Capítulo 9 – ¿De Regreso al Comienzo?

Sarah siente como si flotara. Sabe que tiene los ojos abiertos y todo está totalmente en tinieblas pero no siente temor. Sarah escucha la misma voz que la llama. Al principio parecer como si fuera solo un murmullo pero se acerca más y más.

– ¡Sarah! Aquí -

Sarah deja de sentir la sensación de flotar y sus pies caen al suelo como si alguien la hubiera puesto allí. Su alrededor se torna color gris y empieza a escuchar una caída de agua. – Debe ser una cascada. – pensó

- ¡Sarah! – vuelve a escuchar su nombre pero esta vez la voz más clara y voltea. Sarah se da cuenta que se encuentra en una parte del bosque. Ve la cascada y escucha los cantos de los pájaros. Empieza a caminar y siente la suave brisa y el aire húmedo.

Encuentra un tronco caído y se sienta en el.

- ¡Bienvenida seas a casa Sarah! – Sarah por fin puede ver quien la ha estado llamando. Parecía una jovencita menuda vestida con un vestido largo blanco, su cabello largo color naranja y una corona de flores en su cabeza. Sus facciones eran finas y su color de piel tan blanca como el marfil. Sus ojos eran particularmente extraños, Sarah pensó. Eran de color morado y realmente grande para el tamaño de su cara. Ella se sienta junta a Sarah y le sonríe.

- ¿Quién eres? -

- Soy Armonía. Sarah la ve con cara de confusión. – Soy una de las siete virtudes. Me has encontrado por que tienes ya madurez humana. Significa que ya aceptas las alegrías y las dificultades que conllevan tus propias decisiones.

- ¿Tu me trajiste aquí? –

- Bueno. Sí y no. – Sarah está más confundida. – Mira, estas aquí en el mundo Underground porque tú lo has deseado. Armonía hace una pausa y le pregunta - ¿Recuerdas la voz que te hablo cuando estabas en tu recamara y sentiste que te congelabas? Era tu Destino.

Sarah empieza a comprender. – Mis temores me hicieron paralizarme por un momento porque no quería aceptar la verdad. – contesta reflexionando en lo ocurrido. Yo pertenezco a este mundo. Mis emociones, memorias e imaginación crecieron al entrar a él. Jareth… – Sarah susurra su nombre.

- Ustedes son uno para el otro. Por eso tu Destino te trajo aquí. –

Sarah se queda callada y baja su cabeza. – El también te ama. Nunca lo dudes. - Armonía se levanta y le dice – Bueno tengo que irme. No te preocupes nunca que dejare sola. – Armonía empieza a caminar - Pronto encontraras otra virtud que te hará muy feliz. – le dice sonriendo. Antes de desvanecerse le dice – No te acordaras de nuestra conversación.

Mientras tanto en el Laberinto Jareth se despierta en su recámara al sentir que le pegan los rayos del sol. Al levantarse nota que se quedo dormido vestido y con sus botas. El trata de recordar que estaba haciendo la noche anterior pero sin ningún resultado. Al dar unos pasos siente que se marea. – Que raro, yo no acuerdo haber hecho ningún tele transportamiento. – Jareth se mueve con dificultad y abre la puerta de su baño y se prepara para un nuevo día de trivialidades.

Sarah se despierta en un cuarto adornado con mucha elegancia y buen gusto. El gran ventanal le dice que ha estado en cama más de medio día. Sarah se siente confundida, pero ella sabe que está en casa. Se sienta y acomoda las almohadas en la cabecera de la cama. Sonríe. No sabe porque, pero siente una gran felicidad en su corazón como que algo le dice: ¡Bienvenida seas!

En la Gran Corte de los Ancianos hay un gran tumulto. Algo ha pasado en el mundo Underground, el tiempo y espacio han sido modificados por una magia superior, nunca antes vista en la historia de este mundo mágico. Todos los ancianos se reúnen y van por el gran pasillo a consultar al Gran Maestro Místico Shaban. Al entrar a su aposento, encuentran al gran Místico en transe. Todos guardan silencio absoluto. – Se lo que buscan y no tengo la respuesta. Esto nos tomara un poco más de tiempo para saber lo que ocurrió. Lo único que podemos hacer es esperar. – El gran Místico se retiró a su celda y cerró la puerta. Los ancianos no hicieron ningún intento de detenerlo y se retiraron.

El Sr. Salvador Cueto, Sr. Santiago y la secretaria también han regresado al mundo Underground. - ¿Qué ha pasado? ¿Qué estamos haciendo aquí? – pregunta el Sr. Santiago

– No lo sé, pero parece que algo nos trajo de regreso a casa sin que nosotros hicieran ningún conjuro o el Gran Maestro nos llamara. – contestó el Sr. Salvador Cueto.

–Necesitamos ir a la Gran Corte… - dijo la secretaria cuando el Sr. Cueto le hizo una seña de que guardara silencio y les señalo que alguien los estaba espiando.

–Tenemos que ser cautelosos, estamos en una parte del bosque que no conocemos bien –contestó el Sr. Cueto hablando casi en secreto.

Los tres empezaron a caminar hacia la ciudad de los Místicos. Vigilando que no fueran seguidos por el o los que los estaban espiando.

– ¿Los vamos a dejar ir así de fácil? –

–Sí, necesitan llegar con el Gran Maestro –

– ¿No crees que es peligroso que no les hayamos borrado sus memorias?

–No, lo que saben es una pequeña parte de este rompecabezas. No nos afectara en nada; lo importante es que Sarah esta aquí. Además, borrar sus memorias es algo simple. Vamos, tenemos que reunirnos con nuestras demás hermanas.

–Sabiduría ¿Cuándo nos vamos a presentar todas con Sarah? –

–Todo a su tiempo Armonía. Jareth y Sarah han tenido que esperar mucho tiempo para lograr que sus destinos se unan. –

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La puerta de la recámara de Sarah se abre lentamente y aparece el ama de llaves con una charola. –Buen día Lady Sarah ¿Cómo amaneció hoy? Espero que haya descansado de su largo viaje. Me preocupe mucho porque anoche ni siquiera quiso cenar. –

–Estoy bien Selina, no te preocupes –

–Ya sabe cómo me estreso cada vez que visita a su tía Lady Catherine Vandenhoff. El camino hacia esa provincia es muy peligroso. –

–Sí lo sé, pero como puedes ver no me pasó nada. Además, no me regresé sola, me acompañó Lord Wallace. –

–Sí, el gran amigo de su padre, ¡Siempre tan amable! Y como la a ayudado a usted señorita desde que trágicamente su padre Lord Williams, Lady Karen y el pequeño Toby fallecieron.

Sarah no le contesta y la señora Selina se siente incómoda por el comentario. – Disculpe usted Lady Sarah, no fue mi intensión hacerla sentir mal. –

–No, no me siento mal. Solo estaba pensando cómo pasa el tiempo. Ya son ocho meses del trágico accidente – Sarah exhala profundamente.

Continúa…