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Un Nuevo comienzo
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"My life's turning pages, I see a promised day"— The Watchman.
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Habían pasado varios días desde que Milo se fuera y no había vuelto desde entonces, Shaina la visitaba de vez en vez poniéndola al tanto de lo que pasaba en las heladas tierras al norte del mundo; al mismo tiempo en las noticias se veían las imágenes de la devastación mundial provocada por las fuertes olas y el diluvio que caía prácticamente en cada rincón del planeta. June seguía sin creer que estaba encerrada en un cuarto de hospital mientras Shun y los demás peleaban fieramente.
—No puedo creer que todo el tiempo haya batallas, una tras otra sin cesar. Espero que todos regresen con bien —ya no sentía lo mismo por el joven Andrómeda pero deseaba que volviera con bien.
Lo único que podía hacer en ese momento era orar por el bienestar de los caballeros de bronce, la diosa Atena y sus amigos que estaban en el Santuario, ahora entendía a la perfección porque estaban confinados en las doce casas. Trato de mover la pierna y noto que el dolor había disminuido considerablemente, intentó remover el vendaje y vio la horrenda herida cosida con hilo negro que estaba oculta y que posteriormente cicatrizaría acompañándola por el resto de sus días.
Sería el recuerdo que le quedaría por haber vengado la muerte de su maestro Albiore y no lo lamentaba pero lo que le quedaba ahora era recuperarse mientras dejaba de llover. Estaba segura que sus amigos tendrían éxito y pronto el diluvio cesaría para poder salir del hospital y pensar a donde ir. En ese momento comenzó a cuestionarse seriamente a donde iría luego de ser dada de alta del hospital, ya no podía volver al Santuario y no tenía otro sitio al cual ir o al menos alguno que pudiera recordar.
Dejo de poner atención al televisor y se recostó en la almohada mirando la ventana, lanzo un profundo suspiro desconsolado tratando de hacer memoria para responder a la pregunta: ¿A dónde iría tras ser dada de alta? Intentaba escarbar en sus recuerdos encontrando los días de su pasado antes de ser elegida para ser aprendiz. Miró fijamente la lluvia como si en las gotas que quedaban en la ventana tuvieran la respuesta, como si en esas gotas de lluvia pudiera encontrar ese pasado escondido en lo profundo de su memoria.
—La lluvia… nunca llueve en Massawa —en ese momento salió de sus labios el sitio que la vio crecer por ocho años, la ciudad que fue su casa y donde vivía con una mujer que había cuidado de ella mientras era pequeña—, Liya… dime porque aquí nunca llueve.
Ya tenía la respuesta. Desde que recordaba había vivido con Liya y el personal de intendencia del Hotel Torino, localizado en el centro de la pequeña ciudad. Se trataba de un lugar nostálgico cuyas ventanas moriscas eran inconfundibles y de bajo presupuesto ubicado en uno de los barrios más pobres de la ciudad. June no tenía memoria de cómo llego al hotel ya que solo recordaba haber vivido ahí desde siempre ayudando a doblar las sabanas, a cambiar el papel higiénico de los cuartos y verificar que no hubiera animales o bichos en las habitaciones.
Tenía un vago recuerdo de la melodía nostálgica que sonaba en la vieja radio de la recepción, la chica que atendía solía tararearla casi todo el día y siempre sonaba la misma melodía, casi nunca tenían clientela pese a tener las puertas abiertas todo el día dejando pasar el aire caliente que venía de la calle. Si, volvería a Massawa y buscaría a Liya tras ser dada de alta. Solo eso le quedaba.
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Pasados algunos días la luz del sol se filtraba por las ventanas de la habitación. Había dejado de llover hacía mucho y la herida en su pierna se veía mucho mejor, ella misma se sentía más recuperada y ya podía caminar sin problemas aunque no pudiera saltar como antes y la cicatriz había dejado una marca permanente en su piel pero se sentía optimista con sus nuevos planes. No obstante quería ver de nuevo a Milo, contarle sus planes y despedirse de él apropiadamente, también deseaba hablar con Shaina aunque no había posibilidades ya que la amazona de la cobra fue muy clara con respecto a que no podía volver al Santuario.
