=9. ¡Mi suegro me va a matar!=
Jin dio un saltó de alegría, Gino y Conti vitorearon aquella victoria con efusividad, mientras Shang exigía a Lin que marcara una ventaja o quizás un truco en todo aquello, de un momento a otro había perdido el encuentro y a Jin… Zhao sonrió levemente ante aquella manera de jugar, antes de volver a su mueca serena y su mirada perdida. Aoi estalló en felicidad ante aquel suceso y corrió a brazos de Jin para festejar, los tres goles que acababa de anotar.
—¡Lo hiciste, lo lograste Aoi!— le dijo Jin al abrazarle, Aoi rodeo su cintura con un abrazo y besó al frente de la pelinegra.
—Te dije que no iba a rendirme. ¡No cuando se trata de ti!— aseguró el japonés, con la sonrisa más radiante que había expuesto desde el día anterior, en que por un momento, todo se fue al caño.
—Ven, es hora de hablar con mi padre— le dijo la pelinegra, tomándole de la mano y girando para encarar a su padre que a orillas del campo, les miraba expectantes. Gino y Conti se estaban encargando de calmar a un humillado Shang, donde Lin y Tao no parecían querer interponerse.
—Señor Wang…— comenzó a decir Aoi, armado de un valor que no sabía que poseía.
—Aoi Shingo— le llamó el padre de Jin— ¿Estás seguro de poder hacer feliz a mi hija? Jin es más que una niña, es una mujer especial, está destinada a poseer mis bienes a mi muerte y convertirse en una señorita de gran alcurnia en la sociedad China… además de todo, es una voleibolista innata, la mejor de todo el globo…— Aoi sonrió más ampliamente y asintió enérgicamente con la cabeza.
—Créame señor Wang, la felicidad de Jin será total. Su alegría es sin duda mi única meta, jamás haría nada que pudiera herirla o hacerla sentir mal. Tal vez no soy un rico empresario, pero soy un talentoso futbolista con una paga bastante redituada. Además, el mundo entero nos espera a ambos…—por un momento la sonrisa de Zhao flaqueó, pero finalmente y decidido a no borrar de labios de su hija, la radiante sonrisa que se había instalado en su rostro, asintió con lentitud y volvió a sonreír levemente, Jin lo abrazó primero a él, antes de volver a abrazar a Aoi.
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=Jueves… (10:00 AM)=
Hotel Par Hyatt Milano
—Pero papá…— suplicó Jin por tercera ocasión en lo que iba de la hora.
—No Jin, ya lo hablamos, no es no y punto— respondió el señor Wang dando una calada a su puro.
—No es justo. Ya hablamos de esto, no soy una niña… ¡puedo hacer lo que yo quiera!— declaró la china, haciendo un mohín.
—Pues hazlo, pero de ninguna manera viajarás a Madrid, no son mi consentimiento y no quiero recordarte el poder que puedo tener en un aeropuerto— replicó Zhao con una pequeña sonrisa.
—Me voy a casa, y mañana, viajaré a Madrid— aseguró Jin, tomando su bolsa del sofá y abandonando la suite que su padre había ocupado desde el lunes, a su llegada a Milán.
Luego del partido que tuvo lugar el martes, Aoi había logrado llevarse muy bien con su padre, una vez que pudieron controlar la sobreprotectora actitud que Zhao poseía, producto del exagerado pánico que le provocaba la idea de perder a la única persona que amaba en el mundo, luego de su esposa. Los días habían transcurrido con normalidad, Jin había invitado a su padre a ver uno de sus entrenamientos, le había presentado a Alice y a Gino, Conti y Aoi se habían asegurado que Shang tomara un avión de regreso a su país y finalmente, el miércoles por la mañana, Aoi y Jin finalmente habían anunciado su relación, abiertamente a los medios de comunicación siendo felicitados y muy bien clasificados entre las parejas de famosos, por último los miembros del Milán habían retomado sus arduos entrenamientos para el partido de octavos de final que jugarían el viernes en Madrid.
