DISCLAIMER: Los personajes en esta historia no me pertenecen y no lucro con ellos. He inventado varios que no aparecen en la serie original de THG ¿Pero qué voy a hacer con ellos salvo ponerlos acá? No me demanden.

CAPÍTULO OCHO

De vuelta a la Arena

POR: TlalGalaxia

La gran pantalla en la recámara principal fue activada media hora antes del evento principal. Luego de la victoria de ambos tributos del distrito doce, las cosas se habían puesto cada vez más tensas en la casa más ostentosa del distrito. El alcalde Undersee fue a ver a su esposa una última vez antes de sentarse frente a la programación de esa noche que era la transmisión del tercer Vasallaje, el segundo que el alcalde veía en su vida y si las cosas no iban como el presidente Snow las había planeado, era probable que fuera el último.

-¿Dónde está Madge?- preguntó el alcalde a una de las encargadas de la limpieza al tomar asiento.

-Me pidió que le dijera que no bajará… que verá el programa en su cuarto.

Dio un gruñido que ponto se convirtió en tos, cuando era joven había fumado más de lo que una persona de su edad y tamaño debían. Luego del nacimiento de Madge lo había dejado pero a partir de que Katniss y Peeta habían vuelto de su gloriosa gira, había recuperado el gusto. El tabaco era caro, sí, pero por algo era el alcalde y podía permitirse ese lujo.

Era la ceremonia de inicio de los 75 Juegos del Hambre, el tercer vasallaje y el segundo que le tocaba presenciar. Mientras los conductores del programa daban las descripciones e historias de todos los concursantes de ese año (caras viejas, familiares en los gustos y corazones de todos los televidentes), Ovid Undersee no pudo recordar a esa candidata que había muerto en los anteriores juegos del hambre. Se recordó a sí mismo sosteniendo el broche con el sinsajo, haciendo una promesa que no estaba seguro de poder cumplir. Una promesa que ella había creído y que quizá por eso había terminado de esa manera… todavía le dolía ¿Por qué negarlo? Ante su familia y la sociedad había pretendido que daba lo mismo casarse con cualquiera de las chicas Donner ¿Pero cómo iba a ser lo mismo? ¿Cómo iba a dar lo mismo cuál Donner era su esposa? Y luego del cambio de chicas… y del envío de Kaysi al capitolio… su mente había quedado tan fragmentada que ni ella ni él sabían qué era lo que había vuelto. Era como si fuera su Kaysi con injertos de la mente de Maysi. Y mientras una parte de ella había aceptado casarse con él, la otra todavía amaba a ese chico que había resultado vencedor ¿Y a él que le quedaba entonces? Ni una cosa ni la otra.

Si no fuera por ese broche…

Casi como sincronizándose con sus recuerdos, la cámara mostró las imágenes de Katniss en los pasados juegos de Hambre. El broche del sinsajo era todo lo que él podía ver. Ahí estaba una vez más, en el campo de juego, por tercera vez… sabía que esa había sido obra de su hija Madge ¿Quién si no? Cuando él lo había recibido de su madre, ella misma le había dicho que era lo que le quedaba de su legado, el único símbolo de lo que había sido antes de que su familia escapara del bombardeo que había destruido su distrito. Pocos lo sabían pero Ovid Undersee era hijo de Cletus Undersee y Regina Lovelock, una sobreviviente del distrito trece cuyos padres habían caminado a lo largo de los bosques hasta encontrarse en los límites del distrito doce.

En su juventud, su madre le había contado la historia. Antes de la rebelión, los Undersee y los Lovelock habían sido buenos amigos. Ambas familias por generaciones se habían mantenido como las más influyentes de sus respectivos distritos, pero luego del bombardeo del trece ¿Qué quedaba para los Lovelock? El alcalde del distrito doce en ese entonces, Victor Undersee, hizo el compromiso entre Cletus y Regina alegando que la joven era hija de mercaderes y cambiando el nombre de toda la familia para protegerlos. Era así, pues, que los Lovelock pasaron a ser Stevens y el legado de los Lovelock tuvo que recaer en el de los Undersee. En agradecimiento, los Lovelock le habían dado a los Undersee todas las riquezas que poseían y no les permitieron negarse.

Un día, varias semanas antes de la boda, Cletus había observado la mirada de su prometida y se había sentido conmovido al notar que no dejaba de ver las noticias quizá en busca de una señal de vida de entre los restos de su distrito. Cuando él le había preguntado por qué se torturaba con las imágenes, ella le había dicho que había un truco en la imagen, que la televisión no mostraba la verdad y luego le había señalado la imagen que se repetía del sinsajo. Cletus no había estado seguro de creerle, pero seguro había pensado que matar las esperanzas de su futura esposa tampoco era bueno. El día de su boda, Cletus Undersee había fabricado el broche con la forma del ave que su prometida había visto. Lo había hecho con el mismo oro que los Lovelock le habían entregado a los Undersee asegurándose de esa manera que parte de lo que les pertenecía, regresara a sus manos.

Cuando Ovid nació, su madre Regina solía ponerle el broche como adorno de sus ropas todo el tiempo. Para el que ahora era el gobernador del distrito doce, esa figura había sido tan habitual como los ojos de su madre. Pero entonces se había enamorado. Amaba tanto a Maysilee Donner, que el día anterior al sorteo se lo regaló. Le mintió, quizá un poco… no creía que la iban a elegir… creyó que era un gesto romántico, una promesa que nunca tendría que cumplir. Y aun así había muerto sin que él o nadie pudieran hacer nada. Y entonces Haymitch había resultado campeón… y entonces quién se había casado con él no había sido ni su Maysi ni tampoco era Kaysi… era una mezcla de las dos… y a la vez era alguien nuevo a quien no estaba seguro de amar como la había amado originalmente.

Y ahora, varios años después, el broche estaba ahí, en el pecho de esa jovencita por mano de la misma Madge ¿Qué estaba pensando al darle ese broche? Sabía que nunca lo recuperaría, que nunca lo volvería a ver ¿Pero para qué lo quería ya? Además, muy en el fondo le satisfacía que ahora todos quisieran portar el emblema. El emblema de su madre… el emblema de un pueblo extinto como señal y motivo de esa nueva lucha que ya nadie podía parar.

Ovid Undersee quitó el volumen a su televisor mientras que los tributos comenzaban a emerger de sus plataformas como saliendo del agua ¿Cuántas veces más vería un inicio de esos juegos del hambre? ¿Cuántas veces más iba ese broche a estar ahí?

A muchos kilómetros del distrito doce, Johanna sintió el golpe de brisa marina sobre el rostro. Miró a su alrededor intentando ubicarse pero había adivinado la arena tan pronto el olor se había impregnado en sus fosas nasales. Era el mismo aroma que Finnick tenía en el cabello cada que lo veía recién llegado de su distrito. Miró en dirección a sus pies, el agua era cristalina, una vista hermosa de no ser porque tan pronto sonara el gong, tendría que luchar por su vida. Forzó la mirada intentando distinguir a las demás personas, pero el reflejo del sol sobre el agua le impedía ver claramente. Sabía que tenía que pensar rápidamente… el conteo no se hizo esperar. Tampoco podía pensar en Finnick, él tenía su propia misión al igual que Mags… ella debía concentrarse en Beetee y Wiress ¿Pero dónde estaban?