—Bueno, al menos el día está muy bonito.
—Lo está — una voz femenina se escuchó mientras la puerta se abría.
— ¡Shaina, creí que no te volvería a ver!
—Yo también pensé lo mismo pero ahora que la batalla ha terminado tenemos un ambiente de paz en el Santuario y la diosa Atena me pidió volver por ti.
— ¿Entonces me dejara reincorporarme a sus filas? —la joven se oía con mucha esperanza en la voz.
—June no quiero que te hagas falsas expectativas, creo que quiere desearte buen viaje pero no estoy muy segura —la amazona parecía mentir, June se dio cuenta de que no quería decirle toda la verdad—, ella hablará personalmente contigo hoy en el sitio indicado en esta nota.
—Entonces es un hecho que no puedo regresar, ¿verdad?
—Lo lamento mucho June pero así son las cosas ya te lo había dicho y no quiero que se malinterpreten las palabras de la diosa.
—Entiendo —estaba molesta pero trato de ocultarlo lo más que pudo.
Shaina le entregó un papel con la dirección de donde sería la Audiencia con la diosa Atena, el lugar indicado era la recepción de un lujoso hotel, la joven supuso que ahí se hospedaba la diosa y por eso había elegido ese sitio. Y así era. June fue dada de alta dos días después de la visita de Shaina y ahora tenía que ir a la cita sin falta. La joven de los cabellos verdes le dejo ropa limpia y nueva, era muy sencillo lo que llevaba puesto tan solo una blusa de algodón de manga corta, unos pantalones de mezclilla y zapatos abiertos.
La cita era al medio día exactamente.
El Hotel Grande Bretagne fue el elegido por la diosa para su audiencia, se trataba del mejor establecimiento de toda la ciudad, ubicado sobre la avenida más elegante muy cerca del edificio del Parlamento. June logró llegar casi una hora antes y se detuvo por unos minutos en los Jardines Nacionales detrás del imponente edificio de Gobierno caminando desde la estación del metro. Encontró una banca y se sentó por un momento tratando de adivinar qué tanto querría decirle la diosa en persona, por alguna razón tenía la firme idea de que le daría las gracias por su tiempo en las filas de amazonas, le desearía mucha suerte y algún otro discurso como el que le dio en Japón.
—Creo que no me dirá nada que no sepa —pensó la joven en voz alta miro al cielo, no quedaba ningún recuerdo de los negros nubarrones que cubrieron los cielos días atrás—, pero me alegra que la batalla haya terminado y todos puedan vivir en paz.
—No lo creo —una voz masculina habló detrás de ella, la chica volteo en el acto y se encontró con Milo—, la paz no será duradera.
— ¡Milo, estoy tan feliz de verte! Pensé que no podría despedirme de ti —se puso de pie y corrió a abrazarlo.
—También pensé que no te alcanzaría.
— ¿Cómo supiste que estaría aquí?
—Tuve que sacarle a Shaina tu paradero luego de que salieras del hospital, me dijo que la cita sería en este Hotel y al llegar a la estación del metro sentí tu cosmos, no fue tan difícil —ella le sonrió y ambos se sentaron en la banca.
— ¿A qué te refieres con que el periodo de paz no será duradero?
—Se avecina otra batalla June, la lluvia y la pelea contra Poseidón solo fueron la primera parte del acto, nos reunimos en el Santuario a la espera de lo que sigue.
— ¿Y qué sigue Milo? —dijo la joven en un hilo de voz.
—Otra batalla, la más grande que hayamos enfrentado jamás…
—No puede ser y yo no puedo ayudar de ninguna forma.
—Digamos que ya no está en tus manos esa decisión, la diosa fue quien decidió así que ya no te preocupes por nosotros.
—Como dices eso.
Pero el joven no mentía y ella lo sabía porque sus ojos eran honestos, la miro por un momento.
