Naruto

—Gran jodido error —declaró Yahiko. Se quedó de pie en el centro de la habitación de juegos del segundo piso de Armería, rodeado por los altos miembros de casi todas las divisiones de Las Parcas. Por lo general se hacían la iglesia se llevaba a cabo en la planta baja, pero abajo no había suficiente espacio para todos los hermanos que los visitaban. Este grupo incluía a los miembros nacionales y locales del consejo, y cualquier decisión que tomaran sería inapelable y vinculante para todo el club.

—No podemos creerles, todos sabemos eso —continuó Yahiko—. ¿Qué clase de idiota mete su cabeza en una horca? Si hacemos esto, nos mereceremos todo lo que logremos.

Obito suspiró y sacudió su cabeza. Naruto se inclinó contra la pared detrás de él, preguntándose cuánto tiempo iban a estar en el mismo punto. Quería terminar con esto, porque se encontraba más apretado que el infierno desde ayer por la mañana.

Hinata lo ató con un nudo.

Ni siquiera una mamada de una de las putas del club ayudó. Apenas logró tener sus pantalones abiertos cuando comenzó a pensar en Hinata y Boruto, y eso fue todo. Anoche estuvo rodeado por treinta de sus mejores amigos y hermanos, con más alcohol del que podía beber, coños gratuitos disponibles, y aun así, malditamente aburrido. Todo lo que de verdad quería era ir a casa, leerle a Boruto un cuento antes de dormir, y luego volver a Hinata jodidamente loca.

Obito se movió, el sonido de su silla chillando sacó a Naruto de sus pensamientos.

Habían estado allí casi por dos horas y hasta este momento nadie había cambiado su posición sobre la tregua. La mayoría de los hombres querían intentarlo. Naruto estaba de acuerdo. Pensaba que los Jacks caminaban y hablaban mierda, pero al menos eran una cantidad conocida. Entendían el estilo de vida, y aparte de todos los otros asuntos, aun eran motociclistas. No se sentía listo para desafiar a los Devil's Jack, pero, ¿dejar de molestarlos por un tiempo? Eso tenía sentido.

Yahiko se encontraba en desacuerdo.

Enérgicamente.

—¿Alguien más quiere hablar? —pregunta Shade. El hombre grande con pelo rubio puntiagudo y una repugnante cicatriz que cruzaba su rostro, era el presidente nacional, un puesto que agarró por menos de un año. Naruto no lo conocía bien, pero por lo que escuchó era bueno. Shade vivía en Boise, pero él hacía ruido sobre moverse más al norte.

—Tengo algo que decir —anunció Duck, levantando su gran cuerpo del sofá. A finales de sus sesenta, Duck era el miembro más antiguo en Coeur d'Alene.

Realmente uno de los miembros más antiguos de todo el club. No era un alto miembro, pero nadie era lo suficientemente estúpido como para decirle que no podía hablar. Naruto sabía que lo que fuera que dijera podría ser un punto clave.

—Odio a los Jacks. Son unos chupapollas y unos idiotas. Todos lo sabemos. Ese es el por qué me duele tanto admitir esto, pero creo que deberíamos darle un intento a la tregua.

Naruto inclinó su cabeza, no vio venir eso. Un veterano de Vietnam y un luchador desde el primer día, Duck nunca fue la voz de la paz.

—Aquí está la cosa —continuó Duck—. El pequeño maldito de Kimimaro está en algo. Somos la misma clase de hombres en los momentos importantes. Sabemos sobre lo que se trata la vida, y lo que es la libertad de manejar y vivir en nuestros propios términos. Formamos este club porque no damos una mierda sobre los ciudadanos y sus reglas. Siempre he tomado lo que quiero cuando lo quiero, sin disculpas. Vivo siendo libre. Las reglas que se quiebran a lo largo del camino solo son colaterales.

Los hermanos alrededor de la habitación murmuraron estando de acuerdo, incluso Yahiko.

