contrario.
Después de la guerra, Harry se mudó con los Weasley después de contactar a sus tíos para decirles que ese era la última vez que sabrían de él y que el peligro había pasado. Vernon se había alegrado tanto que en un arranque de euforia se arrancó parte del bigote, la tía Petunia sólo le había dedicado un gesto desdeñoso y Dudley se despidió de él con tanto afecto, y sin tanta incomodidad, como le fue posible.
Ocasionalmente visitaba a Andrómeda y pasaba algunas tardes libres jugando con Teddy, le dio tanto afecto como pudo aunque al terminar el día siempre se preguntaba por qué no había sido diferente. Tiempo después se mudó a Grimmauld Place donde encontró a Kreacher refunfuñando y al verlo corrió a hacerle una reverencia. Estando encerrado en aquel casón, Kreacher sabía la mitad de la historia así que al enterarse de que Dobby había muerto, el gesto se le congeló. Ese misma noche, Harry comió el pastel de calabaza que se había quedado pendiente casi dos años antes.
Y así pasó el tiempo, entre Grimmauld Place, la casa de los Tonks, la Madriguera, la academia de aurores y el olor floral de Ginny, para cuando se dio cuenta ya tenía en brazos a una coquetísima bebé pelirroja que se parecía a su madre, mientras que sus otros dos hijos corrían por la casa armando alboroto por una escoba de juguete. Ahora esa sensación de no saber a dónde se había ido el tiempo se repetía: Harry sostenía la puerta de la alcoba de su hijo menor, un retrato suyo que tenía el cabello más alborotado que de costumbre y una chica rubia le miraban apenados desde la cama de su hijo, ambos colorados y, por suerte, completamente vestidos.
El héroe de guerra estaba ante una decisión difícil: reír ante la incomodidad de Albus o tomar una fotografía de unos gestos que bien valía la pena guardar para la posteridad. La primera opción ganó y entonces Harry se rio incontrolablemente, su hijo frunció el ceño mientras Alice se acomodaba el suéter y se ponía de mil colores.
—Debí…saberlo…—dijo el padre de Albus, con auténtica incredulidad ante ese despiste, antes de cerrar la puerta tras él.
Seguía riendo un poco cuando llegó a la cocina donde Ginny discutía con una tetera encantada que le había regalado Victoire, la endemoniada cosa preparaba el té que mejor le parecía y sólo hablaba francés, para tormento de la pelirroja.
—Acabo de…¿Qué pasa?
—Esta baratija se niega a quitarse la tapa, no entiendo lo que dice.
Harry se acercó y arregló el asunto en un dos por tres, Ginny lo vio con reproche y él se encogió de hombros. —Los aurores debemos estar preparados para todo,— dijo antes de besar su mejilla, ella sonrió.
—¿Qué me decías, cariño?
—Oh, cierto, —soltó una risita propia de una colegiala. —Lily y Alice no son tan amigas como nos hicieron pensar, Alice está en la habitación de Albus.
Ginny comprendió inmediatamente lo que eso implicaba y golpeó el brazo de su marido.—Seguro los dejaste ahí dentro.
—Opino que mejor bajo observación que en secreto, déjalos…Recuerda: nosotros también tuvimos su edad alguna vez.
Harry le guiñó un ojo a lo que Ginny gimió horrorizada.
Hugo silbaba, faltaban cinco días para Navidad, su plan para llevar a Scorpius a la casa de la abuela habían funcionado, Dominique ya había llegado y con él varios regalos exóticos. Diario se alimentaba con la comida mejor sazonada de todo el universo y, por si fuera poco, el objeto de sus afectos también estaba de visita.
Muchas veces, la familia subestimaba a Hugo y él mismo prefería que así fuera porque en realidad era bastante observador y casi podía predecir las reacciones de la gente, no resultaba sorprendente entonces que el Sombrero Seleccionador hubiera pasado varios minutos deliberando si el castaño pertenecía a Ravenclaw o a Gryffindor. Hermione prácticamente le respiraba sobre la nuca y lo regañaba siempre que los resultados de los exámenes finales llegaban a casa, pero a Hugo no podía importarle menos lo que una hoja de papel dijera o no sobre su intelecto, así de arrogante era con ese respecto pues así de talentoso era.
