Una Respuesta

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Capítulo 9

"Sólo quizá"

Mis sentidos parecían desvanecerse y las lágrimas salían de mis ojos como fuertes corrientes de agua. Había prometido no llorar de tristeza, pero no podía reconocer si el sentimiento latiendo muy dentro de mí se trataba de felicidad... No hice más que llevarme una mano a mi boca para disminuir el sonido de mis sollozos a los oídos de Nathaniel, no me había soltado. Sus brazos me rodeaban con fuerza y con tal delicadez de evitar provocarme daño.

En ese momento, dejé de pensar, ¿por qué habría de preocuparme?

- No te reprimas... - Dijo.- No lo hagas por mí.

No podía responder, había un nudo que atravesaba mi garganta e impedía el paso de mis palabras. Tan sólo le abracé más fuerte aún, escondí mi cabeza en su camisa - no quería que me viera llorar.

Entonces él deshizo el abrazo.

No tuve otra opción más que mirarle con cierta inseguridad, impaciencia y sobre todo: vergüenza.

Ninguno se atrevió a hablar, lo que tenía que hacer lo había logrado casi imperceptiblemente al momento de entrar al lugar. Bajé la mirada y di media vuelta para salir de la sala de delegados.

- Ya casi comienzan... las clases. - Tomé la manija.

- Cossette, espera.

. . .

No supe en realidad que pasó justo en ese instante.

Estaba en el suelo, miraba el techo del lugar, entonces sentí un dolor punzante en mi pie, dolía, en verdad.

- ¡Eres un imbécil! - Escuché decir, sólo eso bastó para que volviese en sí.

- ¿A qué has venido? Mira lo que has provocado.

Con ayuda de mis manos intenté pararme, el estar tirada en el suelo ni de cerca me daba la visualidad necesaria para entender lo que estaba pasando a mi alrededor, dónde nuevamente se abría a la puerta una riña.

Con ayuda de mis manos traté de levantarme.

- Vamos, yo te ayudo. - Parecía dubitativo, pero fuera de eso, en sus ojos podía distinguir un poco de pena y ¿recelo?

Armin me sorprendía cada vez que le miraba, cada vez que lo encontraba, a cada instante en que de sus labios salían palabras, y no importaba cuales fueran, sólo bastaba con que fueran suyas.

Vaya que me había vuelto una persona patética.- Pensé muy en lo hondo, sólo para mí.

No sabía que estaba pensando, no comprendía como el mundo podría volver tan complicada mi existencia en tan sólo un segundo.

Aún tenía las lágrimas bañando mi rostro, y no, no se debía al dolor en mi pie o a la caída provocada, sino por palabras tan dulces que mis oídos habían captado sólo para mí. La vida podría sorprendernos y en nosotros estaba el disfrutar de esa sorpresa, sin cuestionamientos o dudas, tan sólo sonreír por ella. Ahora entendía un poco de esas sorpresas que la vida nos mostraba en nuestra transitoria realidad.

Había cerrado mis ojos desde que miré la mano de Armin extendida hacia a mí, ¿por qué? Parpadeé intentando reprimir las lágrimas que seguían avecinándose a salir, cuando lo hice pude notar, en su mirada un deje de duda, entonces pude notar su cabello más revuelto que de costumbre, y las ojeras que surcaban bajo sus ojos se miraban más profundas, parecía haber pasado una mala noche, no conforme con ello, su tan usual bufanda no estaba, sin embargo pude notar que traía puesta una cadena...

Mi corazón se estremeció en tan sólo un segundo.

- Cossette, ¿estás bien?

"Jamás podrías sólo gustarme."

Negué mentalmente, las lágrimas habrían de terminar... Ahora.

No sabía, de nuevo, que pasaba por mi mente, y no me interesaba, ya no. Estaba dispuesta cambiar, miraría por mí y por nadie más.

"Tenía que hacer algo por mí, y no por los otros."

No tomé tu mano, yo misma, yo sola, ante su mirada me puse de pie, y aunque al presionar el suelo con mi pie lastimado casi perdía el equilibrio mis manos fueron lo suficiente rápidas y habilidosas para apoyarse en el escritorio continuo en la sala de delegados.

- Lo estoy.- Musité.

Nathaniel seguía serio.

Armin me miraba atento.

- ¿Por qué...? - ¿Qué? Armin no pareció seguro de terminar con su pregunta.

¿Por qué lloras?

