Kung Fu Panda no me pertenece, es propiedad de Dreamworks.

Capítulo 9: ¿Quién Somos?

Reptaba de un lado a otro por su cuarto en busca de sus ya conocidas flores blancas. Al despertar sintió un tipo de molestia al notar esa habitación, fue como si el simple hecho de amanecer ahí le causara enfado, ni siquiera era su antigua recamara de cuando era niña. Se encontraba en un lugar extraño que a pesar de ser llamado "hogar" no era más que un lugar vacío emocionalmente, le costaría trabajo acostumbrarse a ese sitio.

A llegar a un mueble pequeño Víbora tomo sus flores y las colocó sobre su cabeza como todos los días, en verdad sentía un gran apego emocional por ellas y tan solo imaginarse sin ellas la estremeció. Desde pequeña poseía esos tesoros que fueron un regalo de su madre y los cuidaba con su vida. Había comprado más en diferentes momentos, incluso más lindas que esas, incluso compró algunas en varias ocasiones en el valle de la paz, pero no eran tan importantes como las primeras.

Estaba a punto de salir de ahí, colocó su cola en la puerta para abrirla pero al lado de ella se encontraba un espejo de cuerpo completo y sin saber porque, giro hacía este y solo se observó por unos minutos… no hiso otra cosa ni siquiera gesticuló algo solo se quedó inmóvil viéndose. Se notaba cambiada como si no se reconociera, cualquiera de sus amigos no lo notaría o juzgaría a Víbora de que solo era su imaginación pero ¿quién más te conoce mejor que tú mismo? Nadie y sabía que algo estaba mal en ella. De la nada la invadió un sentimiento amargo que hasta ella no encontró significado, era como un vacío.

Por alguna razón eso que sentía no era nada nuevo, no lo reconoció al instante pero aquello le era muy familiar.

¿Quién somos?

Esa pregunta le atravesó la mente como un rayo al reconocer ese vacío. Fueron las palabras de su maestro las que resonaron en su subconsciente. Recordó esa experiencia con Oogway y los demás chicos aquel día ya hace unos años, aun cuando Po no había llegado a sus vidas como el Guerrero Dragón. Sus ojos se perdieron en la nada y viajó hasta aquel momento que marcó a más de uno.

Flashback.

Ese día fue diferente a los anteriores, no serían entrenamientos exigiéndose lo mejor de ellos, hasta que su cuerpo no pudiera más. No habría peleas uno contra uno o subir y bajar las escaleras del palacio hasta que anocheciera, no… esta vez sería un entrenamiento especial, no sería nada físico.

Fue algo improvisto por parte de los cinco furiosos pero no por ello algo malo, al contrario, les alegró la mañana.

Sonó el gong y como era de esperarse los guerreros y protectores del valle de la paz salieron de sus habitaciones con una postura recta, miraban hacía enfrente y al unísono dieron los buenos días con un "maestro" al final de su saludo.

Su sorpresa fue grande al escuchar que una voz diferente a la del maestro Shifu les devolvía el saludo desde la puerta que llevaba a las habitaciones. No era la voz del panda rojo pero si la de alguien muy conocido.

Voltearon a su dirección y una tortuga bastante grande de edad estaba parado ahí con una sonrisa. Se notaba que sabía cuál sería su expresión al verlo a él y no a Shifu.

-Maestro Oogway – saludó de nueva cuenta Tigresa pero esta vez añadió una reverencia e inmediatamente sus compañeros la imitaron.

La tortuga rió bajo, esos eran sus fieles estudiantes – Me alegro de verlos, parece que amanecieron con gran energía como para entrenar duro –

-Sí, maestro – nuevamente Tigresa contestó, no era porque quisiera sobresalir entre los demás o para representar a los cinco, si no fue más instintivamente, salieron sin querer y casi tan rápido que por poco lo interrumpen (cosa que hubiera sido una falta de respeto a consideración de la misma maestra rayada). No pudo evitarlo, las palabras de Oogway eran música para sus oídos, esos entrenamientos eran sus favoritos y esta vez entrenar con la supervisión de Oogway solo la ayudaría a que le fuera más fácil decidir quien sería el guerreo dragón.

