Aviso legal: La serie Harry Potter es invención de J.K. Rowling y le pertenece.
Advertencia: Este fanfic es de categoría M.
Nota: Gracias por leer y por comentar :)
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9. Whoso list to hunt, I know where is an hind
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La confusión y la peppermary le hicieron olvidar a Hermione que debería haberse enfadado. La joven se quedó mirando cómo se alejaba Darzi, haciendo revolotear sus ropas de una manera parecida a Snape.
Una manera parecida a Snape...
Los ojos de Hermione se agrandaron y su corazón aceleró.
Snape...
Octubre del 2003. Hogwarts.
Ahí estaba Hermione. Tal y como se lo había dicho Darzi, en frente de la puerta de su despacho.
Del despacho que se les atribuía a los profesores de Pociones. Las tripas de Hermione se contrajeron de nerviosismo; aquella maciza puerta de madera oscura representaba tantas cosas... alzó la mano y lo golpeó dos veces. La puerta se abrió automáticamente; y nada más entrar, Hermione descubrió a su compañera de trabajo dándole la espalda y con la mirada clavada en la fogata. Su chador de color azul índigo tomaba un tinte púrpura a la luz del fuego. No, no era Snape, Snape estaba muerto; y sin embargo... su aura era parecida. O quizás, se dijo Hermione con incomodidad, era ella misma la que no paraba de ver Snape en cada esquina de Hogwarts, la que esperaba ver su sombra deslizarse por los pasillos, la que creía oír el revoloteo de sus ropas acariciando el suelo. Hermione frunció el entrecejo, molesta consigo misma. Estaba actuando como Harry, estaba empezando a desvariar.
Lentamente, Aisha Darzi dejó atrás el objeto de su atención para girarse hasta mirar de frente a la Gryffindor. Los ojos negros de la bruja morena la hipnotizaron desde la primera mirada; su habitual velo cubría su rostro.
- Buenas noches.- dijo Aisha con su rica voz de contralto.- ¿Vienes a por la pipa?
Hermione había decidido, antes de presentarse en aquel despacho, acusar a Aisha de haber actuado infantilmente. Pero la otra mujer rebosaba calma y autoridad, esa clase de autoridad que se puede mantener sin amenazar. Darzi tenía la pose de una Cleopatra. Hermione se dió cuenta, no sin un toque de alarma, que había perdido la voz. La bruja oriental se le acercó pausadamente, y el pulso de la Gryffindor aceleró.
- La pipa no es lo único que echas en falta... ¿verdad?
Hermione sintió frío en el estómago, y respondió mordazmente:
- No creo que eso te incumba, Aisha. Lo que eche en falta o deje de echar en falta es asunto mío, no tuyo.
La otra bruja respondió con un suave resoplido y una mirada enigmática.
- ¿Tú crees?- comentó, y sacó la augusta pipa de entre los pliegues de su chador.
Hermione esperó a que la profesora de Pociones añadiese algo más, pero Aisha se limitó a tenderle la pipa en silencio. Después de unos instantes, Hermione agarró la pipa y se la guardó en uno de los bolsillos interiores de su nueva túnica. Aisha seguía en frente de ella, callada, con su misteriosa mirada. La Gryffindor tuvo el incómodo presentimiento de que la otra estaba sonriendo bajo su velo.
- Si alguna vez necesitaras... compañía...- comentó la bruja oriental con su voz de terciopelo.- ...no dudes en acudir a mí. Tengo más recursos de los que aparento...
Aquella frase le puso a Hermione los pelos de punta.
- ¿Y utilizas todos esos recursos gratis?- comentó la Gryffindor, desafiante.
Esta vez, Hermione estaba segura de que Darzi estaba sonriendo bajo su velo. Pero, claro, bien podía ser el juego de luces y sombras provocado por la lumbre.
- Mmmbueno...- ronroneó la profesora de Pociones.- Gratis no, pero a buen precio.
Hermione sintió otro escalofrío, y no conseguía decidir si era por miedo o por... al fin y al cabo, se parecía a... En fin, probablemente ambos, pensó preocupada. Saludó a su compañera de trabajo cortésmente y salió del despacho.
