CAPITULO 7: VISITAS Y ENTREVISTAS

Casa de los Stevenson ▪ 07:25 hrs. ▪ Lunes 29 de Julio ▪ Soleado-Caluroso

Dicen que el tiempo sana todas las heridas, pero ahora sabía que eso era un dicho a medias. Las cura, sí, pero dejan tras de ellas cicatrices que siempre te recordarán lo sucedido.

No obstante de que ya había pasado un mes desde el «trágico accidente del expreso de Hogwarts», como lo habían denominado los medios y las autoridades mágicas, yo aún seguía teniendo sueños extraños donde la hermana de Ian Miller me hablaba, pero luego crecía y se transformaba en una mujer muy bella que me arrullaba y me dormía.

A veces me resultaba increíble como el subconsciente obraba de forma tan maravillosa que, al ver que no podía dormir a causa de los sueños, me hacia dormir dentro de ellos. Era eso o aceptar que cada día estaba más cerca de la demencia.

A pesar de eso, me levantaba temprano para darme una ducha y tener listo el desayuno antes de que Ethan llegara. Llevaba dos semanas haciéndolo, así que ya me había acostumbrado a preparar lo suficiente de cada alimento del menú, pues los primeros días había dejado más que hambriento al pobre de Ethan.

Ese día estaba haciendo pan francés y unos huevos con chorizo. Además, ya tenía listo un licuado de fresa. Todo esto con el propósito de obtener la energía suficiente para rendir en los estudios y, en el caso de Ethan, no tener distracciones a causa del hambre.

El Slytherin devoraba la comida a tales cantidades, que parecía que tuviera dos o tres estómagos en lugar de solo uno, pero fuera de eso no tenia queja alguna de él en lo absoluto.

Ya fuera porque el evento del expreso lo dejo muy marcado o porque simple y sencillamente estaba decidido a aprobar los TIMOs, el muchacho había tenido un enorme progreso en esas últimas dos semanas. Acorde con mis cálculos y calendarios, si mantenía ese ritmo, en otras dos semanas más podría llegar incluso a alcanzarme en lo que a temario abordado se refiere.

Sí consideramos que tuve que postergar dos semanas nuestras sesiones, las cuales tanto mis padres como la Sra. Pevensie insistieron que debíamos pasar en total calma y tranquilidad, provocando que los horarios de repaso fueran incluso más intensos y extensos, Ethan estaba respondiendo mucho mejor de lo que cualquiera podría haber esperado, Xio incluida.

La gryffindor estaba al tanto de todo pues a pesar de que omitíamos cualquier pregunta o comentario relacionada con el asunto del expreso, cualquier otro tema era bueno para incluir en las cartas que nos escribíamos casi a diario, particularmente desde que mis padres emprendieron su viaje de vacaciones.

No querían dejarme solo en casa a causa de los eventos recientes, pero fue tanta mi insistencia de que me encontraba bien y que nada malo iba a pasarme, que al final cedieron y se marcharon, aunque podría jurar que mi papá tuvo que hacerle algún hechizo de movilización a mi madre porque tenía toda la pinta de oponer resistencia hasta el final.

Por fortuna, había acordado con Ethan comenzar con las clases dos días después de la partida de mis padres. Además, Goliat siempre andaba por ahí haciéndome compañía a donde quiera que fuese, así que realmente no estuve solo en ningún momento.

Se me hacía difícil ver hacia unas semanas atrás, donde no salía de mi cuarto más que para lo mínimo indispensable, puesto que ahora estaba muy concentrado en mis papeles de ama de casa, profesor y hasta de cantante.

Ethan ya se había acostumbrado a que lo recibiera con el delantal floreado de mi madre puesto —pagaría por volver a ver la cara que puso la primera vez que me vio—, pero siempre procuraba apagar la radio que escuchaba a todo volumen antes de que llegara, que era alrededor de las ocho de la mañana. Mire el reloj y vi que faltaban quince minutos, así que me di el gusto de entonar a todo pulmón la canción que esos momentos se transmitía, que además era una de mis favoritas.

« I threw a wish in the well,

Don't ask me, I'll never tell

I looked to you as it fell,

And now you're in my way

I trade my soul for a wish

Sickles and knuts for a kiss

I wasn't looking for this

But now you're in my way…

My wand is moving

My cauldron is removing

Hot not, wind was blowing

Where you think you're going, baby?

