Edward Pov:

Marcos se había esmerado seriamente en darme a la charla toda la noche. Contaba anécdotas, simples historias que él y su hermana habían vivido, y a través de sus simples palabras podía notar que no la odiaba tanto como decía hacerlo.

- ¿Sabes? Se me ocurre que Vane podría cantar en escenarios y todos la amarían – Habló él, con unas lucecitas de esperanza prendidas en sus lunares ojos.

- ¿Por qué? – Pregunté. Sinceramente, no le veía lo que pudiera ganar alguien como ella en algo como eso.

- Porque su voz es celestial. Y no bromeo para nada – Dijo él, alzando sus manos. – Tiene una especie de…Como decirlo...Control Mental. – Hizo una mueca. Al ver mi cara de asombro y terror – No te preocupes, yo no lo uso. Es un don heredado de familia. Tenemos muchos dones aparte del fijo.

Ellos tenían, aparte de tantos dones, una habilidad increíble para todo lo que tenía que ver con el combate. Era simplemente increíble lo bien que se manejaban solos. Siendo apenas adultos.

- Desearía tener una guitarra eléctrica ahora. Luego me compraría una de repuesto para estamparla en el querido piano de Vane. Me tiene harto. – Se tapó los oídos, como si se estuviera protegiendo de algún ruido molesto. Fruncí el ceño. – Después un tigre para adiestrar y proteger de Nicole. Y…

- Espera hasta navidad – Bromeé, sonriente, ya que él iba a proseguir sin ningún tipo de problema con su lista de deseos. Pero, al decir eso, la mirada de mi acompañante se volvió dura y iracunda, furia contenida.

- Marcos… ¿Qué te… - Pero no me dejó terminar, porque me interrumpió con voz dura y maligna, totalmente diferente a la voz alegre que lo caracterizaba.

- Dame un minuto. – Dijo, alzando la mano como si detuviera algo. Su respiración era más rápida, como si se estuviera conteniendo de algo malo. Luego de unos minutos, exhaló un largo suspiro y dirigió su mirada borgoña hacia mí – No vuelvas a mencionar eso. – Me advirtió, mirándome de manera algo diferente.

- ¿Qué tiene la navidad contra ti? – Le pregunté. Se veía tan…enfadado.

- No sabes nada, por lo que veo. – Afirmó, tocándose ligeramente la barbilla, como si considerara algo.

- ¿Qué no sé?

- La historia – Habló con benevolencia, y pasó la mano por el aire, como si hablara de algo sumamente importante – Nuestra historia.

- ¿Qué ocurrió? – Pregunté, interesado. Nunca me habían contado nada, yo era como…El invitado no deseado de esta casa y mi familia no salía nunca de sus respectivas habitaciones. Solo tenía a Marcos conmigo.