La idea la fascinó pero aun así se contuvo para no sonreír.

-También me alegra escuchar eso… lamentablemente para ustedes hoy no harán ni una flexión-

En un segundo a Tigresa se le cayeron las estrellas. Eso fue como una bofetada y una cubetada de agua fría. Aquella ilusión murió y la felina bajo sus orejas y arrugó su entrecejo evitando la mirada de Oogway. "Debe ser una broma" maldijo mentalmente.

-Hoy entrenaran algo muy importante conmigo y no requerirán ni una sola pesa o ir al salón de entrenamientos – La anciana tortuga dio media vuelta y se dispuso a caminar a la salida – Desayunen y nos veremos en el durazno celestial.

-Maestro Oogway, ¿Qué pasara con Shifu? – preguntó Grulla siguiendolo con la vista.

-Mandé a Shifu a unos asuntos especiales. No regresara sino hasta dentro de dos días, los suficientes para llevar nuestro entrenamiento de una forma adecuada – Oogway no se detuvo, siguió con lo suyo sin borrar su clásica sonrisa de total paz interior de su rostro.

Finalmente su maestro salió de ahí dejando intrigados a los jóvenes furiosos.

Rápidamente compartieron miradas unos con los otros.

-Eso fue extraño – exclamó Mono.

-El maestro Oogway nunca nos entrena, debe ser algo grande – Víbora aportó su opinión.

-Si fuera algo tan grande usaríamos los puños y nuestras habilidades, seguramente será otro más de sus sermones – se podía notar el enfado en la voz de Tigresa y claro, estaba en todo su derecho. Ella solo quería dar más de sí en los entrenamientos. Realmente no le molestaban las enseñanzas de la vieja tortuga solo se había levantado con el pie izquierdo de la cama.

-Tranquila Tigresa, tendrás más días para entrenar. Bueno, eso si tienes suerte porque durante estos dos días no podrás usar tus "lindos puños" – Mantis esbozó una burlona sonrisa, no sabía en lo que se metía.

-Cuando acaben estos dos días utilizare tu cabeza para entrenar, insecto - Tigresa no se molestó en mirarlo, suficiente hicieron sus palabras., solo cruzó sus brazos sobre el pecho y comenzó a caminar hacia la cocina.

Mantis quedo con la boca abierta y no dijo nada más. Mono se reía de la cara de su amigo y abandonó el lugar como el resto del equipo, ahora se encontraba congelado y solo.

Después del desayuno se dirigieron al durazno y al llegar encontraron a Oogway meditando sobre su bastón. Ninguno dijo palabra alguna cuando la tortuga lentamente bajaba de este de tal manera que quedo frente a ellos.

-¿Están listos? – preguntó cordialmente.

-Si maestro- contestaron todos menos una testaruda felina rayada.

-¿Todos? – agregó Oogway mirando a Tigresa.

Ahora todos miraban a Tigresa a quien no le agradó eso. Volteo la cabeza y cerró los ojos para no encararlos.

-Pequeña debes entender…- comenzó Oogway. Tigresa al igual que los otros estudiantes ya no eran unos "pequeños" pero así se había dirigido a ellos desde que comenzaron a entrenar en el palacio. Con el tiempo y al crecer ya no llamaba así a los machos del grupo pero continuó con esa costumbre con Víbora y Tigresa y a ellas no les molestaba en lo absoluto - … el kung fu es importante pero de nada sirve ser buena en lo que haces si no estás en paz contigo misma. ¿Has escuchado el dicho: "Mente sana en cuerpo sano"? Pues es verdad y al igual que el ejercicio físico, es bueno meditar y entender lo que somos para de esa forma avanzar en nuestro entrenamiento y de igual manera espiritualmente. Todo es un equilibrio –

Oogway concluyó con una sonrisa llena de serenidad. Tigresa se despojó de su orgullo y al ver esa tranquilidad comprendió que él había llevado ese estilo de vida y obtuvo grandes resultados. Siempre había admirado a su maestro, hasta en las situaciones más adversas se le veía sin preocupaciones. Eso era algo que añoraba la felina.