—Esos niños que intervienen, no son como nosotros —dijo Duck, mirando alrededor, fijando a cada hombre con sus ojos, uno por uno—. No. Son. Como. Nosotros. No tienen libertad y no tienen una razón para vivir, además de hacer dinero. Se despiertan cada mañana planeando romper la ley, lo que quiere decir que la ley gobierna sus vidas. No tengo miedo de pelear, saben eso, pero, ¿por qué hacerlo cuando podemos dejar que los Jacks lo hagan por nosotros? Vivir para manejar, manejar para vivir. No son solo palabras, hermanos. Cualquier cosa que se interpone entre mi manera de vivir y manejar es una pérdida de tiempo, y eso incluye pelear con el cartel.

Todos los hombres en la habitación expresaron su aprobación. Yahiko sacudió su cabeza, y Naruto lo conocía lo suficientemente bien como para darse cuenta de que se encontraba enojado. Fue vencido, y no era usual que Yahiko perdiera. ¿Y Toke? Prácticamente vibraba, se veía demasiado molesto. Al menos mantuvo su boca cerrada como un niño que no tenía asuntos para hablar aquí.

—Todos vamos a pagar por esto —dijo el presidente de Portland—. Pero lo hemos debatido. No hay razón para seguir hablando de este punto. Vamos a votar y a terminar con esto.

—¿Alguien tiene un problema con eso? —preguntó Shade. Naruto le disparó una mirada a Toke, preocupado. Nadie habló—. De acuerdo, entonces. ¿Todos a favor?

Un coro de "sí" hizo eco por toda la habitación, que sostuvieron cerca de cuarenta hombres.

—¿En contra?

Solo seis chicos no se encontraban de acuerdo, cuatro de Portland y dos de Idaho Falls. Sin sorpresa, Toke era uno de ellos. Lo que era desafortunado, pensó Naruto, dada la ubicación de Kimimaro. No era que le importara el hombre, pero le agradaba mucho más que cualquier otro Jack que hubiera conocido. Lo que les dijo sobre la suma del cartel, fue un gran problema. Uno de ellos tendrá que manejar eso tarde o temprano. Naruto no quería su mierda en su territorio, y tampoco ninguno de sus hermanos. Más bien, podría dejar que los Jacks tuvieran su pedazo de tierra.

—¿Vamos a tener un problema aquí? —le preguntó Shade a Yahiko sin rodeos.

—Si están fuera de nuestro camino, no tendremos problema —dijo Yahiko después de una pausa—. Bien o mal, somos Parcas. Nos mantenemos unidos.

—Te sostendré, hermano —respondió Shade.

—Las chicas han estado trabajando duro, juntando comida para nosotros — dijo Obito, levantándose para dirigirse a la habitación—. El cerdo no estará listo hasta dentro de una hora, pero los barriles de cerveza están listos. Gracias a todos por venir. Siempre apreciaremos la compañía. ¡Parcas por siempre, por siempre Parcas!

—¡Parcas por siempre, por siempre Parcas! —Se hizo eco por la habitación, haciendo temblar las ventanas. Toke no se veía feliz, pero Naruto sabía que haría su parte. Los hombres se pusieron de pie para hablar, algunos dirigiéndose hacia el primer piso para la fiesta, otros se quedaron en grupos.

—¿Puedo hablar contigo? —le preguntó Obito a Naruto antes de que pudiera escapar. Él se detuvo, girándose hacia su presidente.

—¿Qué pasa? —preguntó Naruto.

—Esta mañana Temari amaneció con resaca —dijo Obito, con ojos especulativos—.¿Qué hay sobre tu chica?

—No es mi chica —gruñó Naruto—. Y no tengo idea, anoche no fui a casa.

—¿De verdad? —preguntó Obito, levantando una ceja—. ¿Eso es porque tienes negocios aquí o porque las cosas están jodidas allí? Temari parecía pensar que están jodidas. ¿Ese será un problema para el club?

—Seguramente Temari habla demasiado —dijo Naruto, estrechando sus ojos.

—Tema todavía no se ha dado cuenta de que no puede engañar a su papi cuando está ebria —dijo—. Eso es útil para mí. Parecía pensar que estás declarando a esa chica como tú propiedad. Dice que le dijiste que no podía hablar con ningún otro chico. ¿Cuál es la historia?