- Creo que te han dicho el día en el que todo pasó. Bueno, aquí va la historia – Su voz cambió a narración, hablaba como si relatara la razón de la existencia del universo, con benevolencia y respeto hacia su historia. – En el siglo XVIII, 1876 para ser exactos, En Londres, Inglaterra, se alzaba el castillo de la Familia Van Helling. La familia era muy adinerada, con clase y era muy respetada en la sociedad en ese tiempo. Pero no era una familia cualquiera. Jonathan Van Helling, era el dueño de esa mansión, con su esposa Marie Jane Van Helling, que ambos eran vampiros. Jonathan se enamoró de esa bella humana hace poco tiempo, y fue convertida para ser la reina. La Familia Van Helling representaba la realeza vampírica, desde el comienzo de los tiempos. En ese año, nació su primera hija, a la que llamaron Vanessa, porque ese nombre significaba: estrella brillante, lo que parecía haber en sus ojos, que eran diamantinos como habían sido los de su madre en el tiempo que conservó su humanidad. La pequeña no parecía tener ningún rasgo de la apariencia vampírica, parecía una humana común y corriente. Lo mismo ocurrió con su segundo hijo, a quien nombraron Marcos, como el difunto hermano de su padre. Los años transcurrían bien, los niños no parecían tener nada fuera de lo normal, excepto una fuerza algo más avanzada, algo más de velocidad que la normal, y unos colmillos algo excedidos, pero nadie notaba realmente eso. Pero, cuando cumplí mis 16 años, mi hermana conoció a un muchacho, uno que, en secreto, era parte de una organización que planeaba derrocar a nuestro reino, se clasifican como los "Malos". El chico, un vampiro espía, se hizo muy amigo de Vanessa, quien no reconocía lo que eran, ni sabía de la existencia de nuestra especie. Ninguno de los dos lo sabía. Hasta la navidad del 1895. Ese día Alexander, como se llamaba él, había planeado atacar el castillo y secuestrar a los únicos vampiros que allí se hallaban, nuestros padres. Esa misma noche, la noche buena, atacaron el castillo. Nos contaron de un modo brusco la historia e intentaron llevarse a nuestra única familia, pero la consecuencia fue que nuestra parte vampírica, que había sido ocultada por años, saliera a flote para quedarse allí. Fue doloroso, nos brotaron unos colmillos enormes, unas garras de más de siete centímetros, y de nuestros ojos brotaba sangre. Lo que ves ahora en mí – Dijo señalándose – Es solo una parte, no muestro todo mi ser con esto, pero así soy, básicamente. Esa noche, intentamos acabar con todos, Vanessa y yo poseíamos increíbles dones, y fácilmente acabamos con la mitad de todo el ejército, pero Alexander logró inmovilizarnos, clavándonos una estaca demasiado cerca de nuestro corazón, ahora inmóvil. Lograron escapar, y para nosotros fue demasiado tarde para salvarlos. Ángela, la protectora que nos había otorgado nuestro padre, nos quitó la estaca cuando estábamos algo inconscientes, pero nunca más volvió a aparecer. Desde ese día, dedicamos nuestras vidas a buscarlos, pero encontramos a los pocos días, este lugar, nuestra mansión, en los terrenos escondidos de Estados Unidos, un buen lugar, algo parecido a nuestra época, sin autos, sin ruido de construcciones, bosques. Era el lugar ideal para nosotros, este pueblo es muy antiguo. Muchos se nos han unido en esta búsqueda, algunos humanos que fueron convertidos, y otros vampiros y criaturas que estaban dispuestos a ayudarnos en esto. Así fuimos creciendo, nuestro grupo. Pues ahora Vanessa está enamorada, así que tiene un esposo cuando me destroce. Ya que la tradición dice: "Si un rey tiene dos hijos, el más fuerte de ellos vencerá y tomará el poder". Estoy seguro de que ella ganará. Es mucho más fuerte y merece el puesto. Cuando esto termine todo el mundo volverá a estar en paz. – Terminó, con una voz de respeto, y con una mirada perdida, como si estuviera rememorando toda su vida.

Estaba gratamente sorprendido. Lo mucho que habían pasado, el dolor que habían sentido.

- Siento haberte incomodado, Marcos – Le dije sinceramente. Tenía muy buenas razones para enfadarse por ello. Y luego de dos siglos no había visto a su única familia.

- No te preocupes, amigo – Me dedicó una enorme sonrisa. – Me da gusto que te tomaras el tiempo de escucharme. No muchas personas lo hacen.

- Es muy intensa la forma en que la cuentas. Eso atrapa la atención de la gente – Le expliqué. Su sonrisa se hizo más pronunciada.

- ¡Pues bien! ¿No te falta un poco para conquistar a Bella? ¡Ya vete! – Se echó a reír fuertemente. Le dediqué una enorme sonrisa. Me quedaban pocos días. – Puedes recoger unas rosas del jardín. Vane adora las rosas, pero no creo que se dé cuenta si agarras unas cinco o seis. – Hizo una cara divertida. Le dediqué una mirada cómplice y salí de su habitación, agitando la mano hacia él en forma de saludo.

Jack POV:

Me había ganado el premio a la idiotez. Bella estaba enojada conmigo, seguramente. Su maldito ex novio me ponía de los nervios. Lo odiaba, por aparecer, y por intentar quitarme al único amor que había tenido. Y para colmo, ahora debía disculparme con ella, solo por intentar protegerla de este…Vampiro inferior.

Bella había salido con Vanessa, para hablar de no sé que, en no sé dónde. Esperaba que los comentarios que Vane hiciera no sean malos para mi disculpa.