El gong de salida no se hizo esperar, saltó al agua de inmediato y comenzó a nadar en dirección a la Cornucopia. Necesitaba un arma… o provisiones. También necesitaba encontrar a Beetee y a Wiress ¿Dónde demonios se habían metido? Las instrucciones habían sido claras, si quería ser parte del plan final debía asegurarse de que ambos estuvieran con vida antes de intentar unirse a Finnick y a Mags. Finnick… él se encargaría de hacer que la aceptaran. Miró su alrededor y ahí estaba, el primero en llegar a la Cornucopia. El distrito siete tenía un lago que en verano era lo suficientemente tibio para nadar en él… pero Finnick, bueno él había nacido con aletas en los pies y seguramente agallas ¿Cuántas veces le había dicho "ojos de pescado" a manera de broma?

Para cuando Johanna alcanzó la cornucopia, Finnick y Katniss ya abandonaban el lugar. La pila de armas frente a ella le trajo a la memoria el consejo de su padre durante sus primeros juegos. "Consigue un hacha". "Solo necesito un hacha", pensó mientras examinaba rápidamente sus opciones. No muy lejos de ella, un arma a su medida la esperaba. Se sintió invencible al tenerla en sus manos y mientras la blandía, Blight se aproximaba a la Cornucopia también.

-¡Una espada!- exclamó llegando a su destino.

Johanna tomó la más larga de todas con una vaina tan gruesa que podía cortar a un hombre en dos de un solo tajo. Era perfecta para lo que pensaban hacer. No muy lejos de ahí, todavía en sus plataformas, Beete y Wiress miraban el agua como si fuera lava volcánica. Evidentemente en su distrito no tenían idea de cómo nadar y parados ahí no eran más que un blanco perfecto para los demás competidores.

-Ve a por Wiress y yo tomo a Beetee,- dijo Johanna sopesando que el hombre era más importante que la mujer demente.

Johanna nadó tan rápido como pudo, la gente comenzaba a hacerlo en dirección a la Cornucopia mientras que Finnick, Mags, Peeta y Katniss parecían llegar a salvo a tierra firme y ponto corrían en dirección a la zona de árboles.

Estaba por alcanzar a Beetee quien se encontraba viendo en dirección de Wiress mientras que Blight le ayudaba a bajar de la plataforma.

-El rollo de alambre… necesitamos el rollo de alambre…- le dijo tan pronto tocó el agua.

-No hay tiempo,- les gritó Blight al verlos que volvían a la Cornucopia y sin saber por qué lo hacían,- ¡Los cinturones flotan! ¡No lograrán llegar a tiempo!

-Es importante,- insistió Beetee y Johanna supo que no podía negarse.

Ella miró en dirección a la Cornucopia, varias personas nadaban hacia allá y eso quería decir que el baño de sangre estaba por empezar en cualquier momento. Beetee seguía balbuceando que debían tener ese rollo de alambre y entonces supo que quizá esa era parte del plan que le correspondía a él. Y si ignoraban eso… si ignoraban ese pequeño detalle pondría el jaque el rescate por el que estaban luchando.

Decidió que no tenían mucho tiempo para pensar al respecto y volvió a nadar en la misma dirección de la que había venido con Beetee detrás de ella a pesar de haberle dicho que nadara a la orilla. Quizá era que se estaba acostumbrando al agua, pero le pareció que había hecho menos tiempo en llegar que la primera vez. No así, el estar ahí era más sencillo. Los concursantes del distrito nueve recién habían elegido sus armas. Unas dagas y una espada corta. Y aunque no era su misión matarlos… sabía que si no luchaba, serían ellos quien lanzaría las dagas en su espalda. Además, estaban en su camino pues ya había divisado el rollo de alambre que Beetee necesitaba. Levantó el hacha a escasos pasos de ellos y sin pensársela mucho, los hizo a un lado del camino. El cañón no se hizo esperar disparando dos veces casi al instante. Eso era bueno, morir al instante era mejor que esas muertes dolorosas que solo el capitolio sabía dar.

Se perfiló camino a la Cornucopia de nuevo y ahí se dio cuenta que mientras luchaba contra los campeones del distrito nueve, Beetee había adelantado el paso y ahora estaba donde las armas solo que una mujer del distrito diez la le brincaba encima, cuchillo en mano. Johanna no tenía tiempo de llegar corriendo antes de que lo asesinaran, así que hizo lo primero que le vino a la mente. Una de sus hachas se enterró en el cráneo de la mujer y Beetee se la quitó de encima nerviosamente viendo cómo Johanna se acercaba y recuperaba su arma recién lanzada con una fuerza increíble para alguien de su estatura y complexión.

-¿Tienes todo lo que necesitas?

Beetee apenas pudo asentir nerviosamente cuando Johanna ya tiraba de su mano y lo conducía de regreso por donde habían venido. Cuando volvieron al agua, Johanna notó que Blight ya llevaba a Wiress para afuera. Para cuando los alcanzó, no quedaba rastro de Finnick y de su grupo ¿Cómo se suponía que llevarían a cabo el plan si se separaban? Aún así no podían quedarse ahí por mucho tiempo si querían seguir con vida el tiempo suficiente para encontrarlos. Los demás tributos habían descubierto que los cinturones flotaban en al agua y así habían tomado confianza para ir a la Cornucopia y seguramente eventualmente estarían en tierra firme como ellos dándoles carrera. Blight fue el primero que, sin avisar, emprendió su recorrido a los árboles. No era parte del gran plan, y quizá sabía mucho menos que ella y Finnick, pero seguro presentía que de lo acordado en las reuniones, era posible que si te aliabas con el buen equipo… quizá podía salir de ahí con vida. Y era bien sabido, el equipo bueno eran Katniss y Peeta. Y Johanna, para asegurarse de que su parte se cumpliera, le había dicho a Blight que Wiress y Beetee eran la mejor manera de unirse a "los amantes trágicos del distrito doce" ¿Para qué decir más? Tampoco era como si Blight hubiera sido uno de esos voluntarios a morir en nombre de la revolución. El día que se asignaron los roles, quien menos se sentía con ganas de morir por esos dos tortolitos era él… casi tanto como ella.

Para entonces Wiress comenzaba a perder los estribos. Con cada explosión del cañón era como si sus ojos se perdieran cada vez más y más. Johanna no sabía si podrían seguir adelante con alguien como ella y en cuidado de un anciano que no sabe más que presionar botones. Pero no podía simplemente abandonarla, y no porque le importara mucho (y estaba segura que lo mismo se podía decir de Blight), la verdad que no, pero sabía que si priorizaba tan egoístamente, Beetee terminaría por no confiar en ella. De pronto recordó las dudas de su padre cuando la había visto regresar victoriosa de sus juegos del hambre. Recordó esa expresión de asombro y miedo como preguntándose si la hija que había criado era humana en algún lugar de su ser. Johanna sabía que si en algún momento lo había sido, quizá eso había muerto con Adriano y lo poco que le quedaba para dar solo lo compartía con Finnick y en la fe que tenía en ciertas personas cuya inocencia la inspiraban a (quizá) dar su vida por la causa. Personas como Annie, como Peeta o como alguna vez lo había sido Adriano.

