EL MANUSCRITO PERDIDO

IX: LOS TRES HERMANOS

Templo de Aries

Mu, Aioria y Aioros se apresuraron a llegar al Templo de Aries, a donde habían sentido que el cosmo del maestro Shion había regresado después del intercambio que habían tenido. Athena ya había vuelto a su templo, seguida de Death Mask, negándose a hablar con el Patriarca. Éste se encontraba sentado en los escalones hacia la entrada del primer templo, con una expresión mortificada. Se había quitado el casco del Patriarca y lo había dejado en el suelo. Con sus dos manos sosteniendo su cabeza en un gesto de tristeza.

-Maestro Shion- dijo Mu, apresurándose a donde se encontraba su maestro, seguido de Aioros y Aioria- ¿dónde está Lydia?¿qué sucedió?-

-Lo siento mucho, Mu- dijo Shion tristemente, mirando hacia el suelo. Tenía una expresión miserable- intenté evitarlo, intenté disuadirla, pero fueron órdenes de Athena-

-¿Maestro?- insistió Mu, con un tono impaciente. No le gustaba el tono que estaba usando- ¿dónde está Lydia? Por favor, díganos-

Los dos hermanos también se encontraban algo aprehensivos, sobre todo Aioros.

-Athena… ella ordenó a Death Mask arrojarla a la prisión del Santuario- dijo finalmente Shion- Death Mask la llevo ahí-

Los tres santos se quedaron helados al escuchar lo que dijo el Patriarca. La habían encerrado en la prisión que estaba cerca de la salida oeste del Santuario. Era una prisión donde arrojaban a los desertores o la usaban para castigar a los guardias que habían sido negligentes con sus deberes.

¿Porqué Athena ordenaría hacer eso? ¿En que estaba pensando? ¿Porqué llegar hasta ese extremo? Aioria estaba molesto, pero Aioros y Mu estaban verdaderamente enfurecidos.

-¿Porqué, maestro?- dijo Mu- ¡ella no ha hecho nada malo!-

-¿Qué dice, maestro?- dijo Aioros, casi al mismo tiempo que Mu, perdiendo la paciencia y tomando a Shion del cuello, obligándolo a levantarse, para sorpresa de los otros dos santos- ¿porqué haría Athena algo así?¡Tiene que ordenar su liberación inmediatamente!-

-¡Aioros!- dijo Aioria. Su hermano lo ignoró, y siguió deteniendo al Patriarca del cuello.

-Athena quería el manuscrito y el artefacto- dijo Shion con tristeza- le quitó a Lydia el manuscrito, pero la chica se negó a decirle donde se encuentra la esfera de Arquímedes… que contiene el poder de los dioses. Quiere obligarla a decírselo-

-¿Para qué quiere Athena esos objetos?- preguntó Mu, que estaba tan furioso como Aioros, pero logró contenerse mejor que el santo de Sagitario.

-Ella dice que es la única manera de proteger la tierra- dijo Shion, sin hacer ningún esfuerzo para soltarse de Aioros, como si mereciera lo que estaba ocurriendo- dice que con ese artefacto, los dioses no se atreverán a atacar la tierra de nuevo…-

Aioros por fin soltó a Shion, y se dejó caer al suelo, con sus manos en su cabeza. No podía creer que eso estuviera pasando. Mientras tanto, Aioria lo miró, confundido. No lograban entender porqué el santo de Sagitario estaba tan abatido por lo que había sucedido.

-Aioros, ¿se puede saber que te sucede?- preguntó Aioria, acercándose a su hermano y arrodillándose junto a él- esto que estás haciendo no es propio de ti-

El santo de Sagitario miró a su hermano con tristeza.

-Aioria, hace rato, cuando fui a buscarlos en la base del reloj de fuego, fue porque les tenía que comunicar algo de lo que me acababa de dar cuenta- dijo Aioros.

-¿De qué hablas?- dijo Aioria. Mu no dijo nada, pero lo miró con curiosidad. Shion, por su parte, se volvió a dejar caer en los escalones del templo de Aries.