Dejé de pensar, cuando escuché la puerta de nuestra habitación abrirse, y la figura de mi hermosa diosa se asomó.

- Buenos días, Bella – Le saludé avergonzado. Esperé a que ella me dijera algunas verdades en la cara, pero lo único que ella hizo fue sonreírme, sin nada más.

- Buenos días, mi amor – Sonrió ella. Al escuchar eso, simplemente le sonreí, feliz de que ella no estuviera enfadada conmigo. Le extendí los brazos para que viniera conmigo a la cama. Se me había ocurrido una muy buena disculpa, estaba seguro que a ella le encantaría. Ella, sin más tardar, se aventó a mis brazos dando saltitos. La tiré a la cama, sin importarme donde cayera realmente, y empecé a besarla pasionalmente. (N/A: No soy buena con los Lemmons, así que no me maten) Ella parecía estar ansiosa, y ¿Quién no lo estaba, anticipando lo que ocurriría?

- Procura no gritar, tenemos visitas – Le advertí, sonriendo sensualmente. Ella asintió, sonriendo igualmente, provocando que me diera un paro cardiaco. Ella era una diosa que había bajado del cielo para alguien más, pero ese alguien no la había valorado como debía y me la había otorgado a mí, quien la había estado esperando desde hacía más de 80 años. Ella llevaba un pequeño vestido de tonos violáceos, le quedaba muy bien…

- ¿Sabes, mi amor? Ese vestido es muy bonito y todo pero…creo que te verías mejor sin él – Y riendo como desquiciado, cosa que me ocurría a menudo, se lo arranqué. Bella rió, siempre estaba dispuesta, cuando yo lo estaba. Ahora ella solo estaba con su bonita ropa interior, tan bonita que era totalmente innecesaria. De forma salvaje arranqué su sostén de su cuerpo, y ella gimió. Era totalmente excitante y adorable en ella. Bella, sin más tardar, me arrancó la camisa color negro que tenía puesto, lo que causó que le gruñera juguetonamente. Era tan divertido como placentero, aunque creo que este último le gana por mucho.

No tardamos mucho en deshacernos de de la poca ropa que nos quedaba, de verdad me daba igual quien nos escuchara, Vane se había acostumbrado y se había comprado mucho algodón para cubrirse los oídos. Al humano no le molestaba, le daba igual. Marcos simplemente se encerraba a tocar guitarra o simplemente se largaba de la casa.

Me ocupé de uno de sus pezones, mientras mi otra mano acariciaba el otro, ya que no deseaba que quedara sin atención. Los gemidos hermosos de ella resonaban por toda la habitación, hasta parecía un canto del cielo. Sus manos pasaban insistentes por mi espalda, casi rasguñándome. Sus ojos ardían en un fuego que solo yo comprendía, un fuego carmesí. Todos decían que nuestros ojos, los de nuestra familia, eran todos idénticos, pero yo los encontraba tremendamente distintos. Los de ella eran brillantes, no resplandecientes como los de Vane y Marcos, un brillo singular, único e irrepetible. Nunca había visto unos así.

- ¿Podemos ahorrarnos el juego previo? – Preguntó ella, sonriendo ligeramente, con sus ojos cerrados. Me eché a reír otra vez ante su impaciencia, y sin más tardar, la penetré.

Los dos soltamos un débil gemido, que se perdió en nuestras bocas. Era un delicioso vaivén, era el mejor momento del día para nosotros.

Pero siempre había una especie de concurso entre nosotros en este momento. La cosa era que el que se corría primero sería castigado con cosquillas o con un día de beber sangre animal. Era tortura a nuestro estilo. Por ahora iba bien, mis gemidos sonaban por toda la habitación. Ella no parecía que durara mucho.

- ¡Más! ¡Si no quieres que te mate hazlo más rápido! – Sus ojos carmesíes brillaron en furia y pasión.

- Claro que sí, cariño – Le respondí, sonriente. Aceleré mis estocadas, ella estaba empezando a gritar, alguien que pasara diría que estábamos asesinando a alguien, y eso no sería novedad. Y, como era de esperar, sentí sus paredes apretando mi miembro, me estaba asfixiando, muriendo de placer. Y, por supuesto, yo gané el concurso, sintiendo como la delicia de un orgasmo por parte de ella bañaba mi miembro. Luego la seguí, y ella suspiró, sonriente.