Aquella noche utilizó todo un flasco de Poción Calmante.
Octubre del 2003. Hogsmeade.
- ¿Eso es lo que te dijo?
Cho Chang parecía alarmadísima al escuchar el intercambio que tuvo Hermione con Aisha. Hagrid la miraba con cierta picardía, y Neville parecía un poco avergonzado.
Estaban en el Hog's Head, como cada viernes desde aquella primera vez que habían empezado a ir juntos a Hogsmeade. Hermione bajó la mirada hasta su cerveza de mantequilla.
- Me está tirando los tejos... o jugando conmigo.- respondió, incómoda.
- No sabía que tenías ése tipo de gustos, Hermione.- le comentó Hagrid, picarón.
Neville se sonrojó como un tomate y no dijo ni mú. Hermione forzó una sonrisa.
- Es cierto que Aisha tiene encanto, y yo no estoy como para hacerle ascos a nada...- comentó, pero su voz apagada mató el humor de la respuesta. Neville se sonrojó aún más y Cho la miró con el ceño fruncido.
La verdad era que Aisha la preocupaba. Mirarla a los ojos era... era como mirarle a un depredador. Por un lado, era magnético... y por otro, daba miedo. Cho pareció intuir las preocupaciones de Hermione y le echó un cable cambiando de conversación:
- Hablando de hacer ascos... ¿habéis notado cómo flirtea Malfoy con la Profesora Sinistra? No me puedo creer que el mocoso se atreva a medirse con una bruja del calibre de Aurora...
Y la conversación derivó a huesos más jugosos que el que había soltado Hermione.
Octubre del 2003. Hogwarts.
De vuelta de Hogsmeade, Hermione encontró una lechuza blanca esperando en su despacho, y su corazón saltó en su pecho. La lechuza se llamaba Hedwig II, y pertenecía, cómo no, a Harry. El ave la miraba con impaciencia, y ululó para apresurar a la humana de que le quitase el pergamino de su pata. Hermione se acercó lentamente y leyó el contenido.
Querida Hermione,
¿Es posible que nos veamos el viernes 20 hacia las 23:00?
Utilizaré la red Flu.
Atentamente,
Harry.
Viernes 20. Era ese mismo día. Hermione resopló, y la lechuza la miró como diciendo, "¡No es mi culpa!". La joven miró al reloj: eran las 22:00. Al menos, tendría tiempo para ducharse... Aunque hubiera apreciado haber sido avisada con más tiempo. Harry... hacía semanas que no contactaba con ella.
Resignada, se dirigió hacia su baño privado para ducharse.
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Harry apareció en la hoguera a las 23:00 en punto. Hermione se sobresaltó por la súbita entrada de su amigo, aunque le estuviese estado esperando. Lo primero que descubrió en sus ojos fué un brillo febril que conocía demasiado bien.
- Buenas noches, 'Mione.- le saludó, claramente impaciente.
- Buenas noches.- respondió ella, ligeramente tensa. No parecía que Harry fuese consciente de que la relación que mantenían había cambiado desde el aborto de la bruja; y Hermione no sabía si estar irritada o agradecida por el comportamiento del moreno. Ella notaba claramente la brecha entre ellos, pero Harry parecía consumido por un objetivo ulterior. Hermione apretó sus labios contra sus colmillos. Cómo no, los objetivos ulteriores siempre estaban por encima de las relaciones humanas. No sabía cómo lo hacía Ginny para soportar aquello...
- Hermione.- soltó el moreno, y agarró a su amiga por los dos antebrazos.- Necesito tu ayuda.
¿De qué le sonaba aquella frase? Una parte de la Gryffindor quería mandar a Harry a la mierda, pero la otra agradecía la confianza de aquellas palabras. El agarre del auror era amistoso y enérgico, como una Alicia convenciendo a su hermana para entrar en el agujero de conejo. Hermione sabía que aquella mirada prometía problemas, pero una vez más, no pudo resistirse.
- ¿En qué necesitas mi ayuda?
La cara del moreno se iluminó aún más.
- Se me ha ocurrido una idea loca, pero que puede funcionar.- Hermione levantó una ceja, y Harry añadió:- Respecto a Snape.
