§ Ángel de Amor §
"Todos tenemos un ángel que nos protege, que nos cuida y que nos vigila en el silencio del anonimato. Sabemos que esta ahí, incondicionalmente, y hasta a veces nos gustaría conocerlo... pero son realmente pocos los que tienen esa maravillosa oportunidad."
CAPITULO IX... "Tú en mi corazón"
.·oOo·.
Kagome estaba un poco indecisa en cuanto a la idea que se le había ocurrido, después de todo, Kouga demostraba abierta antipatía por Inuyasha... de cualquier modo, tendría que saber algo más relevante de él, son algo así como 'colegas de trabajo', además que Kouga ha demostrado ser de utilidad sólo para los problemas, así que de esta manera le daría oportunidad de reivindicarse.
—¿En qué quieres que te ayude, Kagome? —preguntó el muchacho después de haber dado amplias muestras de nerviosismo ante la voz que puso Kagome cuando le dijo 'tú podrías ayudarme...'
—Bueno, es algo bien simple: —comenzó la chica con jovialidad. —quiero que me cuentes todo lo que sepas acerca de Inuyasha.
—¿De... Inuyasha...? —musitó Kouga en un tono de decepción. —¡Pero dijiste que sería algo fácil!
—¿Y acaso eso no lo es? O es que... ¿no quieres ayudarme?
—Primero tendría que saber cuáles son tus intenciones para con esa información y... mis ganancias... —inquirió el ángel, con voz de chantaje.
—Bueno, a ver, cómo te lo explico... mis intenciones no son para nada de tu incumbencia, así que sólo debemos hablar de tus exigencias. Dime que es lo que quieres a cambio, Kouga...
Kagome adoptó una postura algo... atrevida... demostrando con eso que la información valía mucho, pero que no salía de los limites de lo impagable para ella. Kouga se dio cuenta de eso, lo que hizo que se pusiera aún más nervioso de lo que estaba al iniciar la conversación, pero su mente 'perversa' se puso en funcionamiento, y sus hormonas dominaron la situación.
—Lo que quiero es... —lo pensó un momento, como dándole expectación a sus palabras —un beso... sí, el beso que no te di y por el cual te enojaste conmigo. Quiero que esta vez te enfades con motivos, mi querida Kagome...
—¿Tan alto es el precio? —preguntó la chica frunciendo el ceño caprichosamente, para luego desafiarlo con la mirada. —Eso quiere decir que la información es buena...
—Tendrás que comprobarlo tú. ¿Aceptas?
—Acepto. —contestó, sin pensarlo mucho, alejándose de Kouga momentáneamente para acomodarse en su cama a escuchar lo que tuvieran que decirle. —Comienza.
El interesado suspiró pesadamente, a modo de prólogo para sus palabras. Y habló.
—Bueno, a decir verdad a ese inepto no lo conozco mucho, pero a diferencia de él, yo siempre he vivido en el cielo.
—¿A qué te refieres con eso?
—Verás, hace exactamente 16 años, él se apareció de la nada en los territorios de Dios, y Suzumo, su mensajero, lo presentó como un nuevo ángel cuando nosotros no lo habíamos visto jamás antes en la vida. Así sin más, sin entrenamiento previo, sin aplicación, sin nada, se convirtió en ángel. Nadie supo de dónde venia, ni la razón de su llegada... pero todos pensamos que fue por un castigo.
—¿Por un castigo? ¿Qué hizo él?
—No lo sé, y no hay nadie en todo el paraíso que lo sepa... lo único que se rumoreó y de manera muy discreta, era que había hecho caer en pecado a una compañera nuestra, nunca supe bien eso... el caso es que, ahora que lo pienso, cuando él llegó, una de las ángeles que estaba ejerciendo desapareció... —carraspeó, un poco incómodo. —Y se rumoreó que había sido enviada al infierno, pero más allá de eso no me interesó saber, ya que estaba en el período más arduo de mi entrenamiento.