-Comprendo. Yo lo lamento, maestro- Ella se inclinó en modo de reverencia y lo miro a los ojos, los cuales le dieron un poco de paz.

Oogway ensanchó su sonrisa y sin más dio vuelta y se colocó delante de todos. Ellos se sentaron en posición de Loto (Solo Mono y Tigresa por obvias razones. Mantis y Grulla permanecieron de parados y Víbora se enrolló sobre si para quedar en una posición cómoda).

La tortuga no se movió luego de eso, se mantuvo de pie y cerró los ojos. Los cinco furioso le daban y regresaban la mirada esperando indicaciones suyas pero parecía que Oogway no tenía planes de moverse.

-Mmm ¿Maestro, cual es la lección de hoy? – preguntó un poco inquieta Víbora. No quería faltarle el respeto pero ya habían pasado 10 minutos y durante ese tiempo no existió dialogo alguno.

Como respuesta solo hubo silencio… incomodo silencio. Incluso podían jurar que la anciana tortuga estaba inconsciente.

Víbora arqueó una ceja y volteo hacía sus amigos. Mono se encogió de hombros y Mantis levantó sus brazos en el aire.

-¿Y ahora qué? – susurró Grulla.

-No lo sé – contestó Mantis

-¿Creen que se quedó dormido?- sugirió Mono obteniendo miradas de incredulidad.

-¿Parado? – le cuestionó Víbora. Todo esto a través de susurros que apenas entendían.

-Muchos animales lo hacen – trató de defenderse pero su intento fue inútil.

-Solo tengan paciencia, seguramente esa es la lección de hoy – Soltó ya cansada de las tonterías del primate.

¿Cuál fue su sorpresa? Que no contaban con que Oogway se tomara muy enserio sus "entrenamientos" ya que pasaron más de seis horas sin moverse de ese lugar. La tortuga no se movió ni un centímetro durante 360 minutos. Los cinco no podían creer aquello, estaban hambrientos, fastidiados y hasta adoloridos de estar tanto tiempo sin hacer nada.

La única que parecía no importarle era Tigresa que aún estaba en posición de loto y meditando.

-¿Qué está pasando? - se quejó Grulla caminando de un lado al otro como león enjaulado. Llevaba así durante más de una hora en la que no encontró otra cosa que hacer ahí.

-¿Qué vamos a saber nosotros? No ha dicho nada durante horas. Esto no tiene sentido – le contestó Mantis ya del mismo estado emocional.

-Ni siquiera Shifu hace estas cosas – Mono se unió a la charla de quejas. Solo se podía escuchar como discutían sobre lo que pasaba pero ya no eran susurros lo que salía de sus bocas.

Víbora suspiró cansada y reptó hasta un lado de Tigresa.- ¿Qué crees que sea lo que el maestro Oogway nos quiere enseñar con esto? – le habló en voz baja.

-Paciencia – fue una respuesta corta sin mucho ánimo.

-Eso parece pero… ¿seis horas? –

-Es nuestro maestro y sabe lo que hace – ella seguía con los ojos cerrados y no mostraba signos de desesperación.

Y así siguieron durante… bueno ya habían perdido la cuenta de las horas ya que la oscuridad de la noche había llegado. Solo el mato de estrellas los abrigaba frio desgarrador.

-¡Esto es una locura!- gritó Mono sin vergüenza alguna. Ya no les importaba alzar la voz ya que Oogway no les reprimía, nada.

-Tengo tanta hambre – y las quejas no se dejaron esperar y Grulla era de los primeros.

-Hace mucho frio- le siguió Mantis.

-Necesito un baño – inició de nueva cuenta Mono y siguieron en el mismo orden.

-Me comería toda una hoya de arroz –

-Me dará hipotermia –

-Moriré aquí y aún no he conocido el amor –

-Si pasa otro minuto más me arrancare una ala y me la comeré –

-Creo que ya estoy alucinando-

-No recuerdo ni el nombre de mi especie-

Víbora estaba acostada en el suelo, apoyaba la cabeza en una roca y tenía los ojos entreabiertos, escuchaba todas esas quejas y a esa altura solo quería ponerse a gritar ella también pero aún tenía su dignidad. Regresó la mirada a Tigresa y en ella no había cambiado realmente nada. "¿Cómo lo hace?" se preguntó a sí misma.