Dado que el encuentro con el Atlético se jugaría a las 02:00 de la tarde, el equipo volaría desde las 11:00 de la mañana para llegar con una hora de anticipación al partido, ubicarse en un buen hotel que la asociación del equipo había reservado y regresar el sábado a las 11:00 am, para estar en punto de la 01:00 de regreso en Milán. Alice al ser artista no había necesitado pedir permiso para viajar y acompañar a Gino, Jin sin embargo, había logrado pedir permiso a su entrenador y aquella travesía no se iba a ver interrumpida por la terquedad de su padre a verla irse de Milán.
Al salir de la suite, Jin se encontró con Alice y con Aoi que amablemente le habían acompañado a ver su padre, dado que Aoi tendría práctica por la tarde y no por la mañana.
—Y bien ¿te fue mal, no? Lo sé por tu cara— aseguró Alice compungida. Jin sintió y suspiró.
—No sé cómo lograré que mi padre deje de ser un paranoico con esto de viajar. Digo, he sobrevivido dos meses en Milán yo sola, no será como que vaya a perderme en Madrid. ¿O sí? ¿Tan tonta me veo?— se quejó Jin, apesadumbrada.
—Oh, no eres tonta linda, es solo que tu padre tiene miedo de perderos de nuevo ahora que te ha encontrado— le recordó Alice con una sonrisa.
—Ya, pero esta vez no estoy escapando ¿o sí? Esta vez, le estoy avisando. El no acepta porque le pedí que no asistiera— volvió a quejarse la pelinegra.
—Tranquila, Jin, deja que yo hable con tu padre, trataré de convencerlo y juraré con mi vida que no perderás ni un cabello en nuestro viaje— habló entonces Aoi con una sonrisa. Jin lo vio ingresar educadamente a la suite y fue detenida por Alice.
Dentro de la habitación Zhao se sorprendió con la presencia de Aoi, pues había pensado que en aquella ocasión no había asistido para acompañar a Jin.
—Buenos días— le saludó el japonés.
—Aoi, no lo intentes… no permitiré que Jin viaje…
—Ya lo sé, no le diré que le permita viajar, pero, quisiera que considerara el trato que voy a proponerle…— le interrumpió el chico con una radiante sonrisa.
—Haber, ¿cuál es el trato?— preguntó el señor Wang, curioso. Cuando no estaba enfadado, era mucho más sencillo tratar con él y por supuesto mucho más amable en sus tratos.
—Pues… el partido de mañana, será la vuelta por un partido que jugamos la semana pasada, si ganamos, podremos pasar a los cuartos de final, al término de este campeonato, tenemos unas dos semanas de descanso y los jugadores extranjeros volveremos a nuestras patrias para unirnos a las selecciones de nuestro país, cómo sabrá el mundial está cerca…
—Por supuesto, mi división automotriz deportiva, está patrocinando a nuestra selección— se jactó Zhao con orgullo.
—Pues… el Mundial de Futbol, se jugará en mi país, en Japón, ya debe saberlo. ¿Planea asistir?— preguntó el japonés, cada vez más emocionado.
—No, no lo haré, tengo muchas otras que hacer… espera, tú…
—Sí señor, yo tengo que volver a mi país. Mi selección me ha convocado para unirme al equipo y no puedo fallar. Verá, yo quiero que a ese evento… Jin me acompañe— comentó entonces Aoi, Zhao estuvo a nada de irse de espaldas del sofá— Y por eso, mi trato es el siguiente. Si permite a Jin viajar conmigo a Madrid y yo la regreso a Milán sin un cabello menos de su cabecita, entonces, acudirá al partido de cuartos de final en unas semanas… Si gano, Jin podrá viajar conmigo al Mundial, por haber ganado y por cumplir mi palabra de llevarla a Madrid a salvo y de regreso… Pero si pierdo, aceptaré que no irá al mundial y que lo más que pude viajar con ella fue a Madrid… ¿le parece?—
—No te rendirás, ¿verdad? Aunque me niegue…— advirtió Zhao complacido, pues por primera vez, comenzaba a ver en aquel japonés, no a un niño, sino más bien, un digno muchacho digno de considerarse se yerno.
—No señor, no lo haré— aseguró Aoi.
—Sin un pelo menos Aoi… O juro que envió a Tao y a Lin por ti, de vuelta a Madrid para que encuentres ese cabello— le amenazó el padre de Jin, Aoi asintió y tras un par de veces de agradecer, finalmente salió de la suite, recibiendo ante su victoria, una ola de besos que Jin desperdigo por toda su cara.