-Desde el día que llegó al Santuario, Lydia me recordaba a alguien, su rostro me parecía tan familiar- dijo Aioros, mirando a su hermano fijamente- ayer hablé con Shaka, y me mostró una memoria de Lydia. Yo aparezco en ella. Eso quiere decir que la conocí antes-

Mu asintió, pues él mismo había visto esa memoria en la mente de Lydia una vez. Aioria no entendía de que se trataba esto, pero siguió escuchando pacientemente a su hermano.

-No fue hasta hace un rato, que vi mi reflejo en mi armadura cuando caí en cuenta de ello- continuó Aioros- Aioria, nos equivocamos. Nuestra hermana Aioniah no murió en el fuego en el que perdimos a nuestros padres-

-¿De qué estas hablando, Aioros?- preguntó el santo de Leo, preocupado, pues lo que decía su hermano no parecía tener sentido. Incluso Shion había levantado la vista, mirando al santo de Sagitario con curiosidad.

-Como te dije, Aioniah no murió en el fuego- repitió Aioros- ella fue salvada de la casa en llamas por Mu, fue llevada a un orfanato, y más tarde fue adoptada por un extranjero. Aioria, Lydia es nuestra hermana Aioniah-

-¿Qué dices?- dijo Mu, abriendo los ojos desmesuradamente. Aioria no respondió, estaba demasiado sorprendido por lo que Aioros acababa de decir.

-No, no puede ser, debes estar equivocado, Aioros- dijo el santo de Leo- no puede ser posible. Aioniah murió en ese incendio…-

-No fue así, Aioria. Vi lo que pasó esa noche en la memoria de Lydia, en una visión que me mostró Shaka. Vi nuestra casa en su memoria, me vi a mí mismo, cargándola en mis brazos. Vi el incendio, y vi a quien la rescató- dijo Aioros, volviéndose al caballero de Aries- Mu, tú la salvaste de la casa en llamas, y la llevaste al orfanato, donde fue adoptada por lord Castlehaven-

-No puede ser, Aioros- Aioria estaba tan atónito, que no dejaba de repetir lo mismo- no puede…-

-Aioria, solo mírala- insistió Aioros- mírala y mírate. Es imposible estar equivocado. Ella es nuestra hermana-

El santo de Leo abrió los ojos desmesuradamente.

-No puede ser…- susurró, cayendo en cuenta de lo que Aioros lo que había dicho- por todos los dioses…-

Mu se esforzó por recordar. Había sido como dijo Aioros. El antiguo maestro Dohko lo había enviado a la ciudad de Atenas, todos esos años atrás, cuando ésta se encontraba en llamas, y había encontrado a una pequeña bebé en una casa casi destruida. La había salvado del incendio y la había entregado a unas monjas para ser adoptada.

-Por todos los dioses…- dijo Mu también al caer en cuenta de lo que había sucedido. Aioros tenía razón.

Era tan obvio, que Mu no sabía como no se había dado cuenta de ello antes. La apariencia de Lydia era muy parecida a la de los dos hermanos, sus cabellos castaños y sus vivaces ojos verdes, igual a los de Aioria, y su sonrisa dulce como la de Aioros. ¿Cómo no lo había visto antes?

Shion los estaba escuchando, entristecido. Vaya que este había sido un muy desafortunado evento: la hermana de dos caballeros dorados encerrada en la prisión del Santuario, por órdenes de Athena. Y lo viera como lo viera, el maestro Shion no sabía que se podía hacer.

Los tres santos se miraron entre sí. Tras unos segundos, asintieron. Aioria y Aioros se levantaron y, junto con Mu, los tres comenzaron a caminar escaleras abajo, alejándose de las Doce Casas.

-Esperen, ustedes- dijo Shion en voz alta, al verlos irse- ¿a donde van?-

-A ver a mi hermana- dijo Aioria en tono cortante. Ahora también el santo de Leo estaba furioso ante la situación. Y no era sabio atravesarse en el camino de un Aioria furioso, menos tres santos dorados furiosos.