-¡Suficiente, me largo! – Gritó Mono – No estaré ni un minuto más aquí –

-Sí, yo también – apoyo Mantis y Grulla solo se sujetaba el estómago con las alas.

Víbora levantó la cabeza y vio como aquellos machos comenzaban a andar.

-¿A dónde creen que van?- les frenó Tigresa sin levantarse – No podemos irnos –

-A él no parece importarle – dijo Mono señalándolo. Oogway seguía en la misma posición y con su sonrisa plasmada.

-No deben desobedecer, es nuestro maestro – corrigió Tigresa.

-Tigresa… - Víbora comenzó a reptar hasta quedar junto a los chicos – Si no dice o hace nada no creó que le importe. Además ya es tarde y no quiero pasar la noche aquí, hace frio-

Tigresa la miró decepcionada y esa mirada Víbora jamás la pudo olvidar- Pues yo sí, si es necesario- su voz era neutra y fue lo último que dijo, volvió a cerrar los ojos y volteo hacia enfrente.

Los machos no tomaron con seriedad las palabras de la felina y comenzaron a bajar. No creían que en verdad fuera a pasar ahí la noche, en cualquier momento la verían entrar en la cocina con ellos pero Víbora sabía que hablaba en serio. Se rindió ante el cansancio y el hambre y siguió a sus amigos.

Para mala suerte de ellos descubrieron que no había ni una pisca de comida en toda la cocina, Oogway había sacado todo y ahí encontraron la trampa de aquello. Sin otra opción decidieron irse a dormir, quizá no comerían pero al menos dormirían bien. La reptil sentía que su decisión no era la correcta, que debió quedarse al igual que Tigresa pero una parte de ella no la dejaba, sentía un fuerte cansancio y esa preocupación cedió tan rápidamente al quedarse dormida. No había sentido tanto cansancio ni con los entrenamientos del maestro Shifu, era extraño. Quizá no era un desafío para el cuerpo pero representaba uno para la mente y la fuerza de voluntad.

Al día siguiente se levantaron puntuales como los demás días a pesar de que nadie estaba para esperarlos fuera de sus habitaciones. Abrieron la puerta y ni siquiera se dieron los buenos días, había una incómoda atmosfera alrededor y no quería ni verse la cara. Finalmente Mantis habló.

-¿Alguien escuchó a Tigresa entrar a su cuarto en la noche? –

-No, a decir verdad, tan pronto como llegue a mi cama me quede dormido – Mono respondió rascándose la nuca.

-A mí me pasó lo mismo – confesó Grulla.

-Yo igual – dijo Víbora dándose cuenta de cómo los había agotado el hacer nada durante un día – Wow creó que esa prueba si exige mucho, ¿he?-

-¿Creen que…? – Grulla dejó la pregunta en el aire pero de igual forma entendieron la idea.

Nadie dijo nada y a paso lento se dirigieron al durazno.

Al llegar sus ojos se abrieron como platos al ver que tanto Oogway como Tigresa seguían en el mismo lugar. Primero miraron a Oogway que había cambiado un poco de posición de la que estaba ayer. Aún seguía parado pero ahora sujetaba su bastón con ambas manos y su frente chocaba con él.

Luego voltearon hacia Tigresa que se encontraba con sus piernas flexionadas y sus brazos las sujetaban hasta juntar sus manos. Tenía la frente pegada a sus rodillas y se le podía notar que aun temblaba por el frio de anoche.

Todo aquello era increíble, la voluntad de ciertas personas era enorme y tanto Tigresa como el mismo Oogway lo demostraron.

-No es verdad- exclamó Mantis.

Víbora reptó hasta su amiga y con su cola suavemente le movió el hombro para despertarla.

-Tigresa, despierta – le dijo dulcemente a la felina.

Poco a poco Tigresa levantó la mirada hasta que se encontró con esos ojos celestes que incluso ella varia veces había envidiado.