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=Viernes… (11:00 AM)=
Aeropuerto Nacional de Milán=
—Muy bien, ¿estamos todos?— preguntó Gino con una sonrisa, antes de que comenzara el abordaje al avión que les llevaría a Madrid. En la sala de espera, los caso 17 miembros del equipo que viajarían al partido, estaban listos, enfundados en sus pants del Milán, con sus maletas de viaje y su equipo en ellas. Alice y Jin, también estaban ahí y aunque varios de los flashes que los reporteros que habían acudido a despedir al equipo reparaban en ellas, no armaban tanto revuelo como lo hubieran hecho antaño. Jin era la novia de Aoi y Alice salía con Gino por lo que la prensa estaba al tanto de todo… quizás, solo no sabían que lo de Alice y Gino ya era oficial.
—Pues entonces vamos— anunció el entrenador, comenzando con el abordaje. Los miembros del equipo se pusieron de pie y de dos en dos, fueron enseñando sus boletos y abordando el avión.
—Te ves nerviosa…— le dijo Alice a Jin
—Mamá murió luego de viajar… primero estuvo en un aeropuerto…— comentó Jin, enseñando su boleto a la azafata. Alice mostró el suyo y le pasó una mano por los hombros.
—No te asustes cariño, todo estará bien, no pasará nada, solo son dos horas y juro por Dios que antes de meterte en un avión, le digo a Aoi que envié a alguien a verificar los caminos— le dijo en una sonrisa para animarla, mientras ambas, abordaban por fin. Aoi y Gino tenían por supuesto que estar con el equipo, por lo que no podían viajar pegados a ellas, pero si, una fila delante de donde ellas estuvieran asignadas. Cuando el avión despegó, Aoi y Gino se entretuvieron contándoles sus experiencias anteriores en Madrid. Aoi había asistido solo una vez, pues antes de eso nunca se había enfrentado a los equipos españoles y Gino viajaría por tercera ocasión a las tierras madrileñas.
Las dos horas de vuelo pasaron volando, relativamente, y pronto el equipo entero se descubrió aterrizando en tierras españolas. A su llegada, Aoi y Gino volvieron a separarse de ellas, dejándolas completamente extasiadas con la cálida bienvenida que españoles, italianos viajeros, extranjeros presentes y la prensa les estaban dando, poco a poco, en su camino a la salida del Aeropuerto, los reporteros se fueron acercando a los chicos, haciendo una o más preguntas.
—Joven Gino, ¿qué tiene que decir respecto al partido de hoy?— preguntó un reportero en inglés, obviamente.
—No mucho, solo que hemos llegado con ganas y ánimos de jugar, decididos a vencer y avanzar a los cuartos.
—Díganos, joven Conti, ¿desde su punto de vista quién podría ser candidato a enfrentarse al Milán, si avanzan a finales?—cuestionó otro reportero.
—Bueno, justamente ayer, el Paris Sint Germain derrotó definitivamente al Porto, igual que el Bayern Munich al Lazio, con esos dos candidatos en la lista de posibles oponente, yo diría que el PSG sería una buena opción. El año pasado, no tuvimos oportunidad de enfrentar a ninguno de los dos, pero sea quien sea nuestro oponente, daremos lo mejor, por vencer y avanzar.
—Joven Aoi, joven Aoi— pidió una reportera española en inglés al japonés— ¿Algo que decir sobre el partido que esta tarde también disputará el Barcelona, conducido por su amigo Tsubasa Ozhora?
—Solo que le deseo muy buena suerte y sobre todo, que lo apoyo hasta al final. Dudo mucho que Tsubasa, vaya a dejarse vencer y mucho menos, estando como local.
—Usted ¿planea acudir al encuentro que se jugará en punto de las 8 en Barcelona?— preguntó otro reportero, captando la atención del japonés.
—Ciertamente no me lo había planteado… si el tiempo rinde, quizás podría asistir, de todas maneras, creo que no solo yo, sino todos los compañeros y amigos y claro, fanáticos de Tsubasa, miraremos el encuentro en televisión— respondió sin más, sonriente y muy optimista. Los reporteros se fueron abriendo camino y finalmente, el equipo siguió su camino al autobús que les llevaría a su hotel. Dado que los directivos y el entrenador viajarían en autos alquilados, Jin y Alice lograron colarse en el bus y viajar con sus parejas.
