—¿Por qué no me lo dijiste? —pregunta—, tenía derecho a saberlo —agrega, pero esta vez no hay resentimiento ni reclamos en su voz, solo legítima curiosidad.
Mai respira profundo, envolviendo sus dos manos en torno a su taza de té.
—Cuando me enteré de que estaba embarazada, hacía tiempo que habías dejado Japón, nos dejaste a todos atrás sin forma alguna de poder contactarte.
Oliver arquea las cejas.
—¿Tienes idea del miedo que tuve?, era una estudiante de secundaria, totalmente sola, sin dinero, sin nadie a quien recurrir. Sé bien que pude haber hecho un esfuerzo, encontrar la manera de contactarte, pero estaba dolida —dice con una sonrisa triste apareciendo en sus labios—, las cosas entre nosotros no quedaron especialmente bien. Descartaste mis sentimientos, Oliver, ni siquiera te tomaste el trabajo de no corresponderlos, simplemente asumiste que no estaban allí en primer lugar y luego me usaste…, y yo te dejé —dice encogiéndose de hombres.
—Me equivoqué —admite Oliver.
Mai siente su pecho contraerse al escuchar esas palabras de su boca. Que aquella noche había sido un error, porque a pesar de todo, para ella no lo era.
—Nunca debí asumir, no tenía el derecho de poner en tela de juicio tus sentimientos.
Eso en definitiva no era lo Mai estaba esperando, no esa particular admisión, y sus ojos lo dejaban bastante claro, y por un instante algo pareció brillar en los ojos de Oliver.
—Y yo no tenía derecho a robarte los primeros años de tus hi…, de los niños.
—Puedes decirlo, Mai, después de todo, son mis hijos también, en lo que a la biología concierne, por supuesto —agrega mirando a través del ventanal.
—Puedes ser su padre en todos los sentidos que importan, Ol…, Naru, puede que sea un poco tarde, pero no pienso negártelo si es lo que quieres. Es mi culpa y no lo voy a negar, te perdiste los primeros años de sus vidas, sus primeras palabras, sus primeros pasos, la aparición de los dientes, pero sus vidas apenas comienzan y puedes ser parte de ellas, aún hay muchas primeras veces que puedes compartir con ellos, muchas cosas que puedes enseñarles.
Oliver guarda silencio y Mai entiende ese silencio, lo respeta.
El silencio se extiende entre ellos por largos minutos hasta que finalmente es Oliver quien lo rompe.
—¿Me culpas?
—…
—Por haberme ido —aclara.
Mai niega con la cabeza.
—Nunca te he culpado —dice jugando con el borde de la taza de té—, tú tomaste las decisiones que consideraste eran lo mejor para ti y tu futuro, y eso simplemente no me incluía. La noche que pasamos juntos, fue algo fugaz, pasajero, con consecuencias permanentes —agrega sonriendo—. Mentiría si dijese que ha sido fácil, porque aun con la ayuda de Haruki he tenido que esforzarme el doble, el triple, pero cada segundo con Kaori y Kazuya lo vale… Mi vida no es un jardín de rosas, si algo, es un adorable desastre.
… …
—¿Por qué psicología? —pregunta.
Mai sonríe.
—Cuando comencé a trabajar para SPR no tenía muy claro qué quería de mi futuro, tampoco era como si tuviera muchas opciones, pero los casos en los que trabajamos, me ayudaron a encontrar una visión. Quiero ayudar a la gente a mi manera, así como tú lo haces a la tuya, y eso implica estudiar y entender sus conductas y procesos mentales.
—Propio de ti. ¿Tienes trabajo?
—Sí, asisto a uno de los profesores de la facultad, uno pensaría que tengo algo por los profesores —bromea y una sonrisa miniatura aparece en la comisura de los labios de Oliver—. No me queda mucho tiempo entre las clases y los niños, pero puedo llevar el trabajo a casa, así me las apaño y la paga tampoco es mala.
—Ya veo.
—¿No te interesaría volver a trabajar para SPR?
—¿Como tu asistente? —pregunta jugando con la taza de té.
—No. El puesto que te estoy ofreciendo es de consultora y se te pagaría como tal. Tus habilidades han probado ser útiles en el pasado.
—¿Puedo pensarlo?
Oliver asiente.
—Me aseguraré de pedirle a Lin que te envíe la propuesta completa.
—Gracias.
—No hay necesidad de agradecer, no te lo ofrecería si no fueras competente.
Mai niega con la cabeza pero sonríe y mira la pantalla del teléfono.
—¿Algún lugar al que debas ir?
—No ahora mismo —contesta guardando el teléfono en el bolsillo de su chaqueta—, pero pronto debo pasar a recoger a los niños.
—Entiendo.
—Oliver.
—Sí.
—No estás obligado a nada.
