—Formen una fila —mandé a los alumnos de Gryffindor que bajaban al vestíbulo.
—Muy bien señorita Malfoy, intégrese usted también— me ordenó la profesora McGonagall una vez que los alumnos estuvieron acomodados en perfectas filas para proceder a inspeccionar a cada alumno con ojo crítico —. Weasley, ponte bien el sombrero— demandó a un desalineado pelirrojo—Patil, quítate esa cosa ridícula del pelo.
Parvati refunfuño por lo bajo mientras se quitaba una enorme mariposa de joyas incrustadas, con la cual pretendía atraer a los chicos de los otros colegios, según escuche anoche le decía a Lavander.
—Síganme, los de primero al frente— nos instruyó una vez que hubiera revisado a todos los alumnos.
Bajamos la escalinata del vestíbulo uniéndonos a los alumnos de las demás casas, nos alineamos enfrente del castillo, el sol ya empezaba a ocultar anunciando una noche fría y despejada.
—Ya casi son las seis, ¿Cómo piensas qué llegaran, Harry? ¿Crees que lleguen en tren?—preguntó Weasley.
—Tal vez, o a lo mejor llegan en escobas.
—Quizás usen un traslador, ¿Pueden aparecerse?
–No sé, puede ser que en sus países este permitido aparecerse antes de los diecisiete años.
—Ustedes sí que son unos ignorantes, nadie se puede aparecer dentro de los terrenos de Hogwarts. —comenté irritada por su estúpidas suposiciones. Ambos me miraron azorados para proceder a reclamarme cuando el grito animado de Dumbledore los irrumpió.
— ¡Ya vienen los representante de Beauxbatons!
Los alumnos observaron curiosos a su alrededor sin encontrar nada, la decepción comenzaba a pintarse en su cara cuando alguien volvió a exclamar.
— ¡Por allí!
Una cosa muy larga, parecida a un carruaje comenzó a asomar desde el bosque. Las tres primeras filas de alumnos dimos unos pasos hacia atrás al observar que el objeto mostraba intensiones de aterrizar cerca de nosotros. Al verlo de cerca confirme que efectivamente era un carruaje y su tamaño era más grande de lo que suponía, me sorprendí por su exquisito diseño, era una carruaje azul pálido con molduras en oro de hadas y sirenas adornándolo, en la puerta se podía observar el escudo de Beauxbatons, dos varitas cruzadas con tres estrellas que salía de cada una, los caballos alados que tiraban de él eran unos magníficos y hermosos ejemplares de color tostado.
Del carruaje salió una mujer enorme, que debía ser mitad gigante como Hagrid, porque no había otra explicación lógica para su gran tamaño; a pesar de ello su rostro era delicado, poseía unos ojos negros y cristalinos, el cabello lo llevaba en un recogido romántico que la hacía lucir elegante.
—Mi quería Madame Maxime —saludo Dumbledore tomando su mano y depositando un beso en ellas, el tamaño de la mujer era tal que el director ni si quiera tuvo que hacer el mero intentó de inclinarse.
Detrás de ella surgieron una docena de estudiantes que se posicionaron al lado de su directora, los todos alumnos de Beauxbatons portaban ligeras túnicas azules de seda y en especial las chicas portaban sombreros de alta costura inclinados.
— ¿Ha llegado ya Karkaov?— preguntó la mujer enorme con acento francés.
—No creo que tarde ¿Prefieren esperarlo aquí para saludarlo o prefieren ponerse cómodos dentro del castillo? —preguntó Dumbledore.
—Lo esperaremos —contestó Madame Maxime obteniendo miradas suplicantes de sus alumnos que tiritaban de frío, al ver que no surtían el menor efecto en sus directora se acomodaron inmediatamente en una fila en espera de que llegaran los alumnos de Durmstrang.
Yo observaba atenta, esperanzada y con el corazón latiéndome fuertemente contra las costillas, no podía dejar de pensar que en cualquier momento podría llegar el transporte de Durmstrang y con él mí amado hermano. Todos mirábamos ansiosos el cielo, llenos de un silencio expectante en el que sólo se escuchaban los bufidos de los enormes caballos de Beauxbatons.
— ¿No escuchan algo?—preguntó la Weasley menor.