Hey I just met you, and this is crazy

But here's my potion

So spell you, maybe…

It's hard to curse right, at you babe,

But here's my potion,

So spell you, maybe…»

Cantaba y bailaba al ritmo de la artista del momento, Cordelia Poe Fletchey.

De pronto, escuché el crispante sonido de la chimenea de la sala, así como unas las leves vibraciones en el aire, indicándome que Ethan había llegado. Si se había sorprendido cuando me vio con el delantal, ahora lo iba a hacer delirar.

Entonces, bastante animado y sin dejar de cantar, fui dando de brinquitos hasta llegar a la habitación.

—¡So spell you, maybe…! —entoné fuertemente con los ojos cerrados y con la boca pegada a un cucharon a modo de micrófono.

Cuando terminé, abrí los ojos. Iba a comenzar a reírme nada más de imaginarme la cara del chico, pero en vez de eso me callé de sopetón por la fuerte impresión que tuve.

Simplemente me quedé pasmado mientras sentía como el estomago se me encogía y el cuerpo se me helaba de pies a cabeza. Delante de mí no tenía a Ethan, aunque en ese momento hubiera dado lo que fuera para que se hubiera tratado de él. Delante de mí tenía a Jérémie D'pest.

¡¿Qué demonios hacia Jérémie en mi casa?! Y… y… ¡Sin anunciarse previamente! El terror que sentí solo era equiparable al que había sentido en el incidente de las acromantulas.

Por mi cabeza pasaron las diferentes formas en las que hubiera podido salir bien librado de aquella situación. Desde una repentina invasión de babosas carnívoras hasta un piloto de escobas que chocaba contra la ventana de la sala. Pero nada de eso pasó, vamos, que ni si quiera un bicho zumbador hizo acto de presencia.

El único que parecía bicho raro en esos momentos era yo, pues no sabía si lo más conveniente era salir corriendo de ahí o simplemente esperar a que algo más sucediera.

Por fortuna, sucedió lo segundo.

—Eh… Hola, Jack… —soltó el apuesto chico tratando de contener la risa.

Me miró de pies a cabeza y pude notar como admiraba el estampado floreado del delantal, a lo que en un estúpido intento por ocultarlo traté de quitármelo de encima jalándolo bruscamente.

Con los nervios de punta que tenía y la desesperación por apartar de su vista la posible evidencia de mi preferencia sexual, el resultado no fue nada bueno.

El delantal se me enrollo en el cuello, de tal forma que cuando comencé a jalarlo para que saliera de mi cabeza, comencé a estrangularme inconscientemente.

—¡Hey, Jack! –gritó espantado— ¡Tranquilo! ¡Detente, qué te vas a matar!

Al ver que no cedía en lo más mínimo, Jérémie agitó su varita, haciendo que perdiera la movilidad de todos mis miembros y obligando a mi cuerpo a permanecer quieto en una ridícula posición. Rápidamente el chico me quito la tela floreada que anudaba mi cuello y al instante sentí como mis pulmones se llenaban de aire de nuevo.

Casi de inmediato, el chico se apresuró a deshacer hechizo de inmovilización que me mantenía cautivo, pero al hacerlo mi sentido del equilibrio falló y comencé a tambalearme, por lo que en un acto reflejo me vi forzado a sostenerme del hufflepuff para tratar de no caer. Por desgracia, Jeremie no estaba preparado para esto, por lo que nuestro derrumbe fue inevitable.

Él se llevo la peor parte del golpe, pues se aferró a mi cuerpo de tal forma que hizo que yo cayera encima de él. Sin ser muy consciente de todo esto, abrí mis ojos y mire la cara del hufflepuff que en ese momento se encontraba contorsionada en una mueca de dolor. Sus ojos estaban cerrados a causa de la conmoción y sus labios… Merlín… tan cerca de mí de lo que jamás había estado. Podía sentir su respiración contra mi rostro y un leve atisbo a dentífrico se coló por mis fosas nasales, al mismo tiempo que me percataba de sus grandes manos sobre mi cadera.

De pronto, su pierna se movió y su muslo quedo levemente encajado sobre mi pelvis. Inmediatamente el abrió los ojos y me miro de forma inescrutable. Yo, por supuesto, me sonrojé pudiendo sentir como mi cara me quemaba de la vergüenza.