—Gino, Gino— le habló Aoi una vez que el bus se puso en movimiento. El rubio, sentado delante de él, dejo a media sus charla con Alice y miró por en medio de ambos asientos al trasero, donde Aoi y Jin estaban sentados.
—Dime Aoi…—
—Crees… ¿crees que podría ir a Barcelona luego del partido?— preguntó el japonés.
—Pero ¡qué dices! Son tres horas a Barcelona en tren… ¿Para qué quieres ir?— cuestionó el capitán.
—Pues… Tsubasa jugará el partido de vuelta contra el Manchester y me gustaría poder verlo, aprovechando nuestra estancia. Juro que iré, mirare y volveré por la mañana. Si son tres horas, puedo llegar a las 7 o quizás algo después si envió a alguien a comprar el boleto…— comenzó a decirle Aoi, pero Gino ya estaba negando con la cabeza.
—No seas malo… déjalo ir— le pidió Alice, conmovida por la emoción del japonés.
—Pero… ¿trajiste a Jin para dejarla sola?— inquirió el rubio.
—No, ella vendrá conmigo. ¡Será increíble poder presentarle a Tsubasa!— exclamó Aoi, emocionado— Tú ¿Qué dices, Jin? ¿Te gustaría que fuéramos a ver a mi capitán?— preguntó a la china, Jin rió y asintió. Había escuchado muchas historias de Tsubasa y estaba deseosa de conocerle.
—Claro, me fascina la idea. ¿Podemos ir Gino?
—Ah… ¡está bien! Parecen críos… Pueden ir, pero los quiero aquí, en punto de las 9 de la mañana y no m harán tonto, el primer tren matutino sale a las 6 de la mañana, compraran los boletos de regreso de una vez. ¡Si se pierden! ¡Qué el señor Wang te corte la cabezota!—accedió el italiano, aun reacio— y solo para que conste, hasta que no te unas a tu selección, tú capitán soy yo— bufó. Aoi rió, pero no agregó nada, contento de que en ese viaje podría volver ver a un gran amigo.
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=Por la tarde… (03:55 PM)=
=Estadio Vicente Calderón=
La tribuna estalló en gritos de celebración y porras de ánimo. El marcador digital, brillaba con el rotundo 3-2 que el Milán había impuesto sobre el Atlético, en el estadio. El marcador global, anunciaba que el encuentro quedaba 5-2 en favor del equipo italiano. En la banca, los jugadores de reserva celebraban el pase a los cuartos de final, mientras que en el centro del campo el capitán del Milán y el capitán del Madrid, se daban la mano en señal de respeto y aprecio, prometiéndose, volver a enfrentarse con prontitud. Al salir del campo, Alice y Jin ya esperaban a Aoi y a Gino, listas con las buenas noticias, pues el encargado en conseguir los boletos para los asiáticos, había regresado ante de finalizar el encuentro, blandiendo cuatro boletos. Dos para el viaje de las 04:30 de la tarde y dos más para el viaje de las 6:30 de la madrugada. Ida y vuelta a Barcelona y claro, identificaciones para ingresar al estadio Camp Nou.
Tan pronto como Aoi se zafó de un reportero, dejó en manos de Gino y de Conti sus entrevistas, mientras corría a los vestuarios a cambiarse el uniforme y tomar su maleta. Había llamado a Tsubasa en su espera por el encuentro y notificado de su viaje, el capitán japonés, le había dicho que le esperaba ansioso en el encuentro y cómo no, en su propia casa para sí poder tener donde pasar la noche sin pagar un hotel. Aoi y Jin estaban encantados.
Cuando llegaron a la estación de trenes, el reloj anunciaba las 4:25 de la tarde, con tiempo correcto para subir y dedicarse a su viaje. Tan pronto como el tren partió, los paisajes españoles y las construcciones que admiraban los dejaban embelesados.
—Oye Aoi… pero… ¿cómo sabremos dónde ir? No soy buena en el inglés… y…— comenzó a decir Jin, pero Aoi tomó su mano y sonrió.
