POV Severus

Llegamos a lo que ellas llamaron "Escuela de magia", un enorme edificio, muy parecido a Hogwarts, con salones donde alumnos practicaban con su magia y una enorme biblioteca, que era justo donde estábamos, con toda clase de libros. Inmediatamente aparecimos en el lugar, Gideon se acercó a auxiliar a Leo. Fue impresionante la manera en la que lo curó, sin hechizos ni pociones, sólo con un poder curativo emanado directamente de sus manos. Tenía miles de dudas pero los gritos y la furia de Prue hicieron que me las tragara por completo.

—Lo sabía, sabía que esto pasaría. Debí seguir investigando, cómo es que pasé por alto las señales, todo era perfectamente claro. Fui una estúpida.—

Piper dejó a Leo terminar de recuperarse recostado en un sillón y se acercó a su hermana con cautela.

—Prue, nada de esto es tu culpa. No había manera de saber lo que ocurría.—

—Jeremy volvió justo después que yo, luego Abraxas, luego Barbas. Todo está conectado, debí saber que si se detuvieron de seguir apareciendo uno tras otro sólo fue porque estaban confabulando juntos. Tengo que averiguar cómo parar lo que está pasando antes de que la maldita Fuente o alguien aún peor regrese a terminar con lo que inició. —

Entendí menos de la mitad de lo que dijo pero no me agradó nada la manera en la que se culpaba y mucho menos su rostro repleto de preocupación y angustia. Sus otras hermanas también hicieron su intento por tranquilizarla pero no lograron mucho.

—Primero debes de calmarte, hallaremos el origen, juntas.—

—Phoebe tiene razón, saldremos de esto juntas. No sabemos lo que ocurrió pero lo averiguaremos...—

—Claro que sabemos lo que ocurrió Paige, fui yo, soy el origen . No debería de estar aquí, lo saben. Alteré cosas que no deben ser alteradas y ahora todo es un caos. Voy a solucionarlo.—

Phoebe volvió a interpelar a su hermana menor.

—En todo caso, no fuiste tú quien alteró nada. Fuimos nosotras así que sería nuestra responsabilidad...—

—Claro que no, ninguna de ustedes va a acercarse a este problema. No me arriesgaré a que salgan lastimadas por algo que nunca debió haber pasado.—

Nadie dijo nada más por un largo rato. El silencio era tosco y pesaba una tonelada, se miraban unos a otros tratando de encontrar respuestas, al menos no era el único con más dudas que certezas. Para aminorar un poco la tensión, aproveché la oportunidad de aclarar un poco mi mente.

—Sé que no es el mejor momento pero ¿alguno podría explicarme qué rayos está pasando?—

Mala idea, el centro de atención cambió. Era yo quien era el nuevo blanco de las miradas, claro que eso no me hizo amedrentarme, necesitaba explicaciones.

—¿Qué es lo que buscaban esos... demonios? ¿Qué clase de magia es la que poseen? Curan sin necesidad de pociones ni hechizos, mueven una mano y alguien sale por los aires y no nos olvidemos de las malditas órbitas. ¿Qué son ustedes? porque brujas y magos, no lo creo.—

Prue suspiró con fuerza, como dándose por vencida, cosa que estaba seguro no pasaba a menudo. Con gesto agotado fue a sentarse en una de las sillas que rodeaban la mesa principal de aquella biblioteca.

—Leo, Gideon, por favor, vayan arriba y averigüen si los ancianos tienen información al respecto. Chicas, deberían ir a ver a sus familias, Henry, Coop y los niños, al igual que papá, seguramente están muy preocupados.—

Las hermanas dudaron unos momentos y quisieron acercarse a Prue o, simplemente, decirle algo para hacerla sentir mejor pero al parecer no encontraron las palabras adecuadas porque terminaron por hacerle caso y desaparecieron en medio de esas lucecitas azules que tanto estaba aprendiendo a odiar. Leo y Gideon imitaron a las chicas y se fueron por su propio camino. Minutos después, cuando creí que no volvería a escuchar la voz de la ojiverde, mis preguntas comenzaron a ser respondidas una por una.

—En el año de 1670 existía un aquelarre de brujas blancas, ninguna de ellas poseía poderes mágicos activos, sin embargo, estaban dotadas de cientos de años de tradición y sabiduría proveniente de sus antecesoras. Gracias a sus conocimientos y talentos pudieron prever la llegada de una bruja especial, su nombre era Melinda Warren. Esta bruja no sólo fue la primera de su grupo en contar con habilidades mágicas visibles sino que también fue la primera de una larga línea de brujas y brujos.—

Prue levantó su rostro hasta posar sus ojos directo en los míos, algo dentro de mí se agitó con fuerza y mis labios de pronto me parecieron más secos que un desierto.

—Melinda poseía las habilidades de una bruja blanca promedio, podía crear y recitar hechizos y hacer pociones, pero además contaba con tres habilidades particularmente poderosas: telequinesis, premonición e inmovilización molecular. A los 22 años, Melinda se enamoró de un hombre llamado Matthew, lo amaba tanto que le confió su secreto. Cuando las autoridades de Salem llamaron a su puerta para arrestarla por los cargos de hechicería fue que se dio cuenta del enorme error que había cometido, Matthew no sólo la traicionó sino que resultó ser un brujo malvado cuyo único deseo era adquirir los poderes de ella. Al final, Melinda venció a su antiguo amante encerrándolo en un amuleto por la eternidad sin embargo, se vio obligada a dejar que la condenaran y ejecutaran pues de salvarse y demostrar que en verdad era una bruja también estaría condenando a Prudence, su hija.—

Mis ojos se abrieron de par en par, había escuchado hablar del mundo muggle americano y su caza de brujas, esa había sido una de las principales causas por las que en Estados Unidos había sido tan impensable que los magos y los "no-magos" tuvieran contacto alguno, pero jamás había sabido de ninguna bruja real que hubiera sido asesinada en esos juicios.