—No creo que eso sea tu asunto —respondió Naruto, con su voz firme—. Le puse las cosas claras y sabe lo que tiene que hacer.

Obito lo miró pensativamente.

—Envíala a casa —dijo—. Tráela a una fiesta familiar, comienza de a poco. Mira cómo funciona. Lánzala a los leones y eso va a resultar contraproducente para ti.

—¿Quieres decir, desanimarla? —preguntó Naruto—. Eso podría ser lo mejor. No sé qué demonios quiero con ella...

—Quieres follarla —dijo Obito sin rodeos—. Puedes decir cuándo tu polla se pone dura, ¿lo sabías? Probablemente es difícil que lo entiendas, viendo como la mayoría del tiempo solo vas a masturbarte, pero a casi todos los hombres les gusta clavar su polla...

—Cállate de una vez —dijo Naruto, preguntándose si sería un mal movimiento golpear a su presidente frente a tantos testigos. Probablemente. Puede que valga la pena.

Obito se rió.

—¿Entonces, vas a enviarla a casa? —preguntó. Naruto sacudió su cabeza.

—Si la envío a casa, ella gana —dijo. Obito levantó una ceja.

—Qué es esto, ¿la secundaria? Eres el hombre, ordénaselo.

Naruto tomó una respiración, obligándose a pensar en vez de lanzar golpes. Necesitaba una buena pelea o algo, alguna forma de sacar la tensión. Después habría boxeo. Eso ayudaría... con suerte.

—Si la obligo, gana —finalmente admitió, frunció el ceño y pasó una mano por su cabello—. Ese es el problema. Saca toda mi mierda y no puedo convencerme de salir de ella. Hacer que se vaya, es como decirle que tenía razón acerca de que el club es peligroso y una mala influencia para Boruto. Sin mencionar que en el proceso me haría ver como un maldito cobarde, porque no puedo manejar el tenerla alrededor.

—Uno, eres un idiota —dijo Obito—. Dos, ella tiene razón. El club es peligroso para una mujer que no está reclamada, particularmente esta noche.

—Entiendo eso —dijo Naruto—. Ese es el por qué voy a protegerla. ¿Tienes una cura para la idiotez? Tengo que admitir que esa parte me está agotando.

—Nop —dijo Obito, palmeando el hombro de Naruto—. Pero conozco algo quete hará sentir mejor con la situación.

—¿Qué es?

—Tomar un sándwich de cerdo —respondió Obito—. Cerveza. Luego, si eres inteligente, y tendré que admitir que es una extensión de ti, llevarás a tu chica a algún lugar y la follarás hasta que no pueda caminar derecho. Puede que ella gane, pero a quién le preocupa eso, porque estará chupando tu polla por el futuro inmediato. Yo encuentro eso beneficioso.

—Eres un maldito idiota.

—Me lo dicen mucho.

Hinata

No tenía una resaca tan terrible al día siguiente, pero tampoco me encontraba ansiosa por empezar a beber de nuevo. Esto era probablemente igual de bueno. A pesar de mi bravuconería alimentada por el alcohol, no quería realmente causar problemas en la fiesta. Busqué en Google la dirección, después conduje temprano hasta la Armería esa noche, luego de dejar a Boruto con Hotaru.

Ella terminó pasando la noche en mi sofá, despertando un poco menos peor.

Sospeché que estaría en la cama unos cinco minutos después de que consiguiera que los niños bajaran.

Estaba nerviosa mientras conducía hacia la fiesta. La Casa Club de Las Parcas se hallaba a unos pocos kilómetros de la carretera, hacia el final de la vieja autopista estatal. Pasé a un grupo de cuatro motociclistas que manejaban en la carretera, un hombre vestido de forma muy parecida a Naruto encabezaba el grupo.

Tatuajes, vaqueros, botas, y chaquetas negras de cuero. Monturas cargadas. No parecían chicos felices.

