En el sur, todo es muy diferente. El clima, las casas, la ropa y la comida. Definitivamente, el ambiente es más humado. Llueve con frecuencia y hace mucho calor. Por instrucciones de Izana, Shirayuki se acomoda en una residencia real bastante grande, para su gusto. Si bien, las personas son muy amables, no deja de sentirse como una extraña. Se siente un poco mejor, cuando uno de los guardias del palacio le entrega una carta de Izana:
"Shirayuki: ¿Te ha gustado el sur? ¿Te ha gustado la casa? Por favor escribe pronto sobre tu llegada. P.D.: Gracias por las infusiones. Extraño los mensajes".
Por la prisa, no pudo dejarle notas como la vez pasada. Era imposible, escribirle una nota por cada día que estaría fuera durante ese año. Además, no pudieron despedirse apropiadamente. Sin embargo, podían estar en comunicación por ese medio. Ella de inmediato toma una nota y escribe la respuesta.
"Izana: La ciudad es agradable. La casa es preciosa. Aunque es bastante grande para mi sola".
Al cabo de unas semanas, Izana recibe su respuesta. Él se ríe de inmediato, por su falta de capacidad para retomar la conversación. Cada vez que conversaban, se limitaba a contestar sus preguntas. Solo tomaba la iniciativa, cuando algo realmente le apasionaba o la perturbaba. En ese sentido, escribió su respuesta. Esta vez le llegó más rápido al Sur. Shirayuki la recibió en medio de su jornada de trabajo y la leyó de inmediato:
"Shirayuki: la próxima vez, al menos pregunta por mí. Nunca está demás que muestres interés por tu Rey".
Un poco confundida, por la reacción de Izana. Shirayuki, le respondió rápidamente y mando su nota. Esta no tardó en llegar a las manos de su destinario. Por alguna razón, él estaba ansioso por la respuesta. Al leerla, se sonrió con malicia:
"Izana: ¿ya me extrañas como tu doctora?".
Definitivamente, era una chica imposible. ¿Cómo era posible que tuviera el valor de preguntarle eso? Tampoco es que fueran tan cercanos. Sin embargo, no puede negar que es la primera vez que habla con tanta naturalidad con una mujer. ¿Acaso es eso lo que se siente cuando se tiene una amiga? Es posible. Al fin de al cabo, han compartido penas bastante dolorosas y se han mostrado su lado más patético. Aun así, se respetan mutuamente. Tras pensarlo, un poco le responde. La carta llega rápido. Durante el desayuno, Shirayuki la lee y casi se atraganta.
"Shirayuki: no".
Ella grita exaltada: "¿No?". De inmediato, escribe afanada una respuesta. Izana espera su carta. Al cabo de unas semanas, la recibe.
"Izana: me alegra que no me extrañes. Eso significa que estás bien de salud o que el equipo que he entrenado te está atendiendo bien. Si es así, me gustaría que dejaras quedarme en el sur por más tiempo".
A diferencia de otras ocasiones, el rumbo de la conversación no le hace gracia. Hace poco, se cumplió un aniversario de la muerte de Zen. ¿Será que ella está triste y no quiere volver? No puede evitar el sentirse inquieto. Para él, esos días han sido complicados. Él manda su respuesta.
"Shirayuki: ¿quieres quedarte en el sur por que te ha gustado o es porque te duele menos recordar a Zen?"
Shirayuki se sorprende al leer el mensaje. Rara vez, Izana es tan entrometido. Solo hace preguntas incómodas, cuando él se siente así. Esta vez se toma más tiempo en responder. Debe encontrar las palabras correctas para expresar lo que siente. Al cabo de unos días, le manda su carta. Izana nota su retraso y cuando la carta, llega se pone ansioso y hasta cierto punto duda en abrirla. Sabe que ha hecho una pregunta incómoda y teme que ella se haya puesto susceptible y haya optado por distanciarse. Sin embargo, se sorprende que es todo lo contrario. Es la vez que más le ha escrito.
"Izana: estoy bien. En realidad, me hubiera gustado estar en la capital para visitar a Zen durante su aniversario, pero al final, no logre liberar mi agenda de trabajo. Actualmente estamos trabajando en la mejora de los plaguicidas usados para mejorar su rendimiento en las condiciones ambientales del sur. Sé que Zen me perdonará, ya que le dejé flores de manera anticipada por si podía ir a verle. Te he pedido que me dejes permanecer un poco más de tiempo en el Sur porque simplemente me gusta estar donde me necesitan. Hay herbolistas que me gustaría capacitar. La mayoría solo conoce hierbas de su zona y no tanto, las que se producen en el Sur o en el Norte. Al fomentar su uso no solo podrían encontrar mejores respuestas a las enfermedades de las personas, sino que también incrementar los vínculos comerciales".