—Tranquila, yo sí hablo inglés y créeme he escuchado a Tsubasa hablando español, a veces se le sale por teléfono— se mofó el chico— No estoy tan perdido. Tranquila, le prometí a tu padre devolverte a Milán sana y salva y es justamente eso, lo que voy a hacer— prometió el japonés. Con aquellas palabras, Jin se quedó mucho más tranquila y disfruto de las horas restantes de viaje que les quedaban para llegar a Barcelona.
Cuando el viaje comenzaba a arrullarlos y el movimiento a mecerlos en un agradable sueño, Aoi y Jin se desperezaron rápidamente al notar que finalmente habían llegado a Barcelona. El reloj de la estación, anunciaba las 7:25 de la noche, 5 minutos antes de la hora que se suponía tenían. Contentos con aquel golpe de suerte, ambos chicos bajaron del tren, con una sola maleta de viaje que pertenecía a Aoi y en la que habían echado lo más necesario, cómo una muda extra de ropa y buscaron el sitio de taxis más cercano.
—¡Buenos noches!— les saludó el taxista en español.
—Good night— saludó Aoi, haciendo uso de su inglés, muy bien aprendido. El conductor lo miró un segundo confundido por el espejo retrovisor, pero finalmente, sonrió y asintió.
—Y bien… ¿a dónde vais? ¿Es vuestra primera visita?— preguntó el chofer.
—Pues… no hablo muy bien español— continuó Aoi en inglés— Pero… quisiéramos ir al campo del Barcelona…
—Sí, sí, estáis en Barcelona—respondió el chofer— Ya que vosotros sois una pareja, yo recomendaría comenzar su viaje por la Rambla…—
— Sorry... you know? (Disculpe… ¿me entiende?)—preguntó Aoi, algo desesperado por no comprender el idioma del chofer— Barsa the field ... we will see Tsubasa ... in the stadium not Rambla (Al campo del Barsa… veremos a Tsubasa… en el estadio, no Rambla— continuó.
—Sí, claro… a la plaza— dijo el chofer, poniendo el auto en marcha. Y finalmente, Aoi pensó que el chofer, le había comprendido.
—Me alegra que aprendieras Italiano, hubiera sido horrible, hablar así contigo…— le dijo el chico a Jin, que rió.
—Al menos ya estamos en camino—
—Sí, pronto verás al mejor jugador del mundo… te lo aseguro— prometió Aoi.
20 minutos después…
El chofer se detuvo. Cobró su pago y dejó a Aoi y a Jin en medio de un largo camino, bordeado por árboles adornados con luces, cercado por cafeterías, tiendas, florerías y en medio de un bullicioso tumulto de gente que disfrutaba de sus paseos, de aquí por allá, riendo, bebiendo cosas calientes, frías, en grupos, en familias, en parejas, simplemente disfrutando de una bella noche, en un bello lugar.
—No quiero ser mala voz, pero…— comenzó Jin.
—No es aquí. Aquí no hay ningún estadio…— se quejó Aoi mirando todo a su alrededor.
—Bueno, no puede estar muy lejos, ¿no?— preguntó la china en una sonrisa.
—Pues… espero que no, vamos, busquemos. Tenemos 15 minutos antes de que comience el partido…— Aoi la tomó de la mano y finalmente, comenzaron a caminar por aquel hermoso lugar que no se asomaba ni de lejos estar cerca del campo del Barcelona. Tras 15 minutos caminando, Aoi reparó en que…
—1. Estamos perdidos. 2. No tengo idea de dónde. 3. El partido acaba de empezar— se quejó Aoi desesperado.
—Tranquilo, busquemos alguien que nos oriente y… — le dijo Jin aparentemente tranquila.
—¡No puede ser! ¡Estamos perdidos!— exclamó el japonés, fuera de sí.
—No, solo tenemos que…
—¡Tu padre! ¡No te he pedido en Madrid pero si en Barcelona! ¡Mi suegro me va a matar! ¡Mañana a esta hora, seré pulga muerta! ¡Gino no dejará de regañarme y!