El edificio en sí mismo me sorprendió. Supongo que no esperé que la descripción de la Armería fuera tan literal, porque este era un edificio de la Guardia Nacional convertido como Dios manda. Tres pisos de altura, paredes construidas para soportar tanques, y un patio cerrado con una puerta lo suficientemente grande como para dejar entrar a un gran camión.

Se encontraban ya unas cuantas personas ahí. Un montón de chicos, todos vestidos con sus colores distintivos. Tenían diferentes estados o ciudades en sus parches más bajos, pero el símbolo y nombre de las Parcas eran los mismos.

Como era de esperar, había varias motocicletas, pero también unos cuantos autos, la mayoría de los cuales se hallaban estacionados en un montón de grava al lado. Un chico joven usando algo escotado sin muchos parches, me hizo señas para que me acercara en esa dirección, así que estacioné al lado de un pequeño Honda rojo. Cuatros chicas que claramente estuvieron bebiendo durante un tiempo se desparramaron. Eran jóvenes, corrompidas, y listas para la fiesta. Ayer por la noche me di cuenta que las mujeres del club no tenían miedo de mostrar sus cuerpos, —Karui se sacudía a lo grande con un par de vaqueros y un top sin espalda— pero las mujeres Parcas parecían de alguna forma más elegantes y seguras de sí mismas que ese grupo.

¿Tal vez todo era sobre la actitud? Tuve la impresión de que estas chicas estaban de cacería, y que no planeaban necesariamente ser demasiado exigentes.

Me ignoraron por completo, riendo y tomando fotos unas a otras con sus teléfonos. Supongo que no les llamé la atención, lo que era deprimente y a la vez me hizo sentir un poco de alivio también. No es que me importara cómo me veía —vestía con una camiseta básica, mis tejanos estándar y un par de sandalias. A pesar de mi pelea con Naruto ayer por la mañana (sin mencionar mi hostilidad alimentada por las margaritas de anoche), realmente quería mantenerme un perfil bajo.

No me hallaba segura sobre qué esperar en la fiesta de las Parcas, pero pensaba que estaría bien si me quedaba con mis chicas.

Le envié un mensaje a Naruto dejándole saber que iba a venir. Él me contestó con un recordatorio sobre nuestra conversación, lo que casi me convenció para cambiarme a algo más atrevido solo para fastidiarlo. Después, dejé de pensar idioteces. Naruto volviéndose loco no era algo que quisiera ver, sin importar cuán satisfactorio sería desafiarlo.

¿Desafiarlo? Cristo, ¿cuántos años tenía?

También le escribí a Shizune, Temari, Karui, y Sakura. Dijeron que fuera directamente a través de la parte de atrás, donde se encontraban preparando la comida. Me pidieron que parara a comprar un montón de papas fritas, así que me dirigí hacia el Walmart mientras venía.

Ahora me arrastraba detrás de la brigada de zorras, sus largas cabelleras, su fuerte maquillaje, y sus ropas microscópicas que cubrían lo suficiente mientras caminábamos hacia la puerta grande en el patio. Un par de chicos se quedaron afuera, obviamente controlando la entrada. La manada coqueteó con ellos y luego atravesaron la puerta. Probablemente pensaron que yo era una bruja en comparación, me di cuenta con tristeza. Un poco de brillo de labios no me habría matado. Al parecer, las bolsas gigantes de compras llenas de papas fritas contaron para algo, porque los hombres me recibieron con suficiente entusiasmo.

El atractivo sexual es genial, pero no hay nada como la comida para ganar el corazón de un hombre.

—Soy la casi cuñada de Naruto —dije a uno de los chicos, quien asintió y me dejó pasar. Seguí el camino angosto que corría a lo largo de uno de los lados del edificio hasta que llegué al patio principal en la parte trasera, un amplio espacio abierto que era una mezcla de estacionamiento y grama. Música alta sonaba a través de las cajas gigantes de altavoces, y montañas verdes cubiertas nos rodeaban por todas partes. Realmente era un lugar precioso, mucho más agradable de lo que esperaba.