—¿Y de casualidad no sabes cómo se llamaba el ángel que desapareció cuando Inuyasha llegó? —preguntó Kagome, al borde de la desesperación.
—No... lo siento mucho.
Kagome agachó la cabeza en señal de decepción. Después de eso, no le quedaban dudas de que jamás conocería a alguien tan misterioso como Inuyasha. Claro que aunque tenía una leve sospecha de quién podía ser ese ángel que desapareció, no tenía pruebas. Para esa parte necesitaría contar con Dai obligatoriamente. Así que decidió abandonar el interrogatorio a Kouga, al menos por ahora.
—Bueno, ya te dije todo lo que sabía Kagome, así que... quiero mi premio. —exigió el ángel descaradamente.
La muchacha se acercó peligrosamente al rostro de Kouga hasta quedar a escasos centímetros de él... y susurró:
—Reconozco que me fuiste de gran ayuda... pero lo que me contaste no vale un beso, así que... ¡para otra vez será!
Y resueltamente se separó de Kouga, dejándolo con la sensación de que los papeles se habían invertido y ahora Kagome había jugado con él. Eso le frustró un poco, lo que hizo que desapareciera de la habitación murmurando:
—Eres una tramposa ¬¬... ¡pero ni creas que me rendiré, Kagome!
Cuando esto sucedió, la muchacha se sentó por fin en la tranquilidad de su cama a pensar en todo lo que había ocurrido hoy. La noche estaba muy avanzada, y el leve recuerdo de que al día siguiente tenía que ir a la escuela, le hicieron olvidarse de todo lo que tuviera que ver con ángeles, y se metió a la cama. Porque ninguna investigación le salvaría de tener que asistir a clases al día siguiente.
.·oOo·.
Inuyasha pensando. Ésa era una escena ya bastante común en los paisajes del cielo, y muy curiosa por cierto, dado que el personaje en cuestión se caracterizaba por ser muy impulsivo y darle poco tiempo a la reflexión.
Pero eso había cambiado desde que lo habían separado de su antigua protegida.
¿Qué era lo que le tenía así de pensativo? ¿La frustración de saberse incapacitado para cuidar correctamente de alguien? ¿Que se lo dijera otro ángel? O es que... ¿extrañaba a la muchacha con la que había convivido en silencio por dieciséis años?
Ése era el dilema al cual Inuyasha se entregaba cada tarde; su entretención era descifrar una respuesta a esa encrucijada, y ya que Dai últimamente se pasaba horas enteras en el templo estudiando sepa Dios qué cosa, a él le era mucho más fácil dedicarse tiempo para eso.
—Kagome... —susurró más para sí que para nadie. —¿Qué estarás haciendo ahora? —frunció el ceño ante lo que se le ocurría. —Tal vez estés divirtiéndote de lo lindo con ese tonto de Kouga, y ya ni siquiera te acuerdes de lo que dijiste al despedirte de mí...
—Seguramente, ya no volveremos a vernos...
—Es lo más probable...
—¿Y no te da pena?
—No...
La verdad era que le había dicho eso porque jamás alguien le había visto flaquear de manera tan fácil y absurda, ¡jamás! Pero ahora... ¿ahora de qué le servia todo ese orgullo, si extraña e inevitablemente echaba horrores de menos a Kagome?
—Bien... lo comprendo. Siempre quisiste deshacerte de mí, así que no me extraña. Me alegro que todo haya salido como querías, Inuyasha
"Me alegro de que pensaras eso, Kagome... eso quiere decir que ahora no estás sufriendo..." era lo que había pensado Inuyasha. Si ella era feliz, pues... él también lo sería, aunque su felicidad se alimentara del recuerdo de aquella muchacha que en ese momento lucía una profunda decepción en el rostro a causa de la respuesta que él mismo le había dado.
—¿Tú... vas a... echarme de menos?
—¡¡Claro que sí, tonto! Voy a extrañarte demasiado...