-No pueden hacer eso, lo saben muy bien- dijo Shion, poniéndose de pie y estirando una mano hacia ellos- ya saben lo que pasará si intentan liberarla sin el permiso de Athena. Serán expulsados de la orden. No serán más caballeros dorados…-

Pero ya era tarde. Los tres desaparecieron, teletransportándose gracias a los poderes de psicoquisesia de Mu.

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Prisión del Santuario

Lydia golpeó los barrotes con una piedra que había encontrado en su celda. No podía creer lo que estaba pasando. Sabía que Saori era una niña mimada y una muy mala perdedora, pero jamás había siquiera imaginado que llegaría a ese extremo de encerrarla para obligarla a entregarle su descubrimiento.

-¡Maldita sea, Saori, sácame de aquí!- gritó y, con todas sus fuerzas, lanzó la piedra contra los barrotes. Ésta se hizo añicos, sin siquiera dañar un poco los barrotes metálicos- ¡no tienes derecho de tenerme aquí!-

Lydia se dejó caer al suelo, en una esquina de la celda, y abrazó sus rodillas. Aquello debía ser una pesadilla. Se miró la muñeca de su mano derecha. Ahí seguía, justo debajo de su palma, un dibujo de un cilindro y una esfera dorada, que habían aparecido, como un tatuaje, tan pronto como había abierto la caja dorada con el manuscrito de Arquímedes y tocado el cilindro que se encontraba dentro de ella. ¿Era eso lo que quería Saori? ¿Qué iba a hacer al respecto, quitarle el brazo?

La chica tembló ante la perspectiva. Si Saori era capaz de encerrarla así nada más, seguramente también era capaz de… Lydia no quiso ni pensarlo. Miró nuevamente el tatuaje que había quedado marcado en su piel. Tantas veces que lo había visto en sus sueños, en el brazo de Agatha, la joven que había escondido el tesoro hacía tantos años.

Lydia cerró los ojos y sepultó su cabeza entre sus brazos. No quería llorar, pero sentía que, después de todo lo ocurrido, no podría evitarlo. Los amables caballeros eran sus enemigos. Y Mu, él también era su enemigo ahora.

-No puede ser, no es justo- susurró para sí misma, sollozando casi silenciosamente.

-¡Lydia!- escuchó de pronto una voz proveniente de los pasillos inferiores-¡Lydia!-

Lydia levantó la mirada, pero siguió ovillada en una esquina.

-No está aquí- dijo una voz masculina.

-Debe estar en el nivel más alto- dijo otra.

Frente a su celda apareció una luz dorada. Lydia tembló, pensando que nuevamente sería Shion o Death Mask. Pero se equivocó, esta vez de la luz surgieron los hermanos Aioros y Aioria, seguidos de Mu, quienes se habían teletransportado a ese nivel, fuera de su celda. Lydia siguió en la esquina de su celda, sin moverse. Los tres se acercaron a los barrotes y la vieron.

-¿Lydia?¿te encuentras bien?- dijo Aioria, muy preocupado, intentando mirarla a través de los barrotes de la celda- ¿estás lastimada?-

-Déjenme en paz- dijo Lydia, sin levantar la mirada- váyanse de aquí-

-¿Qué sucede, Lydia?- dijo Aioros, tomando los barrotes con sus manos- no somos tus enemigos. Vinimos a intentar ayudarte-

-No mientan- dijo Lydia, limpiándose los ojos con la manga de su suéter, aún sin moverse de la esquina lejana de la celda, y negándose a mirarlos- ustedes están del lado de Saori, están obligados a obedecerla. ¿Qué les ordenó hacerme ahora?-

-Lydia, por favor- dijo Mu con paciencia. Sabía que estaba asustada por lo que acababa de pasar, pero también sabía que era importante que escuchara a los hermanos- solo escúchanos. Aioros y Aioria tienen algo muy importante que decirte-

Lydia levantó la vista, y los miró con algo de reserva. Tanto Aioros como Aioria estaban de pie junto a los barrotes de la celda. Una vez que vieron que ella los miró, Aioros se sentó en el suelo, y su hermano lo imitó. Mu, por su parte, estaba de pie, apoyando la espalda en la pared más cercana, con los brazos cruzados. Lydia se levantó y caminó, dudosa, acercándose a los barrotes, donde estaban los hermanos

-¿Qué quieren que escuche?- dijo Lydia, mirando sospechosamente a Aioros y Aioria.