Otra cosa que su familia, principalmente sus primos, pasaba por alto es que Hugo era un chico sensible y que su coraza era aquella máscara de chico relajado y engreído que sabía que podía tener a la chica que quisiera con esa cara y su apellido combinados; con todo, Hugo aún se atrevía a esperar que al seguir con esos juegos de adolescente inmaduro, la muchacha que en verdad le gustaba poco a poco se desvaneciera de sus pensamientos porque él había visto las miradas que Faith le dedicaba a Louis y él se reducía a ser el hermanito de la mejor amiga de la rubia, un año menor y un año menos maduro, pero mil veces más observador. Hugo amaba a Louis, pues a la familia se le quiere con tanto fervor que se convierte en una forma de amor, pero mientras en él mismo eso de coquetear era una careta, para su rubio primo, coquetear era su naturaleza, una que tarde o temprano destrozaría a Faith, la chica que compartía con Hugo la máscara y el escenario.
Mientras el día en que Faith se diera cuenta de que Hugo existía, el castaño se dedicaría a arreglar la vida de los demás. Hugo seguía silbando mientras en sus manos se balanceaban las llaves del cuartucho donde el abuelo guardaba los trastos muggle y donde justo en ese momento, Scorpius y Rose no dejaban de golpear la puerta porque no podían salir.
Le hubiera encantado saber cómo carajo había terminado ahí, encerrada con el rubio. Hugo. Dejó caer los brazos con pesadez, sabía que nadie los escuchaba, la habitación estaba encantada para no permitir que ningún ruido saliera, el abuelo Arthur hacía toda clase de experimentos en ese lugar y Merlín no permitiera que la abuela Molly se enterase. Scorpius, por otra parte, golpeaba copiosamente la entrada y sólo dirigió una mirada asombrada a su amiga cuando ella se dio por vencida.
—No tiene caso, —le dijo, recargándose en la madera de la puerta y dejándose caer hasta quedar sentada en el suelo.
—Alguien escuchará si seguimos haciendo ruido.
—No, no lo harán, este lugar no permite que salga sonido alguno.
Scorpius la observó con aprehensión, no podía creer que la pelirroja se hubiera dado por vencida, pero le resultó aún más increíble lo molesta que lucía. Son amigos, incluso si ella no escribió ninguna carta o respondió las que él envió. Son amigos aún si ella se niega a pasar mucho tiempo en su compañía y opta por dejarlo a solas con el resto del clan Weasley-Potter; la sigue considerando su amiga a pesar de que justo en ese momento parecía molesta con la situación: compartir el mismo espacio.
—Entonces, sólo esperemos.
Rose no dijo nada, cerró los ojos. Por lo general entre ellos no había secretos, se comunicaban con la mirada y era fácil distinguir las emociones que en sus orbes ocultaban, casi telepático, casi perfecto. Pero esa comunicación se había roto a finales del quinto año y él no había caído en la cuenta hasta que, casi medio año después, había pensado sobre ello. Ya no lo miraba a los ojos como antes, y ahora los cerraba, le cerraba la puerta a su ánimo y peleaban más que nunca; silencios que antes era cómodos y familiares ahora eran distantes y Scorpius temía de verdad que ella se arrepintiera de ser su amiga, tal vez la historia que tantas veces habían escuchado relatada por el profesor Binns en el salón de Historia de la Magia había cobrado sentido y Rose lo que más quería era alejarse de él.
Scorpius la quería mucho, tanto que se preguntaba si ella lo quería igual, algo en lo que no había reparado hasta que se dio cuenta de la posibilidad de no tenerla en su vida. Rose era la hermana que nunca había tenido y el apoyo que ni su padre ni su madre habían podido ser, por eso la quería porque significaba el calor que había derretido el gélido caparazón de un niño asustado de la vida y de quienes transitaban en ella porque lo juzgaban por un pasado ajeno a él. El silencio se convirtió en algo insoportable y dijo lo primero que se le ocurrió, aunque en realidad cualquiera habría sido tema de conversación.
—Mamá está embarazada,— pronunció y por primera vez en los dos días que llevaba en la Madriguera, Rose lo miró mientras sonreía.
—No lo mencionaste en tus cartas.
El chico sintió que algo hervía dentro de él, la miró y Rose se encogió visiblemente ante la mirada que Scorpius le dedicó desde su posición, de pie junto a ella. Después de eso rompieron el contacto visual.
—Me sorprende que las hayas leído,— dijo al fin.
Rose se sonrojó, algo que no pasaba muy a menudo, Scorpius se enterneció pero el enfado seguía debajo de su piel, contaminando la nostalgia que lo invadía desde que Rose parecía aún más distante que en los meses anteriores.
—Perdón, debí responder. Sabes cómo es en la Madriguera, diario llegan invitados y a la abuela le gusta tenerlos bien atendidos.
Scorpius sólo asintió dejándose caer en el suelo junto a Rose. —Eso fue lo que disjiste en tu carta.