"¿Y ahora qué, Kagome? ¿En qué quedo tu promesa de extrañarme? Te apuesto... te apuesto maldición, que no has pensado un minúsculo segundo en mí como yo en ti... ¿en qué demonios quedó tu tonta promesa...?" Susurró al viento, quien era el único que podía escucharlo.
¿De dónde salían todos esos reproches para Kagome? ¿Sólo de sus labios, o también de su corazón?
¿Qué tenía que hacer para que lo entendiera? ¿Verla?
Verla...
Al pensar en eso, sintió como miles de maripositas le alborotaban el interior de todo su ser. Verla... sí, eso era lo que haría. Pero como le estaba prohibido acercarse a ella nuevamente, tendría que hacerlo a escondidas... ¡Bah! Fuera como fuera, él vería a su Kagome, y haría lo que fuera por conseguir esos ojos chocolates una y mil veces.
Con paso seguro y confiado se dirigió al portón que conectaba el mundo de los mortales con el cielo, y al ver la inscripción que éste tenía, no pudo evitar sonreír inconscientemente.
"Almas indecisas entre el bien y el mal... claman por una oportunidad y por un lugar junto al Poder de Dios"
Recordó cuando Kagome, en su ofuscación por conocer al culpable de dieciséis años de accidentes, había dirigido sus pasos hacia el infierno, y él había tenido que salvarla muy a disgusto. En esos momentos, ¿cuándo se iba a imaginar él que terminaría sintiendo algo más que aprecio por esa chica? O ya digámoslo de frente: Inuyasha estaba enamorado de Kagome y recién se venía a enterar...
Qué cosas de la vida... y eso que Dai se lo advirtió muchas veces...
—Se van a llevar mejor de lo que creen... —había dicho él, en opinión al hecho de que Inuyasha y Kagome tendrían que convivir juntos uno en conocimiento del otro, cuando no se soportaban mutuamente.
—¿Ah, sí? Pues lamento romper tus ilusiones, pero con esa tonta jamás me entenderé...
—Bueno, será como tú digas, pero no sea cosa que te termines enamorando de ella, ¡eh!
Y él, como tonto, se había enamorado de la muchacha desagradable. ¡Vaya que Dai tuvo razón! A lo mejor en vez de ser ángel, debiera ser vidente...
Pensando y pensando, cruzó el portal, llegando directamente al templo de Kagome. No le costó nada de trabajo infiltrarse a la habitación de la muchacha, donde se suponía que debía estar a semejantes horas de la noche. Y en efecto ahí estaba, durmiendo plácidamente en su cama. Inuyasha la miró fijamente durante unos segundos. Lucía tan inocente cundo dormía, tan tranquila... él la había visto conciliar un sueño intranquilo millones de veces por su culpa, y eso era algo con lo que tendría que vivir en la conciencia por siempre.
Al final estaba pagando las consecuencias de la manera más cruel de la vida: con sentimientos...
/
No soy una persona perfecta,
/ hay demasiadas cosas que desearía
no haber hecho
/
pero sigo aprendiendo
/ nunca quise hacerte esas cosas
/ y
hay algo que tengo que decir antes de que me vaya...
¿Qué le había hecho esa chiquilla a él para que se hubiera encandilado de esa manera? ¿Qué era lo que tenía?
Bueno, tenía muchas cosas... era alguien con un corazón noble, puro, sentimientos hermosos que él jamás supo valorar hasta ahora, que ya era demasiado tarde... pero cuando la miraba a los ojos, a esos hermosos ojos almendrados que ahora descansaban tras sus párpados, algo extraño se apoderaba de él, algo que le hacía recriminarse las canalladas que permitió le sucedieran durante toda su vida... ¿Cómo pagar por todos esos errores? De la manera más cruel de la vida: con sentimientos.
/
Sólo quería hacerte saber
/ que encontré una
razón para mí
/ para cambiar quien solía
ser
/ una razón para empezar de nuevo...