-¿Estas bien? – Víbora se veía preocupada por la salud de Tigresa.

La tigre de bengala soltó un largo bostezo – Si – miró a su alrededor - ¿Ya amaneció? –

La reptil rió ante esa actitud despreocupada y sin contar su pelaje despeinado de su cara.

-Es increíble que pasaran aquí la noche – admitió Grulla.

Tigresa se levantó para estirarse, jaló de sus brazos y piernas para relajar cada musculo de su trabajado cuerpo. - Debemos obedecer a nuestro maestro y no movernos de aquí-

-En eso te equivocas, pequeña – contradijo Oogway haciendo que todos dieran un respingo.

-¿Qué? – Tigresa no creía lo que estaba escuchando - ¿A qué se refiere?-

-Yo nunca les dije que se quedaran aquí, pero tampoco les dije que se fueran – el haber pasado ahí la noche pareció no afectarle ya que su voz sonaba como siempre: con completa calma.

-No entiendo – esta vez Víbora dudaba de la cordura de la tortuga.

Oogway sonrió –Antes que nada quiero decirles que con esto no hay ganadores o perdedores, pero si hay una lección que aprender-

-Quiere decir que casi muero de frio aquí por nada – A Tigresa no le importó mostrar su ira apretando sus puños con fuerza.

-En realidad no fue en vano, esa fue tu decisión. Con esta lección aprendieron una cosa y es el poder que tienen sus decisiones. El esperar sin recibir ni una solo orden solo era el inicio, lo importante vino después cuando comenzaron a decidir. Algunos decidieron irse, abandonaron el frio y entraron al palacio dispuestos a comer algo, obtuvieron calor y durmieron bajo techo – dijo él refiriéndose a los cuatro. Luego volteó para Tigresa – pero… hay quienes decidieron quedarse aquí, bajo la luz de la luna sin poner queja sabiendo que no sería fácil-

Oogway hiso una pausa, camino un poco lejos de ellos viendo el valle debajo y volteo de nueva cuenta y continuó.

-Lo que quería es que se dieran cuenta de sus acciones, cada decisión suya, tan pequeña como sea, tendrá gran impacto en el futuro, para bien o para mal. En la vida habrá dos formas de escoger: las soluciones fáciles – señaló a la reptil, al primate, al ave y al insecto a quienes se les veía con hambre y debiles – que no siempre llegaran a nada bueno, a la larga obtendrán resultados duros, y las soluciones que son difíciles de tomar pero se pegan a los ideales de uno, el camino será complicado pero al final… - señaló a Tigresa y luego con su bastón golpeo el árbol haciendo que cayera un durazno en su mano para después arrojárselo a Tigresa que no tuvo dificultad para atraparlo-… obtendrán un resultado satisfactorio y más-

Tigresa observó el durazno en su mano. Esas palabras ahora tenían un significado para ello. Miró a Oogway y al ver su sonrisa comprendió a que se refería con "y más". "El rollo del Dragón" pensó.

-Nuestras decisiones no solo definen nuestro camino… nos hacen ser "Quien Somos". Siempre nos regirá esto y cuando sea su turno de partir y hacer un nuevo capítulo en su vida tendrán el poder de elegir qué vida quieren llevar-

Fin del flashback.

Ese día marcó a Víbora, comprendió que todo en la vida son decisiones y no todos los caminos te llevan a la meta, aquí es cuando hay que elegir bien y ella ahora en esa situación debía hacerlo. Al final de esto obtendría la respuesta que buscó desde ese día. "¿Quién soy?". Desde ahora lo que hiciera en ese valle la definiría.

Regresó al presente y abrió la puerta completamente. Estaba cerca de encontrar su destino, su lugar, pero en ese momento lo que importaba era encontrar y hablar con su padre.

Continuara…

Bien, hasta aquí por hoy. Espero les haya gustado, y es que es curioso, tenía una idea distinta para el cap. y al final salió esto, de igual forma estoy satisfecho.

También ya comencé con mi nueva historia "Séhi" por si le quieren echar un vistazo y pronto publicaré otra (quizá deba terminar primero estas pero ya que)

Ya saben, gracias por leer y hasta la próxima.