—Eh… ¿Te… encuentras bien, Jack? –me dijo en un susurro, haciendo más pronunciado el aroma de su aliento.

—Yo… —atiné a decir totalmente descolocado, sin poder dejar de mirar esos bellos labios que ahora se curvaban deliciosamente en una sonrisa.

¿Era posible que Jeremie estuviera disfrutando de aquello tanto como yo? ¿Sus sonrisa era acaso un indicador de lo que pensaba? ¿Cabía la posibilidad de que todos mis sueños con respecto a él se hicieran realidad? ¿Acaso por fin iba a recibir mi primer beso? ¿O, con un poco de suerte, algo más?

En ese instante, la chimenea crispó por segunda ocasión en el día, respondiéndome a todas esas preguntas.

Esta vez era Ethan el que había aparecido entre las llamas. Tanto Jeremie como yo lo miramos expectantes, sin decir una sola palabra.

El Ethan de mi imaginación había puesto una cara de loco desquiciado cuando me vio con el delantal floreado y cantando la canción de Cordelia, pero el Ethan que ahora nos estaba viendo tenía una expresión totalmente opuesta. Primero vislumbré destellos de sorpresa en sus ojos, pero luego, una fina línea se dibujo en su frente cuando frunció el ceño y desvió la mirada de nosotros, con lo que parecía ser indignación.

—No mencionaste que ibas a estar acompañado esta mañana, Jack —soltó mi amigo, mientras se acomodaba la mochila que siempre traía consigo, la cual había comenzado a resbalársele por el hombro—. Tal vez lo mejor sea que me vaya y comience a estudiar por mi cuenta…

—¡No! –gritamos a la vez Jeremie y yo.

Mire al hufflepuff una última vez, antes de quitármele de encima y ponerme de pie tan rápido como pude, muriéndome de la pena. Él hizo lo mismo y se sacudió un poco la ropa que se le había llenado de restos de ceniza que había expulsado la chimenea.

—Ethan… esto… —comencé a decirle pero en realidad no sabía cómo explicar aquello.

Por suerte, Jeremie estaba ahí para salvar la situación.

—Lamento mucho todo esto, Pevensie. Jack te esperaba junto a la chimenea y aparecí sin anunciarme. Cuando salí, tropecé con él e hice que cayéramos –dijo el chico con una destellante e inocente sonrisa en su rostro mirando a Ethan a los ojos.

—¿Ah sí? –inquirió el slytherin, lanzándome una mirada de soslayo.

—Sí –sentenció Jeremie con seguridad—. Por cierto, Jack, disculpa todo este atrevimiento. Yo solo iba a meter la cabeza por la red flu, pero me llamó la atención que las protecciones de tu chimenea estuvieran desactivadas. Solo quería cerciórame de que todo estuviera bien. De verdad que lamento todos los inconvenientes.

Me quede pasmado al ver la soltura con la que mentía para no mencionar las verdaderas circunstancias bajo las cuales había ocurrido todo aquello, pero me sorprendí aún más cuando la sombra de un verdadero arrepentimiento apareció en su rostro.

Con molestia visible en sus ojos, Ethan paseó su mirada de Jeremie a mí repetidas veces, pero al ver que Jeremie únicamente me miraba a mí, decidió hacerlo también. Yo los miré a ambos, sin saber exactamente qué hacer, pero entonces ví como Jeremie alzaba de forma casi imperceptible las cejas como instándome a hacer algo.

Mi mente se puso rápidamente a repasar la escena, llegando a la conclusión de que si el chico hufflepuff me había pedido disculpas, lo correcto sería aceptarlas. Además, aún no tenía ni idea de que era lo que necesitaba de mí.

—No… no te preocupes… —Dije con mirada en el suelo, forzando las palabras a que salieran de mi boca y con la cara al rojo vivo— pero… ¿Qué necesitabas… Jeremie?

—¡Oh! Mi tío me pidió de favor que me comunicara contigo para ver cómo te encontrabas. Yo estaba pensando en invitarte a la casa para que no estuvieras solo, pero… —le lanzó una mirada amable a Ethan— veo que ya tienes planes…

Lo miré sin dar crédito a lo que decía, a lo que él solo respondió con una ligera sonrisa que para mi significaba algo parecido a «¿Te animas?». ¡Por Merlin! ¡Me estaba invitando a su casa! ¿Estaría al tanto el profesor Salvatori de aquello o se trataba de una invitación únicamente de parte de Jeremie? Me ilusioné creyendo que era lo segundo.