Como si quisiera confirmar sus palabras se oyó un sonido de succión, como si grandes cantidades de agua fueran drenadas.
— ¡El lago, miren el lago!— gritó una voz conmocionada que no supe identificar.
Nuestra vista se dirigió al lago en el cual se comenzaban a dibujar violentas olas, después se formo un gran remolino que parecía tragarse todo a su alrededor. Lenta y de forma majestuosa, comenzó a emerger un gran barco de la negrura del agua, brillando de forma fantasmal contra la luna. Las velas roídas y las ventanas de los camarotes resplandecían con luz traslucida dándole un aspecto irreal, eran como ver el cadáver de un gigante resucitado. Un sonoro chapoteo como el croar de una gran rana se escucho cuando el barco salió a flote en su totalidad, se balanceó de forma turbulenta creando olas aún más grandes y violentas que las primeras, cuando el barco estuvo al fin establece comenzó a surcar el lago de forma rápida hasta posicionarse en tierra, momentos después se escucho una gran ancla ser arrojada.
Los alumnos empezaron a desembarcar en forma ordenada, yo observaba desde lejos ansiosa de reconocer a Marvolo aunque a tal distancia era una tarea imposible ya que todos los alumnos tenían las mismas grandes capas de piel que los cubrían y los hacía parecer idénticos.
— ¿Cómo va todo Dumbledore, viejo amigo?— preguntó un hombre que usaba una capa de piel plateada.
— ¡Estupendamente! — contestó el profesor sonriendo con alegría.
—Maxime, un gusto verte— saludó el recién llegado haciendo una pequeña reverencia a la gran mujer.
—Bien, ya que estamos reunidos podemos entrar a Hogwarts— pidió la directora al ver que sus alumnos no soportarían más el frio.
— ¡Pero sí la noche está tan cálida!—exclamó sorprendido el director de Durmstrang.
Por respuesta la mujer le lanzó la misma mirada que se le lanzaría a un enfermo mental, poniendo en evidencia la diferencia entre lo que cada uno consideraba como frío.
—Madame Maxime, tiene razón ya es hora de que nos pongamos cómodos dentro y según me parece ambos tienen un espectáculo interesante que presentarnos.
Todos los alumnos comenzaron a entrar, yo ajena a ellos observaba atenta hacia los alumnos de Durmstang, buscando a mi hermano cuando terminé de ver a todos, el corazón se me destrozó, entre ellos ¡No estaba mi hermano!
El dolor fue tal que me quede paralizada, sin poder articular ni una palabra y mucho menos llorar ¿Por qué él no estaba allí? Necesite de un esfuerzo sobre humano para moverme y llegar al gran comedor con los demás Gryffindors.
—Demos la bienvenida a nuestros queridos invitados, el colegio Beauxbatons— proclamó Dumbledore.
De forma inmediato comenzó a entrar la comitiva de Beauxbatons, las chicas bailaron de forma espectacular y elegante, soltando a cada suspiro unas hermosas mariposas, al final de las chicas entró de forma majestuosa la Directora, hizo una leve reverencia a nuestro Director y se colocó en la mesa de profesores, así mismo los alumnos franceses se colocaron en la mesa Ravenclaw donde fueron bien recibidos.
—El colegio Durmstrang—anunció el Director al otro colegio.
Al gran comedor entraron algunos muchachos, altos y fuertes, quienes comenzaron a hacer acrobacias con un báculo, para al final soltar una llamarada que tomo forma de dragón y se extinguió convirtiéndose en un fénix. El director de Durmstrang hizo su aparición luciendo de manera imponente, hizo una leve reverencia hacia Dumbredore y también tomo asiento en la mesa de profesores. Los alumnos de Durmstrang se instalaron cómodamente en la mesa de Slytherin.
Yo observe todo de manera estoica, sin darle la más mínima importancia, lo único que quería era que todo terminara y confinarme en mi habitación hasta los finales de los tiempos.
—Buenas noches, damas, caballeros, fantasmas y muy especialmente a nuestros queridos huéspedes —dijo Dumbledore, sonriendo. — Es para mí un placer darles la bienvenida a Hogwarts. Deseo que su estancia aquí le resulte confortable y placentera.
