CAPITULO IX.-
Abro mis ojos con pesadez y noto que ya amaneció. Veo que tu maestro Kratos, también pasó la noche aquí, ya que lo veo dormido en otra silla al otro lado de tu cama.
¡Pero que dolor de cuello tengo! Sin embargo este dolor no tiene comparación al hecho de poder contemplarte y ver como los rayos del sol que te iluminan te dan la imagen de un dios.
Te veo con embelezo, hasta que noto como tus párpados se mueven ligeramente, para luego abrirse y dejar ver tus preciosos ojos azules. Inconcientemente apretó tu mano, que todavía sostengo, esto hace que tus preciosos zafiros se fijen en mi.
-Milo-dices con voz débil ¡Que bien se escucha mi nombre pronunciado por ti!-¿Qué sucedió?-preguntas
-¡¿No lo recuerdas?!-te preguntó algo exaltado, haciendo que tu maestro Kratos despierte.
-No-es la simple respuesta que me das. Tu maestro se levanta y se acerca a ti. Te hace algunas preguntas sobre donde has estado este tiempo. Pero tú no pareces entender.
-¿De qué habla maestro? ¿Qué yo recuerde no he ido a ningún lado?-respondes, haciendo que tanto tu maestro y yo te miremos confundidos.
Así nos encuentra el Patriarca Shión, cuando entra en la habitación. Al parecer también esta preocupado por ti. Kratos le informa al Patriarca que al parecer no recuerdas nada. El Patriarca se acerca a ti, se quita su máscara y con gentileza toca tu frente, cierra sus ojos y por un momento su mano brilla. Después de unos segundos, que a mi me parecieron ser horas, abre los ojos y te dedica una dulce sonrisa, mientras te acaricia el cabello y te ordena descansar. Tú mueves afirmativamente la cabeza y cierras los ojos.
El Patriarca le hace una señal a Kratos para que lo siga y este lo hace sin perder tiempo. Ambos salen de la habitación dejándonos solos. Te veo dormir plácidamente y me duele soltar tu mano y dejar de sentir tu contacto, pero debo saber lo que te sucede.
Salgo de la habitación y los veo a lo lejos. Me alegro que no se hayan alejado tanto. Los sigo con cuidado, tratando de que no se den cuenta de mi presencia. Ambos se detienen al final del corredor, en donde nadie excepto yo puedo oírlos. Me oculto detrás de unas plantas que adornan el lugar y pongo atención a lo que dicen.
-¡Escúchame Kratos!-dice el Patriarca, que ya se había vuelto a poner la máscara-¡Revise la mente de Camus e intente entrar en sus recuerdos, pero no pude porque están bloqueados! ¡Parece que alguien manipulo su mente, probablemente el mismo que le hizo las marcas que tiene en su cuello!
-¡Usted cree que lo hayan querido forzar a...!-Kratos en vez de terminar la frase rechinó los dientes y yo apreté mis puños con furia.
-¡No lo se! ¡Los médicos lo examinaron a fondo y no encontraron ninguna irregularidad, aparte de las marcas en su cuello! ¡Si Camus pasó por alguna terrible experiencia, es probable que el mismo haya bloqueado sus recuerdos!-dijo el Patriarca y en su tono se notaba la tristeza-¡Lo importante ahora es ayudarlo en su recuperación! ¡Para ello es necesario que dejes de ser tan reservado y permitas a Camus interactuar con los otros aprendices! ¡Quizás así con el tiempo Camus recupere sus recuerdos y si son tan malos como aparentan, al menos sabrá que tiene al apoyo de su maestro y sus compañeros para superar esto!
Kratos movió la cabeza afirmativamente y el Patriarca puso una mano en su hombro como apoyo. Yo aproveché ese momento para regresar a tu lado. Te encontré durmiendo y volví a tomar tu mano, me sentí inútil porque no pude ayudarte cuando lo necesitaste, pero ahora que estas a mi lado, no te defraudare.
-¡No permitiré que nadie te haga daño Camus!-digo con determinación
-¡Eso me alegra mucho Milo!-me volteo y veo al Patriarca y luego a Kratos entrando en la habitación. El Patriarca se me acerca y pone una de sus manos en mi hombro-¡Camus necesitara de toda tu ayuda para recuperarse!
-¡Yo no lo abandonaré!-respondo y el Patriarca me sonríe-¡Como ya te dije, eso me alegra mucho! ¡Por eso de ahora en adelante, dejare el cuidado de Camus en tus manos! Sonrió como nunca antes, estoy feliz, el Patriarca me esta dando permiso de estar a tu lado. Dudo un poco al ver a tu maestro, parece que no le gusta la idea de que este contigo, pero no dice nada.
Desde ese día no me he apartado de tu lado. Solo te dejo solo cuando voy a entrenar. Mi maestro esta sorprendido por mi mejoría en la velocidad y como no he de hacerlo, cuando lo único que quiero es hacer las cosas rápido y volver a tu lado. En ese tiempo, he logrado traspasar las barreras de tu seriedad y de tu temperamento frío. Ahora me hablas con confianza y creo que me consideras tu amigo. Yo quisiera que me consideraras más que un amigo, pero lo mejor será no forzar las cosas.
Tu recuperación ha sido rápida y con tristeza veo que no podré cuidarte más, pero ahora podremos entrenar juntos y reunirnos con el resto de los aprendices.
Sonrío al recordar la expresión de incredulidad que pusiste cuando te lo dije y el como cambio a una de autentica alegría cuando tu maestro te dijo que estaba de acuerdo.