—Por mí no te detengas, Jack –dijo Ethan sin apartar la mirada de Jeremie—. Si te quieres ir a hacer tus cosas, no hay problema, tío.

La frialdad con la que dijo aquello hizo que la ola de excitación que sentía repicar en mi pecho se esfumara por completo. Al instante la voz de Xio hizo eco en mi memoria… «¿No se supone que Ethan, tú y yo somos amigos? Esto es el tipo de cosas que se hacen con los amigos». Ojalá se hubiera referido a dejarlos colgados para irte a pasear con el amor de tu vida.

Con un pequeño suspiro mire por un momento al bello hufflepuff y luego volví a agachar la mirada, por ser incapaz de verlo y decirle lo que estaba por decirle.

—Te… Te agradezco mucho, Jeremie. Pero como bien dices, ya tengo planes. Quizá… será en otra ocasión… —dije con mucha pena y por lo bajo.

—No te preocupes, Jack. Como bien dices tú también, en otra ocasión será. En fin, me retiro para no quitarles más su tiempo. Nos vemos… —Lo escuché decir antes de que el fulgor esmeralda del fuego me indicara su partida.

Por fin alcé el rostro y me quede mirando la ceniza que revoloteaba sobre la alfombra que circundaba la chimenea. Se había marchado tan rápido y repentinamente como había llegado. Ni si quiera me dio tiempo de asimilar todo lo que había ocurrido en cuestión de minutos. Además, ¿Era mi imaginación o aquello había tenido un tono de decepción? Mi estomago se contrajo como si hubiera recibido un fuerte golpe.

—Jack… —la voz de Ethan sonaba ajena y distante.

Estaba muy consciente del compromiso que tenia con Ethan, pero también era cierto que el chico había progresado muchísimo en poco tiempo. ¿Bien se las podría arreglar para estudiar sin mí una tarde, no?

—Jack… —volvió a llamar Ethan, pero de nueva cuenta no lo escuché.

Vamos, no es que lo fuera a dejar solo todo lo que restaba de verano, solo iba a ser un momento en el que podría ir a casa del Profesor Salvatori a pasar una tarde con Jeremie y…

—¡Ostia, Jack! ¡Qué algo se está quemando, Joder! –gritó mi amigo y salió disparado a la cocina.

Por un par de segundos me quede pensando en lo que había dicho, pero luego corrí para alcanzar al chico hasta la cocina.

Todo el lugar estaba lleno de humo negro y olía a comida chamuscada. ¡Los huevos y el pan! Con todo el revuelo había olvidado que había dejado a medio cocer el desayuno y ahora todo estaba estropeado.

—¡Ah! ¡Mierda! –exclamó Ethan cuando trató de levantar una sartén de la estufa, pero que soltó inmediatamente cuando lo quemó, haciendo que esta cayera al piso estrepitosamente y esparciera todo su contenido.

Inmediatamente, sacudí mi varita y realicé un Tergeo, el hechizo absorbente, para que mi varita succionara todo el humo del lugar y pudiéramos ver con más claridad.

Una vez que el humo se esfumó, el caos de la cocina se hizo visible. Había huevos quemados y regados por todo el suelo, además de que el sartén que aun quedaba en la estufa, mostraba claros signos de haber sido expuesto al fuego más tiempo del requerido, ni que decir de su contenido.

Ethan se fue a lavar la mano al fregadero, mientras propinaba una serie de palabrotas a "las personas descuidadas". Un tanto apenado y amedrentado por las groserías del chico, me acerqué a él le tendí la mano.

—Déjame verla… —dije con un poco de determinación.

El slytherin decidió ignorarme por completo.

—Vamos, Ethan. No hagas que me sienta peor de lo que ya estoy… —le solté.

El chico volteo a verme sumamente molesto, pero aún así coloco su mano encima de la mía para que pudiera examinar su quemadura. La piel estaba roja, hinchada y una gran ampolla amenazaba con aparecer.

—No es tan grave… —comencé a decir, pero el chico no me dejo terminar.