Una gran tropa de niños corría a través de un grupo de adultos y tomaban turnos para jugar en un columpio gigante, claramente hecho en casa, completado con un fuerte en la parte superior. Habían hombres por todos lados, muchos más hombres que mujeres, aunque otro grupo de chicas me siguieron. Supuse que los hombres estuvieron allí desde temprano y, ¿ahora el resto de los invitados estaba llegando?

Naruto no se veía por ningún lado. Vi una pila de mesas largas plegables cerca de la pared trasera del edificio cubiertas con una serie de manteles desiguales. De un lado se encontraba un barril negro con una barbacoa casi tan grande como mi auto, montado en un remolque. El humo se elevaba y el olor a cerdo rostizado llenaba el aire.

—¡Hinata! —me llamó Sakura, señalándome hacia una de las mesas. Me moví rápidamente hacia ella, tratando de no mirar a nadie, pero era difícil. Los chicos estaban, casi todos al menos, con una apariencia que daba miedo. Quiero decir, algunos de ellos eran lo suficientemente normales, supongo, pero de una manera más ruda. Tenían piel bronceada y un número desproporcionado de barbas. Otros tenían un aspecto un poco menos normal. Vi un montón de tatuajes y perforaciones, y muy pocas camisas, aunque todos parecían estar usando sus chalecos de cuero. Todos eran Parcas y la mayoría parecía estar de muy buen humor.

También noté a unos pocos niños pequeños usando sus propios chalecos diminutos. No los reales, pero jugar con ellos significaba claramente que querían copiar a sus papis. Mierda. Conociendo mi suerte, Boruto estaría rogando por uno de esos si los veía. Lo bueno era que no lo traje.

—¿Quieres un poco de ayuda con las bolsas? —preguntó un hombre. Abrí mi boca para negarme, entonces levanté la mirada y me di cuenta que era Sasuke.

Sonreí, aliviada de reconocer a alguien además de las chicas a las que solo conocí la noche anterior.

—Sí, gracias —dije—. Conocí a Sakura. Es genial.

—No me digas —respondió, ofreciéndome una sonrisa de estrella de cine. Demonios, él era hermoso—. Vale la pena cada centavo que pagué por ella.

Eso me cogió por sorpresa. Me detuve, preguntándome si podía hablar en serio. No lucía como si estuviera bromeando.

—¿Vienes? —preguntó, mirándome. Me incorporé y comencé a caminar de nuevo. ¿Qué demonios quiso decir con eso?

—¡Hinata! —llamó Temari, encontrándome detrás de una de las mesas. Se lanzó hacia adelante y me dio un gran abrazo.

—Estoy tan contenta de que vayamos a salir el próximo fin de semana —me susurró en el oído—. Hablé con Shikamaru esta mañana sobre conocernos en persona, y está de acuerdo. ¡Muchísimas gracias!

—¡Es fantástico! —respondí, retrocediendo para mirarla. Estaba muy linda, la emoción en sus ojos brillaba y relucía—. Solo recuerda, vamos a mantenernos a salvo. No le digas donde vives o nada de eso. Lo verificaremos, y si es un busca fortunas, botearemos su trasero.

Temari rió.

—En realidad, decirle mi dirección sería perfectamente seguro — respondió—. ¿Recuerdas con quién vivo? Nuestra casa es una fortaleza. Lo que me recuerda que, quiero presentarte a mi papá.

Tomó mi mano y me llevó a través del patio, hacia la gigante barbacoa negra. Varios hombres se encontraban alrededor de ésta bebiendo de vasos rojos de plástico. Se voltearon mientras llegábamos, mirándome abiertamente.

Evidentemente, la sutileza no era un rasgo muy valorado aquí en la Armería.

—Este es mi papá, Obito —dijo Temari, dando un paso adelante para envolver su brazo alrededor de uno que estaba más cerca de nosotras. Él la atrajo más cerca, ofreciéndole una sonrisa indulgente. Era alto y bastante fornido. Compartía con ella sus ojos profundos y su cabello se hallaba un par de meses atrasado para un recorte. Podía decir que era viejo por las débiles líneas alrededor de sus ojos, pero su cabello tenía solo un toque de gris en las sienes. ¿Y su cuerpo? Lindo.