Los hermanos la miraron con una sonrisa triste.

-Lydia, ¿qué recuerdas de mí?- preguntó Aioros en voz baja- ayer dijiste que te había parecido verme antes del día que nos conocimos, ¿no es así?-

Lydia lo miró, dudosa. No sabía que tenía que ver eso con lo que estaba ocurriendo, pero pensó en lo que preguntó Aioros. Se sentó en el suelo, junto a los barrotes, muy cerca de los dos hermanos. Cerró los ojos y recordó.

-Recuerdo que te vi una vez, creo que cuando era muy pequeña- dijo Lydia, aún con los ojos cerrados- no lo recuerdo bien, ese recuerdo es muy borroso. Creo que… me tomaste en tus brazos… recuerdo haberme sentido segura y feliz-

Abrió los ojos, y vio que Aioros había pasado su mano entre los barrotes y tomado su mano izquierda, y acariciaba el dorso de la misma con su pulgar. Los dos hermanos la miraban con los ojos humedecidos.

-¿Qué… que sucede, Aioros?-preguntó ella, confundida, pero sin soltar la mano del santo de Sagitario- ¿porqué preguntan todo eso?-

-Lydia, como recuerdas que te conté ayer, hace trece años, un incendio acabó con la casa de nuestros padres, y con una gran parte de la ciudad de Atenas- le explicó Aioros, ante la mirada confundida de Lydia- nuestros padres y nuestra pequeña hermana murieron en ese incendio… o eso creímos hasta el día de hoy-

Lydia sintió un vuelco. Aquella historia le parecía extrañamente familiar.

-Nos enteramos de que Mu salvó a nuestra hermana del incendio- continuó Aioros- y la llevó a un lugar seguro. A un orfanato, a las afueras de Atenas, para que fuera adoptada. También lo recuerdas a él, ¿no es verdad?-

Lydia se volvió a ver a Mu. Lo cierto era que sí recordaba haberlo visto, esa cálida sonrisa, cuando ella era una niña pequeña. ¿Eso significaba que Mu la había salvado de una casa en llamas? Si eso era cierto…

-No es posible…- dijo Lydia, abriendo los ojos desmesuradamente- ¿eso quiere decir que…?-

-Sí, Lydia- dijo Aioria, pasando también su mano entre los barrotes y tomando la mano derecha de Lydia, así como su hermano había hecho - Aioros y yo somos tus hermanos. Tú eres nuestra hermana Aioniah-

Mu sonrió al ver la reacción de Lydia.

-No… no es posible- dijo Lydia, soltándose de ellos, alejándose un poco de los barrotes, y llevándose las manos a la boca- están equivocados… no puede ser…-

-Mira en tu corazón, Lydia- intervino Mu en voz baja, quien continuaba recargado en la pared, dando espacio a los hermanos de hablar con ella- y míralos bien. Sabes que es cierto-

Lydia pasó sus ojos de Mu a Aioria, y después a Aioros. Volvió a acercarse a los barrotes, a los dos chicos, y con sus propias manos, tocó la cara de Aioros, mirándolo fijamente mientras el santo sonreía. Después separó su mano derecha de Aioros, y con ella tocó la mejilla de Aioria. Al estirar su brazo, quedó descubierto el tatuaje en su antebrazo derecho, debajo de la palma de su mano.

-Por los dioses…- susurró ella-¿cómo puede ser esto posible?-

Era cierto… las facciones de los dos santos eran muy parecidas a las suyas. El color de los cabellos de Aioria era idéntico al suyo. La sonrisa de Aioros era como la suya. Y sus ojos. Era el rasgo que compartían los tres. Lydia sonrió,y pasó sus manos por los cabellos de los dos. No era mentira. No estaban equivocados. Los dos santos de Athena eran sus hermanos, su verdadera familia.