—Pues como a ti no te duele, por eso lo dices –gruñó fulminándome con la mirada.

No estaba dispuesto a seguirle el juego, así que solo meneé la cabeza y agité nuevamente mi varita diciendo "Accio Botiquín". Un segundo más tarde, el botiquín del cuarto de baño apareció flotando frente a mí, por lo que comencé a rebuscar el ungüento a base de dictamo que mi madre ocupaba para heridas como aquellas. Cuando lo encontré, lo abrí y tomé un poco para aplicárselo con cuidado a Ethan.

—Te va a escocer un poco… —dije mientras distribuía una plasta uniforme de la sustancia viscosa en la palma de su mano.

—¿Más de lo que…? ¡Ah! –exclamó y retiró su mano cuando el ungüento comenzó a burbujear al contacto con la quemadura, a lo que él me miró iracundo a modo de reproche.

Al ver su reacción aparte mi vista de él y al sentir que mis ojos se humedecían, me volteé dándole la espalda con el pretexto de comenzar a recoger la sartén y los restos de comida del piso.

El slytherin tenía toda la razón en odiarme. Había sido mi culpa todo aquello. No solo había sido el descuido de la cocina, sino que también la escena frente a la chimenea. Si tan solo me hubiera controlado un poco y no hubiera estado jugando, nada de aquello hubiera pasado.

Encima de todo, quién sabe qué opinión tenía Jeremie de mí ahora. Seguramente jamás me volvería a hablar en la vida. Y no lo culparía, porque a juzgar por la cara de mi amigo, él tampoco estaba dispuesto a hacerlo, al menos no en un futuro cercano.

—Lo siento mucho, Ethan… —dije casi en un susurró, tratando de contener las lagrimas.

Desde el ataque de las acromantulas, mi sensibilidad y susceptibilidad a las cosas había ido en aumento. A pesar de ello siempre que podía, evitaba llorar o poner cara seria delante de con quienes convivía, aunque a decir verdad solamente había convivido con mis padres y con Ethan desde aquello.

De pronto, sentí la mano de Ethan en mi hombro por lo que gire mi cabeza para verlo. Su rostro era serio, pero ya no lucia molesto.

—Levántate, Jack –me ordenó.

Me dio la mano que no tenía lastimada y jaló de mí para que me pusiera de pie. Su mirada había pasado de huraña a condescendiente.

—No tienes de que disculparte. El que ha venido a armar jaleo ha sido el idiota de D'pest.

—Pero…. arruiné el desayuno y… tu herida…

—Todo por culpa de lo mismo. Además… te iba a sugerir que… pues como hoy tenemos repaso teórico, podríamos llevarnos las cosas al Princes Park y estudiar ahí. Puedo llamar a Kirbly para que nos ponga algunos emparedados y un poco de zumo para llevar. De paso le puedo decir que venga a limpiar, ¿Qué dices? –me dijo mientras esbozaba una pequeña sonrisa a la que no terminaba de acostumbrarme.

Al parecer, no era el único al que le había afectado el ataque de los arácnidos, pues Ethan no solo había mostrado una mejoría con lo que respecta a los estudios, sino también en su actitud y comportamiento. Al menos conmigo sí que se notaba un cambio, aunque no sabía si se debía al ataque o a que le estaba ayudando a ponerse al día.

Lo miré un tanto dubitativo, pero al final decidí que no era una mala idea después de todo lo que había ocurrido.

—Está bien, pero yo voy a limpiar la cocina. Kirbly ya tiene suficiente con preparar la comida. –sentencié.

—¡Perfecto! Entonces… ¡Iré a por las jodidas cosas…! —dijo satisfecho, para luego salir de la cocina.

«Definitivamente hay cosas que nunca cambiaran» pensé al verlo desaparecer por la puerta, para luego ponerme a limpiar aquel desastre culinario.

Ya estaba terminando de quitarle el huevo quemado a la sartén que me faltaba por lavar, cuando de pronto escuché como interrumpían una canción de la radio, la cual nunca había dejado de sonar.

—Interrumpimos nuestra programación habitual para informarles a todos los radioescuchas los eventos más recientes de Hogwarts, el colegio de magia y hechicería. –rápidamente, deje en el fregadero la sartén y corrí hacia el aparato para subir el volumen— En directo, tenemos al profesor Sebastian Salvatori, quien ha asumido el cargo de subdirector de forma temporal y que además tiene información acerca de la situación actual del colegio.