/ y esa razón
eres túSi tan solo ella abriera los ojos... ¿que
pasaría? ¿resistiría ver directamente esos ojos
que le acompañaban cada día y cada noche, en cada
pensamiento y en cada suspiro que daba? Tendría que
resistirlos, porque tenía que hablar. Decir que lo sentía,
que gracias a ella su corazón recuperó algo que daba
por perdido desde hace mucho tiempo ya, tenía que demostrar
que podía cambiar por ella, tenía que...
—Inuyasha... —susurró la muchacha entre sueños.
/
Estoy arrepentido de herirte
/ es algo con lo que debo vivir
cada día
/ y todo el dolor que puse en ti
/ desearía
poder lanzarlo lejos
/ y ser el único que capture todas
tus lágrimas
/ es por lo que quiero escuches:—Kagome...
¿susurraste mi nombre? ¿Eso quiere decir que me
recuerdas? ¿Que has pensado en mí, que tu promesa
siguió en pie hasta hoy, y que la has cumplido?
»Fui un idiota al hacerte sufrir así, ahora lo entiendo... que por más que yo te ame, mi corazón no merece al tuyo, pero...
/
He encontrado una razón para mi
/ para cambiar quien solía
ser
/ una razón para empezar de nuevo
/ y esa razón
eres tú... esa razón eres tú...
La chica se revolvió entre las cobijas de su cama, como si sintiera que había alguien más en esa habitación mirándola fijamente, velando por ella, alguien que no era Kouga y que estaba dispuesto a dejar salir los sentimientos más sinceros si ella abría los ojos... pero Morfeo le había negado ese placer, porque descansaba placidamente, pensando justamente en la persona que le acompañaba.
—Inuyasha... —volvió a susurrar, mientras abrazaba la almohada. Si tan solo lo tuviera a él para abrazarlo... si tan solo él la recordara... pero ahora había alguien más, o tal vez no... ¿Quién demonios podía ser esa tal Kikyou? ¿Por qué se aparecía entre Inuyasha y ella? ¿Por qué todo era sufrir y sufrir?
—Kagome... —exhaló el otro en respuesta sin saber lo que pensaba la chica, acercándose inconscientemente a la cama donde ella se encontraba acostada.
Volvió a sentir remordimientos de sus acciones. Y para remediarlo tenía dos opciones: despertarla y hacerle comprender lo que sentía con un solo beso, o... dejarla vivir en sus pensamientos.
/
No soy una persona perfecta
/ nunca quise hacerte esas cosas
/
y hay algo que quiero decir antes de que me vaya,
/ que sólo
quiero hacerte saber:
/
Que he encontrado una razón para mí
/ para cambiar
quien solía ser
/ una razón para empezar de nuevo
/ y esa razón eres tú...
No. Jamás permitiría que se le escape otro amor así como ocurrió en el pasado, jamás dejaría a otro amor morir lejos uno del otro, no volvería a ser tan descuidado como aquella vez...
Así que sólo se acercó a ella, besó su frente repetidas veces, como si con eso le dijera que siempre iba a estar con ella, siempre, aunque otro fuera su ángel... él siempre la iba a proteger. Y no con la presencia, porque estaba prohibido...
—Pero te aseguro que tu corazón estará seguro dentro del mío, Kagome...
/
He encontrado una razón para mostrar
/ una parte de mí
que tú no conociste
/ una razón para todo lo que
hago
/ y esa razón eres tú.
Y luego de eso, salió tan discretamente como había entrado de aquella habitación... claro que si se hubiera quedado dos segundos más, habría escuchado algo que seguramente, habría hecho que no se fuera nunca jamás en la vida:
—Inuyasha... ai shiteru...
.·oOo·.
"Humana de la Discordia".
Por fin había logrado dar con el significado de aquél término, una puerta segura al motivo por el cual Dios había separado a Inuyasha y Kagome.
—Dai... ¡eres un genio! —se auto felicitó, y procedió a leer el significado que rezaba la enciclopedia que sostenía en las manos.