—Estás preparado para morir supongo —dijo ella melancolice.
—Siempre estoy preparado, ya sabes que si tenemos que dar la vida durante la batalla lo haremos sin dudarlo.
—Nunca he estado de acuerdo con esa postura pero creo que ya no importa —su voz se quebró y el joven la abrazó—, espero que no sea una batalla cruel y ojalá sobrevivas.
—No lo sé —era verdad, no lo sabía y no podía prometerle que la volvería a ver pero reconocía que ella le había dado un toque de frescura los últimos días y sería una pena que se marchara y no peleara a su lado pero la diosa había decidido—. Creo que debo volver ya, no le avisé a nadie que saldría y Mu se pondrá furioso cuando sepa.
—No es propio de ti ignorar una orden.
—Exacto pero hay algunas excepciones… —no dijo más y se puso de pie esbozando una sonrisa, en ese momento sonaron las campanadas de la torre del parlamento— Ya es mediodía.
—Debo irme —June se puso de pie y lo miro con tristeza—, ojalá nos hubiéramos conocido en otras circunstancias no así.
—Ojalá… —la abrazó con efusividad—. Adiós.
—Adiós Milo.
Ella lo vio marcharse mientras lloraba un poco, no estaba triste como hacia unos días sino más optimista por haber quedado en buenos términos con él. Cuando perdió al joven de vista se puso en marcha hacía el Hotel, sacó el papel y decía "Restaurant de la Terraza". Al llegar a la recepción pregunto a uno de los empleados y este le indico el camino a los elevadores para poder llegar. June estaba impresionada por el lujo y esmero en la decoración de los interiores del Hotel, jamás había estado en un lugar como ese y se sentía intimidada por la gente que iba y venía, por los ejecutivos en trajes caros y las mujeres que llevaban vestidos y bolsos caros.
La terraza estaba en el tercer piso y al llegar al restaurante y hablar con el recepcionista le dijo que la Señorita Saori Kido tenía una mesa reservada y la estaba esperando.
Saori Kido estaba sentada en una mesa para dos personas a un lado de la ventana, estaba tomando una taza de té mientras le traían un platon con pastes y otros pastelillos. June camino despacio hasta quedar frente a la vista de la diosa.
—Diosa Atena…
—June, me alegra que hayas llegado toma asiento por favor —la chica se sentó frente a ella tímidamente sin saber que decir o hacer—, lamento que todo sea tan repentino sin mayores explicaciones pero era necesario que hablara contigo.
—Sí, escuchó.
—Recién tuvimos dos batallas muy difíciles: en el Reino de Asgard y otra en Atlantis, el reino de Poseidón. Como puedes ver salimos victoriosos aunque no ha terminado todo, otra batalla está en puerta aunque los enemigos no se han manifestado —Saori tomo un sorbo de su té antes de continuar— pero como bien te habrá dicho Shaina tu deber como amazona ha terminado.
—Sí, me lo comunicó hace unos días pero…
— ¿Pero?
—No estoy del todo de acuerdo porque si hay otra batalla en puerta quiero estar ahí para defenderla a Ud y al Santuario —su tono fue casi suplicante, no quería que la hicieran a un lado ahora que tenía a la diosa enfrente.
—No June no puedo permitir que participes, esto se lo prometí a Shun.
— ¿Shun?
—Sí, él se quedo con pendiente por tu bienestar y recién volvimos a Japón me pidió que me asegurara de que estarías bien, por eso le pedí a Shaina que te liberará de tus servicios y puedas así volver a casa.
—Así que fueron deseos de Shun —imposible que una cosa así le hubiera pasado por la cabeza días atrás, su amigo seguía preocupado por ella pese a la distancia—, creí que se había olvidado de mí.
—Nunca, él jamás haría algo así por eso te pedí que vinieras. Él no podía presentarse el día de hoy ya que está herido y necesita curaciones y reposo como podrás entender.
—Lo entiendo —quería llorar porque había juzgado a Shun muy mal tras su despedida de Japón cuando él la consideraba su amiga y ahora quería que estuviera bien y a salvo de más batallas— ¿qué quiere que haga ahora?