-No tienes que verlo si no quieres,- dijo Madge sentándose al lado de Gale con la espalda recargada en la cama de su habitación.

Ese lugar había sido bastante familiar para Gale desde su infancia pero hasta entonces había reparado en lo rosa del mismo. Era una combinación de blanco y rosa pastel que más bien simulaba la habitación de un bebé a pesar de que el estampado de las telas era más bien floral y nada infantil. Del tipo de habitación que nadie en el distrito doce tendría jamás a no ser que tuviera tanto dinero como los Undersee. Gale dejó caer la espalda imitando a Madge pero dejó salir un quejido en contra de su voluntad.

-¿Todavía te duele?

Gale no sabía qué era lo que le dolía más, si las cicatrices en su espalda o el que Katniss estuviera de regreso en la arena… con Peeta… esperando un hijo suyo. Desde que supo que iría, algo había cambiado en ella y había cambiado mucho más de lo que lo había hecho al regresar de la arena la primera vez. Y no era solamente que parecía que su mente estaba en otro lado, que se compaginaba cada vez más con el chico del pan ¿Pero qué podía hacer él al respecto? ¿Cómo podía haber sabido que era eso? No, no podía porque no era cierto… En el tiempo que los había ayudado a entrenar, se había dado cuenta que odiarlo era una de las cosas más imposibles de hacer. Especialmente cuando el principal motivo por el que quería odiarlo, era algo que nadie podía evitar. Después de todo, Peeta se había enamorado de ella muchos años atrás, mucho antes que el mismo Gale. Y si alguien podía reclamarle a alguien el querer interponerse en un sentimiento, ese podía ser el mismo Peeta. Y quizá eso era lo que le dolía realmente y no las estúpidas cicatrices en su espalda que solo le habían conseguido ese beso que tanto había querido pero que al mismo tiempo no le daba la certeza de que eso era exactamente lo que Katniss quería.

Durante el tiempo que la había tenido cerca había intentado demostrarle a ella como al resto del mundo que eso que ellos dos tenían era único y especial. Era eso que la misma Madge un día le había dicho antes de saberlo él mismo. Eran ellos dos creciendo en el bosque y a pesar de sus pérdidas. Eran ella y él espalda con espalda disparando una flecha y eran esas ganas de cambiar al mundo. Katniss era la chica en llamas, era el símbolo de esa revolución que varios años atrás, una vencedora el distrito siete, lo había convencido que era necesaria. Y si tan solo Katniss pudiera verlo de la misma forma en que él lo veía, y si solo pudiera salir de ahí con vida…

Giró su cabeza de lado apartando la vista de la televisión a la que en realidad no le estaba prestando atención y notó que Madge tampoco estaba prestando atención. Seguía con la mirada inquisitiva esperando la respuesta a su pregunta de unos instantes atrás.

-No, Madge,- le dijo con un tono seco,- no me duele. Por lo menos no la espalda…

Devolvió la mirada al televisor y pretendió seguir mirando mientras que Katniss, Peeta, Finnick y Madge seguían explorar la selva artificial que era la arena de ese año.

-¿Quién crees que gane?- quiso saber Madge pero tan pronto lo dijo lamentó haberlo hecho.- No, espera, no quise…

-Sé lo que quisiste decir,- respondió Gale un poco más molesto de lo que intentó sonar,- pero no puedo darte mi opinión honesta de quién creo que ganará éste año. Y sabes por qué no puedo decirlo…

-Porque no te gusta la respuesta.

-No.

-Gale, Katniss es mi amiga también ¿Crees que no me duele verla de regreso en peligro de muerte?

-No lo sé Madge ¿Te duele?

La mirada de Gale era acusadora. Madge había intentado los pasados meses fortalecer su amistad con Katniss de la mejor manera posible. Incluso se había apartado de Gale porque creía que quizá ella lo querría de vuelta y que él mismo querría estar con Katniss y así había sucedido. Todo había vuelto a ser tal y como había sido antes de que Katniss partiera la primera vez. Solo que algo había cambiado, Madge se había enamorado, de ser posible, aún más de Gale. Ella a quien él solo buscaba cuando estaba desesperado, ella a quien él había despreciado en todas las oportunidades que había tenido ¿Qué oportunidad tenía de tenerlo cuando Katniss era… cuando Katniss era todas esas cosas que ella nunca podría ser? Y vaya que lo había intentado ¿Cuántas veces le había pedido a Katniss que le llevara de cacería del otro lado de la cerca? Creía que si Gale veía sus esfuerzos, quizá renunciaría a la chica que de todas formas estaba destinada a casarse con Peeta.

Pero no había sido así. A pesar de sus esfuerzos, a pesar de que hizo todo lo que se suponía debía saber y dejó de ponerse esos vestidos ostentosos. Es más, hacía más de un año que no se ponía nada nuevo… pero nada. Gale ni un solo momento había reparado en todas esas cosas y nunca más volvió a escalar por su ventana sino hasta el día en que Katniss partió con rumbo al Capitolio.

-¿Cómo te atreves a juzgarme?- dijo ella dejando salir en una sola rabieta todo lo que le había molestado los pasados meses- ¿Cómo te atreves a cuestionar mi amistad cuando eres tú quién solo recuerda que existo cuando el supuesto amor de tu vida se va de aquí con una sentencia de muerte?

-Eso no…

-¿No? ¿Dirás que no es verdad? Gale, si algo has sido siempre es demasiado honesto así que ahórrate tus excusas. Te vi todos estos meses ir detrás de Katniss… te vi siendo rechazado una y otra vez, todo mundo te ha dicho que lo mejor que puedes hacer es dejarla ir porque ¡ella está comprometida con otro! ¿Pero qué has hecho? Has echado en saco roto a los demás por ir tras de alguien que aunque te quiera, nunca podrá estar contigo. Gale, ¡Ella está esperando un hijo suyo!

Gale sabía que Madge tenía razón. Que por mucho que sintiera por Katniss, todo había cambiado en el momento en que ella se había ofrecido como voluntaria de los juegos. Que a pesar de haber sobrevivido la había perdido desde hacía mucho tiempo atrás y que a pesar de que ella quizá sentía algo por él… porque ella actuaba como si de verdad lo quisiera ¿No era así? ¿No había sido ella quién había detenido los azotes? ¿No lo había besado por voluntad propia? ¿No había respondido a sus besos? Eso debía querer decir algo… quizá ella solo se sentía obligada a querer a Peeta porque él había hecho todas estas cosas por ella y le había declarado su amor de la manera más romántica posible (vamos, no era como si él pudiera competir con eso), pero eso no quería decir nada, eso no demostraba que Katniss sintiera nada por él. Porque lo del hijo no podía ser verdad, seguro lo habían inventado igual que el romance para ganar aún más simpatía.