¿Por qué estabas aquí con Nathaniel?

¿Por qué no hablas?

¿Por qué mentiste?

¿Por qué no eres tú?

¿Por qué huyes?

¿Por qué te alejas de mí?

¿Por qué no me miras?

¿Por qué... ¿Por qué... ¿Por qué?

- Iré a clases, casi comienzan... - Dije por lo bajo, no espera respuesta de alguno de ellos, tampoco la esperé antes de intentar dar un paso lejos de ambos.

Al momento, que decidí moverme, un punzante dolor aterrizó justo en mi pie, me quejé en silencio, pero él pareció observar mi mueca de dolor, porque preguntó...

- ¿Te duele demasiado? - Armin cuestionó rápidamente, era normal, seguíamos siendo amigos.

Nunca dejamos de ser amigos, y eso... Me había tranquilizado un poco, creo.

- Te llevaré rápido a la enfermería, puede tratarse de una luxación.- Nathaniel pareció meditar la situación, y se agachó para analizar de mejor manera la región causante de mi dolor.

- No, está bien, no ocurre nada.- Me apresuré a decir.

No soportaría el estallido de mis lágrimas fuera de mis ojos si continuaba cerca de alguno de ellos dos.

- ¿Estás de broma? Tienes el tobillo hinchado. - Armin me tomó del brazo y rápidamente hizo que me apoyara en su hombro.

- ¿Podrías sólo callarte? No has hecho más que empeorar todo.- Nathaniel se miraba molesto, furioso, a un paso sólo de la ira.- YO llevaré a Cossette con la enfermera.

- ¿Y por qué habría de dejarte solo con ella? - Mis oídos se prepararon para una nueva riña entre ellos dos.

Me abstuve de mirarlo, no quería, no podía.

Era demasiado.

- Vamos, te cargaré. - Nathaniel se acercó y me paralicé, había ignorado por completo a Armin.

- Puedo caminar sola.- Mi corazón volvía a alterarse, me deshice del agarre de Armin.

- Ni siquiera puedes ponerte de pie sin quejarte.

- Estoy b...

- De ninguna manera, vamos.- Nathaniel no dejaba de recalcar el caos en mi mente.

Sin mucho por hacer, y sintiendo las pulsaciones de dolor cada vez que pisaba el suelo, no tuve otro remedio que aceptar la ayuda que me brindaban. Aunque dudosa me había sujeta de los hombros de cada uno hasta llegar al área de enfermería.

- ¿Es en serio? - Me limité a escuchar. - ¿A dónde rayos se ha ido la encargada?

Me habían dejado sentada en una de las camillas de la habitación.

Suspiré, ya más relajada.

- Puedo esperarla, vayan a clases.- Déjenme sola.

- Ni lo pienses, no así. - Dijo Nathaniel señalando mi pie, la hinchazón continuaba en igual magnitud.

Estuve a punto de debatir su punto, pero, ¿qué podría decir para convencerlo?

Suspiré resignada.

Nathaniel miró el reloj de pared de la habitación y bufó. Armin sólo permanecía apoyado en la pared contraria, callado, sólo observando.

- "Se solicita al Delegado principal y los delegados grupales para su asistencia en la reunión general que se llevará a cabo en 5 minutos en la sala de profesores." - El intercomunicador se había escuchado entre el silencio acuñado por quienes decidimos permanecer callados.

- Justo ahora...- Ahora sabía la razón por la cual Nathaniel estaba tan ocupado.

Volví a suspirar sin quererlo.

- Iré rápido por la enfermera.- Dicho esto me lanzó una mirada de súplica y otra al chico de ojos azules, aunque en ese momento no supe como describir el color cambiante de sus ojos, o la seriedad que mostró de un segundo a otro.

Sin más, salió del lugar.

- El otro día...- Negué rápidamente hacia su comentario.

- No importa.- Apreté un poco la tela de mi pantalón, quería reprimir con todas mis fuerzas lo que había sucedido.

Por el sonido se sus pisadas pude suponer que él se acercó hasta al menos un metro de mí.

- No terminamos de hablar, Nathaniel... ¿Cómo sabría que...

- Él no tiene que ver. Nosotros ya hemos hablado, Armin... - Las punzadas en mi pecho repiqueteaban para permitirles su salida, los latidos saltaban dentro de mi.- Mucho.- Musité por lo bajo.

