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Al final de cuentas escribí un capítulo más antes de que dé por terminada esta historia, aunque es cortito.

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Disclaimer:

Los personajes de SAINT SEIYA no me pertenecen.

Yo soy fan de los Caballeros del Zodiaco desde los 9 años,

y es por este amor de fan que escribo y no para ganar dinero;

también escribo para hacerte pasar un rato agradable,

a ti estimado lector,

que pasas a leer mi divagación.

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REDENCIÓN

Lentamente el cielo medianoche va cambiando a una tonalidad menos oscura.

El nuevo día está iniciando con bastante lentitud, como si el Sol tuviese mucha pereza en extender sus cálidos rayos para desplazar a la noche.

El nuevo día está tardándose en llegar, así como Ikki en volver.

¿O será que es sólo su impaciencia?

- Ikki ya se tardó. – dice Hyoga.

Él ha permanecido recargado en la pared por diez minutos a la espera del regreso de Ikki y Shun.

Shiryu ha preferido esperar sentado en el sillón.

Hyoga voltea a ver a Shiryu al no tener ninguna respuesta de su queja.

Nota la extrema seriedad de él; o mejor dicho, nota su ceño fruncido, como si estuviese sufriendo una horrible tortura.

No debería sorprenderle ver que su amigo esté preocupado.

Shiryu puede mantener sus emociones en control, pero es humano, puede llegar a quebrarse también, y ya que su maestro murió, y también hubo muchos camaradas caídos, además de tener un amigo al borde de la muerte y otro desaparecido, no debería sorprenderle que incluso Shiryu está llegando al punto de quiebre.

- Ikki ya tardó en regresar. – vuelve a decir para captar su atención.

Pero no la consigue.

- Shiryu. – eleva un poco la voz.

- ¿Disculpa? –

- He estado hablándote, pero me has ignorado por tres horas. –

- ¿Tres horas? – no puede creerle lo que Hyoga le dice, así que voltea hacia la ventana y observa el avance del día – Sólo han transcurrido algunos minutos. -

- Pues a mí me parece que han pasado tres horas desde que Ikki se fue. –

- Tranquilo. – Shiryu vuelve a adoptar esa actitud de control – Probablemente Shun ni siquiera se encuentre por los alrededores, es por eso que Ikki ha demorado en volver con él. –

- Tienes razón, y como tienes la razón, entonces no entiendo por qué estabas tan preocupado. –

- Bueno… - no puede negar que no lo estaba, y tampoco quiere ocultarle nada a su amigo – Estaba pensando en Sunrei. –

Hyoga se queda pensando.

Él sabe que Sunrei fue abandonada por sus padres, cuando era una bebé, allá en las inhóspitas montañas de Cinco Picos, pero el Antiguo Maestro, el Maestro de Shiryu, la encontró y la educó como si fuese su hija.

El Viejo Maestro ha muerto y Sunrei continúa en Cinco Picos, sola.

Así que esa es la preocupación de Shiryu: quiere regresar a Cinco Picos para saber cómo se encuentra su amiga de la infancia, pero debe permanecer en Japón hasta que Shun vuelva de donde quiera que haya ido y a que Seiya despierte.

- Puedes ir a verla – Hyoga le dice a su amigo para quitarle esa carga pesada que lleva sobre los hombros por el hecho de ser un Caballero de Athena - cuando regresen Shun e Ikki. Nosotros tres velaremos el sueño de Seiya. –

Una pequeña sonrisa en el rostro del joven Dragón desplaza a la angustia.

- Gracias. –

Hyoga asiente contento de que Shiryu tiene una preocupación menos, aunque…

Ya que va a ir a ver a Sunrei, Shiryu se relaja: posa sus manos sobre su regazo y mira por la ventana esperando que los dos hermanos no demoren más tiempo.

… aunque percibe que hay algo que Shiryu no le ha dicho.

Hyoga mira hacia el suelo pensando qué más podría estar preocupando a su amigo.

Obviamente se trata de Sunrei, pero, ¿qué más podría relacionarse con esa chica?

Lo único que se le ocurre es que es un hecho que ella está sola allá en esas tierras lejanas.

Pues bien, es razón suficiente para preocuparse.

Shiryu puede ir a ver a Sunrei, pero tiene que regresar.

Hyoga vuelve a mirar a Shiryu. Piensa decirle que le pida a Saori que le permita traer a Sunrei a Japón. Ella podría vivir en el orfanato junto con Miho y Seika y les ayudaría en el cuidado de los niños.

Es una excelente idea, pero… no se anima a compartirla.