Y entonces algo inesperado sucedió. De pronto Peeta estaba en el suelo y todas las cámaras estaban en la expresión de Katniss y ahí estaba la respuesta a la pregunta que muchas veces se había hecho Gale. Ahí estaba esa mirada de terror muy similar a la que había captado cuando Prim había sido nombrada el día de la cosecha del año anterior. Esa expresión era por Peeta y sabía que luego de eso, nada dentro de la chica que solía ir de cacería los domingos con él volvería a ser igual. Él había muerto y de pronto ella estaba destrozada, era casi palpable y eso fue mucho más de lo que Gale podía soportar.

Ella lo amaba, de eso no había duda ¿Pero cómo podía competir con un muerto ahora que se había ido? Y quizá ella nunca lo había amado a él, quizá no de la misma manera en que ahora evidentemente amaba a Peeta. Y él tampoco había hecho por ella nada de lo que Peeta había hecho ¿Por qué no se había ofrecido voluntario para ir con ella a la arena? ¿Por qué tuvo que quedarse a verla sufrir y ahora lo hacía nuevamente?

-¡Gale!

Ambas manos de Madge estaban prendidas de su camisa y lo sacudían con firmeza. Él parpadeó un par de veces y contempló confuso los ojos castaños que llamaban su atención solícitos.

-Lo que sea que estés pensando, deja de hacerlo,- le dijo ella al notar que tenía su atención de vuelta,- no hay nada que puedas hacer ahora y quizá nunca lo ha habido. El que tú estuvieras en la arena hubiera hecho que eventualmente tuvieras que matarla tú mismo ¿Hubieras querido eso? ¿Terminar como mi madre luego que mi tía murió?

Madge no sabía por qué lo hacía. Por qué le decía todas esas cosas si el giro de las situaciones quizá la beneficiaría al final. Era por la mirada, estaba segura. Los ojos de Gale se habían nublado de pronto y no había sido solo por lo que ella había dicho sino porque seguro se había dado cuenta de lo mismo que todos los televidentes en ese momento se daban cuenta: Katniss en realidad quería a Peeta y no se trataba de un circo.

-Quizá hubiéramos salido los dos con vida y quizá ahora estaría ahí con ella…- replicó Gale intentando aferrarse a la idea de que su movimiento en falso había sido en primera instancia no acompañarla a la arena desde la primera vez.

-¿Tú crees? ¿De verdad crees que el hecho de que ambos hubieran sobrevivido los juegos pasados es solo porque Katniss estuvo ahí y no tuvo nada que ver con Peeta y su carácter? ¿Crees que no tuvo nada que ver con la forma en la que él la idealiza y la ama? ¡Vimos los juegos juntos, Gale! Y no digo que tú no la quieras pero él…

-¿Qué? ¿La quiere más?

Y casi como si las palabras de Gale fueran premonitorias, Peeta volvía de la muerte respirando con dificultad y todas las cámaras estaban sobre él y sobre Katniss que lo abrazaba como si su vida dependiera de ello y entonces la expresión de Peeta era una mezcla de confusión y felicidad y le regresaba el abrazo e incluso el mismo Finnick (quien momentos antes parecía haber estado como besando a Peeta, solo que Caesar Flickerman había explicado que era una técnica para resucitar) parecía sorprendido y Mags sonreía a pesar de su falta de dientes.

Gale se puso de pie y se encaminó a la ventana pero Madge sujetó su mano antes de que se fuera.

-No creo que te quiera menos que a él… pero Peeta casi muere y ella sabe que tú estás aquí a salvo. Y quizá ella ya tomó una decisión en el momento en que volvieron a llamarla a los juegos.

-Y esa decisión no me incluye a mí,- finalizó él dejando caer la cabeza de manera derrotada.

Madge no dejó de sujetar su mano a pesar de que él parecía no estar consciente de que ella seguía ahí. Así como nunca lo estaba, así como había decidido prescindir de ella en el momento en que sus ideas revolucionarias habían surgido ¿Pero ella qué podía hacer? Ella no era la chica en llamas y quizá nunca hubiera pasado del baño de sangre pero el chico que ahora estaba en su habitación valía tanto para ella como el chico que Katniss ahora abrazaba en la arena. Valía tanto como para tomar una decisión.

-Deberíamos irnos de aquí,- le dijo estrujando su mano.

Gale parpadeó un par de veces antes de reaccionar. Recordaba la petición de Katniss, ese plan para fugarse y vivir en el bosque. Era descabellado pero lo había considerado y casi lo iba a hacer. Y ahora Madge, esa chica malcriada que no podía vivir sin usar un vestido nuevo cada semana, le hacía la misma propuesta ¿Pero quería decir lo que él creía?

-¿A dónde?

-Lejos…- Madge sintió su corazón golpeándole el pecho. Nunca había decidido nada en su vida salvo el color de su ropa y la manera en que llevaría su peinado. Pero de todo lo que alguna vez le había sucedido, Gale era lo único que tenía ese efecto en ella. Todo aquello medianamente osado que había hecho jamás era por él y con él y le encantaba cómo se sentía.

-Pero la cerca está electrificada…- razonó él torpemente tragando saliva ¿Qué era eso que golpeaba ahora en su pecho? Era la anticipación a la aventura quizá.

-Mi padre tiene una llave… con ella puedo abrir la caja que activa el cercado. Lo dejaremos apagado ¿Qué importa?

Gale no pudo evitar la sonrisa que se dibujaba en su rostro. Vivir fuera de un distrito era lo más cercano a revolución que él conocía. Auscultó los ojos de Madge y no pudo contener ese impulso de besarla arrebatadamente. A pesar de todo, eso había sido algo que siempre había encontrado casi imposible de evitar. Madge gimió entonces y Gale la tomó por la cintura elevándola a su altura y sin dejar de besarla.

-Iré por mi familia,- le dijo entre besos,- partiremos esta noche mientras todos duermen… yo cargaré a mis hermanos más grandes y mi madre puede llevar a Posy y mientras tú le dirás a tu padre…

-Pero Gale… yo no puedo decirle a mi padre,- lo interrumpió de pronto frenando al mismo tiempo los besos.

Gale la contempló atónito, todavía la tenía en sus brazos pero ella buscó de pronto el contacto con el suelo. Gale obedeció sin decir palabra.

-Mi padre es el alcalde,- continuó su excusa mientras comenzó a caminar lentamente de un lado a otro,- no puede irse de aquí. Y mi madre… no creo que ella pueda hacer ese viaje.

Gale no pudo abandonar esa expresión. Ni siquiera cuando Katniss le había propuesto la fuga, ni siquiera entonces había soñado dejar a su familia detrás solo por irse con ella ¿Era eso lo que Madge quería de él? Pero fue como si ella pudiera leer lo que él estaba pensando cuando volvió a hablar.

-Iremos por tu familia,- le dijo en un tono tranquilizador,- quizá yo deba llevarme a Posy pero mi familia no… ellos no podrían y tampoco puedo decirles que me voy.

Él asintió apenas despejando esa expresión atónita de su rostro. Dio un paso al frente y la sujetó del brazo.

-No tienes que hacerlo si no quieres…

-Pero quiero hacerlo.