El papá de Temari era sexy para ser un tipo grande.

Tampoco es que le diría eso... ¿quién quiere escuchar que su papá es sexy?

Lo más convincente sobre Obito, era su aire de mando, mezclado con solo un toque de amenaza. Supe que era el presidente del club incluso sin el parche en su chaleco para decírmelo.

No era de extrañar que los chicos tuvieran miedo de invitarla a salir.

—Papá, esta es Hinata —continuó Temari—. Ella es la... mmm, ¿qué eres de Naruto, de todas formas?

—Soy algo así como su media cuñada —dije, sonriendo torpemente—. Su medio hermano, Menma, es el padre de mi hijo.

—Él mencionó que te encontrabas de vuelta en la ciudad —dijo Obito. Su rostro no delataba nada, y no podía decir si se encontraba feliz de conocerme o enojado por haberme estrellado en su fiesta.

—Estos son Slide y Gage —continuó Temari, señalando a los otros hombres.

—Encantada de conocerlos —dije. Slide era un tipo bajito, de mediana edad con un poco de barriga y una barba que no era totalmente blanca, pero casi lo era.

En realidad no parecía tan viejo como para tener cabello tan blanco, así que tal vez era uno de esos tipos a los que ¿el cabello les cambiaba antes de tiempo? Tenía vibra de ser un Santa real. Bueno, si Santa usara vaqueros gastados y cargara un cuchillo gigante en su cinturón.

Gage era otro bombón. Tenía cabello oscuro, tan oscuro que era casi negro, y su piel tenía solo el color suficiente para hacerme pensar que sus antepasados, no todos, fueron de la variedad de color blanco lechoso. Latino o indio, era lo más probable. Y porque algunas veces Dios es generoso y amable, Gage no llevaba camisa, ofreciéndome destellos de su pecho desnudo, el cual era casi tan pulido como el de Naruto. Sin embargo, tenía menos tatuajes. Su chaleco tenía un pequeño parche debajo de su nombre que decía "Sargento de Armas" lo que me sorprendió.

Supongo que no esperaba que los motociclistas tuvieran tantos oficiales y todo eso. Parecían ser tan... ¿organizados?

No solo eso, es obvio que tenían que pasar algún tipo de prueba sobre lo mínimamente calientes que tenían que ser para unirse al club.

—¿Eres la mujer de Naruto? —preguntó, rompiendo el hechizo en el que caí.

Me sonrojé, esperando que mis pervertidos pensamientos no estuvieran escritos por todo mi rostro. La sonrisa en su cara no era reconfortante.

—Mmm, no —dije, mirando hacia Temari. Ella sonrió—. Pero está dejando que nos quedemos en su sótano. Tengo un niño de siete años. Nuestro lugar en Seattle no estaba funcionando.

Ése era el eufemismo del año, seguro.

—¿Dónde está el niño? —preguntó, mirando alrededor.

—Está con una niñera —dije—. Este es mi primer evento del club, y en cierto modo quería comprobar por mí misma algunas cosas antes de arrastrarlo hacia acá.

Obito levantó una ceja, y me di cuenta que probablemente los insulté. Grandioso.

—Además, he oído que las fiestas terminan bastante tarde —añadí rápidamente—. No quería tener que irme justo cuando las cosas se pusieran divertidas. Una amiga se ofreció a cuidarlo, así que aquí estoy.

Temari me sonrió y di un suspiro de alivio. De acuerdo, aparentemente la rápida salida funcionó efectivamente.

—Bueno, si te aburres, ven a verme —dijo Gage, ofreciéndome una suave sonrisa—. Estaré encantado de mostrarte los alrededores, tal vez hasta te lleve a dar un paseo después.

—Um, gracias —respondí, la advertencia de Naruto sonando en mi cabeza.

Gage era lindo, pero a pesar del hecho de que no quería reconocer el derecho de Naruto para dar órdenes, tampoco quería tener una pelea inmensa con él—.Encantada de conocerlos a todos. Ahora voy a buscar a Sakura y a Karui. Quiero asegurarme de que no necesitan ayuda preparando las cosas o algo más.