Aunque extraño me hubiera parecido, las lágrimas se habían cansado de amenazar por su salida, tan sólo desaparecieron, no se encontraron.

- No esperaba encontrarte con Scott, y tampoco esperaba... - Callé de pronto dudosa de continuar. - Creo que jamás he estado realmente segura de algo.- Sonreí con sorna.- Qué patética.

Me miró confundido, incluso indignado por mi comentario.

- Quiero que hablemos de tus sentimientos hacia a mi.- Si en ese momento Armin hubiera tenido una flecha seguro la habría encajado en el centro de mi pecho, hubiera atravesado mi corazón sin siquiera notarlo y me desangraría aun con una venda que le impidiera la vista.

Mis sentimientos... ¿Mis sentimientos? ¿Los míos?

¿Y los suyos? ¿Dónde estaban?

Esa fue la primera flecha, ¿dónde tendría lugar la segunda?

- No tenemos porqué, está bien... Intento entenderte, pero es muy difícil. ¿Sabes? Yo...

- No, no sé, no tengo absoluta idea de nada. Quiero que me escuches, necesito que pongas atención a lo que tengo que decir.- Me había interrumpido.

- Está bien.- Volví a decir.- Quiero que seas feliz.

Él se mantuvo callado, suspiré... ¿qué esperaba escuchar de él?

- Escúchame... - Comencé a decir.- Los sentimientos no cambian de un día para otro, puede que ni siquiera tengan esa habilidad de cambiar, sólo quiero superarlo... Ahora cuando hablo contigo no puedo dirigirte la mirada sin tener ganas de llorar... Creo que duele, lo extraño es que no sé dónde recibí el golpe. - Mi voz se había apagado.

Sólo le sonreí.

- Sólo quiero que seas feliz, y si tú eres feliz, yo también lo seré, quiero superarme a mí misma, quiero ser más fuerte y apoyarte, pero sin la necesidad de cambiar mi voz, o mi nombre.

- ¿Al menos me escucharás? - El chico de ojos azules estaba justo frente a mí, a pocos centímetros...

Entonces ignoré la corta distancia que nos separaba; Un escalofrío había calado por mi columna hasta hacerme estremecer.

- Disculpa la demora.- Se sorprendí por la llegada inesperada de la profesional de salud.- Pero mira como tienes tu pie.- Pareció un poco sorprendida, aunque conociéndola tan sólo fingía, había tenido seguro pacientes con problemas mucho más graves a ese. - ¿Cómo fue que te lastimaste? ¿Qué estabas haciendo?

- Fue un accidente, nada de vital importancia...- Ella me miró dudosa.- Sólo me tropecé.- Me encogí de hombros, y tan sólo miré a Armin salir del área de enfermería.

- Pues habrías de tener más cuidado, necesitarás un poco de reposo.

Tomó mi pie entre sus manos y con ojo analítico, comenzó por sobarlo con una especie de crema, y se acercó hasta el botiquín más cercano de la camilla, sacó un par de vendas y prosiguió a colocarlas.

- Con esto se te quitará, no tienes que preocuparte.

- Si, gracias.- Me apresuré a decir, ella sonrió.

- El chico que acaba de irse ¿es tu novio?

- No, no lo es.- Suspiré.

- Sé que pensarás que soy una entrometida pero, el delegado fue a buscarme bastante preocupado, estaba tan pálido y parecía muy molesto consigo mismo. No necesito ser telepate para saber lo que ese muchacho estaba pensando.

Parecía muy molesto consigo mismo.

- Nathaniel... - Musité.

- Te acompañaré a clase. - Le miré con agradecimiento y asentí.- Apóyate en mi... - Y de esa manera lo hice.

Tocaron la puerta de la habitación con bastante fuerza e ímpetu que la persona al otro lado no parecía capaz de esperar.

- Bueno, al parecer esperarás un poco más por ir a clases.

- No se preocupe. - La enfermera me sonrió mientras me ayudaba a sentarme en la camilla dónde segundos antes me encontraba.

Por su parte, ella suspiró cansada.

- Bien, segundo herido del día.- Se acercó a la puerta y giró la manija para dar lugar a la visión de...

- ¡¿Te encuentras mejor?!

Su figura en la puerta, su cuerpo agitado, su mirada sorprendida y su respiración claramente audible sólo me llevaron a un pequeño shock, en ese segundo yo dejé de respirar por la sorpresa...