Cuando la noche cayó en la arena, Johanna estaba tan muerta de cansancio y de sed que se quedó dormida tan pronto tocó suelo mientras que Blight tomaba la primera guardia de la noche. Beetee había abrazado a Wiress para intentar tranquilizarla un poco pero en su estado de trance era difícil saber cuándo estaba bien y cuándo estaba mal. Además él mismo había recibido una herida tan profunda que no pudo evitar debilitarse conforme su herida no cedía a pesar de la plasta de hojas que Johanna le había puesto en la espalda.

Y entonces llegó la tormenta.

Fue imposible no despertarse al escuchar el rayo golpear el árbol no muy lejos de ahí. En un principio Johanna no pudo evitar las carcajadas de felicidad al darse cuenta que una tormenta estaba por llegar y al escuchar las gotas golpear el suelo, se puso de rodillas juntando ambas manos para acaparar agua suficiente para beber. Pero sus aspiraciones se estrellaron en el suelo tan pronto las formuló al percibir el líquido rojo en sus manos y al escuchar a Wiress dar un grito de terror mientras que Beetee daba arcadas de asco.

-¡Sangre!- exclamó poniéndose de pie pero demasiado tarde.

Ahora quien se carcajeaba era Wiress y Beetee seguía en el suelo a su lado sin saber qué hacer.

-¡De pie! ¡Los dos! ¡Ya!- exclamó Blight mirando a su alrededor. Era una escena espeluznante. Los árboles en la noche con un líquido rojo corriendo por los troncos y esas gotas que se colaban ente las horas y hacían nuevas gotas mucho más gruesas.

Johanna sujetó a Wiress de un brazo mientras que Beetee reaccionaba y lo hacía del otro. La lluvia no tardó en acumularse formando pequeños arroyos que corrían por sus pies. Era una lluvia cálida, tan tibia que la sensación de que se trataba de sangre de verdad era muy real. Johanna recordaba perfectamente esa sensación porque luego de su victoria había terminado bañada en sangre también y a diferencia de Wiress y Beetee, eso no le ocasionaba una reacción al borde de la locura.

-¡Supérenlo! Mucha gente murió para que estuviéramos aquí y esto es solo sangre ¡Así que caminen!

Si Finnick la escuchara, quizá diría que la que habla no es ella sino ese mecanismo de defensa que siempre activa cuando se siente amenazada ¿Pero cómo no sentirse amenazada cuando sangre cae del cielo en forma de lluvia? Blight iba por delante y conforme la lluvia engrosaba se veía en su mirada que era más de lo que podía soportar.

-Blight…- dijo Johanna apenas sosteniendo a Wiress quién parecía haber perdido el poco juicio que le quedaba,- ¡Blight!

Demasiado tarde, Blight había arrancado carrera muy por delante de ellos y para cuando lo alcanzaron, estaba tirado en el suelo con la espada que Johanna había conseguido para él en la mano. Johanna quiso correr en su dirección pero todavía tenía el peso de Wiress en su hombro y la lluvia todavía estaba en su máximo esplendor.

-Un tributo o un muto,- razonó Johanna mirando a su alrededor. Las hachas seguían en su espalda sujetadas dentro de la presilla de su pantalón.

-No, es algo peor…- le dijo Beete seriamente. Algo en su tono le pareció a Johanna que el hombre sabía perfectamente de lo que estaba hablando,- debemos ir en la otra dirección.

-¿Qué? ¿En la otra dirección? Pero los demás tributos…

-Deben estar tan asustados como nosotros.

-Yo no estoy asustada,- refunfuñó Johanna dándose de la vuelta de todas formas mientras notaba que la lluvia había decrecido de pronto.

Era de madrugada cuando Gale regresó a su casa. Madge le había dicho que conseguirían la llave y luego partirían mientras que en la televisión, Katniss había sobrevivido a una niebla tóxica y a un ataque se monos. Lo que Gale estaba por hacer quizá no se asemejaba en lo más mínimo a lo que Katniss y Peeta estaban haciendo, pero simbólicamente era lo único que podía hacer mientras quizá ellos no salieran con vida de la arena ¿Y qué pasaría entonces? Los demás distritos se estaban levantando en armas, si el distrito doce no quería rebelarse como el resto de la gente sensata, quizá podía convencer a Madge de partir con rumbo a esos distritos y ayudar. Seguramente ella lo haría… lo haría por él pero lo haría.

-Gale…- Hazelle, la madre de Gale, estaba a la puerta en el momento en que su hijo iba entrando.

-¿Qué haces despierta?

-¿Qué hacías tú en casa de los Undersee?

-¿Cómo…?

-No es la primera vez que te veo entrar ahí ¿De dónde crees que supuse que sacabas la comida que nos traías cuando eras pequeño? Siempre tuve cuidado de no darle a tu padre nada que pareciera muy caro aunque siempre supe que no te robabas nada. No necesitabas robarlo ¿No es así? Es Madge, siempre ha sido Madge.

-Madre, no es lo que tú crees.

-Hijo, no me importaría si sintieras algo por esa chica porque sé que ella te quiere con locura. Fue ella después de todo quien te llevó los morphlings para el dolor el día que Nívea te estaba atendiendo las heridas de la espalda. Y sé también de muy buena fuente que ha sido ella quién le ha pedido a su padre que te pida cosas de los bosques como fresas y ardillas cuando (supongo) dejaste de pedirle cosas de su cocina. Y que ha sido solo por ti que donó su ropa y ahora solo tiene un par de zapatos que usa con todos sus atuendos. Pero también sé que desde que Katniss se fue, no has hecho más que pensar en ella.

-Pero Katniss debía casarse con Peeta,- le dijo en un intento desesperado por recordar los motivos por los que justo había decidido renunciar a ella,- y aunque no lo hizo, quizá muera o quizá no muera pero Peeta sí y ella estará destrozada cuando vuelva. Y entonces no podrá amarme como yo la amaría porque ella quizá estará pensando en el que dio su vida por ella. Y ella me dirá "¿Cómo puedes competir con alguien que murió por mí?".

Para ese entonces, Gale no se había dado cuenta el momento en que las lágrimas habían comenzado a salir. Solo supo que la mano de su madre en su hombro le ofrecía el consuelo pero al mismo tiempo lo incitaba a llorar quizá un poco más a pesar de no estar seguro de por qué lo hacía. Si lo hacía por ese sentimiento al darse cuenta que era hora de dejar ir a Katniss o si lo hacía porque de pronto se había dado cuenta que no era justo pedirle a Madge que renunciara a todas esas cosas cuando él mismo no le estaba dando nada a cambio.

-Tic-tac tic-tac tic-tac…

-Ahora no, Wiress…- murmuró Johanna con las pocas fuerzas que le quedaban para hablar mientras sostenía con trabajo a Beetee quien había perdido demasiada sangre luego de ser acuchillado en la Cornucopia.

Habían caminado por la orilla de la playa antes de quedase dormidos encimados unos sobre otros hasta que una ola los despertó minutos atrás y decidieron seguir caminando. Quizá había sido suerte que no los hubieran asesinado mientras dormían o quizá todos los contendientes habían tenido tan mala noche como la de ellos. Fuere cual fuere el motivo, Johanna por primera vez sentía que estaba viva por gracia de suerte y no por gracia de sus habilidades.