Ante las palabras del director las alumnas de Beauxbatons, que se abrazaban así mismas por el frío, soltaron un bufido despectivo; en cambio, los alumnos de Durmstrang se mostraron más felices y procedieron a quitarse las capas.
—El torneo quedará oficialmente abierto al final del banquete— explicó Dumbledore— ¡Ahora disfruten, coman y beban!
Estaba en el comedor, moviendo con mi tenedor la comida de un lado a otro sin ánimos ¿Por qué mi hermano no estuvo entre los alumnos que bajaron de barco?, ¿Acaso no había venido?, ¿Le había sucedido algo? ¿Había entendido mal su mensaje?, las preguntas no dejaban de atormentarme.
— ¿Puedo hablar, contigo?— me pregunto una chica sentada a mi lado de la que ni siquiera me había percatado. Al alzar la vista no pude menos que sorprenderme por su belleza, sus ojos color ámbar se veían adornadas por unas muy tupidas pestañas, su cabello cenizo formaba suaves ondas, su piel era pálida pero sin darle un aspecto enfermizo, sus labios eran delgados y su nariz perfilada. —Es sobre Marvolo, él me pidió hablar contigo.
De inmediato me fije en su túnica color roja sangre perteneciente Drumstrang, de la que no había percatado anteriormente al estar tan anonadada por su belleza.
— ¿Dónde está él?— pregunté ansiosa en susurros, observando que su sola presencia nos hacía resaltar y estábamos llamando demasiado la atención.
—No se sintió bien, él quería venir a verte ya sabes lo terco que es pero el director se lo prohibió, en verdad tenía muy mala pinta— al observar mi cara de horror agregó—No te preocupes le pasa muy a menudo.
La preocupación anterior dio paso a la molestia ¿Por qué hablaba con tanta confianza de "mi hermano"?, ¿Qué relación tenía esa chica con él?
—Él quiere encontrarse contigo a escondidas, cuando bajamos vi un bosque ¿Crees que sea un lugar lo suficientemente privado?
Ella se refería al bosque prohibido, el cual estaba lleno de criaturas tenebrosas, era el lugar más peligroso de la escuela pero mientras no nos adentráramos mucho suponía que no había tanto problema, así que asentí a su pregunta.
—Perfecto, Marvolo te verá allí a las doce— se puso de pie rápidamente y abandono la mesa de Gryffindor dirigiéndose a la mesa Slytherin, mientras la miraba observé que no era la única que la seguía con interés, casi toda la escuela tenía sus ojos puestos en ella.
—Es tan bonita—suspiró Weasley a mi lado con voz boba a la vez que Potter asentía. Yo los observé furiosa preguntándome si Marvolo se comportaría de la misma forma que ellos ante su irrefutable belleza, de solo pensarlo sentí un fuerte retorcijón en mis entrañas.
Al terminar la cena los señores Bagman y Crouch tomaron asiento junto a los profesores. Dumbledore se levanto, ocasionando que todos lo observaban emocionados y nerviosos.
—Ha llegado el momento—anunció Dumbledore. — El torneo de los tres magos va a dar comienzo.
Dumbledore procedió a explicar las reglas de torneo, yo apenas y ponía atención a lo que decía, preguntándome sobre la identidad de la chica de Durmstrang, debía ser muy cercana a Marvolo como para que él le pidiera un favor con lo orgulloso que era, la sola idea de que existiera una persona más cercana que yo a Marvolo, me causo un gran malestar y dolor.
El director terminó su explicación y aunque no había puesto mucha atención capte lo esencial, los elegidos como campeones serían elegidos por medio de un cáliz, donde los candidatos pondrían sus nombres, Dumbledore había colocado una hechizo para evitar que alumnos que no fueran de sexto y séptimo pudieran arrojar su nombre al cáliz. Ya elegido los campeones estos se someterían a tres pruebas las cuales serían calificadas por los jueces de torneo, conformados por los directores de los tres colegios, el señor Bagman y Crouch.
Ya en mi habitación me pregunté cual era la mejor forma de salir de castillo sin que nadie me viera, hasta que finalmente decidí usar un hechizo desiusionador, aunque corría el riesgo de que algún profesor se diera cuenta, era la mejor opción.