—Vuelve a tu casa June con tu gente donde puedas estar en paz, el viaje de regreso corre por mi cuenta así como una ayuda extra que te daré mientras logras establecerte.
— ¿De verdad? —No se esperaba esa resolución y estaba sorprendida por sus palabras— Podré volver a casa.
—Si june, dime a donde quiere que te llevemos y tu deseo será cumplido.
Ella le habló de Massawa, el pueblo costero más importante de Etiopia y de Liya, la mujer que la cuido. Le comento con detalle que quería volver y buscarla, después de eso vería que más hacer.
—Siendo un pueblo costero necesito verificar si es seguro que regreses ya que muchas ciudades de las costas se vieron gravemente afectadas —Saori sacó un teléfono e hizo una llamada pidiendo que le dieran el estado de aquella ciudad y si era seguro que June fuera para allá —, parece que el mar rojo fue menos agresivo con las costas cercanas. Si bien la ciudad no está como la recuerdas no sufrió grandes pérdidas materiales, seguro encontrarás a esa persona que buscas.
— ¡Me alegro! ¿Hay alguna posibilidad de que pueda despedirme de Shun en el futuro?
—Podrías escribirle o bien llamarlo para saber de él pero te recomiendo que intentes llevar una vida normal e intentes olvidar lo que viviste. Otra cosa, como podrás entender necesito quitarte el cosmos, ya que no pelearás más no te será necesario y no te sentirás tentada a querer participar, así mismo tienes prohibida la entrada al Santuario y, de preferencia, trata de no tener contacto con los caballeros que hayas conocido. Quiero que seas normal en todos los sentidos.
—Entiendo… —aquello no le gustó ya que significaba borrar contacto con todos los amigos que había hecho en esos días pero ya no quiso seguir discutiendo— Mantendré mi distancia.
—Te agradezco June, tu avión partirá mañana al medio día. Debes estar preparada.
—Muy bien —desvió la mirada y sus ojos se posaron en la magnífica vista del Acrópolis.
No quedaba más que decir ni más que hacer tan solo aceptar el viaje de regreso y prepararse para el reencuentro con su pasado. Salió a la calle a mirar por última vez Atenas tras despedirse de la diosa Atena. Habían sido muchas cosas las que ocurrieron desde que huyó de la Isla Andrómeda y ahora el camino la llevaba de vuelta a casa.
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Massawa, 2 semanas después
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Ya tenía varios días viviendo en el viejo Hotel Torino, el sitio que la vio crecer y, según supo por las mismas personas de intendencia, el lugar que la vio nacer. June había vuelto a ese Hotel sin mayores problemas al llegar al Aeropuerto ya que el pequeño Hotel era bien conocido por la gente local por lo que pudo llegar sin ningún problema. El asunto que la tenía algo intimidada era el que Liya la reconociera.
Aquella mujer ya era bastante mayor cuando la encontró, una fila de canas adornaban su cabellos negros así como finas arrugas se veían en su rostro moreno. Liya fue la mujer que ayudo a su madre durante el parto e intentó revivirla tras tener a su bebé, no lo consiguió claro está pero June valoraba aquel esfuerzo porque nadie más habría hecho algo así. Cuando ambas se reencontraron se reconocieron enseguida.
— ¡Mira nada más niña, como has crecido!
—Liya, mamá que gusto verte de nuevo —ella había sido como su madre por varios años, no dudo en abrazarla lo más efusivo que pudo.
— ¡Bienvenida a casa!
—Estoy tan feliz de volver a verte, tengo tantas cosas que contarte.
La gente de intendencia la reconoció en seguida pese a los años que habían pasado y los muchos cambios en su físico. El gerente del hotel aceptó darle trabajo mientras fuera bajo la supervisión de Liya y así empezó su vida en aquella lejana tierra aunque la mujer quería algo mucho mejor para June.