-Tic-tac tic-tac tic-tac…

-Wiress, te juro que si vuelves a hacer ese maldito sonido una vez más…

Johanna no terminó su amenaza cuando Beetee se desplomó en el suelo totalmente inconsciente. Johanna miró al hombre cuya piel estaba peligrosamente pálida e intentó detener a Wiress quien no dejaba de caminar en círculos en la arena mientras seguía cantando su horroroso "tic-tac-tic-tac". Johanna estuvo a punto de gritar de frustración cuando escuchó una voz que la devolvió de tajo a la realidad.

-¡Johanna!

Ese no podía ser otro. No pudo evitar sonreír mientras se reincorporaba.

-¡Finnick!

Apenas lo abrazó cuando vio a Katniss y a Peeta acercarse también justo detrás de su buen amigo. "Bien hecho, Finnick" pensó sin poder expresar mucho sus pensamientos pero sabía que no había necesidad. Era como si él hubiera escuchado sus palabras de cualquier manera. Solo que al tenerla tan cerca una vez más se le trepaba a los nervios. Era su cara, era su expresión, era al saber que Peeta era un tonto por quererla tanto sin ser correspondido. Un comentario fue suficiente para hacer su instinto asesino para con ella explotar pero Finnick la conocía mejor que ella misma y se la echó en el hombro antes de que cometiera la imprudencia de un asesinato que les costaría caro.

-Relájate…- le decía mientras la sumergía haciendo todas las ideas se le revolvieran.

-No…gah… finick…gah… ¡Finnick!

-Tienes que relajarte. Johanna, Katniss no es lo que tú crees.

-Tú siempre la has defendido, es por eso que lo dices…

-No, no… Johanna, al principio yo pensaba como tú pero ella lo quiere… quizá.

La voz de Finnick era un susurro. Seguramente a posta aprovechando las olas del mar y así no se podía distinguir lo que estaban diciendo. No por eso podían decir demasiado de lo que sabían. Ni siquiera ellos sabían las mismas cosas como medida de seguridad.

-Lo dices para que me simpatice…

-No. Lo digo en serio, Peeta también chocó con el campo magnético pero lo resucité. Usé una técnica que usamos en mi distrito cuando alguien casi se ahoga. A veces funciona en otros casos y funcionó. Debiste verla, ella no puede ser tan buena actriz. Te lo digo…

Luego de esa conversación, Johanna se tranquilizó un poco pero no por eso confiaba en Katniss tanto como Finnick. Todavía había una parte de ella que no le gustaba del todo y al darse cuenta de todos los que habían muerto a pesar de ser parte del plan… Johanna comenzaba a temer que a pesar de hacer las cosas correctamente como Blight o como Mags (¿En dónde estaba Mags? Si no estaba con Finnick entonces seguramente estaba muerta), seguía estando presente la posibilidad de morir de todas formas ¿Y por qué? ¿Por una revolución que quizá no existiría? ¿Por Katniss Everdeen? Nada le disgustaba más.

-Me da gusto verte…- le susurró Johanna mientras caminaban fuera del agua ahora un poco más descansados.

Sabía que no podía explayar sus muestras de afecto para con su mejor amigo no solo por respeto a Annie sino porque no podía levantar ningún tipo de sospecha o que se malinterpretara en un romance que no existía, así que se conformó con dejar que su mano rozara la de Finnick descuidadamente mientras caminaba. Él detectó el gesto de inmediato y lo regresó regalándole una sonrisa escondida en la comisura de sus labios, Johanna le regresó la sonrisa también.

-¿En qué estabas pensando Plutarch?

-Los… los mecanismos son automáticos en ésta versión de los juegos del hambre. Tan pronto suena el cañón, los cu-cuerpos son recogidos por los planeadores…

-¿A pesar de haber jugadores alrededor del cuerpo? ¡Eso es inaudito!

-Presidente Snow… usted autorizó la automatización en el sistema. Usted mismo dijo que no quería que se repitiera lo que había pasado con esa niña del distrito once…

El presidente Snow hizo un gesto molesto que excusaba al organizador tomando como buenas todas las excusas que le había dado. Si había algo por lo que Plutarch había llegado tan lejos era por lo rápido que funcionada su mente. No por nada era del distrito tres… lo único que tenía para usar lo estaba usando y solo esperaba llegar con bien a los eventos del día siguiente.

-Tenemos cinco, Plutarch, podemos cargar cinco con facilidad…

-Ahora no, Haymitch. Snow no está contento… sospecha que mi mano estuvo en el evento de la Cornucopia. Justo lo he convencido que no tengo nada que ver pero debo recuperar mi temple antes de planear el siguiente movimiento suicida…

Reena Darwag había decidido contactar a Coin, la líder de los rebeldes en el distrito trece para pedirle su intervención. Los planes se habían hecho, las señales se habían mandado y la mujer había pedido a Peeta. Haymitch había aceptado el trato pero había pedido a cambio que se rescataran a tantas personas sobrevivieran al momento del escape. Hasta entonces Katniss y Peeta seguían ahí. Incluso Chaff, Johanna Mason y Finnick lo habían logrado. Solo tenían que estar ahí, solo tenían que recordar hacer lo que tenían que hacer…

Madge Undersee terminó de preparar las pocas cosas que llevaría consigo esa noche. Solo usaría el único par de zapatos que le quedaba además de dos cambios de ropa. No sabía qué tanto iba a correr cargando a una niña de cinco años y era por eso que prefería llenar sus provisiones de comida y agua potable que de cualquier otra cosa. El tiempo que había compartido con Katniss le había enseñado que cuando estabas en el bosque las prioridades eran distintas e incluso poco a poco se había entrenado a sí misma para ver la vida con mínimas necesidades.

Ya pasaban de las ocho de la noche y fue por eso que supo que se trataba de Gale al escuchar a alguien tocando su ventana pidiéndole entrar.

-¿Qué haces a ésta hora?

-No hay nadie en la calle,- explicó,- todo mundo está viendo los juegos.

-Ese Finnick Odair a resultado genial ¿No es así?- contestó ella dejándolo pasar y volviendo a la mochila que terminaba de llenar de latas y pan.

Gale sintió un mordisco de remordimiento en el estómago. Esa madrugada su madre lo había hecho reflexionar pero ahora que veía a Madge no sabía qué decirle.

-Madge…

-No puede ser,- se apresuró a decir luego de un hondo suspiro y dejando las cosas que estaba empacando en la cama,- vienes a echarte para atrás ¿No es así?

-Madge, es solo que no creo… no creo que sepas en lo que te metes. No tienes que hacer éstas cosas por mí. En serio, no quiero que lo hagas sólo por mí o porque crees que yo…

-¿Que tú qué? ¿Que tú me querrás algún día? Ya lo sé, me lo has dicho hasta el cansancio, ya sé que Katniss Everdeen es la chica de tus sueños y que nunca podrás amar a otra viva o muera y que tu vida terminó a los dieciocho años cuando ésta chica fue elegida para los juegos del hambre. Pues adivina qué. Esas cosas pasan y pasan en todos los distritos. Las familias y los corazones se destruyen a causa de los dichosos juegos ¿Y qué vas a hacer? ¿Llorar el resto de tu vida? Creí que eras un revolucionario, que querías luchar pero quizá me equivoqué. Si quieres puedes compartir la habitación de mi madre y ahogar con morphling tu dolor por el resto de tus días.