- Tú... te preocupas mucho por mí...- Pensé, no me atreví a decirlo.

- Bien, tortolitos... -La voz de la enfermera me sacó de mis pensamientos.- Regresen a casa. - ¿Cómo nos había llamado?

Él se acercó hasta mí... Esto no podía ser posible.

- Apóyate en mí, te llevaré a casa.

- N-no... Quiero estar en clases.- Me miró extrañado, su mirada color miel cambió radicalmente.

- Sí es eso lo que deseas... Tus deseos son órdenes para mí. - Dentro de mí, algo se tranquilizó y algo más comenzó a inquietarse...

Me sentía feliz, tan feliz como para sonreír, para reír un poco.

- Nathaniel...

Se encogió hasta a mi altura, tomó mi mano y la pasó por su cuello.

- Dime.

- N-nada.- Tenerlo tan cerca me inquietó de sobremanera, cambié de dirección mi rostro, temí entonces un cambio de coloración de mi rostro.

- ¿Lista? - Asentí sin pensarlo.

Al ponernos de pie ambos, él me tomó de la cintura para evitar que me tropezara y callera, ¿cuán torpe pensaba que era?

Salimos de la enfermería tras agradecerle a la señorita por su trato hacia mi persona, la puerta se cerró tras nosotros.

- ¿Aún te duele? Cossette...

- ¿Eh? No, ¿qué cosa?

- Pareces bastante perdida en la luna, será mejor que bajes o nos caeremos.- Él sonrió para mí.

- Perdón.

- No ocurre nada, si te cansas sólo dímelo.- Volví a asentir.

Llegamos al aula en silencio, el único pupitre al frente que se encontraba desocupado era por supuesto el suyo, mi asiento estaba a lo lejos 4 filas más alejado. Suspiré resignada.

- Siéntate aquí...

- Puedo ir a mi asiento, no pasa nada.

- No puedo arriesgarte a tropezar de nuevo, por favor.- En sus ojos una súplica se formó y dobló toda la rudeza que yo pudiera descubrir dentro de mí.

- De acuerdo.

Me ayudó a sentarme en el pupitre, no es como si realmente necesitara ayuda, pero... Él tomó su mochila y una carpeta que estaba sobre la mesa y se dirigió hasta mi asiento, mi verdadero asiento, al lado de Armin. Trajo hasta a mi lado mi mochila, ¿cómo había llegado hasta el aula? Estaba... La había dejado en la sala de delegados cuando lo busqué... Lo recordaba.

¿Qué si había clases? No, el profesor Farrés no se había aparecido en el aula, y aunque había miradas curiosas alrededor nadie dijo nada.

- ¿Te encuentras bien? - Alexy había aparecido, estaba sorprendido, reí un poco al ver su expresión.- No es para nada gracioso.- Bufó.

- Estoy bien, no es grave.

- No sé cómo te metes en tantos problemas.- Resopló. - Hoy me sentaré a tu lado. - Reí.

- Los asientos están ocupados.

- Eso no es problema para mí y lo sabes.

Sonrió, dirigió una mirada pensativa a mí alrededor y arrojó lejos lo que parecía ser la bolsa de Ámber, Nathaniel por su parte sólo se encogió de hombros.

- ¿Ves? El delegado no vio nada.- Así mismo, tomó asiento a mi lado.

No hubo una charla destacada en ese momento, Nathaniel permaneció inmerso en un libro en mi asiento, Alexy no parecía cómodo de tratar ciertos temas frente al rubio amigo mío, y a final de cuentas, el profesor junto con los alumnos que faltaban entraron pronto al aula, sobre el incidente de la bolsa de Ámber... Bueno, ella no entró a clases, aunque hubiera sido gracioso verla quejarse- Sonreí para mis adentros- aunque hubo alguien más que no se apareció...

- ¿Golpeaste una piedra? - Dijo antes de partirse de risa.

- Algo así, Keni.- Sonreí.

- No es gracioso, Cossette.- Frunció el entrecejo e hizo un puchero.

- Lo es para mí, iré a casa.- Tomé mi mochila y la colgué de mi hombro.

- No, de ninguna manera te irás, tienes que escuchar lo que tengo que decirte.- Rosalya había llegado antes de que al menos pudiera ponerme de pie, estaba... parecía molesta, algo extraño en ella.

- Hola, Rosa.- Saludé.

- Nada de "hola, Rosa", el plan es...