Si bien, le alegra que esté muy bien, no le gusta el rumbo de la conversación. Han pasado cuatro meses de que ella se fue y de alguna manera, extraña recibir reportes sobre su estancia en el palacio. Si bien entiende sus motivos, hay algo que no le agrada. ¿Será que inesperadamente la necesita? Piensa y repiensa sobre sus sentimientos. No les encuentra sentido. Aunque físicamente no está en el palacio, dialogan con la mayor frecuencia posible. Cada vez que recibe una de sus cartas, le contesta de inmediato. Ella por lo general, hace lo mismo. Sin embargo, eso al parecer no es suficiente. En ese sentido, le responde, sin vacilaciones "Shirayuki: ¿Es posible que trabajes en eso durante el tiempo que te queda? Si lo haces, ellos podrán colaborar con la mejora de la industria farmacéutica, desde un inicio". Unas semanas después, ella responde: "Lo intentaré".
Los meses han pasado rápido. Durante su estancia en el Sur, Shirayuki ha identificado ingenieros, carpinteros y herreros capaces de producir las máquinas extractivas y embotelladoras. Sin embargo, ha tenido dificultades para asegurar la producción de insumos e identificar inversores. En la zona, existe una baja producción de hierbas medicinales. La mayoría se dedica al cultivo de granos básicos. Por la lejanía de la zona, es muy difícil importar suministros de otras regiones.
En ese sentido, Shirayuki tuvo que convencerlos de que tierras ociosas fueran destinadas al cultivo de las hierbas medicinales con mayor demanda. Tras hablar con ellos, entendió que por más que le explique el beneficio social, jamás se sumarían al proyecto, sino identificaban claramente sus ganancias materiales. En su búsqueda de argumentos, descubre que los cultivos de la zona se han vuelto poco rentables por la poca efectividad de los plaguicidas importados del Norte.
Tras investigar su fórmula, descubre lo que anda mal. Los productos no se adaptan al 100% a las características del clima sureño. Con un poco de esfuerzo, encuentra las hierbas medicinales necesarias para elevar su efectividad. En ese sentido, les propone a los productores locales que si quieren mejorar el rendimiento de sus cultivos de granos necesitan aumentar la producción de las hierbas medicinales utilizadas en los plaguicidas. Ella puede ayudarlos a generar estos productos rápidamente, si cultivan las hierbas que ella necesita para el desarrollo de medicamentos para el mercado interno y el exterior. Ellos aceptan. Con el escaso capital disponible, comienzan a montar las máquinas productoras de medicamentos, pero también de plaguicidas.
Los habitantes del Sur se muestran conformes con este arreglo. Sin embargo, los productores de plaguicidas del Norte se alarman por una eventual caída de pedidos del Sur. Las preocupaciones llegan a oídos de Izana. Ellos incluso le van pedido una audiencia para que la familia real abandone el proyecto de desarrollo farmacéutico. Por los informes enviados mensualmente por Shirayuki entiende el temor de los otros productores y tiene unas ideas de cómo pueden solventarse sus diferencias. Sin embargo, cree que lo más oportuno es que Shirayuki participe en la audiencia, como encargada del proyecto. En ese sentido, la manda a llamar: "Hay problemas. Debes venir a la capital a arreglarlos, lo más pronto posible. El futuro del proyecto depende de ello". Ella no sabía a qué se refería. En el sur, todo iba bien. Ya solo le faltaba fortalecer la base de inversionistas. Los nobles del Sur no tenían la liquidez suficiente para construir fábricas farmacéuticas con capacidad de producir para su propia región y vender productos al exterior.
Al cabo de unas semanas, llega a la capital. Ella ve mira diferente. Su piel está más bronceada por el trabajo que ha realizado en el campo y sus vestimentas son más típicas del sur. Sus colegas se alegran al verla. Si bien, ella también se emociona de verlos, no puede esconder su angustia por el llamado de Izana. Al filo de la tarde, él la cita a su despacho para ponerla al tanto de la situación. Al verla, siente una punzada en su pecho. Por alguna razón desconocida se siente nervioso. Sin embargo, oculta sus emociones bastante bien. Él la trata con una caballerosidad estoica. Clásica de alguien tan altivo y digno como él. Él le comenta lo ocurrido, con mucha seriedad. Tras escucharlo, ella se tranquiliza y le propone soluciones de su grado. Solo falta que las exponga en la audiencia de mañana. Ella acepta el encargo y se marcha a su oficina.
Al siguiente día, Shirayuki se reúne con los productores del Norte y los invita a figurar como inversionistas en el desarrollo industrial del Sur. Les explica la capacidad que puedan tener para exportar sus productos a reinos vecinos que actualmente no confían en sus productos, por la baja efectividad de sus fórmulas en cultivos bajo condiciones climáticas distintas a las del Norte y Centro de Clarines. Además, expone el potencial de la flora sureña para el desarrollo de nuevos medicamentos. En realidad, el proyecto es bastante prometedor y deciden visitar las zonas de cultivo de hierbas medicinales y la fábrica que actualmente está operando para tomar una decisión final. Ellos partirán con Shirayuki en unos días.