-Mis hermanos…- susurró Lydia en voz baja, intentando no llorar por lo que acababa de descubrir- mis propios hermanos-

Lydia quiso abrazarlos, pero los barrotes se lo impedían. Mu miró a los hermanos, conmovido, y sonrió. Los tres habían permanecido en silencio un tiempo, hasta que finalmente Aioros tomó una mano de Lydia y apretó sus labios contra ella. Aioria hizo igual con la otra mano.

-No te preocupes, Lydia- dijo Aioria, sonriendo- te sacaremos de aquí-

-Es una promesa- añadió Aioros.

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Templo de Piscis

Afrodita se encontraba atendiendo su jardín, el cual estaba adyacente al templo de Aries, ignorante de los eventos que habían ocurrido ese día. Death Mask pasó a su lado, regresando de la prisión del Santuario, cuando vio a su amigo trabajando. Lo miró. Sabía que le había tomado cariño a la chica extranjera, y no le iba a gustar saber lo que él había hecho bajo las órdenes de Athena. Ni modo. Órdenes eran órdenes.

-Buenas tardes, Death Mask- le dijo Afrodita sin mirarlo, aún ocupado en podar las ramas muertas de sus rosales- ¿qué te trae por aquí?-

-Afrodita- dijo Death Mask- ¿todavía sigues con esas ridículas plantas?-

-¿Sucede algo malo, Death Mask?- dijo el santo de Piscis, mirando de reojo al otro santo, extrañado de que su amigo estuviera más gruñón que de costumbre- te ves fatal, amigo-

-He estado ocupado…- dijo Death Mask, apretando sus puños- Athena me ordenó encerrar a Lydia Castlehaven en la prisión del Santuario, y lo hice-

-¿Hiciste que?- exclamó Afrodita, sorprendido, dejando a un lado su tarea. Las tijeras cayeron al suelo, y el santo de Piscis se levantó para encarar al santo de Cáncer.

-Lo que escuchaste- dijo Death Mask, cruzándose los brazos- ya sé que te cae bien la ragazza, así que no me reclames nada, porque no estoy de humor para esto-

Afrodita lo miró, muy molesto. Nunca antes se había sentido así de molesto y enojado con su mejor amigo.

-¿Y dices que Athena lo ordenó hacer eso?- dijo Afrodita, y Death Mask asintió- ¿porqué habría ordenado algo así?-

-Al parecer la ragazza encontró un artefacto que amenaza a Athena- dijo Death Mask- y se negó a entregarlo. Yo no estoy de acuerdo con lo que pasó, Afrodita. Y el Patriarca tampoco estaba muy feliz que digamos con la situación-

Afrodita lo evaluó con la mirada. La verdad era que Death Mask, una persona sin muchos escrúpulos, estaba algo molesto por lo sucedido. Miró, desde el sitio donde se encontraba, la torre de la prisión del Santuario. Suspiró.

-Algo de lo que dijiste no tiene sentido- dijo Afrodita de pronto- encerrar a alguien así, no es el estilo de Athena. Algo no está nada bien-

Death Mask asintió. Él mismo lo había notado.

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Templo de Libra

Shion se apresuró a subir los escalones del Santuario, para regresar a su templo. Después de lo que había escuchado decir a Aioros, se había convencido de que había que detener esta locura. Tenía que hablar con la señorita Athena. Aunque, pensándolo bien, Athena no estaba actuando como ella misma. Algo no estaba bien, y él, Shion, iba a averiguarlo.

-¿Shion?- escuchó una voz, al pasar por el templo de Libra-¿eres tú? ¿qué está sucediendo?-

-Ahora no, Dohko- dijo Shion, pasando por el templo sin inmutarse- estoy ocupado-

Dohko, que sabía que Shion no se alteraría así nada mas, corrió detrás de él.