—Aoi…— Jin comenzaba a preocuparse, era claro que Aoi estaba en crisis, pero no lograba controlar la situación— Hey, ¡Aoi!— la chica se llevó dos dedos a la boca y haciendo gala de un gran truco, logró chiflar y llamar la atención de novio—Cálmate, nadie te matará y nadie te regañará. Encontraremos alguien que nos diga dónde está el Camp Nou…— justo entonces, un hombre que hasta ese momento, había estado charlando con una mesera y bebiendo café, en la terraza de una cafetería, se giró a ellos y habló en inglés.
—Hey ¿buscan el estadio?
—Este… sí, el Camp Nou— comentó Aoi, tratando de serenarse.
—Pues sí que andan lejos. De aquí al estadio, son como unos 20 minutos, eso, si van en carro. La tarifa es un poco alta, pero… ¡DIOS! ¿No eres tú, Aoi Shingo? ¿El del Inter de Milán?— preguntó el hombre, aparentaba unos 26 años y sus ojos brillaron al reconocer a Aoi.
—Este… pues hasta donde yo sé, sí, soy Aoi… ¿me conoces?— respondió el japonés.
—¡Hombre! ¡Soy tu fan! Adoro tu manera de jugar… ¡venga, por allá estacione el taxi! ¡yo les llevaré al campo! ¡y todo gratis, si me firmas un autógrafo!—
—Te doy hasta una camiseta, se me llevas— aseguró Aoi, con renovado entusiasmo, mientras seguía a aquel hombre donde el taxi y en menos de lo que pensaron, Jin y Aoi, fueron conducidos hasta el estadio e instruidos con un pequeño recorrido de turistas.
—Ustedes estaban en la plaza la Rambla, que es el mejor sitio para pasear de Barcelona. El estadio está al otro lado, pero bueno… ¡henos aquí!— les dijo el hombre en cuanto se estacionó frente al estadio. Aoi, se apresuró a sacar su camiseta de repuesto de la maleta, la que había metido desde que saliera el avión en Milán, por si cualquier emergencia. ¡Y vaya que había servido! Con un autógrafo y una camiseta del mismo Aoi Shingo, el taxista se despidió y les dejó.
—Bueno… pues ahora a entrar, el partido ya empezó, pero no creo que nos digan nada— le dijo Aoi a Jin, adentrándose en el estadio. El Camp Nou, hacía gala de su fama, dado que al ser la primera vez que Aoi estaba en él, las instalaciones le parecían por demás, preciosas. ¡Tsubasa sí que tenía suerte! Probaron su suerte en el palco, dónde Tsubasa les dijo que le pediría a Sanae que los ubicara y en cuanto tocaron, la esposa de Tsubasa, Sanae Nakazawa, actualmente Ozhora, les recibió.
—Vaya ¡por fin apareces, Aoi! Pensé que estabas perdido, si no llegabas en el medio tiempo iba a salir a buscarte. ¿Dónde has estado?— le regañó la ex porrista del Nankatsu. Su cabello castaño rozaba sus hombros y sus ojos cafés brillaban de enfado.
—Bueno, nos perdimos un poco, pero no perdí la calma— mintió el chico— Aquí estamos. ¿Qué tal va?—
—El marcador ha estado 5-2 desde el partido de ida, Tsuby esta…— entonces Sanae reparó en Jin y saltó sobresaltada— ¡Por el dios del soccer Aoi! ¿Qué no puedes ser menos despistado? Hola, tú debes ser Jin, soy Sanae, esposa de Tsubasa. Lamento no haberme presentado es solo…— comenzó la chica a disculparse. Jin la miró sin comprender y entonces, Aoi intercedió.
—Jin está aprendiendo inglés, no te entiende nada. Jin, ella es Sanae, la esposa de Tsubasa y una amiga mía…— declaró Aoi, Jin asintió y saludó. Resta decir que Aoi, hizo de traductor.
¿Qué otras sorpresas les quedaban en Barcelona?
Continuará…
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N/A:
¡Buenas! Pues, aquí yo, con la nueva actualización. Verán, que estaré fuera unos días y tan cerca de la final, no quiero flaquear. El día de mañana, traeré para ustedes el último capítulo y claro, el adelanto de la siguiente historia, no sé lo pierdan. ¿Quién será el siguiente japonés que sea víctima de mis invenciones? ¡Saludos a todas! Muchas gracias por su tiempo y claro, por sus hermosas palabras.
Con cariño, JulyPotter31.
—¡El balón es nuestro amigo!—
