En tanto, con Shadow y María...

- María, ¿por qué se te ocurrió este paseo de dos horas antes de ir al restaurante?.

- Porque como no nos sentíamos muy hambrientos, pensé que un paseo de toda esa duración nos daría más hambre a ambos.

- Entonces considero como buena tu idea, porque así como te dije cuando salimos, yo en verdad no tenía mucha hambre, y ahora siento más necesidad de comer.

- Igual yo, pero si te hubieses sentido con más hambre, igualmente habría ido al restaurante inmediatamente.

- ¿Aunque no te sintieras muy hambrienta?.

- Sí, así es.

- María, no me parece bien que comas si no tienes hambre.

- Sé que no está bien, pero yo no te haría esperar si quieres comer. Pongo tus deseos sobre los míos y siempre lo haría.

Él sonrió.

- Entonces gracias.

- De nada.

- Lo mismo haría yo por ti.

- Gracias, mi dulcecito.

- De nada, caramelito.

Se dieron un beso.

- ¿Entonces vamos al restaurante ahora?.

- Sí.

- ¿Se te ocurre alguno en específico?.

- Prefiero darte esa elección a ti.

- Bueno, gracias. Comenzaré a pensar.

Comenzó a pensar en varios de los restaurantes a los que fueron en ocasiones anteriores. Todos eran buenos, algunos mejores que otros y casi todos de distintas épocas.

- Perdona si te impaciento, es que todavía no me decido, porque varios de ellos son decisiones igual de buenas.

- No te preocupes, tómate tu tiempo.

Siguió pensando durante dos minutos hasta que por fin tomó una decisión.

- Ya decidí, y nuevamente te pido perdón por la demora.

Ella le acaricia la mejilla izquierda mientras le habla.

- No te preocupes, mi niño, es difícil elegir entre diferentes opciones que no parecen mejores que otras y sucede igual cuando se trata de restaurantes que a uno le gustan mucho.

- Gracias por tu bella comprensión, mi amorcito.

- De nada, corazón. Entonces, ¿por cuál decidiste?.

- Por el llamado "Noche del Destino".

- "Noche del Destino", el que fue fundado en 1922.

- El mismo.

- Que bien, entonces vamos allá.

- Sí, vamos.

Shadow abrió la mochila, sacó una de las bolsas, se la colocó de nuevo y tomaron el taxi hasta llegar al restaurante en quince minutos.

- ¿Cuánto es?. - le preguntó Shadow al conductor.

- 72 dólares.

Tomó los billetes y le pagó.

- Gracias. - agradecieron los novios.

Salieron de ahí, metió la bolsa a su mochila y entraron al restaurante. Había mucha gente, pero todavía había lugares.

- ¿Dónde quieres sentarte?. - le preguntó ella.

- Junto a la ventana.

- De acuerdo.

Se dieron un beso en la boca y se sentaron allí, en una que como todas las mesas, tenía el conjunto esencial para una comida de restaurante, aceite, vinagre, sal y pimienta. A los pocos momentos llegó un mesero.

- Buenas tardes.

- Buenas tardes, señor. - lo saludaron.

- Aquí tienen su menú.

Les pasó las cartas y se retiró. Ellos miraron sus opciones, una buena parte eran comidas que ellos ya conocían. Shadow miró a su novia y ésta ya tenía su menú en la mesa. Continuó mirando el suyo por unos segundos, hasta que lo decidió.

- Ya lo decidí. - dijo él.

- También yo.

En medio minuto, el mesero volvió.

- ¿Se decidieron?.

- Sí. - dijeron.

Sacó una hoja y una lapicera para anotar su pedido.

- ¿Qué desean?.

- Para mí quiero tallarines con siete brócolis. - dijo Shadow.

Lo anotó.

- ¿Y usted, señorita?.

- Dos filetes de atún blanco con guacamole molido encima y maíz.

Lo anotó también.

- ¿Quieren algo de beber?.

- Yo no, gracias. - dijo él.

- Yo tampoco, gracias. - dijo ella.

- ¿Y quieren que les traiga condimentos?.

- Yo no, gracias. - dijo él.

- Yo sí, una mayonesa por favor. - dijo María.

Lo anotó.

- Les traigo todo en seguida.

Se fue para volver en menos de cinco minutos con una bandeja en la que traía todo.

- Aquí tienen.

- Gracias. - agradecieron ambos sonriendo.

Les sirvió y se fue, María tomó la botella de aceite, le puso a su comida, luego le echó sal, luego mayonesa y comenzó a comer. Shadow también le puso aceite y sal y empezó a comer. No hablaron nada mientras comieron. Terminaron luego de algunos minutos, pero Shadow hizo algo más antes de llamar al mesero. Tomó la mochila, sacó dos bolsas y puso los quinientos mil dólares de una en la otra, dejando el dinero en un millón de dólares.

- ¿Le darás todo eso de propina al mesero?. - le preguntó ella.

Él asintió con la cabeza, lo que hizo a María sonreír. Ahora, él miró a todas partes hasta que vio al mesero y levantó la mano para llamarlo.

- ¿Nos trae la cuenta?. - preguntó él.

- Claro, señor.

Se fue y regresó poniéndola en la mesa para irse con los platos y la mayonesa.

- ¿Cuánto nos salió?. - preguntó su novia.

- 3.500 dólares.

Abrió otra bolsa, tomó el dinero exacto y lo dejó allí, pero no se levantó.

- Esperemos a que vuelva. - dijo él.

- No iba a pararme sin antes ver lo que harás.

El mesero volvió, Shadow le dio la cuenta con el pago y al mismo tiempo la bolsa de propina.

- ¿Por qué me da una bolsa, señor?.

- Es su propina, un millón de dólares. - dijo Shadow.

El mesero se quedó como estatua por un momento, obviamente por toda la impresión que le dio que Shadow fuese notoriamente tan generoso. Reaccionó en segundos, teniendo como primera reacción sonreírle agradecidamente.

- Muchas gracias.

Le extendió la mano y Shadow le correspondió, le dio la mano a María también y se retiró. Shadow cerró la mochila, se la puso y se fueron.

- Todos se enorgullecerán de ti cuando lo sepan. Fue lo mejor que has hecho en tu vida.

- ¿Mejor que convertirme en tu novio o eso no?.

- Sí, incluso mejor que eso. Quizá otra chica no diga eso, pero yo sí.

- Jamás me hubiera imaginado que una chica dijera algo como eso.

- Sí, son de las cosas que uno jamás se imaginaría hasta oírlo por sí mismo.

Una vez que todos volvieron a casa, las chicas dijeron una por una, abierta y voluntariamente lo que hablaron con sus respectivos novios. A cada uno de todos les gustó ver que también compartían la misma opinión, igual que las que siempre han compartido en su vida entre los diez. María contó de la millonaria propina y todos le felicitaron a su novio ese acto tan humanitario.