- ¿Sabes que te espera? Una pelea de cosquillas – Sonreí, sentándome encima de su vientre y haciéndole cosquillas en sus pechos. Ella empezó a reír, casi chillando. Yo le sonreí con cariño y amor, mirando como ella sonreía también. Compartíamos ese tiempo para demostrarnos lo mucho que nos queríamos, amábamos en realidad.

- Te amo – Le confesé, mirándola con ternura. Ella me sonrió con demasiado afecto, algo que ningún humano hubiera podido manejar.

- También te amo – Y se dirigió a mis labios para devorarlos.

Edward POV: (N/A: Si, Again ;D)

Vanessa me había pillado en pleno recogimiento de rosas en su jardín, le expliqué mis razones con algo de temor, pero ella simplemente me sonrió y hasta me indicó cuales eran las que tenían menos espinas. Estaba de buen humor hoy, al parecer, de muy bueno, ya que estaba siendo amable conmigo.

- Bella está en su habitación – Me sonrió, y se marchó caminando, bueno, más bien bailando, hacia la puerta de atrás de la enorme mansión.

Me tomé el tiempo para planear todos sus obsequios, me hacía feliz. El pueblo de Halyville era muy tradicional, hasta me recordaba a los buenos tiempos del mundo. Le había pedido a un anciano sonriente, que trabajaba en una tienda de manualidades con joyas que provenían de las altas montañas del bosque, cosas que la propia Vanessa traía para ellos, que me creara un hermoso corazón de cristal con el helado hielo de las montañas (N/A: De algún lado iba a salir el corazón de cristal :D).

- Esta listo, Señor – Me anunció el anciano, sonriendo orgulloso de su maravilloso trabajo. Y si que lo era, era totalmente maravilloso. Tomó una caja color negra, y lo colocó allí, con una gran cinta de seda carmesí. Me lo entregó con sumo cuidado, como si temiese romperlo.

Saqué de mi bolsillo cinco billetes de 100 dólares. El anciano me miró desconcertado.

- Para su familia – Le respondí, ya que, mientras hacía su trabajo, me contó que su familia estaba en malas condiciones este año, y que hijo más pequeño estaba a punto de morir, siendo tan pequeño, no podía dejar que eso pasara. El anciano me sonrió, una gran muestra de agradecimiento.

- Es un buen hombre, señor. Le agradezco deberas. – Me agradeció, con sus ojos brillantes de felicidad. Salí sonriente de su tienda, recordando la mirada del viejito, que estaba realmente agradecido por lo poco que le había dado. Esperaba que llegara a salvar a su hijo.

Emprendí mi marcha hacia la mansión, teniendo sumo cuidado con el pequeño corazón, temiendo que se partiera en dos. Era muy delicado.

Entré a la mansión por la puerta delantera, no había nadie en la sala, ni siquiera Jessica, que siempre estaba allí, leyendo una revista o mirando TV.

Me dirigí a la habitación de Bella y…ese chico. Sin importarme nada, abrí la puerta, pero al hacerlo me encontré con una imagen que me hizo encogerme.

- También te amo – Respondió mi ángel al hombre pelinegro que reconocí como Jack, por su risa, y luego se besaron, pasionalmente.

De mis manos cayó el ramo de rosas, y la preciosa cajita negra, que se abrió, haciendo que el corazón de cristal se partiera en dos partes, esparciendo partes por todos lados.

Quizás no fue el único corazón partido en dos..

Lo lamentooo! D: No quería tardar tanto, pero mi universidad me impide todo :c Perdones.

Sí, ya sé que no soy buena en Lemmons :D Pero compadézcanme y no me envíen a los Volturis :D

Me enamoré de Marcos contando la historia, y del ancianito ^^ Edward siempre generoso, y miren lo que le pasó DDD:

Jack es un pequeño diablillo –babea- :D (?

Esperemos que no tarde tanto con el próximo capítulo.

- Se despide. La Srta. Colmillos.