Ahí estaba. La bomba que la bruja había estado esperando, la bomba que sabía que no había desaparecido sino que había empeorado: Severus Snape.
- Harry...- empezó a decir, sabiendo que cualquiera que fuese la idea del moreno, seguramente fuese descabellada y peligrosa.
- Espera, déjame explicártelo.- se apresuró Harry.- He estado dándole vueltas, ¿sabes? Al hecho de que fue muy injusto... la vida de Snape fue una mierda, eso no me lo negarás, ¿verdad?
Hermione suspiró. No, claro que no podía negar aquello.
- Harry, la mitad de la humanidad tiene una vida de mierda.- soltó, a la defensiva.
El nombrado pareció dudar un momento, consciente de que el comentario de Hermione tocaba demasiado cerca del blanco de la diana. Al fin y al cabo, la vida de su amiga tampoco era un camino de rosas en aquellos momentos... ni lo había sido la vida del propio Harry. De hecho, su infancia y la de Snape... Aquella asociación de ideas hizo que el moreno hablase con más fervor.
- Ya, pero... ¿no crees que Snape merecía una segunda oportunidad? Se esclavizó a sí mismo para redimirse, me estuvo salvando el pellejo (salvándonos el pellejo) los últimos años de su vida, murió solo y miserablemente... Vamos, Hermione.
La joven no sabía exactamente a dónde quería llegar el auror, pero aquel camino parecía adentrarse en un bosque peligroso.
- ¿Qué pretendes, Harry?
El nombrado la miró con mucha seriedad. Parecía estar escogiendo las palabras más adecuadas; al final, suspiró y respondió:
- Quiero cambiar el pasado, Hermione.
La Gryffindor no lo pudo evitar, y se puso a reír histéricamente. ¿Cambiar el pasado? Por favor.
- Estoy hablando en serio.- gruñó Harry, resentido.- Hay posibilidades de que salga bien.
Hermione resopló, incrédula, y empezó a meter peppermary en la pipa.
- ¿Y cómo piensas hacer eso, Harry?
El mencionado cruzó los brazos, mientras miraba con el ceño fruncido la planta que Hermione pensaba fumarse.
- Aún no lo tengo muy claro. Tengo ideas, pero necesito... necesito que me ayudes.
La bruja no pudo evitar poner los ojos en blanco.
- No estarás pensando en utilizar un giratiempo,¿verdad?- le soltó, medio en broma, mientras sacaba su caja de cerillas Bonnie & Clyde.
- Bueno... sí, en parte.- respondió Harry, a la defensiva. Hermione alzó una ceja.- Escucha, he estado husmeando en el Departamento de Misterios del Ministerio...
Hermione le miró horrorizada, olvidando de raspar su cerilla contra la caja. Cuando se recompuso, encendió la cerilla y la acercó a la augusta pipa.
- ... y he descubierto documentos sobre viajes en el tiempo... experimentales, ¿sabes? Pero son documentos clasificados, top secret. He pasado todos estos meses intentando descubrir maneras de burlar los hechizos que prohíben leerlas... hay unos cuantos que aún no he podido burlar... y además, hay mucha documentación. El Ministerio de Magia parece haber tenido mucho interés en eso... tiene sentido, la verdad. La cuestión es que... necesito tu ayuda para buscar lo que necesitamos. Y después... me gustaría que me acompañaras al pasado, Hermione.- sus ojos brillaban de emoción.- Como en los viejos tiempos, ¿te acuerdas? Aquella vez salvamos a Buckbeak y a Sirius.- dijo, con palabras mojadas de nostalgia, y añadió:- Salvemos a Snape esta vez.
Aquello era descabellado. Aquello era demencial, y Hermione lo sabía, y sabía que no podía resultar en nada bueno. Sin embargo, el entusiasmo febril de Harry empezó a contagiársele como una enfermedad epidémica. Como en los viejos tiempos... empezaba a escuchar el canto de sirena, una mezcla de morriña y entusiasmo y...
- Dime, Harry. ¿Existen giratiempos que retrocedan en años?- preguntó, antes de darle una buena calada a la peppermary.
El moreno, al ver que había picado el interés de su amiga, sonrió ampliamente.