-¿Se puede saber que te sucede?- preguntó el santo de Libra, quien fácilmente alcanzó a su amigo mientras subían las escaleras.

-Te dije que ahora no, Dohko- dijo Shion en un tono molesto, perdiendo la paciencia- no tengo tiempo de detenerme a explicarte la situación-

-Lo sé, Shion- dijo Dohko, sonriendo ampliamente mientras subían- te estoy acompañando, así que será mejor que empieces a hablar…-

Shion puso los ojos en blanco. Dohko era su querido amigo, pero de verdad era bastante necio cuando se lo proponía. Al ver que el caballero de Libra no se iría a ningún lado hasta que le dijera que estaba sucediendo, el Patriarca decidió contárselo. Mientras corrían, le relató lo que había sucedido, desde que Saori comenzó a comportarse de manera extraña, hasta la revelación de que Lydia era realmente la hermana perdida de Aioros y Aioria.

-Ya decía yo que la señorita Lydia me recordaba a alguien- dijo Dohko, riendo- por supuesto que es su hermana, es igual a ellos dos. ¡Que raro que no nos hayamos dado cuenta antes!-

-No es un chiste, Dohko- dijo Shion, exasperado- es un asunto muy serio-

-Créeme, entiendo cual es el problema- dijo Dohko, dejando de reír- y la respuesta es simple. Algo malo debió haber sucedido con Athena, pues ella no reaccionaría así a la situación-

-Y tengo que hacerla entrar en razón- dijo Shion- en eso estamos de acuerdo-

Dohko asintió, y ambos se apresuraron a subir los peldaños que faltaban.

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Templo de Piscis

Mu, Aioria y Aioros habían a Lydia en la prisión del Santuario, prometiéndole regresar a liberarla pronto, y se apresuraron a buscar a Death Mask. Sabían que la prisión absorbía el cosmo de los caballeros, y que solo Death Mask tenía el poder de abrir y cerrar las celdas de esa prisión. Habían sentido su cosmo cerca del jardín de Afrodita. Mu se sentía confiado en que, con la complicidad del santo de Piscis, podían convencer a Death Mask de liberarla.

No pasó mucho tiempo, cuando encontraron a los santos de Piscis y Cáncer, aún discutiendo, en el jardín de rosas reales del primero. Afrodita parecía realmente molesto, y Death Mask se veía muy abatido.

-¡Death Mask!- exclamó Mu, y los dos caballeros se volvieron a los recién llegados- te estábamos buscando-

El santo de Cáncer puso los ojos en blanco.

-¿Qué quieren ustedes?- dijo Death Mask en un tono un tanto grosero, cruzándose de brazos, fastidiado ante la situación- ¿acaso van a sermonearme igual que Afrodita?-

Afrodita le lanzó una mirada de enojo, que el santo de Cáncer ignoró.

-No venimos a sermonearte, cangrejo- dijo Aioria con un tono amenazante, visiblemente enfadado por toda la situación- solo venimos a decirte que liberes a Lydia de la prisión-

Death Mask bufó enfadado también

-¿Vienen a decirme?- dijo Death Mask, inflando el pecho- ¿y quien eres tú para ordenarme, cachorro?-

Aioria estaba furioso, e iba a contestarle cuando Aioros lo detuvo. Al mismo tiempo, Afrodita detuvo a Death Mask, para evitar que los dos santos comenzaran a pelear.

-Basta, no tiene caso que peleemos entre nosotros- dijo Afrodita, intentando calmar los ánimos de los demás santos- tanto Death Mask como yo estamos de acuerdo en que Lydia debe ser liberada, ¿no es así?-

Death Mask se relajó y asintió.

-¿Y bien?- dijo Aioros, cruzándose de brazos- ¿que esperas para liberarla?-

-Sabes bien que necesito el permiso de Athena para poder hacerlo- dijo Death Mask, volviendo a cruzar los brazos- justo me proponía subir a hablar con ella. Puedo ser muy despiadado, pero no me gusta que me pongan a hacer el trabajo sucio-

-Vayamos todos- dijo Mu por fin- estoy seguro de que Athena será razonable, y no se podrá negar a nuestros argumentos-

Los cinco caballeros dorados se dirigieron a las Doce Casas, para subir al templo de Athena. No se percataron un un travieso par de ojos azules había visto todo, y desapareció teletransportándose hacia la prisión del Santuario.