—Voy contigo —dijo Temari, colocándose de puntillas para darle a Obito un rápido beso en la mejilla. A pesar de quejarse de él, obviamente lo adoraba. Sentí una punzada de celos. Incluso antes de que me echaran, mis padres nunca fueron del tipo de personas que podías caminar casualmente hacia ellos y besarlos.

Nop, no en el hogar de los Hyuga. Quedé devastada cuando dijeron que no tenían nada que ver con una hija que era una zorra, y mucho menos con su bastardo. Ahora me daba cuenta de que me encontraba muchísimo mejor sin ellos.

El círculo de Boruto podría ser pequeño, pero todos en él lo amaban incondicionalmente, y no tenían miedo de demostrarlo.

Mis padres no merecían conocer a su nieto.

Encontramos a Karui, Sakura y Shizune organizando una montaña de comida sobre las mesas, riendo y golpeándoles juguetonamente las manos a los chicos cuando trataban de robar bocados antes que la comida estuviera lista.

—Gracias por ir a comprar las papas fritas —dijo Shizune. Me di cuenta de que las tres chicas usaban chalecos negros de cuero.

—¿Creí que habías dicho que solo los chicos podían ser miembros del club?—pregunté, asintiendo hacia ellas.

—Oh, estos no son los chalecos del club —dijo Karui—. Échales un vistazo. Se dio la vuelta y vi un parche en la espalda que decía "Propiedad de Bam Bam", junto con un símbolo de las Parcas. Mis ojos se abrieron.

—No me di cuenta de que lo de la propiedad era tan... literal...

—Los chicos tienen sus colores y nosotras tenemos los nuestros —dijo Shizune—. Los civiles no lo entienden, pero todos los parches significan algo. Los chicos ondean sus colores porque están orgullos del club, pero sus chalecos también cuentan historias. Puedes aprender mucho sobre un chico por los parches que usa. Es como un lenguaje o algo así. Todos sabemos de dónde proviene cada uno.

—Lo genial sobre un parche de propiedad es que estás totalmente cubierta—añadió Karui—. No hay ningún hombre aquí que me vaya a tocar, sin importar cuán borracho o estúpido consiga estar para el final de la noche. No es que esté demasiado preocupada aquí en nuestra propia casa club, pero también vamos a otros clubes donde hay cientos de motociclistas, incluso miles. Ninguno conoce ni una maldita cosa sobre el mundo de los CM pero echan un vistazo a esto y comprenden que no deben meterse conmigo.

—Sí —dice Temari—. Si te metes con una propiedad de las Parcas, será mejor que estés preparado para acabar con todos los chicos del club.

—Oh —dije, tratando de sonar evasiva. Me gusta la idea de protección tanto como a cualquiera, pero había algo demasiado incómodo para mí al escuchar a una mujer eligiendo llamarse a sí misma una propiedad. Tal vez eran las sombras de Menma y cuán posesivo era. Pero Shizune y las otras no parecían estar demasiado terriblemente oprimidas, tampoco.

Miré a mi alrededor, dándome cuenta de cuántas mujeres comenzaban a llenar el patio. Solo un puñado llevaba parches de propiedad.

—¿Qué pasa con el resto de ellas? —pregunté. Temari se encogió de hombros.

—No son importantes —dijo abruptamente—. Algunas son putillas y zorras del club, lo que significa que están alrededor del lote de chicos para compartirlos. Algunas son solo chicas al azar en busca de un paseo por el lado salvaje. Pero ninguna cuenta realmente, no comparadas con nosotras. Todas ellas son presa fácil.

—¿Presa fácil?

—Vaginas libres —dijo Shizune, su voz sonaba realista—. Están aquí solo para parrandear, y si somos suertudas, ayudarán a limpiar. Si hacen problemas, sus traseros estarán fuera de la puerta. La buena noticia es que, conocen su lugar. La mitad de éstas chicas trabajan en The Line de todas formas.