- Creo que no... pero por lo que he entendido, se pueden apañar los giratiempos normales para que retrocedan años e incluso, por lo que he leído, siglos en el tiempo. Pero claro, el asunto está prohibidísimo y muy bien guardado... creo que hay muchas lagunas y experimentos fallidos...
Hermione notaba cómo se estaba entusiasmando ante el desafío intelectual, a pesar de que aquella idea gritaba "peligro" por todas partes. Salvar a Snape no era el incentivo más fuerte, no; claro que no, por supuesto que no, no; qué estupidez. El incentivo era trabajar en un enigma mágico intrigante, por supuestísimo. Y... además, siempre había cedido a los ojos brillantes del moreno, siempre; siempre le había seguido, a cada una de las más absurdamente peligrosas aventuras... Las brasas de la Gryffindor se reavivaron en llamas.
- Está bien.- sentenció Hermione, soltando el humo de sus pulmones- Estoy contigo. Pero necesitaré leer esos documentos, y saber qué hechizos protectores tienen...
- Ya hice copias de los pergaminos que conseguí deshechizar.- comentó Harry con la cara resplandeciente de alegría febril.- Te los he traído, por si aceptabas ayudarme. Pero para los otros documentos, tendremos que buscar un modo de meterte en el Departamento de Misterios... los pergaminos originales se autodestruyen si salen fuera del departamento.
Hermione estaba muy motivada para empezar a leer e investigar aquellos documentos, pero de repente, una idea preocupante le cruzó la cabeza.
- Harry... ¿y ya has pensado cómo salvar a Snape, una vez que estemos allá?
El moreno se quedó mudo, y la miró con ojos de cordero degollado. Traducción: no, no había pensado en eso. Hermione resopló, y sentenció:
- Pues manos a la obra...
Diciembre del 2003. Hogwarts.
Decididamente, desde que había empezado a investigar aquellos documentos del Ministerio, su vida había recuperado vigor. Estaba en su elemento, estaba aprendiendo, leyendo, investigando. Siendo útil. Incluso habían descubierto cómo burlar media docena de maldiciones más. "A este paso", pensó Hermione, "acabaremos por hacerle competencia a Bill..."
Aquella noche era como una de las tantas noches de la profesora de Encantamientos: corregir trabajos, preparar trabajos; corregir exámenes, preparar exámenes; burlar documentos prohibidos... leer documentos prohibidos.
La luz del candelabro se había vuelto demasiado escasa, y Hermione invocó velas adicionales que brillaron flotando al rededor de ella. Después de semanas y semanas, la Gryffindor había creído encontrar un documento clave. Habían conseguido entrar en el Departemento de Misterios un par de veces; y el pergamino que tenía entre manos era la copia de uno de los documentos que habían encontrado en la última incursión. Estaba escrito en runas antiguas, en Nórdico Antiguo, con una jerga oscura y difícil de descifrar. Hermione no sabía exactamente qué era lo que estaba escrito, pero había conseguido pillar el sentido general del texto hasta entonces, gracias a unos cuantos hechizos de traducción, diccionarios y otros libros.
Llevaba semanas descifrando el texto párrafo por párrafo. Se hablaba de hechizos, hechizos prohibidos, hechizos inacabados. Hechizos para detener el tiempo, para hacerlo pasar más lenta o más rápidamente, hechizos para crear giratiempos... Y entonces, el corazón de Hermione dió un vuelco.
De runas antiguas, el texto pasó a estar escrito en... jeroglíficos egipcios.
Con un gruñido, la Gryffindor se llevó las manos al pelo.
Maldita sea.
Diciembre del 2003. Hogsmeade.
Hermione había pasado toda la semana intentando descifrar los jeroglíficos, en vano. Aquel viernes se sentía apagada y fuera de la conversación que Cho, Neville y Hagrid mantenían. Su mente volvía una y otra vez a los jeroglíficos, y a aquella lengua egipcia antigua, y a las complicadas metáforas que utilizaban.
- Hermione, te veo cansada. ¿Duermes bien?
La nombrada salió de su ensimismamiento con brusquedad. Cho la miraba con cierta preocupación, y Neville y Hagrid también habían dejado de hablar para mirarla.