—No me gustaría que te quedaras como una empleada de limpieza en este lugar —le decía una tarde mientras doblaban las sabanas que recién salían de la vieja lavadora—. Hablaré con una de las maestras de la escuela local, la conozco desde hace años y podrá regularizarte para que estudies con los chicos de tu edad.
—No te preocupes por eso, lo haremos en otro momento.
—Oh no, no. El tiempo pasa niña y no se recupera.
—De acuerdo, tú ganas —esbozó una sonrisa mientras veía como el brillante sol iluminaba los techos de las casas y la gente corría por la calle cubriéndose.
En ese momento se vio algo extraño en el cielo, una barrera color negro se proyectaba sobre el suelo, era una sombra que tapaba al sol lentamente. La joven se asomo por la ventana y busco en el cielo el origen de aquel extraño evento pero no se veía nada en la cercanía, la gente salía a las calles para mirar el cielo también.
— ¡Es un Eclipse, no miren directo al sol o se quemaran sus ojos!
Era un eclipse pero estaba tardando demasiado en cubrir el sol, pocas veces había visto aquel espectáculo y sabía que era cosa de pocos segundos pero ese en particular cubría al sol poco a poco, no era normal y se sentía un ambiente maligno en el aire.
—A lo mejor a esto se referían Milo y Saori —el rostro del joven escorpión apareció en su mente en esos momentos, estaba preocupándose por su bienestar y algo le decía que ese eclipse formaba parte de una batalla que sería cruel—, espero que sobreviva esa batalla y también Shun.
Regreso al interior de la habitación y cerró la ventana, no podía hacer nada más que esperar a que todo pasara y la oscuridad no fuera a ser permanente pero el efecto de la luna era negativo sobre las olas que azotaban la costa de la ciudad y de nuevo tendrían problemas con el mar.
Trataba de tranquilizarse pero por más que intentaba entretener su mente en las tareas del día a día no podía. Esa casi oscuridad ya llevaba varias horas y el eclipse avanzaba lentamente cubriendo la luz del sol, no podía predecir que pasaría en cuanto el sol estuviera totalmente cubierto. En ese momento buscó el único televisor que había en el pequeño salón de estar del Hotel y en el canal de noticias se decía que el Eclipse era inusual ya que no se esperaba ninguno ese año y así mismo los planetas estaban perfectamente alienados.
—Que horrible coincidencia…
Las horas pasaron muy lentas mientras los desastres ocurrían en las costas de la ciudad, las olas estaban enfurecidas y de nuevo el mundo tenía una amenaza latente. Ella solo oraba por aquellos a los que amaba y que estaban en el campo de batalla ya que también se sentía con la obligación de proteger a las personas del hotel en caso de alguna emergencia que pusiera sus vidas en peligro.
En ese momento el Eclipse fue total, esa parte del mundo estaba sumida en una oscuridad total y el ambiente de miedo reinaba por todo el hotel. Los empleados estaban asustados y como el grueso de la población era supersticiosa se oyeron disparates en cada rincón.
—No prestes atención a esas habladurías niña —decía Liya con toda calma—, los eclipses no son cosa de demonios ni dioses vengativos. Solo son cosas que pasan.
—Tienes razón —probablemente no la tenía y ese eclipse en particular si era obra de algún ente malvado pero no quería discutir ni meterle ideas en la cabeza.
Horas más tarde la oscuridad había pasado y poco a poco las cosas en el mundo volvían a su cauce normal. June se asomo a la calle y ahí estaba la brillante luz del sol pero ella tenía la duda en la cabeza: ¿se habrían salvado sus viejos amigos? Imposible saberlo y sin cosmos para buscarlos no quedaba más que olvidarse de eso tal y como la diosa lo había solicitado.
Ese sería un adiós definitivo porque ya no había manera de saber lo contrario aun así se prometió a si misma que viviría al máximo la nueva vida que la diosa le había otorgado esperando que todos los caballeros estuvieran bien o al menos sus cosmos protegieran a la humanidad.
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FIN
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*Notas: Sip es el final pero esperen un pequeño epilogo para el siguiente.
