Llevo ya cuatro días conviviendo con papá, el tiempo pasa y yo sigo sin saber absolutamente nada sobre cuál es mi propósito en esta época…
La verdad es que estas paredes me agobian, no me gusta esta sensación de encerramiento.
Resoplo y acaricio la cabeza de Tokomon -el cuál digievolucionó ayer después de la cena-, al menos él me hace compañía.
Miro el reloj y me extraño al comprobar que papá aún no ha regresado del instituto... debería esperar, lo sé, pero... siento la necesidad de comprobar que este bien... es absurdo, pero ya he perdido a demasiada gente, necesito saber que él está bien... quizás debería haberle pedido el número de teléfono, ahora me arrepiento...
No me lo pienso mucho, rápidamente agarro la mochila, meto a Tokomon dentro, y me dispongo a salir en dirección a su colegio, sin embargo... la puerta está cerrada y yo desconozco la ubicación de las llaves. Papá siempre las guardaba en el escritorio del salón... ¿sería una costumbre ya anterior? No tardo en ir a comprobarlo y... eureka. Agarro una de las llaves que hay y sin pensarlo ni un segundo marcho corriendo.
...
No tardo en llegar al instituto, más o menos ya sabía el camino ya que en mi época el lugar sigue abierto y yo asisto a él. Inmediatamente al llegar a la entrada veo a mis dos padres sentados en el suelo, cómo a la espera de algo.
—¿Interrumpo?
—Kaito, ¿qué haces aquí?
—Me tenías preocupado...— admito avergonzado
—¿No estás siendo demasiado proteccionista?
—Creo que tengo derecho a ser un paranoico proteccionista después de todo lo que ocurrió— respondo y él baja la cabeza— Como sea, ¿qué hacéis aquí?
—Esperar
—¿Esperar a qué?
—Una chica del club de animadoras le ha robado el digivice a tu padre para poder chantajearlo con una cita— responde mamá con una leve risa— intentamos convencerla pero es muy cabezota.
—Eso no responde a mi pregunta.
—Las animadoras tienen ensayo después de clase, estamos esperando a que salga para intentarlo una vez más, pero creo que va a ser inútil...
—Por probar no perdemos nada, Hikari... no quiero irme a casa sin mi digivice, el no tenerlo me deja indefenso.
—Sejádmelo a mí, yo me encargo— digo sin pensármelo mucho.
—¿Que vas a hacer?
—Eso es una sorpresa— respondo con una misteriosa sonrisa.
...
Tras un largo rato, las chicas del club al fin salen. Pregunto a mi padre cuál es la susodicha que le quitó el D-3 y él señala a una rubia de ojos rubíes que, la verdad, no está nada mal. ¿No le resultaría más fácil aceptar salir con ella y ya? Quizás sea que papá también está ya enamorado de mamá... o quizás me estoy montando mi propia película al igual que él.
—Hikari, ¿tienes una goma del pelo?— pregunto, ella asiente confundida entregándomela y yo me hago una pequeña coleta. Realmente no tengo el pelo muy largo, sólo un poco más que mi padre, así que claramente la coleta tiene una función básicamente de adorno, las vuelve locas. Después me desabotono un par de botones de la camisa y me acerco a la chica en cuestión.
—Hola, princesa.
—¿Y tú quién eres?
—Kaito Takaishi, primo de Takeru Takaishi, soy de otra ciudad y estoy pasando unos días en Odaiba con él. Es un placer conocerte— respondo agarrando su mano y besándosela, ella se sonroja levemente y muestra una sonrisa boba en su rostro. Esta ha caído rápido.
—L-lo mismo digo.
—He oído que tienes algo que le pertenece y eso hace que sufra mi pobre corazón. ¿Sabes por qué?
—¿Por qué?
—Porque me prometió que me enseñaría la ciudad y en vez de hacerlo se dedica a esperar por ti para que le devuelvas esa estúpida cosa.
—Si aceptase la cita conm...
—¿Me permites que te llame idiota?— interrumpo
—¿Qué?— pregunta con cierto enfado.
—Que eres idiota, una chica tan guapa cómo tú no debería desperdiciar el tiempo en chicos cómo mi primo— aseguro mientras una sonrisa se dibuja nuevamente en su rostro y yo me acerco más a ella, provocando que se ponga nerviosa.
—¿T-tú crees?
—Completamente, cualquier chico perdería el control ante esos ojos, princesa.
—No creo que sea cierto
—¿Entonces por qué mis labios me gritan que te bese?— pregunto sujetándole la barbilla
—K-Kaito...
—¿Me devuelves su tonto objeto?— cuestiono y ella asiente enrojecida, sacándolo nerviosamente del bolso y entregándomelo.
—Gracias, volveremos a vernos— respondo dando media vuelta en dirección a mis padres y sonriendo victoriosamente. Cada vez se me hace más sencillo esto de conquistarlas, ya sé que lo que hago no está bien, pero esta vez ha sido por una buena causa, prometo no volver a hacer uso de mis &encantos&.
—Se nota que es hijo tuyo— oigo pronunciar a Hikari
—¡Oye! ¡Que yo no hago esas cosas!— protesta papá y yo me rio.
—Aquí tienes tu digivice, deberías tener más cuidado la próxima vez
—Que mi hijo me dé una reprimenda se siente extraño...
—Te la mereces, Takeru—aporta mamá.
—¡Oye! Bueno, como sea, te debo una, Kaito. ¿Te parece si te invito a un helado cómo agradecimiento?
—No hace falta...
—Sí hace falta, no rechistes.
—Está bien...
—¿Nos acompañas, Hikari?
—Sabes perfectamente que no puedo rechazar una invitación a helado, Takaishi.
...
Nos sentamos en unos bancos algo apartados a comer para que yo pueda sacar a Tokomon tranquilamente.
—¡Helado, helado!— grita el entusiasmado y yo le hago un gesto para que baje el tono de voz. Después acerco mi helado a su boca y le doy a probar un poco. Parece que le gusta ya que empieza a tragar rápidamente y yo sonrío. Mamá y papá nos observan también con una sonrisa, pero papá elimina ese gesto de su cara de repente, haciendo que tanto yo cómo mamá nos quedemos extrañados.
—¿Ocurre algo?
—Kaito... ¿qué te ha pasado en la muñeca?— pregunta y yo abro los ojos cómo platos, se ha dado cuenta... desde que he llegado aquí, bien Yamato, Taichi o él, me han prestado ropa, y yo siempre escogía algo de manga larga, cosa que a los dos últimos llego a extrañarles ya que hace bastante buen tiempo... quería ocultar esa fea marca, no sólo porque no quería que hicieran preguntas, si no porque yo tampoco quería pensar en ello. Pero he bajado la guardia, la manga se ha echado un poco para atrás mientras daba a mi compañero de comer, dejando la verdad al descubierto.
—No lo sé, tal vez haya sido producto de la caída que tuve al llegar, cómo la herida de la cabeza— miento.
—Pues parece cómo si alguien te hubiese pegado...—observa mamá y yo tragó saliva.
—Fue un gilipollas de la escuela, no tiene importancia— vuelvo a mentir.
—Si eso fuese cierto lo habrías dicho desde un principio— observa Hikari.
—¿Quién te ha hecho eso, Kaito?— insiste papá y yo bajó la cabeza— ¡Kaito!
—Fuiste tú...