- Estoy bien...- dijo Hermione, sin convencer a nadie.- Pero... si no os importa... me retiraré ya. Tengo un poco de sueño...
Los demás no le reprocharon nada, aunque Hermione se sentía un poco mal por dejarlos tan temprano. Agarró sus cosas y se levantó de la silla cuando una mano gigantesca se dejó caer en su hombro.
- Hermione.- le dijo Hagrid con gravedad.- No te exijas demasiado, ¿de acuerdo?- sus ojos negros eran profundos y serios.
La Gryffindor sintió frío en el estómago. Por un disparatado momento, creyó que Hagrid estaba al tanto de todo. Pero no, aquello no podía ser. Había sido muy discreta. Al final, la joven optó por sonreír y asegurarle afablemente que no se exigiría demasiado.
Sin embargo, lo que ninguno de sus compañeros de trabajo sabía, era que estaba dejándoles temprano porque tenía una cita con Aisha Darzi.
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Hermione estaba en frente de la puerta del despacho de Darzi, y como cada de las pocas veces que había estado ahí, los recuerdos de Snape golpearon su mente. ¿Cuántos años habría vivido ahí aquel pobre hombre?
Antes de poder pensar demasiado sobre aquella pregunta, la puerta del despacho de Darzi se abrió, y la mujer oriental apareció con un chador negro. El corazón de Hermione se paró por unos instantes; pues sus pensamientos acerca de Snape le habían jugado una mala pasada, y una vez más, había creído ver a su antiguo profesor de Pociones en el marco de la puerta. La bruja morena estaba sin velo, con su bella cara descubierta. Hermione tragó saliva.
- Buenas noches.- dijo Aisha con un acento exótico.- Bien... ¿me querías ver, verdad?- sonrisa encantadora.- ¿Quieres té?
Hermione carraspeó, intentando recuperar su voz. Cuando lo consiguió, respondió con un "Sí, gracias". La pose y la mirada de la otra bruja eran predadoras: la Gryffindor había apoyado su trasero en el borde del escritorio de Darzi, y la bruja oriental se encontraba a menos de diez centímetros de su cuerpo. Hermione sabía, notaba; que la otra bruja estaba... interesada en ella. Hacía semanas que lo percibía, y había decidido hacer uso de aquella debilidad para conseguir lo que quería.
Sin embargo, decidir utilizar la seducción para sus fines propios y hacerse pasar por una buena seductora, eran dos cosas muy diferentes. Aisha Darzi se alejó con elegancia e hizo aparecer en el aire una tetera de latón, dos vasitos de cristal y algunos dulces árabes.
- ¿Te gusta el té verde con menta?- le preguntó calmadamente.
- Nunca lo había probado antes.- admitió Hermione. No quería sospechar de su compañera de trabajo, pero no podía evitar mirar con precaución a la humeante infusión. Probablemente no le había metido nada en el té, pero... ¿quién sabía?
La otra bruja le hizo signo de que la siguiese y pasaron a un cuarto situado al lado del despacho, y claramente privado. Hermione agrandó los ojos ante lujo sensual de aquella habitación: alfombras persas en el suelo y en las paredes, dosel y cortinajes de terciopelo, mantas de piel de cabra, sábanas de seda... Sus ojos se posaron en una gran estantería llena de libros de aspecto muy antiguo. Algunos tenían el título en el lomo; la mayoría estaban escritas en alfabeto árabe, unos pocos en latín, y Hermione creyó dislumbrar alguno que otro escrito en hebreo. Los dedos de la joven profesora chillaban por poder tocar y ojear aquellos tesoros, aunque no pudiese entender lo que estaba escrito.
Darzi sonrió atractivamente antes de pausar la tetera y los demás objetos en una tabla baja y redonda. Con otro movimiento de varita, aparecieron dos cojines mullidos a los dos lados de la tabla, y Aisha se sentó con elegancia en uno de ellos. Sin dejar de sonreír, invitó a Hermione a sentarse en el otro. La Gryffindor se sintió extremadamente patosa al sentarse, muy inferior a la gracia fluída de su interlocutora. Empezaba bien...