- No... No quiero hacerle daño a nadie, sólo quiero ir a dormir un rato.

- Quiero que hagas justicia.

Justicia no es exactamente la palabra que yo usaría, mejor dicho... Yo no usaría ninguna palabra.

Kentin resopló por mí, y tomó asiento a un lado de Rosa.

- Deberías escucharla al menos...

La escuché, atentamente, esperando que no se tratase de algo descabellado, y me sorprendí.

- Sólo habla con ella, hazle frente, o iré yo a atarla como quería hacer Alexy.- ¿Me estaba amenazando acaso? No tuve tiempo de responder cuando ella continuó hablando.- Escucha, Alexy llevará a Armin al lugar justo en el momento para que él oiga toda la verdad.

Negué, de nuevo.

- No es una buena idea.- Me animé a decir.

- Por supuesto que no es buena, pero tus pocos deseos de venganza me deprimen y no me dejan pensar.

Suspiré resignada.

- Escucha, si algo sale mal sólo tienes que gritar.- ¡¿Acaso creía que iba a golpearme?! - Escondí una grabadora en su mochila.- Esto ya lo había hecho antes, y no, no funcionó.

- Rosa, no creo que sea lo mejor, no ocurrirá nada... Además, no hay necesidad.- Me miró molesta, iracunda...- Bien, hablaré con ella.

- Buena respuesta, pequeña.- Kentin asentía con su cabeza y se reía.

El móvil de Rosa comenzó a sonar, emitiendo un curioso sonido.

- Tengo que entender, espérame aquí.- Señalando mi asiento salió del salón de clases.

- ¿Crees que lo niegue?

- ¿Bromeas? ¿Enserio? ¿Luego de todas las cosas que han pasado, y esperas que ella sólo lo niegue? - Me miró perplejo.- Te lastimaste no sólo el pie sino también la cabeza con esa caída a media mañana.- Kentin se encogió de hombros.

- Sería lo más lógico, creo...- Él sólo le restó importancia a mi respuesta.

- En su situación... ¿tú lo negarías?

- No sé si quisiera estar en su situación.- Musité.

- Cuando las cosas son más que obvias, no importa lo que digas...

Rosalya entró de nuevo en la habitación y sólo dijo:

- Sígueme.

Esto iba a ponerse feo... pero... ¿para quién?

Kentin me ayudó a levantarme.

- ¿Te vas ya a casa? Te acompañaré.

- Ahora no, Romeo, ella tiene un asunto pendiente.- Nathaniel había justo entrado en el aula, y me ofrecía su mano como apoyo.

Yo tomé su mano, sin dudarlo... Tenía la mirada fija de Kentin en mí, y entonces algo se hizo destacar entre tanto silencio... La risa de Rosa.

- Esto debe tratarse de un sueño.- Dijo Rosa.- Está bien, mañana resolveremos el problema, le diré a Alexy que Romeo te llevará a casa.

¿Romeo? Mis palabras se esfumaron, ¿qué podría contestarle? Fuera de ello, el rostro de Nathaniel cambió radicalmente de color, desvió su mirada justo cuando me le quedé viendo.

- Estaba bastante preocupado.- Rosa sonrió de forma extraña y cómplice.- Espero que te recuperes pronto, Cossette.- En un parpadeo Rosa se esfumó.

- Creo que yo vengo sobrando aquí, nos vemos mañana.

- Adiós, Kentin.

- ¿Nos vamos?- Su rostro había vuelto a su color natural, su cabello estaba algo despeinado, y su respiración bastante agitada me hacía corroborar lo que antes había sólo pensado: Se había precipitado en venir hasta aquí.

Asentí.

- ¿Puedes caminar?

- Nathaniel...- Mi corazón aumentó su ritmo.- Quiero decirte algo, quiero que... me escuches.- Suspiré, él negó.

- Después habrá tiempo para hablar, ¿sí?

- Pensé que te habías ido ya.- Un agitado Armin apareció frente a nosotros.- Permíteme acompañarte.

- Está conmigo, lárgate.- La respuesta sorda de Nath me hizo querer desaparecer entre la tierra, algo se avecinaba.

- Mira imbécil, le pregunté a ella.- Armin por lo visto, no se quedaría callado.

- Puedo ir sola, no es problema para mí.- Dije, esperando no tener que continuar en medio de un pleito de nunca acabar.

- Te dije que te acompañaría a casa.- Se colgó al hombro mi mochila.