—…
—…
—Se lo conté a mi padre.
Mai se envara en su asiento.
—Ofreció otra visión sobre la situación.
—¿Lo hizo?
—Sí, pero eso no cambia que de un día a otro tengo dos hijos de los que no conozco absolutamente nada, que tienen un padre que los adora y vela por ellos.
Mai guarda silencio, porque, ¿qué puede decir? Oliver está señalando hechos objetivos, no haciendo suposiciones.
—Yo no soy nada para ellos, solo un desconocido, un viejo amigo de su madre.
El repentino brote de sinceridad de Oliver coge a Mai desprevenida, y está hablando antes de darse cuenta.
—Sabes, su cumpleaños es el cinco de diciembre, son niños de invierno —sonríe—. Kazuya es mayor que Kaori por 12 minutos y se toma muy en serio su papel de hermano mayor, además es demasiado listo y maduro para su edad, por algo rezará el dicho que hijo de tigre sale pintito.
Involuntariamente las comisuras de los labios de Oliver se elevan ligeramente.
—Kaori es muy dulce a pesar de su timidez, y puede ser un poco impulsiva como fuiste testigo, además no puede dormir sin su oso de felpa.
Mai sonríe recordando todos esos rasgos y detalles del comportamiento sus hijos.
—Son increíblemente unidos y Kazu es terriblemente sobreprotector —se pone la mano en la mejilla como quien cuenta un secreto y susurra—. Kazuya tiene un punto débil cuando se trata de Kaori.
Al que pasa tanto tiempo con niños algo se le pega, piensa Oliver, pero no puede evitar sonreír.
—Y bueno, ya sabes sobre sus habilidades… Tú, de todos, eres el que mejor los entiendes.
—¿Por qué me cuentas todo esto?
—Ya no puedes decir que no sabes nada sobre ellos —dice recostándose en su silla—. Ahora sabes más cosas sobre ellos que hace unas horas, que hace unos meses.
—Ya veo.
—Tal vez tome tiempo, Naru, pero si quieres puedes ganarte sus corazones, si quieres ser su padre, hazlo. Yo no te lo voy a impedir y sus pequeños corazones se alegrarán porque así es como son ellos.
—No sé cómo…, Gene lo hubiese sabido —admite, volviendo a tomar a Mai desprevenida por tercera vez desde que llegó.
—Por supuesto que lo sabes —exclama—, ¿qué crees que hiciste cuando hablaste con Kazuya y Kaori? Nunca había visto esa mirada de asombro en sus ojos. Además no hay un manual, Naru, solo puedes ser tú mismo, no necesitas ser como nadie, ellos harán el resto.
—Puedo intentar —concedió— mas no puedo garantizar que lo lograré, pero sin importar los resultados, Kazuya y Kaori tendrán todos los privilegios de ser un Davies.
Mai asiente.
… …
—Ahora sí tengo que irme si no quiero llegar tarde —dijo levantándose.
—Gracias por venir —responde levantándose de su asiento también.
—Supongo que nos estaremos viendo, por una cosa o la otra.
—Sí.
Mai se encuentra a poco de alcanzar la puerta cuando se detiene y llama su nombre.
—Oliver —parece dudar de lo que va a pedir a continuación.
—¿Sí?
—¿Quieres venir a recogerlos conmigo?
—¿No le importaría a tu pareja?
—¿Pareja? —pregunta Mai confundida y luego cae en cuenta a lo que se debe estar refiriendo Oliver—. ¿Haruki? —pregunta antes de soltar una risotada—. Dios no, Haruki y yo no tenemos ese tipo de relación, aunque si lo miras de cerca es lo que parece —dijo sonriendo—. A veces pensamos que somos un matrimonio arreglado ya que compartimos un mutuo cariño, respeto y confianza. Y el amor por los chicos. Sin contar la casa y las cuentas, pero no tenemos ningún tipo de relación romántica.
—Entiendo.
—Entonces, ¿vienes? —pregunta jugando con su abrigo.
—…
—Lamento haberte presionado, quizás a la próxima…
—No soy bueno con los niños. ¿Y si los hago llorar?
La interrupción sorprende a Mai pero responde sin dudar.
—Bueno —dice pasándose los dedos por el mentón—, esa es una posibilidad—, pero, les puedes comprar helados.
—Estás sugiriendo que los soborne.
—No, para nada —dice con la sonrisa bailándole en los labios—, pero siempre es una opción.
—…
—No te preocupes tanto, voy a estar allí.
Oliver niega con la cabeza.
—Guía el camino.
Ella le da la espalda y se adelanta a salir del café.
...
NA. Como yo tengo memoria de pollo no me acuerdo si respondí o no los reviews, pero en caso que no, mil gracias por sus bonitos reviews, me encantan.