Ya no le dice nada a Shiryu.

Sunrei ha vivido en ese apartado lugar, lejos de la sociedad moderna, incluso lejos de otro ser humano que no hayan sido el Viejo Maestro y Shiryu.

Es muy probable que llegue a sentirse incomoda con las multitudes, los altos edificios, las estridentes luces y el bullicio propio de una ciudad moderna.

Shiryu puede visitar a Sunrei, pero al fin y al cabo, ella se quedará sola.

Siendo Caballeros, siempre existe el riesgo de morir en la batalla, y al morir cualquiera de ellos (o todos), no faltaría quien demarraría lágrimas por sus muertes: Seika y Miho llorarían por Seiya; Sunrei lloraría por Shiryu y Fler le lloraría a Hyoga; pero la única que se quedaría absolutamente sola en el mundo, sería Sunrei.

Hyoga suspira por lo bajo, entristecido por el destino que le espera a la linda chica de largo cabello trenzado.

Quizás hubiese sido mejor que el Viejo Maestro no la hubiese encontrado. Quizás hubiera sido mejor que alguna bestia hambrienta la hubiese encontrado y devorado que sufrir una larga agonía en total soledad, a menos que…

Una idea atraviesa la cabeza de Hyoga como un arpón.

Shiryu podría ir a Cinco Picos, y no regresar.

Athena le comprendería.

Sus camaradas le comprenderían.

Saori no le reprocharía nada.

Sus amigos le desearían felicidad eterna al lado de la chica que ama.

Hyoga se aparta de la pared y se acerca a Shiryu; pone una mano sobre el hombro de él.

- Ve a Cinco Picos. Nosotros nos ocuparemos de Seiya. –

Shiryu levanta la vista hacia Hyoga.

Eso ya se lo había dicho, entonces, ¿por qué tanta insistencia de parte de Hyoga por que vaya a Cinco Picos?

- Seiya es un terco. – Hyoga puede leer la duda que hay en el rostro de su amigo, así que sigue hablando - La terquedad es su mejor habilidad así que no morirá tan fácilmente. Ya verás que despertará en cualquier momento y junto con él, Ikki, Shun y yo protegeremos a Athena, y tú cuidarás de Sunrei. -

Shiryu le mira fijamente, como si le estuviera costando trabajo poder entender sus palabras.

Hyoga le sonríe para que sepa que ha hablado muy en serio.

Pasa un breve instante para que finalmente capte la importancia del asunto.

Shiryu simplemente baja la mirada.

Hyoga sabe que es una decisión nada sencilla, así que se aparta y va a sentarse en la silla que está al lado de la cama.

Ahora fija su atención en Seiya dejando pensando a un confundido Shiryu.

Aunque parezca imposible, Shiryu no sabe qué hacer.

Cuando era un niño, sabía que debía obtener la armadura del Dragón, sólo que, después de haber llegado a Cinco Picos, el obtener la armadura se convirtió, de una orden que le había dado la Fundación Graude, a un deseo que le pedía su espíritu.

Después de convertirse en Caballero, sabía que tenía que cumplir con un deber, un deber que, después de su primer enfrentamiento en el Torneo Galáctico y su primer encuentro con la Muerte, se volvió un compromiso.

Y batalla tras batalla, sabía que debía acudir a la guerra para proteger a su Diosa y pelear al lado de sus camaradas, y la posibilidad de morir al lado de sus amigos, se convirtió en un anhelo.

Pero esta vez, no sabe qué hacer.

Su anhelo de morir al lado de sus amigos se confronta con su deseo de regresar a Cinco Picos y no volver.

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En este fic estuve escribiendo un poco de cada uno de los cinco Santos de Bronce, y me faltaba Shiryu, y se me ocurrió que podría tratar sobre una duda que lo acosa: se queda con su Diosa o se va con la chica que ama.

Pensé en esto porque, después de leer el resumen que hay en Wikipedia sobre Next Dimension, hubo una parte que no me gustó del todo, de cuando Hyoga va a Cinco Picos por Shiryu porque tienen que ayudar a Athena y salvar a Seiya, pero Shiryu se niega, y Hyoga se pone muy triste.

Claro que en la Wikipedia no hay detalles, así que me di el permiso de divagar sobre lo que me hubiera gustado que pasara:

En vez de que Hyoga se sienta triste porque Shiryu ha decidido quedarse junto a Sunrei (y con alguien más), esté feliz por su amigo porque podrá hacer una vida normal.

Muchas gracias por leer y por tus comentarios.

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