- No pienso dejarte sola.- Con una mirada que parecía decidida Armin me hacía entender que...

Quiero que hablemos de tus sentimientos hacia a mi

Necesito que pongas atención a lo que tengo que decir.

Si lo hubiera escuchado... Sus palabras, ¿cuáles serían?

¿Cambiaría algo?

- Estará conmigo, puedes irte.- Nathaniel no cambiaría nunca sin importar la situación o la fecha en el calendario.

Su comentario me tranquilizó.

Era curioso, tenía mucho tiempo sin sentirme de esa manera, protegida.

Sonreí para mis adentros.

- Me sentiré mejor si voy con ella, además ¡no te estoy preguntando!

- Chicos, está bien, no tienen que...

La incomodidad se hizo parte del lugar, del momento, incluso parte de cada uno de nosotros. El camino fue silencioso, extraño, pero ninguno parecía querer dirigir su palabra, estaba inquieta, pero no sabía que hacer o decir para apaciguar el momento.

Nathaniel y Armin parecían querer matarse.

El verdadero problema fue cuando llegué a casa y mi madre miró mi pie vendado, no sólo eso, la mirada atónita de mi padre hacia mis dos acompañantes.

- ¡Dios! ¿Pero qué te sucedió, hija?- Mi madre estaba sorprendida, yo sólo sonreí un poco para tranquilizarla.

- Estaré bien, los chicos me acompañaron para...

- Buenas tarde, señora, espero no se haya olvidado de mi.- Nathaniel se inclinó un poco desde su posición, y como respuesta una risita cómplice de mi madre apareció impactando en el momento silencioso y de sorpresa.

- Claro que no, ¿cómo olvidarme de ti? - La mirada de mi madre cambió de dirección.- Pero mira que tenemos aquí, otro chico lindo.

Si mis manos hubieran estado libres en ese momento, habían aterrizado con fuerza en mi cara.

- Favor que me hace, sólo escolto a su princesa hasta el castillo dónde estará a salvo.- Armin... era muy ocurrente.

Mi madre lo tomó con gracia, Nathaniel no tanto.

- Pasen por favor, tomen asiento.

Y no hubo que esperar más para escuchar el...

- ¡¿Qué hacen chicos aquí?! Mi amor, ¿te encuentras bien?

- Sí, estoy bien, papá.

- Vamos, te llevaré a tu habitación.- Mi padre sin pensarlo, sin saludar a Armin o a Nathaniel, se abrió paso hasta a mí, y me cargó. Subimos las escaleras bastante callados, fue hasta llegar a mi habitación que se decidió a decir algo...

- ¿Cómo te lastimaste?

- Fue un accidente.

- ¿Qué tipo de accidente? - Suspiré, aquí iba de nuevo.

- Me tropecé y caí sobre mi pie, cuando me di cuenta, no podía levantarme sin quejarme.

- ¿Y bien? -Inquirió.

- Los chicos me llevaron hasta la enfermería, me dijeron que sólo era una pequeña luxación y que para mañana estaría como si nada hubiera pasado.- Sonreí, intentaba que me creyera, aunque no se trataba de alguna mentira.

- ¿Qué chicos?

Bufé.

- No me gusta que tengas tanta amistad con muchachos y lo sabes de sobra.

- Lo sé... Pero es inevitable.- Dije por lo bajo.

Mi padre parecía querer desaparecer en ese momento, esfumarse de la faz de toda la tierra, justo en ese momento. Parecía como si lo hubiera atravesado con mis palabras.

- Ahora mismo tienes que descansar, le diré a tus amigos que se vayan.- ¿Mi padre molesto? Si, lo estaba, bastante habría de decir.

- Antes de que hagas cualquier cosa... Quiero pedirte un consejo.- Me miró sorprendido.

- ¿Qué clase de consejo?- Tomó asiento a un lado mío, en la cama.- ¿Algún problema escolar?- Negué presurosa.

- Sobre... - Jamás pensé decir esto.- El amor.

La mandíbula de mi padre se desencajó, me miró irritado, y comenzó a murmullar para sí mismo.

- ¿Cómo? Creo que escuché mal.- Resoplé.

- Si le pido ayuda a mamá seguro que hará un drama, quiero hablar tranquilamente... Sólo necesito saber qué hacer.

- Habla ya, antes de que me arrepienta.- Estaba molesto, y lo seguiría estando, pero al menos... Había accedido a escucharme.