Ahora te llevó del brazo al lugar de reunión en el que quedamos los muchachos (aprendices dorados) y yo. Siento tu nerviosismo, será la primera vez que te reunirás con ellos, aparte de mi y tu maestro Kratos, nunca conversaste con nadie más. Por suerte el Patriarca dio la orden de que nadie te hablara acerca de tu desaparición.
Llegamos al lugar y puedo ver que nos están esperando. Tu cuerpo se tensa, pero no te detienes. Al vernos, el primero en saludarte es Mu con una gran sonrisa, luego lo hace Aldebarán, Aioria, Shaka ¿Shaka? ¿Qué hace aquí, generalmente esta meditando a esta hora? Bueno, quizá tampoco quiso perder la oportunidad de poder interactuar contigo. Mascara Mortal solo mueve la cabeza como saludo y Afrodita te saluda con una sonrisa coqueta ¿Pero quien se cree este para sonreírte así? ¡Tranquilo Milo, controla tus celos!
Tu respondes el saludo de todos ellos con mucha educación, aunque yo se que eso solo esconde tu timidez. Por acuerdo mutuo decidimos ir a jugar a un prado cercano, el lugar es hermoso, la hierva verde cubre todo el lugar. Yo por ser el más experto en los juegos les asigno sus papeles a todos, cuando me dirijo a ti, noto que estas mirando fijamente el prado.
-¿Qué sucede Camus?-te pregunto preocupado
-Te parecerá extraño, pero siento que he estado en un lugar parecido, aunque no recuerdo haber visto un lugar así-me respondes con clara confusión
-¡Tal vez fue en un lugar así donde te perdiste todo este tiempo!-dice Mascara Mortal y todos lo miran con molestia y reproche y yo tengo unas ganas tremendas de golpearlo. Sin embargo tú pareces no haberte dado cuenta, perdido en tus pensamientos. Pasado este pequeño incidente, nos pusimos a jugar y aunque se notaba que no tenías experiencia en esta área, te adaptaste rápidamente y fuiste uno de los mejores jugadores.
Estos ratos divertidos se repitieron varias veces, durante los días venideros y con satisfacción veo que también te adaptaste a nuestra compañía. A pesar de seguir mostrando esa seriedad que te es tan característica, participas animadamente de nuestras conversaciones e incluso de nuestras travesuras.
Hoy es un día muy especial, porque celebramos el día de Atena, día en que recordamos que ella reencarna cada doscientos años y que nosotros somos afortunados por estar a su servicio. Esta será la primera vez que estarás en esta celebración, ya que los años de entrenamiento los hiciste en Siberia. Temprano voy a recogerte al Templo de Acuario, tu maestro como siempre me ve con el ceño fruncido, pero te da permiso para venir conmigo a esta celebración. En el camino no dejo de contarte anécdotas graciosas, esperando que alguna tenga el poder de permitirme ver tu sonrisa, pero mi sorpresa es inmensa cuando de un momento a otro me tomas de una mano, haciéndome callar al instante y con tus ojos fijos en mi dices-¡Gracias por todo Milo!-Me quedo boquiabierto con tu gesto de afecto, para luego mostrarte la mejor de mis sonrisas. Luego continuamos con nuestro camino, pero mi sonrisa no puede ser borrada, porque tú me has hecho inmensamente feliz. Ambos no tardamos en reunirnos con el resto del grupo, y todos juntos nos vamos a recorrer el Santuario, que cambia su aspecto solemne y antiguo, por uno mucho más alegre, tan solo por este día. Nos distraemos viendo los diferentes adornos que los habitantes del Santuario han puesto en sus respectivas viviendas, comemos algunos dulces que logramos conseguir, luego de nuestro paseo nos dirigimos al Templo de Atena. Allí hay un inmenso Comedor, parecido al Gran Salón del Patriarca, el cual solo se abre en esta fecha. Cuando llegamos vemos que hay dos mesas gigantes, uno para nuestros maestros, los caballeros dorados, presidido por el Patriarca Shión y otra para nosotros los aprendices. La entrada a este Comedor solo se permite a los dorados, por tratarse de los caballeros de más alto rango y a nosotros por ser la siguiente generación de dorados.
Nos sentamos en nuestra mesa, tú junto a mí y Mu a tu lado, el resto se acomoda a su antojo, noto que mi maestro y el tuyo, ya se encuentran sentados en la suya propia, junto al Patriarca. Los que faltan no tardan en llegar y el delicioso almuerzo es servido.
Mientras degustamos tan deliciosos platos, nos distraemos en la pequeña discusión que tienen Afrodita y Mascara Mortal, este último molestándolo por usar una rosa en el cabello y burlándose de él, poniéndose la pluma de alguna ave que paso por aquí y la dejo caer, en su cabello.
Me divierte ver como estos dos discuten, se nota que se gustan. Me doy la vuelta para comentártelo y quedo sorprendido al hallarte más serio que nunca, mirando fijamente la pluma que ahora sostiene Afrodita con intenciones claras de botarla. Tú te le adelantas y le pides que te la regale. Todos te miramos extrañados, pero a ti no parece importarte, Afrodita no tarda en darte la pluma y tú al tenerla en tu poder la observas detalladamente, olvidándote por completo de la comida. Después de unos instantes tu expresión seria comienza a cambiar por una preocupada, para después de unos instantes, pararte de golpe y gritar- ¡¡YUE!!
Espero que les haya gustado. Ya saben que cualquier crítica será bien recibida, aunque sean tomatazos n_nU