¿El profesor Salvatori era ahora el subdirector provisional? Pero claro, con la profesora Roserade desaparecida, el profesor Morrison tendría que encargarse de todos los asuntos de la dirección ahora.

—Sebastian, muchas gracias por estar aquí con nosotros.

—Al contrario, Alfred. Muchas gracias por permitirnos usar este espacio para informar a todos de los cambios en la plantilla de Hogwarts. –hasta en la radio su voz sonaba cálida y agradable.

—Bueno, platícanos un poco sobre ti, ya que tal vez no todos los que nos escuchan sepan quién eres y a que te dedicas.

—Claro. Pues bien, soy el profesor Sebastian Salvatori. Tengo 15 años enseñando Defensa Contra las Artes Oscuras en el colegio Hogwarts, 10 de los cuales también he sido Jefe de la Casa de Gryffindor. Recientemente he asumido el cargo adicional de Director Adjunto debido a que el profesor Frederick Morrison ha ascendido a Director General del colegio.

—Vaya, no dudo de tu capacidad ni mucho menos Sebastian, pero a mi parecer luces un poco joven para este tipo de puestos.

—Pues recién he cumplido los 44 años, así que tan joven tampoco soy, Alfred.

—Bueno, me refiero a que en comparación al resto de tus compañeros, tú eres uno de los más jóvenes de la plantilla actual del colegio. ¿O me equivoco?

—No, no te equivocas. Si mi información es correcta, sigo siendo el segundo profesor más joven de la plantilla, aunque por respeto al resto de mis compañeros no pienso seguir hablando de ese tema.

—Muy bien, además de todo un caballero. Eso habla muy bien de ti, Sebastian. Aunque retomando el tema, creo que tampoco nos tenemos que poner muy quisquillosos con lo que respecta a la Subdirección, porque al fin y al cabo no es más que un puesto provisional. –en ese momento, el profesor Salvatori emitió un ruidito muy parecido a una risa.

—Ahora sí que estas errando, Alfred. De eso es de lo que he venido a hablarte. Ayer por la noche el claustro entero de profesores y el Comite Escolar se ha reunido en el despacho del Director y todos hemos emitido nuestro voto para seleccionar al nuevo Director del Colegio y dado que por unanimidad hemos elegido a Frederick Morrison para el cargo, su puesto actual quedo vacante, por lo que él ha decidido que yo asuma el cargo de Subdirector.

—¿El claustro de profesores se ha reunido para votar? –se escuchó decir incrédulo al locutor— Pero eso es imposible. La profesora Roserade está desaparecida, no se puede dar por hecho que haya dimitido o... peor aún... muerto.

El profesor Salvatori emitió un pequeño suspiro.

—Es mi deber informarles a todos los radioescuchas que el cuadro de Hogwarts de la profesora ha cobrado vida, por lo que con toda certeza les puedo asegurar que Augusta Roserade ha muerto.

Un golpe sordo me hizo voltear hacia la entrada de la cocina. Ethan había dejado caer su mochila, la cual probablemente contenía todo nuestro material de estudio, aunque en ese momento lo que menos me interesaba era el contenido de la bolsa, sino más bien la cara de angustia que había puesto el slytherin, casi como si fuera su propia muerte la que hubieran anunciado.


Pues nada HH: LLP ha vuelto! :D Todo gracias a Silvers Astoria Malfoy y a Anyza Malfoy. Les agradezco chicas por volverme a infundar el animo que necesitaba para continuar con este proyecto.

Pues nada, que esta es la nueva versión del capitulo 7. Solo hay un un par de ajustes por aquí y por allá pero nada significativo hasta lo que hubieran podido leer en la versión pasada. Los cambios de la versión original aparecen despues :] así que... pues muchas gracias por seguir leyendo y espero que a todos les siga gustando esta historia. Animense a dejar Reviews! Que gracias a ellos creo que puedo seguir mejorando para ustedes :D Saludos!

Pd. Por cierto, para los que les interese, tengo un material gráfico de la saga que es medio cutre porque lo hice yo xD pero creo que no pierden nada con echarle un ojo. Sí loo desean, mandenme por PM su correo electrónico y se los hago llegar :D