- Verás... Es sobre dos muchachos.- Le miré detenidamente.

Los ojos de mi padre estaban fijos en la nada.

- Son los chicos que te acompañaron.- No lo estaba preguntando.

- Si, son ellos.

- Definitivamente, iré a correrlos.- Volví a suspirar.- ¿Cuál es el problema con ellos?

- Uno de ellos se me confesó... Y yo...

- ¿Sientes algo por ese muchacho?

- Siento que...

Mi padre me miraba atentamente, preocupado, afligido.

- Fue el primer chico al que conocí al llegar aquí. Siempre ha sido atento conmigo, y bromista... - No quería que mi padre se infartara, suspiré de nuevo.- Él me dijo que me quería... De una manera tan linda que...- Comencé a llorar.

Comencé a llorar.

Luego de horas en ausencia de llanto... Nuevamente tenía una razón para dejarlas salir.

Lo quiero...

Tenía miedo.

Estaba insegura.

Pero las lágrimas no mienten... Nunca lo hacen.

- Cossette, debes hacer lo que te haga feliz a ti, no a los demás.- Las palabras de mi padre habían dado el golpe justo, pero eso, no era lo que me preocupaba.

Estaba dispuesta a ver por mí.

- Nunca lo pensé como una posibilidad... Papá... Tengo miedo... Compartimos tantos gustos.

- Es el chico que siempre te invita a salir, ¿cierto?- Le miré extrañada.- Aunque no lo creas, tu madre me cuenta absolutamente todo.- Continuaba sorprendida.- Me dijo que había un chico que te "amaba".- Hizo un movimiento con los dedos, como si esperara que se tratara de una mentira.

- ¿Sabes quién es el chico que se me confesó? - Pregunté de golpe.

- El mismo chico que con un tulipán te dijo que no dejaras de sonreír.- Se quedó callado, yo me uní a su silencio.- Tiene razón.

- Eso no se lo conté a mamá.- Estaba sorprendida.

- No había necesidad, la ventana de tu habitación da una buena vista a la puerta principal.- Se encogió de hombros, tenía que suponerlo.

Y aunque las lágrimas seguían corriendo fuera de mi alcance, estaba más tranquila.

El mismo chico que con un tulipán te dijo que no dejaras de sonreír.

Sabía que era mi padre, y ante todo quería lo mejor para mí.

- Odio admitirlo, en serio...

Abracé a mi padre.

- Él es un buen muchacho.

En ese momento, no hubo necesidad de preguntar a quien se refería.

~Flash Back~

- ¿Un tulipán?

- S-sí... Lo miré y pensé que... B-bueno, te gustaría.- Me extendió la bella flor y con gusto la tomé entre mis manos.

- No había visto uno así.

- No son muy comunes aquí... Es un tulipán jaspeado.- Mis ojos se iluminaron al sólo escuchar el nombre.

Hacía tiempo había leído un libro sobre jardinería y en él venían inmersos los significados de innumerables flores.

- Tienes unos ojos muy lindos, sonríe más.- Y a pesar de su petición, fue él quien sonrió para mí.

Miré, detenidamente ese tulipán entre mis manos...

Seguro era una coincidencia.

~Fin Flash Back~

No, no se trataba de una coincidencia.

Lo quería...

Cuando conoces a una persona con la que te llevas tan bien no esperas jamás cambiar su presente, pero él si lo había pensado.

Estaba dispuesto a todo.

Lo quería...

Había vuelto los sueños realidad.

Lo quería...

A veces el miedo se vuelve tu enemigo, otras veces es tu aliado más firme.

Un tulipán significa el deseo de un amor sincero.

Quizás no sólo lo quería...


¡Hola! (:

Aquí vengo con un nuevo capítulo, y espero tener el siguiente antes del año nuevo, la historia cada vez se acerca más y más a su desenlace. Las disculpas se aglomeran y sobran, y la tardanza es la única culpable, bueno... no exactamente. En fin, sólo quería desearles:

Felices fiestas, espero que este año culmine como todos ustedes lo esperan y que la magia y el frío se vuelvan partícipes personajes en el año que se acerca y que ya casi, toca a nuestras puertas.

¿Qué les ha parecido el capítulo de hoy?

Quedan aun ciertos hilos sueltos (: Dejen sus reviews 3

Aclaraciones y dudas en MP

Hasta pronto :)