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Templo del Patriarca

Dohko y Shion llegaron frente a Athena, quien estaba de pie frente a la estatua, dándoles la espalda.

-Athena- exclamó Shion, clavando una rodilla en el suelo junto con Dohko- ya que que no me quiere escuchar, pero es necesario que lo haga. Es injusto lo que le estamos haciendo a la señorita Lydia Castlehaven. Y usted lo sabe muy bien, princesa Athena. Debe ordenar su liberación inmediata…-

Al parecer, Saori los ignoró. La diosa se limitó a darles la espalda.

-No ignore a Shion, señorita Athena- insistió Dohko ante el silencio de la diosa- usted sabe que él tiene razón. Esta no es la manera de hacer las cosas-

Antes de que alguien mas hablara, llegaron todos los caballeros dorados, quienes siguieron a Mu y a los otros cuando iban subiendo al templo de Athena y escucharon la historia de lo que había ocurrido.

-Señorita Athena, usted es la representación de la justicia en este mundo- dijo Aldebarán insistentemente- y usted sabe que esto no está bien. La chica no ha hecho nada malo, y ésta no es la manera de hacer las cosas-

Saori siguió dándoles la espalda a los caballeros. Después de unos segundos de silencio, una fuerte risa malvada surgió de ella.

-Estúpidos caballeros- dijo Saori, que parecía fuera de sí, encendiendo su cosmo agresivamente, como nunca antes lo había hecho- ¿no se dan cuenta de que yo soy Athena, y tienen que obedecerme en todo? Está en su código-

-¿Qué dice?- exclamó Shion.

-Tienen que obedecerme en todo, caballeros- repitió Saori.

Los caballeros se miraron entre sí.

-Algo malo le pasó a nuestra diosa- exclamó Saga en voz alta, visiblemente preocupado- esa actitud no es normal de la señorita Athena-

Apenas hubo terminado de decir esto, el cuerpo de Saori se balanceó hacia delante, hasta caer desmayada, siendo atajada por Shura antes de que golpeara el suelo.

-¡Athena!- exclamaron varios de los caballeros, rodeando a Shura y a la diosa.

-Shura…. Shion- dijo Saori débilmente. Shion se apresuró a su lado- ¿qué está pasando?¿dónde… donde esta Lydia?-

Los presentes volvieron a sentir el cosmo de Athena como estaban acostumbrados a sentirlo: calmado, benigno. De un segundo a otro, la actitud y el cosmo de Saori habían cambiado radicalmente. Y parecía que no recordaba la orden que ella misma había dado.

Mientras los otros caballeros intentaban averiguar que era lo que había ocurrido con Saori, Mu cayó de rodillas, con un fuerte dolor de cabeza. Todo se volvió negro, y su mente se transportó a otro lugar y a otro tiempo.

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Santuario de Athena, Atenas, Grecia, año 212 B.C.

Agatha apareció en la playa en Atenas, aún aferrada al brazo de Kallias. La tranquilidad de la misma le recordó sus días pasados en el puerto de Siracusa, antes del regreso del sabio Arquímedes, y antes de la invasión romana. Derramó algunas lágrimas, en honor a los soldados muertos en el Siracusia, pero sabía que habían dado su vida para proteger el gran invento del sabio, y evitar que cayera en manos romanas. Sabía que su destino no iba a ser distinto al de ellos.

-Vamos, Agatha- dijo Kallias, mostrándole el camino- el Santuario de Athena está desierto, los caballeros están luchando contra Hades en el Inframundo. Es nuestra única oportunidad-

Agatha se dejó guiar por Kallias en Atenas. No parecía diferente a su bella Siracusa. Cuando llegaron al templo de Athena, Agatha decidió colocar su tesoro debajo del gran reloj de fuego del Santuario. Con un movimiento de su mano Kallias talló un arco en la pared, y perforó la roca para crear una pequeña cámara.