Gale se quedó una vez más pasmado y sin poder agregar ni una sola palabra al soliloquio de su amiga. Una vez más Madge había dicho algo contra lo que no podía argumentar y a su vez era algo que jamás creyó escucharle decir. A ella, a la hija del alcalde.

-Yo sé que no quieres que vaya contigo…- le dijo tranquilizándose de pronto y sujetándolo de la camisa como era su costumbre,-quizá piensas que solo seré una carga… o te remuerde demasiado la conciencia pensar que estoy haciendo algo que de no ser por ti no haría. Pero ya te lo dije. Es por eso que me gustas, es por eso que te quiero… de no ser por ti ¿Qué sería de mí? Sería solo una niña malcriada que solo obtiene lo que quiere porque sí.

-Está bien,-suspiró Gale apretando los ojos,- vendré por ti mañana, mañana por la noche.

Gale colocó ambas manos a los costados de su rostro y besó dulcemente su frente. Madge apretó los ojos dolorosamente y buscó algo dentro de su escote que colocó en la mano de Gale antes de robarle un beso más.

-¿Qué es esto?

-Es la llave de la cabina donde está el interruptor de la cerca. Está vacía a las ocho, a la hora del resumen obligatorio de los juegos.

La parte más difícil de estar todos juntos era esa donde debían pretender que los indicios de que algo tramaban no eran más que coincidencias que no podían explicarse. Como cuando Johanna tuvo que pretender que no sabía para qué quería Beetee el alambre. Y a decir verdad no lo sabía. Es decir, no lo sabía a ciencia cierta, no sabía lo que él planeaba hacer con eso pero estaba segura de que era algo indispensable para su escape ¿Cómo había arriesgado su vida por esa cosa de tal manera si no?

Pero quizá la parte todavía más difícil, además de la muerte de Wiress y la masacre de la Cornucopia, había sido el momento de los charlajos. Johanna tuvo que retener a Peeta con ella, lejos del peligro como habían acordado con Haymitch, mientras que Katniss se adentraba a la selva con Finnick. Y entonces todas las voces estaban ahí. Peeta gritó "Prim" pero lo que se le subió a los nervios a Johanna fue el momento en que la voz era de Annie. No se sentía mal por ella misma, ni siquiera por Annie. Sabía que ese simple hecho estaba destrozando el corazón del único amigo que le quedaba. Extrajo el hacha que había rescatado de la cornucopia y golpeó con todas sus fuerzas con la firme intención de ir en rescate de su amigo, o de Annie de ser posible. La ayudaría por él y para él ¿Qué más podía hacer?

-Es un charlajo,- dijo Beetee negando con la cabeza,- y no podrán romper ese cristal hasta que la hora haya terminado.

Una hora ahí, encerrado, Johanna imaginó por un momento qué pasaría si Adriano estuviera vivo y fuera ella ahí adentro y fuera esa voz la que estuviera escuchando. O la voz de su padre, o la voz de sus familiares que hace años había perdido. No podía sentirlo, no podía saberlo a ciencia cierta porque Snow se había asegurado de deshacerse de toda persona a quien ella había amado alguna vez. Y la única persona que le quedaba, esa única persona a quien tenía todos los motivos para amar y proteger estaba atrapado sufriendo el peor de los tormentos sin que ella pudiera hacer nada para ayudarlo. Sin que ella pudiera ocupar su lugar… sin que ella pudiera demostrar que Finnick le importaba por ningún otro motivo que no fuera la alianza, por miedo a que lo usaran en su contra.

Luego al día siguiente, planear todo lo referente al alambre e intentar disfrazarlo para que no pareciera lo que en realidad era. Qué gusto le daba a Johanna hablar de revolución frente a la cámara esperando a que las personas que la escucharan supieran quién era ella, que ella era una Mason y que a pesar de todo se atrevía a pensar en una rebelión. Ella que ya lo había perdido todo todavía tenía fuerzas para luchar.

Esa noche, la segunda noche pacífica en la arena, Gale caminaba cautelosamente rodeando su distrito en busca de la cabina donde guardaban el interruptor de la cerca mientras que lejos en el capitolio Plutarch Heavensbee intentaba impedir que su decisión de último minuto le costara la vida antes de tiempo.

-Hazelle,- susurró Gale señalándole un rincón a su madre detrás de unos barriles de agua afuera de una casa vecina del distrito.

Detrás de ella sus hemos se acurrucaron casi al unísono y Gale se asomó por la ventanilla. El guardia de paz no estaba ahí. La televisión en la cabaña cerca de la cabina daba las noticias de la arena en un resumen con la voz de Caesar Flickerman.

"Nuestra nueva alianza nos da de qué hablar… la batalla de ésta tarde nos ha dejado con los últimos ocho finalistas que para casi sorpresa de nadie, eso incluye a nuestros amantes trágicos del distrito doce".

Gale intentó refunfuñar pero lo que más bien salió de su pecho fue un suspiro. La verdad era que a pesar de que odiaba toda esa faramalla de los amantes trágicos del distrito doce, estaba aliviado al saber que ella estaba viva ¿Y por qué no? Le aliviaba también que él lo estuviera. Pero no tenía tiempo para ver esas cosas.

Sacó de su bolsillo la llave que Madge le había dado esa misma tarde y la insertó en el único cerrojo obvio que estaba sobre lo que parecía una enorme caja de fusibles. El sonido típico de la cerca de pronto cesó. Para asegurarse tomó una piedra pero solo rebotó como si nada.

-¡Vamos!- susurró apresuradamente abriendo un espacio en el cercado.

Se detuvo un instante cuando toda su familia hubo pasado. Le había prometido a Madge que volvería por ella pero al final le había dado la llave. No estaba seguro si eso quería decir que no le importaba que ya no fuera por ella o si le estaba dando la libre elección de tenerla o no a su lado. Y entonces al final había decidido que no.

Y no porque no la quisiera, de cierta manera la quería. Ella había sido, después de todo, una de las pocas amigas que había tenido además de Katniss. Es más, ella era quizá su más antigua amiga, alguien que siempre lo había apoyado en todos los sentidos y eso era algo que no podía ignorar. Y era quizá por eso que había decidido en último minuto que no podía arrastrarla con él, que no podía darle esa vida siempre huyendo y lejos de todo aquello con lo que había crecido y de su familia. No podía dejar que lo hiciera, no por él quien quizá nunca la amaría tanto como ella a él.

Así que regresó la cerca a la forma que tenía antes de dejar pasar a su familia y siguió su camino en dirección al bosque donde buscarían resguardo en una de las cabañas cerca del lago antes de partir cada vez más lejos hasta encontrar quizá un lugar donde nadie los molestaría.

Una vez en la cabaña, Gale se aseguró que su familia hubiera tomado la suficiente agua y decidió que podía cazar un poco antes de partir de nuevo. Sabía que quizá para entonces, el guardia se había dado cuenta que el cerco había sido desactivado, pero el lago y la cabaña estaban lo suficientemente apartados y escondidos para darles tiempo antes de que los encontraran.