"Humanos de la Discordia: término aplicado a ciertos mortales que, en ocasiones, logran inducir a Ángeles a cometer acciones que atenten contra los Mandamientos. Entiéndase esto al amor entre Ángeles y Mortales, por ejemplo. De este tipo de faltas se ha registrado sólo un caso, hace dieciséis años, cuya pena fue el exilio al Infierno para el ángel en falta, y para el mortal, la transmutación a la vida de ángel, condenándolo a la vida sin sentimientos en el paraíso."
—Vaya, vaya... —contestó Dai para sí mismo a las interrogaciones que tenía en la mente. —De esto podemos concluir muy pocas cosas, la más importante tal vez... —dijo con resignación.
Sacando conclusiones, se le llamaba Humano de la Discordia a aquel mortal que provocara desequilibrio entre las leyes de los mortales y las de los Ángeles, pero hasta donde él sabía, Kagome no había hecho nada indebido, ¿o sí?...
Porque algo indebido sería que... sería que...
Inuyasha se haya enamorado de Kagome...
...y viceversa...
¿Sería ése el motivo por el cual Dios les habría separado? ¿Para que no cayeran en falta grave?
De cualquier modo, Dai estaba consciente de que no había entendido el significado de aquellas palabras del libro por completo, así que, para poder sacar un resultado provechoso de aquella información, necesitaría leerla posteriormente.
Tomó una pluma y un trozo de pergamino del templo, y transcribió el texto para poder llevárselo, y meditarlo después.
Estaba seguro de que en ese fragmento estaba la clave para comprender el misterio de todo. Ya más adelante vendría lo del pasado de Inuyasha. Con esto era suficiente.
—"Un ángel detective también necesita descansar" —pensó Dai, abandonando el templo en dirección a sus aposentos.
.·oOo·.
Nuevo día en el mundo mortal. La escuela, el molesto horario de levantarse temprano, los deberes... nada había cambiado, sin embargo Kagome se sentía diferente, como si en la noche algo en ella hubiera cambiado. Algo que ella a ciencia cierta no podía saber, algo a nivel... 'espiritual' por decirlo de alguna manera.
A pesar de toda aquella tranquilidad que inexplicablemente experimentaba, se sentía algo observada, como si alguien mas allá de sus sentidos la estuviera mirando, pero esa sensación no era del todo desagradable si pensaba que la persona que la espiaba era Inuyasha...
La noche anterior le había parecido escuchar su voz entre sueños. Había soñado con su muchacho de ojos ambarinos, que le decía que la quería...
—¿Me estoy volviendo loca? —pensó Kagome, para luego susurrar sin intención alguna ese nombre...
—Inuyasha...
—Kagome... —contestó alguien más para sí que para ella...
Inuyasha se encontraba espiando a Kagome desde un lugar en el cual no pudiese ser descubierto. No soportaba la idea de abandonarla para siempre ahora que la había visto una vez más, la noche anterior... tan calmada y bella como siempre...
Si lo que sentía estaba prohibido, él se las arreglaría para que nadie descubriera que sin esa chica no podía vivir.
Lo que él no sospechaba era que a su vez, él también era observado...
Más allá del sitio donde se encontraba, cubierto por los árboles en sombra mientras observaba a Kagome, la figura de una esbelta chica se cernía en la oscuridad.
Llevaba una larga túnica blanca, con detalles negros a todo su través. El negro cabello de la muchacha caía libremente por sobre sus hombros hasta más debajo de su cintura, y veía a Inuyasha con una expresión de profunda melancolía y tristeza.
Lo miraba, podía estar horas mirándolo, después de todo, hace mucho tiempo que ella no tenía un encuentro con aquél muchacho, y tampoco estaba segura de que él quisiera verla, ni siquiera de si por si acaso la recordaba...