Recorrí el castillo casi en penumbras temiendo que la luz de mi varita me delatará, por suerte poseía aquel extraño mapa que confisque a los gemelos Weasley una noche en que los pille merodeando cerca de las cocinas, y que convenientemente había olvidado entregar a mi jefa de casa.
No pude evitar relajarme cuando al fin salí del colegio, pasé rápidamente por el ostentoso carruaje de los franceses encogiéndome de frío pero sin permitir que eso disminuyera mi marcha, llegué al principio del bosque y mi corazón se detuvo unos instante al observar una figura varonil en la entrada del bosque prohibido.
Sus ojos eran grises y lánguidos, adornados por espesas pestañas, su figura era alta y gallarda, su cabello negro se fundía con la noche, su nariz perfectamente recta le daba un toque aristocrático, sus labios con las comisuras ligeramente caídas creaban en su rostro la encarnación de la melancolía.
Lágrimas de felicidad comenzaron a fluir de mis orbes y sin la menor duda corrí a su encuentro, lanzándome sobre él, quien me recibió con sorpresa y de inmediato entendí el porqué, había olvidado deshacer el hechizo que traía puesto y seguramente no me había visto venir.
— ¿Tan ansiosa estabas de verme?— preguntó de forma juguetona mientras él mismo me quitaba el hechizo desilusionador. Ni siquiera fui capaz de procesar sus palabras, me hundí entre sollozos incomprensible en su amplio pecho tan diferente al que recordaba, sus brazos varoniles me apretaban contra sí como si temiera que en cualquier momento me fuera a esfumar—Has crecido mucho, te has vuelto muy hermosa. — comento tocando mi rostro y acariciándome suavemente las mejillas con las puntas de los dedos.
—Marvolo…—suspire, él también había crecido demasiado, sí antes la diferencia en nuestra estatura era apenas perceptible ahora no era así, le llegaba por debajo del hombro y tuve que elevar la cara para poder ver mejor su rostro, observando que de cerca sus ojos parecían plata liquida y sus labios eran de un rosa pálido que hacía resaltar sus perfiladas facciones. Así como también note su tez mortalmente pálida —. ¿Estás bien? Estas muy pálido—pregunte preocupada, al recordar lo que la chica me había dicho.
—No te preocupes, estoy bien.
—Esa chica dijo que no fuiste a la ceremonia de bienvenida porqué te sentías mal— comenté.
— ¿Cuál chica?
—Tú compañera rubia—espeté fastidiada, recordando su hermosura y mí molestia por la relación aparentemente cercana que tenía con mi hermano.
— ¿Estás celosa?
—No, sólo es curiosidad, cómo para que tú le pidieras que me diera un recado tuyo deben ser muy cercanos ¿No?
—No te preocupes nadie tomara tú lugar, yo siempre te he pertenecido— contestó volviéndome a abrazar—. Además ¿No eras tú la que me pidió que hiciera amigos? — añadió, sin darme oportunidad de reclamarle algo ya que tenía toda la razón, como siempre solía tenerla.
—Pues tu amiga es una chica muy bonita, hoy al verla la mayoría de chicos se comportaban como unos idiotas por ella, pero tú nunca harías algo como eso ¿Verdad?—comenté como no queriendo la cosa.
—Te equivocas — fruncí el seño ante su respuesta y él rió suevamente, mi corazón dio un brinco al escuchar tan melodioso sonido. —Alexei no es una chica, es un chico.
— ¿Un chico?— espeté confundida recordando nuestro encuentro y sin dar crédito a lo que mi hermano decía.
—Su madre es una veela —contestó disipando mis dudas, eso era el por qué de su aspecto andrógino y su tan deslumbrante belleza. —Al ser varón sólo heredo ese rasgo.
—No hay veelas varones, los descendientes varones no pueden heredar ninguna habilidad mágica de ellas, sólo sus facciones estéticas — completé la explicación de mi hermano y ambos sonreímos al darnos cuenta que aquella conexión que nos hacía comprender lo que el otro pensaba antes de decirlo seguía allí.
—Es bueno saber que no has cambiado, tenía miedo de que cuando te volviera haber hubieras cambiado tanto que ya no te reconociera.
—Yo siempre seré tu Hermione, hermano—respondí tratando de reconfortarlo—. Pero no trates de desviar el tema ¿Qué es lo que te sucede?