-Todo está conforme a los deseos de mi maestro- dijo Agatha- solo falta una cosa más…-

La joven se descubrió el brazo derecho, descubriendo el tatuaje que había mostrado al capitán del barco. El tatuaje brilló, y de él salió un esfera dentro de un cilindro. Agatha lo tomó y, tras verificar que el tatuaje se había borrado, guardó el cilindro dentro del cofre, y el cofre dentro de la cámara que Kallias había tallado con sus poderes. Una vez que terminaron, Kallias selló la entrada, y ambos regresaron a la playa de Atenas.

-Está hecho, Agatha- dijo Kallias. Ella sacó dos pequeños viales, y le entregó uno a Kallias

-Aún no- dijo Agatha, entregándole el vial- sabes cuales son nuestras últimas instrucciones…-

Kallias asintió, conteniendo las lágrimas.

-No llores, Kallias- dijo Agatha, poniendo su mano en el hombro del soldado- la esfera de Arquímedes solo será encontrada por una joven huérfana, nacida en el día que no existe, y al abrir el cofre, el tatuaje de la esfera marcará su piel como hasta hoy marcó la mía. Y cuando el tiempo sea correcto, se la entregará a Athena. Y ahora- dijo, abriendo su propio vial, y bebiéndolo hasta el fondo- cicuta, mata mi cuerpo y mi mente, para que el secreto de mi maestro muera conmigo…-

-Agatha…- murmuró Kallias.

-No llores, Kallias- repitió Agatha, tendiéndose en el suelo con una sonrisa benévola- sabes bien que la muerte no es el fin. Nos volveremos a ver, del otro lado del río Estigia-

-Es una promesa…- dijo Kallias, abriendo el otro vial de cicuta y bebiéndolo también, tendiéndose en el suelo junto a ella y tomando su mano. Pronto, los dos quedaron muertos en la playa, tomados de la mano.

-Protégela, por favor- Mu escuchó al final la voz de Agatha- ellos no deben obtenerla. No la dejes caer en manos equivocadas-

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Tiempo presente

Templo de Athena

Mu abrió los ojos. Se quedó helado de nuevo. El vínculo. Por fin, también él había visto el final de la historia, y había entendido como Lydia había encontrado la ubicación exacta del manuscrito con tanta facilidad. Pero el terrible fin de la joven de Siracusa no fue lo que lo dejó helado. Había visto el tatuaje en el brazo derecho de Lydia, antes, cuando estaban en la prisión con ella. Mu ya sabía donde estaba la esfera de Arquímedes.

-¿Mu?¿Te encuentras bien?- preguntó Aioria, agitándolo levemente. Mu se encontró de rodillas en el suelo, con Aioria tomándolo de los hombros y sacudiéndolo para que reaccionara.

-Ya se donde está la esfera de Arquímedes- dijo Mu, casi sin aliento- ya sé donde está escondida. Está en el antebrazo derecho de Lydia…-

Los caballeros se volvieron a Saori.

-Hay que liberar a Lydia…de inmediato- dijo ésta, con un aspecto cansado y tembloroso, como si acabara de despertar de una terrible pesadilla- hay que protegerla a como dé lugar… antes de que sea demasiado tarde…-

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CONTINUARÁ…

Notas de Autor:

Cicuta: un tipo de veneno utilizado en la antigua Grecia. Sócrates fue condenado a morir bebiendo la cicuta.

Esfera dentro de un cilindro: Arquímedes demostró que el volumen de una esfera ocupaba 2/3 partes del volumen de un cilindro de la misma circunferencia. Por eso, él pidió que en su tumba pusieran ese símbolo, y sus deseos se cumplieron.

¡Hola a todos! Lamento dejarlos en suspenso. Las cosas no pueden ser tan fáciles, ya lo saben. Espero que les esté gustando como va esta historia. Muchas gracias por sus comentarios. Nos leemos muy pronto.

Abby L.