- ¿Puedo fumar?- le preguntó a Aisha. Estaba nerviosa, y necesitaba ayudarse de la peppermary. La otra bruja soltó una risilla agradable.
- Claro que sí.- le respondió.- ¿No te importará si yo también lo hago?
Hermione se extrañó ligeramente de que Aisha fumase; nunca la había visto con un cigarrillo en la boca. Negó con la cabeza para indicarle que no le importaba, y empezó a buscar su sobre de peppermary. Darzi había hecho una floritura con su varita y de repente, apareció una hookah dorada flotando en el aire. La sonrisa de Aisha se ensanchó.
- No suelo fumar a menudo, pero hoy es un buen día.
Y mientras Hermione llenaba el hornillo de su pipa con peppermary, Aisha le dió un golpe de varita a la cachimba y apareció agua en la base. Con un "Accio shisha", acercó su paquete de tabaco aromatizado y tomó varias pizcas, que luego metió en una de las piezas superiores de la hookah. Con precisión, colocó una plaquita de metal encima del tabaco, y con un último golpe de varita, hizo aparecer carbones encendidos en su miraba hipnotizada cada paso que daba la profesora de Pociones, absorta en sus movimientos lentos y delicados.
- ¿Nunca has visto la preparación de una shisha?- le preguntó Aisha, con su sonrisa predadora.
Hermione negó con la cabeza, muda.
- ¿Quieres probar a fumarla?
¿Por qué no? Hermione asintió, y Aisha le pasó la manguera. La Gryffindor murmuró un encantamiento y la pipa se sostuvo en el aire, sin hacer caer ni una brizna de la peppermary, e inhaló por la boquilla de la manguera. El agua de la cachimba empezó a burbujear y un humo templado con olor a menta invadió sus pulmones. Mientras tanto, Darzi se dedicó a servir el té sujetando la tetera a cierta distancia de las tazas. Hermione empezó a sentirse como en un sueño; tal era el efecto onírico del lugar.
La profesora de Encantamientos le devolvió la manguera a la otra bruja y procedió a encender su pipa. Sabía que la peppermary la pondría aún más en trance, pero parecía que justamente, aquello era lo que tenía que hacer. Aisha le dió una sensual calada a la hookah. Durante unos instantes, nadie de las dos dijo nada. Estuvieron fumando, bebiendo té bien azucarado y comiendo dulces árabes con tranquilidad a lo largo de aquellos minutos. Al final, Hermione se aventuró a hablar.
- Quería preguntarte sobre las inscripciones que utilizas para la barrera mágica de tu despensa.- comentó Hermione, como quien no quiere la cosa.- Me dejaron sorprendida, y la verdad, siento curiosidad. He estado buscando en la biblioteca pero no he encontrado nada...
La sonrisa de Aisha se volvió maliciosa.
- ¿Y a qué se debe este repentino interés?
Ay. Ya sabía Hermione que las cosas no serían tan simples... y en su cara se notó una parte de aquel pensamiento, porque Darzi ensanchó su sonrisa.
- No es un interés repentino... pero no me he atrevido a preguntarte antes.
Bueno, aquella era una mentira verosímil. La otra bruja redujo su sonrisa, pensativa. Hermione se extrañó de lo inusual que se le hacía el relativamente serio gesto de Aisha; siempre la veía o con la cara cubierta o sonriente. Después de unos instantes, la bruja exótica volvió a hablar:
- Si lo que necesitas son más Pociones Calmantes, no te avergüences de pedírmelos. No le diré nada a nadie, y ya sabes que no te voy a cobrar nada. Todas tenemos alguna adicción.
Hermione había pensado en la posibilidad de que Aisha sacase esa conclusión, pero no se esperaba a que lo hiciese con tanta rapidez. Le convenía que Darzi creyese conocer la razón de su interés por los jeroglíficos, pues así era menos probable que descubriese el pastel, pero tenía que convencerla de que le enseñase a interpretarlos y utilizarlos. No iba a ser fácil.
- Aisha, querida...- primer golpe.- ... tengo suficiente con los que me das, gracias... Te estoy diciendo la verdad. Siento curiosidad por esos jeroglíficos...- lo cual era verdad, en parte.
