Sonreía.

Sonreía solo. Porque así le salía, porque no podía evitarlo. Porque con sólo verla, una sincera sonrisa curvaba sus labios.

Porque ella le hacía sonreír

Sin dejar de hacerlo, Allen Walker, tumbado en esa estrecha cama individual, con su cabeza reposando sobre su brazo y el otro brazo rodeando una cintura, llevando sus ropas desaliñadas, su cabello mal recogido y vendas en su cabeza y varias partes de su cuerpo, observaba maravillado el cuerpo femenino plácidamente durmiente a su lado, por no decir, casi pegado a él.

Lenalee Lee. Esa chica que conoció en la Orden Oscura, esa que con el tiempo fue conociendo, realizando misiones… esa que se había convertido en su amiga, dormía dulce y tranquilamente pegada a él, rodeando su cuerpo con su brazo y agarrándose a su espalda mientras que la otra mano, lo sujetaba de la mal abrochada camisa.

Amplió su sonrisa.

Dormía tan pegada a él que podía sentir la pausada respiración chocar contra su pecho. Tan cerca estaba su rostro de su pecho que incluso, y de hecho, lo sabía, estaba sonrojado.

¡Cómo no estarlo, con semejando bombón a su lado!

Lenalee era una chica bien, bien guapa. Y él, retirando un poco su cabeza, bajó su mirada para dar con el rostro de la chica. Volvió a sonreír como un idiota. ¿¡Dios, es que no dejaría de hacerlo?!

Posiblemente no, mientras la tuviera a ella tan cerca.

Porque con esos ojos de tan misteriosos color lavanda, ocultos bajo el abanico de pestañas, con esa naricilla respingona y esos endemoniados labios rosados que tanto reclamaban los suyos, le era imposible dejar de hacerlo.

Porque con su cabello, que había pasado desde el más lindo y largo estilo amarrado en dos coletas, hasta el más corto y revuelto, hasta el corto por sus hombros, con ese aroma a hierbas exóticas, ese color tan oscuro que reflejaba tonos verdosos y esa suave textura que le provocaba ganas de tocarlo, no dejaría de hacerlo.

Porque con ese cuello, que nada tenía de especial, salvo ese olor a limpio y frescura que él aspiraba cuando, en las ocasiones que veía oportunas, y sobre todo, cuando ella dormía con él, sentía la impetuosa necesidad de morderlo, tampoco dejaría de sonreír.

Porque cuando, sin querer, o no, su mirada se paseaba con total descaro por su cuerpo, admirando sus hermosas piernas, que a él le encantaba tener enredadas entre las suyas; de hecho, ahora mismo las tenía y estaba repleto de felicidad, nótese la absurda sonrisa en su rostro con tan sólo eso. Apreciando ese trasero bajo esa falda roja, que, y aprovechando que estaba en sus pensamientos y que nadie podía regañarle, quería agarrar con sus manos. Esa estrecha cintura donde ahora reposaba su brazo; y por el cual, ella se encontraba pegada a él; Sus…perfectos senos que sólo Dios sabía cuántas ganas tenía él de verlos y apreciarlos con sus manos.

No me culpes Dios por pensar así, todo esto es culpa del maestro...su culpa por andar restregándome en la cara la de mujeres que ha tenido y lo que ha hecho con ellas. Pensó, observando con una sonrisa más ladina y unas mejillas ligeramente sonrojadas, lo que esa camisa negra del uniforme de exorcista pegaba contra su pecho.

Pero meneó su cabeza, entendiendo que debía entrar en razón...por el momento.

Pero no, no era sólo por eso por lo que le gustaba Lenalee. Si, para todos aquellos que pueden leer sus pensamientos, le gustaba Lenalee. Como compañera, como amiga y como mujer. Le gustaba, incluso se atrevía a decir que hasta enamorado de ella estaba.

Su fuerza, su corazón, esa valentía que demostraba ante la más precaria situación, lo que tanto amaba a su familia, a sus amigos, a su mundo… era eso lo que principalmente le había hecho darse cuenta de que le gustaba. Eso y que, por una vez en la vida, alguien se preocupara tanto por él –excepto por supuesto, su maestro, alguien que le quiere y le cuida, muy a su manera-

Porque aun, con alguien con un pasado como él, con unos peligrosos recuerdos de aquel hombre, Neah Walker incrustados en su cabeza y con esos temerarios cambios de personalidad…ella se mantenía a su lado. No se alejaba, no se asustaba, no huía de sus brazos…

¿Acaso no eran esos motivos suficientes para hacerle sonreír tanto de día como de noche, durante todas las horas del día?

La estrechó contra su cuerpo, de nuevo, dejando sus labios sobre su cabeza, labios sonrientes que eran incapaces de borrar cual sonrisa.

Allen Walker sólo sabía una cosa…bueno, tal vez dos o más, tenía muchas cosas en su cabeza, no estaba muy seguro…, pero lo que si sabía era que, nunca, jamás, en todos los años que le restaban de vida, no se alejaría del calor y -también hay que decirlo- del amor -porque también sabía que ella gustaba de él- de Lenalee Lee.

A fin de cuentas, ser un poco egoísta y disfrutar del amor no molestaba a nadie.

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Bueno sí, tal vez a Komui.

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¿Decidme, merezco vuestros Rr's? (ojitos de cachorrito abandonado)

¡Espero que os haya gustado!

¡Nos vemos en el próximo!