—¿Qué hay sobre mí? —pregunté, nerviosa—. No tengo un parche.

—Es por eso que te quedas con nosotras —dijo Karui, con voz grave—. A pesar de su actitud de imbécil en general, Naruto tiene razón en una cosa. Tú no quieres meterte realmente con ninguno de los hermanos. No coquetees si no estás interesada en seguir adelante. Y por el amor de Dios, no te vayas sola o entres a la Armería sin nadie, sobre todo a la parte de arriba. Hay un poco de mierda salvaje sucediendo ahí arriba. No querrás ser parte de eso, confía en mí.

—Jesús, la vas a asustar —dijo Temari, frunciendo el seño—. Míralo de esta manera, ¿irías a algún bar o a alguna fiesta sin tomar algunas precauciones básicas? Solo toma bebidas que te hayas servido por ti misma, o toma las que nosotras te demos. ¿Alguna vez has estado en una fiesta de fraternidad? Piensa en esto como algo así. Papá, Sasuke, Naruto, y Chouji son personas de confianza. Tampoco te vayas con alguien que no conozcas. Permanece en zonas públicas. Usa el sentido común y te irá bien. Vaaale.

—Oye, la buena noticia es que vi a Buck más temprano —añadió Temari—. Él maneja The Line. Te lo presentaré en algún momento, puedes preguntarle sobre ser camarera. Definitivamente no te veo quitándote la ropa, pero ser camarera puede ser un muy buen trabajo temporal.

—¿Trabajarías allí? —le pregunté. Temari se echó a reír, acompañada de Shizune y Karui.

—Mi papá me mataría antes de dejarme trabajar en The Line —dijo cuando finalmente pudo recuperar el aliento de nuevo—. O tal vez, ¿su cabeza solo explotaría? Todavía está tratando de convencerme de que no debería trabajar en absoluto. Le encantaría que tan solo me quedara en casa y la cuidara para él, tal vez hiciera algunos trabajos de caridad al lado. Aún no se ha decidido por acompañarnos en este siglo todavía.

Pensé en el hombre alto, severo que acababa de conocer y tuve que sonreír.

Podía verlo totalmente siendo así de sobreprotector.

—¿Querrá nietos algún día? —pregunté—. Hay un paso intermedio, ya sabes.

—No creo que esté pensando tan hacia adelante —respondió Temari con una risita.

El disparo de un fuego artificial sonó, y todas levantamos la mirada para ver una explosión de rojo, blanco y azul sobre el patio.

—¿Eso no es ilegal? —pregunté, con los ojos muy abiertos.

—No te preocupes sobre eso —me dijo Karui—. Estamos tan lejos que a nadie le importa una mierda. Y si a alguien le importara, solo llamarían al departamento del sheriff, y tenemos una buena relación con él.

—¿Las Parcas se llevan bien con la policía? —pregunté, asombrada.

—No todos ellos —dijo Karui—. Pero el sheriff es un muy buen tipo. Lo que mucha gente no sabe es que siempre hay bandas tratando de entrar en la zona. El sheriff no puede mantenerse al día con esas bandas. Incluso si sabe sobre ellas, no puede hacer ni una mierda sin evidencia. Las Parcas ayudan a mantener algunos de esos problemas bajo control, a su propia manera especial. Es un acuerdo mutuamente beneficioso, no hay duda. Sin embargo, los policías de la ciudad son una historia diferente. Ellos nos odian.

Otro cohete se disparó, éste explotó con un poderoso flash y un estallido. No estaba oscuro todavía, pero la luz se desvanecía lo suficiente para que entorpeciera mi visión. Cuando dejé de parpadear por la luz brillante, vi a Naruto mirándome desde el otro lado del patio.

—Ahí está —le murmuré a Shizune—. No lo he visto desde que tuvimos nuestra pequeña discusión. ¿Crees que debería ir allí?

—Sí —dijo ella—. Tienes que enfrentarlo tarde o temprano. Recuerda lo que hablamos, tu invertiste en esto, y si no quiere jugar, déjalo. Tienes opciones. Siempre.