—Antes de morir, con las llamas trepando por sus pies. Melinda hizo una última profecía: "Pueden matarme, pero no pueden matar a los de mi especie. Juro que cada generación de brujas Warren se hará más fuerte y culminará con la llegada de tres hermanas. Estas tres hermanas serán las brujas más poderosas que el mundo haya conocido. Ellas destruirán toda clase de males y se llamarán Las Hechiceras." —

Y una pieza del rompecabezas encajó en mi cerebro.

—Somos esas "Hechiceras", descendientes de Melinda Warren. Nacimos con poderes que nos permitirán proteger y salvar inocentes, tenemos la obligación de parar a los demonios, tan antiguos como la tierra misma, y de asegurarnos que el bien prevalezca.—

—Pero la profecía hablaba de tres hermanas y... ustedes son cuatro.—

Prue asintió y me pidió con un gesto de su mano que tomara asiento junto a ella. Le hice caso sólo porque tenerla más cerca no era una idea del todo desagradable, bueno, era más que eso, como una droga. En ningún momento dejamos de vernos a los ojos, mi piel comenzaba a sentirse algo acalorada.

—En tu mundo existen criaturas y bestias, Severus, en el mío existen fuerzas del bien y del mal. A las del mal, a algunas de ellas, ya las identificaste hace rato. En las del bien podemos categorizar a los brujos buenos, por supuesto, a las hadas, las ninfas, a cupido y muchas otras especies más como los ángeles blancos y los ancianos.—

¿Ángeles blancos y ancianos? Así es como Leo y Gideon se habían presentado, por fin sabría lo que era.

—Cuando una persona hace cosas realmente buenas en su vida y se cree que su fuerza espiritual es lo suficientemente grande, después de que muere no va al más allá sino que se le conceden poderes especiales que la convierten en un ángel. Poderes como orbitar y curar que le permitirán guiar y proteger a los brujos y brujas que le dejen a su cargo. Los ancianos resultan ser los ángeles blancos que han alcanzado la sabiduría suficiente como para guiar a los otros ángeles blancos. Todo esto es con el fin de mantener el equilibrio y la estabilidad del Gran Diseño, así como tú conoces el Mundo Mágico y el Mundo Muggle, yo conozco el mundo mortal, el cielo, o "arriba" que es como lo llamamos, y el inframundo, donde habitan los más infames y despreciables demonios.—

Tomé una gran bocanada de aire, no podía creer que todo en realidad fuera tan enorme y menos que jamás lo hubiera sabido. Parte de mi arrogancia venía del hecho de creerme una de las poquísimas personas que habían visto lo mejor y lo peor de este mundo pero no sabía nada, era sólo un ignorante fanfarrón. Tomé una de las manos de Prue para alentarla a no detenerse, quería saber todo lo que pudiera de aquello tan desconocido para mí. Prue frunció un poco el ceño pero no me apartó y tampoco se detuvo.

—Bien, pues mamá era una bruja fuerte y poderosa, tenía el poder de la inmovilización molecular o congelar como le decimos nosotras, y encontró el amor, para disgusto de la abuela, en un hombre mortal llamado Victor. Fueron felices el tiempo suficiente para tener tres hijas pero cuando papá descubrió el secreto mágico de mamá, las cosas se fueron a pique hasta que finalmente se separaron. Mamá no estaba sola, tenía a la abuela, a sus hijas y tenía a Sam, su ángel blanco. Los ángeles blancos deben guiar y proteger, se supone que ese es su único papel, sin embargo, Sam cruzó la línea con mamá y se enamoraron. Producto de ese amor nació Paige, mitad bruja, mitad ángel blanco. Las reglas de los ancianos eran claras, lo que hacían no sólo estaba prohibido sino que era impensable así que por proteger a Paige, y a nosotras, tomaron la decisión de darla en adopción. Sólo la abuela y ellos dos sabían de su existencia. Tiempo después mamá murió, luego la abuela y el secreto se quedó enterrado.—

Una sombra de tristeza atravesó los ojos verdes de Prue y yo tomé su rostro en un acto reflejo, ella tomó mi mano por encima pero no la alejó sino que la apretó con fuerza.

—Hasta hace dos años que el destino conspiró y trajo a Paige a nuestras vidas. El poder de tres se convirtió en el poder de cuatro. Además Leo y Piper hicieron su propia lucha por estar juntos, ahora hay más de un guía blanco en la familia.—

—¿Y sus poderes?—

Las yemas de mis dedos acariciaban su mejilla, ella cerró sus ojos.

—Phoebe tiene el don de la premonición, puede levitar y es empática; Paige orbita, mueve cosas con su mente también utilizando las órbitas y está aprendiendo a curar como los ángeles blancos; Piper congela y explota cosas; yo poseo telequinesis, proyección astral y, recientemente, aprendí a teletransportarme. Además cada una es buena en su área. Piper es la mejor en pociones, Phoebe puede crear cualquier hechizo, Paige tiene los mejores instintos y yo siempre consigo lo que quiero.—

Un choque eléctrico atravesó mi corazón cuando, sin saber cómo, pude sentir los labios de Prue sobre los míos. De pronto, todo dejó de tener la menor importancia. Demonios, ángeles, cielo, infierno, qué más daba si al fina había encontrado el lugar al que pertenecía.