Izana se muestra satisfecho con el desarrollo de la reunión y como muestra de su agradecimiento por su empeño, la invita a cenar con él y los nobles del Norte. Él incluso le manda un vestido elegante. Ella no puede creer todo aquello. Asiste al encuentro bastante nerviosa. Sin embargo, Izana no se despega de ella y de alguna manera, eso le brinda seguridad. Al cierre de la velada, Izana le pide que se quede un momento para beber un poco de vino. Ella acepta, a pesar de que está bastante cansada. Asume que Izana quiere hablar de algo importante. Ellos se marchan a la sala de estar. Él sirve las dos copas de vino y le ofrece una.
- "Shirayuki, ¿ahora que has vuelto a la capital, mantienes tu deseo de que te envíe al sur por tiempo indefinido?". Le pregunta de manera directa, con una mirada penetrante.
- "Quiero aprender unas cosas en el sur y luego si es posible quiero regresar a Lyrias", le responde de manera directa. Izana se sorprende con su respuesta y termina de beber su copa de vino.
- "No quieres regresar a la capital", dijo con un tono concluyente y frío. Luego, se sirvió otra copa. Shirayuki nota que la indiferencia de su semblante.
- "Si quiero volver. Es simplemente que sé que debo aprender muchas cosas para ser capaz de apoyarte, como Zen lo hubiera querido". Ella le dijo con sinceridad. Él se molesta al escuchar sus palabras.
- "No me uses de excusa". Él le dice de manera sarcástica, con una mirada implacable. Shirayuki toma su copa de vino, lentamente.
- "No soportaría dejarte morir", le dijo con determinación. Izana se sorprende.
- "¿Por qué? ¿Por qué Zen te lo pidió? ¿Por qué es tu trabajo? ¿O acaso ya me tomaste un poco de cariño?", le dijo con un tono burlón y una manera inquisidora. Sabía que su pregunta era inmadura, pero necesitaba saber su respuesta. Sabía que en ese punto de la conversación, ella se esforzaría por darle una respuesta sincera, por más incómoda que fuera para ella. Ella guardo silencio, mientras apretaba su copa. Izana espera con calma su respuesta y le sirve más vino.
- "No lo sé", le dijo desconcertada. Bebió su copa de vino, por su angustia. - Es cierto que Zen me pidió que te cuidara. Por eso acepté el trabajo. Si bien, al inicio fue difícil, ahora lo hago porque me agrada. Aunque al inicio, no me agradaba la idea de estar a cargo de un paciente tan complicado, reconozco que has seguido mis indicaciones y ahora eres mucho más cordial".
- "¿Cordial?", le dijo con desdén y luego se echó a reír. Definitivamente, era más que cordial con ella. Sin haberlo buscado, ella se había convertido en la excepción a muchos de sus formalismos. Sin embargo, ella lo seguía viendo como su paciente. De alguna manera, eso no le agradaba. Él quería ser algo más. Quería ser la persona capaz de ponerla siempre en ese estado de vulnerabilidad y luego ser aquel que le brindara protección. Sabía que era algo absurdo, pero en realidad, era un agradable pasatiempo. De la nada, él se acerca a ella y le acomoda sus cabellos.
- "¿Qué estás haciendo?", ella le pregunta desconcertada. Nunca se había comportado de manera tan galante. "¿Ya estás ebrio?", de manera impulsiva, le toca la frente. "Estas un poco caliente, pero tus pupilas no se miran muy dilatadas", lo mira con un semblante curioso. Él se ríe de nuevo. De manera ingeniosa, ha echado a la borda su coqueteo y lo ha puesto nuevamente en su lugar de paciente. – "¿Qué es tan gracioso?", ella le pregunta haciendo una cara extraña. Él le acaricia el rostro.
- "Tú", le responde con una mirada dulce que jamás le había visto antes. Él se aproxima a ella. De la nada, tuvo el arrebato de besarla. ¿Qué cara haría? ¿Cómo reaccionaría? ¿Cómo seguía el juego?. Sin embargo, tiró sus planea a la borda cuando ella, simplemente se recostó sobre su hombro.
- "Ya estoy ebria, ¿verdad? Sabía que no debía beber. Sin embargo, como era la primera vez que me invitaste, no podía negarme… Me siento tan mareada", le dijo con un tono agradable. Izana acaricía su cabeza y al verla tan vulnerable, no puede evitar, aprovecharse de la situación.
- "¿Accederías a tomar una taza de té conmigo por las tardes?", le pregunto con melancolía.
- "Si tengo tiempo, sí", le contestó de inmediato, con una voz somnolienta, mientras se sujeta a él para no caerse. Él sonrió. Siempre era tan indiferente cuando hablaban. Era como si ella, nunca se fijara en el trato especial que le daba. De alguna manera, eso era cruel de su parte. Sin embargo, él la sujetó para cuidar mejor de ella. Ella comenzó a acomodarse en su pecho.
- "¿Por qué eres tan bueno conmigo?", le preguntó mientras sentía la calidez de su cuerpo y se dejaba hipnotizar por su fragancia.
- "No lo sé", él le susurró al oído, mientras la abrazaba con nerviosismo. Todo aquello era tan irreal.