La profesora de Pociones seguía sin sonreír, y era patente en su cara que no acababa de creerse las palabras de la Gryffindor.
- No dudo que tengas curiosidad.- empezó a responder, lentamente.- Pero no es puro interés académico, ¿verdad?
Mierda.
- ¿Qué te hace creer éso?- preguntó la bruja inglesa con ligereza.
La Profesora Darzi respondió con una media sonrisa apretada.
- Primero, han pasado meses desde la primera vez que los viste... de hecho, esperaba que me lo preguntases mucho antes, porque Minerva me dijo que tenías un espíritu curioso, y eres valiente. No puedo sino extrañarme de que hayas venido meses después, por no haberte atrevido... Y segundo... utilizar jeroglíficos egipcios es extremadamente raro. Ya casi no son utilizados ni siquiera en el Oriente Medio y Próximo; fueron reemplazados por el alfabeto árabe. Aquí se conservó el uso de las runas antiguas incluso después de la introducción del latín, pero ahí los jeroglíficos se reservaron a una élite académica... se convirtieron en los caracteres con los que se formulaban maldiciones, encantamientos y hechizos peligrosos, poderosos; pues utilizar jeroglíficos era una medida para que no cualquiera pudiese aprender y emplear aquella magia...
Hermione sentía cómo palidecía su cara; su voz había retrocedido hasta su estómago. ¿Cómo podía haber sido tan descuidada? ¡Era tan obvio!
- ... no puedo estar completamente segura de que hayas visto jeroglíficos en otra parte, Hermione, pero si mi intuición es correcta, apuesto que andas con documentos antiguos, o secretos, o peligrosos, o los tres a la vez.
Hermione, mortificada, estaba con la mente en blanco. ¿Y ahora qué?
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Había pasado un rato desde que Aisha explicase la razón de su sospecha, y la Gryffindor seguía sin poder pronunciar palabra. ¿Qué podía responder?
Aisha rompió el momento tenso para comprobar si la shisha seguía teniendo un buen gusto. Satisfecha, le dio una calada más grande. Al verla, Hermione puso su atención en la pipa de su abuelo, que llevaba un rato apagada. Sacó su caja de cerillas Bonnie & Clyde y se entretuvo un rato volviendo a encender la pipa. Para cuando terminó, había decidido contarle la verdad.
- Está bien.- admitió Hermione, mientras le daba una buena calada a la peppermary. Más tranquila, añadió:- Vale, digamos que he encontrado jeroglíficos en un documento que me interesa. ¿Me enseñarías a descifrarlo?
Aisha parecía indecisa, aunque su semblante ya no fuera tan grave como antes. Necesitaba otro empujoncito.
- No tienes por qué hacerlo gratis, Aisha.- insistió la Gryffindor.- Tenías razón, son documentos muy importantes y clasificados. Lo que estoy haciendo es probablemente ilegal.
"Sin 'probablemente' ", pensó Hermione, pero no era tan tonta como para decirlo en voz alta. Darzi parecía seguir estando indecisa, pero la Gryffindor juraría haber visto un pequeño brillo de interés en sus ojos.
- Necesito tu ayuda.- suplicó Hermione, utilizando el método que tan bien funcionaba con ella.- Necesito descifrar ese documento. Es algo muy importante para mí, entiéndelo. Sólo te pido que me ayudes a descifrarlo, y que mantengas el secreto. Te pagaré cuanto quieras, como quieras.
"Y si no, lo hará Harry, que para eso es rico" se dijo la inglesa para sus adentros.
Aisha estaba alerta, dando la impresión de una gata que acabase de oler un ratón.
- ¿Cuanto quiera, y como quiera?- repitió con su voz aterciopelada, y los pelos de Hermione se pusieron de punta.
- Sí.- respondió la Gryffindor, con más firmeza de la que sentía.
Una sonrisa maliciosa empezó a propagarse por la cara de Darzi. A Hermione se le contrajo el estómago.
- Trato hecho.- sentenció Aisha, con sencillez.
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Más tarde, en su propia habitación, Hermione daba vueltas y vueltas encima de su cama. ¿En qué diablos se había metido?
Whoso list to hunt, I know where is an hind es el primer verso de un soneto de Sir Thomas Wyatt