De pronto, ambos por separado salieron del ensimismamiento de sus pensamientos al sentir que alguien más se acercaba. Por suerte, esta figura no se percató de aquella misteriosa chica que espiaba a Inuyasha, sino que reparó automáticamente y con molestia en el chico de los ojos dorados.
—¿Qué estás haciendo tú aquí? —espetó con furia incontenida. —No sé si recuerdas que tienes PROHIBIDO ver a Kagome-chan...
—¡Kouga...! —exclamó Inuyasha con sorpresa. Demonios... Había sido descubierto, y más encima por ese tarado... —No hago nada que sea de tu incumbencia... tonto.
—¿Ah, sí? Lamento decirte que todo lo que tenga que ver con MI protegida me incumbe, así que... ¿Me haces el favor de largarte?
Ahora que estos dos ángeles se habían encontrado, ¿Qué ocurrirá? ¿Inuyasha podrá seguir sosteniendo su mentira para espiar a Kagome?
¿Y quién era la chica que espiaba a Inuyasha?...
Continuará….·oOo·.
Notas Inútiles: Wiii, un nuevo chap más! Ya estamos en terreno peligroso en cuanto a trama se refiere, y puede que una o dos preguntillas sean contestadas de aquí en adelante. Ah... recuerdo como si hubiese sido ayer cuando escribí estos capítulos... la verdad ha pasado montón de tiempo desde que los tipeé, este fic tiene fácil un año xD y tendré que aplicarme con escribirlo de nuevo. Estamos por llegar a los 17 episodios, que es lo que hay creado, de ahí en más... no está ni siquiera en mi cabeza. ¡Opinen, este fic aún no tiene final y ustedes pueden influir! xD
Pasemos a retribuir sus amables comentarios: Lore.it92 (gracias por el esfuerzo de ser menos breve xD y gracias por tus halagos n.n), Kagome70 (yo me conecto únicamente los sábados en fin de semana, y sí; planeo escribir un libro, pero cuando se me ocurra de qué te aviso xD ¡Gracias por todo!), Kikyo-dono (Dai fue mi amor durante mucho tiempo, pero hallé medio perver el acosar a mi propio personaje y lo dejé... xD), Xully (pido disculpas si me tardo, pero estoy ocupada en otras cosas u.u gomen), KawaiiDany-Chan (seh, Dai es medio bueno para la lengua pero iwal es adorable n.n ¡Hey, gracias por preocuparte de mi "proyecto"! si supieras de qué se trata... X.x), Natalia (gracias x los halagos, aquí tienes el significado de "Humana de la Discordia" ¡sigue leyendo, no te pierdas!), Mikky-chan (¿tengo el don? O.o eso me puso rojita xD yo también espero que puedas seguir leyendo xDD...), Butterfly hime (mmm, seh. Intentaré ponerme más responsable con las actualizaciones. Cuando tenga un tiempo, me paso por tus fics, ¿vale? Pido paciencia eso sí ñ.ñ), Lady Indomitus (wno, hasta donde yo sé Inuyasha no necesita Seguridad Celestial, se las apaña solito xD, Carné de Vuelo... mmmh, ya veo por qué pasaba tantos días en cana terrestre a veces: no tiene xD y por el pan no te preocupes... se lo compra Dai n.n ¡¡Gracias por tu review, me hizo reír mucho!), Amis cr (jajaja, seh... soy un pelín cabrona y lo dejo en lo más interesante... pero eso te motiva a volver y dejar otro review xD ¡Gracias a ti también n.n!) y Dark Angel (no te preocupes, comprendo la de tiempo que quita el cole ¬¬ lo importante es que has vuelto. ¡Te espero para el próximo!).
Por cierto, la canción que intercalé es la traducción del tema de Hoobastank llamado "The reason". Algo antigua, la escuchaba bastante cuando estaba de moda y encontré que pegaba perfecto con el momento de la historia n.n
Cualquier comentario, duda, etc. envíenla en un review, como siempre. Nos vemos no pronto xD
-Mileena.