—Todo comenzó como pequeñas migrañas que desparecían tras beber pociones, pero últimamente ni siquiera las pociones me alivian a veces sufro ataques de migraña que me dejan exhausto e incapacitado para poder si quiera asistir a clases.
— ¿Sigues teniendo pesadillas?— pregunté observando más de cerca su rostro y notando las tenues ojeras que resaltaban en él.
—Sí, pero no quiero hablar de eso ahora que por fin estamos juntos.
—Tienes razón, lo siento — me disculpé—. Es solo que no puedo dejar de preocuparme por mi amado hermano — respondí elevándome en puntillas para poder acariciar sus mejillas las cuales estaban heladas, por lo qué dejé allí mis manos tratando de transmitirle un poco de mi calor.
—Yo también me preocupo por ti, por eso es hora de que nos despidamos — yo realicé un leve puchero a lo que él respondió besando mi coronilla — Ya es muy tarde y tienes que dormir.
—Marvolo, tengo algo que pedirte antes de irme— él asintió incitándome a continuar a lo que solté un suspiro temiendo su reacción — Creo… qué sería conveniente…que no nos presentáramos como hermanos.
— ¿Es por tu amigo? — Yo afirmé con la cabeza apenada — No hay nada que pueda negarte Hermione, aunque no esté de acuerdo lo haré.
—¡Eres el mejor hermano del mundo!— exclamé hundiéndome nuevamente en su duro pecho, tratando de grabar su aroma y calor en mi cuerpo. Él me sostuvo fuertemente a la par que hundía su nariz en mi cuello provocándome un delicioso cosquilleo.
— ¿Aún lo tienes?— preguntó al observar el colgante que traía puesto.
—Es algo que tú hiciste, jamás me desharía de él.
—Aún no me creo que esto sea real — proclamó desesperado y pegándose más a mí de forma posesiva, yo me aferre a su espalda igual de ansiosa que él, tanto tiempo de añoranza y por fin estábamos juntos ¡volvíamos a estar completos!
Nos mantuvimos un largo tiempo abrazados, sin decir nada más sumergidos en nosotros mismos hasta que mi hermano volvió a sugerir que era tarde y deberíamos ir a dormir, lo cual me hizo dibujar nuevamente una mueca. No quería separarme de él, quería que durmiéramos juntos como cuando éramos niños; sentir su cálido cuerpo contra el mío, su suave respiración en mi nuca y sus tersas manos aferradas a las mías.
—Mañana podremos hablar más, por ahora debe ser suficiente para los dos. — razonó conmigo al despedirse en la entrada del castillo.
Por respuesta me volví a colocar de puntillas y rocé sus labios de manera casta con los míos con tanta naturalidad que me sorprendió. A pesar de que era un gesto intimó que en el pasado mostraba nuestro cariño no pude evitar cuestionarme si ahora que habíamos crecido podíamos seguir haciéndolo, recordé otros modos que adoptábamos entre nosotros y que en nuestra infancia muchos adultos consideraban tierno, ahora que éramos mayores ¿Lo considerarían igual de tierno? ¡No claro que no, ellos lo considerarían cualquier cosa antes que tierno!
Mientras me dirigía a hacia mi dormitorio ese pensamiento fue sustituido rápidamente pasando a segundo plano, al recordar las pesadillas que en la niñez embargaban los sueños de mi hermano, donde unos ojos rojos como rendijas lo observaban y unos colmillos de serpiente lo desgarraban. Esas noches eran las únicas en que mi hermano se mostraba tan vulnerable y era la principal razón por la que me escabullía hacia su cama, en busca de apaciguar su dolor.
Antes de dormir me prometí buscar junto con él un alivio para lo que le estuviera pasando, estaba segura que uniendo nuestros intelectos encontraríamos la solución. Una sonrisa bobalicona adorno mi rostro, la cual estaba segura que no desparecía en toda la noche a pesar de estar dormida.
Al fin la reunión de Hermione y Marvolo, y si tenían dudas después de estas escenas lo confirmó, pienso hacer un romance entre hermanos. Pero no todo es lindo y maravilloso, primero estarán el tabú que deberán romper y después los raros sueños de Marvolo que como bien intuyen sólo pueden apuntar hacia una persona.
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