Pasó un brazo alrededor de su amiga, los rizos color de fuego le picaban la nariz. Inspiró aire de manera intensa y entonces lo detectó: un delicioso aroma a fruta, combinado con el olor de la tinta, Rose. Le gustaba tenerla cerca de él, porque honestamente no conocía a alguien más inteligente, más sarcástica o más…ella. Con esos pensamientos, sus respiraciones se fueron acompasando…
—¡Papá! —exclamó Hugo en cuanto vio a su pelirrojo y sobrehumanamente alto padre cruzar el umbral de la puerta trasera de la Madriguera. —Pensé que estarías en Rumania, — completó el castaño mientras se acercaba a su padre, justo antes de que Ron lo envolviera en un corto abrazo. —¿Dónde está mamá?
Ronald vio a su hijo menor, que casi tenía su estatura y era más parecido a Hermione que a él mismo, excepto por los ojos que eran casi tan grandes como los de Rose y mucho más azules. Le sonrió. —Fue a Valle de Godric por nuestro equipaje, Charlie no estaba en casa, al parecer salió de viaje con una tal Geraldine. Debió avisarnos.
Hugo frunció el ceño antes de sonreír de lado. —¿Por qué tardaron tanto en regresar a casa?
Ron tosió incontrolablemente y su característico rubor subió desde su cuello hasta sus orejas, después golpeó la cabeza de su hijo con la palma abierta justo a tiempo para que la abuela lo viera y comenzara a regañarlo. El pelirrojo quería que la perorata sobre violencia acabara, pero ésta parecía interminable. Hugo aprovechó la oportunidad para escabullirse, eran cerca de las siete de la noche, todavía tendría tiempo de ver un programa de televisión que su abuelo Arthur y él disfrutaban bastante. Teddy, Vicky, Dominique, Fred, Roxanne, James, Louis, Faith, Lily, Albus, Alice y los gemelos Scamander, habían ido al callejón Diagon a sabrá la abuela qué cosa, oportunidad que Hugo había aprovechado para encerrar a Rose y Scorpius…¡Por la colección de enchufes del abuelo!, se había olvidado de ellos.
Corrió hacia la cocina, donde la abuela Molly seguía atormentando a su padre, quien aprovechó la oportunidad de deshacerse de Molly y correr tras él. Hugo llegó a la covacha y rápidamente abrió la puerta. Scorpius y Rose cayeron de espaldas, los brazos alrededor del otro. Despertaron con un sobre salto y se desperezaron completamente cuando Ron los veía, apenas a unos metros de distancia, con la cara azul.
Hugo debió convencer a Lily de tomar esa apuesta.
Scorpius se llevó una mano a la frente. Estaba sentado en la cama de Rose, la pelirroja sentada en el otro extremo, Faith los observaba desde una colchoneta colocada en el suelo. Lily se cepillaba el cabello con parsimonia, Roxanne trenzaba el cabello de Lucy, Molly leía en un pequeño sillón en la esquina. Albus y Alice conversaban en susurros, su relación ya expuesta; Fred seguía tirando del cabello de su gemela y James se paseaba de un lado a otro antes de redirigir su mirada a Hugo, quien tenía una expresión aburrida en el rostro.
—Eres un genio, —dijo James, por fin. Todos los primos dejaron de hacer lo que estaban haciendo, exceptuando Fred, el muy sádico. —Me hubiera gustado ver la cara de tu padre.
Todos, sin contar a Rose y Scorpius, rieron un poco. Hugo se encogió de hombros y sonrió maliciosamente. —Lo que sea por su diversión.
—Sí, incluso la cabeza de tu hermana, —al fin Rose habló.
—Sí, todo sea por ver cuántos tonos alcanza la cara de papá. Ahora quiero pintar mi habitación de color índigo.
Rose no pudo evitar sonreír ante ese recuerdo.
—¿Qué te dijeron? —inquirió Lily, levantando la mirada para ver a ambos gemelos entrar en la habitación.
—En realidad papá no podía hablar, pero mamá dijo que no era correcto, —se aclaró la garganta para hacer una muy buena imitación de su madre, —"terminar encerrada en un lugar tan aislado con un chico, no es nada decoroso".
Scorpius no podía estar más mortificado, aunque guardaba silencio.
—Al final, sólo no tenemos permitido permanecer en la misma habitación, castigo absurdo cortesía de papá.
Los jóvenes intercambiaron miradas incrédulas, Faith apenas pudo disfrazar su risa con una tos fingida.
—Justo ahora están en la misma habitación, —repuso Lorcan, tomando asiento junto a Lily.
—Solos, quiero decir…como si eso representara algún peligro.
Scorpius sonrió desganado. Antes de que la conversación pudiera seguir, Victoire entró en la habitación para anunciar la llegada de los Longbottom. Todas las mirada se posaron en Rose, pero Scorpius sintió tan incómodo como si todos lo estuvieran mirando a él.