Pero de todo solo había una cosa que le molestaba. No era precisamente el haber dejado al Madge pues de alguna manera se había convencido de que era la mejor decisión que podía haber tomado. Lo que le molestaba y desde que había abandonado su casa por la noche era el haber dejado a la madre de Katniss y a Prim. Él le había prometido antes de que partiera, que se encargaría de que su familia estuviera bien pero ahora con esa partida no podía cumplir con esa promesa. Claro, igual que Madge, no era como si las hubiera dejado en la miseria. Estaba seguro que ahí donde estaban, estaban perfectamente bien y que los familiares de los vencedores podían seguir disfrutando de los beneficios a pesar de que por algún motivo pereciera…

Tampoco le gustaba pensar en eso. Al hacerlo tenía que pensar en la eventualidad de que Katniss no saliera con vida de los juegos ¿Qué estaría haciendo Katniss ahora? ¿Cuántos jugadores quedarían en la arena? Recordó haber escuchado que quedaban ocho de los cuales todavía sobrevivía Peeta. Quizá él volvería a hacer lo de los juegos anteriores y él daría todo de sí hasta que ella saliera con vida. Quizá la volvería a ver… o quizá nunca y así nunca podría reclamarle no haber cumplido su promesa.

Y fueron todas estas dudas, quizá, las que lo mantuvieron en el bosque no muy lejos del distrito doce cuando los eventos cruciales de la arena sucedieron. Cuando Johanna golpeó a Katniss y le extrajo el rastreador mientras que Finnick hacía lo mismo con Peeta. Mientras la nave del distrito trece se acercaba a la arena. Mientras Katniss lanzaba la daga de Peeta contra el campo magnético y lo desactivaba con el rayo… mientras Madge revisaba por enésima vez el reloj y se convencía de que Gale no iría por ella. Mientras las bombas que Snow había mandado caían sobre el distrito doce.

Gale se puso en alerta tan pronto escuchó la primer explosión. Bombas, bombas en el distrito doce. Su familia corrió a ver para afuera de la ventana pero Gale les ordenó que se quedaban dentro mientas emprendía el camino de vuelta al distrito que solo unas horas atrás había abandonado.

Todavía no llegaba al cerca cuando divisó la llamarada. Era una enorme hoguera que estaba consumiendo las casas mientras los gritos de terror armaban el pandemonio.

-¡La cerca está desactivada!- gritó tan de pronto la cruzó de vuelta.

Algunas personas lo escucharon y caminaron en la dirección que lo habían visto venir, muchas otras seguían corriendo de un lado a otro como buscando a ciertos familiares que no encontraban. Gale miró a su alrededor y se orientó rápidamente antes de correr en dirección a la Villa de los Vencedores pero no tuvo que caminar mucho cuando se encontró con Prim.

-¡Prim! ¿Dónde está tu madre?

-Recogiendo heridos…

-¡No hay tiempo para eso! Vamos, corre… ve al bosque. Sigue el sendero por la caseta del guardia. El lago ¿Recuerdas dónde está el lago?- Prim negó con la cabeza,- entonces ven conmigo, encontraremos a tu madre e iremos todos juntos.

Tampoco tardó mucho en encontrar a Nívea quien ya llevaba a un niño en brazos y a un adulto colgado de sus hombros con la pierna quemada.

-Nívea, tienes que salir del distrito…- apenas lo dijo y una bomba más aterrizó no muy lejos de ahí haciendo casi imposible de escuchar,- ¡vayan al bosque! ¡Al lago! ¿Sabes cómo llegar al lago?

Nívea asintió, por supuesto que recordaba el lago pero no se trataba de eso. Le dio al hombre que cargaba en sus hombros para que lo cargara él y le señaló su alrededor.

-¡Hay muchas personas heridas!

-No podemos sacarlos a todos…

Nívea negó con la cabeza y Gale supo que ella tenía razón. De nada le servía querer organizar una rebelión si no podía salvar a tantos como le fuera posible. Así que hizo lo que cualquier en su sano juicio haría. Empezó a organizar a las personas para que quienes estuvieran en buena condición ayudaran a cargar a los heridos mientras que Nívea guiaba el camino al lago y él buscaba en los rincones en busca de más gente herida junto con las personas que quizá todavía estaban buscando a alguno de sus relativos con vida.

Y entonces la vio. Había sido quizá la primera casa que había sido bombardeada porque el fuego ya casi la había consumido por completo. No podía ser otra cosa, quería que lo fuera pero sabía que no era así. Ese árbol, a pesar de no tener ninguna hoja con vida, no podía ser otro ¿Cuántas veces lo había escalado?

No pudo evitarlo, corrió en esa dirección a pesar de las personas que le advirtieron que no lo hiciera. A pesar de las manos que intentaron detenerlo.

-Madge…- dijo con la voz entre cortada.

Era imposible que alguien estuviera con vida ahí dentro.

-Alguien… ¿Alguien la ha visto?

Uno de los vecinos negó con la cabeza.

-La bomba cayó ahí,- le dijo con amargura,- no hay manera… fue muy rápido. El fuego consumió la casa pero seguramente ellos habían muerto instantáneamente. Sin dolor, Gale.

Johanna Mason despertó con un terrible dolor de cabeza. Intentó tocársela pero pronto se dio cuenta que sus manos estaban atadas a sus costados. Recordaba haber iniciado con el plan. Había extraído el rastreador del brazo de Katniss y haber corrido por el bosque en busca de los profesionales. No había tenido muchas esperanzas, después de todo ella era una de los tributos de baja prioridad pero eso no le importaba mientras hubieran cumplido su petición. Mientras sus sacrificios hubiera valido la pena. Mientras la rebelión hubiera empezado y Peeta estuviera con vida.

Escuchó de pronto un quejido no muy lejos de ella. Quiso girase para ver de quién se trataba pero su cabeza también estaba fija.

-Veo que ya despertaste,- le dijo una voz escalofriantemente familiar.

-Snow.

-¿Sabes? Fue muy ingeniosa la manera en que se organizaron para salir de ahí. Siempre he sido fan del ingenio así que estoy muy interesado en saber cómo es que organizaron su plan. Espero que tú sí quieras hablar, Johanna. Me parece que tu amigo de al lado no es muy cooperativo que digamos ¿Verdad, Peeta?

Johanna no tuvo tiempo de reaccionar cuando la tabla sobre la que estaba recostada se movió de manera descendente. Descendió demasiado y en lugar de reposar, se encontró con la cabeza sumergida en un tanque de agua.

Pues como me señaló Gaby mientras escribía… mi última actualización fue en enero y no quise dejar pasa otras vacaciones sin actualizar Consecuencias. Siempre espero no tardarme mucho en escribir el siguiente capítulo pero muchas veces no hay mucho que pueda hacer. Espero verlos pronto, espero ver sus comentarios que por cierto he encontrado cada vez más abundantes (yei!). Gracias por ellos, en serio. Gracias por leerme y espero que sus preguntas se respondan conforme avanza la historia.

TLAL